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domingo, 17 de noviembre de 2013

Capítulo 5 NINE TAILED FOX



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CAPÍTULO 5. ENTRE MIEDOS Y ANHELOS
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...

Departamento de Park Yoochun

– Oye, Junsu ah… – El pelinegro carraspeó nerviosamente, tratando con todas sus fuerzas de ignorar las palabras que acababa de escuchar, de convencerse de que había sido una mala jugada de su mente.

¿Cómo iba a ser posible que el zorro tuviera aquella clase de sentimientos por él? Mucho, tenía mucho que pensar y muy poca disposición al mismo tiempo, nunca le han gustado esta clase de retos mentales, para él es más fácil todo tipo de relación convencional. Gustarle a un chico está fuera de límites, aún más si el chico en cuestión es un Gumiho que se ha pegado a su vida de maneras tan inimaginables. No es que él sea homofóbico, nada que ver –que tiene bien conocida e identificada la preferencia sexual de su amigo Yunho, y Hayami ni se diga, él es tan transparente que prácticamente lo pone en su identificación oficial–; tampoco es que sea la primera vez que se sabe objeto de interés de un varón. Venga, que él es popular entre chicas y chicos, más entre el primer grupo que el segundo.

– Yoochun ah… – El pelirrojo agita la mano delante del rostro del pelinegro, arrodillado en el sofá con el torso erguido para alcanzar la altura del otro. Le ha llamado la atención que le nombrara pero no dijera más nada.

Por un instante el corazón se le había paralizado al zorro de ojos avellana, temeroso de que el pelinegro le hubiera escuchado. Había saltado en su sitio y prácticamente se le erizó el vello de la piel como mera respuesta fisiológica ante la sorpresa y el miedo. Tras echar la cabeza hacia atrás y mirar al pelinegro, la expresión ida de éste le hizo dudar de lo que realmente estaría pasando por la mente del muchacho. Junsu pensó entonces que era probable que haya pasado algo realmente increíble con la chica de nombre SeNa que acababa de llamarle.

Cuando Park enfocó la mirada y se encontró con el rostro sereno del zorro, el corazón le latió de prisa y el estómago le dio un vuelco. El Aliento en su pecho parecía complacido por las reacciones de su cuerpo, mientras que su mente le latigueaba con pensamientos de negación.

– Yoochun ah…

– ¿Cuándo tomarás tu Aliento de vuelta? Realmente necesito hacer mi vida con normalidad otra vez.

Aquellas palabras casi le saben a él mismo a traición. ¿Era esto lo que francamente había querido decir? No, él está seguro de eso. Pero también sabe que hay demasiadas cosas sucediendo y ponen su mundo de cabeza. Todas y cada una de esas cosas novedosas irrumpiendo en su vida antes perfectamente organizada en caos, estaban volviendo de sus días un infierno de inquietudes y temores, de sensaciones desconocidas que sacudían todos sus sentidos.

– Lo tomaré tan rápido como pueda, pero no aún Yoochun. Perdóname por hacer tu vida tan miserable… – El zorro dijo con voz baja, apagada a oídos del pelinegro. Abandonó el sofá y anduvo de nuevo hasta su habitación encerrándose ahí con un dolorcito aguijoneando en su pecho.

¡Maldición! – Park bufó por lo bajo, se golpeó la frente y largó un suspiro pesado.

No era esto lo que pretendía. Ya había notado que la actitud pasiva de Junsu le hacía sentir incómodo, culpable quizá. El pelinegro miró el iluminado pasillo hacia las habitaciones y notó que una fuerza superior a él arrastraba a sus piernas en la dirección de la recámara que ya antes había designado al zorro. Su mano también actuó por cuenta propia llamando a la puerta. Junsu abrió un momento después, la expresión entristecida de sus pupilas avellana volvió a apretujarle el corazón.

– N-no es que hagas mi vida miserable.

– Ansías que me aparte de ti.

– Tampoco es eso. Bueno, no exactamente. Yo… no sé, Junsu. Desde que apareciste en mi vida he hecho tantos cambios que siento vértigo. No puedes entenderlo porque no eres humano…

– Quiero serlo, pero incluso tú has dicho que no seré realmente humano, que se nace siéndolo. No te preocupes Yoochun ah, cuando sane tu cuerpo, en un par de días a lo mucho, habré desaparecido.

– Junsu…

– Buenas noches, Yoochun ah. Sueña con la chica que quieres y descansa.

Una sonrisa forzada, demasiado floja y sin vida. Eso fue lo que el pelinegro contempló cuando el zorro cerró la puerta de la habitación. Y aquél acto se sintió como si se le hubiese cerrado el mundo mismo.

¿Qué está pasando conmigo?


Departamento de Jung Yunho

Se siente como una necesidad vital de su organismo. El moreno quiere que el zorro de ojos negros le hable con la verdad. Pero Jaejoong permanece ahí, con su semblante gélido sentado en la estancia, mirándole tan profundamente que, si Yunho fuera cualquier otro chico fácil de intimidar, habría buscado cambiar de tema de inmediato. Pero no lo haría. Si el silencio presidiría a alguna charla que aliviara la inquietud de todo su cuerpo activándole las alarmas de su subconsciente, entonces lo soportaría estoicamente.

– ¿Qué te ha dicho Min Woo?

Su pregunta suena a demanda, la frialdad de sus ojos no cede ni un ápice. Yunho respira hondo, trata de serenarse y evitar que aquella mirada haga estragos en su propio autocontrol.

– Que estuviste enamorado de él hace doscientos años. Que te traicionó y es la razón por la que desconfías de los humanos.

– ¿Te ha entregado algo? ¿Te ha pedido algún favor?

– No.

Yunho miente con alevosía, por alguna razón presiente que es mejor no contarle nada acerca del Llanto de Zorro que guarda en el cajón de la mesita de noche en su habitación. Jaejoong le escruta con la mirada, el moreno se la sostiene y reza internamente porque no se percate de su pequeña mentira piadosa.

– Quiero saber de tu propia voz lo que sucedió entonces, Jaejoong ah.

– No tengo un motivo para hablarte de eso.

– Te lo pido, te lo imploro Jaejoong. Cuéntame.

El zorro de ojos negros sintió la forma en que sus cejas se curvaron ciñéndose al centro. Estaba frunciendo el ceño. Hacía tanto que no sentía esa caldeante sensación que le sube desde la boca del estómago. El recuerdo vivo quemó en sus memorias peor que brasas en la hoguera. No, lo que menos quiere es tener que hablar de aquellos sucesos con un completo extraño.

– Escúchame bien Jung Yunho, has sido hasta ahora un anfitrión ejemplar. Sigues con vida porque tienes el alma pura, pero no intentes ni una sola vez más tratar de saber sobre mí. No te importo y no me interesa en absoluto hablarte acerca de mí. Mantén tus narices fuera de mi vida.

La rudeza y la frialdad con que le brotaron las palabras de la garganta podrían haberle sonado a él mismo ajenas a su forma de ser. Este era el Gumiho hablando desde las entrañas de su alma, el zorro herido en un corazón que todavía tenía las grietas demasiado frescas, que sangra finas gotas de líquido carmín todos los días.

Jaejoong se levanta y abandona la estancia. Yunho suspira, ha sido más difícil de lo que pudo imaginar. Pero no retrocede. Ha decidido ser un humano en el que pueda confiar, y esa confianza ha de ganársela. ¿Cómo? No tiene ni jodida idea, pero lo conseguirá.

