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miércoles, 18 de julio de 2012

Two-shot YooSu Parte 2


Al fin pude terminarlo!! *-* tenía un montón de ideas y al final no puse todo lo que quería pero lo esencial permaneció y estoy conforme con ello ;D así que espero lo disfruten y dejen sus comentarios, seguimos en el mes del YooSu hermoso <3





PARTE 2 DE 2
*****

Yoochun no pensaba en nada más que permanecer a lado de ése sireno que libremente se había quedado haciéndose mutuamente compañía. Han terminado charlando y charlando de todo y de nada, de cosas sin sentido, de detalles innecesarios pero que son grandiosos cuando compartir algo inapreciable es lo más importante y valioso. Park solo quiere inmortalizar aquellos instantes y congelar el tiempo para no tener que marcharse. Por alguna razón, presiente que el sireno no le seguiría a su mundo.

- No puedo simplemente seguirte, Yoochun ah; no quiero renunciar a lo que soy por algo que es imposible… - y ahí, como cada vez, el sireno interrumpió los pensamientos del pelinegro, quien tenía que recordarse cada ocasión que la hermosa criatura podía leer su mente con absoluta libertad.

- ¿Por qué tiene que ser imposible? ¿No sería suficiente con quererlo?

- Esos son cuestionamientos que nacen de tus deseos, Yoochun; por otro lado, no sé lo que quiero yo…

- ¿Significa que cabe la posibilidad de que…?

- No formules preguntas para las que no tengo una respuesta, por favor; no hagas eso tan natural para ustedes los humanos porque me encuentro en desventaja, la curiosidad que viene de tu corazón no es espontánea para mí ni responde a mis voluntades…

- Perdona, no es mi intención; tan solo respondo a mis inquietudes instintivamente…

- ¿El amor humano es instintivo?

Una pregunta importante.
Una sensación repentina de angustia y desesperación.
Park presintió que de su respuesta dependería el futuro de ése vínculo formado con el sireno.

- El amor humano no es meramente instintivo, pero no debo negar que hay una parte importante de ello en el sentimiento.

- ¿Si es un sentimiento, cómo puede ser irracional también, reflejo como los instintos?

- El amor es… algo complejo… - el pelinegro carraspeó y luego de minutos (o quizá horas) pareció recordar dónde estaba. Ahí, sentado en una roca en las rompientes de la playa, mientras el sireno permanece con los antebrazos apoyados en el filo semi-firme del mismo sitio, observándole y manteniendo aquella conversación que ha tomado un rumbo peculiar… - ¿Los, sirenos, no se enamoran?...

- No fuimos creados para sentir el amor; nosotros nos reproducimos por mantener la población… en cierto sentido podría decirse que actuamos instintivamente para mantener la especie…

Park intentó no pensar más allá, pero inevitablemente la idea cobró vida en su mente y se vio a sí mismo tratando de mantener algún tipo de relación carnal con el sireno. Si la divina criatura cuestionó si el amor humano era instintivo como al parecer de alguna forma lo es para los sirenos, ¿ellos podrían tener alguna clase de amor instintivo?

- Tus pensamientos me hacen sentir sofocado, confundido, ansioso y temeroso; podrías dejar de pensar acerca de ello… - el pelinegro se sonrojó involuntariamente cuando captó el hecho de que, nuevamente, el sireno había leído sus pensamientos.

Y sin embargo su corazón brincó presa de emoción y esperanza cuando vio las blancas mejillas de su sireno encenderse también en carmesí.

- ¿Puedo besarte?

- ¿Eh?

- Por favor, permíteme besarte otra vez…

- Pe…pero… por qué… - el sireno le pregunta y el pelinegro nota la extremidad escamosa agitarse inquieta bajo el agua, sobresaliendo apenas en la punta rompiendo la superficie pero dejándole admirar el espectro de colores que pasa por ella dándole ese toque mágico que embelesa al humano… - no me mires así, por favor… - el susurro le atrae, le regresa a la cuasi-realidad de aquella experiencia que no deja de ser expresamente extraordinaria.

- Discúlpame, pero no puedo evitarlo. No puedo evitar ninguna de mis acciones o las palabras que brotan de mis labios, ni mucho menos los pensamientos que inundan mi mente cuando eres tú todo lo que ante mis ojos se refleja en mi cabeza. Es como si mi cerebro se hubiera llenado de ti de la misma forma que cada fibra de mi ser parece sensible ahora a tu presencia, a tu aroma, a tu mirada, a tu sonrisa, a todo de ti…

- ¿Es eso amor?... – el sireno pregunta y el pelinegro puede notar en sus ojos azul turquesa un brillo diferente… por un segundo, una imagen ajena a todo lo que el sireno ha sido para él desde que le conoció cruzó sus pensamientos; pero pronto la dejó pasar de largo sin permitirle suspenderse demasiado tiempo en su cabeza… - ¿Por qué me dices todo esto, Yoochun ah?

- Ya te lo dije, me resulta inevitable; y sí, es amor, mi hermoso sireno… - susurró con esa sonrisa cariñosa que hace que el corazón del sireno se agite también con la misma emoción y la vergüenza con que lo hace su aleta.

Es sin embargo esa vez incluso más especial, porque cuando el rostro del pelinegro se acerca al suyo y su aliento se mezcla con el propio, su corazón late más rápido y él solo desea que en un beso le demuestre todo ese amor del que le habla con bellas palabras que si cobraran vida, forma y color seguro se parecerían a esos arrecifes y cada hermoso paisaje en las profundidades del océano.

Aún así, se aleja apenas sus labios se han rozado. Parecen demasiadas las sensaciones que vibran en su cuerpo mitad humano mitad pez; le asusta lo que siente y una parte dentro de él le grita que huya, que nade rápido y sin detenerse ni mirar atrás. Pero otra, la que domina sus acciones en esos momentos, simplemente permanece. Inquieto, temeroso, ansioso sin embargo de todas las promesas que parecen ir ancladas a una declaración de amor.

- Deja de mirarme así… - insiste sin embargo.

- No puedo… - el pelinegro le recuerda. Y es una de sus manos la que actúa entonces, alcanzando una de esas mejillas sonrojadas que se sienten tibias y suaves, delicada piel de porcelana bajo su tacto… - you are so beautiful…

- Incluso si no supieras lo que pasará de ahora en adelante, ¿me amarías aunque fuera diferente?

