Arranqué esta idea de un modo y en el transcurso salió algo completamente diferente, lo bueno es que ustedes no saben todas las ideas que surcaron mis pensamientos xDD fue cm si conforme escribía fuera editando tal o cual escena porque no encaminaba a donde quería llegar. Al final de todas formas ha salido algo que ni siquiera imaginé de entrada xD pero dentro de todo me ha gustado, espero que a ustedes tbn les guste *u*
Título: LET ME BE YOUR LOVER
Autora:
Felina
Pareja:
YooSu
Género:
Humor, Romance
Clasificación:
NC-17
Advertencia:
Lime (?)
Serie:
INCREDIBLE
Song:
Fantasy
~~*~~
Haces que mi corazón se acelere, aquí y
allá, mi chica
Haces que mi respiración se corte, aquí y
allá, mi chica
Las chicas son lo más bonito del mundo
Chicas, chicas, chicas, chicas
Chicas, chicas, chicas
~~*~~
Hay ocasiones en que el ser humano tiene en
su día a día un estigma con el que vivir. Por ejemplo, hay personas que por más
empeño que pongan en ser atractivas, simplemente no pueden serlo; las hay con
un sex appeal tan natural, que así no quieran llamar la atención, lo hacen;
están también los genios, los que solo al hablar dejan en claro su superioridad
intelectual así no tengan aquella intención.
Venga, que ejemplos por mencionar hay
muchos, pero lo que viene al caso en éste relato es simple. Hay personas como
Junsu que cargan con un estigma en particular: belleza femenina. Y no, no es porque se le aprecien rasgos deliberadamente
femíneos, si bien el trazo de su rostro aluce delicadeza o la esbelta silueta
se describe en una perfecta S Line, Junsu todavía es un hombre. Y Park Yoochun
lo tiene más que claro, por eso sufre y batalla cada día contra la revolución
hormonal y el remolino de pensamientos que abruman su cuerpo y su mente.
Sobre todo porque algo más tiene en claro,
a él le gustan las chicas. De verdad, la mirada se le puede ir por unas buenas
piernas o un bonito rostro ataviado de suave maquillaje. Le atraen las sonrisas
simples de una mujer que coquetea con sutileza acomodándose el cabello tras la
oreja o atendiendo el móvil en murmullos dejando ver el estilizado cuello. ¡Si
es que a él le fascina la línea del cuello!
– Y Junsu tiene el cuello largo y delgado,
y la forma en que culmina en sus hombros y asciende hasta su mentón… – Habló
para sí soltando un suspiro, pero tan sumido que estuvo totalmente ajeno a la
presencia de su hermano menor.
– Cualquiera diría que estás enamorado de
Junsu hyung. Aunque ya sabes, para mí él siempre ha sido tu esposa perfecta; si te casas con él yo
no me opongo… – Comentó sonriendo de medio lado con diversión.
– ¡Yah! ¡De qué estás hablando ahora!
– Ah claro, ahora te harás el desentendido.
Hyung, piensas en voz alta por si no lo habías notado.
– ¡Mierda! – El peliazabache se golpeó la
frente con frustración, mientras que su hermano pelinegro reía más alto y
llamaba la atención de su madre que iba entrando con algunas bolsas de mandado
del súper.
– ¿Por qué la discusión?
– Yoochun está colado por Jun… – El resto
no se escuchó porque el mayor ya le había tapado la boca.
– ¿Qué actitud tan infantil es esa, Yoochun
ah? – La mujer sonrió al ver a sus hijos peleando
por aquello que, naturalmente, avergonzaba a su primogénito.
– Es que mi hermanito… – El peliazabache fulminó con la mirada al menor… –
estaba por decir una bobada. No hagas caso y mejor dime que me trajiste algo
rico de comer.
– Niños… – La señora revoleó los ojos con
tinte divertido. La verdad es que le fascinaba verles comportarse así.
Yoochun comenzó a parlotearle a YooHwan que
no metiera sus narices en asuntos que no le incumben, pero más que hablarle
seriamente como el hermano mayor que es, parecían un par de niños avergonzados
de alguna travesura no compartida en la que uno intenta ser parte y el otro no
haya el modo de ocultarlo. La Sra. Park se siente tranquila y feliz, sus hijos
han crecido como lo esperaba. Sanos y fuertes, con personalidades propias bien
definidas y esas ganas de triunfar en el mundo que los han llevado por un camino
de éxitos.
