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domingo, 3 de junio de 2012

Happy B-Day Yoochun *---*

*^* Nuestro sexy ratón está cumpliendo añitos~

¿Qué puede decir que el mundo no sepa ya?
Park Yoochun es para mí un hombre ejemplar. Más allá de su obvio atractivo físico y esa capacidad de derretir con una sola mirada por la sensualidad desbordante de sus ojos negros, hay que admirarle el talento y la sensibilidad.

Ha superado cada prueba que se le ha puesto en el camino, ha demostrado ser amigo y amante, ha respetado sus principios y mantenido la frente en alto.
Ha tenido errores y aprendido de ellos, se ha levantado después de cada caída y extendido la mano a quien ha visto derrumbarse.

Yoochun es… Perfección. No hay palabras suficientes para expresar el amor que le tengo. Eres un Dios entre los mortales, inalcanzable pero al mismo tiempo sencillo y honesto, tan humano que sangras, lloras, respiras como cualquiera.

Y nada. Feliz Cumpleaños~
Sé que tu familia, tus amigos y tu amado Junsu te estarán dando todo el amor del mundo el día de hoy-mañana *---------*

¡¡FELIZ CUMPLEAÑOS PARK YOOCHUN!!
*Maki se cuela en la felicitación de feli :X* 


Y Aquí mi regalo para el ratón pervert ;D



Título: REGALO DE AMOR
Autora: Felina
Pareja: YooSu
Género: Romance
Clasificación: NC-17

~~*~~


Cuando era niño celebrar su cumpleaños  fue emocionante porque recibía juguetes nuevos, mamá preparaba sus comidas favoritas y esa tarta con la cara de su personaje favorito formada en el betún. Venían todos sus amiguitos y él era el centro de atención, incluso con su hermano menor YooHwan que desde que nació solía ser primero que él en algunas ocasiones. Luego, cuando llegó a la adolescencia, cumplir años era día especial porque mamá y papá le daban esos permisos y lujos para los que el resto del año se preparaba. El móvil más moderno, la pantalla en su recámara, el equipo de sonido, y en su cumpleaños 16, un piano.

Claro que a Yoochun también le gustaban sus cumpleaños porque las chicas tonteaban con él. Le preparaban pastelitos, le escribían cartas –demasiado empalagosas y olorosas a perfumes que casi le producían alergia–, le abordaban por los pasillos echas un manojo de nervios y parloteaban palabras a las que no prestaba atención porque encontraba más interesante ver –disimuladamente– a los chicos pasar por ahí.

Oh sí, no lo habíamos mencionado pero, Park Yoochun se sentía atraído por pantalones más que por faldas, cuerpos varoniles más que femeninos, torsos planos más que pechos, trato rudo más que delicado. Venga, que es gay para que no quede dudas. Pero con todo y el descubrimiento y aceptación de sus preferencias sexuales, el joven peliazabache guardaba todas sus curiosidades para el chico de quien se enamorase de verdad. Así como en algunas películas, un chico que hiciera su corazón ir más que a mil por hora, que le pusiera todo bobo, que le hiciera suspirar y soñar con ese montón de cosas cursis que a él todavía no le suceden, todo y que ya ha cumplido los veinte.

Más tarde, cuando Yoochun festejó su cumpleaños 21, comenzó a gustarle cumplir años cuando cayó en cuenta de que probablemente se había enamorado tal como lo esperaba desde hace tiempo. Si tuviese que describir lo que sentía por aquel muchacho de su edad, ojos rasgados en forma de gota y una risa estridente que contagiaba aún en sus peores días de estrés durante su último año de Universidad, Yoochun diría que estaba enamorado de su amigo hasta la médula. Él es Kim Junsu, de sus mejores amigos en el último año, el chico de cabellos rubios había llegado a su vida hace un año, cuando ingresó a la Universidad para cursar sus últimos dos años viniendo de otra universidad en la capital, pero movido aquí por una serie de circunstancias que el peliazabache nunca había terminado de comprender muy bien pero de lo que ya no preguntaba más.

