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jueves, 30 de agosto de 2012

Capítulo 6 VAMPIRE


Como dije antes ;D acá con actu de otro serial, sigo priorizando y aprovechando cualquier momento de inspiración que active a mi ratón ;3 



CAPÍTULO VI. RENACIMIENTO

*****//-//*****

De las entrañas del inframundo nace una criatura de rencor. Es llamado demonio-vampiro que encarna los más oscuros deseos de la raza dominante de las noches.

Su antónimo sublime resurge de las penumbras del rechazo. Conocido Espíritu Celeste cuyas alas brotan de un amor quemante que arde en el abismo del odio. 

*****//-//*****

*****
Distrito Yongsan-Gu

- El último vampiro-demonio de la Dinastía Song… - Takiguchi Yokihiro vertió la sangre extraída de su brazo sobre un tubo de ensayo que colocó junto a otros en aquella máquina centrífuga del laboratorio que él mismo conformó en esos días a su llegada a la capital surcoreana.

El tono azul cobalto mezclado con matices en negro se transformó en una mancha constante que giraba a gran velocidad en la centrífuga; mientras que el japonés caminaba hacia esa mesa de trabajo sobre la que descansa un libro de papiros gastados y una escritura en lenguas muertas que durante décadas su familia se esforzó en traducir y reorganizar para los fines con que el linaje vivía.

- Traer de vuelta la gloria que nuestra raza merece y recordarle al mundo quiénes son los verdaderos amos y señores de sus noches y sus días… - el japonés dijo con ese tono perverso que caracteriza la templanza de un vampiro que ha contemplado en su larga vida el deseo de un poder más allá de lo conocido.

Yokihiro activó entonces una secuencia de datos en la centrífuga, quería obtener de su sangre más que la esencia detallada de su codificación genética. La partícula de su existencia, y mezclarla más tarde, con una sola gota que derrame su hermano.

……………………………
Mansión Shim

ChangMin subió a su auto con el semblante serio y confuso.

Ha besado por voluntad, deseo y algo más a Joong Ki. Le ha observado mientras se cambiaba no con la intención expresa de lo sexual, sino por el simple goce de admirar la imperfección de su cuerpo pálido, tan delgado que si quisiera podría palpar cada hueso. Esa imperfección encantadora que ha logrado cautivarle como todo ese tiempo se ha recriminado.

Mantenerle como esclavo porque no puede renunciarle y al mismo tiempo tenerle como lo más sagrado de su existencia.

El de cabellos ébano ha encendido el motor pero el auto no se ha movido siquiera para salir del garaje en la mansión. Joong Ki sentado a su lado permanece en silencio, con el corazón palpitándole todavía acelerado contra el pecho. No puede borrar de sus pensamientos el momento exacto en que esos ojos ónix se clavaron en su persona tragándole cual si emulara la oscuridad mitológica del tártaro.

El de cabellos oscuros agita la cabeza de un lado a otro negando ese pensamiento. Su amo no es tan malo como suele aparentar, ni tan frío como se empeña en ser. Y aunque tampoco es un humano sino una criatura nocturna, cuando le ha sentido tan unido a él, casi puede jurar que sus manos han abrazado a un ser cálido.

- ChangMin-shii no es mi infierno, tal vez es distante y calculador, pero… lleva toda una vida cuidando de mí. – Piensa y le mira de soslayo.

Se pierde en el perfil del mayor, sus cabellos ébano caen con gracia en perfectas ondas matizadas por la apariencia sedosa de cada hebra reflejando un negro brillante. El mentón ligeramente elevado con aire superior, los ojos clavados al frente muy probablemente en un punto muerto, desde ahí no puede captar el fondo de su mirada, el brillo de sus ónix para indagar su nivel de concentración. Sonríe de medio lado y niega suavemente con la cabeza. Reconoce que sus pensamientos son absurdos, casi nunca se ha sentido lo suficientemente capaz de sostenerle la mirada, se siente pequeño e indefenso, inseguro y vulnerable cuando aquellas pupilas han captado las suyas.

Además.
Sigue siendo solo un esclavo.

- De todas formas, ¿cuánto tiempo más vamos a pasar aquí sin movernos? – un curioso mohín de ansiedad se dibujó en su rostro, y aquel fino movimiento acompañado del susurro de sus ropas junto a la respiración suave fueron suficientes para tener la total atención del mayor.

ChangMin pensó que se veía hermosamente imperfecto.

- No hables, no mires, no hagas ningún gesto…

- ¿Eh?...

- Cada cosa que haces, cada cosa que dejas de hacer; incluso si es solamente tu respiración, todo en ti llama poderosamente la atención de los demás y eso me pone de muy mal humor. Así que cuando estemos allá, no hagas nada, mantente cerca y solo mírame a mí sin hacer sonido alguno, ¿entendido?

- Sí… - Joong Ki respondió dudoso…

¿Eso eran celos?

Sin embargo, Joong Ki se negaba a pensar demasiado en ello, analizarlo era como algo en su contra peligrosamente ilusorio. Él no quería soñar, no quería dejarse llevar ahora y construir castillos de arena que se derrumben con el paso de una simple tormenta de viento en medio del desierto en que se ha convertido su vida.