Al menos no se fue de la casa. Tendría más apuraciones si hubiera hecho eso. En cambio se ha internado en la habitación. ¿Significa que aún habremos de compartir la cama?

El pensamiento le ruboriza. Desde que el zorro de ojos negros llegó a su vida aquello se ha sumado a la rutina. No son demasiados días los que han transcurrido, pero casi se siente como si estuvieran en el tiempo multiplicados a la quinta potencia. El primer día fue simplemente porque el pretexto de sus problemas lumbares había sido lo suficientemente válido para su moralidad. El segundo día porque el de ojos negros lo había arrastrado jurándole un masaje relajante. Luego simplemente se había dado natural.

Entonces, ¿Jaejoong no le guardaba rencor pese a que había traído a colación su pasado con Min Woo? ¿Le esperaría en su cama con suficiente calidez como para sentir que no está solo?

Qué tanto estoy pensando ahora.

No, esa noche Yunho no se sintió con la valía ni la confianza suficiente como para llevar su humanidad a su recámara. Esa noche quiso darle su espacio a Jaejoong y esperar que la mañana siguiente el sol simplemente iluminara su día.


Mokomichi Hayami estaba feliz de que fuera fin de semana. Era el pretexto ideal para llevar al zorro de ojos oscuros al Mall. La noche anterior le había prometido encontrar un nombre digno de su presencia y personalidad, se había pasado las horas en vela consultando en la web todas las posibles combinaciones de nombres tanto nacionales como extranjeros. Por la mañana, mientras tomaban el desayuno le consultó acerca de ello, si prefería un nombre coreano o tal vez de otro país.

– Me da igual.

Esa fue la escueta respuesta del arisco zorro. El japonés sonrió abiertamente, no había esperado otro tipo de contestación.

– Te he observado meticulosamente, ¿sabes? – Dijo, y las mejillas del zorro se bañaron abruptamente de carmín… – Tienes facciones totalmente coreanas, por donde te mire. Así que entonces pienso que un nombre coreano sería apropiado para ti.

– Seguro ya lo tienes en mente.

– ChangMin. Me gusta ese nombre para ti.

– ¿Por qué? – Quiso saber, pero el japonés encogió los hombros mientras servía algnos panqueques en la mesa.

– Cuanto más nombres leía menos me gustaban. Pero leí ese e inmediatamente tu imagen me vino a la mente. Esa cara tuya moteada de rubor me fruncía el ceño, y supe que había encontrado tu nombre.

– Baka… – El zorro le gruñó, sonrojándose a más no poder y llenándose la boca de pastelillo para no soltar más palabras que aquella.

Hayami le sonrió tranquilamente. Sus mejillas tostadas también estaban sonrojadas, motivo suficiente para que el zorro se sintiera algo más seguro, menos expuesto quizá.

– Vamos a darnos prisa, mientras más temprano salgamos, más tiempo podremos pasar juntos en la ciudad.

El zorro de ojos oscuros estuvo tentado de decirle que no hablara de aquella manera. Ni que fuesen a tener una cita, fue el reclamo mental. Pero apenas hubo consciencia suficiente en su cabeza para procesar el significado de la palabra cita incrustada en la frase, el zorro desistió de su intención. Por alguna razón no parecía tan descabellado.

…………………………………

A ChangMin no le gustaba mucho nada en torno a los humanos, pero tal vez ser hermano de Junsu tenía algo de culpa de que él actuara de esta manera alguna que otra vez. No es para nada sentimental como sus hermanos, pero las sensaciones cada vez más evidentes en su cuerpo estaban poniendo sobre aviso a su instinto zorruno. Sigue teniendo la necesidad de aparearse, y Hayami era el macho alpha ideal entre los humanos.

Queriendo sacarse de la cabeza aquellos pensamientos, optó por hacer el vago en el centro comercial. Mokomichi buscaba accesorios de cocina, y él le seguía con semblante aburrido, notando el crujir de sus tripas un par de horas más tarde.

– Déjame adivinar, necesitas comer porque conservar tu apariencia consume tus energías… – El japonés le sonríe casi burlón, pero algo en su forma de mirarle le hace ver que no es sorna malintencionada.

– ¿Qué tan difícil sería que consiguiera un empleo?

– ¿Tú, un empleo? – El zorro asintió… – No lo sé, no tienes documentación alguna, y en todo sitio honesto por mínimo te pedirán credenciales oficiales y alguna información sobre formación profesional. ¿Para qué necesitas dinero?

– No quiero que me mantengas. Así que si tengo hambre siempre tengo que esperar a que tú me alimentes, no es que sea una mascota que espera a que su dueño le dé de comer.

– Por si las dudas, quiero asegurarte que nunca me ha pasado ese tipo de pensamiento por la mente, ChangMin.

– Sé que no… – Gruñe, más por inercia que por alguna otra razón. Este humano idiota es demasiado honesto, transparente, lindo. Encantador.

– Qué te parece si averiguamos sobre eso después de merendar algo

– ¿Te gusta alguien?

– ¿Eh? ¿A qué viene la repentina pregunta?

– Tengo curiosidad.

– Pensé que esos rasgos los tendría solamente tu hermano Junsu… – Hayami dijo con una sonrisa, el zorro frunció el ceño y gruñó… – No me gusta ningún humano. Pero hay un zorrito lindo que ha comenzado a poner mi mundo de cabeza.

Mokomichi dijo con demasiada soltura. ChangMin sintió cómo se le calentaban de nuevo las mejillas y apresuró sus pasos queriendo evadir el momento. Escuchó al japonés reír a sus espaldas. Otra vez esa clase de risa burlona sin malas intenciones que hacía palpitar su corazón como potro desbocado.

Comieron hamburguesa y pizza. Vale, ChangMin lo hizo por los dos, porque Hayami no tenía hambre y solo le acompañó pinchando algunas papas con salsa de tomate y sorbiendo de su soda sin quitarle la vista de encima. Había sido una comida bastante extraña, por un lado estaba avergonzado, por el otro molesto.

– Para de mirarme así.

– ¿Por qué? ¿Te pongo nervioso?

– Sí. Y haces que me brote el impulso demoniaco.

Hayami alzó los brazos en señal de rendición, masticó otra papa y dirigió su mirada fuera del local. Por supuesto nada era lo suficientemente interesante, pero le dio en el gusto a su zorro. Sin embargo, aquella desatención que exigió el zorro de ojos oscuros estaba teniendo el efecto que menos había predicho. Seguía molesto, pero justamente porque no era centro de atención del japonés.

¡Joder! Qué mierda sigue haciendo este estúpido humano conmigo. Quizá si me apareó con él esto termine. Pero tampoco quiero simplemente seducirle. ¡Maldición!

Su hilo de pensamientos sigue y sigue, se entreteje en redes revoltosas que le hacen sentir incómodo y ansioso. Se revuelve en su sitio y devora lo que le queda de comida con más velocidad de la requerida. Pide la cuenta y fingiendo desinterés pincha el hombro de Hayami para indicarle que se haga cargo. El japonés se dirige a la caja y asume el gasto usando una de sus tarjetas de crédito. Sí, el zorro de ojos oscuros no se había equivocado, este tipo tenía tal solvencia económica que probablemente se considere rico entre las esferas de la sociedad.

– Listo. ¿A dónde quieres ir ahora?

– No lo preguntes como si estuviéramos en una cita, baka.

– Claro que no, una cita sería si te lo hubiese pedido y tú la aceptaras. Lo cual presiento que no harías, ChangMin.

– ¡Por supuesto que no!

