ISTAR
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Treceava Parte
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Reino
de Hyarmen
El Rey Chang Suk tensó los puños al
escuchar las palabras del Príncipe de Númen. Sin embargo el de tez morena mantuvo
la frente en alto, la firmeza de su petición podría ser puesta en tela de duda
pero él no iba a dejar que pasaran como hojas al viento.
- ¡Qué clase de blasfemia se atreve usted a
decir, Príncipe Hayami! – Acalorado por la petición del de tez tostada, el Rey
se permitió elevar la voz, que notara su joven interlocutor que él no tomaría
sus palabras más que como un mero capricho.
- No es ninguna blasfemia. Le estoy
pidiendo a su primogénito en matrimonio… - El joven príncipe mantuvo la
serenidad, aunque realmente le preocupaba el curso de esta discusión y aún más,
lo que pudiese resultar luego de ella.
- ¡Nunca!
- Si compromete a su primogénito conmigo,
fortalecerá a su reino. Númen y Hyarmen estarían unidos a través de nuestro
matrimonio. Es una alianza que favorece a ambos reinos, Mi Lord.
- No me interesa alianza alguna con Númen.
El Sur y el Oeste no tienen nada en común… - Siseó el Rey, conteniendo sin
embargo la exaltación del momento.
La Reina SooMin observaba prudentemente en
silencio. Era este temperamento calmado pero firme lo que había llamado su
atención desde que los Príncipes de Anarion llegaron a Hyarmen. El Príncipe
Mokomichi era muy diferente a los otros cuatro. Le gustaba tanto como le
desagradaba, sus preocupaciones como madre se imponían a la voluntad como
reina.
- Estoy seguro de que tarde o temprano
encontrará justificable la unión de ambos reinos.
- Te tienes demasiada confianza, Príncipe
Mokomichi.
- Veo la oportunidad de fortalecer Númen.
Un matrimonio arreglado entre mi reino y el suyo sería beneficioso para ambas
partes.
- Dudo mucho que esté pidiéndome la mano de
mi hijo solo por ese supuesto beneficio. Mi Grifo no miente, y ha visto en
usted más de lo que puedo tolerar, joven Príncipe.
El de tez tostada tragó hondo, había tenido
esperanza en que sus anteriores argumentos sedujeran
de alguna manera el interés del Rey, pero el hombre era astuto y además tenía
el apoyo de su Grifo. Los grifos son por excelencia criaturas mágicas de gran
intelecto, de mirada analítica y de fuerza.
- Permítame dejar la oferta abierta, si
para cuando partamos de su reino hacia el Este ha cambiado de opinión, sepa que
le estaré sumamente agradecido por la oportunidad y la confianza que
depositaría en mí… - El Príncipe de Númen inclinó respetuosamente la cabeza y
luego abandonó el recinto.
El Rey Chang Suk se dejó caer pesadamente
sobre la silla, apretó en sus manos las empuñaduras de bronce en los
apoyabrazos, la corona en su cabeza destelló luces rojizas por la luz de las
antorchas reflejadas en los rubíes de la joya.
- Mi Rey…
- Sé lo que estás pensando, reina mía. Pero,
comprometer a nuestro hijo con otro hombre no tiene sentido.
- Fortaleceríamos Hyarmen. Númen es un
reino poderoso, y tienen unicornios… - La reina SooMin se acercó a su esposo,
se sentó en su regazo y acarició la mandíbula del hombre dejando un casto beso
en su mejilla… - Si Rúnya planeara alguna traición contra los otros reinos de
Anarion, es conveniente para Hyarmen tener este tipo de alianza con Númen. Sé que
el Príncipe Hayami también es primogénito, heredero al trono, nuestro ChangMin
tendría poder para mandar sobre Númen como esposo del Rey si el caso llegase a
presentarse.
- Sería el mismo poder que le daríamos al
Príncipe Mokomichi. Además, no tendríamos herederos, qué será de nuestro
linaje.
- Mi Rey, aún quedan 7 días de la ceremonia
de Umbardacil, medítalo detenidamente antes de negarte en rotundo a concederle
la mano de nuestro ChangMin al Príncipe Mokomichi.
