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martes, 8 de mayo de 2012

Oneshot YooSu *Q*

Consecuencias del teaser del MV TARANTALLEGRA *Q*


Título: UNA PROBADA DE TODO Y DE NADA
Autora: Felina
Pareja: YooSu
Género: Romance
Clasificación: NC-18
Advertencia: Lemon

UNA PROBADA DE TODO Y DE NADA
*****

Tendría que cargar con el estigma toda la vida, ¿verdad?
¿Era eso una especie de castigo por tener al novio más sexy del mundo?
Oh bien, Yoochun pensaba sobre eso muy a menudo desde que comenzaran a mostrarse imágenes y segundos de lo que es el primer álbum de Junsu en solitario. Por supuesto que él había intentado prepararse mentalmente. De verdad que lo había hecho. ¡Pero le sobrepasa! ¡Junsu era… era como otra persona! ¡Podía con su autocontrol y lo destruía lentamente haciéndolo añicos!

Yoochun se tiró de los cabellos por enésima vez en los últimos minutos, se sentía frustrado y algo celoso –sí, solo algo, no es que él sea un chico posesivo que casi quiere tener el poder de cegar a toda persona que se atreva a mirar, aunque sea por casualidad o accidente, a Junsu; por supuesto que nada tiene que ver con eso–. La ola de comentarios pecaminosos había desplegado su potencia a través de la web, empezando solamente por esos que parecen pulular en el canal oficial del trío en el mundialmente conocido Youtube. El pelinegro sabe bien que no debería estar ahí torturándose con aquellos comentarios; pero le podía la curiosidad por conocer el impacto que la imagen de su novio conseguía; además, tenía que estar enterado de la clase de pasiones que su rubio delfín despierta, por aquello de que tengan que triplicar medidas de seguridad, no sea que un día se lo secuestren y lo clonen o lo violen o alguna de todas esas cosas que pasan por las mentes pervertidas y desquiciadas de las fans.

- Son más pervertidas que yo… - susurró con un peculiar escalofrío que le recorrió la columna. De alguna forma aquella aseveración sonaba extrema en sus propios pensamientos. Es que vamos, él es un pervertido de primera, aunque sin duda amoroso, altamente fogoso, pero vamos, con alguien como Junsu, cómo no serlo.

- Junsu hyung ha paralizado todo de nuevo, ¿no?... – uno de sus compañeros le dijo con tono divertido.

Yoochun gruñó por lo bajo incapaz de decir nada, o como abriera la boca comenzaría a soltar improperios a diestra y siniestra. Comenzaba a latirle violentamente la venita en la sien y un dolor de cabeza subirle. No, definitivamente no había modo en que él pudiera prepararse para semejante carga ¡Es un celoso! Y Junsu tiene toda la culpa. Sí, porque si tan solo se hubiera quedado siendo ese chiquillo adorable capaz de tiernas sonrisas, miradas cristalinas y aura infantil, nada, pero nada le ocasionaría tantos celos. Pero no, Junsu había tenido que crecer y convertirse en ese hombre seductor que va y hace demasiada cosa sexy sin parar.

El pelinegro quiso ignorar entonces todo el alboroto que se levantó en los últimos minutos ¡No ha pasado ni una hora! Y para él ha sido el mismísimo infierno. Sería una cosa muy diferente si estuviera en ese infierno con Junsu, y no ahí ahogándose en celos sin poder eludir los comentarios de propios y extraños por doquier. Necesitaba urgentemente el día libre, correr a los brazos de Junsu… y darle un merecidísimo castigo por el atrevimiento de mostrarse prácticamente al desnudo. Sin duda, hay algo de exageración en aquella aseveración, pero bueno, para Yoochun cada paso que Junsu da hacia la sensualidad absoluta es el equivalente a ello.

Suspiró cansado de todo y trató de concentrarse en el guión de las próximas tomas. Un miserable fracaso, no podría pensar en otra cosa que las imágenes de ese minuto de teaser.

- Tengo una emergencia, lo siento… - había sido su escueto argumento para largarse y salir disparado hacia el departamento de su novio. A estas alturas de la situación realmente le importaba muy poco que todo mundo se enterase de la relación, solo quería verlo, hacerle algunos reclamos y luego marcarle de nuevo, como cada vez, asegurarse de que cada palmo de piel sigue siendo exclusivamente suya.