- Te lo he dicho también, no me enamoré de la innegable belleza sobrenatural de tu silueta, sino del alma que reflejan tus ojos…

- No olvides lo que acabas de decir, Yoochun ah… - el sireno le atrae y le jala dentro del mar besándole dulcemente mientras susurra mentalmente aquellas palabras que golpean la mente del pelinegro… - nunca lo olvides, porque he estado contigo durante mucho más tiempo del que piensas…

Las palabras danzan y flotan en su mente, le producen un cosquilleo extraño en el vientre pero pronto lo olvida cuando aquellas sensaciones son suplantadas con la incomparable sensación de plenitud que viene al besar y ser besado; cuando sus manos se enroscan en la delgada cintura del sireno y él sabe que todo el oxígeno que alimenta sus pulmones viene justamente de esa boca que comparte su aliento como si de su vida misma se tratara.

Y es fenomenal, la más bella de las experiencias. El más sublime de los besos.

Las manos del sireno se han enredado en su cuello, le acerca a su cuerpo y le deja sentir la peculiaridad de su silueta divina. Las manos del pelinegro se mueven con franqueza siguiendo la línea curva de tan perfecta figura, sus labios permanecen pegados a los del sireno y su lengua ha aprendido nuevas formas de actuar dentro de esa cavidad increíblemente dulce, deliciosa. El mismísimo manjar de los dioses.

Sabe que lo desea. La pasión contenida en su cuerpo se dispara y sus manos inquietas trazan figuras sin sentido al tiempo que se aprenden cada tramo de su piel, esa que posee un tacto diferente al permanecer en contacto directo y constante con las aguas tibias de las semiprofundidades del océano. No han dejado de besarse, no hay manera de que lo hagan. A Yoochun le llama poderosamente la atención vagar más abajo, pero teme ser imprudente e incomodarle si es que le toca más allá.

- Hazlo. Quiero sentir el deseo que flota en tus pensamientos… - la voz del sireno retumbando en sus pensamientos fue suficiente para que él dejara fluir ese instinto por sentirle mucho, mucho más.

Los dedos del pelinegro presionaron un poco sobre el punto exacto en que la espalda se transforma en aquella parte anatómicamente más curva y pronunciada; primero piel, luego esa capa escamosa que se siente diferente pero mágica. Y acaricia púdicamente ahí donde en cualquier ser humano se encontraría el trasero, firmes glúteos que él no encuentra definidos naturalmente y le hace retroceder inconscientemente hacia arriba siguiendo la línea curva de su silueta.

El sireno lo sabe, porque ese vínculo entre sus mentes se lo deja saber; pero también porque el momento en el que aquellas caricias tocaron más de él, su propio deseo por sentirle en igualdad de condiciones le llevó a materializarlo.

Renunciando a su condición de sireno.

- Incluso si nada de esto es igual cuando abras de nuevo los ojos de tu alma, no olvides que me has encontrado, que me has prometido amor porque yo… antes que un sireno, siempre fui el humano a tu lado…

Las palabras susurradas por el sireno poco a poco parecen grabarse en sus pensamientos, empero le ha escuchado difuso, aturdido por la insaciable necesidad de besarle, de acariciarle, de descubrir que en lugar de aquella extremidad escamosa lentamente van apareciendo un par de piernas delgadas, largas, suaves; sensible piel a su tacto…

- ¿Chunnie?... – le llaman a lo lejos, es otra voz que le resulta familiar.

- No lo olvides… - el sireno susurra de nuevo en sus pensamientos. Pero ha perdido del todo su condición como criatura del mar y no permanecerán demasiado tiempo bajo el agua sin que el oxígeno les obligue a emerger…

- Chunnie… - le llaman de nuevo, y él siente que debe atender. Aquella voz suena dulce pero preocupada, y su corazón se oprime inquieto.

- No me olvides, Yoochun ah… - el sireno insiste cuando el aliento resulta insuficiente y sabe que deberán subir a la superficie.

Park quiere responder algo, pero se siente mareado y confundido. Quiere continuar ahí, se aferra a la delgada cintura del sireno cuando aquel tirón en la boca del estómago parece arrancarle de aquel hermoso sueño.

No quiero.
No quiero.
¡No!

--//--//--//--//--//--

- ¡Yoochun!... – la misma voz dulce y preocupada. Unos golpecitos en su mejilla y una húmeda suavidad en sus labios cuando un poco de aire parece abrirse paso hasta sus pulmones y él tose levantándose de una como mera reacción refleja… - Gracias a Dios estás bien, estaba asustado… ¡me asustaste, Chunnie!… - el chico de cabellos rubios solloza y lo abraza con fuerza haciéndole estremecer…

- Qué… Yo… - el pelinegro le aparta sin demasiado tacto, los ojos castaños del rubio le conmueven sin embargo, pero en aquel instante le cuesta enfocarle, reconocerle… - ¿Y mi sireno?... – se pregunta mentalmente mientras las memorias de aquello que parece haber sido solo un sueño siguen bailando en sus pensamientos.

- ¿Estás bien? Yoochun ah deja de asustarme, suficiente tuve ya con encontrarte sumergido en la tina de la ducha, ¡qué estabas pensando!... – el rubio volvió a lloriquear golpeándole entonces el pecho. Parecía sumamente afectado por… lo que él solo puede considerar entonces un incidente sin mayor importancia… - ¡Chunnie!

- ¡Qué!... – gritó enfadado. Le habían arrancado del más hermoso de los sueños. Y él solo quería haberse quedado para siempre con su sireno.

El rubio le miró dolido por su reacción. Él que se ha preocupado, que se ha asustado luego de que su amigo no le respondió por minutos encerrado en la ducha casi ahogándose dentro de la tina.

- Me alegra que estés bien… - susurró para luego salir de la ducha.

Solo entonces Yoochun se dio cuenta de su desnudez, del calor sofocante dentro de la ducha. De la partida de su mejor amigo, a quien recién parecía recordar con claridad.

- ¡Mierda! Le grité a Junsu… - se cubre el rostro con una mano y luego algunas cosas simplemente hacen conexión en sus pensamientos.

El nombre escrito en la arena aquella ocasión en que esperaba volver a ver al sireno.
El nombre que no escuchó en la conversación telefónica con Jaejoong interrumpida en la playa.
La imagen que cruzara sus pensamientos mientras besaba al sireno.
El llamado de dulce y preocupada voz que le arrancó de aquella fantasía.

- Junsu… - repitió y apareció esa sensación de vacío y desazón… de confusión y vergüenza… - ¿Por qué ha aparecido él en mis pensamientos en los momentos en que más necesitado del sireno me sentí?

