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martes, 5 de febrero de 2013

MINE (Parte final)



 Un poco tarde pero bueno, acá con la última parte del 3shot de este YunJae que me ha dejado el ratón alguito cansado xD y ps cerramos el ciclo de cumpleaños de dos de las personas más maravillosas del mundo *--* Kim Jaejoong y Jung Yunho son oficialmente un año más viejos~ xD y sexys, hermosos, talentosos y ese largo etcétera que ni para qué poner ;D 

¡¡FELIZ CUMPLEAÑOS YUNHO!!


Título: MINE (3ª Parte)
Idea original: Makino Mizuki
Desarrollado por: Felina
Pareja: YunJae
Género: Místico, Romance
Clasificación: NC-18
Advertencia: Lemon


**********
Una mano quemada es el mejor maestro. Luego cualquier advertencia sobre el fuego llega directo al corazón.
(Gandalf –J.R.R. Tolkien–)


Tenemos entonces conocimiento ya de varios pasajes de la vida de estos dos arcángeles. Sabemos que Jaejoong fue creado primero bajo el precepto de la perfección en el pensamiento de Dios. Sabemos también que Yunho fue creado después, como una respuesta de Dios ante la inestabilidad de su Trono favorito, y que fue su misión traerle de vuelta a los cielos. Sabemos sin embargo que tras conocerse, Jaejoong experimentó una peculiar atracción por Yunho, sintiéndose completo a su lado; nacieron entonces otros deseos por el arcángel de tez morena. Un deseo quemante y enloquecedor que le arrastró irremediablemente al pecado y la locura.

Dios lo sabe, nosotros también, ellos incluidos. Pero ni Jaejoong ni Yunho han podido evitar caer nuevamente bajo aquella necesidad pecaminosa del acto sexual. Se han escondido en los lugares recónditos de la tierra y mezclándose entre la humanidad como simples mortales en su afán de vivir aquella falta ocultos de la mirada de Dios. Han sido ambiciosos y olvidado que a los ojos de Dios ningún movimiento puede ocultarse.

Claro que Dios lo sabe.
Pero incluso si Él en su silencio les dio la oportunidad de recapacitar ante sus actos, con el dolor en su corazón tuvo que cerrar los ojos y largar un suspiro de resignación ante el inminente paso que ha de dar. Convocó entonces ante sus pies al arcángel Miguel, y le encomendó la más difícil de las tareas para su arcángel leal.

Separar a aquellos que se han atrevido a pecar a sus espaldas y tomarle por ciego. Pero separarles nunca fue suficiente, tras varios intentos por socavar los encuentros entre Jaejoong y Yunho sin obtener el resultado deseado, Dios entonces tomó otra decisión.

Encerrar al arcángel Jaejoong o desterrarle. Cualquier opción es válida.

~~/~~/~~/~~

Sabes bien cuál es el motivo por el que Dios te ha convocado a su recinto. Llegas y con altivez te paras ante sus ojos. Si tuvieras tiempo para detenerte a mirarte a ti mismo comprenderías un poco toda la situación. Dios ve la locura que tú experimentas, Él ve tu rostro demacrado, las ojeras bajo tus párpados, la palidez de tu piel, la ausencia de tus negros ojos en esas pupilas dilatas tan prestas al ataque. No ves, los colmillos que se han desarrollado en tu perfecta dentadura blanca, ni los iris felinos matizarse en tu mirar.

No. Eres incapaz de prestar atención en aquellos detalles que parecieran insignificantes pero que tan claros quedan al descubierto cuando te sientes acorralado y sabes que es probable que ni siquiera llegues a salir de este recinto.

Porque Dios sabe.
El pecado en el que has estado viviendo a sus espaldas con Yunho.
Otro de sus arcángeles favoritos.

- Has de elegir ahora el camino que vislumbrarás ante tus ojos, hijo mío… - su voz resuena en tus oídos con suavidad, cual si fuera música de arpa que sacude tus sentidos. Sabes que es la bondad de su divinidad, incluso en sus más estrictas condiciones, Dios no deja de ser magnánimo.

- No creo que vayas a ofrecerme ninguno que sea de mi agrado, Señor… - respondes sin titubeos, la molestia se desliza en el tono ronco de tu voz y le ves suspirar ante tus palabras. Intuyes que Él esperó este tipo de respuesta.

- No puedo permitir el deseo latente en tu cuerpo.

- Creo que sabes que no es solo mi cuerpo quien reclama la cercanía de Yunho.

- Los creé como ángeles para mis cielos, el amor mundano existe solo para los humanos.

- ¡Tal vez se te olvidó agregar esas moralidades en mí cuando me pensaste! – espetas entre dientes y sientes las uñas de tus manos clavársete en las palmas rasgándote suavemente la piel.

- Renegar de mis condiciones solo puede traerte un final que no quieres, Jaejoong.

- Moriré antes que permitir que me separes de Yunho. ¡Y él morirá también a mi lado!

- No me dejas opción entonces, Jaejoong… - Dios bajó de su trono y deslizó sus pies descalzos sobre los peldaños de la escalinata, la larga túnica blanca murmuraba al rozar contra el mármol. Sus serenos ojos no perdieron ni un ápice de aquella inmensa tranquilidad. Comprendes por qué es llamado Dios, su magnificencia no tiene límites; excepto cuando aquello que no ha pensado para sus cielos se hace presente.

- Te llevaré conmigo, Jaejoong… - escuchas la tercera voz, no te sorprende en absoluto la presencia del arcángel Miguel, ni verle blandir la espada o erguir sus alas como solo lo hacen cuando están a punto de iniciar una batalla.

- No pienso ir contigo a ninguna parte… - lanzas el reto y te dispones a enfrentarle.

Dios da media vuelta, te muestra la espalda y se aleja. Comprendes el significado de su actuar. No te apoyará en absoluto esta vez. Si algún día tiempo atrás te perdonó y acogió en su seno luego de ir al infierno por voluntad propia, hoy no está dispuesto a mediar más palabras contigo.