……………………………………

Junsu esperaba pacientemente, si no conociera a su novio como lo hace, no estaría ahí, contando los minutos faltantes para el arribo inesperado de Yoochun. A saber, estaba ahí, con ese majestuoso traje de cuero que usara en el MV, segurísimo de que haría que por lo menos de primera instancia, al pelinegro se le fuera el aliento.

Un par de minutos después escuchó la puerta de su departamento abrirse, y al segundo, un Park iracundo entraba como alma que lleva el diablo en su búsqueda. Junsu le esperaba sentado en el sofá de la estancia, había dejado en la casi total oscuridad todo el departamento con la intención de darle cierta privacidad erótica, la luz de día se colaría fácilmente por las ventanas y en ésos momentos no la necesitaba, así que cambió los cortinajes por unos en tono tinto y las lámparas estaban cubiertas por mascadas del mismo tono dejando las habitaciones iluminadas por luz carmín. Había cierto sentido vampírico en aquello.

Yoochun se quedó efectivamente sin habla, todos los reclamos inmediatos que tenía en mente se esfumaron a algún rincón en cuanto sus orbes negras se clavaron en la figura de su novio. Junsu permaneció unos segundos en su sitio, sentado con la pierna cruzada y una copa de vino en la mano –aunque el pelinegro podría jurar que no ha dado ni un sorbo y que es solo parte de la escena–, el traje oscuro le sentaba demasiado bien, le daba ese aire seductor que había alterado a miles de personas alrededor del mundo. El mismo efecto que lograba en ese preciso instante en el pelinegro, quien jadeó involuntariamente sintiendo su corazón latir a mil por hora y la respiración alterarse.

Junsu sonrió de medio lado, esa boca rosada le estaba provocando desde ya y le ponía en una seria desventaja. La manzana de Adán subió y bajo cuando Yoochun tragó hondo en un vano intento de controlar las inmensas ganas que tenía de tomarlo ahí mismo en ése momento. El rubio dejó la copa a un lado sobre la mesita de noche, sus delgados dedos delinearon el tallo de cristal con una sensualidad que encendió la chispa del calor ascendente del pelinegro. Junsu estaba jugando con fuego, y lo estaba haciendo muy bien. Sin borrar aquella sonrisa, el rubio se levantó. Yoochun casi se pateó mentalmente por quedarse paralizado, ¿desde cuándo su novio le ponía así? Oh, desde siempre en realidad, solo que ahora tenía un tanto más de control del que él antes le cedía.

El caminar lento, firme y sexy ayudaron a delinear aún más la figura del rubio, el contoneo de cadera exacto, la mirada directa de esos ojos chocolate que se clavaron en las negras pupilas hipnotizándole. Yoochun le recorrió de arriba abajo, si ya había admitido que era sexy aquel movimiento en la pantalla de un ordenador; en vivo era, simplemente erótico. Todo en Junsu lo era. Cada elemento de su vestimenta, el delineado de sus ojos, el esmalte de sus uñas, el rubio de sus cabellos.

¿Era esta la esencia final de su sensualidad?
Yoochun esperaba que sí, o colapsaría si su novio va más allá.

- ¿Por qué tan callado, Chun?... – y finalmente su voz. Esa voz suave que le acaricia con sensualidad, ese último paso antes de detenerse. Cerca, muy cerca, dejándole admirar del todo su atuendo, cayendo de nuevo ante su mirada, esa que le reclama absoluta atención. Como si no la tuviera todo de hecho.

- ¿Por qué estás vestido así?... – se escucha a sí mismo y se sorprende. Su voz ha sonado demasiado ronca, como si estuviera a punto de tener un orgasmo. Se sorprende ante su propio descubrimiento y toma un poco de conciencia de su cuerpo. se siente febril, el bulto entre sus piernas le delata demasiado pronto.

- ¿No te gusta?... – el rubio sonríe, se relame los labios y ladea el rostro mirándole inquisitivo.

- Me encanta… - la afirmación escapa de sus labios antes de que hubiera pensado en decirla.

