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miércoles, 11 de septiembre de 2013

ISTAR Capítulo Final (1 de 2)



Me puse a escribir esto hace rato y en el proceso me di cuenta de que me quedaban más cosas pendientes de las que pensaba xD así que he decidido partir el final en dos, para no perder la esencia en la longitud de sus partes ;D 

Algunas cosas se clarifican aquí, el resto para la siguiente ocasión, que estaré esperando no pase de este fin de semana. 

Como siempre, agradecida por las lecturas y sobre todo pos sus valiosos comentarios~


ISTAR
~*~
Parte Final
(1 de 2)

~//~

Anarion


Cuando Anarion se pobló de una variedad de seres con dones mágicos, Elfos y Hadas fueron considerados de la misma raza, diferenciándose simplemente por género, siendo los Elfos la población varonil y las Hadas las féminas. Además de eso, se decía que eran seres que no se mezclaban con ninguna otra raza, por eso cuando Telemnar –de un linaje refinado y poderoso entre los Elfos– se trasladó hacia territorio de las Ninfas y posó sus ojos en Nísinen, su gente se expresó apática hacia su decisión de unir lazos con la hermosa Ninfa.

Por aquellos tiempos una serie de cambios importantes se sucedieron en Anarion, la retirada hacia tierras desconocidas por parte de seres mágicos y la decisión unilateral de un puñado de ellos para permanecer en Anarion marcó el rumbo del planeta.

Telemnar y Nísinen fueron los más fuertes y poderosos, se establecieron como regentes de Rúnya al levantar desde la roca más dura el reino de la Llama Roja. Supieron a su vez de algunos otros seres que permanecieron en Anarion, la mayoría de ellos ocultos bajo identidades que no revelaban su condición a menos que así lo desearan. Morion un claro ejemplo de ello.

Estuvieron también algunas Hadas, la mayoría de las cuales fueren relegadas por sus pueblos debido a enfermedades extrañas que rara vez aquejaban a estos seres mágicos. De entre ellas están Nillë, quien se coronaría como Reina de Rómen tras casarse con el Rey Tirion; y la Reina Nanami al perfilarse en el Reino de Númen como doncella de gran belleza que el Rey Takuma tomó por esposa.

La vida de Nillë estuvo atada a la Luna desde su concepción, sus dones mágicos se incrementaban por el astro plateado, pero la vitalidad de su cuerpo se consumía hasta tres veces más rápido de lo que habría ocurrido si fuera un Hada sana, casi tan veloz como renunciar a su inmortalidad; hecho que realizó cuando nació su primogénito pues cedió a él sus virtudes al rezarle a la Luna por la vida de Yoochun. A partir de entonces su cuerpo se había debilitado cada año con mayor prontitud, sobreviviendo únicamente por la presencia de su primogénito en Rómen, pero una vez que Yoochun cortó su lazo con el reino tras comprometerse con el Príncipe Junsu de Rúnya, Nillë supo que su final estaba extremadamente próximo.

– Hijo mío, no estés triste. Mi partida será solo un nuevo comienzo.

– Sabías que esto pasaría, por qué dejaste que Yoochun se marchara.

– Porque tu hermano tiene todo el derecho a ser feliz, y retenerle lo habría convertido en alguien tal vez peor que tu padre. Envenenar su alma con la soledad es algo que jamás me habría permitido hacer.

– Ser un poco egoísta te habría dejado vivir más, madre.

– Yoo-Hwermë, querido lo siento. Sé que dejo sobre tus hombros grandes responsabilidades.

– Me criaste para ello. Porque siempre supiste que Yoochun no regiría Rómen. Me tuviste como su suplente.

– Eres mi segundo hijo, y te amo en mi corazón tanto como amo a tu hermano.

El Príncipe sujetó la mano de su madre besándole los nudillos. La piel estaba enfriándose cada minuto más evidentemente, la vida imperecedera que su pueblo le dio, hoy la abandonaba con inquietante rapidez.

– Rómen te recordará por la eternidad, madre.

– Rómen se queda en las manos indicadas y las mejores, hijo mío. Tu padre caerá presa de la locura de sus ambiciones, deja que el destino se encargue de él y no manches tus manos con su sangre.

– Cumpliré tu deseo, madre.