Riendo, Mokomichi comenzó a andar por los pasillos hasta las escaleras eléctricas que llevan a la segunda planta. Desde que llegó tenía curiosidad por visitar una tienda en particular.

– Espera aquí.

– Mh… – ChangMin ladeó el rostro sin comprender. Pero hizo caso, le esperaría un par de minutos y si no salía de esa tienda a la que acababa de entrar seguramente para comprar un peluche para… ¿algún sobrino tal vez? Ni idea, pero si no regresaba pronto se largaría sin él.

Pero ni bien pasó un minuto, Mokomichi estaba de regreso, con aquel peluche de gran tamaño bajo el brazo. Tenía forma de una pierna de pollo asada. A ChangMin le dio un tic en el ojo cuando el japonés se lo extendió.

– Para ti. Sé que no es para nada romántico y que probablemente justo ahora estés imaginando mil formas tortuosas de hacer pagar mi atrevimiento por hacerte un regalo tan carente de sentido común…

– No tienes idea, Hayami no baka… – Siseó entre dientes.

– Piénsalo de esta manera, cada que tengas ganas de matarme, puedes estrujar este peluche y hasta darle algunas mordidas.

– ¡Es que eres estúpido! ¡Cómo voy a morder ese estúpido peluche, Hayami no baka! – A ChangMin entonces comenzó a palpitarle la venita en la sien. El japonés sonrió apenas ligeramente divertido, pateándose mentalmente por haber tenido la peor idea de toda su vida. En serio que este chico estaba atrofiándole las neuronas y le estaba volviendo idiota.  

La gente que caminaba por el pasillo del centro comercial se los quedaba mirando y murmuraba por lo bajo muchas cosas. El zorro escuchaba todas y cada una de ellas gracias a su oído súper desarrollado. Sin embargo, hubo una sola cosa que le hizo controlarse, o al menos interrumpir su supuesta ira.

– ¿No tienes la impresión de que son unos amantes sosteniendo una discusión?

ChangMin abrió los ojos de par en par y notó sus mejillas entibiarse. ¿Estaba sonrojándose? Volvió la mirada a un lado, como buscando el origen de aquellas palabras, pero solo veía gente pasar. Luego volvió su atención a Hayami, lucía lindo, a falta de otro adjetivo para su cara ruborizada con aire idiotizado.  

– Vámonos.

– Seguro.  

ChangMin comenzó a andar. El peluche seguía en manos de Mokomichi, y como ya había gastado en ello pues lo llevó consigo. Sin darse cuenta siguió al de ojos oscuros en silencio hasta el parking, donde abordaron su auto y emprendieron el camino de regreso a casa. Antes de subir a su apartamento, el japonés decidió que era mejor deshacerse del motivo de la molestia del zorro.

– ¿Qué haces?

– Esto…

– Eso es mío, no te atrevas a tirarle, Hayami no baka… – ChangMin arrebató el peluche de manos del japonés y siguió camino dentro del edificio hasta el departamento de su humano.

– Se siente como si hubiera hecho algo bueno… – Murmuró para sí, viendo el perfil del zorro y sorprendiéndose de la suave sonrisa en sus labios, además de ese brillo en sus pupilas oscuras que parecían reflejar emoción. Tal vez después de todo su obsequio carente de sentido común y bastante antiromántico sí había causado algún efecto en el interior del zorro lindo.


Departamento de Park Yoochun

Aunque aquella noche se supone tendría una cita con Hong SeNa, el pelinegro había decidido hacer las paces con Junsu antes de marcharse. Así que había comprado algunas botellas de soju y llamado al pelirrojo al balcón. Aquella parte del departamento era la más bonita, las plantas alrededor y la suerte de comedor al aire libre casi hicieron que la tensión y la tristeza dejaran su cuerpo.

– Junsu ah, quiero disculparme por cómo me he portado. Es solo que es difícil asimilar todo esto, tu sola existencia.

El pelirrojo sonrió suavemente a las palabras del pelinegro. Él sabe que no debe culparle, pero así como para Park es difícil tenerle en su vida, lo es para el zorro ahora abandonarle.

– ¿Qué es lo que has traído? – Cuestiona con aire curioso y se sienta frente al pelinegro olfateando como auténtico cachorro las botellas sobre la mesa caoba.

– Es una bebida que usan los amigos cuando deciden borrar los rencores. También se usa para celebrar o para ahogar pesares… – El zorro de ojos avellana ladeó el rostro como queriendo comprender el sentido de sus palabras.

– Sé lo que es, aunque nunca lo he tomado. Mis hermanos dicen que no tiene sentido beber algo que atonta nuestras capacidades.

– Entiendo. Bueno, hay sodas en la nevera así que supongo que podemos cambiarlas…

– Eso dicen mis hermanos, pero yo quiero probar con Yoochun ah… – El pelirrojo dijo con entusiasmo, y al instante ya estaba destapando una de las botellas probando el líquido. Un mohín de displacer se dibujó en su expresión… – No es nada delicioso~ – Pucheó. Y aquel simple gesto fue el alicante para toda la desazón que había atormentado el pensamiento del pelinegro desde el día anterior.

– Es porque no estás acostumbrado… – Park señaló riendo honestamente divertido.

– ¿A ti te gusta? – El pelinegro asintió vigorosamente… – Está bien, si a ti te gusta… – Entonces El zorro llevó de nuevo la botella a sus labios, el líquido fue desapareciendo minuto a minuto en su garganta.

Más tarde, Yoochun prácticamente se arrepintió de haber instado a Junsu a beber. Las mejillas rojas y la sonrisa boba que adornaba su cara le hizo saber claramente que se había embriagado.

– Pensé que al ser Gumiho el efecto del licor no surtiría igual que con los humanos.

– Yoochun ah~ me siento extraño.

– Lo sé. Vamos, lo mejor será entrar.

– ¡Oh! Ella está aquí…

– ¿Ella? ¿Quién?

– Al parecer ha intentado llamar a tu móvil, pero lo has dejado en el bolso de la chaqueta que traías, así que no lo has escuchado. Y yo no quise decirte porque no quería que te fueras tan pronto.

Park trató de hilar las palabras del pelirrojo, entonces miró la hora en su reloj de muñeca y se percató de lo tarde que era ya. Su cita con SeNa había comenzado hace al menos treinta minutos.

– ¡Rayos!

– Yoochun ah… – El pelirrojo le llamó antes de que el pelinegro se marchara… – Yo quiero ser humano, pero incluso si llego a serlo seré un chico, no una chica. Por eso, no quiero que me odies por el dolor que mi Aliento te causa cuando piensas en ella o porque estás a su lado.

– ¿Qué es lo que estás diciendo ahora?

– ¿Oppa…?

Se escucha el llamado en la voz femenina de SeNa y Junsu sube al borde del edificio. A Yoochun le da un vuelco el corazón y se pone pálido de miedo.

– Me iré antes de que Ella sepa que estoy aquí. Aunque Ella en realidad no me agrade, yo quiero que Yoochun sea feliz. Yoochun ah, Te Quiero.

¿Oppa…?

– ¡Junsu! – Park estiró su mano pero fue demasiado tarde, no pudo impedir que el pelirrojo saltara. Con el corazón martillándole dolorosamente contra el pecho dio media vuelta y corrió fuera.

Pasó incluso a lado de SeNa pero le ignoró. No precisamente porque lo quisiera, sino simplemente porque en aquel preciso instante sus sentidos no registraron la presencia de la muchacha. Todo lo que podía pensar era que Junsu se había lastimado, que podría…

– ¡Junsu!