…- Incluso si nada de esto es igual cuando abras de nuevo los ojos de tu alma-…

- Los ojos de mi alma… - habló para sí, llevándose una mano al pecho, ahí donde su corazón latía inquieto…

……………………………

Más tarde, cuando Yoochun tomó el valor suficiente para disculparse con Junsu, las palabras no le salían apropiadamente.

- Nadie me creería si dijera que en momentos como éste encuentro más fácil declararle mi amor a un sireno en mis sueños, que disculparme con mi mejor amigo, que además de todo, salvó mi vida… - pensó y vio al rubio terminar un manga de esos que incluso comparten en tiempos de ocio. Park carraspeó inseguro pero se dijo que tenía que hacerlo… - Yo… quería… quiero… lo siento, por mi actitud de hace rato…

- Está bien… - Junsu le regaló una sonrisa… radiante, hermosa… y el corazón del pelinegro se agitó emocionado… - quizá estabas alterado porque… bueno… - el rubio suspiró y su sonrisa desapareció dejando ver solamente ese semblante preocupado que el pelinegro le viera antes, cuando estaban los dos en la ducha… - realmente me asusté mucho, Chun…

- Lo siento. Pero no pienses mal, es decir, no intentaba suicidarme ni nada por el estilo. Simplemente, me quedé dormido y estaba teniendo un sueño increíble… - trató de explicarse e inevitablemente una sonrisa boba apareció en sus gruesos labios. La preocupación se disipó así de fácil en el rubio, quien le miró curioso…

- ¿Qué soñabas?

- No voy a decírtelo…

- ¿Por qué no?... – el rubio formó un puchero. Y Yoochun tuvo el pensamiento de besarlo.

- Porque no, es algo privado Junsu ah… - sonrió sin renegar demasiado del pensamiento que tuviera. Algo le decía, que era lo correcto.

- Anda Chunnie, cuéntame… - y ese tonito mimado que derrumba la firmeza del pelinegro en un parpadeo…

- Bueno, no fue gran cosa en realidad…

- No importa, quiero saber… - el rubio le prestó total atención y aquello engrandeció el ego del pelinegro, que de pronto al saberse único receptor de sus miradas se sintió inmensamente feliz.

- Era sobre… un sireno de cabello azul que conquistaba mi corazón… - el pelinegro soltó sin más. Confundido al notar la seriedad que cruzó las delicadas y joviales facciones de su amigo.

- Tengo que hacer una llamada y salir, nos vemos mañana Chun…

- ¿Ah? Pero… a dónde vas, Su… Susu…

Pero el rubio no le había escuchado. Con el móvil en la oreja, Junsu había salido del departamento.

Y para cuando Yoochun volvió a verle, parpadeó varias –muchas– veces antes de que su cerebro procesara. El hecho de que XIA Junsu viajaría a Jakarta con el cabello teñido de un precioso azul parecido al turquesa que le dejó en claro.

Que había encontrado a su sireno.
Porque…

-… antes que un sireno, siempre fui el humano a tu lado…-

- Y ahora, hay un delfín de agua dulce a quien debo declararle mi amor… - el pelinegro sonrió de medio lado con los nervios a flor de piel.

Declararse una segunda vez.
Aunque de hecho sea la primera y la más importante, la real.

- Cuando vuelva se lo diré… - se dijo con firmeza, aunque la verdad es que casi se sentía adolescente inseguro de solo mirar al chico de sus sueños… - no debe ser tan difícil… - intentó convencerse, fracasando miserablemente y sonriendo bobo ante el pensamiento de que la mayoría de las fans luego lo consideran todo un galán, un Casanova.

De cualquier forma, él tenía que decirle a Junsu.
Que el hermoso sireno con que soñara, era justamente él.
Perfecto.

……………………………

Junsu pensaba demasiado tarde que había sido algo impulsiva llamar a su estilista para que le hiciera un nuevo cambio de look, aunque la respuesta de las fans ha sido más que favorable. El tono de sus cabellos le ha dado ese toque algo más sexy, diferente y hasta rebelde. Se siente bien, pero teme que Yoochun fácil se dio cuenta de que él había hecho aquello justo después de que le dijera acerca del sireno de cabellos y aleta azul turquesa.

- ¿Ahora qué se supone que le diga si me pregunta algo?... – pensó otra vez, mientras termina de alistarse para salir al escenario. Una ciudad diferente en un país diferente. Y sin embargo, sus sentimientos siguen siendo los mismos, ama a sus fans. Pero piensa cada segundo en el dueño absoluto de su corazón. Yoochun.

……………………………

Cuando Junsu regresó a Corea Yoochun hubiera querido ir a recogerle al aeropuerto, pero prefirió esperar. La verdad, estaba tomando valor para lo que se prometió a sí mismo hacer. Declararse.

- ¡Maldición! No debe ser tan difícil. Vamos Park Yoochun, solo tienes que decirle que estás perdidamente enamorado…

- ¿A quién vas a declarártele?... – la dulce voz del sireno atrajo su atención y al mismo tiempo le hizo dar un bote de impresión cuando le vio parado en la entrada del departamento…

- Junsu… lle…llegaste ya… - carraspeó nerviosamente y fijó sus ojos negros en esas pupilas castañas que también le sostienen la mirada.

- Sí, pero dime Chun… a quién piensas declarártele… - el delfín cuestionó sin poder ocultar su tono algo hosco.

- ¿Celoso?... – le provoca y espera encontrar el momento adecuado para aclararle que habla de él, que si eso que siente son celos, no hay motivos para ellos.

- N-no… por qué habría de estar celoso, solo soy tu amigo… - responde inquieto, se muerde el labio inferior y respira profundo. Debe controlarse.

- Interesante cambio de look por cierto…

- Gracias… - murmura bajito. Quiere evadir el tema…

- No sabía que tenías pensado teñirte de azul…

- Fue algo repentino… - No. Mala idea seguirle la línea de conversación.

- ¿Lo pensaste ayer? Después de que te mencioné acerca del sireno que conquistó mi corazón en mi sueño…

- No te sientas tan importante, no es como si quisiera ser tu sireno… - refunfuña avergonzado, presa de los nervios y el miedo.

- ¿Sabes? Ayer no me dejaste terminar de contarte acerca de mi sueño…

- No quiero saber…

- Por qué no, ayer estabas por demás curioso… - sonríe divertido. Le conoce, sabe que lo está atrapando, que después de todo, no será tan difícil confesarse de nuevo, por primera vez y de verdad…

- Pues ya no quiero saber… - levanta el mentón con el gesto insolente tan propio de un niño que quiere ganar una discusión de antemano perdida.