– Y Yoo-Hwermë, dile a Yoochun que le amo. Que confío en ustedes para que Anarion florezca como si la guerra nunca hubiese llegado.

– Se lo diré madre.

Nillë tomó el rostro de su hijo y besó su frente con infinito cariño. Incluso sus labios estaban fríos. El Príncipe Yoo-Hwermë le contempló entonces con serenidad, conteniendo las lágrimas de su corazón hasta que un último aliento flotó de labios de su madre y sus hermosos ojos negros se apagaron para siempre al caer los párpados hacia un sueño eterno.

--//--


Cuando el Príncipe Yunho había abierto su mente para el Príncipe Jaejoong, el moreno se vinculó al mismo tiempo con las mentes de todos los Fénix bajo su dominio, y en inercia de tal acto de magia, el sello que Morion depositara en él cuando le ofreció el corazón de Seregon, se rompió, liberando en esencia un resquicio de la propia mente del Elfo pues tal había sido su ambicioso pensamiento.

¿Qué hubo de especial en el Príncipe Yunho para que Morion lo eligiera? En realidad, su humanidad y haber sido el primero en llegar a él después de años de autoreclusión en Ossiriand. Morion también había puesto sus intenciones en el Príncipe ChangMin, pero aludió que los Reyes de Hyarmen jamás aspirarían a los ambiciosos planes que Formen si tenía. Desde que Kang Dae descubrió por casualidad los profundos secretos de Ossiriand, todo había confabulado a favor de la oscuridad que ya se había cernido sobre la mente de Morion.

Para Morion era fácil ver en la mente de los humanos, la del Regente de Formen era compleja pero no tanto como para revelársele impenetrable. Ambición era su sello particular. El Rey Kang Dae poseía además otra característica favorable a los elaborados planes de Morion, conexión con los Fénix. El Primogénito Jung llegó para completar su fórmula. Joven, de mente moldeable aunque firmes convicciones. No podía haber encontrado mejor fin para el corazón de Seregon, su dragona.

Seregon era el secreto más celosamente guardado por Morion, su apariencia más bien de dragón (macho) le hizo vivir como una hembra desapercibida que solo se apareó con dragones elegidos por el perverso Elfo. Ocho huevos de dragón nacieron de Seregon, ninguno de ellos eclosionó para Morion.

Durante decenios estudió los huevos de dragón y profanó la mente de Seregon en busca de respuestas para esta intolerante situación. Seregon era una dragona poderosa, pero tras vincularse a Morion su destino no podía cambiar, ya se había oscurecido, y cansada de vivir, simplemente cedió la verdadera fuerza de su voluntad; así, Morion pudo utilizarle a su antojo hasta darle muerte. Entonces aquel final había sido irónicamente la salvación de la dragona.

Pero Seregon sabía, que sus crías jamás eclosionarían para el alma renegrida de Morion. Se aseguró de que sus dragones eligieran almas puras, ese fue el último pensamiento que derramó sobre sus huevos al momento de morir. Pero Morion no estaba dispuesto a esperar, los obligaría a eclosionar a través de la magia negra prohibida entre su pueblo.

En aquellos tiempos Telemnar y Nísinen ya se habían convertido en padres, el Príncipe Jaejoong tenía cuatro años de edad, y el Príncipe Junsu, dos; sus dragones crecían lentamente, como si siguieran el ritmo de madurez de sus receptores, y permanecían bajo los cielos de Rúnya básicamente en anonimato. Estos huevos de dragón habían llegado a la Llama Roja como legado de su pueblo antes de que los últimos grupos abandonaran Anarion. Otros rumores dicen que esos huevos ya estaban en Rúnya y que habían aparecido de pronto justo el día del nacimiento de cada uno de los Príncipes. La verdad es inestable y no causó mayor admiración en Morion tras conocer de su existencia pues él aún conservaba los ocho huevos de dragón de Seregon y le pertenecían por decreto.

Tras percibir sombras y oscuridad agitándose en Ossiriand, Elfo y Ninfa se trasladaron hacia allá en una misión arriesgada, pues tenían ya conocimiento de la perversión que se apoderó de Morion, aunque no le conocían personalmente.