………………………………
En el décimo día de
la Ceremonia de Umbardacil, el menor de los Kim hizo un nuevo intento por
convencer a Narvinyë en permitirle a su amado Yoochun-Inya montar en su lomo.
- ¡No lo haré!
- Narvinyë, explícame ahora mismo porque estás tan
reticente a concederme este deseo.
- Veo en tu mente cada pensamiento unido a la
existencia de ese principito. Le quieres tanto que estarías dispuesto a
entregarle absolutamente todo de ti, incluso tu vida. Soy tu dragón, nací
contigo, he crecido a tu lado durante 18 años, y aunque es verdad que aún soy
inmaduro, también sé bien que el futuro que se vislumbra para ti y ese príncipe
no es bueno. Si las cosas en Anarion empeoran, si una guerra se desatara, el
sacrificio que estás dispuesto a hacer es demasiado alto. No pienso amistarme
con Yoochun solo porque tú ciegamente le quieres, Junsu.
- Eres un revoltoso, Narvinyë…
- El castaño acarició el hocico del dragón rojo ya que está ahí, tumbado junto
a él, que echado sobre la hierba bajo un frondoso árbol en las faldas de la
montaña donde está la cueva que tomaron como morada Nënar y él, había accedido a su compañía. A solas. Sin ningún
escuálido principito rondando por
allí… - Mamá y papá me advirtieron que
sería difícil para ti aceptar que me enamorara.
- Los Reyes de Rúnya son sabios.
- Tú también lo eres. Junto a Nënar son los únicos
dragones despiertos en Anarion ahora. Sé que en tu mente se entreteje el
complejo pasado de los tuyos. Pero Narvinyë, no puedes evitar que ame, ni
siquiera yo puedo hacerlo. Los sentimientos son algo sobre lo que no podemos
mandar.
- Los humanos son imperfectos. Los dragones en cambio
solo nos apareamos para procrear más de los nuestros. Ustedes los humanos
encuentran en el apareamiento todos esos sentimientos que los vuelven torpes y
ciegos.
El dragón rojo
rugió echando unas fumarolas de humo por las fosas nasales. El Príncipe Junsu
sonrió con un dejo de diversión por la forma de ver las cosas de Narvinyë. Sin embargo,
así como aquello parecía tan imperfecto
para el dragón, para él era lo más hermoso en la vida.
- ¿Te aparearás con ese principito?
- Tal vez, Narvinyë…
El menor de los
Kim se echa completamente sobre la parte interna del cuello de su dragón,
sintiendo la calidez de la dura piel que se desliza hacia el vientre. Ahí las
escamas no eran tan rígidas como en el resto de su cuerpo. Y le hacía sentir
cómodo porque percibía los latidos del corazón de Narvinyë. El menor de los Kim
se preguntó cómo sería el corazón de su dragón.
- ¿De verdad quieres saberlo?... – El castaño
asintió, y pronto el vínculo mágico entre humano y bestia alcanzó un punto que
antes el menor de los Kim no había experimentado.
Pudo sentir en
sus propias venas el torrente sanguíneo del dragón rojo, la consistencia de la
sangre roja, caliente y veloz corriendo por su complejo sistema venoso;
corriendo por todo su cuerpo, de pies a cabeza una y otra vez a gran velocidad,
bombeando directo al corazón. Las palpitaciones eran variadas, obedecían
también a las emociones del dragón. Instintos.
La sangre iba y corría vertiginosamente por cada vaso capilar, inyectaba
particularmente tal o cual zona en el cuerpo, volvía al corazón y se purificaba antes de volver a tomar el
curso conocido. Luego el Príncipe Junsu pudo sentir una especie de chorro que
impulsó desde su corazón hacia el vientre, la sangre entonces se sentía hervir
y cuando ascendía hasta la garganta, una llama de fuego nacarado brotaba del
hocico de Narvinyë.
- ¡Es increíble!
- ¿Verdad que sí? Cuanta más caliente es nuestra
sangre, más poderoso nuestro fuego… - Narvinyë
explicó notoriamente emocionado, incluso sonrió orgulloso en pensamientos.