Así pues, le gustaba cumplir años porque su amigo se esmeraba en buscarle el regalo indicado, poniéndose ansioso desde un par de semanas antes de la fecha. A Yoochun le gustaban las ansiedades de Junsu porque su amigo la pasaba pegado a él, atento a cualquier gesto o palabra que delatara si quería algo en especial de regalo. Yoochun muchas veces pensó en decirle que lo quería a él; pero después de tres años parecía más y más difícil confesarse. Si Yoochun era popular, Junsu lo era incluso más, quizá por esa aura de inocencia que provocaba ternura y ganas de protegerle. Bien, el peliazabache pensaba eso, pero también era consciente de que la popularidad de su amigo –entre mujeres y hombres– venía de su exquisita figura.

Por eso Yoochun se conformaba con el típico lugar del mejor amigo en el que Junsu siempre se asegura de ponerle. Su compañía diaria era alicante para todas sus tensiones y el estrés más agobiante de los finales de la universidad. Cuando finalmente se habían graduado el peliazabache temió que su amigo castaño –ese tono usaba entonces– fuese a irse de la ciudad, le ofrecieron becas de canto y baile de muchas partes del país, incluso fuera de Surcorea; también le habían ofrecido una beca deportiva para un equipo de fútbol profesional. Pero Junsu se quedó. Y Yoochun fue el chico más feliz, aquella noticia fue su mejor regalo en su cumpleaños 23, lo recuerda bien.

Cerca de los 26, Yoochun se percató de que le gustaban los cumpleaños con el grupo de amigos, porque eran días en que es fácil poner cada fecha durante el año como pretexto para pasar más tiempo juntos. Convivencias diferentes a las cotidianas. Pero sobre todo, le gustaba cuando era cumpleaños de Junsu. Podía abrazarle todo el día con el pretexto de felicitarle, hacerle algunas bromas y luego abrazarle otra vez para disculparse, los abrazos se convertían en su actividad favorita y a su amigo parecía no importarle. Podía sentir lo bien que se amoldaban sus manos a la delgada cintura del menor de los dos, el aroma de su champú favorito, y el de su piel libre de perfumes exageradamente dulces o secos. Sí, definitivamente estaba enamorado hasta los huesos.

- ¿Quién va a cumplir años en unos días? – Yoochun preguntó con una sonrisota pintada en la cara, su amigo le miró y luego volteó a ver a los demás como averiguando de quién se trataba… - ¡Yah, Junsu ah por supuesto que tú!

- Mi cumpleaños ya fue Chunnie~ - El de, entonces, cabellos pelirrojos pestañeó lindamente. Lo que hizo acelerar el ritmo cardíaco del peliazabache. Joder, si era un chico demasiado perfecto para su salud mental y física.

- Pero aún falta tu segunda fecha de cumpleaños.

- A estas alturas de mi vida eres de los pocos que aún tienen en mente ambas fechas, en mi casa nos hemos acostumbrado al 15~

- ¡Bien! Entonces me desharé de tu segundo regalo… - El peliazabache espeta con fingida indignación, cruzándose de brazos y volteando la cara con supuesta molestia.

- ¡No, Yoochun ah! Si ya lo tienes dámelo~ - El pelirrojo se le tiró encima poniéndole ojitos de cachorro abandonado.

El peliazabache sintió sus mejillas arder cuando su cerebro procesó ese “dámelo” de un modo bochornoso. Pero fue el gesto del pelirrojo el que hizo galopar su corazón como potro desbocado, le hormiguearon las manos y todo lo que quería es sujetarle las mejillas y besarle. Es tan tierno que parece mentira que ya tenga 27.

- Pero dices que tu cumpleaños ya pasó, y entonces recuerdo haberte dado tu regalo… - Insiste haciéndose el importante, sus amigos revuelan los ojos y optan por ignorarles. Yoochun sabe que sus amigos saben que él está coladito por Junsu. Y presiente que incluso el pelirrojo lo sabe, o al menos lo intuye, pero no le da demasiadas señales como para tener certeza.

