Porque sigo de buenas y... porque bueno, ni falta tanto para diciembre ;D comencemos a sentir el espíritu de las fiestas decembrinas~
“Art. 1 – todos los
amantes, independientemente de cuál sea su sexo, quedan advertidos de que el
amor, además de ser una bendición, también es algo extremadamente peligroso, imprevisible,
que puede acarrear serios daños. Por lo tanto, quien tenga la intención de
amar, debe ser consciente de que está exponiendo su cuerpo y su alma a heridas
de muy diferentes tipos, sin poder culpar por ello a su pareja en ningún
momento, puesto que ambos corren el mismo riesgo.”
“Convención de los heridos de Amor”, Paulo Coelho
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CAPÍTULO III. PELIGROSO E IMPREVISIBLE
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Mansión
Jung
Jaejoong estaba ahí, sentado en la cama de
Yunho con la cajita de madera abierta y sin poder recordar con claridad cómo
fue que la abrió sin tener la llave. No recuerda siquiera con certeza por qué
tanta curiosidad por descubrir el contenido de aquel cofre de madera. Sacude la
cabeza de un lado a otro tratando de espabilar esa sensación de confusión y
miedo. El dije que permanece en el fondo del aterciopelado interior acolchado
brilla apenas débilmente, le hace pensar en una lágrima de cristal y cuando uno
de sus delicados dedos se paseó por la figura el brillo de aquella gema casi se
había extinto.
Cual si estuviese rechazando su contacto.
- ¿Jaejoong? – la voz del moreno le saca de
sus cavilaciones insensatas y le hace levantarse de golpe de la cama mirando
entre avergonzado e inquieto a su anfitrión… - ¿Qué haces aquí? ¿Cómo es que
abriste eso? Solo yo tengo la llave… - no suena molesto pero tampoco parece
demasiado tranquilo. Jaejoong sabe que ha transgredido los límites de la
confianza establecida.
- Yo… - titubea y sabe que no tiene
respuestas claras. Ni siquiera él lo sabe ahora. Todo se avecina tan confuso en
sus pensamientos… - Lo siento, Yunho ah. Es solo que… me recuerda a algo que
tuve antes, cuando era solo un niño. Tonterías solamente, no hagas caso y
disculpa en verdad mi atrevimiento por husmear en tus cosas, entenderé perfectamente
tu molestia.
- No hay modo en que pueda molestarme. Por
alguna razón no podría… - susurra y evade la mirada oscura de su compañero. Se
acerca y cierra el pequeño cofre de madera sin querer mirar dentro. Aquél dije
le trae recuerdos que no quiere tener rondando en su cabeza en aquellos
momentos. No cuando tiene tanto que pensar.
Yunho toma el cofre en sus manos y al
erguirse nuevamente su rostro queda demasiado cerca al de Jaejoong. Ambos se
quedan en silencio, solo mirándose. Las mejillas pálidas del pelioscuro se
tiñen suavemente de rosado, los ojos del moreno descienden hasta los labios
rojos. Pasa saliva y entreabre sus labios con algo parecido al gusto por los
frutos prohibidos. Jaejoong actúa casi por instinto –o cualquier adjetivo que
pueda dársele a esa sensación de premura que le orilla en contra de su voluntad
a moverse–, se inclina y es quien acerca su rostro al del otro. Yunho permanece
impávido, su respiración se mezcla con la del otro y parece que hay fuego ahí
alrededor. De la nada el calor asciende peligrosamente en su cuerpo, se siente
como si pudiera hervirle la sangre del mismo modo en que la piel se torna
febril y aparece el deseo impúdico del contacto.
En términos coloquiales: sexo.
Un beso podría llevar a otro. Y con el
calor que le abrasaba el cuerpo entero y alteraba sus hormonas, cada beso podía
arrastrarle a la búsqueda de contacto piel a piel, caricias y todo lo que viene
después.
Yunho carraspea saliendo apenas de sus
cavilaciones cuando el móvil en el bolsillo de su pantalón les arrancó a ambos
de sus pensamientos, no, de sus sensaciones tan a flor de piel. Jaejoong
retrocedió evadiendo la mirada al reconocer la melodía de aquel tono.
- YooHwan…
Él estaba llamando.