Una vida árida, seca, vacía.
Una donde los oasis no existen.
Donde la sed de su alma no encuentra la gota de hierática que le devuelva las ganas de existir.  

*****
Distrito Gangnam-Gu
Departamento de Park Yoochun

Admite la curiosidad que le carcome las entrañas. No se trata del simple deseo morboso de conocer los perversos detalles del maltrato de que fue víctima el pelirrojo. Yoochun quiere saber para nivelar apropiadamente su odio. Pero advierte que Junsu no quiere eso, que tal vez si nunca le había dicho nada hasta ahora es porque no le tiene ese nivel de confianza.

Se siente mareado, vacío y enojado.
La sensación de no tener un vínculo más fuerte con Junsu le provoca aquello.
Él quiere ser importante.
Tan importante que sea el único en su vida.

El único con derecho a saberlo todo, con derecho a reclamarlo como suyo, con derecho a mirarlo, tocarlo y besarlo, a marcar cada recoveco y dejar la huella de su tacto, impregnarle su aroma en la piel y conocer todos sus secretos, incluso los más oscuros y dolorosos.

Necesita aquella seguridad.
Su cuerpo y su mente se lo exigen.
Incluso la zozobra de ese músculo muerto que golpetea en su pecho.

- Cuéntame… - la petición suena a orden y su voz jura ha sonado tan ronca que se desconoce a sí mismo, y cae en cuenta así de la nada en que lleva la boca seca y el cuerpo le tiembla de ansiedad.

Su mente reclama venganza.
Quiere tomar tortuosamente la vida de todo aquel que se atrevió a lastimar el cuerpo, la mente y el orgullo de su amante.

Junsu se tensa apenas escucha aquella palabra.

Cuéntame.

No.
No quiere.
Odia su pasado.

Sus ojos se encienden con enojo y frustración y niega apenas agitando la cabeza de un lado a otro. Se aparta bruscamente del intento de abrazo que el pelinegro intentara y camina hasta el comedor. Solo quiere alejarse.

La voz parece haberle abandonado cuando las orbes negras cargadas de furia le siguen y él casi se siente capaz de odiar ese sentido de posesión que su amante tan ávidamente expresa en aquellos momentos.

¡No es un simple humano que necesite su protección!

Se sucede entonces el duelo de miradas. Negro contra chocolate, furia contra rencor.
Miedo en los dos. Miedo a perder, miedo a recordar.

Sienten la pesadez de la ira y el instinto presto a la lucha aflorarles en la piel, se revela su naturaleza vampiro y se les altera la respiración. Ninguno estaba dispuesto a ceder.

Junsu quiere callar.
Yoochun quiere saber.

Ambos vampiros atacaron a la vez.
El sentimiento mutuo de no querer herir de verdad, pero al mismo tiempo de querer imponer su voluntad.

Callar. Saber.

La fuerza con que los vampiros combatían entre sí era caótica, muebles destrozados, muros agrietados, ropas desgarradas, sangre, cortes en la piel, colmillos mordiendo a través de músculo y piel.

Callar. Saber.

- ¡Ngh! – Junsu gimió adolorido cuando el pelinegro le estampó con toda su fuerza contra el suelo aprisionándole con piernas y brazos mientras muerde su hombro y siente las filosas uñas enterrándose cada vez más profundo en su piel.

- Dímelo… - exige e intenta ver a través de la sangre de su amante succionada por su boca.

- No… - reniega y la fuerza de su voluntad en aquél momento sella todos los recuerdos grabados en su sangre, le impide ver su pasado.

Saber.
Callar.

- Odio tu pasado aún sin contármelo…

- No necesito que odies por mí…

Saber.
Callar.

- Quiero saber quiénes te hicieron daño y matarles…

- No te he pedido que mates por mí…

Saber.
Callar.

- No es que lo necesites o me lo pidas. Es lo que quiero hacer porque me importas demasiado, Junsu.

Saber.  

- No. No voy a decirte nada. No quiero hacerlo. No puedes obligarme.

Callar.

Y es justo ahí, cuando las orbes oscuras de Yoochun se encuentran profundamente con las pupilas chocolate de Junsu, que le ve.

Al vampiro que una vez también fue niño. Sometido contra su voluntad tal cual lo retenía él en esos instantes. Aprovechándose de sus fuerzas superiores.

Afloja el agarre y siente algo parecido a la culpa y el arrepentimiento carcomerle las entrañas. Desaparece la ebullición iracunda que inyectaba la sangre en sus venas y es reemplazado por miedo y rencor, ansiedad y aversión.

Las náuseas le revuelven el estómago cuando la desagradable imagen de su Junsu siendo un niño acariciado por un adulto vampiro se formó en su cabeza en contra de su voluntad.

Y odia de nuevo.
Odia a todo ser nocturno.
Odia a Yoora. Porque sabe que es esa mujer sin entrañas la culpable del pasado de su amante.

- Suéltame… - la voz seria del pelirrojo le saca de sus pensamientos y solo entonces vuelve a fijar su mirada en las pupilas del otro.