--//--//--

Jaejoong maldijo muchas ocasiones en esa pelea, no debiera haber olvidado ni por un segundo por qué el arcángel Miguel es el líder de todas las legiones de arcángeles en los cielos. Su poderío y habilidad es sorprendente, y aunque el pelioscuro es poderoso también, todavía no es capaz de superarle.

Ni el intimidante resplandor de sus iris azules le hace tambalearse o temer, el arcángel Miguel ataca cada vez con más fuerza con la única misión de hacerte caer, que te rindas o que el pelioscuro muera en batalla.

- ¡Acaso no te das cuenta, Jaejoong! ¡Has dejado otra vez que tu naturaleza demoniaca domine tus sentidos! – el arcángel Miguel grita tratando de hacerle entrar en algo de razón. Pero Jaejoong está enajenado, hay una sola idea flotando en sus pensamientos.

- ¡Déjenme vivir con Yunho este sentimiento!

- ¡Tú no le amas, es solo la lujuria y la sensación de superioridad la que te ata a ese deseo, Jaejoong!

Esgrimen sus espadas y el choque de ambas hojas plateadas destella chipas de luz. Jaejoong jadea como lo haría un vampiro, muestra sus largos colmillos y deja crecer las poderosas uñas en sus manos, aprovecha toda oportunidad para usarlas como armas, ataca al arcángel Miguel y le produce varias heridas. Rasga la piel y atraviesa los ropajes que hechos por Dios mismos sirven como la armadura más poderosa de todos los cielos. Es obvio que Jaejoong está fuera de control, ha caído en la locura de un amor prohibido al que Dios no quiere ceder y al que tampoco está dispuesto a renunciar.

Sin embargo, sus alas todavía son divinas, y Dios tiene poder sobre ellas. Grita de dolor cuando son replegadas bajo la fuerza de la voluntad del pensamiento de Dios, grita mucho más alto cuando son encadenadas y termina por esconderlas ocultándolas en el interior de su alma; empero no ha sido suficiente para evitarlo.

Es prisionero de Dios.

--//--//--

Una mano honesta y un corazón sincero también pueden equivocarse
(Húrin “los Hijos de Húrin” de J.R.R  Tolkien)


Dios lo había enviado a la tierra con aquel reloj de oro como único indicador absoluto del destino final al que sería sometido. Jaejoong y él. Y no podía dejar de lado la inquietud y el repentino temor de que las cosas salieran tan mal que Jaejoong fuera enviado al infierno, no como demonio sino como alma pecadora que debe ser castigada. Fue esa sensación acuciante de desesperanza la que le impulsó a levantar el vuelo y tras ignorar el insidioso tic tac del reloj, dejarlo tirado en cualquier parte alejándose finalmente de aquel sitio en la tierra y dejar que sus alas se precipiten hacia aquel destino desconocido para sus ojos, pero al parecer tan leal para su corazón.

Los frenéticos latidos de su corazón hicieron sentir al arcángel de tez morena ansioso por llegar, cuando vislumbró aquel templo de Dios en uno de sus cielos replegó las alas para caer en picada hasta ahí. Al atravesar los amplios portones y llegar al recinto principal tras atravesar el amplio vestíbulo de mármol, Yunho sintió un ligero ardor en el nacimiento de sus alas, por lo que tuvo que ocultarlas presintiendo que aquella sensación era una advertencia de Dios para detenerse.

Pero Yunho no pensaba hacerlo. Una parte de su ser está furiosa.
Y la razón de su furia es ver a Jaejoong encadenado a aquella estructura de piedra que se levanta al centro del recinto.


- No debieras estar aquí… - el arcángel Miguel se ha interpuesto en el camino del arcángel de tez morena, pero la mirada de éste todavía sigue prendada a la figura tras de su mentor en las artes de la guerra.

- Pero estoy. Y no voy a irme sin él… - Yunho ruge con enojo. Con una rabia que nunca había sentido. Ni siquiera cuando peleaba por Dios contra las legiones del infierno.

Porque cuando peleaba por Dios lo hacía porque así debía ser. Porque para eso había sido creado por Dios.
Pelear ahora por Jaejoong es su decisión. Y no piensa desestimar de sus voluntades.
Tu corazón lo ha decidido, tu alma lo reclama. Pelear por Jaejoong y liberarle.

Cuando ambos arcángeles se encuentran a medio camino del recinto, el choque de sus espadas produce un eco estruendoso que sacude los pilares mohosos que sostienen la estructura del templo. Las ropas de Yunho otrora blancas cambian de color, el cromado tono negruzco que las reviste refleja el origen de sus rencores. Yunho incluso está enojado con Dios por haberle orillado a este encuentro, a esta pelea contra el arcángel Miguel.

- ¡Es esto lo que quieres!

- ¡Lo quiero a él!

Dos argumentos sin punto de equilibrio, sin el mínimo espacio para la mediación. Ambos arcángeles se encuentran de nuevo con determinación. El arcángel Miguel le supera sin embargo, le hace dar un salto hacia atrás y retroceder. Yunho cae sobre una de sus rodillas tras haber perdido su espada. Jadea molesto, la hiel corroe sus entrañas y sube hasta su garganta produciéndole ese sabor amargo que viene en las peores situaciones imaginables. Se irgue y sostiene la mirada del arcángel Miguel dándole a entender que todavía no ha terminado.

- ¿Qué harás, Yunho? ¿Enfrentarme con todo tu poder?

- Si he de hacerlo, entonces es porque no me dejaste otra alternativa.

La figura circular con grabados divinos esculpidos por Dios mismo, comenzaron a brillar cuando Yunho se perfiló y de su mano emanó fuego. Las llamas rojizas encendieron todas las antorchas alrededor del recinto. El arcángel Miguel sostuvo en alto su espada y abrió sus alas de par en par impidiéndole a Yunho ver a Jaejoong.

- Si levantas tu puño contra mí, Dios también te castigará.