- De todas formas te voy a decir…

- ¡No quiero escuchar!... – puchea y se cubre los oídos con las manos. Oh sí, el cansancio después de sus conciertos se ha ido desde el instante en que la sonrisa sexy de Yoochun le hizo galopar el corazón a mil por hora. Maldice internamente el poder que ese hombre tiene sobre su persona.

- No seas crío, puede que te convenga escuchar, Junsu ah… - se acerca y sujeta las manos de su amigo por las muñecas, las aparta aunque forcejean un poco por apenas unos segundos.

Pronto la cercanía les pasa factura, les hace temblar con nervio y ansiedad; y sus miradas como siempre, terminan conectándose fijamente. Está ahí, ambos lo saben. El amor infinito.

- El sireno con el que soñé… - susurra e intenta hacerla de emoción. Se acerca otro poco y siente su aliento mezclándose con el del menor… - ese sireno hermoso y simplemente perfecto… - continúa murmurando y ve el reflejo de sus propios ojos en las castañas pupilas… - Junsu ah, ese sireno, eras tú…

- ¿Eh?... – balbucea entre sorprendido, dubitativo y emocionado.

- Junsu ah, soñaba contigo. De una forma un tanto extraña ya que tenías cola de pez… - se permite sonreír y hasta vagar una de sus manos a la espalda baja del peliazul… - déjame decirte por cierto, que con todo y que no tenías piernas, la pronunciada curva de aquí era fenomenalmente sexy…

- ¡Chunnie!... – chilla avergonzado y le aparta golpeándole el pecho mientras siente sus mejillas ardiendo de vergüenza… - cochino, cómo es que te fijas en esas cosas hasta en tus sueños, ¡y con sirenos!

- Es tu culpa. Tuya y de nadie más, por tenerme a tal punto de locura por ti, de trastocar mis sentidos a niveles insospechados. Incluso en sueños no haces más que atontarme, embelesarme con tu belleza, con la hermosura de cada uno de tus gestos, con tus sonrisas cristalinas y la pureza de tus miradas, con la transparencia de tu alma. Junsu ah, Te Amo.

- Yoo…chun… - susurra aturdido, perdido en el discurso que escuchó, procesando cada una de sus palabras. Sumergido en el profundo mar negruzco de sus orbes.

- Espero que esto no sea otro sueño, porque en serio ya me siento bastante inseguro y torpe frente a ti… - el pelinegro murmura sonriendo nervioso, el valor que tuvo apenas segundos antes desaparece… - sería incapaz de decírtelo de nuevo…

- No… no necesitas hacerlo. Y yo… me teñí porque estuve celoso de ese sireno de cabellos y aleta turquesa así que le pedí a mi estilista que hiciera algo al respecto. Y… bueno yo… - aclaró la garganta y decidió que para él, en momentos así tan llenos de vergüenza y emoción, no había mejor forma de expresar sus sentimientos, que cantando. Enroscó sus brazos tras el cuello del pelinegro y comenzó a tararear dando el tono de una de las canciones de su reciente álbum… - Me quedaré a tu lado, y estaré enamorado solo de ti. Te quiero, mírame tal y como lo haces, delante de mí estás tú, hagamos una promesa, como si estuviéramos soñando. Aunque el tiempo pase, aunque el tiempo cambie, será una buena persona que siempre te abrazará con calidezsaranghae, saranghae,neol saranghae…  - las manos del pelinegro sujetaron su cintura y ambos cuerpos abrazados comenzaron a moverse lentamente al ritmo de esa declaración de amor melódica.

No necesitaban más.
Lo importante estaba dicho.

Y cuando las últimas palabras de aquella canción abandonaron los rosados labios, la boca del pelinegro los tomó con delicadeza, probándolos con calma. Besándole por primera vez, de verdad. Recibiendo con ternura el beso de vuelta, besarse mutuamente con amor, era más sencillo de lo que pudieran haber pensado.

Era cuestión de dejar que el corazón les guiara.
Como un sireno se deja guiar por las corrientes del océano.
Como las estrellas titilan con gracia alrededor de la luna.
Como el alma que encuentra su mitad y se vuelve una.
Brillando intensamente para siempre.

--//--//--//--//--//--

Junsu no quería preguntarlo directamente, pero tenía el presentimiento de que Yoochun ha tenido esa fantasía desde hace tiempo. Desde que le soñara como un sireno de cabellos, ojos y aleta turquesa. Ahora tenía sus cabellos teñidos de un peculiar tono violeta y al día siguiente se marcharía a LA para grabar un nuevo video. Claro está, Yoochun no iba a dejarle ir sin su merecido “castigo” por dejarle votado ahí extrañándole como demonio.

- ahh Chun, es vergonzoso… - el delfín jadeó con las mejillas arreboladas de carmesí mientras su novio le besa y lame su cuello. A saber, están encerrados en una habitación de un lujoso hotel, disfrutando de las burbujeantes aguas del jacuzzi que, para beneplácito del pelinegro, reflejaban un color turquesa por las luces en el fondo.

- Te vas y yo necesito recordarte que tienes a un idiota enamorado de ti extrañándote y esperándote desde ya… - el ratón aclaró mientras roza su nariz contra la húmeda y caliente piel del cuello de su novio, yendo luego a su rostro y regalándole esos besos cariñosos que todavía luchan contra la timidez del delfín… - quién lo dijera, tú tan sexy en el escenario y ahora todo rojito de vergüenza…

- ¡Babo!... – rezonga salpicándole agua y formando de esos pucheros que su novio encantado de la vida va y besa apropiándoselos… - eres un…

- Tonto enamorado que no quiero que te vayas pero se aguantará y aceptará los gajes del oficio reclamando solo una noche de amor con su adorado delfín-sireno… - sonríe y el corazón se le hincha con otro poco de amor (a ser posible) cuando le ve sonrojarse intensamente y atraerle para besarle sabiendo que sus palabras solo conseguirán hundirle en más vergüenza.

Pronto los besos mutan a aquellos que se entregan con mayor pasión, el deseo les arde en la piel y sus cuerpos desnudos se buscan sabiendo que encajan a la perfección. No es después de todo la primera vez que intiman aunque sean apenas unos pocos días después de la mutua declaración y el consecuente inicio de su noviazgo viento en popa.