- No… - niega y quiere hacer promesas pero no sabe cuáles ni cómo. Él nunca fue más que un vampiro ególatra que vivía por satisfacer sus deseos.

- Déjame… - el pelirrojo frunce el ceño y le mira con molestia. Ve la fuerza matizándose a través de la tensión de sus músculos y el pelinegro comprende que está dispuesto a pelear de nuevo si no le suelta.

Pero él realmente no quiere soltarle.

- Por qué no puedes confiar en mí. Por qué no quieres decirme, no te estoy pidiendo detalles, solo quiero saber los nombres y matarles… - insiste y siente de nuevo el odio burbujearle desde las entrañas y subirle ácidamente por la garganta.

Ira. Rencor. Odio.

- De qué puede servir nada de eso ahora, Yoochun. Es pasado, algo que no quiero recordar pero que de todas formas marcó quien soy… - se tuerce una sonrisa sarcástica en los rosados labios y el pelinegro desconoce tal gesto… - Que no me guste y odie mi pasado no significa que no pude tomar venganza por mi cuenta en cualquier momento desde hace años, Yoochun… - las manos del pelirrojo han corrido entonces por la espalda del pelinegro, acarician sinuosamente y se convierten en provocaciones que Park no puede negar… - Pero no me interesa. Aprendí de cada hombre y mujer que conoció mi cuerpo… - susurra y se desliza en su tono la sensualidad que en tantas ocasiones ha encendido cada fibra sensible al deseo en el pelinegro… - ¿O es que no te gusta cómo te lo hago?... – una sonrisa lasciva y su lengua lamiendo la mejilla del pelinegro.

Cae. Cede.
Le gana la tentación y sucumbe al pecado.
Se olvida de todo cuando las manos de Junsu vagan por su piel desnuda y su cuerpo tibio roza contra el suyo.

Yoochun aún querrá saber, pero tendrá que encontrar otras maneras para averiguar.
Porque ha comprendido, que Junsu está dispuesto a callar.

*****
En algún lugar

Jaejoong nunca había sentido aquél tipo de sentimiento.
Él creyó que antes había odiado a muchas personas. Su padre incluso. Pero la traición de Yunho queda en primer lugar.

El pelioscuro se limpió la sangre del mentón con el dorso de su mano, sus ojos negros se prendaron de las pupilas cafés del moreno.

- Así que solo quieres matarme, vengarte de mi padre arrebatándome la inmortalidad… - ríe con diversión y se toma el tiempo de lamer el líquido carmín que enjugó con su dorso sin llegar a apartar la mirada del otro… - No sé qué tipo de pensamiento te llevó a creer que mi muerte afectaría en algo al hombre que participó en mi concepción. Kim Hwang podrá ser mi progenitor, pero no tiene empatía alguna por mí.

- Haz visto demasiado de mi pasado, Jaejoong. Quizá es verdad que Kim Hwang no te ama como los humanos suelen querer a su progenie, pero todavía eres importante en todos los negocios de tu padre; sin embargo, tienes razón, tu muerte no le afectaría en nada; por otro lado… - el moreno se acercó decidido, acorralándole de nuevo contra un muro, mirada seria, sonrisa victoriosa… - si te secuestro y me obedeces, ambos podríamos ganar.

La propuesta es casi absurda. Yunho lo sabe, Jaejoong también.

Y sin embargo, el planteamiento suena interesante por una sencilla razón.
Permanecer juntos.

Jaejoong se odia a sí mismo en aquel preciso instante. Estar dispuesto a obedecer a Yunho con tal de no perderle. Es patético e irresponsable. Es denigrante para un vampiro como él. Pero no puede negarse, Yunho es una especie de droga para él, le necesita.

Le quiere.
Del mismo modo que un niño desea un juguete y no descansa hasta tenerlo, usarlo un poco, cansarse y olvidarle, tirarle a la basura o destruirle.


El pelioscuro lleva sus brazos a los hombros del moreno, los escurre del mismo modo en que una serpiente se deslizaría mientras caza; terminan enredados tras el cuello de Jung y sus rostros cerca, muy cerca, compartiendo el aliento y la mirada.

- De acuerdo… - acepta el trato y sonríe con esa típica sensualidad que destilan sus labios rojos.

Se acerca un poco más y siente el roce de su boca contra los calientes labios del moreno. Sonríe de medio lado y se aleja. No le dará el gusto de besarle. No ahora, no ahí.

Es su turno de jugar a la venganza…

*****
Distrito Yongsan-Gu

ChangMin le indicó sentarse a su lado en aquella gran mesa ovalada en la que se han reunido importantes hombres de negocios de todo el mundo. Joong Ki no entiende nada, se siente intimidado por las miradas severas de aquellos hombres y mujeres. Quiere marcharse, salir de aquella sala y esperarle lejos, pero el de ojos ónix le ha mirado duro y él ha comprendido que no está dispuesto a ceder en su mandato.

…no hagas nada, mantente cerca…

- ¿Es éste el chico?... – uno de los hombres habló, su mirada ingenua cayó entonces sobre la figura del de cabellos oscuros.