- Que lo haga entonces, porque es la única manera en que podrá detenerme. Y aún cuando lo haga, mi corazón seguirá perteneciéndole a ese arcángel al que has encadenado como si fuera un demonio más de las huestes del infierno.

- Es lo que es, Yunho. ¿No lo ves? ¿No ves la oscuridad que rodea ahora el alma de Jaejoong?

- ¡Le han orillado a esto! – espeta lanzándose de nuevo al ataque, el fuego en su mano rodea su puño y se dirige con intención mortal hacia el arcángel Miguel.

Pero es a un paso del inminente encuentro de ambos arcángeles que el cuerpo de Yunho se paraliza. Dios ha llegado de nuevo.

- Has desobedecido mis mandatos, Yunho.

- Quieres apartarme de Jaejoong… - susurra entre dientes, todavía demasiado enojado como para detenerse a contemplar la divinidad celestial de Dios.

- Jaejoong ha traicionado mi confianza dos veces, Yunho. No me ha dejado otra alternativa.

- ¡Podrías dejarnos ir simplemente!

- No lo entiendes, Yunho. Jaejoong y tú son dos de los pensamientos más hermosos que he tenido. ¿Cómo puedo renunciar a ustedes cuando les he visto mancillar mi confianza con el deseo que les arde en el cuerpo?

- Jaejoong y yo nos amamos. ¡Entiendes! ¡Nos amamos!

- Lujuria es todo cuanto he visto en esos grandes ojos negros que has contemplado con mayor admiración que a tu propio creador. Dime, Yunho, ¿amas más a Jaejoong que a mí?

- Es diferente… - susurra sintiendo cómo de pronto la tráquea se le cierra y le cuesta respirar. Dios no necesita tocarle siquiera, su solo pensamiento le daña.

- ¿Diferente? ¿Por esa diferencia de amor te has atrevido a desobedecerme y levantar tu puño contra uno de los tuyos?

- Es porque lo amo. Y no me dejas amarle en libertad, Señor… - responde con algo más de dificultad. Le arden los omóplatos y comprende que Dios advierte cortarle las alas.

- ¿Tan lejos has estado dispuesto a llegar por Jaejoong?

- Tan lejos como nos han orillado.

- Jaejoong ha pecado y ha traicionado, ha cometido faltas demasiado grandes contra mí. ¿Y aún así le amas?

- Ha actuado en consecuencia de las virtudes de las que le has dotado en su creación. Jaejoong nació por tu pensamiento, pero no es una extensión más de ti. Es perfecto. Capaz de amar con locura tal vez, pero no por determinación, sino por miedo a perder ese don.

- ¿Quieres que los deje marcharse?

- Sí.

- Lo haré. Cuando Jaejoong haya logrado purificar su alma de sus propios resentimientos y odios. Pero lo haré a cambio de algo más, Yunho.

- ¿Qué?

- Encadenaré tus alas hasta que Jaejoong se libere de la oscuridad demoniaca de su esencia.

- Hazlo.

- ¿Sabes lo que significa encadenar tus alas?

- Lo que sea por él. Jaejoong vale todos los sacrificios que me pidas que haga.

Yunho gritó entonces de dolor cuando sus alas fueron reveladas por el pensamiento de Dios y encadenadas a pesadas cadenas que le hicieron sangrar de dolor. Cuando Dios hizo un movimiento sutil con una de sus manos el arcángel de tez morena desapareció del recinto y entonces Él dio media vuelta para encarar al arcángel Miguel.

- Séllalo… - encomendó tras dar una última mirada al inconsciente arcángel-vampiro en que Jaejoong estaba convertido.

- Como ordene, Señor… - el arcángel Miguel hizo una venia y la mantuvo hasta que Dios desapareció de ahí. Entonces se colocó ante Jaejoong y rezó un encanto divino, los símbolos grabados en el círculo de piedra al que el pelioscuro permanece encadenado del cuello y los pies se movieron cual si tuvieran vida propia y dieron una nueva forma a la estructura. Solo Dios podría retirar su sello.

O Lucifer.

--//--//--

Es mi océano, éste es mi océano
No trates de bloquear el sol que brilla sobre mí

Jaejoong vagó su mirada por las legiones regadas a lo largo y ancho de aquellos territorios en el inframundo. Estas son las huestes que ha de liderar en una nueva guerra contra los cielos. Jaejoong es ahora un vampiro que se rige por voluntad propia. Las alas que se desplegaron en su espalda se han tinturado de tonalidades en gris oscuro, sus iris felinos de un intenso azul claro destellan todo su odio.

- Cuando cobres tu venganza, no olvides venir ante mí a agradecerme por haberte liberado antes, Jaejoong… - Lucifer se deslizó a su lado con el sigilo propio de un león y la avaricia sórdida de una hiena.

- Si consigo mi venganza, no volverás a verme nunca más, Lucifer… - Jaejoong dijo con seriedad y al instante levantó el vuelo.

La guerra contra los cielos comenzó así.

~~/~~/~~/~~

Caes de nuevo y tus rodillas se hunden sobre la espesa nieve, las gastadas ropas que visten tu cuerpo son el reflejo de las batallas contra muchos arcángeles en los cielos. Contra el mismísimo arcángel Miguel. Sabes que no le has vencido por una simple razón. Te ha dolido saber que Yunho se retiró de la pelea antes que enfrentarse a Dios por ti. ¿No era acaso que se habían enamorado?

Tiemblas por el frío, pero más que el que sopla en el lugar, el frío que ha congelado tu corazón y ha tocado tu alma.

- Yunho… - susurras su nombre porque lo tienes atravesado en la garganta como clavado en el corazón. Tus labios rojos se sienten resecos, sabes sin embargo que no encontrarás nunca suficiente agua que los humecte de nuevo. Los labios de tu amante fueron los que le dieron vida en el pasado… - Yunho… - repites y un sollozo se te atora en la garganta, te niegas en soltarlo y cubres tu rostro con tus manos.