Todavía recuerdan con gratitud las felicitaciones de sus amigos ChangMin, Jaejoong y Yunho. Pero también el hecho de que los tres les dijeran que francamente se habían tardado.

- nhh Chun…- el gemido escapa de sus labios cuando la mano del pelinegro rodea su virilidad y se mueve debajo del agua proporcionándole un increíble placer.

- Me encanta hacerte el amor, Junsu ah… - susurra contra sus labios y no duda en besarle mientras se acomoda entre sus piernas y le deja advertir el deseo que tiene por hacerle suyo cuando su mano libre se cuela por su espalda hasta su intimidad tanteando el estrecho anillo.

Junsu le ayuda y se mueve permitiéndole un mejor acceso. Y Yoochun tiene el burdo pensamiento de que la agilidad de su novio en el agua es envidiablemente sobrenatural. Sonríe bobo y se dedica a besarle, distraerle mientras le prepara con sus dedos y se alía a las resbaladizas aguas del jacuzzi para dilatar su pasaje. Se siente demasiado ansioso, no puede evitarlo, el delfín tiene ese efecto en él. Ya luego se lo tomará con más calma y cuando le tenga en la cama le hará el amor con paciencia, ahora, necesita sentirse unido a él.

- mhhh baby… - gime y entierra su rostro contra la curvatura del cuello de su novio cuando su miembro se abre paso en la estrechez del menor luego de que el propio Junsu le hubiera empujado obligándole a sentarse y montándose en su regazo autopenetrándose lentamente.

- Si…fuera sireno, no podríamos hacer esto, Chunnie… - sonríe divertido, ligeramente adolorido pues aún es incómodo al principio tener a su novio unido a él, aunque luego el placer suplante todo dolor.

- No me…hagas pensar demasiado que luego tengo más ahh fantasías, Su… - devuelve la sonrisa y retoma su tarea de complacer a su novio bombeando despacio su hinchado miembro, mientras el menor sube y baja en una lenta cabalgata acuática que los ancla cada segundo al placer.

Unos minutos más tarde sin embargo, Yoochun ha tomado de nuevo el control, ha empujado a Junsu bajo su cuerpo y embestido rápidamente contra su intimidad, admirando al mismo tiempo su rostro contraído de placer, saboreándose los gemidos, los jadeos, las palabras incoherentes y el emocionante placer cada que es su nombre el que escapa de tan deliciosa boquita rosa.

Se entierra profundo y sabe que ha encontrado el punto sensible al placer cuando Junsu encaja sus uñas negras en su piel. Aquello le excita más y reconoce que pronto alcanzarán el orgasmo pues la estimulación de cada elemento de tan bello acto de amor se dispara tocando cada fibra de sus cuerpos.

Y ahí, cuando tocan el cielo con la punta de los dedos y se sacuden en espasmos de intenso placer, saben que lo tienen.

El amor eterno.
El amor instintivo.
El amor fantástico.
El amor puro y sincero.

El amor correspondido.

Y eso, vino con el nado de un sireno.
Terminó en los brazos de un delfín.

Ambas criaturas hermosas, perfectas.
A los ojos de un humano enamorado.
Por instinto, por sentimiento.

Por la convicción de un alma renovada.

- Te Amo… - y llegan así las palabras que enardecen el corazón henchido de amor, las que estampan la más radiante de las sonrisas y las mismas que adornan la escena perfecta de un acto de plenitud.

Cuando Junsu y Yoochun se miran a los ojos y se sumergen en las profundidades de las pupilas del otro. Cuando funden sus labios en otro beso y sus cuerpos permanecen así de juntos y pegados, quietos y plenos en medio de un jacuzzi de aguas turquesas.



FIN


miércoles, 11 de julio de 2012

Two-shot YooSu, Parte 1


Qué puedo decir, las últimas semanas han estado cargadas de trabajo para mí, y aunque ahora estoy de vacaciones pues no tngo tanto tiempo y además me lastimé las muñecas por lo que casi no puedo escribir u.u 

En fin, eso no es tan importante. Estamos en el mes del YooSu *w* ese par está por cumplir un año más de intenso amor *0* e intentaremos festejarlo de manteles largos, por ahora les dejo la primera parte de un two-shot que debí terminar hace tiempo pero bueno, las circunstancias cambiaron. 

Sin más, espero que les guste y tengan paciencia para conocer el desenlace en la segunda parte que espero no tardar demasiado en escribir ;D

Título: SIRENO
Autora: Felina
Pareja: YooSu
Género: Romance, Fantasía
Clasificación: NC-17
Advertencia: Lemon

PARTE 1 DE 2
*****

Para dar vida a este breve escrito hemos de remontarnos un poco, solo un poco, a la Mitología griega. En tal existen decenas de criaturas fantásticas. Entre ellas, las famosas sirenas. Seres fabulosos ampliamente extendidos en las narraciones fantásticas de la literatura occidental, cuya función y representación han variado con el tiempo. Aunque en su forma original eran genios marinos híbridos de mujer y ave, posteriormente la representación más común las describe como hermosas mujeres con cola de pez en lugar de piernas.

No, aún no podemos comenzar a hablar de lo que nos atañe esta ocasión. Porque una de las criaturas más hermosas jamás vista por ojos humanos, no era tampoco una bella doncella. Por tanto, habremos de retomar otro extracto mitológico y reseñar a Tritón. En la mitología griega es un dios, mensajero de las profundidades marinas. Es el hijo de los dioses marinos Poseidón y Anfítrite. Suele ser representado con el torso de un humano y la cola de un pez, como la versión masculina de una sirena.

Con el tiempo, el nombre y la imagen de Tritón llegó a estar asociado con una clase de criaturas parecidas a sirenos, los Tritones, que pueden ser masculinos o femeninos, y que suelen formar el cortejo de divinidades marinas.

Así pues, nuestro dilema no podrá ser aún explicado con autenticidad. Park Yoochun prefiere quedarse con la teoría que le indica que aquel hermoso ser que se topara a las orillas del risco en la playa de Kuta en Bali, era un sireno. Una criatura con torso varonil y cola de pez; la imagen perfecta de un Adonis marino; un jovencito de nívea piel blanca y cabellos azul turquesa, hebras juguetonas que se pegan a su rostro y combinan con sus ojos del color de los mismos cielos despejados de verano y esa sonrisa de labios rosados que resuenan en sus oídos cual embrujo que le atrapa y seduce sus sentidos.

