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viernes, 3 de agosto de 2012

ARCHÁNGELO (Secuela de PROMISES)


Aunque de momento el anterior no fue comentado demasiado ;D les dejo la última parte de esto que fue una especie de 3Shot. Si tengo ánimo vuelvo pronto con un epílogo ;3 

Gracias a quienes dejan sus comentarios :3




Título: ARCHÁNGELOS
Autora: Felina
Pareja: YunJae, HayaMin, YooSu
Género: Fantasía, Romance
Clasificación: NC-17

*****
ARCHÁNGELOS
(Secuela de Promises)


Para Yunho estaba resultando difícil acostumbrarse a la presencia de Yoochun como un arcángel más en su cielo, por lo tanto de sus huestes a comandar. No siempre le escucha y a menudo le ignora para volar enérgico hasta el siguiente cielo en orden descendente, donde Junsu suele cantar admirando a los pequeños ángeles que más tarde bajarán para velar los sueños de los niños en la tierra.

Yunho les ha reñido a ambos, a su hermano y al nuevo arcángel, pero esos dos no hacen más que bajar la cabeza unos instantes, y luego desaparecer de su vista agitando las alas con prisa y riendo divertidos. El arcángel moreno piensa que parecen adolescentes. Él sabe: están enamorados. Y casi puede comprenderlo y respetarlo, pero todavía le resulta extraño. Los ángeles no se enamoran. Creados por Dios solo deberían amarle a él, cuidar a la humanidad porque también sus hijos… pero…

- Ángeles enamorándose de demonios, demonios convirtiéndose en arcángeles. No alcanzo a comprenderlo.

- Dios dice… - la presencia de su hermano menor irrumpió las palabras que el moreno dijera para sí, tan solo por pensar en voz alta… - no hay creación más inestable y hermosa a la vez que el amor. Jamás se nos ha prohibido tácitamente sentirlo, somos entes de amor, creados por amor, bendecidos para amar…

- A Dios…

- No. Dios nunca ha dicho que solo debemos amarle a él. Los Arcángeles Superiores han dejado que todos creamos eso pero no es una norma que demerite quiénes somos si llegamos a romperla. Es solo una forma más de orden, y porque Dios nos ama, sus “castigos” nunca son realmente severos, por el contrario, nos acerca a descubrir para lo que el color de nuestras almas está listo. Por eso Junsu, a pesar de ser su serafín favorito y haberle podido retener en el Trono de los Serafines cantándole con su sublime voz, Dios le delegó las responsabilidades de un ángel menor, no solo porque así estaba en mayor contacto con la humanidad que tanta curiosidad le despertaba; sino también porque estaba destinado a encontrarse con Yoochun, y que ése demonio se enamorara de él.

- Todo lo que dices no me convence. Dios no nos ha bendecido con el Libre Albedrío, pero a pesar de las faltas que como sus ángeles tenemos, Dios nos ama y nos perdona, nos cobija con su cálido manto. Sin embargo, cuanto más lo pienso, menos lo comprendo. Qué caso tiene pelear constantemente contra el mal, si Dios incluso extiende sus brazos y entrega nuevas alas a un demonio cuya única diferencia con su yo del ayer es el color de sus alas y los territorios sobre los que vuela.

- Las batallas entre el Cielo y el Inframundo nunca terminarán, hermano; es parte del equilibrio universal. Muchos de los nuestros han caído al infierno seducidos por su banal libertad porque no han comprendido la gracia de Dios. No estamos atados, Yunho; también somos libres.

Tras decir aquellas palabras que de pronto ChangMin parecen abrirle también los ojos, el arcángel morocho dio media vuelta y algunos pasos después desplegó sus alas levantando el vuelo.

Sintió la imperiosa necesidad de hablar con Dios.
Yunho se quedó sin embargo ahí, sumergido en sus recuerdos.

……flashback……

Practicaba con su espada una y otra vez sin parar, han pasado tal vez días desde que comenzó y aún tenía la sensación de que si paraba, su cuerpo se movería a un solo lugar.

El infierno.

Porque le cuesta un esfuerzo sobrenatural apartar de sus pensamientos la imagen de Jaejoong. El demonio que ha maldecido su existencia desde que le conoció. Se ha convertido en su tentación, menguando su férrea voluntad, instalando en su corazón el deseo de besar su boca roja, de acariciar su cuerpo desnudo y…

La espada rasgó el aire con violencia cuando el arcángel la agitó con furia como si así pudiera cortar también el hilo que ata sus pensamientos indecorosos.

El pecado le seducía.

En aquella misma actividad continuó, hasta que cada músculo de su cuerpo se tensó irreverente obligándole a parar. Y justo ahí, a pesar del cansancio de todo su cuerpo, la voluntad en el fondo de su corazón impulsó sus alas a levantar el vuelo… a replegarse cuando cae en picada… cuando cae… al inframundo.

Jaejoong disfrazó muy bien su sorpresa cuando el arcángel llegó a sus dominios. El demonio tampoco ha dejado de pensarle, de soñar con los ojos abiertos que le tiene ahí, que le toma y le hace suyo sosteniéndole con sus fuertes brazos y la sudada piel morena choca con la suya haciéndole temblar de placer.

- Un arcángel aquí abajo, no creo que se trate de una estrategia adecuada de batalla… - el demonio sonrió con su natural sensualidad. Esa que arrebata el autodominio del arcángel y tambalea su fuerza de voluntad.