--//--

- Pero a ti te parece poco la forma en que te trata.

- No soy el único con quien es así, Jaejoong ah. Junsu juguetea contigo y con cualquiera de nosotros del mismo modo que conmigo.

- Casi, del mismo modo… - Puntualiza el mayor, sonriendo divertido por la frustración que ve plasmarse en el rostro de su amigo.

- ¡Sólo decláratele y ya! – Su amigo morocho exclamó con cero tacto y más bien ansioso por dar por terminada esta “charla emergente” y largarse.

- Siempre tan amable, ChangMin ah… - El moreno señaló con tono de regaño. Ya saben, algunas personas desarrollan complejo de appa o hermano mayor con aires sobreprotectores.

- Llevo años siendo amable con este tonto, si está tan enamorado solo tiene que ir y decírselo… - Gruñó el menor de todos. Y es que para empezar, él no debería estar aquí, sino con su novio, metidos en la cama, calientitos y empiernados. ¡Que es pleno invierno y necesita calor!

- No para todos es tan fácil, ChangMin ah… - Jaejoong acotó con gesto amable… - Hayami fue quien se te declaró, ¿no? Ahora piensa, si él no lo hubiera hecho y no estuvieras 100% seguro de que le gustas, ¿tú habrías ido a confesarte?

El morocho estuvo por gritar un “¡Por supuesto!” pero el titubeo que le mandó callar fue su honestidad imponiéndose al orgullo. Gruñó y volteó la cara con las mejillas ligeramente coloradas. Si su Hayami no baka no hubiese dado el primer paso, ellos muy probablemente no podrían encamarse cada que las ganas pueden más que el recato y la prudencia.

- De todas maneras, Yoochun, si tú no ves las señales que necesitas entonces búscalas. Junsu es inocente y la mayor parte del tiempo no es consciente siquiera de que la cantidad de chicas en sus partidos de fútbol no tienen nada que ver con su pasión por el balompié sino por su trasero y su cara bonita. Se avergüenza por un montón de cosas, pero nunca le he visto tan abochornado como cuando bromeas con él y le abrazas con cualquier pretexto.

- Sí, pero Yunho…

- Sin peros, hay señales que no ves porque no quieres. Porque tal vez tienes miedo a su rechazo.

- ¡Claro que tengo miedo! Si Junsu llegara a decirme que no comparte mis sentimientos por él, nuestra amistad se terminaría.

- Eres un experto en pesimismo, Yoochun ah.

- Solo soy realista, ChangMin ah.

- No. Lo tuyo no es realismo. Acuerdo con ChangMin. Yoochun lo tuyo es pesimismo y miedo. Y si vas a seguir escudándote en ello jamás vas a saber si le gustas, si te quiere del mismo modo romántico en que tú le sueñas. Junsu es como la parte femenina en todo esto, espera a que sea su hombre quien lo aborde y le hable de amor y todas esas cosas que piensas cuando imaginas que eres su novio… - Cuando el mayor dio por terminado su discurso, ni el moreno ni el morocho agregaron nada más. Sabían que ahora todo era cosa de su amigo peliazabache.

De que decidiera lanzarse a la mar. Donde un bello delfín le espera con radiantes sonrisas y un gran corazón para amar.

--//--

- Así que, vas a darme mi regalo, ¿verdad? – El pelirrojo le mira con esa carita de ángel que puede con absolutamente todo su autocontrol y casi como autómata asiente sin querer perder detalle de cada rasgo en su rostro… - ¡Gracias! – Exclama apretujándole en un abrazo que dispara absolutamente todas las alarmas del cuerpo del peliazabache pues aquella cercanía hace estragos en su anatomía. La que tan ceñida a la de su amigo pelirrojo le hace sentir peligrosas oleadas de calor empujando su libido hacia la conciencia.

- B-bueno… - El peliazabache carraspea y le separa sutilmente buscando desesperadamente el apoyo de sus amigos, quienes le devuelven una sonrisa medio burlona y se hacen los desentendidos… - Te lo daré… tu regalo… - tose nervioso y recula al extremo del sofá alejándose lo más posible de su pelirrojo amigo… - ¿Alguien más quiere unirse a la conversación?