- He usado otros, pero pensé en sorprenderte por ahora con éste… - susurra con suavidad, su voz parece terciopelo acariciándole la ardiente piel y aquello solo consigue que se sienta algo más excitado, que se le nuble el juicio y desaparezca todo reclamo de su prioridad inmediata… - ¿Quieres sentirlo?... – le provoca, el pelinegro sabe que su novio le está invitando a jugar; y él no tiene ni el valor ni las ganas para negarse. Todo lo contrario.

- Quiero arrancártelo… - Yoochun jadea y sus manos se mueven cual si tuvieran vida propia.

Se aproximan al cuerpo de Junsu sujetando firmemente su cintura, le atrae y sonríe al notar que se deja hacer, que no le aparta la mirada y que ancla con facilidad sus manos tras su cuello pegándose a su cuerpo. Es ahí que Yoochun recuerda un poco una de las tantas razones por las que había rabiado de celos por el dichoso teaser. Esa chaqueta de piedras brillantes con la abertura a la altura del pecho que deja porciones de piel al descubierto. El pelinegro gruñe sin intención de ocultar su obvia disconformidad ante el hecho y lleva sus manos a la prenda…

- Espera… - la voz del rubio suena en su oído, susurro sexy que le eriza el vello de la nuca e inyecta otro poco de sangre en aquella parte de su anatomía que comienza a palpitar deseosa de atención entre sus pantalones… - aún quiero que juguemos un poco… - muerde el lóbulo y lame el cuello del pelinegro atontándole lo suficiente como para que no advierta la acción hasta que la ha completado.

Las manos de Yoochun han sido atadas en su espalda por los cordeles que colgaban de las mangas de su chaqueta. El pelinegro le mira ceñudo, algo confundido y de pronto todo lo celoso de antes. Junsu le sonríe, se acerca como si fuera a besarle pero simplemente roza sus labios, exhala su aliento cálido y le jala obligándole a caminar. Cae sobre un sofá, Junsu se sienta a horcajadas sobre su regazo y delinea con uno de sus dedos la mandíbula de Yoochun; parece que se divierte mirándole así, demasiado alterado para tener algún control sobre sus emociones, le excita saber que ha conseguido tanto con tan poco. Le hace feliz, le regocija provocar los celos y la pasión de su novio. Es la verdad, a veces sinceramente lo hace a propósito, porque le gusta que le demande como suyo, que se enoje y llegue a gritarle, que le recuerde que nadie le ama como lo hace él, que nadie le tocará nunca como solo sus manos pueden hacerlo. Que nadie, absolutamente nadie, sería capaz de hacerle vibrar con un solo beso, o llevarle a la gloria al hacerle el amor con solo mirarle.

- ¿Qué pretendes atándome, Junsu ah?... – el rubio sonríe mucho más complacido. Está ahí ese tono ronco y celoso que tanto le gusta, esa mirada que brilla con fuego, el fuego del deseo mezclado con la ira contenida de los celos.

- Hacer algo antes de que me arranques la ropa y me sometas bajo tu cuerpo, Chunnie… - ronronea con demasiada sensualidad para el nulo control que queda en el pelinegro, quien jadea ronco y eleva las caderas buscando algo más de contacto contra el trasero del rubio… - Sabes que, Tarantallegra es para ti, como cada cosa que hago… - susurra de nuevo y sus labios se rozan a cada palabra contra los del pelinegro, se aleja cuando su novio busca fusionarlos en un beso, le escucha gruñir y mirarle algo enfadado… - no te enojes, aún voy a compensarte por ser tan buen novio… - ríe divertido y se aleja, abandona el regazo del pelinegro y advierte que tiene la intención de imitarle, por lo que de inmediato coloca una de sus manos sobre el pecho de Yoochun empujándole de nuevo… - espera ahí, voy a desnudarme para ti… - le besa con ganas y es demasiado apasionado y rápido como para que el pelinegro corresponda como se debe, le deja medio embobado y deseoso de más…

Junsu retrocede nuevamente, la luz rojiza de la ambientación que él mismo dio a la estancia le refleja un tono erótico que resalta sus facciones. Cada movimiento lento conforme se va deshaciendo de la prenda superior le parecen siglos a Yoochun, pero se deleita la pupila sin remordimiento alguno. Se muerde los labios y ruega mentalmente porque no haga nada de eso en el MV de Tarantallegra o morirá de celos, no quiere que nadie, absolutamente nadie le vea como él.