--//--
Yoochun flirtea con una compañera de
trabajo, coquetea con todas las féminas que se le cruzan en el camino rumbo al
set. No puede evitarlo, las chicas son lo más hermoso del mundo, le fascinan de
sobremanera y es como instintivo para él actuar seductor con ellas. Le atrapan
las curvas marcadas en las cortas faldas, la delicadeza del caminar con tacones
altos, la gracia al girar el rostro y sonreír con un cordial saludo
avergonzado. Sí, las chicas son lo más bonito de este mundo.
– ¡Yoochun ah! – Y luego está Junsu. Este
chico lleno de energía que sacude la mano y le llama como si no pudiese verle
con claridad al fondo del estudio donde están grabando un nuevo comercial para
NII.
El corazón del peliazabache da un salto, se
le acelera el pulso y nota cierto calorcito acumularse en sus pronunciados
pómulos. Se niega a pensar en sonrojos, pero es probable que de vez en cuando
se formen allí. Sonríe y desvía un segundo la mirada, busca a alguna compañera
de trabajo linda que le distraiga de su amigo. No tiene éxito, las chicas
podrán ser lo más lindo del mundo. Pero Junsu está en un nivel por encima de
eso.
– ¡Joder!
creo que estoy enamorado de un hombre, uno de mis mejores amigos. Kim Junsu,
¿qué me has hecho?
Los pensamientos del peliazabache se ven
interrumpidos pronto por las voces de todos en el set, Junsu termina
arrastrándole junto a él sin parar de hablar acerca de todas esas cosas que
–por serias que pudieran parecer– en la voz chillona del castaño se vuelven
cómicas y culminan con un mar de risas entre todos los presentes.
Yoochun ríe con él, se deja envolver por
las sensaciones cada que Junsu le toca aquí o allá, el muslo y el hombro sus
principales receptores. Le saben a caricias inocentes pero colapsan su pobre
mundo interior, se le olvida entonces que le gustan las chicas, que hay incluso
algunas de ellas muy bellas por ahí tratando de tener su atención pero fracasan
miserablemente porque, una vez que Junsu entra
en el juego, él se encuentra incapaz de mirar a nadie más.
~~*~~
Me despierto a las seis de la mañana
Antes de que mis ojos se abran
Tengo un feliz dilema
Me levanto y sin saberlo, pienso en ella
Ella es muy ardiente
Ella es todo lo que tengo
~~*~~
Las noches se vuelven largas y brumosas,
sueña con las fantasías que construye despierto, se ha olvidado del automático de su corazón y lo maneja a
conciencia. De pronto no le parece tan descabellado
enamorarse de otro hombre, le aterra sí la idea de que sea justamente él. No es
que Junsu sea inalcanzable –en muchas formas le conoce al derecho y al revés,
han charlado variadas ocasiones de tantas cosas, el amor y las relaciones entre
ellas–, tampoco es que se sienta absolutamente rechazado antes siquiera de declararse de alguna manera. No, no se
trata especialmente de ninguna de esas cosas, es simplemente el miedo natural a lo desconocido. ¡Jamás
se había enamorado de un chico! Y bueno, no es algo que se digiera de la noche
a la mañana y que pueda publicar por ahí como si nada, vamos que –salvo
YooHwan– es un secreto oculto entre las penumbras de su mente desarticulada.
– ¿Qué será lo que me gusta de él de todas
maneras? Es guapo, pero hay muchos chicos guapos en el mundo, convivo con
algunos en el trabajo… – Aunque ninguno
tan atractivo como Junsu, le dijo una vocecilla en su interior… – ¿Será su
personalidad? Bueno, encajamos muy bien, como dos piezas de un puzle… Eso suena
demasiado cursi y romántico para dos hombres… – Frunce el ceño un momento, pero
luego le viene a la memoria la risa escandalosa del castaño, su humor infantil
y los sonrojos que se adueñan de sus mejillas a menudo con el mínimo halago… –
Oh bien, no es cualquier hombre en dado caso. ¡Argh! ¡Qué demonios hago
pensando tan temprano en Junsu!
Patea las mantas de su cama y se hace un
ovillo contra su almohada abrazándola con brazos y piernas como si así se
escudara de todos esos dilemas que sacuden casi violentamente su mente. Resopla
y suspira, es tan raro pensar en Junsu de esta manera.