- ¿Y qué se necesita para que tu sangre sea
más caliente?
- Instinto. Cuando nos encontramos en peligro nuestra
sangre puede hervir a un nivel inverosímil, así que tenemos que saber controlar
nuestros instintos, la temperatura de nuestra sangre puede ser mortal incluso
para nosotros mismos. Regular la temperatura es complejo, pero Nënar y yo lo
hacemos muy bien… - Presumió agitando perezosamente un
ala, cubriendo luego a su receptor
con ella, una suave llovizna había comenzado a caer sobre Hyarmen.
El menor de los
Kim levantó la vista para admirar el nublado cielo y las gotas delgadas cayendo
desde lo alto. Se acercó un poco más al vientre de Narvinyë y ahí se acurrucó. El
pensamiento de estar así con el Príncipe Park danzó en su mente, pero por esa
vez estuvo dispuesto a renunciarle, tenía la necesidad de permanecer con su
dragón, de disfrutar de su compañía, compartir este vínculo hasta que la lluvia
cesase.
………………………………
El último día de
la ceremonia de Umbardacil había llegado, los Príncipes se despidieron de los
reyes de Hyarmen agradeciendo respetuosamente sus finas atenciones. Partirían a
primera hora de la mañana siguiente, incluso si el sol aún no se levantaba en
el horizonte.
Antes de que el
primogénito Shim se marchara a sus habitaciones, sus padres hablaron en privado
con él.
- Tu madre y yo
nos preguntábamos qué es lo que sientes por el Príncipe de Númen.
- Me temo, padre,
que no comprendo el sentido de su inquietud.
- ¿Amistad? ¿Un
cariño más fuerte que ese?
- Queremos saber
si estás, o si es probable que llegues a estarlo, enamorado de él… - Las
palabras de la Reina consiguieron el efecto que ella esperaba. Un sonrojo
brillante en las morenas mejillas de su hijo.
- Los
sentimientos que pueda tener por cualquier persona no serán un impedimento para
que vuelva a Hyarmen cuando el viaje a lo largo de toda Anarion haya terminado,
y cuando lo haga he de cumplir mi deber como heredero al trono y casarme con la
Princesa que ustedes consideren adecuada para mí.
- ¿Aceptarías
comprometerte con quien sea que nosotros decidamos?
- Por supuesto,
padre… - El Príncipe morocho inclinó el rostro, dejándolo incluso ahí unos
momentos. Necesitaba controlar a su corazón. Pero dolía. Por alguna razón la
idea de comprometerse con alguien a quien no conoce, a quien no quiere, le
dolía.
- Entonces está
decidido, sábete desde ahora prometido del Príncipe Mokomichi Hayami, hijo mío.
La sorpresa en el
rostro del Príncipe morocho se reflejó con absoluta fidelidad. Su madre sonrió
feliz por su hijo pues podía ver en el fondo de sus pupilas y más allá del
asombro, una alegría inconmensurable.
………………………………
Cuando El
Príncipe de Númen recibió la noticia de su incipiente compromiso con el
Príncipe Shim sintió que incluso le flaqueaban las piernas. Era una noticia
extraordinaria. Fue tal su alivio y felicidad que su mente finalmente se
vinculó a la de su unicornio.
- ¡Isilmë! ¡He encontrado la respuesta a mis noches de
soledad en Númen!
- ¡Mi amado Hayami! ¡Me hace tan feliz escucharte en mi
mente! ¿Estás cerca de volver?
- Unas semanas más, Isilmë. Y podremos unir nuestras
mentes tanto como queramos. Y podrás ver en mis pensamientos la felicidad que zozobra
mis sentidos.
- Cabalgaré a tu encuentro, mi amado Hayami. Y florecerán
los campos bajo las casquetes de mis pies, el viento soplará con bríos cantando
para ti, agitaré mis crines e inclinaré con respeto mi cabeza ante el dueño de
tu corazón.
El Príncipe
Mokomichi sonrió complacido con las palabras de su unicornio. Aquella noche no
durmió, pero soñó despierto con todas las cosas que quería hacer a lado del
Príncipe Shim. Su Príncipe. Su prometido.