El rubio sonríe aún más, le gusta esa mirada encendida que parece devorarle. Recorre con sus manos su pecho y sus dedos delinean sus propios músculos, se había entrenado tanto para adquirir aquel cuerpo. Todo por él, por ese ratón celoso que no es capaz de tomarse nada de su sensualidad con calma, siempre impaciente y apasionado, egoísta y envidioso hasta la médula. Pero así le encanta.

Yoochun sigue cada fino movimiento de aquellas manos, se emboba en cada palmo de piel que toca a su paso, se muerde los labios con más fuerza casi a punto de sangrarse –lo cual en realidad no le importaría en absoluto–, traga hondo y siente el creciente dolor en su excitado miembro cuando aquellas manos que pudieran también tocar su cuerpo, terminan en los pantalones de cuero negro, se relame los labios en anticipación y jadea excitado al límite cuando descubre que no hay ropa interior debajo, que cada centímetro de cuerpo que va descubriéndose está al desnudo.

En ése preciso momento Yoochun tiene un pequeño dilema. Junsu es más sexy con atuendos como aquel, o al desnudo. Oh bien, definitivamente al desnudo. El rubio se acercó nuevamente al pelinegro, dando esos pocos pasos con aquella misma sensualidad delirante de antes, solo que esa vez para el pelinegro el estímulo visual era mil veces más excitante, mucho más. La erección de Junsu estaba despierta, erguida con orgullo, la ardiente piel rojiza que envuelve aquel trozo de carne se le antojó de sobremanera a Yoochun. Y al parecer, a Junsu que lo mimara, que se acercó dispuesto a recibir un poco de cariño; las manos atadas de Yoochun le impedían tocarle, pero no brindarle el calor de su boca. El rubio trepó al sofá, colocando las piernas a cada lado de la cintura del pelinegro, de pie su cadera quedaba a la altura del rostro de Yoochun.

- nhh Chun ahh… - la boca del pelinegro le engulló de una saboreándose aquel manjar erecto. El rubio se vio obligado a sostenerse como pudo o colapsaría ahí mismo al sentir aquel placer enloquecedor.

Los labios de Yoochun subieron y bajaron con gula por la extensión, su rugosa lengua caliente le acarició en el mismo sentido, le llenó de saliva; le succionó, le mordisqueó e hizo todo cuanto pasó por su mente colapsada de deseo. Junsu no paró de gemir dejando libre ese concierto de sonidos eróticos que incentivaron la libido y torturaron la erección del pelinegro. Le sentía ardiente crecer del todo dentro de su boca, y casi se corre cuando escuchó aquel gemido ronco murmurando su nombre.

Cuando Junsu se dio cuenta de que estaba demasiado cerca del final –es que tener a Yoochun de aquel modo le ponía demasiado– se apartó aunque el pelinegro no parecía de acuerdo, gruñendo y mirándole ceñudo por quitarle aquel manjar de la boca.

- Es que aún te quiero dentro… - el rubio le dijo con la voz alterada, los jadeos se acumulaban en su garganta y le ardía la piel a punto de ebullición…

- Desátame ya entonces… - el pelinegro gruñó con la voz ronca llena de excitación. Pero su petición no fue escuchada.

A cambio, Junsu se arrodilló en el sofá, casi a horcajadas sobre el regazo de su novio, le desabrochó los pantalones y expuso el hinchado miembro arrancándole en el acto más de un gemido de dolor y excitación. Le ha hecho esperar demasiado.

- Por ahora así, Chun… - ronroneó y llevó sus labios a los del pelinegro besándole con frenesí al mismo tiempo que perfila sus caderas y se autopenetra sin ningún tipo de preparación, demasiado excitado y necesitado también de su novio.

