PROHIBIDO SACAR LOS FANFIC DE ESTE BLOG Image and video hosting by TinyPic
Mostrando entradas con la etiqueta Meow! parte 1. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Meow! parte 1. Mostrar todas las entradas

lunes, 1 de julio de 2013

Meow! YS~



Sé que es un tema trillado pero bueh, tuve ganas de escribir algo de esto y ya está ;D además con algo lindo tenía que empezar este mes, que es de nuestro YooSu besho *-----* 



Título: MEOW!
Autora: Felina
Pareja: YooSu (YJ&HM)
Género: Fantasía, Romance
Clasificación: NC-17

~*~*~*~
MEOW!
Parte 1


El chico es alto, de cuerpo atlético y una formidable retaguardia que arrancaba más de un suspiro y atraía más de una mirada –incluyendo mujeres y hombres por igual–, piel clara y cabellos cenizos, ojos en forma de gota con un brillante color chocolate y unos labios gruesos muy suaves a la vista. Él es Junsu, o al menos así fue nombrado por su dueño, y entonces habremos de saber por qué motivo el muchachito de sonrisa inagotable no es dueño de su propia existencia.

--//--//--

Park Yoochun siempre ha sido un niño más bien perezoso, no le gusta particularmente el ejercicio y aunque juega deportes con sus compañeros de escuela, lo hace sin preocuparse demasiado por ganar, perder o ser elegido en primer lugar. Cosas como aquella le tiene sin cuidado y no entiende por qué sus compañeros discuten o lloran por detalles como aquel.

El niño de nueve años tenía cosas más importantes en qué ocupar su mente, como adivinar qué prepararía mamá para la comida o si estaría bien comenzar a dar muestras de lo que quiere para su cumpleaños, ¡y hasta hacerle la lista a Santa! Esas son cosas realmente importantes, y no le implican mayor ejercicio físico, puede pensar mientras toma el desayuno, cuando se aburre en clase, cuando están los cortes comerciales en la televisión o antes de dormir. Sí, pensar definitivamente es mejor que otras actividades físicas.

A Yoochun le gustaba por eso el invierno, el otoño también; porque como los días son frescos o bien fríos, los juegos en la escuela no son tan ajetreados y siempre puede escaparse de ser llamado a jugar si finge congelarse de frío y se resguarda en su chamarra con el termo de chocolate caliente que mamá le coloca siempre junto a la lonchera. Aquella tarde justamente, el niño estaba sentado en el jardín de su casa, viendo a su hermano menor intentar formar un muñeco de nieve. El mayorcito de los Park estaba sentado en la mecedora del pórtico con una taza de chocolate con bombones flotando en la superficie, hacía cinco minutos que él había desistido de participar cuando los guantes se le mojaron y sintió que se le entumecían las manos por el frío. La verdad era que tenía pereza, y su mamá lo sabía pero lo dejaba ser sin reñirle. Por eso mamá era la mejor del mundo, no le obligaba a nada (exceptuando recoger los juguetes cuando los usaba, llevar la ropa sucia al cesto o recoger su plato de la mesa cada que terminaba de comer).

- ¡Hyung! ¡Ven a ayudar~! – La vocecita del menor le llegó fuerte y clara, pero aún así el mayor hizo de cuenta que no lo escuchaba y siguió tomando tranquilamente de su chocolate. Estaba tan calientito y dulce… - ¡Hyung!

- ¡No quiero, YooHwannie! ¡Mejor ven y siéntate conmigo!

- ¡Pero mi muñeco!

- ¡Anda ven! ¡Lo terminaremos luego!

El más pequeño, confiado de la palabra de su hyung, dejó el intento de bola de nieve a medio formar y corrió a sentarse a su lado, esperando que mamá llegara con su taza de chocolate para él, ¡con extrabombones por ser el menor! Y ahí, sentados con la mirada fija en el muñeco de nieve que simplemente no cogía forma, los hermanos Park se quedaron varios minutos hasta que el chocolate se terminó y mamá indicó que se hacía tarde y era mejor entrar a la casa. YooHwan entró primero, pidiéndole a mamá que mañana le ayudara a hacer su muñeco de nieve porque su hyung no quería ayudarle. Yoochun escuchó a su madre prometerle a su hermanito que hyung por supuesto que le ayudaría mañana. El mayorcito quiso respingar, pero la mirada de mamá fue una de esas que él ha aprendido a obedecer sin chistar.