– ¿Qué sucede, Yoochun? ¿Enfermaste repentinamente? Estás tan pálido… – Sin que se le borrase la boba sonrisa o disminuyera el rubor de sus mejillas producto del licor, el pelirrojo se percató al segundo de la expresión del pelinegro apenas le vio.

– ¡Qué demonios pasa contigo! ¡Estás idiota o qué! ¡Cómo se te ocurre saltar desde ahí arriba! ¡Podrías hacerte daño! – Exclamó claramente enfadado. Un enfado que disfrazaba la angustia, el miedo tan sofocante que le asaltó de tan solo imaginar que le sucedía algo malo.

– Pero Yoochun ah, ¿ya lo has olvidado? No soy humano, soy un zorro. Incluso si mi Aliento sigue contigo, no va a pasarme nada malo… – Le sonrió y hasta se permitió mostrarle que su cuerpo estaba intacto, sin más rastros de su atrevido salto que un poco de polvo en las palmas de sus manos cuando se apoyó al estabilizar la caída en el suelo.

– Me has preocupado aún así, idiota… – Entonces el pelinegro le abrazó, fuerte y cálido. A Junsu aquel gesto le tomó totalmente desprevenido. De hecho para el propio Park su acción era sorpresiva, pero algo que simplemente había necesitado hacer. Estrechar entre sus brazos al zorro y sentirle cerca. Como si así pudiera asegurarse de que realmente no le hubiera pasado nada malo.

– Lo siento… – Atinó a decir, un poco mareado entre sus brazos. Un minuto después el sonido de los tacones de SeNa le despertó de su letargo… – Yoochun ah, SeNa-ssi te busca. Ve con Ella.

¿Yoochun oppa?

El pelirrojo se apartó, y aprovechando que el pelinegro se giró para atender el llamado de la chica, él usó su súper velocidad para marcharse de allí y dejarles a solas. El pecho le dolía, pero no tenía más opción que esa.

Cuando los ojos brunos se encontraron con la silueta femenina no estuvo ahí la emoción que pudo experimentar incluso días antes. No, ahora todo lo que podía pensar era en lo que Junsu le había dicho.

–…Aunque Ella en realidad no me agrade, yo quiero que Yoochun sea feliz. Yoochun ah, Te Quiero.


En un Parque cercano al departamento de Yunho, Junsu esperaba a que su hermano llegara. Cuando Jaejoong se dio cuenta del estado de su hermano suspiró. No hubiese imaginado que el zorro en estado de embriaguez inspirase tanta ternura.

– ¿Por qué estas así, hermano?

– Yoochun me invitó. Hyung, en dos días será luna llena. En dos días el cuerpo de Yoochun habrá sanado también por completo. No sé qué hacer, aunque quiero ser humano y pienso que ser amigo de Yoochun sería suficiente, también creo que estoy engañándome enormemente. ¿Abandonaste tu sueño de convertirte en humano porque Min Woo hirió tu corazón? ¿Debería renunciar igual que tú a mi deseo?

El zorro de ojos oscuros tragó hondo. Las palabras de su hermano eran incluso inocentes, pero a él le hacía recordar las mismas memorias que Yunho desenterró al mencionar al hombre que una vez amó.


Continuará……

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Capítulo 4 NINE TAILED FOX

Bueno, este es el último capi re-editado xD así que a partir del próximo serán capis totalmente inéditos (?)



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CAPÍTULO 4. DILEMA
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...

Universidad de Seúl

Yunho no ha conseguido concentrarse en más nada durante toda la mañana. Se ha saltado incluso la primera clase por estar escuchando el relato de este hombre que se presentó como Min Woo. Así sin más, sin ningún otro objetivo que hablarle acerca del Llanto de Zorro que le ha entregado. La pequeña cápsula descansa ahora en el bolsillo interno de su saco. No está seguro del por qué lo ha aceptado, no es que conozca de mucho a este chico de ojos negros que se hospeda en su departamento como favor por su amigo Yoochun, ni mucho menos que pueda evitar sentir ese impulso de protegerle.

– Pero ni siquiera le he dado un nombre. Es decir, no es que pueda simplemente dárselo, pero estar refiriéndose a él como zorro está fuera de límites ahora y siempre. Si quiero entender realmente todo lo que está pasando, necesito ser su amigo. Un amigo de verdad, no solo un anfitrión amable. Y preguntarle por su propia versión. Si Min Woo fue su... amante, quiero saber desde su perspectiva qué sucedió hace 200 años.

Yunho murmuraba por lo bajo, sumido en sus pensamientos y absorto del mundo no se percató de más nada, del tiempo o de otros alumnos y profesores que le pasaban por un lado. Sentado en una banca no se percató tampoco del vibrar de su móvil o del calor que comenzó a levantarse cuando el reloj marcó más de las diez de la mañana. El moreno suspiró y cargándose el bolso al hombro se puso en pie y comenzó a andar, no hacia sus clases, sino de regreso a su departamento. Necesitaba hablar con el zorro de ojos negros. Una necesidad que no podía alargar. Saltarse su día de clases en la Universidad hoy era imprescindible, aunque la responsabilidad fuese uno de sus valores más arraigados. 

………………………………
Centro de la capital

Abstraído por las novedades que le ofrecía la ciudad, Junsu convenció a sus hermanos de que salieran a pasear ese día ya que no tenían nada qué hacer, y él honestamente lo que menos quería era pensar en Yoochun.. La mañana se fue así entre algarabía y asombro por parte del pelirrojo, el hastío y la apatía del menor de los tres, y la prudencia del de ojos negros.

– Sus humanos deberían darles un nombre también. A mí me gusta que Yoochun ah me llame “Junsu” cuando habla conmigo… – Comentó casi con aire distraído, mirando alternadamente una tienda de mascotas y otra de peluches en la plazuela a que han llegado a media tarde.

– ¿No se supone que no querías hablar de ese malagradecido? – El zorro de ojos oscuros cuestiona de mala gana, resopla y mira distraídamente unos aparadores en una tienda de instrumentos para la cocina. Piensa en el japonés y se pregunta qué estará haciendo en ese momento, si también ocupará algún espacio en su mente para pensarle mientras no se ven.

Junsu suspiró… – No puedo evitarlo, Yoochun ah es importante para mí, quiero que me mire como mira a esa chica que le ha visitado. Quiero gustarle, pero no hay acciones en él que me hagan pensar que lo hará.

– ¿Entonces para qué quieres ser un humano? No lo entiendo, hyung.

El de ojos avellana bajó la mirada, jugueteó con el borde de una cortina de olanes expuesta en la tienda por la que han pasado. El de ojos negros miró a sus hermanos, cada uno tenía sus propias ideas y comprendía de forma diferente la estancia en este mundo. El zorro mayor optó por cortar el tema, no quería una confrontación entre sus hermanos ahora, y presentía que el zorro menor podría ser imprudente.

– Vamos a volver ya a nuestros respectivos hogares temporales. Podemos volver luego para que decidas qué quieres mirar, Junsu ah.

– Sé lo que quiero mirar, hyung. Lo que no sé es si Yoochun ah estará de acuerdo en tener mascota en casa, o si sería mejor solo tener un peluche.

– Ninguna de las dos cosas debería ser una opción en tu cabeza, hyung… – Se quejó el de ojos oscuros… – Ni siquiera tienes dinero para comprar ninguna de las dos cosas. Y por el geniecito que se carga tu humano, dudo mucho que vaya a querer cualquiera de las dos.