El encuentro culminó en una batalla que dejó importantes secuelas en los tres pues usaron todo su poder, incluso si Morion era más poderoso y habilidoso, y conocía magia negra que no dudó en usar contra ellos. Pero Nísinen y Telemnar salieron de Ossiriand con los ocho huevos de dragón en su poder y les llevaron consigo a Rúnya teniéndoles bajo su custodia, pero ocultos para todo su reino. Estos huevos de dragón vibraban para los Reyes pero tenían el presentimiento de que no eclosionarían para ellos.

La historia estaba dispuesta, los caminos trazados.

--//--

Ossiriand


El Príncipe Jaejoong y el Príncipe Yunho estaban aquí desde hace un par de días, los cinco Fénix del moreno los rodeaban cual guardianes de fuego en las penumbras de aquella caverna húmeda y fría en las entrañas de la tierra.

Ambos Príncipes estaban aparentemente inconscientes, y los Fénix sumidos en una especie de letargo influenciado por una fuerza mágica que no pudieron eludir aunque sus mentes lo habían deseado pues venía del propio pensamiento de su receptor, aunque no parecía su voluntad. Rámainen, Súrion, Vilya, Serindë y Ambarussa se sentían atrapados en una jaula impenetrable de la que no podían escapar. Y francamente los frustraba de sobremanera.

¿Cómo llegaron aquí? La verdadera conciencia de Yunho no lo quiso así, pero la reminiscencia poderosa de Morion en su mente lo hizo, ordenando a los Fénix a usar en conjunto su magia para llegar hasta aquí casi tan rápido como la velocidad del pensamiento. Tal evento sucedió dos días atrás, cuando los Príncipes de Rúnya y Formen permanecían en las fronteras de la Llama Roja en aquel primer vínculo entre sus mentes, sin muros que impidieran su enlace.

De entre los cinco Fénix del Príncipe Jung, Súrion y Vilya eran los más agiles en el viento, la reseña de sus nacimientos dice que salieron del cascarón en medio de poderosas ventiscas y que de ahí viene su poder. El batir de sus alas resultó entonces probablemente equivalente al vuelo de los dragones, quizá la diferencia más evidente entre ambas criaturas era el tamaño, porque en poder algunas veces se han igualado.

¿Por qué Ossiriand? Porque es la Casa de Morion. Porque aunque en esencia la magia del perverso Elfo se ocultó en lo más prfundo de Helcaraxë, es aquí donde su alma reside, impregnada en cada minúscula partícula en los muros de sus montañas, en las aguas de sus siete ríos, en los troncos de sus árboles y los frutos de sus arboledas, en los pétalos de sus flores bañadas de rocío y los pálidos pastizales. Morion era Ossiriand, así lo había pensado antes de convertirse en un velado recuerdo fugaz que ocupara cualquier pensamiento en las mentes de aquellos que lo conocieron.

--//--

Desiertos Polares


Nanami cayó de rodillas, sus largas y elegantes galas tejidas de fina lana e hilo de plata comenzaron a rasgarse bajo la tormenta de polvo de diamantes que Morion mandó contra ella. La espesa cortina de mechones oscuros lucía algunas hebras del color de la nieve azulada comenzando a congelarse; su piel rosada había cambiado por un tono pálido y sus labios comenzaban a perder color también. Morion planea congelarle, detener el flujo de su sangre y paralizar cada órgano interno hasta llevarle a la muerte.

– Debiste partir con tu pueblo, Nanami… – Dijo el Elfo, aumentando la potencia de su ataque y sonriendo malévolo al contemplar los hilos de sangre que se revelaron en algunas partes del delgado cuerpo de la Hada.

– Mi pueblo también fue el tuyo, Morion; hasta que tus ambiciones te sobrepasaron y fuiste capaz de destruir lo más sagrado que Anarion nos ha concedido. El vínculo con nuestras criaturas mágicas… – Nanami vio de soslayo a su unicornio hacer lo posible por mantenerse en pie.

Morion rió alto con tono burlesco, se relamió los labios como saboreando el momento en que la magia de la Hada se extinguiera.

– No hay cosa más ridícula que estar dispuesto al sacrificio por los otros.

– Ninquë y yo no pensamos lo mismo. Nillë no lo hizo y antes que nosotras, Nísinen y Telemnar tampoco. El sacrificio por un ideal está bien siempre que sea contra seres perversos como tú, Morion.

La Hada empujó su pensamiento tan obstinadamente como el resto de su magia le permitió. Ninquë relinchó y el agitar de sus crines se suspendió al vuelo mientras su cuerno resplandecía y la magia del unicornio se unía a la de su receptora.