- Vamos Yoochun, también tienes que entrar… - La mujer le sonrió con cariño, mientras miraba a YooHwan sentarse en la estancia y cambiar el canal en la televisión… - ¿No quieres venir?

- Quiero estar un ratito más aquí, umma.

- Cinco minutos solamente, Yoochun… - Ella sonrió y se metió a la cocina, seguramente a preparar la cena porque papá no tardaría en llegar.

El niño entonces levantó la vista al cielo, hoy es luna llena y por eso él quiere estar un rato más fuera, desde su habitación no se ve igual y además le da un poco de miedo asomarse, la altura no le gusta y su cuarto está en la segunda planta. Aunque aún no oscurecía y suaves destellos de tono nacarado se alcanzan a vislumbrar en el horizonte, el cielo estrellado comienza a hacerse presente, y la luna, redonda y luminosa resplandece en el firmamento como un enorme farol encendido a mitad de la noche. Yoochun no está seguro del por qué, pero le fascina.

- Meow~

Escuchó de pronto el maullido y casi por reflejo él replegó su cuerpo de niño a la mecedora.

- Meow~

Sonó de nuevo, más cerca que antes y al mismo tiempo tan agudo y misterioso, que fue como una de esas películas de terror que mamá no le dejaba ver porque luego no podría dormir.

- Meow~

Mucho más cerca y claro, tanto que Yoochun entró corriendo a su casa sin siquiera mirar atrás. Corrió hasta la cocina y se escondió tras las faldas de mamá aferrándose a ella.

- ¿Qué sucede, cariño? – La mujer bajó un poco la mirada, lo suficiente para mirarle y vigilar que nada en la estufa pudiera quemar a su hijo, que imprudentemente se ha aferrado a ella sin aviso alguno.

- N-nada… Nada, umma… – Carraspea con esa vocecita infantil que todavía suena graciosa, y haciéndose el valiente, suelta las faldas de mamá y balbucea alguna excusa para luego salir y unírsele a su hermano en la estancia.

Yoochun todavía sentía la carne de gallina y le daba miedo voltear al patio. YooHwan reía por la caricatura en la televisión y le decía algo pero el mayorcito no podía escucharle. Seguía pensando que ese maullido que escuchara antes había sido muy raro. Además, no le gustan particularmente los gatos.

Cuando llegó la hora de dormir Yoochun prácticamente se había olvidado de lo sucedido. Se lavó los dientes y se colocó el pijama, rezó como mamá le había enseñado y luego se metió a la cama. Se tapó hasta arriba y abrazó su almohada listo para dormir…

- Meow~

Hasta que ese maullido le hizo dar un bote en su sitio y abrir los ojos como platos. El gato misterioso no se había ido a ninguna parte, lo seguía. O eso pensaba el niño. Yoochun respiraba agitado, pero trataba de no tener miedo. Cerró los ojos y comenzó a contar ovejas para distraerse…

- Meow~

Pero ese gato seguía maullando, y se escuchaba tan cerca que le erizó de nuevo la piel.

- Meow~ Meow~ Meooww~~ ¡Yoochun!

El pequeño saltó de su cama y salió despedido de ella cuando notó algo sentarse en sus piernas. Con el corazón en la garganta y la piel pálida del susto, Yoochun alcanzó a tantear el interruptor de la luz encendiéndola. Un niño. Un niño con grandes ojos chocolate y una enorme sonrisa, estaba sentado en su cama, mirándole curioso y sin ropa.

- ¿Q-quién… quién eres tú? ¡Cómo entraste a mi cuarto! – Lo señaló con el dedo acusándolo de pronto de su invasión. Pero el niño sonriente solo ladeó el rostro hacia un lado sin apartarle la mirada… - Llamaré a mis papás y… y entonces ellos van a regañarte.