El tono de alarma de su móvil suena, las
seis de la mañana y él tiene que iniciar su día con ese diluvio de ideas
inundando su cabeza. Se palmea las mejillas en un vano intento de espabilar
todo aquello, resopla frustrado y se deja caer de nuevo en el colchón. Será un
día largo, lo sabe. Pero decide también que no puede quedarse así solamente,
que debe hacer algo para sacarse de la cabeza a Junsu, no es la cosa más
grandiosa del mundo traerle rondando en su pensamiento día y noche –en realidad
sí que lo tiene, pero en tal estado de negación-aceptación jugando en los
extremos, su consciente no lo admitirá deliberadamente–.
Toma la ducha y se queda bajo el chorro de
agua un buen rato. Ahí con la cabeza gacha y la espalda recibiendo la fresca
caída de gotas que empapan sin cesar su anatomía. Y es inevitable, piensa en
Junsu. Inicia preguntándose lo que estará haciendo a esa hora del día, si habrá
tomado la ducha o aún estará metido en su tibia cama. Recuerda lo enérgico que
el menor es y sonriendo se imagina que ha iniciado su día activamente, quizá ha
salido a correr y ahora toma el desayuno con sus padres.
– Su día puede comenzar incluso antes de
que yo tenga ánimos de abandonar mi lecho… – Murmura con una risa algo más
libre, no hay nada más refrescante que la imagen de un Junsu sonriente de ojos
brillantes saludando a la mañana.
El pensamiento le traiciona de pronto, se
cuela un Junsu semidesnudo entrando en la ducha. El corazón le late con prisas
a Yoochun y su cuerpo reacciona con sofocante calor. No es buena idea tener
aquellos pensamientos ahora, pero Junsu es tan ardiente cuando quiere, y últimamente no ha hecho más que explotar
aquella faceta de su personalidad poniéndole algo más bobo por él.
– ¡Fuck! – Se muerde el labio inferior y
observa penosamente su erección despierta clamando por atención.
Masturbarse a temprana hora del día solo le
pasaba cuando era un adolescente con las hormonas revolucionadas. Ah pero
claro, ya se había convencido de que Junsu le altera las hormonas como
auténtico adolescente descubriendo su sexualidad.
– ¡Chicas! ¡Piensa en chicas Park Yoochun!
– Se riñe a sí mismo, busca en sus memorias alguna bella mujer de la que
anclarse.
Falla miserablemente en el intento, aunque
la imagen de varias chicas lindas pasa por su cabeza, la de Junsu sigue
imponiéndose. Le entran unas ganas enormes de darse de topes contra el azulejo,
pero luego piensa que no es bueno tolerando el dolor y mejor termina la ducha y
se arregla para salir. Se esmera en ponerse arrebatadoramente guapo, algo
casual pero sexy a la vez. Es su estilo, debe de salir al mundo a conquistar
féminas con sus miradas profundas y sus sonrisas seductoras.
Toma apenas una fruta de desayuno y decide
salir a comer fuera, el reloj en su muñeca marca minutos para las ocho, el
bullicio en la ciudad ha comenzado como todos los días, y él conduce galante en
su Ferrari, con los lentes oscuros ocultando sus orbes ónix, música de moda
para amenizar el camino. Llega al café de Jaejoong y ostentoso camina al
interior, baja sus gafas hacia el medio del puente de su nariz, mira por encima
de ellos en un gesto por demás coqueto, camina seguro de sí y se siente feliz
cuando las mujeres voltean a mirarle. Algunas fans chillan de emoción –sí, las
hay de cualquier edad que todavía hacen lío como si fueran adolescentes, y él
tiene que vivir con eso–, le toman fotos y cuchichean por lo bajo, algunas le
resultan conocidas de su antigua relación profesional, y se encuentra por ahí
también con una compañera de actuación. Pide su café y aprovecha para hacerse
el importante esperando ser abordado por alguna de ellas.
Ninguna alcanza a dar siquiera el primer
paso cuando Jaejoong llega al negocio, saludando a todos sus empleados con
amabilidad y deseándoles un buen día. Yoochun casi lo patea por aparecerse
justo ahora, porque le ve acercarse, y así no tendrá su oportunidad de
demostrarse a sí mismo que las mujeres siguen siendo lo más bonito del mundo
hasta para sus hormonas y pensamientos.
– Oh, Yoochun ah. ¿Qué tal tu mañana?