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Reino
de Rúnya
La Reina Nísinen
bailaba con prodigiosa gracia. Se reunieron en torno a ella el agua, el fuego,
el viento y la tierra; mientras el Rey Telemnar tocaba la delicada flauta y de
su sonido se creaba la más armoniosa de las melodías. Se mezclaron entonces su
música, su canto y su baile. La magia del Elfo y la Ninfa confluyendo en un
mismo punto, vaciándose en aquellas piedras de colores de forma ovalada, tan
suaves que parecían diamantes pulidos, fuertes y brillantes como estos.
Luego las miradas
de ambos seres encontrándose, dos sonrisas adornándoles los labios y un abrazo
confiado lleno de amor. Unieron sus labios en el último beso que podrían
compartir, despidiéndose de la mortalidad que durante años conocieron, cuando
Anarion les concedió su más ferviente deseo: paternidad. Dos hijos dignos de
ellos, dignos de los dragones que les acompañan.
- Nuestro legado
para ellos, para toda Anarion. Si alguna vez volvemos a nacer, espero
encontrarte en mi sendero, mi amada Nísinen… - El Elfo acarició las pálidas
mejillas nacaradas, sintiendo bajo su tacto su inmutable tibieza, admirando su
incalculable belleza.
- Nuestro último
presente para nuestros hijos, para lo más preciado de nuestros corazones. Habremos
de encontrarnos en este mundo o en otro, mi amado Telemnar… - La Ninfa sonrió
enamorada, rozando sus labios con los masculinos pliegues.
Y en la
consumación del último beso, una explosión de magia que sacudió Rúnya. Se extinguieron
entonces las aguas fragrantes y la llama
de plata.
--//--
Tauremornalómë
Es llamado el
bosque oscuro por las sombras casi eternas del interior. Los altos árboles, los
anchos troncos, la espesura de sus ramajes, las gruesas raíces que sobresalen
por encima de la superficie acumulando moho y humedad. El olor pantanoso del
corazón del bosque es tan desagradable que casi nadie pasa por allí, pero es el
camino más corto hacia Gabilgathol, una serie de cuevas en las montañas que limitan con las
fronteras de Rómen. Los sonidos de la fauna en Tauremornalómë son pocos, no hay
canto de aves ni siquiera de grillos cantores. Predominan el croar de las ranas
en los pantanos y los zumbidos de mosquitos de razas poco comunes en cualquier
otra zona de Anarion.
Los Príncipes llevaban paso lento, sus caballos iban
caminando por entre las espesuras del Bosque Oscuro, retomando el equilibrio
cuando resbalaban entre lodo y hojas marchitas. Los dragones habían cruzado por
encima y les esperaban al otro lado del bosque, un tanto inquietos y hasta molestos
porque sus receptores se negaron en
ir con ellos.
De pronto los caballos comenzaron a impacientarse,
relinchaban inquietos y rebufaban trotando con la intención de acelerar la
marcha de la cabalgata. Los Príncipes no se explicaban el comportamiento de los
animales y aguzaban los sentidos en busca de algo que les hubiese puesto tan
repentinamente así.
- ¡Ambartanen! – Los Príncipes Kim exclamaron y rayos de
luz multicolor descendieron de los cielos penetrando a través de la coraza de
ramajes del Bosque Oscuro hasta caer alrededor de ellos.
Los caballos relincharon pero los únicos que cayeron
fueron los Príncipes de Formen, Númen, Rómen y Hyarmen. Los Príncipes Kim se
mantuvieron en sus monturas, con la vista perdida y una cortina de lágrimas resbalando
por sus mejillas. Y ahí, incrustadas en el suelo fangoso, las piedras ovaladas
para las que bailaron y cantaron sus padres.
- Huevos de dragón…
- Narvinyë y Nënar precipitaron su pensamiento hasta las mentes de sus receptores.
Continuará……
GLOSARIO
Tauremornalómë. Bosque Negra Noche.
Gabilgathol. Gran Fortaleza.
Ambartanen. Por el destino (muerte)