Yoochun casi suplica con la mirada a sus amigos para que le saquen de este embrollo. Junsu sonríe con inocencia, como si estuviera ajeno a lo que ha provocado en su amigo. Jaejoong suspira y comienza a hablar de cualquier cosa, a veces piensa como su amigo peliazabache, que el pelirrojo es en verdad demasiado simple, tanto que es imposible saber con certeza si está igual de enamorado que Yoochun. Aunque el mayor, como Yunho y hasta ChangMin, saben que al pelirrojo su amigo peliazabache le provoca ese algo que nadie más consigue en él. Porque son sus mejillas las que se arrebolan de un nítido carmín cuando intercambian miradas cómplices que sin embargo no son suficientes para establecer ese vínculo que ambos muchachos anhelan.

--//--

1º de Enero. Segunda fecha de cumpleaños de los gemelos Kim. Día especial para Yoochun. El peliazabache felicitó al hermano de su amigo por cortesía, casi con prisas de que les dejara a solas en el departamento de ambos. JunHo se despidió con una sonrisa que el peliazabache no supo descifrar pero que de momento, le hizo sentir vulnerable, como un libro abierto en que el gemelo ha leído con libertad y sin su consentimiento.

- Yoochun ah… - La voz del pelirrojo le trae de vuelta a la realidad.

Park centra sus ojos en su amigo y suspira. El pequeño regalo que le trae esta vez descansa aún en su mano. El pelirrojo le mira con una apacible sonrisa y aguarda que le diga algo. El peliazabache se toma tiempo entonces para notar el cabello ligeramente húmedo de su amigo, la piel clara moteada de un suave rubor y sus soñadores ojos chocolates más cristalinos que ayer.

- Feliz cumpleaños, otra vez, Junsu ah… - Se permite una sonrisa que pretende ser burlona pero le afloran en los labios el cariño por su amigo.

- Gracias, Chun~ - Sonríe y toma con cuidado esa pequeña cajita cubierta por papel metálico que su amigo le extiende.

Park siente su corazón golpear con fuerza contra su pecho cuando su amigo comienza a abrir su obsequio. Él se olvidó de todo el discurso que había planeado en los últimos días en el momento en que Junsu abrió la boca sin hablar y sus ojos en forma de gota se abrieron de par en par quedándose probablemente con la mente en blanco.

El peliazabache por un segundo quiso salir corriendo, arrebatarle el obsequio de las manos y botarlo en la basura. Tendría que haber sido un completo iluso para pensar en que éste sería el regalo indicado para comenzar el año con creces. Se le secó la garganta y sintió nervios, no sabía si el corazón le martillaba en las sienes por miedo a que salga una sola palabra de labios de su amigo, o por el hecho de que sigue paralizado sin decir nada.

- E-esto… Esto son anillos de pareja, Yoochun ah… - El pelirrojo parece salir de su estupor lo suficiente para elaborar aquella frase que al instante se clava como daga en el corazón del peliazabache.

- Yo… - Lucha contra el nudo en su garganta pero parece que se niega a deshacerse. Cierra la boca y esconde la mirada por unos instantes. La mirada de su amigo pelirrojo no le dice claramente nada, como suele pasarle. Es incapaz de leer los verdaderos sentimientos del muchacho y eso lo vulnera a sus miedos.

- Yoochun…

- Lo son. Me gustas, Junsu ah. ¿Quieres ser mi novio?

No. Todo el romanticismo y las frases elaboradas se han ido por la borda. Park se ha olvidado de las explicaciones acerca de sus sentimientos y ha resumido todo en aquellas palabras que no dicen ni la milésima parte de todo lo que siente. Traga hondo y rasca como auténtico crío de instituto su nuca. El pelirrojo ha abierto otra vez los ojos con sorpresa, sus mejillas se han encendido de rubor y su boca se niega en soltar palabra alguna. Baja la mirada a los anillos al fondo de la cajita que le fue entregada en la segunda fecha de su cumpleaños y de pronto sabe que ésta ha sido el mejor regalo de toda su vida. Se disipan las dudas y las inquietudes en su mente, sonríe ampliamente y busca de nuevo los ojos negros del mayor de los dos.