Jaejoong salió de la habitación de Yunho
con el corazón en la garganta ahogándole en repentina desesperación. Y apareció
de nuevo esa sensación de premura que inunda sus pensamientos de imágenes
borrosas e ideas vagas. Apresura los pasos escaleras abajo y atraviesa la
estancia corriendo hasta la puerta. Todo lo que quiere es salir. El aire golpea
su rostro y agita sus mechones oscuros, se marea y siente que desfallecerá. No
entiende qué está pasando con él.
- Apol… - el susurro escapa de sus labios
con una voz que casi le resulta ajena.
Vértigo. Caída en picada. Agua salada.
Jaejoong no puede ver otra cosa que azul profundo a su alrededor, luego el
sonido de las olas rompiendo en la playa y el rumor de la espuma formarse.
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Las violentas sacudidas del Olimpo antes de su caída
obligaron a los 12 Grandes a descender entre los mortales. Ella era entre todos
de las deidades más orgullosas.
No le preocupaba el futuro que le deparaba a su alma
inmortal. Era su venganza pospuesta la que mortificaba sus pensamientos.
Apolo le había abandonado.
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Existen
pasajes mitológicos que hablan del nacimiento de Afrodita en dos versiones. Afrodita Urania, nacida de la espuma
después de que Crono castrase a Urano, y Afrodita
Pandemos, la Afrodita común ‘de todo el pueblo’, nacida de Zeus y Dione. Afrodita Urania figura como la
Afrodita celestial, representando el amor del cuerpo y el alma, mientras
Afrodita Pandemos estaba asociada con el mero amor físico.
- Por qué sigues leyendo sobre mitología
como si no supieras sobre todo eso… - el hombre de cabellos oscuros cuestionó
al morocho, quien apenas levantó la mirada del libro abierto de par en par en
su regazo, bufó por lo bajo y luego clavó de nuevo sus ojos en aquellas páginas
con textos e imágenes que le distraía lo suficiente para ignorar el hecho de
que hace menos de media hora se había besado (exquisito sobra decir) con ese
hombre que no para de fastidiarle la vida… - ¿Sabías que es de mala educación
no responder a tus mayores?
- ¿Estás plenamente consciente de que vas
conduciendo y si sigues distrayéndote podrías ocasionar un accidente en el que
los lesionados podemos no ser solo nosotros dos? – gruñó con poco humor para
soportarle. Tenía suficiente lío en su cabeza por recordar con suficiente
claridad que había sido él quien iniciara el beso.
- Voy atento en el camino, a velocidad
regular y con los sentidos bien puestos en todo a mi alrededor… - sonríe
arrogante y mira de soslayo a su acompañante… - y todavía me queda espacio para
mirarte. ¿Tienes idea de lo sexy que eres de perfil?
El sonido sordo del libro de pasta gruesa
cerrado de golpe y con fuerza. Dong Wook sabe que le ha hecho enfadar de nuevo.
Le gusta sacarle de sus casillas en realidad, sabe de cualquier manera que
ChangMin no es precisamente un chico de buenos modales ni atenciones refinadas
ni mucho menos de gestos románticos. Y es así justamente como le encanta.
- Detente aquí.
- Aún no llegamos a tu casa.
- Me da igual, no quiero seguir yendo en el
mismo auto que tú.
- No seas crío.
- ¡Para! – exclama con humor agrio.
Dong Wook no le lleva la contrario y
haciéndose a un lado en la calle estaciona su auto. ChangMin se saca el
cinturón de seguridad y con bolso en mano se baja. No mira atrás, no emite una
sola palabra –ni siquiera un gruñido– más. El mayor comprende que esa vez sí que se ha molestado. Sin embargo
todavía tiene tiempo para sonreír, encender de nuevo el motor de su auto y dar
una ruidosa vuelta en “U”. ChangMin le mira ceñudo, después le reñirá por eso
también.
Ambos lo saben, aunque el morocho no lo
admita.
Pelearse es su forma de comunicarse.
Es el peculiar códice de intercambio para
los afectos prohibidos.