Gimen juntos en medio de aquel avasallador beso sofocante. Junsu comienza a moverse de inmediato, sube y baja dejando que el miembro de Yoochun se entierre hasta el fondo con cada cabalgada. De pronto parece que todo es calor, calor y más calor; arden como deben sentirse las mismísimas entrañas del infierno. Y de algún modo Junsu piensa en el personaje que caracterizó durante meses, La Muerte, piensa en la cantidad de veces que Yoochun le reclamó su actuación en aquel musical porque besaba a otro. Y sonríe casi sin darse cuenta mientras aumenta el ritmo de la cabalgada y fusiona su boca con la de Yoochun en besos cada vez más fogosos; no hay tregua para la guerra de sus lenguas que más parece apareamiento que otra cosa, se enredan con descaro, con esa pasión tan natural que ha fluido siempre entre ellos, algo más candente desde que Junsu liberó esa faceta suya cargada de esa mística sensualidad enloquecedora.

A Yoochun le lastima un tanto la atadura en sus muñecas, el ritmo frenético de sus movimientos con los de Junsu no ayudan a la postura, pero no está loco ni piensa detenerle de ningún modo, le aflora algo de masoquismo en aquel preciso instante sumido en la lujuria de poseer el cuerpo de su amado. Se deja arrastrar del todo por el deseo, se deleita con el roce constante de carne contra carne, de la presión de esas paredes que comprimen deliciosamente su miembro, de esa cara de placer que Junsu le muestra mientras se echa ligeramente hacia atrás apoyando sus manos en las rodillas del pelinegro y deja rebotar sus glúteos contra el regazo de su novio sintiendo que muere con cada estocada. El sudor le resbala por todo el cuerpo, sabe que el pelinegro está en las mismas condiciones y se siente mucho mejor. Saber que comparte aquel nivel de pasión le incentiva, le llena de emociones indescriptibles saber que no es solo sexo, que aunque sean así o más de apasionados, es el amor el lazo que les lleva a compartir aquellos encuentros que la mayoría no verían bien.

- ahhh Junsu, voy a… ¡Junsu!... – los gemidos del pelinegro tarde advirtieron su éxtasis, sin embargo todavía fue suficiente para que el rubio se irguiera de nuevo antes de abrazarse a su espalda y caer un par de veces con fuerza recibiendo esas penetraciones profundas que le llevan también a la gloria.

Sonríe emocionado, contento, extasiado, radiante al sentir la semilla de su novio inundar su interior. Se deja envolver por los espasmos del orgasmo y se jura mentalmente que volverá a repetir esa y cualquier acción que impliquen celos, adrenalina, pasión y amor de parte del ratón sexy.

- Manchaste mi ropa… - el pelinegro dice apenas capaz de recordar cómo es que se respira. El rubio se sonroja abruptamente al notar que su semen se ha esparcido por el pecho de su novio, quien estaba completamente vestido… - después de todo lo que has hecho vienes a sonrojarte, no hay duda baby, sigues siendo demasiado tierno… - sonríe entre cariñoso y pervertido… Junsu le forma un puchero y él piensa que es así, que su novio podrá ser una bomba de sensualidad, pero todavía es el chiquillo aquél del que se enamoró hace años, el chico tierno capaz de todos los sonrojos posibles… - ¿Me sueltas? El bendito amarre me está lastimando las muñecas…

- ¡Oh dios mío!... – se apresura en moverse y llevar las manos tras la espalda de su novio desanudando el agarre y llenando de besos de inmediato las muñecas. La verdad es que se le había olvidado. De hecho se había ido a la mierda la mayor parte de su gran idea para hacer el amor con Yoochun, el calor le había ganado y a las justas había tomado algo de acción en las preliminares.

- Aún tengo algunas cosas que reclamarte… - el pelinegro le sacó de sus pensamientos cuando su voz celosa le llegó a los oídos…

- Soy inocente, ¡lo juro!...

- ¡Los vi, Junsu ah! A esos idiotas del MV. Más vale que no se hayan acercado demasiado a ti…

El rubio revoleó los ojos, así estaba apenas comenzando a reclamarle su novio. Y él no quería perder el tiempo en eso, le apetecía una segunda vuelta de pasión desenfrenada. Y que Yoochun se quitara la ropa, que le acariciara y le dejara de esas marquitas que han comenzado a desaparecer de su cuerpo…

- Ya cállate y bésame, ratón celoso… - le mandó y topó sus labios con los del pelinegro, suspirando y jadeando medio atontado cuando esa vez fue Yoochun quien tomó el absoluto control del beso. Junsu tomó nota mental: provocar los celos de su novio más a menudo.

Como si eso no fuera el pan de cada día.


**FIN*