Lo olvida todo cuando sus pies caminan mar adentro y el suave oleaje pasa desapercibido cubriendo más y más de su cuerpo. Parece un sueño –un bello sueño si alguien se lo preguntara– se siente irreal y al mismo tiempo la experiencia más nítida de toda su vida. Abre más los ojos y se gira siguiendo la silueta juguetona del hermoso sireno, la sonrisa le atraviesa los oídos y su aniñada mirada agita su corazón; sus ojos negros como las profundidades del universo captan entonces del todo la larga extremidad escamosa; del mismo color que sus cabellos azul turquesa parecen relampaguear destellos de toda la gama conocida en el espectro del color marino.

Se mueve con gracia en círculos en torno a él, de vez en cuando con gran velocidad; luego lentamente, estudiándole con aquella sonrisa que se ha grabado en su cabeza y parecerá perseguirle para siempre como una especie de deleitosa pesadilla. Se acerca más a cada vuelta, como si estuviera analizando la posibilidad de tener un contacto real más allá de la mirada.

Yoochun quiere hablar, pero la voz se le ha ido a alguna parte. No piensa nunca lo irreal de la situación pues se encuentra sumergido mar adentro sin más oxígeno que el que pronto comenzará a escasear en sus pulmones. Extiende la mano en un fútil intento por rozar siquiera la sedosa piel que se aleja cuando su dueño sacude su aleta inferior y da marcha atrás un par de metros.

Sí, parece un sueño. Uno de esos que no tendrá el final que desea su corazón con ímpetu. El aire le falta, intenta aguantar un poco más observando tan hermosa, y por qué no decirlo, deliciosa criatura; lucha, se aferra al último gramo de oxígeno y aún cuando se ha consumido, sus ojos permanecen clavados en aquella silueta. Los bellos ojos azules le miran inquietos entonces, el sireno se acerca de nuevo, silenciosamente sus manos rodean su cuerpo y la aleta se impulsa con fuerza y rapidez hacia la superficie, las burbujas se hacen presentes a su paso.

Yoochun sonríe sin apartar sus ojos del perfecto rostro del bello sireno, se graba a fuego en su memoria la extraordinaria hermosura.

- No te enamores de quien no existe… - las palabras golpean su mente al mismo tiempo en que su cuerpo rompe contra la superficie del agua y por acto reflejo su boca toma bocanadas del vital oxígeno que casi duele en sus pulmones.

- Qué ha sucedido… - el pelinegro se pregunta mientras flota sobre las aguas volviendo la mirada en todas direcciones, buscando en sus inicios al sireno, dándose cuenta en el acto de que está a más de 200 metros de la orilla y que el atardecer ha caído ya en el horizonte.

Confusión.
Es todo cuanto hay en sus pensamientos, esos que flotan inquietos y ambiguos en su mente. ¿Un sueño? La respuesta más probable y admisible es, . Pero por alguna razón se niega en responderse aquello, por lo menos en voz alta. Se aferra a aquello eternamente humano, la esperanza.

*****

Sus cortas vacaciones en aquel paradisiaco lugar terminarán al día siguiente. Y Yoochun no quiere marcharse. Partir significaría renunciar a la esperanza de volver a soñar tan nítidamente con aquella hermosa criatura varonil. Ese sireno que no volvió a presentarse ante sus ojos durante cada día de aquella semana que le pareció tan corta y veloz.

- Si tan solo me dejaras verte una vez más…

Yoochun sonrió nostálgico, todavía embelesado con la mirada perdida en el océano, en el oleaje de la playa rompiendo espumoso en la orilla, en el ocaso asomándose en el horizonte y el característico manto nacarado que deja caer sobre el mar vistiéndole de nuevos colores.

El pelinegro suspiró otra vez, con la cuenta olvidada de la cantidad que han escapado ya de sus labios, sumido en una repentina depresión que le pesaba en el pecho oprimiéndoselo con un descomunal pinchazo de dolor.

- Como si estuviera perdiendo un pedazo de mi alma… - soltó al viento y sus palabras mezcladas con la brisa marina pronto cayeron a las aguas sumergiéndose en ellas hasta alcanzar los oídos de aquella hermosa criatura que se perturba involuntariamente ante la declaración que sabe viene de su ausencia.

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- Humanos febriles que se hipnotizan con lo inconcebible… - el sireno agitó la escamosa extremidad nadando en dirección contraria al eco que llegó entre las aguas.

Se alejó varios metros cuando sin más frenó y volvió la mirada. El corazón dentro de su pecho también se agitaba, y las pulsaciones se dispararon estrepitosamente provocándole ese tipo de sensaciones que están prohibidas para los suyos.

…Somos criaturas marinas, nuestros dones nos fueron entregados por Poseidón, si haz de sentir como un humano, en humano te convertirás…

Son esas las palabras grabadas en las memorias de toda sirena y tritón que habita en los océanos. Una clara advertencia del lugar al que pertenecen y las consecuencias de tener aquello para lo que no fueron creados.

- Quiero verte una vez más, deseo con todo mi ser que aparezcas de nuevo ante mí, magnífico sireno…

Las palabras golpearon de nuevo dentro de su mente. Allá estaba, a lo lejos, sentado en la orilla del mar sin dejar de contemplarle con sumisa añoranza. El apuesto joven de profundos orbes negros que tampoco ha podido apartar de sus pensamientos y por quien continuaba merodeando aquellas aguas tan lejanas de su hogar.

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Yoochun escribió un nombre sobre los finos granos de arena entre sus piernas. El murmullo del mar era todo lo que se escuchaba en aquel melancólico silencio. No prestó atención a lo que su dedo escribió sobre la arena, se puso de pie y dio media vuelta resignándose a no volver a ver a tan hermosa criatura. Un paso, dos… y ése pesar que le hace detenerse y volver la mirada negándose con el alma a partir. Sentía que no podría vivir de ahora en adelante, que si se marchaba, se iría su cuerpo pero su corazón permanecería ahí sentado a la orilla del mar por la eternidad.

- Es estúpido que me sienta así, debí soñarlo y yo haciendo el tonto creyéndolo una absoluta realidad…

- No soy un sueño… - la dulce voz resonó en sus oídos como un suave susurro que le erizó el vello de la nuca… - ven, entra al mar, te concederé tu deseo de verme

- ¿Habré enloquecido?... – pero entonces allá, a unos metros mar adentro, el sireno saltando sobre las aguas dejándole admirar por aquellos instantes la majestuosidad de su figura.