El pelirrojo pucheó y pateó el suelo con aire berrinchudo; al menos por un instante su personalidad infantil resurgió. Luego suspiró y resignado se encaminó hacia la calle para tomar el camino de vuelta al departamento del pelinegro. Sus hermanos caminaron junto a él en silencio. Estaba cada uno metido en sus propios pensamientos.

– Hyung, ¿vas a decirme qué necesito para convertirme en humano de verdad?

– Paciencia, Junsu. Te lo explicaré todo cuando sea luna llena. Entonces tendrás todo un mes para conseguir tu cometido, cuando otra luna llena se haga presente en el firmamento. Por ahora pienso que es mejor tomar las cosas con calma, volvamos a nuestras casas.

El de ojos negros omitió mencionar el hecho de que se sentía inquieto, tenía un presentimiento más allá de esta situación con su hermano. El pelirrojo quiso replicar, pero en este punto sabía que los reclamos no servirían de nada. El ritual no iba a ser alterado solo porque él ansiara ser humano de inmediato. El zorro de ojos negros suspiró mirando hacia el cielo claro, no hay nubes y los rayos del sol caen con energía sobre la ciudad, encandilándoles incluso la mirada. El zorro mayor recuerda un poco cuando estuvo dispuesto a renunciar a su condición sobrenatural, el proceso es literalmente doloroso, una muerte tras otra por cada cola perdida. No quiere que ninguno de sus hermanos pase por esto, pero sabe que es tarde. Junsu está decidido.

– He estado pensando. No podemos estar sin hacer nada durante todo este tiempo. Debemos encontrar la manera de apoyar a los humanos que nos cuidan, encontrar un trabajo aunque no tengamos credenciales que nos identifiquen.

El de ojos oscuros sintió de pronto que su comentario había caído en saco roto pues ninguno de sus hermanos mostró reacción alguna. Estaba por repetir lo dicho cuando el mayor dijo algo sobre encargarse del asunto, pero pronto los tres volvieron a quedar en silencio mientras caminaban de vuelta a sus respectivos sitios.

………………………………
Departamento de Park Yoochun

Cuando el pelirrojo llegó hasta aquí se dio cuenta de que los pies le punzaban en la planta, se sentían calientes y un dolorcito le subía por las pantorrillas hasta los muslos y la espalda.

– ¿Esto será a lo que los humanos llaman cansancio? Quizá fue mala idea caminar para todos partes durante toda la mañana, además como no teníamos mucho dinero no pudimos comer antes de volver aquí… – Un tierno pucherito brotó en labios del pelirrojo… – Todo porque nuestro hermanito come como si aún estuviera en desarrollo… – Rió bajito mientras se tallaba las plantas de los pies y daba algunos apretoncitos alrededor del empeine queriendo aliviar la sensación de cansancio… – ¿Yoochun ah tardará en volver? – Murmuró, reposando sus pies sobre el piso de madera, suspirando casi aliviado al sentir el contraste de temperaturas entre lo fresco del liso piso y lo caliente de sus pies.

Luego escuchó el sonido de la puerta al abrirse y cerrarse e instintivamente agudizó sus oídos. Naturalmente debía tratarse de Yoochun, pero por el simple hecho de no haber sentido su Aliento cerca ni reconocido el aroma del pelinegro, él supo que no podía tratarse de su humano. Así que sigilosamente avanzó hacia el pasillo de entrada listo para defender el territorio de su humano de cualquier extraño que quisiera robarle. O lo que sea.

Pero dudaba mucho que la mujer delante de él fuera una ladrona. O algo.

– ¿Y tú quién eres? ¿Qué haces en casa de mi sobrino?

– ¿Mh? ¡Ah! Usted debe ser Min Hee-ssi, la Tía de Yoochun ah… – El pelirrojo sonrió tímidamente. Esta es la primera vez que se encuentra con algún familiar del pelinegro y por alguna razón quería dar una buena impresión.

– Sí, pero no sé quién eres tú.

– Me llamo Junsu… – Dijo. Y al hacerlo se dio cuenta de que se sentía maravillosamente bien poder presentarse como cualquier humano común y corriente. Sin tener que evitar el revelar su verdadera identidad. Estaba emocionado, tanto que tuvo que hacer un gran esfuerzo por dejar sus colas bien ocultas a la vista de la mujer.

– Oh, así que tú eres el famoso Junsu que tuvo tan preocupado a mi sobrino días atrás… – La mujer finalmente se adentró con confianza en el departamento, cargando un par de bolsos que parecían contener alimentos.

El pelirrojo de inmediato se ofreció en ayudarle con la carga, que francamente era pesada para la fuerza de una mujer. De cualquier manera, lo que tenía al pelirrojo sonriendo como bobo era lo que acababa de escuchar. Su humano de verdad se había preocupado cuando desapareció así sin más.

Nada le cuesta ser así de amable y lindo más a menudo… – Pensó, internándose en la cocina al seguir a la mujer que seguía parloteando con ese tono chillón que se le hacía algo extravagante pero mono al pelirrojo.

– ¿Y de dónde eres? ¿Cómo es que apareciste así de repente en la vida de mi sobrino y no nos había hablado nunca de ti?

– Nos conocimos recientemente pero nos hemos entendido muy, bien… – El pelirrojo titubeó de último momento cuando tuvo que decir aquello. A veces parecía que sí, que podía llevarse bien con el pelinegro. Pero en otras ocasiones, las palabras y las acciones de su humano consiguen hacerle sentir realmente mal, incómodo, triste… – Disculpe si le he ocasionado problemas a Yoochun ah, le aseguro que no ha sido esa mi intención al quedarme unos días a su lado.

– ¿Eh? Oh bueno… – La mujer comenzó a guardar la despensa que ha llevado para el pelinegro en los cajones de la alacena y el frigorífico… – En realidad Yoochun no nos ha dicho gran cosa. De hecho solo te mencionó esa noche cuando fue a pedirle ayuda a mi padre para buscarte, pero aunque intenté sonsacarle algo de información acerca de ti, él no soltó prenda. Siempre tan obstinado para sus cosas.

– Yoochun ah es un chico extraordinario. Yo le q… le estimo mucho por eso.

La mujer volvió la mirada hacia el pelirrojo, extrañada de la seriedad y timidez con que aquellas palabras brotaron de labios de este chico que luce algo adorable para su edad.

– Salvo Yunho y en ocasiones Hayami, no hay muchas personas que digan eso acerca de mi sobrino. Él debió dejarte una muy buena impresión y se deben estar llevando definitivamente bien para que lo veas de ese modo.

– Yoochun ah me permite quedarme en su casa, y cuida de mí. Se comporta como un hyung responsable. O casi todo el tiempo lo hace… – El de ojos avellana admitió con una sonrisita entre divertida y molesta. No había sido nada amable cuando le dejó ahí para irse con esa chica. ¿Cómo era que se llamaba? Ah sí, SeNa.

– Ya decía yo que era demasiado perfecto que hablaras tan bien de mi sobrino… – La mujer soltó una sonrisita… – De todas maneras así suena más a que estamos hablando de la misma persona. Sé que mi sobrino es buena persona, solo tiene algunos detalles de personalidad que le arruinan la extraordinaria reputación.