Ojos que renuentes huyen de sus pupilas pues temen ver aquello que tanto le había perseguido durante años. El pelirrojo sujeta su rostro obligándole a conectar sus miradas y le cuestiona con sencillez y dulzura desde cuándo. Yoochun no entiende qué puede tener de importante que se lo diga pero lo hace, porque los ojos chocolate de Junsu siempre han podido sobre todas sus voluntades.

- Probablemente desde que te conocí, Junsu ah.

- Han pasado siete años desde entonces, Yoochun ah. ¿Cómo has podido esperar tanto tiempo para decírmelo? He estado esperando a que lo hagas para saber que lo que siento por ti no son tonterías mías, que estarías ahí siempre para cuidarme, mimarme, sonreírme y alentarme como lo has hecho hasta ahora. Que estarías también para abrazarme, mirarme con esos ojos negros como la noche, tomar mis manos y besarme.

- ¿Lo… lo dices en serio?

- Lo siento, porque nunca tuve el valor de decirte que ponías mi mundo de cabeza, que me gustaba ser tu centro de atención, que adoro tus cumpleaños porque sé que puedo ir y estar pegado a ti con el pretexto de saber qué querrás de regalo aunque casi siempre lo haya sabido porque te conozco lo suficiente para algo así.

- Junsu ah… - Suspira y jura que el corazón palpita en un ritmo impredecible. La sonrisa se esboza automáticamente en sus labios cuando el pelirrojo desvía la mirada con el rostro colorado de vergüenza. Se ha declarado mucho mejor de lo que él pudo hacerlo.

- ¿Va-vamos a usarlos, Chun? – Tartamudea notoriamente abochornado, extiende la cajita con los anillos de pareja y siente sus mejillas arder al máximo cuando una de las argollas es deslizada en su dedo anular. Se siente como si le estuviese pidiendo matrimonio, es absurdo y demasiado cursi y soñador, pero la sensación es magnífica.

- Ahora somos novios, Susu ah… - El peliazabache sonríe con todas las emociones de un sueño cumplido cuando el pelirrojo asiente al tiempo que desliza el par del anillo en su dedo.

Y sienten mariposas en el estómago y el tiempo volver atrás. Se sienten como esos jovencitos de 20 que se conocen por azares del destino y necesitan tan solo de una sonrisa mutua para saber que se complementan de algún modo. Que la vida sin el otro ya no existirá nunca más. Y ahí, de pie en la estancia del departamento de los gemelos Kim, Yoochun enreda de nuevo sus manos en la delgada cintura del pelirrojo, le acerca a su cuerpo en un abrazo confiado que se siente indescriptiblemente diferente a cualquier otro que se hubiesen dado. Junsu suspira involuntariamente y con nervios lleva sus manos a los hombros de su novio. La idea golpea de nuevo su mente y le hace enrojecer furiosamente. Suena tan bien en sus pensamientos que no puede evitar la sonrisa boba curvarse en sus labios, sonrisa que es compartida por el peliazabache.

Sonrisas, que preceden al primer beso.
Al contacto sublime de sus labios uniéndose con delicados toques de un cariño contenido por demasiados años. Y ahí, con sus labios pegados a los del otro en besos que no parecen tener fin, celebran la segunda fecha de cumpleaños de Junsu, inician un nuevo año y fortalecen los lazos que los unen.

--//--

No, no hemos terminado de contar por qué de pronto Park Yoochun se supo amante de los cumpleaños, del propio y de los de sus amigos, de su novio. Hoy mientras familia, amigos, conocidos y hasta propios y extraños, celebran su cumpleaños número 28, Yoochun descubrirá ese otro motivo por el cual este 04 de Junio se convierte en una fecha más que especial.