– Son pasadas de las ocho, y con suerte
tengo el día libre. Bueno, tengo que aparecerme por el gimnasio para mi
entrenamiento especial pero aún tengo tiempo y necesitaba un buen café.
– Hablé con Junsu ah ayer por la noche… –
Le comentó en tanto terminaban yendo a la oficina del pelioscuro.
– ¿Y…? – El peliazabache enarcó una ceja.
¿Acaso el mundo conspira en su contra para que termine en algún asunto
relacionado con el castaño?
– Me ha preguntado si iré a ver el musical
esta vez. Así que pensaba si vamos juntos, antes de que nuestras agendas se
saturen.
– No.
– ¿Por qué no? Ya que no hemos podido ir a
ninguno de sus conciertos de su álbum creo que deberíamos apoyarle en esto… –
Jaejoong frunció el ceño al notar cierta resistencia de su amigo para acceder…
– A menos claro que sean un gran problema para ti.
– Estoy ocupado… – Evadió.
– No seas mentiroso, si sé que estás en lo
tuyo pero tiempo para ir sí tienes.
– Bueno pues acabo de hacer montones de
planes y resulta que no, no tengo posibilidades de ir.
– Suéltalo, qué te traes con esa actitud
tan negativa.
– No es de esa manera, solo no tengo
tiempo.
– Ya estuviste una vez en el musical, no me
digas que te da encara la escena donde besa a un chico… – El pelioscuro cruzó
los brazos mirando desaprobatoriamente a su amigo.
Yoochun bufó y se pateó mentalmente. Claro,
esa es la otra razón por la que preferiría no ir. Aunque no era justamente lo
que pensaba. Pero llegados a este punto. ¡No irá! Y una mierda, tanto liarse
con que se ha enamorado de Junsu para masoquistamente ir y verle besar a otro tipo. ¡No!
--//--
Jaejoong y Yoochun iban rumbo a camerinos
para saludar a Junsu antes de que salga a escena. El peliazabache todavía se
preguntaba cómo rayos terminó siendo arrastrado hasta aquí por el mayor, pero
ya que ha venido, pues no hay más remedio que aparecerse para desearle suerte
al castaño. Que no es que la necesite, hace su trabajo con excelencia.
Cuando entraron al camerino donde Junsu
está completamente transformado en
Tod, a Yoochun el pulso se le fue por las nubes y su corazón decidió galopar a
tropel. ¿El calorcillo en sus mejillas sería un sonrojo? ¡M I E R D A!
– ¡Chicos! Que gusto que hayan venido…– El
castaño los saludó con esa actitud tan suya entre feliz y avergonzado.
– No había manera de que me lo perdiera
esta vez, Junsu ah.
De ahí sus amigos comenzaron a hablar de a
saber qué cosas, la mente de Yoochun había desconectado y sus sentidos se
dedicaron a contemplar esta belleza
fantástica. Junsu definitivamente era otro nivel, así las chicas fueran lo
más bonito de éste mundo.
– Los dejo para que Yoochun también te diga
algo… – La palmada de Jaejoong en su espalda le sacó abruptamente de sus
pensamientos… – Me adelanto y te reservo tu lugar… – Dijo con una sonrisa
ladina. Algo en la mirada del mayor no encajaba en todo esto, pero cuando desapareció
tras la puerta, Yoochun sintió que el calor ahí dentro ascendía
estrepitosamente.
– Estás en otro mundo, Chun… – Señaló el
castaño con una de sus risas excéntricas.
– Se me han enredado los cables en el
cerebro… – Responde por decir algo, todavía bastante abstraído en la imagen
ante él… – Tan jodidamente sexy y bello.
– ¿Eh? – Junsu parlotea y el peliazabache
se da cuenta de que ha pensado (otra vez) en voz alta.
– Y-yo…
– Ha sido un cumplido un poco… ¿rudo? – Le
interrumpe el castaño, sonriendo con vergüenza. Yoochun lo sabe porque lo
conoce. ¡Dios sí que lo conoce!
– Si lo piensas XiaTod es una visión salvaje de erotismo, Junsu ah… – Su
pecho se inflamó de ego cuando vio las mejillas del menor encenderse aún por
encima del maquillaje que le cubre la nívea piel.
– Que cosas tan vergonzosas y sin sentido dices
ahora, Yoochun ah~ – Musitó jugueteando con los vuelos de su chaqueta.