La desesperación aflora de nuevo desde el fondo de tu pecho. Te sientes iracundo y decepcionado. Tu amante no vendrá a rescatarte. No lo hizo antes, no lo hará ahora, no cuando has traicionado por tercera vez a Dios y dirigido una guerra contra sus dominios. Te escosen los ojos pero te niegas en doblegarte. Dios no se merece tu compasión ni tu entendimiento, no cuando él se negó en mirar la sinceridad de tus sentimientos. Frunces el ceño y te irgues con los puños apretados, las largas uñas negras se clavan en tu piel hiriéndote hasta sangrar. Las finas gotas de sangre manchan la virgen espesura de la nieve. De alguna manera te sientes así, mancillado por el rojo de la pasión, incomprendido en tu pulcra inocencia. Dios no fue capaz de ver en tu perfecta hermosura más que lujuria.

¿Pero Yunho? Él debió ver en ti mucho más que eso. ¿Por qué no te protegió? Incluso si tú no necesitas protección alguna pues te consideras lo suficientemente poderoso para valerte por ti mismo, solo querías la seguridad de sus sentimientos cuidando de los tuyos.

El ruidoso aleteo de aves negras te hace levantar la mirada. Una parvada de cuervos atraviesa el paisaje en tu dirección, tras de ellos le ves. Yunho ha llegado. Pero por su mirada y su apariencia, él no está aquí para salvarte, sino para condenarte al mismo infierno del que has venido otra vez.

- ¿Así que finalmente has venido? – escupes con tono agrio. Quieres herirle del mismo modo en que te sientes tú, pero no encuentras el modo para hacerlo.

Yunho te sostiene la mirada, la severa seriedad de su rostro casi te hace titubear, pero hay algo en sus pupilas cafés que te hacen mantenerte en guardia. No sabes si él puede ver a través de ti, o si es solo el deseo que palpita desenfrenado contra tu pecho, pero ansías más que nunca que sonría para ti y te haga otra promesa. Una que no vaya a romper incluso si Dios se interpone en el camino. Quieres que Yunho vea en tu alma la herida que su traición te ha dejado.

Yunho sin embargo no ve más allá –su inconsciente ha actuado en defensa propia para evitar su propia locura y relegado todas sus emociones a lo más profundo de su alma, eso o perder todo control sobre sí, traicionar a Dios mismo y ceder a esos impuros deseos que le han atado al vampiro–; no ve en ti al Jaejoong que esconde el alma acongojada en algún rincón de su mente, no ve la ira creciente doblegando tu corazón. No ve que estás herido, como el lobo que es acorralado y lejos de amedrentarse amenaza con las fauces babeantes llenas de ira.

- Desataste el mismo infierno en los cielos. ¿Cómo has podido hacer tal cosa, Jaejoong?... – tu pregunta hace hervir tu sangre y no lo piensas.

Te lanzas al ataque corriendo con agilidad incluso sobre la espesa nieve, tus manos gotean la sangre que las heridas que tú mismo te provocaste dejan caer. Las gotas de rojo carmín no pasan desapercibidas para Yunho. Tus ojos y los suyos se encuentran de nuevo a medio camino de batirse a duelo. Él blande su espada, tú alzas tu mano y dejas crecer las uñas tan largas como finas dagas que clavar en su corazón.

Le evades de último momento, te evade también. Ambos han titubeado a la hora de la verdad. Yunho no quiere dañarte, lo notas en la opacidad de sus claras pupilas. Te preguntas qué demonios hace aquí entonces si no ha venido a matarte. Si tuvieras la habilidad de Dios, sabrías que las alas del arcángel fueron liberadas solo por una razón: Tú.

--//--//--

- Jaejoong fue liberado por Lucifer antes de que pudiera evitarlo. Y tú y yo sabemos, Yunho, que todo lo que había en la mente de Jaejoong era odio y rencor. Lidera las legiones del infierno hasta aquí dispuesto a una guerra en cuyo fin solo veré dolor, sangre y muerte. Una guerra que podría alcanzar la humanidad. Es por eso que he venido a pedirte un favor, libera a Jaejoong de su propio odio.

Dios le ha pedido personalmente. Yunho permaneció en su sitio por minutos, sentado en el rincón de aquel recinto a modo de prisión en uno de los templos cercanos al Trono de Dios. El rostro inclinado en gesto pensativo, una pierna flexionada y las manos lánguidas a los costados de su cuerpo. Dios incluso dudó, si Yunho estaba en sus cabalidades o si la separación a la que le obligó le ha arrastrado también a la locura.

- Solo hay una forma de liberarlo ahora, Señor. Y ese es un favor muy grande que pedir incluso para usted… - su voz finalmente se escuchó en el recinto, la pesada y rasposa voz del arcángel pudo incluso conmover a Dios.

- Si actúas en congruencia con las virtudes de las que te he dotado, la libertad será algo que Jaejoong y tú valorarán en demasía.

- Escucho tu petición y he de cumplirla porque me creaste para obedecerte. Pero si mi espada atraviesa su corazón, te pido entonces a cambio que él atraviese el mío con el odio que tiene guardado para mí.

- Jaejoong odia lo que cree que pasó, pero no conoce la verdad.

- Y no va a escucharme. Así que no intentaré decírsela a un vampiro enardecido que solo querrá mi sangre manchando sus labios rojos.

- Cumpliré tu favor, Yunho.

~~/~~/~~/~~

Tras varios ataques finalmente sus garras alcanzan tu pecho y tu espada atraviesa su corazón. Jaejoong entierra con lágrimas en los ojos su mano en tu pecho, rodea tu espalda con la otra y susurra en tu oído aquella pregunta que sabes ahora puedes responder.

- ¿Por qué me abandonaste?

- Nunca lo hice. Incluso ahora morir en tus manos es la muerte más hermosa que pude haber imaginado. Si antes no pude liberarte de las cadenas de las que Lucifer sí hizo, fue porque creí en ti. Creí que un día al abrir tus hermosos ojos negros, verías que siempre estuve dispuesto a darlo todo por tu amor, Jaejoong.