- Los humanos tienden a encontrar respuestas simples e inmediatas. Sueños, ilusiones, irreal, locura. Soy tan real como tú solo que no habito en tu mundo… - la misma voz hizo eco de nuevo en sus pensamientos y Park no pudo resistir más la tentación, el deseo inocuo de acercarse.

Caminó dentro del mar hasta que sus pies no encontraron más arena sobre la cual pisar y se vio obligado a nadar. Sonreía sin embargo contento porque el sireno permanecía flotando en el mismo punto, con la belleza de su rostro sobresaliendo en las aguas y sus manos agitándose apenas sobre la superficie.

- Hola… - el pelinegro saludó sintiéndose un bobo por hacerlo…

- Hola… - el sireno correspondió con una gentil sonrisa…

- Yo… no quería irme sin verte de nuevo…

- Me has visto ya

- Y sin embargo siento que podría pasar toda mi vida así, admirándote…

- No te confundas, humano. Ustedes son prestos a la seducción de la belleza externa… - el sireno hizo un gracioso mohín de disgusto, claramente ofendido por capturar la atención del pelinegro simplemente por ser una criatura fantástica.

- No es sin embargo la impactante belleza de tu silueta lo que ha encantado mi corazón. Es la radiante sonrisa de tus labios y la nítida alegría que translucen tus ojos lo que me ha fascinado, lo que hace sonar mi corazón que se agita enamorado. Enamorado de lo que hay en tu alma…

- No sabes si tengo un alma, humano, no soy como tú…

- Yoochun…

- ¿Eh?

- Mi nombre es Yoochun…

- Comprendo… - el sireno sonrió… - he cumplido tu deseo de verme antes de que partas; es justo que lo hagas ahora, Yoochun…

- Si vuelvo, ¿Me permitirás verte de nuevo?

- No. Porque yo tampoco he de quedarme, no pertenezco a estas aguas… - y así sin más, el sireno se sumergió y nadó a gran velocidad alejándose de ahí.

Dejando a Yoochun con la indescriptible sensación del vacío.

Yoochun se quedó ahí, flotando sobre la superficie con los ojos de par en par sin dar crédito al hecho de que el sireno se había marchado sin más. El pelinegro pensó que su corazón se había ido con él, la pesadez en su pecho le estaba asfixiando, se le cerró la garganta y los pulmones le estaban colapsando.

¿Así se sentía morir?
¿El dolor de perder algo que no fue tuyo nunca, podía herir así?

Park no quería pensar en ello, pensar era martirizarse más, hacer tangible y real esa despedida que le ha sabido demasiado amarga.

No quedaba más que partir.
Dar la vuelta y hacer de cuenta que todo aquello no fue más que un sueño.

El más hermoso y agónico sueño.

*****

Seúl, Corea

Park no quería volver al trabajo. Necesitaba la soledad de su departamento, la oscuridad de su habitación, donde puede componer y dejar fluir toda esa tristeza en letras cargadas de todo su dolor. De ese sentimiento opresivo que no le deja respirar tranquilamente pues cada vez se siente como un pinchazo directo al corazón.

Dos semanas así, y naturalmente sus amigos se han preocupado ya. Cada uno desde su muy particular forma de ser.

ChangMin le ha gruñido diciéndole que está demente por deprimirse por algo tan absurdo como enamorarse de un sireno, ¡Que además es feo! Claro, el chico de carácter sarcástico en realidad intenta decirle “No te preocupes, tarde o temprano lo volverás a ver, hyung”.

Yunho es más protector pero como un padre. Le anima invitándole a distraerse mirando películas de historias con final feliz. Park casi temió que le pusiera las películas de Disney, con suerte y han sido otras, incluso se pusieron a leer mangas y otras bobadas infantiles que el moreno de liderazgo innato le obligaba condescendientemente a ver.

Por otro lado, Jaejoong se había embriagado con él dos veces ya. “Tomemos hasta que el licor te haga verlo como una ilusión”, le decía el chico de personalidad afable y un gradual sentido de instinto materno. Aunque el pelinegro pensaba que no era tan común ver a una madre embriagándose con su hijo, con una hija tal vez, pero con un varón. Tendría que pensarlo.

Finalmente esa tarde Yoochun tomó una decisión repentina. Necesitaba estar cerca del mar, escuchar el susurro de su oleaje y oler la brisa marina. Tomó su auto y condujo por horas hasta la playa más cercana. La noche ha caído y en lo alto el baile titilante de las estrellas adornando el firmamento. Park estacionó el auto a una prudente distancia de la playa, bajó de él y sacándose el calzado anduvo sobre la arena hasta la húmeda orilla donde el último rastro de agua salada baña con cada nueva ola que rompe ahí. Sintió bajo sus pies la peculiar sensación del agua consumiéndose en la arena antes de que otra ola le alcanzara de nuevo.

- ¿Dónde estás? ¿Qué haces, hermoso sireno? ¿Pensarás aunque sea un segundo en mí, cuando yo te pienso día y noche?

Yoochun susurró al viento nocturno, sintiendo cómo la brisa marina le acaricia el rostro y las suaves ráfagas frescas juegan con su cabello. Y permaneció ahí, sin otro pensamiento que la imagen del sireno sonriendo flotando en su cabeza. Se quedó ahí de pie, esperando verle de nuevo.

Se quedó toda la noche. Con el cansancio torturándole las piernas y el sueño luchando contra sus párpados. El alba despuntó en el horizonte.

Pero el sireno no apareció.

- ¿Se puede saber dónde estás? ¡Qué estabas pensando, Yoochun!... – Jaejoong, como madre molesta pero preocupada, le preguntó al otro lado de la línea del teléfono celular.

- No grites, Jaejoong hyung. Necesitaba…necesito esto. Es como si no pudiera arrancarme la sensación de que algo me hace falta, que algo no va bien…

- Lo único que no va bien es que sigas molesto con…

- ¿Qué?

- No finjas que no me escuchas, te digo que tú y…

- Hyung, en serio no te escucho bien…

- Yoochun…

- Se escucha interferencia, hyung…

Y era verdad, la conversación con Jaejoong pronto se convirtió solo en estática.

- Es mi culpa…

Aquella dulce voz le hizo soltar el móvil, el que cayó en la arena convirtiéndose en un aparato inservible al que incluso la batería se le consumió en un minuto.

- Sireno… - el pelinegro le vio ahí, flotando a no demasiados metros de la orilla.

- ¿Quieres dejar de pensarme y llamarme? No he podido descansar ni un momento, Yoochun…

- ¿Has estado escuchándome? ¿Incluso si estaba en la ciudad?