Ha llegado a media tarde a su departamento, tiene que cambiarse para salir a cenar con Junsu tal como lo han planeado. Al abrir la puerta y sacarse el calzado que deja a lado de la entrada, el peliazabache se sorprende al ver la cajita dorada con un moño rojo descansando en el piso de su pasillo. Movido por la curiosidad lo levanta y lee la tarjetita que indica que es para él. Levanta la tapa y sonríe al leer la notita que descansa al fondo. El papel rosado huele a Junsu, y su letra cuidadosamente elaborada en tinta negra le hace sentir feliz.

- Feliz Cumpleaños mi Chunnie~ Mi regalo resultó más grande de lo que pensaba así que no he podido meterlo en la cajita, pero lo he dejado en tu habitación~

Deja la cajita de regalo sobre el mueble a la entrada y camina directo a su habitación. El saco y la corbata son retiradas en el camino, deshace los primeros botones de su camiseta blanca y deja caer su mano sobre el picaporte de la puerta. Se detiene unos segundos a respirar y relajarse, se siente inquieto y expectante, no imagina qué podrá ser el regalo de su novio esta vez.

El aliento le falló apenas entró en la habitación. Allí está su Junsu, tumbado sobre la cama en una pose por demás seductora, con todos esos listones rojos atados a su esbelta silueta ocultando su total desnudez. La ruborizada cara de ángel le recuerda su inocencia y Yoochun agradece a todos los dioses habidos y por haber por esta suerte que ha tenido de ser amado por una criatura tan exquisitamente hermosa como su novio.

- Feliz Cumpleaños, Yoochun ah… - La voz se desliza suave como el viento de primavera. Junsu se ruboriza mucho más cuando la penetrante mirada ónix de su novio le recorre de pies a cabeza, por un instante piensa en cubrirse con las mantas, pero lo olvida cuando los pies de su novio comienzan a acercarle a su lado.

- ¿Eres mi regalo, baby?... – Pregunta con voz ronca, ha sido imposible evitar que se le agrave con tal imagen divina ante sus ojos. Su novio castaño (otra vez) asiente con timidez y él solo puede ofrecerle la más agradecida de sus sonrisas. Esta es la primera vez que Junsu le presenta la oportunidad de hacer el amor sin miedos ni tapujos… - Gracias, es el presente más preciado que jamás podría haber recibido en mi vida… - Susurra con cariño, inclinándose hasta topar su boca con los rosados labios de su novio.

Ambos suspiran entre besos mientras Yoochun sube una rodilla a su cama y se acerca un poco más a su novio. Es Junsu quien enreda sus manos alrededor de su cuello jalándole mucho más cerca mientras se roban mutuamente el aliento vaciándose los pulmones.

- ¿Puede desenvolverte ya? – Brota una sonrisa pícara en sus carnosos labios seductores y se siente complacido cuando su novio asiente dedicándole uno de esos pucheros avergonzados que durante largos años le hicieron suspirar como idiota enamorado.

- Chun~ me haces cosquillas… - Ríe y gramos de timidez se van desplazando por confianza y tranquilidad. Los dedos del peliazabache serpentean por su mandíbula delineando su forma, resbalan por su cuello y alcanzan el primer moño del listón que ha cubierto su brazo derecho.

- ¿Te los has puesto tú solo, baby?

- Claro que sí~ ¿Quién más iba a ayudarme a hacer algo tan vergonzoso? – Gimotea pucheroso, suspirando casi al instante cuando ese primer listón pierde toda tensión alrededor de su brazo y se desliza libremente por su piel hasta caer sobre el colchón.

- Pensé en Jaejoong… - Resopla con un dejo de celos posesivos. Los que le afloran cada tanto cuando se hace ideas tontas. A veces es porque pareciera un sueño tenerle ahí, para él solo. Tan enamorado como soñó por años.

- ¿Qué? ¡No! Jaejoong puede tener complejo de umma pero sigue siendo nuestro amigo, me daría demasiada vergüenza mostrarme desnudo ante sus ojos. Esto es algo que solo hago por ti, para ti Chunnie.