Respondes y sientes la sangre brotar de tu interior, toses y escupes el líquido carmín mientras sientes sus lágrimas mojar tu cuello. La espada que has atravesado en su corazón se ha convertido en luz. Dios ha tocado tu alma y la suya. Lo sabes ahora. Jaejoong también.

Este era el destino para el que fueron creados. No lo comprendes del todo, pero lo sabes. Jaejoong sonríe contra tu piel y se toma la libertad de besar tu cuello con parsimonia, dejando sus labios pegados a ti por largo rato. No hay dolor, esta definitivamente será una muerte hermosa.

- ¡Sus almas me pertenecen! – escuchas el reclamo de Lucifer pero no puedes verle, a Jaejoong parece no importarle demasiado. A ti tampoco en realidad.

- Al final iremos al infierno, Yunho.

- No me importa. Y aún ahí si Lucifer se atreve a separarnos, pasaré por cada infierno hasta llegar a ti de nuevo. Porque Te Amo, Jaejoong. Te Amo.

- Yo también Te Amo, Yunho… - te mira a los ojos y funde su boca roja con tus labios resecos. Se besan sin importar más nada.

En medio de aquel inhóspito desierto nevado su beso parece ser la gloria misma. Sientes un desagradable tirón en la boca del estómago e intuyes que se trata del momento en que Lucifer intenta extirpar de tu cuerpo a tu alma. Jaejoong se abraza a ti con fuerza y sabes que le pasa lo mismo. Le cobijas entre tus brazos y prometes otra vez no abandonarle nunca.

--//--//--

- ¡Patrañas! ¡Sus pecados les han hecho merecer las llamas de mi reino!

- Te equivocas, Lucifer. Su desinteresado sacrificio por el otro les ha hecho merecedores de mi perdón.

- ¡Me has utilizado para tu propio beneficio!

- No es así. Te has traicionado a ti mismo por tus ambiciones. Jugaste con la mente y el corazón de una de mis más preciadas creaciones. Jaejoong sigue siendo el más perfecto de mis pensamientos. Y Yunho el complemento que pensé exactamente para él.

- ¡Nunca podrán ser felices en tus cielos!

- Y no lo serán. Porque se han ganado la libertad en la tierra. El libre albedrío estuvo siempre de su lado. Incluso yo lo comprendo ahora. Han superado hasta las pruebas más oscuras que puse en sus caminos.

*****
MINE
*****

Ellos no saben que tuvieron una vida en los cielos. Ellos no saben que el destino les ha unido en el sendero porque así lo pensó Dios. Ellos no saben que su historia en los cielos marcó un mito. Ellos no saben muchas cosas. Pero saben sí, que cada que sus ojos se encuentran, el aleteo que sienten en el estómago o el cosquilleo de sus manos junto al calor de sus cuerpos se debe a una sola cosa.

El amor.

- Luces simplemente perfecto, Jaejoong ah… - el moreno susurró con una sonrisa boba sin poder ocultar la emoción que le hace tener esa primer cita con quien durante largos años fue su mejor amigo, y ahora, su futuro novio. Si es que el valor no se le iba a ninguna parte esa noche.

- Gracias Yunho ah. Tú luces perfecto también, muy atractivo… - el pelioscuro responde con una sonrisa avergonzada pero ese mirar seductor que tan natural se perfila en su expresión.

Y mientras salen juntos en una reunión más que de amigos, ambos jóvenes entrelazan sus manos casi sin darse cuenta de aquel gesto.

Porque los corazones que hoy laten a un mismo ritmo.
Ayer ya habían jurado pertenecerse en alma para la eternidad.


FIN


La felicidad es, al mismo tiempo, la mejor, la más noble y la más placentera de todas las cosas.
(Aristóteles)


domingo, 3 de febrero de 2013

three shot YunJae MINE parte 2

Al parece el Twoshot se convirtio en 3hreeshot xDDD
como quedo muy largo la parte 2 Feli lo dividio y ahora seran dos por los cumpleaños de Jae y uno en el de yunho, aki esta este y nos vemos el 6 de Feb (:




Título: MINE (2ª Parte)
Idea original: Makino Mizuki
Desarrollado por: Felina
Pareja: YunJae
Género: Místico, Romance
Clasificación: NC-18
Advertencia: Lemon


**********
El pensamiento es desleal y traidor y se convierte, cuando no es controlado, en el ladrón de toda felicidad
(Proverbio Himalaya)

Por supuesto que la historia no ha comenzado ahí, en aquel desierto nevado que hiela hasta los más tibios corazones. No, pero para Jaejoong éste es el momento en el que siente que debe terminar todo esto. Si Yunho no puede cumplir su promesa de amarle, entonces ambos deberían arder en el infierno.

Los ojos negros fulguran con rencor, las pupilas cafés matizan seriedad. Ninguno ve el sentimiento oculto en lo más profundo de aquellas ventanas del alma. No ven el amor sincero, la pureza de su sentimiento. Tan solo las fallas, los errores, los pecados. La traición.

Tal vez sea momento de contarles esta historia con un poco más de coherencia y razón. ¿Les interesa? Sí. Puesto que han vuelto tus ojos a este espacio y tu corazón tamborilea con un dejo de emoción y expectativa. Así, justo así como se siente tu pecho con esa sensación de aprehensión y el sudor en tus manos, es como puedes imaginar la punta del iceberg de la gama de emociones que ellos dos experimentaron.

Porque ellos son creaciones del mismo pensamiento de Dios. Les ha dotado de grandes virtudes, pero ha olvidado omitir el libre albedrío de sus corazones. Tomaron sus propios caminos, pero no pudieron mantener sus verdaderos deseos. Dios no se ha equivocado, Él solo ha pensado diferente y en su grandeza, ha sido también un poco egoísta. Aunque el egoísmo divino por inercia es una falta transparente invisible a los ojos de cualquiera.