- Es él, y tal como le dije a cada uno de ustedes antes, no hay manera alguna de que lo entregue. Me pertenece, es mi esclavo favorito y no está en venta ni es negociable… - el de cabellos ébano respondió con voz grave, firme, retadora.

- Se nos ha informado que es peligroso que lo tengas contigo… - una de las mujeres presentes tomó la palabra. Y cada cosa que salía de labios de aquellos vampiros, ponía más y más nervioso al de cabellos oscuros, quien confundido e incluso temeroso, buscaba la mirada de su amo en busca de explicación alguna.

- No me importa lo que les haya dicho Takiguchi Yokihiro. Pero les advierto aquí y ahora, que cualquiera que se atreva a retarme encontrará una muerte segura…

- Entonces creo que tendrás que comenzar justamente conmigo… - los portones de la Sala de aquel sitio se abrieron con un peculiar crujido de madera, y la silueta del japonés se abrió paso en el umbral… - porque mi hermano vendrá conmigo, te guste o no, ChangMin…




Continuará……

martes, 29 de mayo de 2012

Capítulo 5 VAMPIRE


ADVERTENCIA: Lemon

CAPÍTULO V. PASADO SILENCIOSO

*****//-//*****

De las ruinas del ayer se levanta una estructura frágil a los temblores del presente.

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Corea, 1991

Jung Yunho había encontrado a Kim Jaejoong en un conocido antro de reunión para vampiros del Clan dominante de la capital surcoreana. Era el típico sitio de música estridente y gente de lo más extravagante imaginable, con los gustos sexuales más extremos posibles. A él en lo personal no le motivaban muchas de aquellas prácticas que veía al pasar entre la gente que seguía sus bajos instintos sin pudor alguno. Lo que es de esperarse ya que los vampiros no conocen la vergüenza, son inmunes a aquél tipo de sensaciones como cualquier otra ligada al afecto, el cariño o, lo más absurdo, el amor. Pero son prestos al placer, a la venganza y a la sed de sangre como de poder.

El moreno caminó más allá adentrándose entre cuerpos agitados de calor y deseo, haciendo oídos sordos a más de alguna insinuación fémina como masculina. No le interesaba detenerse a jugar con ninguno de ellos cuando en una habitación de aquellas en el fondo del local, le esperaba su destino. Así que caminó directo hacia aquella sala en la zona VIP del antro. Las puertas de cristal magnético dejaban ver tan solo sombras difusas de siluetas al interior. Pero Yunho estaba seguro… su presa le espera dentro.

La espada de plata cruzada a su espalda le serviría para divertirse mientras le sometía a su voluntad, pero por alguna razón su mano titubeó para desenfundarla. Haciendo caso omiso de aquella perturbación, Yunho optó por el arma de luz ultravioleta y balas de punta expansiva con titanio. Toda la tortura posible para su satisfacción.

Entrar no fue difícil –considerando que tomar la llave digital había sido sencillo cuanto mató a sangre fría al encargado– pero ver a su presa con gesto aburrido y recibiendo aquellas atenciones por parte de un chico y una chica, por extraño que a él mismo le pareció, no le agradó en absoluto. Pero así como pasó de largo con el titubeo de su mano por desenfundar su espada, ignoró también aquel desagrado.


Kim Jaejoong estaba sentado en el sofá de fino tapiz blanco, la camiseta semitransparente en tono oscuro abierta dejando al descubierto su níveo torso, la piel ligeramente sudada y cada músculo delineado en el abdomen. Los pantalones abiertos, ambos rostros sumergidos entre sus piernas compartiendo el prominente bulto erguido con orgullo, el escaso vello en aquella zona resplandecía finas gotas blancas de lo que parecía haber sido una primera eyaculación derramada hace no demasiados minutos.

Las dos figuras concentradas en lamer y succionar eran las únicas completamente desnudas, cuerpos sudados, atractivos pero no perfectos como la indiscutible belleza del pelioscuro, a pesar de la expresión apacible de aburrimiento incluso en aquella erótica escena que debería proporcionarle placer.

Y sucedió así el primer encuentro entre Jaejoong y Yunho, con ambos vampiros mirándose directamente con un arma apuntando directo al corazón del otro.

- ¡nhh!... – Jaejoong gimió de pronto sin apartarle la mirada, llevando su mano libre hacia una de las cabezas enterradas en su bajo vientre. Sus largos dedos sujetaron un puño de largos mechones tironeando rudamente de ellos hacia arriba hasta obligarle a acercarse a su rostro, sacando su lengua para lamer los labios entreabiertos sucios de su propio presemen… - lárgate… - ordenó con voz sensual.. y la chica que jadeosa le miraba a los ojos, abandonó la sala sin mayor escisión. En tanto, el otro chico había aumentado el ritmo de sus succiones, tragando frenéticamente el falo del pelioscuro.

Yunho no se inmutó, mantenía el arma en alto y su mirada en los negros ojos de Jaejoong, notando en sus pupilas la ausencia de placer verdadero, quedándose en esas simples sensaciones de satisfacción corporal.