La mirada del peliazabache le recorrió de
principio a fin con ojos hambrientos. Sí, Junsu es otro nivel. Se relamió los
labios e inconscientemente dio un paso más cerca del castaño. Los ojos concienzudamente
delineados de negro, los labios rojos, la esbelta figura entallada a sus
pantalones de cuero y la prenda interior semitransparente. Todo en él le daba
un toque tan seductor que, si La Muerte fuera así, él francamente desearía ser besado en su último suspiro.
– Deja de mirarme de esa manera.
– ¿Qué manera?
– N-no sé. Es como cuando flirteas con una
chica… – Murmuró apartándole la vista, como si le hubiese incomodado mencionar
aquello.
– Pero no eres una chica… – ¡Y estaba
convencido de que eso lo volvía más encantador!
– Justamente, Yoochun ah.
Una voz femenina anunció al otro lado de la
puerta que estaban a pocos minutos de iniciar el musical. Junsu se volvió hacia
el espejo revisando que todo estuviera perfecto como las noonas lo habían
dejado. Notó en sus pupilas cierto matiz de timidez y decepción que le hizo
suspirar. Tenía que concentrarse, Tod está lejos de esta mirada tan sumisa y
vulnerable. Tenía que enfocarse en su papel e interpretarlo con creces.
– Las chicas son lo más lindo de este
mundo, pero… – El peliazabache rodeó la cintura del castaño y girándole se hizo
de su mentón acercando sus rostros… – Tú estás por encima de todas ellas, Junsu
ah.
Y luego ese beso. Efímero y casi irreal.
Yoochun no quiere arruinar el maquillaje de Junsu –alude a tal el pretexto de
su arrepentimiento final–, y alguien ha llamado a la puerta indicándole que
debe salir ya. Se miran indecisos, algo ha cambiado definitivamente, ninguno
encuentra más palabras qué decir cuando el menor sale de ahí sin poder
controlar los latidos de su corazón desbocado. Yoochun se queda en su sitio con
el cerebro trabado.
– Oh, mierda.
~~*~~
Sabes que estás en mi juego chica
Minifalda o pantalones calientes
Ella juega conmigo
Digo esto para ti chica
~~*~~
Ha pasado una semana desde que se besaron. Podría hacerse alarde a un
melodrama de aquellos cortavenas que vienen después de un suceso como el de
ellos dos. Pero no, la verdad es que no ha pasado nada de aquello. Cuando el
musical terminó y Jaejoong se despidió con prisas alegando que Yunho le estaba
esperando para una cita de último momento, Yoochun titubeó entre marcharse
también o esperar e intentar hablar con Junsu sobre lo sucedido.
Al final esperó por un buen rato hasta que
su amigo apareció por el parking. Iba vestido con jeans, playera y una sudadera
holgada que de todas maneras se le marcaba a la curvilínea de su esbelta
figura. Era eso, o Yoochun estaba tan perdidamente enamorado que siempre le
encontraba perfectamente atractivo a la vista.
– Junsu ah…
– Oh, Yoochun ah… – El castaño sonrió
nervioso al percatarse de la presencia del peliazabache. Esa manía suya de ir
metido en el móvil, si lo hubiera visto antes habría buscado al menos la manera
de prepararse mentalmente para toparse con él después de… lo sucedido. ¡Si es
que justamente eso le estaba contando a su gemelo por mensajitos curiosos!
– ¿Llevas prisa?
– No.
– ¿Cenaste ya? – El castaño negó agitando la
cabeza de un lado a otro… – ¿Quieres acompañarme?
Junsu asintió y luego se pusieron de
acuerdo acerca del lugar al que irían. Terminaron cenando más relajados en un
pequeño local al que acudían con regularidad cuando querían pasar
desapercibidos. Tras la cena Yoochun consideró necesario retomar el asunto del beso, pero no encontraba las palabras
para decir lo que realmente sentía. Terminó por acompañarle a su departamento
–aunque cada uno fuera en su propio auto–, y mientras iban en el ascensor rumbo
al piso correspondiente a la casa de Junsu, el peliazabache seguía drenándose
el cerebro. No podía lanzarse y soltarle tan de lleno que está hasta el tuétano
por él, tampoco quería que pensara que no le tomaba demasiada importancia al beso.
– Es
más fácil hablarle a una mujer en situaciones como esta. Con Junsu ni siquiera
sé cómo comenzar.
– Yoochun ah…
– Mh.