Veamos pues aquella falta divina. Conozcamos el momento justo en que dos corazones se enamoraron, sin la aprobación de Dios.  

*****
MINE
*****

Dulce placer, es tan dulce que me devora entero

Lo sabemos a grosso modo, cual tabula rasa abandonada por Dios a su suerte. Sabemos que Jaejoong lo admitió desde el momento en que le vio por primera vez. Que Yunho era ese algo que faltaba en su vida para sentir la plenitud. Que se convertiría en su perdición, en el pecado que le haría merecer el infierno por sus actos y no por sus voluntades. Jaejoong sabía que la amistad que estableció con Yunho durante su permanencia en la tierra y más tarde de sus días en los cielos, no era suficiente. Porque no son solo sus ojos los que aprecian la atlética figura de Yunho, es su mente la que no deja de pensarle. Se ha obsesionado al punto de la locura. La locura de un amor prohibido.  

Jaejoong lo sabe.
Dios también se ha dado cuenta. Nada sucede en sus cielos sin que él no lo sepa.

El amor ha tocado un alma que no fue creada para contenerlo de aquella manera. Los ángeles de los cielos fueron creados para amar a Dios y a la humanidad, pero no para amarse entre sí. Jaejoong no puede sin embargo evitar ese sentimiento que empuja desde sus entrañas hasta el fondo de su alma. Ese sentimiento que arde en su interior y le insta a la búsqueda de esos contactos que no le son permitidos. Si tan solo no hubiese recibido aquella señal de parte de Yunho, él tal vez no hubiera caído del todo en la demencia.

~~/~~/~~/~~

Habías llegado aquí en busca de paz, aunque ahora más que nunca aquella palabra careciera de significado. Tus ojos negros han recorrido la hermosa panorámica de aquel lago al norte de los cielos medios del paraíso. Sonríes con algo parecido a la ironía, la imagen es digna del más bello de los sueños, una postal sin precedente sería para la humanidad. El nacarado ideal bordeando el horizonte, las esponjosas nubes de colores pastel coronando aquí y allá espacios flotando al viento, los amplios pastos de un verde majestuoso bajo tus pies descalzos, el aroma a rosas y la sensación de brisa matutina acariciando tu rostro. Oh sí que lo es. La pintura perfecta, uno más de los sublimes pensamientos de Dios. Has llegado aquí con la clara intención de ducharte en las cristalinas y tibias aguas de ese pequeño lago que sabes está destinado para los arcángeles de tu categoría. Casi podrías agradecer que no haya nadie más ahí. Casi, porque hace mucho tiempo los agradecimientos no afloran de tus labios, aún cuando pudiste suplicar a Dios que te aceptara de vuelta en su seno.

Te despojas de la túnica color perla y la desnudez de tu cuerpo se revela como una divina coincidencia de la magnificencia de Dios. Simple perfección. Paso a paso te acercas a la orilla del lago y pronto tus pies hacen contacto con las aguas. Finas ondas se dispersan hacia el centro y las orillas en consecuencia de tu acción. Tus manos acarician la superficie y las yemas de tus dedos juegan sobre las aguas cual si estuvieses tocando música. Cierras los ojos y recuerdas la sensación aquella que te sumergió en algo parecido a la introspección durante algunos años de tu estancia en la tierra. Un piano te había acompañado día a día mientras tu alma lloraba una amargura que viene de la desesperación al no tener ese algo que te hiciera sentir pleno. El agua te llega ahora hasta el vientre, sus finos movimientos emulan los tuyos y el líquido te regala unas caricias que pronto se forman en tu mente de otra manera.

Si tan solo fueran los dedos de Yunho los que te tocaran así. Si fueran sus manos las que rodearan tu cintura o su calor el que abrazara tu cuerpo. Suspiras y entreabres los labios, saboreas una sensación irreal y sientes tu cuerpo cobrar un nuevo calor, uno diferente. Te comienzas a sentir febril. Ardiente de un deseo prohibido.

- ¿Jaejoong? – escuchar su voz te toma por sorpresa. Por un segundo te preguntas si lo estás imaginando o si realmente él ha llegado y está a tus espaldas… - Jaejoong… - él repite tu nombre con algo más de fuerza, las vibraciones de su voz parecen viajar en el viento y tocar cada poro de tu piel, te estremeces y un suspiro más atrevido sale de tus labios.

- Yunho… - giras el rostro apenas un poco, le permites ver tu perfil y realizas una venia a modo de saludo, jugueteas con más ruido sobre la superficie del lago, las ondas se alteran igual que tu corazón.

- ¿Necesitabas una ducha de purificación? – él te pregunta y tú simplemente asientes, giras un poco más tu cuerpo y finalmente enfrentas tus ojos con los suyos.

La serenidad de su semblante te hace sonreír. Parece que no se da cuenta de todo lo que ha provocado en ti con su sola aparición, tu cuerpo arde un poco más y ahí bajo las aguas la erección entre tus piernas también parece haber cobrado vida. Quieres que entre a tu lado, que te bese apasionadamente y acaricie cada recoveco de tu cuerpo. Quieres que te haga suyo.

- Generalmente venimos aquí después de una batalla contra el infierno, cuando los demonios nos han contaminado con sus injurias, sus pecados o sus arrebatos de superioridad… - sus labios se mueven y aunque tú oyes lo que ha dicho no le has escuchado, de pronto solo quieres provocarle.

- Dios dijo que también podemos venir cuando nuestros pensamientos se agitan sin razón aparente… - susurras con suavidad, das un paso fuera y las aguas dejan ver un poco más de tu cuerpo. Aunque su pura y cristalina transparencia seguramente no había ocultado nada en realidad… - Y mis pensamientos ahora están inquietos, me hacen sentir intranquilo y febril.