Sus honestas palabras alivian cualquier ardorcito de celos que se le habían instalado en la boca del estómago y luego todo fluye con naturalidad. Vuelven los besos largos, dulces y cariñosos, húmedos y confiados. Deshace los moños de los listones que habían estado alrededor de las piernas, del brazo izquierdo y de su torso. Tan solo queda ya ese listón alrededor de su pelvis, el que oculta esa parte de su anatomía tan exquisitamente sexy. Yoochun se toma su tiempo para descubrirle de allí, se deleita largos minutos besando y acariciando el resto de sus recovecos, saboreando su piel, enrojeciéndola por sus insistentes succiones por aquí y por allá.

Cuando finalmente sus dedos se hacen de los extremos del moño que descansa exactamente sobre la ingle, Yoochun traga saliva y Junsu cierra los ojos muerto de vergüenza. Su total desnudez se revela poco a poco, casi en cámara lenta, el listón rojo es removido con lentitud por las manos del peliazabache pues se dedica a besar devotamente cada pedacito de piel que va descubriendo. Le gira de espaldas para admirar su trasero. Los firmes glúteos le aceleran el pulso cuando finalmente puede tocarlos con sus manos, acariciarlos, besarlos, olerlos con su curiosa nariz respingada.

- Eres tan… tan perfecto, Junsu ah…

- No soy perfecto, Chun… - Susurra con más vergüenza todavía. Su novio sonríe enternecido por su inocencia y sube con una serie de besos por su espalda, los dedos francos acarician los costados y suben por los hombros hasta perderse por debajo hasta el vientre plano del castaño… - Ahh, Chun… - Suspira y jadea cuando la mano de su novio serpentea por su ingle hasta su virilidad.

- Te Amo, Junsu ah. Te Amo con todas mis fuerzas… - Declara por el puro gusto de hacerlo.

Lo hace porque es el sentimiento que late en su corazón y le indica cómo avanzar paso a paso hasta tocar su alma. Yoochun vuelve a girarle y se irgue lo suficiente para admirarlo en su total desnudez. Una silueta perfecta, hermosa, sensual, inocente. La armonía ideal reunida en un solo hombre. Su hombre. Su amor. Su todo.

El peliazabache se inclina de nuevo capturando los labios del castaño, deja caer suavemente su pelvis hasta rozar la cadera de su novio. Ambos jadean entre besos cuando sus virilidades se encuentran en el transcurso e inician un curioso movimiento de roces que les hace excitarse a cada segundo hasta sentir la dureza palpitarles entre las piernas.

En medio de listones rojos y mantas revueltas, Yoochun y Junsu se proporcionan placer mutuo. Conocen por primera vez el sabor agridulce de sus erecciones inyectadas en sangre succionadas en la boca del otro, se arrastran a un primer orgasmo sin prisas ni prematuras expectativas. Sentir la semilla del otro explotarles en la boca se siente extraño pero bien, volver a abrazarse aún con los cuerpos temblorosos es la más gratificante de las sensaciones de plenitud. Caen nuevos besos y caricias, la confianza de llegar al final está allí.

Junsu es quien se lo pide, le susurra al oído que termine de hacerle el amor, que le haga suyo y marque ese lugar tan especial que siempre ha guardado para él. Yoochun siente su corazón henchirse de emoción y devorándole los rosados labios en un renovado beso de pasión, se instala entre sus piernas sin dejar de acariciarle los muslos, el vientre o toda parte de su anatomía al alcance de sus inquietas manos que desean seguir explorando su cuerpo como si no tuviese suficiente de él.

- Ahh~ Chunnie… - Jadea incómodo cuando el peliazabache comienza a prepararle.

Ninguno tiene experiencia, se han dejado llevar un poco por el instinto y otro por las conversaciones insanas que su amigo morocho ha soltado de vez en cuando en las reuniones ocasionales.

- Duele… - Gimotea el castaño, dos dígitos se mueven en su interior mientras él se aferra a la espalda de su novio.

- Podemos parar, baby… - Sugiere, aunque siente su entrepierna clamarle por ocupar aquel estrecho espacio.