- ¿Vas a matarme? ¿O solo quieres disfrutar del espectáculo?... – la voz seductora del pelioscuro provocó ese pinchazo en el bajo vientre que advirtió la posible creciente erección de su falo. Algo que definitivamente no estaba dentro de los planes de Yunho.

- Con esa cara de aburrimiento… - el moreno torció los labios en una mueca de cinismo… - hasta las ganas de hacerlo se me quitaron… - dijo, pero la mano que sujeta el arma, no titubeó. Y la de Jaejoong tampoco.

- ¿Hacerlo? ¿Hacer el qué?... – el pelioscuro cuestionó con erótica diversión, relajando el cuerpo y usando nuevamente su mano libre para tironear de los lacios cabellos de su amante, obligándole a apartarse de su hinchado miembro… - ve con él… - susurró contra aquellos labios… - quiero verlo disparar su arma

Yunho habría querido retroceder. No estaba ahí para recibir ningún otro placer que no fuera el que viniera de su venganza al matar a Kim Jaejoong. Pero retroceder habría sido un paso en falso. Tendría que seguirle el juego.

El chico, que viéndolo de frente y de pie, tenía un bonito cuerpo y un trasero entrenado, se le antojó como esclavo sexual sumiso, dispuesto a obedecer a su amo sin importar la orden recibida; en aquellas épocas todavía era bastante común que las familias más poderosas contaran con esclavos para satisfacer sus más bajos instintos carnales. El chico se arrodilló ante él y con manos expertas se filtró entre sus pantalones tomando con una mano la extensión de su tronco y con la otra los testículos. Yunho se tragó el primer gemido, aquellas manos sabían realmente lo que hacían, y sus ojos prendados del cuerpo de Jaejoong, tenían grabado en sus retinas la imagen más erótica de toda su vida.

Jaejoong se masturbaba para él.
Sin que ninguno cediera la guardia de sus armas.

- Entonces, ¿vas a matarme?... – el pelioscuro preguntó al mismo tiempo que se baja un poco más los pantalones y chupa uno de sus dedos con mirada lasciva mientras su otra mano subía y bajaba a lo largo de su húmedo pene… - ¿Vamos a hacerlo?... – sugirió con voz aterciopelada, intercalando sus dedos entre sus labios, lamiendo, chupando, succionando. Provocándole.

El moreno se tragó nuevos gemidos, emitiendo sin embargo suaves sonidos guturales, notando la presión de la caliente boca del chico cerrándose sobre la punta de su miembro, descendiendo lentamente hasta tragarlo completamente y sentir que toca más allá de la apretada garganta. Se estaba calentando, tanto por esa atención, como por el complemento exquisito de la imagen lujuriosa de Jaejoong masturbándose.

- Anda, dime tu nombre y vamos a hacerlo… - el pelioscuro ordenó.

Sí, ordeno. Su voz firme endemoniadamente sensual no daba cabida a negativa alguna. Jung Yunho comprendió entonces que tendría que aplazar su plan de venganza. Pensó que no le vendría mal seguirle el juego y divertirse.

Bajaron sus armas al mismo tiempo.

- Yunho. Grábatelo bien porque haré que lo gimas, Jaejoong… - amenazó con lascivia. Usando su mano para aumentar el ritmo de succiones que el chico arrodillado ante su falo realizaba.

- mhh tentador. Quiero ver que consigues hacerme gemir, Yunho… - sonrió burlón, arrebatadoramente sexy ahí, a medio desnudar con el potente miembro apresado en una de sus manos.

- ¿Después de él?... – el moreno lanzó con diversión. Obligando al chico a levantarse y girarse instándole a doblar la espalda y sujetando la cadera apuntando su caliente pene a la entrada de éste.

- ¡Tsk!... – chasqueó la lengua y se sacó los pantalones para ponerse de pie y avanzar… - ¿No prefieres venir directo por mí?... – ofreció permitiéndole contemplar por unos instantes su rosado agujero. El anillo comprimido que se le antojó virgen a Yunho, suave y exquisito esperando por él.

- Creí que me lo habías ofrecido como platillo de entrada… - el moreno torció los labios con singular prepotencia, empujando solo un poco hasta presionar directamente el ano del chico, que así sin más parecía listo para dilatarse y albergarle.

Jaejoong dio unos pasos más, quedando de frente. El chico en medio de ambos tenía el rostro justo a la altura de la pelvis de su amo, aguardando su orden. Succionar o marcharse.

- No comparto mis juguetes… - las palabras exactas. El chico se puso de pie y salió de la sala sin mirar atrás. A veces su amo lo hacía, otras, sus juguetes se divertían entre sí solo para beneplácito del pelioscuro.

Jaejoong y Yunho se miraron unos instantes antes de lanzarse contra el otro y comenzar a besarse con súbita pasión. Besos salvajes se sucedieron a partir de ése momento; mordiscos inquietos y el choque rudo de colmillos rebelados. Se devoraban, tan literalmente como puedan imaginarlo. Algo en su encuentro furtivo encendió una llama inagotable de lujuria. Lo sentían emerger desde lo más profundo de sus entrañas, el deseo insaciable de besarse, de acariciar el cuerpo pegado al propio, de compartir ese calor ascendente de pasión.