Las fuentes clásicas recogen varias versiones diferentes
acerca de Orión. Existen dos versiones principales acerca de su nacimiento y
varias respecto a su muerte. Los episodios más importantes de su vida son: su
nacimiento en Beocia, su visita a la isla
de Quíos donde se encontró con
Mérope y fue cegado por su
padre Enopión, la recuperación de
la vista en la isla de Lemnos, su cacería junto con
Ártemis en Creta, su muerte causada
por una flecha lanzada por Ártemis o por un escorpión gigante y su elevación a
los cielos por la misma Ártemis, o por Zeus, como la constelación de
Orión.
En literatura griega aparece como un gran cazador en la Odisea de Homero, donde Odiseo ve su sombra en el inframundo.
ChangMin ha vuelto su atención al libro.
Relee aquél capítulo curioso principalmente por la alegoría entre dos
personajes. Artemisa y Orión.
- ¿Por qué él lo mencionó antes?
…Porque
soy ese cazador que va a ganarse la virginidad de Artemisa y tu corazón,
ChangMin…
- ¡Aish! ¡Maldito idiota! Siempre
metiéndome en problemas… - gruñe entre dientes sin prestar atención a las
personas que caminan por la calle que él transita también. No está prestando
atención, probablemente ni siquiera tenga presente la ruta que debe tomar.
Sus pensamientos vagan de nuevo hacia los
minutos atrás cuando sus labios buscaron aquel contacto del que fue partícipe
inexperto. Y se curvó la sonrisa en su boca cuando memoró también esa herida
que dejó en el labio inferior del de cabellos oscuros cuando fue él quien
mordisqueó impulsado por la pasión con que sus bocas se habían fusionado.
*****
Departamento
de Kim Junsu
- Yoochun ah… - susurra sorprendido al
verle al otro lado de su puerta.
Después de todo, habían terminado hace un
mes luego de aquella charla en la que el pelinegro dejó tan claro que no creía
en el amor. Junsu lo recuerda claramente, como si pudiera de hecho ignorarlo
cuando la opresión en el pecho le seguía desde entonces.
- Hola, Junsu ah… - saludo que suena casi
avergonzado. O algo parecido. El rubio se queda ahí, con una mano en la puerta
y sin hacerse a un lado. El pelinegro entiende que esté dolido, que esté
enojado y no quiera saber nada de él. No le culparía en absoluto, a final de
cuentas había sido lo suficientemente indiferente aquella noche.
……flashback……
-
¿Qué soy para ti entonces, Yoochun ah?
La
pregunta, quedó suspendida en el aire.
Durante minutos que parecieron eternos y
traicioneros el silencio reinó en la habitación. Yoochun no había sido capaz de
sostenerle la mirada a Junsu, y éste no había podido evitar la desilusión que
pronto se matizaron en sus pupilas. Se levantó de su sitio y cobijó su desnudez
enredándose en una de sus sábanas, sentado quedó en el borde de su cama,
dándole la espalda a ese pelinegro que se sabe de pronto atrapado entre sus
propios miedos y rencores del pasado.
Ese pasado del que Junsu no fue parte, pero
quien parece pagará la factura de los
deudos del ayer.
- Creo que en el fondo lo sabía… - suspira
y su aterciopelada voz se convierte en pequeños aguijones que el pelinegro
sospecha acertadamente se incrustarán en su corazón… - No nos conocemos
demasiado, y comenzamos a salir muy pronto. Fuiste el primer hombre a quien le
permití entrar a mi cama en la primer cita. Todavía recuerdo que tuve miedo de
que pensaras que era solo un chico fácil que se acuesta con cualquiera.
- Nunca pensé eso… - interrumpe por
reflejo. La idea de que Junsu tenga aquel pensamiento le molesta.
- Y sin embargo no soy importante para ti,
Yoochun ah… - se mueve con la intención de volver la mirada pero al final
tampoco tiene el valor, sus hombros desnudos tiemblan ligeramente y la garganta
se le reseca, se ve obligado a pasar saliva y a respirar profundo antes de
continuar viendo con pesar cómo no viene tampoco palabra alguna por parte de su
novio… - No logro comprender por qué no
crees en el amor. Y sin embargo soy romántico, me gusta estar contigo porque
siento que soy especial… - sonríe con amargura al darse cuenta cómo así de
pronto sus propias palabras suenan tan lejanas, falsas… - ¿Has jugado conmigo,
Yoochun ah? Si no me quieres, si no existe el amor para ti, ¿Es porque no estás
enamorado de mí?