- ¡Yoochun! Meow~ – El niño sonriente dijo. ¿O ronroneó? Yoochun no sabría decirlo. Y era extraño. Este niño era raro. Y aunque le tuvo miedo al principio, de pronto sentía mucha curiosidad.

- ¿Por qué estás desnudo? ¿Eres huérfano? ¿Estás perdido? ¿No tienes frío?

- Yoochun~ – El niño sonriente ronroneó, y fue entonces que el mayor Park se dio cuenta de las curiosas orejas gatunas que sobresalían entre la mata de cabellos cenizos, y de la cola de gato que se agitaba suavemente a espaldas del niñito.

- ¡Ah! Eres… eres… ¡Eres un gato!

- ¡Neko! ¡Yoochun! Meow~ - El niño sonreía con más alegría y agitaba su cola con fuerza.

- ¿Yoochun? Hijo, ¿estás bien? – El niño escuchó la voz de su madre al otro lado de la puerta. Ante aquel sonido el neko saltó a esconderse debajo de la cama de Yoochun, quien solo atinaba a tratar de respirar adecuadamente o se ahogaría… - Yoochun, por qué está cerrada tu puerta.

- ¡Estoy bien, umma! – Exclamó entonces con el apuro de evitar que su madre fuera a entrar y viera al niño-gato debajo de su cama. ¡Qué iba a decirle!

- ¿Seguro? Cariño, abre la puerta para que pueda cerciorarme.

- Pero estoy bien, umma. Me ha espantado el ruido de un gato pasando por la azotea.

- De acuerdo. Vuelve a dormir, Yoochun… - Aunque la voz de la mujer se escuchaba serena y sus pasos se alejaron suavemente por el pasillo, el niño supo que su mamá estaba preocupada, el tono de voz de las mamás decía tantas cosas.

Cuando Yoochun alcanzó a oír el rumor de la puerta de la habitación de sus padres cerrarse, fue que tuvo valor para agacharse y asomarse debajo de su cama, donde el neko seguía agazapado mirándole fijamente. Esos ojos eran muy bonitos, Yoochun pensó, y pese a que eran de un niño-gato no les tenía miedo.

- Eh… ¿vas a salir? Necesito saber quién eres para que vuelvas a casa.

- Meow~ Neko… - El niño sonriente volvió a decir, saliendo de debajo de la cama gateando, antes de sentarse sobre sus piernas en una imitación bastante acertada de la forma en que lo haría un animal sobre sus patas traseras. La peluda cola se agitó de un lado a otro con suavidad, y por un segundo Yoochun se quedó observando aquel movimiento casi como si estuviera hipnotizado… - Yoochun~

- ¿Por qué repites tanto mi nombre?

- Quedarse. Neko meow~ quedarse con Yoochun.

- ¿Quedarte? Quedarte… ¡Quedarte! No, no, no, no. Imposible. No puedes quedarte conmigo.

- ¡Yoochun! Meow~

- Sí ya sé que soy Yoochun y tú un niño-gato que…

- ¡Neko!

- ¡Lo que sea! Escucha… - El niño bajó el tono de su voz pues seguramente su madre volvería y entonces no podría evitar que entrara si se preocupaba por él… - Escucha muy bien, y sé que lo harás porque tienes orejas de gato y los gatos tienen el oído más agudo que nosotras las personas… - El neko ladeó el rostro mirándole con curiosidad… - No puedes quedarte conmigo. Tú debes… debes tener familia… - El neko agitó la cabeza en negación, agachando el rostro con tristeza… - ¿No tienes papás? – El neko negó otra vez… - ¿Ni hermanos ni a nadie?

- Yoochun… - el neko dijo su nombre una vez más, sonriendo suavemente y mirándole con ojos brillantes. El niño suspiró y se sentó más cómodamente frente al niño-gato, cruzó los brazos y se puso a pensar.