Forcejearon incansablemente en un intento voraz de desnudarse y someter al otro, ninguno llevaba las riendas, estiraban con fuerza de ellas y no les importaban los golpes que caían en medio de aquella batalla por dominar. Son vampiros después de todo, no conocen más que el oscuro pasadizo de la lujuria.

Jaejoong terminó así empotrado contra el amplio muro de cristal magnético, con Yunho sosteniéndole ahí con fuerza, intentando colar una de sus manos entre sus glúteos sin poder creerse la fuerza descomunal con que el pelioscuro evitaba aquel contacto.

- Vas a tener que ganártelo… - Jaejoong sonrió retador y sensual, sus manos fueron llevadas hacia arriba por encima de su cabeza retenidas por una de las del moreno. Rió con más fuerza y se las ingenió para pasar una de sus piernas entre ambos cuerpos presionando su rodilla contra el vientre de Yunho, empujando en un intento positivo por apartarle.

- Te gusta esto, eh… - el moreno sonrió complacido, ligeramente frustrado pero realmente divertido con aquel peculiar juego de seducción. Le gustaba que su presa se resistiera a ser sometida.

- ¡Ah!... – el pelioscuro jadeó placenteramente cuando su pierna fue tomada por el muslo y terminó arriba sobre el hombro del moreno, dejando así espacio suficiente para que su miembro fuera tomado por la única mano libre del otro.

El ángulo sin embargo lo dejaba en desventaja, si se descuidaba Yunho encontraría vía libre hacia su entrada. Y él no estaba dispuesto a ceder en aquello. Nunca nadie en su larga vida como vampiro ha profanado aquel espacio de su cuerpo, y no está dispuesto a entregárselo a un hombre que llegó ahí con intenciones de matarlo. Quizá aún quería hacerlo. ¡Al diablo! Están tan calientes que necesitan forzosamente descargarse.

Jaejoong empujó de nuevo, se movió con agilidad y le tumbó al piso alfombrado, Yunho quiso cambiar de posición pero el trasero del pelioscuro le desconcentró por completo cuando hizo contacto con su erección. El pelioscuro sonrió divertido, se lamió los rojos labios y acomodó las piernas a cada lado de la cintura del moreno, sus glúteos se rozaron contra el prominente bulto debajo, apoyó las manos en el pecho del moreno y se movió adelante y atrás friccionándose así contra el enorme falo, la piel caliente y húmeda se deslizaba a través de su blanca y suave piel. Yunho quiso aprovechar la situación e hizo el amago de colar sus manos al trasero del otro, pero las manos de Jaejoong le detuvieron a medio camino, y del mismo modo que Yunho hiciera antes, el pelioscuro las llevó sobre su cabeza reteniéndolas contra el suelo en tanto continúa moviéndose, aumentando deliberadamente el ritmo, moviendo la cadera en círculos para ampliar las sensaciones de placer.

Yunho empujó su cadera hacia arriba en un retorcido intento por encontrar algo de ventaja, pero las fuertes y delicadas piernas de Jaejoong le retuvieron nuevamente empujándole contra el piso. El moreno gruñó inconforme, pero todavía demasiado excitado. Estaba, claramente, perdiendo el encuentro. Es que observar así de cerca un rostro tan hermoso cruzada por las deliciosas facciones del placer y sus ojos negros tildados de lujuria, no tenían precio y no había demasiados recursos de los que valerse para negarse a ellos.

Por ahora, incluso si perdía y se sentía humillado. Estaba bien.
Él todavía tendría tiempo de vengarse.
Y asesinarle.

Continuaron en aquel roce indecente por largo rato, a Jaejoong le gustaba sentir aquella rugosa carne friccionarse contra sus glúteos, le fascinaba la forma en que su miembro botaba golpeteando de tanto en tanto contra el vientre de Yunho. Pero comenzaba a desesperarle un poco no sentir ningún tipo de tacto, por lo que aflojó un poco el agarre en torno a las muñecas del moreno, solo un poco, dándole espacio para soltarse, para que entendiera que solo quería atención. Y por supuesto, por algún extraño motivo que no alcanzarían a comprender ni muchos años después, las palabras no eran necesarias para comunicarse.

Yunho liberó una mano y la llevó directo al miembro de Jaejoong, tomándole con rudeza y estimulándole con movimientos de arriba abajo sobre el tronco. La humedad del líquido preseminal resbaló contra su palma, del mismo modo que su falo goteaba y se mojaba a punto de correrse. Aquello no era sexo convencional, pero era, de todas maneras, sexo. Exquisito, placentero, apenas el cono exterior de un volcán de lujuria y pasión que lucharía por décadas a ser necesario para emerger y explotar.

Fue en aquel intercambio de deseo contenido que el orgasmo sacudió ambos cuerpos, la semilla de Yunho ensució el trasero de Jaejoong; y la de éste, en consecuencia, el torso del moreno y parte de su pecho. Respiraban agitados, más por la adrenalina que todavía les circulaba por el cuerpo. Se miraron a los ojos, con una sensación extraña asentada en la boca del estómago. Algo en lo que ninguno se detuvo a pensar.