Ambos rieron bajo por el comentario. No había intención de burla allí, simplemente se sentían como si estuvieran hablando de una persona a quien conocen de toda una vida. Y bueno, Park Min Hee sí que conoce a Yoochun desde que nació, pero Junsu apenas tiene unos días a su lado y ya sabe –porque lo siente en el fondo de su Aliento, que en caso de los zorros existe una especie de equivalencia con su alma y corazón– que no podría vivir separado de él. Él va y piensa con soltura y libertad que está enamorado, aunque está seguro también de que si hablara de esto con un humano como los amigos del pelinegro, e incluso con Min Hee-ssi, ellos le dirían que no se trata de amor.

Los humanos son los primeros en negarse a algo tan suyo. El amor no es inauditamente espontáneo, puede nacer en un abrir y cerrar de ojos. El reto está en cosecharlo y dar buenos frutos de él. Mirarle florecer como cerezo en primavera.

– ¿En qué estas pensando, Junsu-ssi?

– En nada en particular. ¿Usted le trae siempre la despensa a Yoochun ah?

– Al menos una vez por semana, aunque esta ocasión ustedes dos se han terminado todo muy rápido; así que he pensado en traerle dos o tres veces a la semana. Incluso puedo cocinar para ustedes si deciden venir a casa a visitarnos. A mi abuelo también le gustará conocerte, Junsu-ssi.

– Se lo diré a Yoochun ah, Min Hee-ssi… – Sonrió cordial. Aunque en el fondo pensaba que el pelinegro se negaría en rotundo en llevarle… – Yoochun ah sigue evitando a toda costa que tenga contacto con sus amigos de la Universidad, con mayor razón lo hará de su familia. No, probablemente aunque llegara a ser un humano de verdad, Yoochun nunca me verá diferente.

– Lo que sea que estés pensando, no te líes tanto. Tu cara se ve más atractiva cuando sonríes que cuando tus ojos reflejan tristeza… – Las palabras de la mujer pillan por sorpresa al pelirrojo. No se ha percatado de sus ensimismamientos… – Por cierto, ¿tú no vas a la Universidad?

– No… – Junsu dijo honestamente. No tenía intenciones de mentirle a aquellas personas que se nota quieren al pelinegro con tal sinceridad… – Yo, he tenido algunos problemas de familia que me han impedido hacer muchas de las cosas que quiero. Pero espero pronto poder integrarme a la vida con normalidad.

– Oh querido…  La mujer le dio un repentino abrazo cariñoso. El pelirrojo se sorprendió pero al instante correspondió el gesto con suavidad. Nunca había sentido este tipo de abrazo. Con calidez humana… – No desistas, estoy segura de que lo que sea que estés pasando pronto será solo un recuerdo. Tengo la impresión de que harás algo muy importante con tu vida.

Min Hee pellizcó las mejillas del pelirrojo con súbito maternalismo. Junsu sonrió, ligeramente adolorido de los mofletes por aquel gesto cariñoso. Pero feliz. Ella que no sabe quién es él en realidad le trata como a cualquier chico, como a un ser humano. Entonces, ¿por qué sigue sintiendo que con Yoochun no será así de sencillo?

– Así que, ¿vas a decirme por qué mi sobrino estaba tan preocupado buscándote aquél día? Realmente estaba angustiado, y lo suficientemente desesperado para aparecerse por la casa y pedirle un favor a mi padre, después de todo últimamente ellos son como agua y aceite.

– Min Hee-ssi, ¿por qué ellos no se llevan bien? Son familia.

Junsu evadió la pregunta de la mujer y al mismo tiempo le devolvió una, curioso a más por conocer de la vida del pelinegro. Min Hee rió con soltura, el pelirrojo ladeó el rostro con curiosidad sin comprender el motivo de su risa cuando ha hecho una pregunta que ha considerado seria.

– En realidad ellos se quieren, por supuesto que se llevan bien; esto llevarse mal es superficial y solo una especie de rebeldía de parte de ambos. Después de todo son abuelo y sobrino, y créeme cuando te digo esto, son igualitos… – La mujer volvió a reír, y el pelirrojo tuvo la impresión de que esta persona era una de las más transparentes que ha podido conocer en esos días.

A Junsu le agradaba mucho Min Hee, y esperaba que al menos con el tiempo, Yoochun pudiera ser más amable con él como su tía. Que le tratara como humano, tal vez como un amigo.

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Departamento de Mokomichi Hayami

Cuando el japonés arribó a su casa se sorprendió al encontrarse con su invitado en la cocina, y no precisamente asaltando su nevera.

– ¿Tú estás cocinando? ¿Acaso te golpeaste la cabeza cuando regresabas y te volviste una persona normal con rasgos de amabilidad? No me gusta, te prefiero al natural, tal como eres, en serio.

– Cállate. Ni creas que pienso compartirte de mi comida.

– ¿Tú comida? ¿Es que no piensas compartirme de lo que estás preparando?

– No.

– Vaya, ya decía yo que era demasiado bueno y lindo para ser verdad. Aún así me simpatizas más de esta manera, hubiera sido raro que amablemente respondieras que preparabas la comida para los dos.

– ¿Te han dicho que hablas demasiado? – El zorro de ojos oscuros le gruñó de mala gana.

– Y tú comes como si tuvieras que satisfacer el hambre de un ejército, y no te digo nada. ¿Todos los Gumiho son como tú?

– ¡Claro que no! ¡Soy único e irrepetible! ¡Lo mejor de lo mejor de mi raza! ¡Y ya te dije que como mucho para mantener esta apariencia humana, idiota!

– Seguro… – El japonés se permitió una risita burlona…

– ¡No te atrevas a burlarte de mí, Hayami no baka!

– Alguien está aprendiendo a insultar en japonés.

– ¡Eres tan exasperante!

– Y tú eres hermoso con tu apariencia zorruna, pero tienes un carácter del demonio. De todas maneras podrías gustarme, zorrito lindo.

El de ojos oscuros no dijo nada aunque le fulminó con la mirada –y las prietas mejillas abnegadas de rubor–, terminó de servir algunos platos y los llevó a la mesa en absoluto silencio, luchando contra el hormigueo en su espalda baja que viene de la ansiedad de sus colas por revelarse. Está avergonzado, pero claro que no piensa admitirlo bajo ninguna circunstancia. Ha encontrado insultante el apelativo ese de "zorrito lindo", pero al mismo tiempo le ha causado este efecto de vergüenza que ha puesto a latir como loco a su corazón. Y además no puede creer que Mokomichi se haya tomado con tan buen humor el asunto de su condición sobrenatural. ¡Y menos supera que lo haya llamado hermoso!

Mientras el zorro se dignaba en ser egoísta y no compartir de sus alimentos al japonés, éste resignadamente se ha dispuesto en preparar algo rápido para comer –recalentaría algo como hace en ocasiones, pero con el zorro de ojos oscuros viviendo bajo su mismo techo, las sobras no existen–. En eso estaba cuando se distrajo al recordar la imagen del zorro con sus nueve colas desplegadas. En verdad le ha parecido demasiado hermoso, con las colas esponjosas agitándose suavemente en todas direcciones, brillando con luz propia, dándole ese aspecto fantástico que…

– ¡Kuso! – El japonés exclamó un minuto después tras cortarse el dedo con el cuchillo. El zorro de ojos oscuros abandonó la mesa y se apresuró a la cocina intuyendo el motivo de tal exclamación.

– Idiota… – El zorro tomó la mano del japonés y llevó el dedo herido a su boca.