– Si estoy por encima de las chicas para
ti, ¿significa que tengo un lugar reservado en tu corazón? Ya sabes, el rincón
del romance… – El castaño preguntó antes de salir del ascensor, le sostuvo la
mirada, aunque estuviera rojo como farolillo a medianoche y sintiera su corazón
taladrándole los oídos.
La respuesta de Yoochun fue entonces una
sonrisa, una caricia en las rojizas mejillas y un beso. Uno de verdad, no como
el primero de unas horas atrás. Roces de labios que juegan a probarse con
calma, caricias sutiles que memorizan la textura del otro juego de labios
dulces. Succiones tímidas, casi reservadas, saboreando los labios ajenos,
degustándolos con romántica parsimonia; dejando que la confianza fluya a su
ritmo y entre en juego la participación de sus lenguas explorando el interior
de la cavidad bucal del otro. Junsu jadea y al mismo tiempo se le acerca un
poco más, reticente a romper el beso, enreda sus manos tras el cuello del
peliazabache y desliza su lengua contra la del mayor en una erótica caricia que
volvió a alterar de sobremanera los sentidos de Yoochun.
Tras separarse al escuchar las puertas
metálicas abriéndose, ambos llevaban encendidos sonrojos adornándoles la cara.
Sonríen tímidamente y entrelazan sus manos y casi apresuran los pasos hasta el
departamento de Junsu pues de pronto urgía volver a fusionar sus labios. Esa
noche no pararon de besarse hasta que notaron lo entrada de la madrugada.
Así pues, llevaban una semana siendo
pareja. Oficialmente Yoochun no se lo ha preguntado, pero honestamente ¡A quién
le importa! Junsu se considera su novio y SE SABE tal, así que los formalismos
vienen sobrando. Tal vez por eso anda más feliz por la vida, casi como si estuviera
más lleno de energía que nunca. Y se ve reflejado en la confianza desbordada de
su sensualidad, tan sexy que va por ahí produciendo paros cardíacos en sus fans alrededor del mundo.
Que le da un poquitín de celos a Yoochun,
bueno eso siempre le ha pasado, ahora tiene que lidiar con ellos desde otro
ángulo nada más. Antes como amigo, ahora como novio. Eso sí, se asegura a su
manera de recordarle a Junsu que como buen novio que es debe ir y darle su
lugar sin falta, aunque sea por una llamada telefónica o un texto lleno de
emoticons adorables.
– Aigoo~
con ese cuerpazo que se carga, me extraña no haberme ido sobre él desde hace
mucho tiempo atrás.
Yoochun dijo para sí, observando a su novio
en un ensayo del musical –se ha colado como supuesto amigo curioso por observar
cómo se dan los ensayos para el teatro, pretextos nada más–, con aquellos
pantalones pegados a sus largas piernas, marcando los músculos y de forma
particular la retaguardia de Junsu. El peliazabache se llevó la botella de agua
a los labios, el calor ya estaba ascendiendo peligrosamente y eso que apenas ha
comenzado el ensayo. Durante los largos minutos –a él se le hicieron eternos
por el simple hecho de tener que limitarse a mirar sin poder tocar– que transcurrieron hasta que
terminara, Yoochun tuvo que simular sus celos durante las escenas de beso.
Cuando volvieron al departamento de Junsu, ni bien entraron él ya le estaba
devorando los labios, como si pretendiera borrar todo rastro del mínimo
contacto con otra boca que no fuera la suya.
¡Le tiene completamente loco!
– Yoochun ah~ habrá una fiesta con Jerry y
los demás… – Dijo con su carita linda, pero el peliazabache frunció el ceño. No
tenía ganas de compartir a su novio… – ¿Vienes?
– ¿Debiera? No podré abrazarte, ni tomarte
la mano. ¡Ni besarte! No quiero… – Exclamó casi haciendo berrinche. Junsu rió
con ganas y dándole numerosos besos por el rostro fue bajándole los humos.
– Voy a vestirme para ti, y cuando la
fiesta termine podrás raptarme a
donde quieras, Yoochun ah… – Le dijo con tono sensual, mordisqueándole el
lóbulo y bajando por su cuello, pasando por la manzana de Adán y culminando en
su clavícula.
– A qué hora nos vamos.