- ¿Vas a matarme ahora?... – el pelioscuro interrogó sonriendo de medio lado con un dejo de diversión… - Yunho…

- No… - el moreno llevó una mano a su pecho tomando con dos de sus dedos rastros del semen del pelioscuro para llevarlos a su propia boca, degustando así el sabor de su reciente amante… - ahora, eres mío Jaejoong.

Porque todavía debía matarle.
Le utilizaría hasta cansarse de él, y entonces, simplemente le quitaría la inmortal vida que no merecía.

Y fue así que los amantes iniciaron su vida como tales. Aunque de vez en cuando todavía se encontraron con otros, no había placer con otro cuerpo. Se necesitaban.

*****
Época Actual

Jaejoong retrocedió sintiéndose mareado, los labios rojos y el mentón manchados de la sangre de Yunho. Su mente echa un lío, imágenes difusas se arremolinaron ahí sin un sentido claro, no había nitidez ni coherencia. Pero le daba algo parecido a las náuseas.

Yunho se quedó impávido contra el muro, respirando entrecortadamente. Él había visto con claridad aquél recuerdo en específico. Había recordado la razón por la que convirtió a Jaejoong en su mente. Recordó el pasado, el odio, la sed de venganza. Miró a la derecha y luego a la izquierda. No había motivo para escapar de aquella necesidad, debería ejecutarlo ahí y ahora, aprovecharse de la momentánea debilidad y confusión de su amante, borrar de su cara bonita todo rastro de sonrisa, opacar el brillo seductor de sus ojos negros. Homenajear el tono pálido de su piel con la muerte.

¿Por qué titubeaba de nuevo?

*****
Distrito Gangnam-gu
Departamento de Park Yoochun

Situado hacia la costa del distrito, aquel departamento de Park tenía una vista majestuosa de las playas a no demasiados minutos de ahí. Junsu estaba ahí, recargado en el pilar que sustenta uno de los amplios ventanales que da a un balcón. La noche estaba ahí, como cada vez, como su única acompañante fiel. El pelirrojo moldeó los labios en una sonrisa irónica. Él no debería estar pensando en cosas tales como la fidelidad. Nunca lo ha sido, y sabe que nunca le han sido fieles. Ni siquiera Yoochun. Y eso ahora, le hace sentir una inquietante punzada en el pecho, ahí donde se supone no hay un corazón con vida que lata.

Los vampiros no sienten cosas tales como el amor.

- ¿Otra vez sumido en pensamientos?... – las manos del pelinegro rodearon su cintura y sus fríos labios cayeron sobre su cuello dejando finos besos a lo largo de éste.

- Estoy preocupado, Yoochun ah. Mi madre no ha hecho ningún movimiento desde que me fui de casa… - el pelirrojo respondió con tono reservado sin responder a las insinuaciones de su amante por distraerle.

- No han pasado tantos días, además Junsu, tu madre no te buscará sino te necesita, siempre ha sido así, tú mismo lo has dicho alguna vez… - susurró llevando su boca al lóbulo de su amante, lamiendo, presionando luego con suavidad sus dientes al tiempo que sus manos buscan camino debajo de la camiseta blanca.

- Pero esta vez es diferente. Mataste a un hombre importante en los negocios de mi familia… - se apartó y caminó hacia la estancia, tomando lugar en uno de los sofás. Yoochun gruñó por lo bajo, no le gustaba que Junsu negara su contacto.

- Olvídalo, da igual, si la perra de tu madre se atreve a tomar alguna represalia, yo estoy listo para lo que sea. No te preocupes y ven… - sonrió con picardía y volvió nuevamente a buscarle, pero apenas acercó sus labios a los del pelirrojo éste volvió a huir… - ¿Qué te pasa?

- No tengo ganas de hacerlo, Yoochun ah… - se aleja y el pelinegro gruñe nuevamente no dispuesto a ceder. Él tiene ganas después de todo. Y Junsu es el culpable, porque es él quien siempre le hace estar caliente. Así que le sigue, le abraza e intenta besarle de nuevo… - Yoochun ah, he dicho que no… - pero el pelinegro insiste, le sujeta incluso con algo de brusquedad, quiere besarle… - Yoochun… ¡No!... – le empuja y se aleja, respira agitado y hay algo en sus ojos chocolate que perturba al pelinegro…

- Vas a decirme ahora mismo porqué no, Junsu… - siseó con más agresividad de la que quería mostrar.

- No quiero y ya, ¡idiota!... – renegó y avanzó entonces hacia la salida. Era mejor marcharse. Yoochun no lo entendería. Nadie lo hacía, nunca.

- Dime, Junsu… - le detiene y le abraza a pesar de que el pelirrojo lucha por zafarse. Algo sucede, algo que no le quiere decir. Algo que, a un vampiro sin corazón como él, le asusta… - Junsu ah, solo dímelo… - susurra con algo parecido a la dulzura, lo intuye cuando escucha su propia voz. Ronca, varonil, pero suave, como un suspiro confidente.