Sus ojos se han movido de los tuyos a tu cuerpo. Notas la forma en que Yunho va bajando por la línea de tu figura. La sensación te produce un chispazo efímero que sacude todo tu ser y se concentra ahí entre tus piernas. Él abre la boca pero no dice nada, presientes que es un acto natural ante tu belleza. Ladeas el rostro y muerdes tu labio inferior con cuidado, apenas tus dientes han presionado la tibia carnosidad. Por un segundo recuerdas los colmillos que aparecieron en tu boca cuando traicionaste la confianza de Dios y bajaste por cuenta propia al inframundo. Sientes la zozobra del ayer y deseas inconscientemente aquella máscara de seguridad que ser un vampiro te daba.

- Tus pensamientos realmente parecen intranquilos. Se agitan como las aguas de los océanos turbios en época de huracanes… - le escuchas decir y tu mirada desciende al lago, a tu alrededor las aguas se han alterado por denominación de tus pensamientos, burbujean aún cuando no arden a punto de ebullición. Es solo el reflejo de tu sacudido interior… - ¿Qué es lo que hay en tu mente, Jaejoong? ¿Qué es lo que te tiene así?

- Ven… - le invitas sin pensarlo. Estiras una mano y notas el titubeo de su mirada. Pero sonríes perceptiblemente cuando él da un paso hacia delante siguiendo tu llamado.

Sus pies descalzos tocan el agua y se sumergen en ella. No sabes si es el hecho de que te haya hecho caso o simplemente su presencia más cercana, pero las aguas poco a poco retoman su tranquila serenidad, agitándose apenas por el murmullo de sus cuerpos moviéndose. Está a escasos centímetros de ti, su calor realmente alcanza tu cuerpo y eso te hace sentir de alguna manera especial.

- Estoy aquí. Qué es lo que pasa contigo, Jaejoong; has estado extraño. Dios no lo ha dicho pero presiento que algo le aflige, y creo que eres tú.

- ¿Así que has venido a buscarme por Él?... – sonríes con decepción y en tu pecho una sensación nueva se agita con un burbujeante malestar.

- Vine a buscarte porque no lo comprendo. No sé qué te pasa. Pero quiero saber… - sus voz suena sincera, y sus ojos cafés te lo reflejan.

Escondes tus grandes ojos negros de su mirada bajo el manto de los largos mechones oscuros que caen sobre tu frente. Le tienes tan cerca, y al mismo tiempo pareciera que le tienes tan lejos.

- No sé cómo nombrar con exactitud esto que siento. Sé que a Dios no le gusta, sé que lo reprueba, sé que si me dejo llevar por esto que siento él me echará de los cielos. Y sé que si Él hace eso, yo volveré a ser solo un alma errante.

- Jaejoong…

- Todo lo que siento se debe a ti sin embargo. Y no hay alivio en ello, Yunho ah. Incluso si estás aquí con la preocupación que matizan ahora tus pupilas, no puedo dejar de tener estos pensamientos, no puedo controlar el calor abrasante que rodea mi cuerpo ni las ganas de… de…

Vuelves a mirarle y se te seca la garganta así de pronto. Tus ojos van de su mirada a su boca. Sus labios te provocan y sonríes con ironía. ¿No debieras ser tú quien le tiente? No te interesa demasiado la respuesta. Estiras una mano y alcanzas su brazo, le tocas con cuidado y recorres un camino de sutiles caricias hacia arriba hasta su hombro, te has acercado otro pequeño paso, lo suficiente para sentir el roce de sus cuerpos. Sus cafés pupilas no se despegan de tu rostro, lo sabes porque puedes sentir su profunda mirada mientras tus ojos se han quedado en su pecho, delineando lentamente –como muchas otras veces antes–  la expuesta clavícula morena, es ahí cuando notas que su respiración se ha alterado y podrías jurar que ese redoble de tambores que escuchas es su corazón yendo algo más rápido.

Levantas un poco más la mirada y admiras su largo cuello, la nuez no tan pronunciada pero lo suficientemente varonil para sentirte atraído a morderle. Sonríes ladino y el sonido cantarino que sale de tu garganta le produce un escalofrío, lo sabes porque lo sientes bajo el tacto de tus dedos en su hombro. Finalmente tus ojos alcanzan su boca, inclinas el cuerpo en busca del contacto tibio de esos labios que permanecen quietos cual si estuvieran dispuestos a entregarte una caricia prohibida.

- Yunho… Voy a besarte… - susurras en advertencia de las intenciones en tus pensamientos.

Incluso te detienes a medio camino, le das la oportunidad de alejarse y salir de ahí. Pero se queda. Se queda y contra todo pronóstico en tus pensamientos, uno de sus fuertes brazos rodea tu delgada cintura, te pega totalmente a su cuerpo y sientes tu desnudez tocar su mojada túnica, y por debajo de la suave tela, su cadera te recibe con un bulto que choca con tu propia erección haciéndote jadear en expectación.

Fundes tus labios a los suyos con hambre. El hambre y la sed de toda una vida a la deriva. Todo tu mundo se sacude violentamente tras aquel primer contacto, sus labios tibios y suaves como pensabas que eran y son se mueven al compás de los tuyos. No solo le besas, te besa también. Y es exquisitamente infernal. Sí, no es celestial, es el maldito mismo infierno quemándote la piel y atacando desde tus entrañas cada hilo de razón fragmentando todo lo que eres a la esencia rudimentaria de la lujuria y la pasión.

El beso se torna así ardiente, su lengua y la tuya se encuentran en la inmediata exploración de la boca del otro. El aliento te hace falta, sabes que a él también, pero ninguno quiere romper aquella deliciosa unión. Le muerdes los labios sin pensarlo, tan fuerte que le haces sangrar y es el sabor metálico el que despierta en ti mucho más que el deseo de un beso. Bebes de su sangre y profundizas aún más el beso anclándote a su nuca para no permitirle apartarse –aunque hay un ligero presentimiento en el fondo de tu dormida mente que te grita que él en esos momentos tampoco quiere alejarse–, te pegas a su figura y tu silueta se mueve sensualmente invitándolo al mismo pecado que flota en sus pensamientos. El gemido ronco que amortiguan entre el beso te hace sonreír mentalmente, la forma en que aprieta tu cintura levantándote así en vilo obligándote a cerrar las piernas en torno a su cadera desata una carcajada en tus pensamientos.