- No. Continúa Chunnie. Yo quiero esto, quiero pertenecerte. Seguir siendo tu mejor regalo en la vida… - Sonríe flojito, avergonzado de pronto por mencionar aquello, por su repentina posesividad hacia los recuerdos de cumpleaños de su novio.

- Ya eres mi mejor regalo en la vida, Junsu ah. Incluso si hoy no estuviéramos haciendo el amor, ya lo eras.

El castaño no sabe qué más responder a eso y solo consigue tener fuerza para sujetarle la nuca y estrellar su boca contra los carnosos labios de su novio. Así, con aquella confianza escudada simplemente en el amor mutuo, Yoochun termina de prepararle, se perfila delicadamente y con sumo cuidado le penetra, se lleva centímetro a centímetro la virginidad de Junsu al ocupar con su falo aquel pasaje estrecho que caliente y húmedo le recibe con punzadas de incomodidad, vibraciones que sin embargo a él le sofocan de placer.

- Yoochun ah, Te Amo… - El castaño le dice de pronto.

Y solo entonces el peliazabache es consciente de que en lo que iba de la tarde su novio no lo había dicho. Las mejillas del castaño se bañan nuevamente de carmín y él encuentra demasiado adorable su gesto como para negarse a un beso. Y es justo en medio de aquel contacto tan sublime, que Junsu agita sus caderas pidiéndole movimiento. Las primeras embestidas son por demás lentas, cuidadosas y suaves; Yoochun quiere amarle con la delicadeza propia de un pétalo deslizándose por su piel. Pero conforme los minutos pasan y ambos cuerpos se acostumbran a la unión, sus anatomías se encienden a punto febril, claman una cadencia más veloz y profunda, un vaivén de caderas frenético y apasionado. Besos húmedos, gemidos, jadeos, sudor, calor.

Se acompasan a la perfección, se abrazan con recelo fundiendo sus corazones del mismo modo en que han fusionado sus cuerpos. Se gritan “te amo” en medio de aquel bullir de emociones y sentimientos sin límites ni falsas moralidades de un mundo que se niega a reconocerlos como son.

Sienten toda esa pasión y el cariño agolparse minuto a minuto en sus cuerpos, las oleadas de placer que han circulado con libertad por sus anatomías parecen revelarse como profetas de un orgasmo incipiente y veloz que se concentra en sus bajos vientres. Yoochun entierra su rostro en la curvatura del cuello de Junsu, gime en su oído mientras entierra su pelvis contra el trasero de su novio, el chasquido húmedo de sus cuerpos encontrándose a medio camino sume la escena en un erotismo único. Hay lujuria como amor en proporciones iguales y es perfecto.

Y ahí, en medio de aquel mundo que les era desconocido, alcanzan el éxtasis, tocan el cielo con la punta de los dedos y se sumen en un estado de profunda plenitud. Derramaron sus semillas por segunda vez mientras el manto nocturno cubre la ciudad y anclaron sus almas a un mismo sendero.

Yoochun cae a un lado, exhausto pero feliz, la respiración elaborada le es insignificante cuando todo lo que hay en su mente es la expresión marcada de placer de Junsu cuando abrazaron el orgasmo juntos. Pronto la cabeza de su novio cae sobre su pecho, los delicados dedos del castaño dibujan algo en su pecho y cuando él se concentra intentado seguir el curso de sus trazos, comprende lo que le ha dicho.

Feliz cumpleaños 28, Yoochunnie.

- Gracias, Junsu ah… - Sonríe y besa la mata de cabellos castaños, sujeta su rostro y le insta a acercarse para poder besar su boquita rosada. Aparta apenas con cuidado los mechones pegados a su frente sudada antes de topar de nuevo sus bocas en un delicado beso.

Park Yoochun sabe que cumplir años nunca será igual. Porque fue capaz de declararse al chico que amaba durante años en su cumpleaños 27; y luego ese Kim Junsu al que tanto ama, le entregó el mejor regalo imaginable en su cumpleaños 28. Más que la virginidad de su cuerpo, la pureza de su alma.



FIN