Mokomichi se quedó sin habla ante la acción –sensual– del zorro, sintió la lengua húmeda presionar contra su herida y los labios succionando. Boca tibia. Eso es lo único que pensaba. Vale, y también en controlar las reacciones de su cuerpo, que la temperatura le ha aumentado y el pulso se le ha disparado. Y no es que él sea un calenturiento, ni mucho menos que tenga que ver el hecho de que tiene más de un año en abstinencia. Todo es culpa de este sexy y gruñón zorro.

No tenía idea de que yo fuera masoquista. Porque mira que venir a gustarme este chico tan arisco… – Sonriendo como bobo, el japonés seguía mirándole con cara de enamorado.

Cuando el zorro liberó el dedo del japonés la herida había desaparecido completamente. Su Aliento se había encargado de sanarlo. Y la única manera de hacerlo había sido mediante ese vergonzoso gesto, metiendo el dedo en su boca. Vamos, que no pensaba prestarle su Aliento por unos segundos solo para sanarle.

También pude simplemente ignorarle. O dejar que se encargara por sí solo del corte, dudo mucho que sea la primera vez que se lastima cocinando. ¡Argh! ¡Estúpido humano qué está haciendo conmigo!

– Gracias. Así que es cierto que los Gumiho tienen poderes de este tipo, eh. No conozco mucho sobre la cultura coreana al respecto de sus demonios, pero un zorro lindo como tú está muy lejos de parecerme un demonio.

– ¡Deja de llamarme zorro lindo, maldición!

– Entonces dime cómo debo llamarte… – Mokomichi clavó sus ojos almendrados en la mirada oscura del zorro, haciéndole temblar por culpa de la intensidad en sus pupilas.

– No sé. Decide un nombre para mí.

– ¿Quieres que yo elija cómo te llamarás?

– Solo porque no tengo ganas de pensar… – Gruñó y desvió la mirada. Mokomichi sonrió.

– Buscaré uno digno de ti, zorro lindo.

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Departamento de Jung Yunho

– ¿Dónde estabas?

– Buenas tardes, Yunho-ssi… – El zorro de ojos negros inclinó la cabeza a forma de saludo, sonriendo suavemente al notar la preocupación en el tono de voz del moreno.

– Buenas tardes… – Correspondió torpemente, consciente de que había sido irrespetuoso. Pero no había podido evitarlo. Tras volver de la Universidad se llevó la sorpresa de que el zorro no estaba y desesperado incluso maldijo a diestra y siniestra. Al final había concluido que necesitaba comprarle un celular para poder comunicarse cuando no estuviera donde creía que estaría.

– ¿Qué sucede?

– ¿Eh?

– Es difícil engañar a un Gumiho, somos perceptivos. Noto que algo te sucede, y no es solamente el hecho de que no estaba cuando llegaste.

– He estado pensando en un nombre para ti… – El moreno respondió, pero apenas el zorro se percató de que desviaba la mirada, supo que estaba mintiéndole. Sin embargo decidió respetar su silencio, por algo no le contaba lo que realmente sucedía. Y él debía ser paciente.

– ¿No te gusta algún nombre en particular?

– Pero puede que a ti no te guste. Por eso pensaba que lo mejor sería que tú lo eligieras.

– Entonces dime cuáles te gustan y elegiré uno de entre ellos.

El moreno se le quedó mirando. ¿Por qué parecía que quería complacerlo? Entonces recordó lo que Min Woo le contara más temprano y sintió una punzada en la nuca. Ellos dos habían estado enamorados antes. Pero ahora eran un par de extraños decididos a no cruzar sus caminos. Sin embargo, Min Woo también había dicho que les cazaría.

– Yunho-ssi…

– Jaejoong. Me gustaría llamarte Jaejoong.

– Entonces a partir de ahora ese será mi nombre, Yunho ah. Jaejoong… – El de ojos negros le regaló una sonrisa. Suave, casi un sortilegio de su imaginación. Hermosa.

– Jaejoong ah, quiero hablar contigo. Hoy me ha encontrado un sujeto que dice conocerte de antes. Su nombre es No Min Woo.

Los ojos negros del zorro se abrieron de par en par. Y un matiz frío cubrió la faz de sus pupilas. Una frialdad que venía del rencor, de la decepción. Yunho supo ahí que acababa de tocar la fibra más sensible del zorro, pero estaba dispuesto a no dejarle ir hasta entenderlo todo.

...

La tarde se había demasiado rápido y el oscurecer de la noche cubría el firmamento. Yoochun sabía que Junsu debería estar esperándole ansiosamente en su departamento, y una parte de él también quería encontrarse con el chico y discutir por cualquier tontería, quería comprobar que la personalidad infantil del zorro de ojos avellana estaría de regreso; aún así, el pelinegro estaba ahí, sentado en un coche que no es suyo, junto a una SeNa sonriente que parece divertida por la nueva actitud del muchacho.

– Antes te costaba mucho más ejecutar esos movimientos. Parece que últimamente te has mejorado bastante, oppa.

– He estado practicando incluso por las noches… – Dijo con altivez, sonriendo galante.

Sin embargo, su mejora en el Taek Won Do no venía de práctica alguna. De hecho hacía algún tiempo que faltaba a las clases y su sensei ya le había dado un ultimátum para conservar su cinturón. Yoochun sin embargo había querido lucirse esa tarde en la clase extracurricular de cinematografía a que asistía una vez a la semana y, actuando como personaje principal en un cortometraje que realiza junto a sus compañeros de clase, ejecutó una escena de artes marciales casi tan pulcra como lo hacen los profesionales. Todos habían quedado impactados. SeNa incluida. Una lástima que no fuera su coprotagonista. De hecho el cortometraje no tenía nada que ver con romanticismos, era una simple exposición del deporte nacional.

– Oppa se ha vuelto mucho más interesante que antes… – SeNa dijo con coquetería, dejando que su mano descanse sobre el muslo del pelinegro, notando cómo este reaccionaba con una sonrisa sobrada de altivez. Ella sabe cuánto seduce el mínimo movimiento de su parte al muchacho. Y honestamente antes solo lo usaba para su distracción, ahora sin embargo, lo encuentra tan atractivo que realmente quiere algo con él.

– ¿De verdad?

– Por supuesto.

– Entonces, ¿saldrías conmigo a una cita?

– Mañana a las ocho, oppa… – Ella sonrió con fingida timidez, dejando un beso sobre la mejilla del pelinegro… – Buenas noches, Yoochun oppa… – Susurró con voz dulce, cerca de su oído hasta erizarle el vello de la nuca.

El pelinegro sonrió tontamente, saliendo del automóvil de la chica al comprender que aquella había sido la despedida. Ya pensaba sin embargo en todo lo que podrían hacer el día siguiente. Se despidió también y luego vio el auto convertible alejarse calle arriba a toda velocidad. El pelinegro suspiró bobamente y luego le aguijoneó un intenso dolor en el pecho. Mucho más fuerte que un minuto antes, cuando los labios femeninos tocaron su piel y el dolor se extendió por su cuerpo con menor intensidad puesto que había conseguido prácticamente ignorarle. Pero no ahora. Entró a su departamento sobándose el pecho, tratando de calmar ese punzante dolor que le estaba levantando un dolor de cabeza insoportable.

– Maldito Aliento. Estúpido zorro… – Se quejó, doblándose de dolor justo fuera de su puerta. Parecía que el Aliento en su pecho le daba una advertencia acerca de su pensamiento respecto al pelirrojo.

Park abrió con dificultad, respirando laboriosamente y deseando con fuerza que ese dolor desapareciera. Cuando el pelirrojo le vio sonrió contento, aunque al notar el estado del pelinegro su sonrisa se esfumara y apareciera una expresión de auténtica preocupación. Anduvo hasta él con prisas, sujetándole por el brazo para ayudarle a sostenerse.