Lo has conseguido. Le has arrastrado en tu mismo deseo.
Ha respondido con pasión tu insinuación. Y su piel arde ahora igual que la tuya.

Sus manos se mueven, una te sostiene por el trasero y la otra vaga cuesta arriba por tu espalda acariciándote así como habías pensado tantas y tantas veces. Y se siente mucho mejor.

- Ahh… - el gemido escapa de tus labios cuando él ha abandonado tu boca para descender por tu largo cuello blanco lamiendo casi desesperadamente la nívea piel… - Yunho… - jadeas su nombre con sensualidad y tus dedos se entierran en sus castaños mechones.

Te agitas contra él casi sin darte cuenta de que lo haces. Balanceas tu cadera obteniendo así la deliciosa fricción de tu falo contra su vientre. Yunho ahora alcanza tu pecho, succiona tus pezones y tú sientes cada maldita oleada de placer mandarte en picada al infierno. Si Dios se entera.

Si Dios se entera.
Oh no. Lo sabes. Él se ha enterado ya. Seguramente mira con sus ojos divinos la desgracia inflexible a que has arrastrado a uno más de sus arcángeles.

La risa sórdida se tuerce en tu boca roja. Casi saboreas este conocimiento con agrado, no es que te guste contrariar las reglas de los cielos. Es que Dios debió olvidar algo durante tu creación que tú no puedes controlar este deseo por sentirle así de cerca, por sentir el tacto abrasador de sus manos recorriéndote entero o su boca reconociendo cada palmo de virgen piel.

- Mhhh… - gimes gutural cuando aprieta tus glúteos al mismo tiempo que tironea despacio de tu pezón izquierdo… - Yunho… Yunho, tómame. Hazme tuyo. Hazme el amor.

No. La verdad es que ni siquiera pensaste en pedirlo. Las palabras brotaron inclementes de tus labios. El ruidoso murmurar de las aguas opaca todo lo demás. Yunho ha salido contigo en brazos, te recuesta sobre tu propia túnica y se saca la suya con prisas, la prenda cae pesada sobre el pasto por causa del agua que escurre de ella. Buscas su mirada y cuando la encuentras notas el intenso brillo en el fondo de sus pupilas. Sabes que le has envenenado del mismo modo en que él lo hizo contigo desde el primer momento en que le viste en la tierra.

- Ahh… - exhalas otro gemido, adornas tus labios con una sonrisa y abrazas su cuerpo pegándole al tuyo cuando él vuelve a cubrirte con la desnuda y húmeda piel del suyo.

Incordiase el deseo de dos amantes que hoy nacen en un pecado viviente de un pensamiento fugaz que acrecienta la locura que desfallece en el frenesí de sus caderas y la caliente lengua que recorre la piel febril.

No recuerdas el momento en que su palpitante erección se enterró en tu anillo, los sentidos nublados que cayeron en la locura te impiden el recuerdo. Pero estás ahí, gimiendo con ganas abrazado a su cuerpo, muerdes su hombro y arañas su espalda. Anclas tus piernas alrededor de su cintura y gritas su nombre cuando penetra tan profundo que alcanza algún punto dentro de ti que te hace sentir lleno de placer y te sofoca.

Tal vez Dios te hizo demasiado humano.

Su cuerpo baila con el tuyo, danzan al mismo ritmo. Las embestidas profundas de un frenético vaivén te llevará al abismo del infierno, lo sabes. Pareciera que te lo anuncia ese calor abrasador que se concentra en tu vientre bajo y sacude tu entrepierna. Si alguna vez dudaste del paraíso, lo has alcanzado justo ahora. Cuando Yunho gime en tu oído tu nombre y derrama su esencia dentro de ti temblando contra tu cuerpo.

--//--//--

En el fondo ambos saben que no debieron permitirse este encuentro. Pero ha sido así. Ni Dios mismo pudo haber detenido el curso del destino. Tal vez Él no tiene tanto poder sobre ellos. Ni Jaejoong ni Yunho lo saben, pero cuando vuelven a sus sentidos y se dan cuenta de la falta en que han caído, es Yunho el primero en marcharse, dándole un fugaz beso a Jaejoong y prometiendo no dejarle. El pelioscuro se ha quedado tumbado sobre su túnica, sonriendo y sintiendo ese palpitar diferente latiendo en su pecho. Él no comprende lo que ha pasado más allá del deseo carnal satisfecho.

Jaejoong solo sabe que quiere volver a probarlo.
El paraíso de la lujuria.
El calor de la pasión.
La calidez de los besos.
La añoranza de las caricias tibias.

Y aunque volvieron a unir sus cuerpos en aquel febril mar de pasión, ni Jaejoong ni Yunho se permitieron tales encuentros en los cielos. Ambos arcángeles bajaban a la tierra y pretendían esconderse de los ojos de Dios para ocultar su pecado. Pero una falta como aquella no se puede esconder.

Dios lo sabe. El Arcángel Miguel también. Yunho y Jaejoong han sido separados sutilmente, siempre enviándolos a lugares diferentes. Jaejoong comprende los movimientos de Dios. Se enoja y se deja arrastrar por la desesperante necesidad de estar con Yunho, la locura se apodera de él. Su esencia demoniaca toma su mente y demacra su cuerpo. El vampiro exige emerger.

Y Dios no está dispuesto a perdonar una segunda vez.


Continuará……


Cuando Dios quiere enloquecer a alguien, satisface todos sus deseos.
(Paulo Coelho)



N/Feli: La Maki les andaba dejando todo de golpe xD ya edité

POSDATA: Maki aparta aki para comentar luego que se le olvido apartar en los coment xD