- Podría escucharte aún si estuviéramos en los polos opuestos del mundo…

- Volviste… viniste, sireno… - el pelinegro sonrió, apenas consciente del agua rodeando su cuerpo o la cercanía con aquella fantástica criatura. No sabe en qué momento su cuerpo reaccionó por cuenta propio adentrándole en el mar.

- A pedirte que me dejes de pensar, comprende que no pertenecemos al mismo lugar…

- Pero no puedo evitarlo, estoy enamorado de ti…

- Por supuesto, los humanos se enamoran con facilidad

- Te equivocas, no me había enamorado así nunca en mi vida, sireno…

- Eso a lo que llamas amor es solo un hechizo, estás encantado con lo que soy

- Insistes en ello aún cuando te he dicho que no es la obvia hermosura de tu cuerpo lo que me ha atraído solamente…

El sireno se quedó callado, quieto, mirándole profundamente. Y por un momento el pelinegro sintió que al perderse en su mirada acuamarina se sumergía en las bastas profundidades del océano. Y quiso tocarle. Acercarse un poco más y alcanzar un contacto palpable. Algo que le ancle a la realidad y no le haga pensar que tal vez ha perdido la cordura.

- Locura… - el sireno sonrió… - piensas en ello cada vez que me vez…

- ¿Cómo sabes que lo pensé?

- Soy un sireno, somos telepatas…

- Oh… - increíble

- Es una forma de comunicarnos dentro del mar, como no podemos hablar como lo hago contigo ahora, siempre podemos hablar con la mente…

- Incluso si estoy a kilómetros de distancia…

El sireno asintió, omitiendo deliberadamente el hecho de que los sirenos como él sin embargo, no pueden comunicarse telepáticamente con los humanos a ese nivel solo porque sí. Se requiere de un vínculo. Uno que es iniciado, mantenido y fortalecido por el humano mismo.

Y ese vínculo, era el equivalente al amor humano.
Correspondido por un sireno.

- ¿Me permites…? – Yoochun le sacó de sus pensamientos cuando su mano se acercó a su rostro, pidiendo claramente permiso para acariciarle.

- Sí… - y el sireno supo que de alguna forma había perdido, porque también anhelaba ese contacto.

Park sonrió nervioso. No todos los días te topas con un sireno que cautiva tu corazón y aún te permite tocarle luego de volver por segunda ocasión ante tus ojos. La temblorosa mano de dedos francos pero suaves se posó finamente sobre una mejilla; al instante la aleta se sacudió golpeando la superficie, cambiando constantemente el tono de su escamosa extremidad generalmente de azul turquesa, pasando entonces por la amplia gama de colores azules en el espectro universal. Sorprendido, Yoochun retiró su mano inmediatamente, creyendo que algo había hecho mal. El sireno sonrió tiernamente…

- Ustedes los humanos se sonrojan cuando algo les produce vergüenza. Nosotros… perdemos el control sobre nuestra aleta… - sonrió con ese tono suave que el pelinegro denomina dulzura…

- ¿Así que, te he avergonzado?

- No estamos acostumbrados al contacto corporal… - susurró sintiendo un novedoso calor cubrirle las blancas mejillas…

- ¿Te ha molestado?

- Si encontrara molesto que me tocaras, no te lo habría concedido…- respondió el sireno… - ¿Es acaso que la vergüenza para los humanos es sinónimo de molestia?

- No quise decirlo de esa manera… - sonríe el pelinegro… - aunque a veces puede ser así, la vergüenza se manifiesta de muchas formas y por varias razones. A mí, por ejemplo, me avergüenza estar ante ti y sentirme inferior, inmerecedor de tanta magnificencia…

- Los humanos también suelen engrandecer lo que consideran increíble. Por favor, Yoochun ah, no somos tan diferentes; tú tienes tu propia belleza, la hermosura del alma en tu interior es grandiosa…

- Creo que ahora sí voy a sonrojarme por el halago tan afable… - el pelinegro sonrió con las mejillas teñidas de carmesí. Gesto que amplió la sonrisa del sireno y tinturó nítidamente sus blancas mejillas. Un contraste peculiar con el tono turquesa de sus cabellos.

Ambas miradas se conectaron ahí. Turquesa versus negruzco, ambos colores podían compararse con las profundidades del océano y el universo respectivamente. La sonrisa en ambos rostros matizaba ese sentimiento de atracción que ninguno de los dos podía evitar. Era como algo natural, inconsciente y mágico. Sí, mágico, por increíble y bello. Un acercamiento inesperado, un roce de labios que ninguno advierte pero sucede. La sensación chispeante de un impulso eléctrico viajándoles por la columna vertebral, se les eriza el vello y el corazón les bombea a gran velocidad; la extremidad escamosa del sireno se agita emocionada, su rostro se enciende en rubor; y Yoochun… él jura que podría morir ahí mismo porque ya ha conocido el paraíso.

Un beso.
Aquel gesto había sido compartido.
Sin esperarlo, entregado sin embargo con el corazón.

El corazón humano.
El corazón de un sireno.

Músculos contenedores de un sentimiento mutuo que ha nacido en el misterio de lo inexplicable, de lo místico, de lo maravilloso.

Yoochun sabe lo que siente.
El sireno… experimenta aquello para lo que no fue creado por los Dioses.

Y le gusta.
Le fascina cada sensación.
Le encanta Yoochun.

Y lo desea.
Perder todos sus dones como criatura mágica, renunciar a la majestuosidad de su aleta escamosa…

Y ser un humano.
Uno como ése que permanece a su lado nadando en las profundidades del mar, siguiéndole, dejándose guiar, abasteciendo el oxígeno que no puede tomar como él de sus propios labios unidos en besos que fingen que no son tal, salvo el único medio para compartir el aire.

Es sin embargo el momento en el que ambos se detienen en algún punto en el fondo de las aguas, que la mano de Yoochun se hace de la delgada cintura del sireno, le mira profundamente y atrapa sus labios de una forma diferente. Algo se agita violentamente dentro de su pecho…

Algo…
Que quema y le sofoca…

Pareciera que la vida le abandona mientras Yoochun le besa y su lengua se cuela dentro de su boca haciéndole perder todo de foco…

Lo desea con más ganas…
Ser humano…


Ser amado…
Amar…

Aunque deba renunciar a todo lo que ha sido…
Pero aún hay algo de temor en sus pensamientos…

- Porque los humanos también pueden olvidar ese sentimiento que juran eterno…



Continuará……