Mantente firme mi querida Nanami, este dolor culminará pronto.

– Ninquë, puedes hacerme un último favor…

El unicornio sonrió en pensamientos, en tanto impulsaba al máximo su magia y conseguían contener el poder de Morion. Las ideas de Nanami cruzaron la mente de Ninquë y la criatura a su vez proyectó tal pensamiento hasta encontrar la mente de su hija, Isilmë.

--//--

Reino de Rúnya


Isilmë relinchó inquieta y luego echó a correr sin rumbo fijo. Su vinculación con el Príncipe Hayami le hizo despertar, el joven de tez tostada sintió la congoja de la unicornio y abandonó el campamento de inmediato. Su prometido sintió de inmediato la ausencia y espabilando el poco sopor que había conseguido aquella noche de batalla, el Príncipe ChangMin le siguió con prudencia.

¡Isilmë!

– ¡Mi padre! ¡Tengo que ayudarlo!

– ¡Detente, Isilmë! ¡No podemos hacer nada yendo a Helcaraxë, nuestro lugar está aquí!

– ¡Ellos mueren! ¡Mi amado Hayami, se sacrifican!

– Lo sé… – El Príncipe Mokomichi detuvo su carrera y serenó todos sus sentidos en un intento natural por tranquilizar a su amiga… – Mi madre también está allá, Isilmë. Y sé que no volveré a verla. Me duele el corazón pero no puedo cambiar su destino, ni interferir en sus decisiones.

La unicornio frenó su carrera y lentamente trotó hasta serenarse. El pensamiento de su padre se ordenó en su mente y el mensaje que debía transmitirle cobró sentido sobreponiéndose a la penuria y la desolación.

Anarion fue bendecida con tu presencia. Nunca olvides los pasos que has dado ni pierdas de vista el sendero recorrido. Guíate por los latidos de tu corazón y el horizonte siempre te mostraría una luz.

El pensamiento fue para hombre y criatura. Una despedida prematura, cálida y triste.

– Hayami-Indil…

– Estoy bien, ChangMin-Írima…

Los brazos del Príncipe de Númen se enredaron en la cintura de su prometido, enterrando su rostro contra su cuello. El Príncipe de Hyarmen no estaba seguro de lo acontecido, pero al sentir la humedad en su hombro, intuyó la cruel realidad. Le cobijó de vuelta con cariño y elevando la mirada al cielo crepuscular, juró no darse por vencido.

Esta guerra culminaría, con Formen y Rómen derrotados.


--//--

Ossiriand



El Príncipe Junsu junto a los ocho dragones finalmente encontraron la esencia mágica del Príncipe Jaejoong y también la del Príncipe Jung, aunque la de éste último fluctuaba en dos esencias.

Pero aún no encuentro a Nënar. Dónde se ha metido, por qué no puedo sentirlo… – El Príncipe Junsu meditó, internándose con cautela en los espesos bosques alrededor de los Siete Ríos.

¡Junsu-Lissë!

– ¿Yoochun-Inya?

– Estamos cerca. Narvinyë dice que ha podido sentir la magia de Nënar.

– He encontrado a mi hermano y al Príncipe Jung. Pero sus Fénix no me dejaran pasar libremente hasta ellos.

– Espera un poco, Junsu. Nënar y el Príncipe Jaejoong casi derriban cada muralla en la mente del Príncipe Yunho.


En los oscuros pasadizos de la mente del Príncipe Jung, el pelioscuro seguía vagando sin parar. Corría y corría como si la vida le dependiera de ello –y francamente no está lejano a la realidad–, sorteando puertas fantasmas y caminos inesperados, serpenteando a través de escarpadas empinadas y pasando por el medio de espinosas enramadas.

¡Casi llegas, Jaejoong! ¡Gira a la derecha! – El Primogénito Kim hizo lo que el dragón rojo rugió en su pensamiento.

Y finalmente llegó hasta allí. Donde la esencia de Morion habitaba en la mente de su amado.

– No me sorprende. Hijo de Nísinen y Telemnar, bienvenido… – Morion sonrió con sorna.



Siguiente capítulo, desenlace definitivo.




GLOSARIO

Ninquë. Blanco, frío, pálido.