Y le siente relajarse, dejar de pelear y devolver el abrazo al tiempo que entierra su rostro en el hueco entre cuello y hombro.

- Mi padre solía decirlo, antes de que alcanzara la adolescencia. “Más que mi hijo, pareces un simple humano con larga vida”… - susurró quedito, como si aquellas palabras resonaran en su mente con la claridad con que su padre se las decía hace décadas, cuando el joven pelirrojo era un vampiro inexperto y demasiado jovial y dulce para ser una criatura nocturna… - a mi madre le molestaba tanto. Y entonces me entregó a aquel hombre. El primero de muchos. En una fecha igual a ésta, hace tanto tiempo, que quisiera olvidarlo, pero no hay manera de que lo haga. Odié tanto aquella noche. Yoochun, ¿puedes entenderlo?

Yoochun tensó el cuerpo, la rabia hirvió en la boca de su estómago. Por algo los padres de su amante nunca le habían agradado con la naturalidad con que Junsu le había gustado desde la primera vez que le vio.

- Ahora que lo pienso. Nunca en ésta fecha habíamos coincidido para estar juntos… - el pelinegro dijo con voz ahogada de tanto que apretaba la mandíbula. Estaba enojado, con unas ganas irrefrenables de matar.

- Siempre me las ingenié para no estar. Me apartaba de todo. Odio esta fecha… - Junsu dijo con amargura.

Y Yoochun coincidió en algo.
Junsu parecía tan humano.
O más acertado aún.
Como un Ángel.

*****
Distrito Yongsan-Gu
Mansión Shim

Joong Ki se sentó en su cama con aquel morral en su regazo. Muchas, pero muchas veces ha mirado el contenido de aquel bolso degastado por el tiempo, sin tener nunca un solo recuerdo de lo que fue antes de aquella pérdida de memoria que sufrió siendo aún mortal. Suspiró y volvió a sacar el libro de pasta amarillenta y hojas de papiro que olían a moho y cera. La escritura de cada página era extraña, jamás ha sido capaz de comprenderla, y aunque ha investigado en prácticamente todos los libros de la biblioteca de ChangMin, no ha conseguido una sola pista de significados. Por supuesto, nunca ha preguntado, algo le hace intuir que su amo no estará feliz de que él se esfuerce por comprender algo de su pasado.

Suspiró y continuó pasando página tras página, su vista se paseaba por todos aquellos símbolos que casi podría copiar de memoria si solo tuviera lápiz y papel a la mano.

- ¿Joong Ki?... – el golpeteó en la madera de su puerta era claramente de su amo. Por lo que el muchacho de cabellos oscuros guardó de inmediato sus pertenencias. Luego abrió su puerta… - ¿Qué estabas haciendo?... – el de cabellos ébano cuestionó mirándole con seriedad.

- Nada. ¿Qué es lo que quiere, ChangMin-shii?

- Cámbiate, vamos a salir… - el de cabellos ébano ordenó.

- ¿A dónde?... – el de cabellos oscuros cuestionó sintiéndose de pronto emocionado.

- Tengo una reunión, pero no pienso dejarte por aquí, apresúrate que ya voy tarde… - señaló y sin más se sentó en la cama del muchacho…

- Esto… ¿te quedarás?... – cuestionó sintiéndose avergonzado. Aunque no es la primera vez que el de cabellos ébano se queda para mirarle cambiarse, las cosas eran para él diferentes desde que habían tenido sexo.

ChangMin asintió sin despegarle la mirada de encima. Y un tembloroso Joong Ki tuvo que hacerlo, conseguir una nueva vestimenta que gustara a esos ojos ónix que parecen devorarle cuando se desnuda. Y siente un escalofrío correrle por el cuerpo, se tensa y suspira entre asustado y expectante cuando el de cabellos ébano se acerca y le besa cuando está a medio vestirse. Todavía lleva los pantalones desabrochados y la camiseta ha caído hasta los codos sin llegar a cerrarse tampoco. Las manos de su amo acarician su vientre, sus dedos juguetean más abajo y él siente el aleteo en su estómago motivado por los nervios.

Se sorprende sin embargo cuando, entre besos, ChangMin termina de vestirle. Alejándose con un corto beso para ser él mismo quien le coloca el abrigo.

- Tardabas demasiado… - el de cabellos ébano dice sin más. Le toma la mano y salen juntos de la habitación.

Joong Ki se queda sin palabras. Tampoco es que tenga aliento suficiente para hablar cuando ChangMin se lo ha llevado hasta el último gramo con aquéllos besos que siente todavía arder sobre sus labios.

ChangMin se recrimina mentalmente.
¿Qué diablos estaba pasando con él?
¡Besarle!

*****

Takiguchi Yokihiro sonrió de medio lado. La sangre extraída de su brazo resplandecía con un particular tono azul cobalto mezclado con matices en negro. El renacimiento del verdadero yo de su hermano parecía haberse estancado por alguna razón. Así que él, le daría un empujón para que emergiera…

- El último vampiro-demonio de la Dinastía Song…


Continuará……