Claramente tenía un problema. Uno que a su corta edad no podría resolver solo. Este niño-gato estaba solo y al parecer estaba bastante decidido a quedarse a su lado. Pero el niño-gato como él tendría necesidades, cosas como comer, vestir, ir a la escuela y todo eso que él hace y sus papás se encargan de darle. Entonces, cómo iba él a darle todo eso al niño-gato si tan solo tiene nueve años de edad, aún ni siquiera está cerca de decir que puede conseguirse un trabajo como papá. Suspiró pesadamente y se rascó la nuca distraídamente. Menudo lío en el que estaba. Pero tampoco podía simplemente echar al niño-gato a la calle, capaz le pasaba algo malo y entonces él se iría al infierno por ser niño malo.

- ¿Qué debería hacer? – Se planteó dejándose caer de espaldas al suelo. Aunque luego se arrepintió porque hacía demasiado frío, así que mejor regresó a la cama. El neko le miraba desde abajo sin borrar esa sonrisa que solo se le esfumó unos instantes cuando le preguntó por su familia. Entonces recordó la desnudez del niño-gato y salió disparado hacia sus cajones y el closet eligiendo algo de su ropa para darle… - Póntela… - El neko miró las ropas y gustoso comenzó a ponérselas, aunque le costó un poco hacerlo correctamente, pero escuchando atentamente cómo Yoochun le explicaba… - Ven, acuéstate conmigo o enfermarás. Tengo mucho qué pensar, de alguna manera tenemos que contarle a mis padres acerca de ti y conseguir que… que te adopten.

Sí, esa solución sonaba perfecta en pensamientos del niño. Y de alguna forma, fue aceptada por sus padres. Aunque cuando Yoochun presentó al niño-gato con ellos, el neko no llevaba orejas ni cola de gato, así que solo parecía un niño extraviado que necesitaba hogar temporal. Sus papás se negaron en un principio, alegaron cosas como tener que llevarlo a la policía, donde pudieran decidir qué hacer con el pequeño. Pero fue difícil conseguir que el niño de ojos en forma de gota soltara a su hijo mayor, así que aceptaron que se quedara unos días, mientras ellos averiguaban todo lo que tendrían que hacer para que las autoridades encontraran a los padres del pequeño.

Varios años después, el neko simplemente se convirtió en parte de la familia, y Yoochun un día simplemente comenzó a llamarle Junsu, lo que le fascinó al neko. Así fue como Junsu comenzó a vivir con Yoochun, aprendió a hablar como los humanos y todo eso que lo hacía parecer una persona más. Aunque no lo era.

--//--//--


Yoochun era ahora un joven universitario bastante jovial, sus padres decían que Junsu le contagiaba toda esa algarabía. Incluso YooHwan lo aseguraba. Él, de cabellos ébano y ojos tan profundos como la noche, aunque cuerpo más bien delgado por la falta de ejercicio, resultaba sin embargo apuesto y seductor a la mirada de cualquiera. Tenía a muchas chicas en la universidad tras de sí, tonteando cada que podían con la esperanza de sonsacarle una cita o algo más. A Junsu aquello no le gustaba, pero había muchas cosas que no le gustaban en su vida, y de todas maneras no podía cambiarlas ni renegar de ellas.

Por ejemplo, a Junsu no le gustaba que la gente lo mirara con aquellos ojos cargados de deseo. Pero él sabe que mucho tienen que ver sus hormonas, él no es un humano –no totalmente–, y constantemente su aroma altera a todos a su alrededor, al menos desde que alcanzó la adolescencia es así. A Junsu tampoco le gusta la forma en que Yoochun habla con las chicas, ni que les sonría demasiado o les hable al oído –aunque el neko siempre podría escuchar claramente, había aprendido en casa de los Park el respeto a la privacidad–. Tampoco le gusta cuando Yoochun tiene que estudiar y no juega con él ni un poco en días enteros, y entonces él también tiene que aplicarse con los estudios aunque le resulte fácil retener grandes cantidades de información, conocimientos le llaman los humanos. Oh sí, a Junsu tampoco le gusta el verano, porque entonces Yoochun no le permite ni de broma dormir junto a él, culpa del sofocante calor.