– ¿En qué has estado pensando que mi Aliento está tan enojado, Yoochun ah?

– ¡No te importa! – Gruñó dejando caer su cuerpo a peso muerto sobre el sofá, sobándose el pecho y respirando profundamente.

Junsu frunció el ceño dolido por la actitud del pelinegro. Sí, a veces se llevaban bien. Otras parecía que Yoochun solo veía un estorbo en él. De todas maneras, ya no podía hacer nada por evitar que su corazón latiera tan rápido cada que le ve, cada que le escucha, cada que le tiene así de cerca. Llevó su mano al pecho del pelinegro habiéndola pasado por debajo de su ropa.

– Solo voy a calmar mi Aliento… – Aseguró al percatarse de la incomodidad y la molestia del pelinegro que ya había comenzado a respingar por su tacto.

– Maldición… – Bufó por lo bajo, enfadado consigo mismo al descubrir que a su cuerpo le agradaba el suave y tibio contacto de la mano del pelirrojo. Incluso más que la sensación que experimentó cuando los labios de SeNa cayeron sobre su mejilla.

Lo sabe porque siente caliente la zona donde la mano del pelirrojo ha rozado en su camino hacia su pecho. Un calor diferente, agradable.

– Yoochun ah, ¿tan desagradable es tenerme contigo?

– ¿Qué?

– Estás enojado conmigo, no solo porque mi Aliento te duele. Lo puedo notar. Soy un Gumiho, pero no soy idiota, Yoochun ah.

Cuando el pelirrojo terminó de decir eso, Park buscó su mirada con aprehensión. Realmente despotricó contra el chico sin medirse en absoluto. Le hizo sentir mal sin realmente quererlo. Actuaba casi por instinto, por mero mecanismo de defensa. Como si tuviera miedo de todo lo que puede encontrar en un ser sobrenatural como él.

Vio entonces en los ojos avellana una tristeza y una decepción tan nítidas que le hincó en el corazón un profundo sentimiento de culpa. ¿La actitud de esa mañana también eran por su causa?

– N-no. Oye, no es que me desagrades. Lo… lo siento, estaba enfadado contigo porque tu Aliento duele mucho cuando quiere.

– No es que quiera dolerte, ya te expliqué que eso se debe a que piensas cosas indebidas.

– Pero SeNa me gusta mucho, tu Aliento debería saber que es normal que piense en tener una cita perfecta con ella, besarla cuando le lleve a su casa… – El tono soñador del pelinegro se incrustó dolorosamente en el pensamiento del pelirrojo.

Al mismo tiempo el pecho de Park volvió a sufrir a causa del Aliento. Maldijo por lo bajo y apretó los dientes. Esta vez ha dolido incluso más que antes. Junsu se sintió culpable al ver el rostro contraído del pelinegro, sabe que debió doler mucho más esa vez porque, estando tan cerca de su Aliento era como si estuviesen conectados, y su tristeza lo hizo reaccionar.

– Lo siento. Soporta solo un poco más. Tu cuerpo tiene que sanar por completo para que pueda tomar mi Aliento de vuelta.

El pelirrojo susurró, tan bajo y débil que Yoochun tuvo la impresión de que se alejaba más del Junsu revoltoso que le perseguía a todas partes y se colaba sí o sí en su cama todas las noches. Entonces buscó de nuevo la mirada del zorro, pero la vista de éste estaba centrada únicamente en su pecho mientras le acariciaba suavemente y  reconfortaba la sensación ahí dentro. Realmente su sola cercanía tranquilizaba al Aliento y le dejaba sentirse de nuevo tranquilo. Tuvo así la oportunidad de observar el rostro abstraído del pelirrojo, no había tenido antes esta vista. La expresión ida del pelirrojo sin embargo no le gustó, tampoco la oscuridad en sus pupilas avellanas ni la seriedad de su rostro risueño y juguetón.

– Antes me preguntaste si te vería diferente si llegabas a ser un humano de verdad. Y ahora yo me pregunto, ¿por qué quieres ser un humano? ¿No te gusta quien eres? Cualquiera quisiera tener tus habilidades, esto de sanar rápidamente, de tener más habilidades que cualquier humano como yo. He estado poco tiempo con tu Aliento dentro de mí pero me he dado cuenta. ¿Por qué renunciar a esto por algo tan pueril como ser humano?

Los ojos del zorro entonces sí que centraron su atención en los pozos negros del humano. La caricia tranquilizadora que su mano había estado proporcionando sobre el pecho de Park se detuvo también.

– Quiero ser un humano porque estoy cansado de vivir encerrado en una pintura. Quiero ser humano porque no me gusta más la vida como Gumiho, la gente nos teme, nos tratan como demonios crueles y eso no es verdad. Además, si soy humano podré conocer el amor… – Murmurando la última frase, Junsu finalmente retiró su mano del cuerpo de Yoochun, notando el cosquilleo en su espalda baja donde sus colas amenazan con mostrarse. Le emociona la idea de enamorarse y ser correspondido, sobre todo porque tiene enfrente a quien desea le enseñe aquello tan humanamente misterioso como maravilloso.

– El amor no es tan magnífico, Junsu.

– Pero tú estás enamorado, ¿cierto? De SeNa… – Cuando el pelirrojo mencionó aquello su emoción se evaporó. Casi había olvidado aquello. Puesto de esa manera, ¿realmente tenía caso convertirse en humano? Yoochun no iba a corresponderle, jamás lo haría. Y ser su amigo, ¿sería suficiente? ¿Podría vivir solo con eso?

– Supongo que sí, pone mi mundo de cabeza. Pero no es la primera vez que me pasa eso con una chica. Creo que el amor es más que sentirse enamorado de una persona. Y ese algo más no lo he sentido aún… – Dijo y sus ojos negros chocaron con las pupilas avellanas. Su estómago se sacudió y el corazón le dio un vuelco. Un calor agradable se extendió desde su pecho hasta el resto de su cuerpo haciéndole sentir sumamente relajado. Como si hubiera descubierto algo tan grandioso que solo puede ser admirado con sumisa devoción.

– Entonces, ¿podría ser que tu amor verdadero no sea ella?

– S-supongo.

Una suave sonrisa abarcó los gruesos y rosados labios del pelirrojo. Y por alguna razón aquella sonrisa contagió al pelinegro.

– Quiero ser humano. Y ser el amor verdadero de alguien… como t… – El intento de confesión del zorro se vio interrumpida por el tono del móvil del pelinegro, que totalmente desprevenido por el sonido de aquel aparato dio un bote de impresión, apurándose en contestarlo.

Era SeNa. Y la sonrisa bobalicona que Yoochun puso mientras hablaba con ella volvió a deprimir al pelirrojo. Un segundo se sentía confiado de convertirse en humano si podía permanecer a lado del pelinegro, pero al segundo él mismo se encargaba de destruirle los castillos de arena que levantaba en el viento como auténticas ilusiones de nada.

Así que tenía ahí su dilema. Buscar o no buscar convertirse en humano.

– Yoochun ah no se enamoraría de mí nunca. ¿Podré vivir una vida con esa realidad en el corazón?

El zorro de ojos avellana dijo para sí, acurrucado en el sofá donde antes había estado el pelinegro. Pero distraído en sus pensamientos no se percató de la figura de Park a sus espaldas. El pelinegro ha escuchado sus palabras…



Continuará……