~~*~~
Ella es muy ardiente
Ella lo tiene todo
Mi cuerpo la sigue
Déjame ser tu amante
Vamos a conocernos el uno al otro
~~*~~
Junsu suspiró una tras otra vez, Yoochun no
escatimaba en sus besos ni en sus caricias. Desnudarle había parecido cosa
sencilla para las inquietas manos del peliazabache. Se removía inquieto cada
vez que una corriente eléctrica le corría por la espina dorsal. Nunca antes
había estado con nadie en la intimidad, le alegraba que se tratara justamente
de Yoochun con quien estuviera experimentando esto. Hacer el amor. Sonaba tan
perfecto, que cada sensación le venía como una oleada de brisa de mar en una
tarde de verano.
– Chun~ – Gimoteó avergonzado cuando los
labios de su novio descendieron por su vientre plano, lamiendo cada trazo de
piel en su camino, jugando deliberadamente en el ombligo mientras sus manos
acarician los muslos y la parte interna hasta la ingle.
– Quiero conocer hasta el último recoveco
de tu cuerpo, Junsu ah… – Musitó dando una lamida en la línea de vello que
desciende desde el ombligo y hacia el glorioso sur de su anatomía… – Quiero
descubrir cada punto sensible en ti… – Su voz ronca le produjo un espasmo al
menor.
– ¡Oh dios mío! – Y ese jadeo alterado
cuando los labios del pelinegro dejaron besos en la zona pélvica más próxima a
su entrepierna.
Moría de vergüenza, pero sobre todo de
excitación. Ni siquiera había estado en sus planes terminar en esta situación
tan pronto. Bueno, que no llevan ni un mes saliendo y ya se ha sentido como si
hubieran esperado eternidades; además, con Yoochun coqueteándole siempre que se
encontraban a solas, besándole con intensidad hasta dejarle sin aliento,
corriéndole mano cada que se descuidaba tan siquiera un poco. Bueno en resumen,
¡que Junsu tampoco es de piedra!
Recostado ahí en su cama, sudando y
abochornado, el castaño se preguntaba si es que podría aguantar decentemente su
primera vez y no correrse apenas con unos cuantos toques de su novio después de
tanto juego preliminar entre besos y caricias que le han sensibilizado cada
centímetro de piel maximizando sus reacciones.
– ¡Nhh~! – Jadeó avergonzadísimo cuando la
mano del peliazabache sujetó su erección desde la base.
El solo tacto de su palma caliente contra
su tronco le hizo retorcerse bajo el cuerpo de Yoochun, quien buscando sus
labios volvió a besarle apasionadamente mientras bombeaba despacio ese trozo de
carne que más de alguna ocasión se coló en sus sueños húmedos antes de admitir
que, por más que intentase encontrar a las chicas como lo más bello del mundo,
Junsu les superaba.
El beso fue húmedo y caliente, Junsu abrió
instintivamente sus piernas dejándole el hueco a Yoochun para que accediera
mejor a su pelvis, se colgó de su cuello sin cortar el contacto con sus gruesos
y sensuales labios más que lo suficiente para tomar otro respiro y continuar
besándose. Pero cuando sintió una punzada en el bajo vientre, rompió el beso y
cerró las piernas por acto reflejo.
– ¡Detente! – Exclamó apartando la mano del
peliazabache y cubriendo su hinchada erección.
– ¿Qué sucede? ¿Junsu ah? – Inquiere
confundido, le había sentido tan entregado que dudaba haberle incomodado o
lastimado de ninguna manera.
– Estoy en mi límite~ – Farfulló con lindos
pucheros, enrojeciendo hasta las orejas.
– Es la mejor parte, baby… – Yoochun se
inclinó besándole la trompetilla, sonriendo enternecido…
– Quería aguantar un poco más, pero tú… lo
haces tan bien, Chun… – Gimoteó aún demasiado abochornado.
– Un halago así me hace amarte más,
¿sabías? – Susurró besándole las mejillas, tumbándole suavemente y colando una
almohada bajo su cintura para que su cadera quedase más elevada… – ¿Puedo,
Junsu ah?
El castaño entendió a lo que se refería y
asintiendo trató de relajarse. Descubrió su entrepierna y cubrió su rostro con
sus manos, gimiendo otra vez cuando la boca del peliazabache le tragó despacio.
Caliente, era todo cuanto podía registrar el menor de los dos. Sumido en
aquella sensación no sintió la intromisión del primer dígito de Yoochun con
dolor, tan solo una incomodidad soportable. Pronto la lengua que rozaba contra
su falo le abandonó dejándole un frío contraste a su tronco que fue suplantado
por un abrasador calor que vino cuando el músculo flexible se abrió paso en su
intimidad.