- ¡Yoochun! – El neko entró en la habitación compartida de la Universidad con su sonrisa habitual, lanzándose a la cama de su amigo (porque ahora lo eran, aunque en el fondo de su corazón Junsu solía considerarle su dueño) y revelando sus aspectos gatunos al instante… - Vamos a jugar fútbol, hace una tarde perfecta.

El pelinegro dejó el manga que leía a un lado para mirar a los ojos a su amigo. Pero apenas unos instantes después sintió ese pinchazo en la boca del estómago que le hizo buscar desesperadamente algo en el cajón de su mesita de noche.

- Estás en… eso… - Murmuró apenas con las mejillas coloradas, atando ese cascabel alrededor del cuello del pelicenizo con prisas.

- Oh, otra vez… - El neko formó una trompetilla con sus labios, cansado de tener que cargar este cascabel al menos un par de días antes de que su aroma vuelva a niveles lo suficientemente imperceptibles para el olfato humano… - No me gusta.

- Pero no tenemos opción, a menos que quieras que cualquiera en la calle se te lance con dobles intenciones… - El pelinegro vio al pelicenizo agitar efusivamente la cabeza en negación… - Al menos tenemos esta opción, los aromas que desprende el cascabel apaciguan el tuyo, y así la gente puede estar alrededor de ti sin que tengamos que preocuparnos por tu castidad.

- De todas maneras me gustaría dejar de usarlo…

- Cuando encuentres alguien con quien… tú sabes… eso… - El pelinegro carraspeó varias veces visiblemente incómodo con el tema. Además, no le agradaba totalmente la idea de que Junsu tuviera que aparearse con alguien para que parase el efecto sobre los humanos, aunque naturalmente el neko continuaría teniendo sus períodos de celo con el mismo ritmo.

- ¿Y si ya lo encontré?

- Tendrás que conquistarla entonces y… ¡Espera! ¿Dijiste “lo”? Qui-quieres decir… te gusta… ¿un hombre?... – El neko asintió… - Oh, eso… no me lo esperaba.

- ¿Ya no te agrado?

- ¿Qué? ¡No! ¡No se trata de eso, Junsu!

- No sé cómo conquistarlo, Yoochun. Pienso que a él no le gustan los chicos, coquetea comúnmente con chicas… - Murmuró con la mirada gacha, jugando interesadamente con los hilillos del borde de su pantalón desgastado.

- No te creas de todo lo que ves, hay hombres que coquetean con mujeres y en realidad les van los de su mismo sexo. Y hay chicos también que pueden parecer todo lo hetero posible pero resulta que batean para el otro lado, como ChangMin por ejemplo.

- Él se ve muy bien con Hayami, pero ellos pelean todo el tiempo y tienen una relación extraña. A mí me gustaría más tener una como la de Jaejoong hyung con Yunho hyung… - Comentó alegremente el neko, agitando su cola con vehemencia y levantando sus orejas en muestra de regocijo, con sus brillantes ojos chocolate clavados en su amigo.

- ¿Quieres que te mimen, eh? Y que te traten como una princesa comprándote todo lo que te gusta, llevándote de compras y todo eso que Yunho hace para Jaejoong… - El pelinegro se burló de su amigo, pensándolo demasiado tierno, muy él a decir verdad.

- Sobre todo quiero que me tomen de la mano sin que le importe lo que digan las personas, que me ame por quién soy… - El neko volvió a bajar el rostro con aire apesadumbrado. Sus orejas cayeron también y su cola dejó de agitarse.

- Que seas… diferente, no hace que sea imposible enamorarse de ti, Junsu ah… - El pelinegro quiso consolarle, acercándose para abrazarlo suavemente. Él mejor que nadie sabe que ha sido difícil para Junsu integrarse en la sociedad, esconder sus rasgos gatunos cuando sale de la habitación, ocultar parte de sí por temor a ser rechazado e incomprendido.

- Yoochun ah, ¿quieres enamorarte de mí?



Continuará……