- No… - la respuesta fría e indiferente.
Junsu ahoga un sollozo, busca fortaleza para enfrentar este momento que ha
venido demasiado pronto… - No hablemos más de esto, si sabiendo quién soy en
realidad y lo que pienso ya no quieres estar conmigo es tan sencillo como que
lo digas y habremos terminado. No puedo darte lo que creo que estás buscando.
- Entiendo. Vete Yoochun.
- No volveré a buscarte.
- Sé que no lo harás. Sé que encontrarás
otro con quien irte a la cama cuando tus deseos afloren en tu piel. Después de
todo creo que fue todo lo que fui para ti, un acostón cada que lo querías.
Más aguijones que se incrustan
dolorosamente en su pecho. Sin embargo Yoochun no cede, no está dispuesto a
dejarse arrastrar por las ilusiones del amor
eterno ni ninguna de todas esas cursilerías de las que la gente suele
hablar. Él conoce el otro lado de la moneda.
Y mientras termina de vestirse y la espalda
temblorosa de Junsu es todo lo que ve, Yoochun sabe que cuando salga por esa
puerta, algo se habrá roto en su
pecho.
……flashback……
- ¿Podemos hablar?
- No tenemos nada de qué hablar Yoochun. No
soy un juguete que pueda ser utilizado al antojo de un niño que no sabe
renunciar a su diversión.
- Suena como si cada día que estuvimos
juntos yo hubiera sido tan solo un caprichoso obteniendo de ti todo a su
antojo.
- ¿No fue eso lo que hiciste? Llegaste para
ganarte mi corazón con tu personalidad arrebatada de lindas palabras y buenos
tratos, de seducción desbordada y sonrisas cariñosas. ¿Qué esperas que crea
después de que destruiste todo eso en unos minutos aquella noche, Yoochun?
Park titubea. ¿Acaso él tiene la respuesta?
¿La forma en que le extrañó se trata de
amor?
*****
Mansión
Jung
- Estás muy guapo, Yunho ah… - el
pelioscuro se sonroja solo con verle. El atractivo del moreno le cautiva al
verle bajar por las escaleras con ese traje casual y su pulcro calzado negro y
el peinado más bien desaliñado pero seductor.
- Gracias, Jaejoong ah… - el moreno inclina
la cabeza en gesto amable. Por un segundo el pensamiento infiel atraviesa su mente.
El pelioscuro está ahí al pie del inicio de
las escaleras, vestido con ropa cómoda y algo holgada, con un curioso prendedor
sujetando los mechones que caen comúnmente sobre su frente dándole un aspecto
demasiado lindo. Yunho vuelve a pensarlo, Jaejoong a veces parece su esposa y es por eso que no puede evitar
aquella sensación incómoda.
- ¿Tendrás cena de negocios? – el
pelioscuro le pregunta con aire curioso.
- No, saldré con YooHwan… - y es justo ahí
cuando el moreno siente de nuevo ese ardor en la boca del estómago y ese calor
sofocante que le corre por la columna vertebral.
- Oh… - el pelioscuro se siente incómodo,
decepcionado. La sonrisa desaparece de sus labios rojos y el intercambio de
palabras se reduce a nada en aquel preciso momento.
Yunho hace una venia y sigue su camino.
Jaejoong vuelve a quedarse atrás.
- ¿A dónde vas con tanta prisa, hyung? – el
morocho llega recién, con el libro bajo el brazo y una bufanda alrededor del
cuello.
- Voy a salir, tal vez no regrese a dormir,
así que no te… - mira de soslayo hacia atrás, donde el pelioscuro se ha quedado
inmutable al pie de las escaleras… - no se preocupen si no llego… - revuelve el
cabello de su hermano menor y sale finalmente de la casa sin prestar atención a
los refunfuños del morocho.
El ardor en la boca del estómago se
incrementa como lo hace el calor quemante en la espalda. Yunho trata de vaciar
su mente, de apartar de sus pensamientos cualquier confusión relacionada a
Jaejoong.
- ¿Has cenado ya, ChangMin ah? – el
pelioscuro cuestiona al morocho con una sonrisa casi maternal. Jaejoong intenta
ignorar el dolor en su pecho.