Junsu se revolvió entre avergonzado y
excitado, gimiendo alto y agudo, apretando las mantas de su cama cuando dos intrusos
comenzaron a entrar y salir de su estrechez. Era un poco más incómodo, pero
nublado por la excitación que volvía a su cuerpo después de que la mano libre
de Yoochun arropara nuevamente su erección, apenas si se enteró del tercer
dígito.
– ¡Oh god!
– ¡Chun!
Nada, absolutamente nada podría compararse
con la enloquecedora sensación de la unión. Junsu enterró sus uñas en la
espalda de Yoochun cuando fue penetrado. No hay punto de comparación entre el
tamaño y el grosor de sus dedos contra el de su miembro duro y caliente
clavándose profunda y lentamente en su cavidad. Le faltó el aire y algunas
lágrimas resbalaron inevitablemente por sus mejillas.
– Respira, baby. Estoy aquí. Te amo Junsu
ah… – Los besos consoladores en su rostro y sus tiernas palabras le fueron más
que suficientes. El castaño buscó la sensual boca del peliazabache y demandó de
sus labios un beso pausado, dulce y húmedo.
– Vamos a conocernos el uno al otro hasta
los ínfimos detalles, Yoochun ah… – El castaño dijo de pronto, agitando
suavemente sus caderas contra la pelvis del peliazabache, arrancándole un ronco
gemido similar a la voz de un tenor.
Tan jodidamente sexy.
Tan enloquecedoramente romántico.
Tan perfecto.
Amor.
~~*~~
Estemos juntos
todos los días…
…Entonces suavemente
Podría tener más
que suerte
– Yoochun ah~ no seas celosito~ – El
castaño le hizo caritas tiernas, ofreciendo sus labios rosas como pago por hacerle pasar aquellos corajes a su novio.
El peliazabache suspiró y enmarcando el
rostro de Junsu le jaló para besarle. Sí, las chicas son lo más lindo de este
mundo.
– Tú siempre estarás en otro nivel, mi hermosamente sexy baby.
– ¿Y para cuándo la boda?
– ¡YooHwan!
– ¿Qué? Te dije que Junsu es para mí tu esposa perfecta.
– ¡Yah! No soy una chica para ser su esposa~
– Pero apuesto a que vas abajo…
– ¡Park YooHwan qué demonios andas leyendo
en la web!
– ¿Por qué tanto
escándalo?
– Jaejoong hyung~
YooHwannie dice que seré la esposa de
mi Yoochunnie~
– ¿Ya piensan
casarse? ¡Cómo es que no me habían dicho, ingratos! Además, tú eres mi bebé~ no
cederé tu mano hasta que Yoochun venga y pida tu mano como se debe ante tus
padres.
– ¿Eh?
– Yunho y yo, por
supuesto.
– Esto…
– ¿Boda? No llevan
ni dos meses saliendo y ya piensan casarse.
– ChangMinnie~
– ¡Yah! ¡Jaejoong
deja de tratarme como un niño! ¡Tengo 25!
– Mis bebés son
unos ingratos~ Yunnie, diles algo.
– No lo sé, fuiste
el primero en saltar de alegría cuando Hayami dijo que quería salir con
ChangMin. Y yo no estaba de acuerdo.
– ¡No salgo con ese
baka! ¡Dejen de encasquetarme que somos novios!
– Pero de todas
maneras iban a salir~ y ser novios es diferente a casarse. ¡Ni nosotros nos
hemos casado! Es verdad, ¿por qué no me has propuesto matrimonio?
– JaeBoo, no
llores.
– ¡Yah! ¡Hayami no baka! ¡Para de divulgar que
somos novios!
– ¿Me
has llamado solo para eso? ¿O es solo un pretexto porque me extrañas mucho?
–
¡Quisieras!
– Sé
que me amas, cariño~
–
¡Qué cariño ni que ocho cuartos!
– ¡Te prohíbo salir con JunHo!
– ¿Qué tiene que ver JunHo aquí, hyung?
– Ni creas que no me doy cuenta. Será muy
mi cuñado pero no lo apruebo.
– Pero Yoochunnie~
– Ni aunque me pongas esa carita para
interceder por ellos, baby… – Junsu selló los labios de Yoochun con un beso.
Y el resto, es otra historia.
FIN