- Sí, pero no me importaría comer un poco
de pastel Jaejoong hyung… - responde sin mayor requisito. Quiere ignorar
también el sentimiento inconforme y molesto que le zozobra al saber (que tonto
no es) que si su hermano ha salido tan arreglado de casa con intenciones de no
volver es porque se ha de encontrar con alguien muy importante.
Con alguien que le gusta.
Con la misma persona que tiempo atrás le
tenía algo tonto.
*****
Residencia
Park
YooHwan sonrió avergonzado ante la
presencia de Yunho. No sabía si era el tiempo de no verle vestido así
exclusivamente por él, o simplemente el tiempo transcurrido había favorecido su
atractivo, pero estaba demasiado guapo como para evitar el sonrojo de sus
mejillas.
Una primer cita.
Después de siete meses de rompimiento prematuro.
- ¿Nos vamos?
- Sí.
Algo ha cambiado.
¿Qué?
Tal vez.
Tal vez los sentimientos.
Quizá para algunas personas, el amor eterno
no existe.
YooHwan no lo sabe todavía, ni siquiera lo
percibe, su corazón ilusionado ciega sus sentidos. Yunho sin embargo lo
presiente. Los latidos de su corazón van rápido sin duda, hay una sensación
particular de felicidad mientras sus dedos se entrelazan con los de YooHwan. Y
sin embargo.
Jaejoong sigue apareciendo demasiado en sus
pensamientos.
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Mansión
Jung
Habitación
de ChangMin.
“Amantes femeninas:
En el relato de Ovidio para el público
romano, Apolo Febo se burla de Cupido por jugar con un arma
propia de hombres, lo que hace que éste le hiera con una flecha dorada;
simultáneamente, sin embargo, le había disparado una flecha de plomo a Dafne,
haciendo que ésta sintiese repulsión hacia Apolo. Tras una fogosa persecución,
Dafne rezó a la Madre Tierra —o alternativamente a su padre, un dios río— pidiendo ayuda, y
ésta le transformó en un árbol de laurel, consagrado a Apolo.
Castalia era una ninfa a quien Apolo amaba.
Castalia huyó de él y se zambulló en la fuente que había en Delfos al pie del
monte Parnaso, que desde entonces
se llama fuente de
Castalia. El agua de esta fuente era sagrada: se usaba para limpiar los templos de
Delfos y también inspiraba a los poetas.
Amantes Masculinos.
Otro amante masculino fue Cipariso, un descendiente de Heracles. Apolo le regaló un
hermoso ciervo domesticado como compañero, pero Cipariso lo mató
accidentalmente con un pilum cuando éste yacía
dormido entre la maleza. Cipariso pidió entonces a Apolo que hiciera que sus
lágrimas rodasen eternamente. Apolo accedió a la petición transformándole en un
ciprés, del que se dice que
es un árbol representativo de la tristeza porque su savia forma gotitas que
asemejan lágrimas en el tronco...”
- En otras palabras, era como muchos dioses, un promiscuo… - el morocho
dejó el libro a un lado, se sacó los anteojos y talló el puente de su nariz, se
había pasado otra vez horas leyendo.
- Incluso si es algo que ya sabes…
El morocho giró el cuello tan rápido que sintió el tirón de algún nervio.
- ¡Mierda!
- Definitivamente tienes la mala costumbre de soltar demasiadas palabras
altisonantes.
- ¿Cómo demonios entraste aquí? ¡Con qué derecho vienes a buscarme a mi
casa! – se escandalizó al borde del colapso nervioso.
- Jaejoong me permitió pasar, le dije que al ser tu profesor tenías una
tarea muy importante que cumplir y que por eso estaba aquí.
ChangMin achicó la mirada. No le convencía aquel pretexto y no creía a
Jaejoong tan borde como para tragarse algo así. En otras palabras: había gato encerrado.
- Como sea, qué quieres aquí.
- ¿Te gustaría conocer un lugar especial? Creo que te puede gustar.
- ¿Eh?
- Estoy seguro de que Artemisa encontraría muy familiar este lugar que
quiero mostrarte.
- Estas diciendo estupideces.
- Seguro que sí… - una sonrisa arrogante y ese descomunal frío doblegando
al morocho otra vez, tan intenso que desfalleció… - No importa el orden en que
resulte, todos tienen que despertar…
Continuará……