- No he venido en pos de guerra… - el moreno le miró directamente. Luchando contra la quemazón ardiente de todo su cuerpo anhelando el contacto del ajeno.

- ¿Entonces…? – el pelioscuro sonrió tan provocativo como siempre, sin embargo, las cuencas ónix de sus ojos titilaron con nerviosismo.

Y esa era realmente la primera vez que el demonio experimentaba aquello.
Porque hasta entonces nunca nadie había ido a él.
Él siempre había provocado con la certeza de que caerían a sus pies.
Pero Yunho…
El arcángel es otra historia.
Su historia.
Compartida, única, extraña.
Vibrante.

Como ése beso que de pronto sacude todo su cuerpo. Yunho aferró sus fuertes manos a la cintura del demonio mientras sus labios ansiosos e irreverentes devoraban con lujuria esos que ardientes se mueven al compás de los suyos casi dejándose dominar, entregándose cual trofeo de guerra por el vencido.

Y mientras sus labios continúan pegados en besos ardientes y ambos pares de manos juegan con el fuego crepitante que traspira la piel del otro que recorren al desnudarse explorando de aquel modo el territorio prohibido; en la mente del arcángel resonaron las palabras que el Arcángel Miguel –su primer consejero– le dijo días atrás.

No olvides a dónde pertenece. No menosprecies a dónde perteneces tú, ni olvides tu misión en los cielos. Si tú sucumbes al pecado, el infierno habrá ganado una batalla más. Ese demonio como muchos antes que él, solo quieren llegar hasta Dios. Entonces tendrás que replantearte a quién sirves. ¿A ti mismo con egoísmo? ¿O a Dios?

Yunho mordió violentamente en la curvatura que une cuello y hombro, pero el gemido gozoso de Jaejoong ante su acción no hizo más que aumentar el calor sofocante de su cuerpo.

Estaba siendo egoísta.
La lujuria que el demonio despertó en él, se entregó sin pudor.

Jaejoong no recordaba haber sentido tanta plenitud nunca antes –y realmente ha saciado los deseos banales de su cuerpo muchas, muchas veces–. Mientras su cuerpo desnudo, sudoroso y tibio, conserva el calor abrazado al cuerpo del arcángel, se olvida casi por completo de la condición de cada uno.

Olvida que sus alas son negras con los mismos destellos rojizos que suele atribuírsele a la pasión y que habita en el infierno. Que las de Yunho pertenecen al arcángel que obedece a los cielos.

Y sin embargo, aquellos encuentros clandestinos entre el demonio y el arcángel se repitieron en numerables ocasiones.

……………………………

- Sé lo que haces, Yunho. Eres probablemente el guerrero más poderoso entre mis huestes, el cargo que te asigné por mandato de nuestro Señor obedece a las virtudes que Dios vio en ti; pero si vuelves a encontrarte con ese demonio, yo mismo te arrancaré las alas… - el ultimátum del arcángel Miguel obligó al moreno a tomar su decisión.

Renunciar a Jaejoong.

……………………………

El demonio dejó vagar su mirada por aquel sencillo lugar con curiosidad. Es la primera vez que sus pies pisan aquellos suelos, y por alguna razón, estaba emocionado. Imaginó así de pronto que tendría el valor de renunciar a sus alas, de abandonar el infierno y encontrar otra vida, quizá en los cielos, junto a Yunho.

- ¿Por qué estoy pensando así?... – el demonio murmuró entre labios, sonriendo sin darse cuenta con aquella ilusión matizada en sus ojos negros.

- Llegas puntual… - la ronca voz del moreno agitó algo en su pecho, pero el demonio ignoró aquella sensación pues al chocar su mirada con la del arcángel, supo que algo no andaba bien.

- No creo que el Templo de los Coros sea un buen lugar para encontrarnos, Yunho… - el pelioscuro sonrió coqueto, aunque sintiera esa punzada en el pecho que le pone nervioso y ansioso a la vez…

- No te cité para un encuentro carnal, Jaejoong.

- ¿Una batalla a muerte?

- No… - el arcángel hubiera querido agregar que era incapaz de matarle. Eso lo ha comprendido… - En el sitio más sagrado para nosotros en la tierra, te digo la verdad. Estoy cansado de ti, Jaejoong. Harto del juego que hemos tenido este tiempo, hastiado de tu cuerpo. No me busques más, no esperes que baje de nuevo al infierno por ti, y ahora te lo digo como una advertencia cordial, si vuelvo a verte en el Cielo, te mataré.

……flashback……

Yunho espabiló los pensamientos en su cabeza cuando escuchó la particular risa de Junsu danzando por ahí, seguramente jugando con Yoochun y otros ángeles. Casi juraría que en verdad son niños, que estar juntos de aquella manera les ha dado nuevos bríos.

El arcángel apretó inconscientemente el mango de su espada enfundada a su cintura y abriendo las alas optó por marcharse de ahí. Últimamente la soledad parecía su mejor custodia.

……………………………

Más allá, en el Trono de Dios, ChangMin permanecía sentado solo escuchando el canto de los Serafines, admirando la luz divina de Dios. Su única fuente de paz.

- Las inquietudes que atormentan tu corazón, mi querido arcángel, no se disiparán permaneciendo a mi lado.

- Pero mi Señor, cuando me alejo, la congoja que zozobra mi alma parece arrastrarme al abismo de la locura.

- Escúchame, mi querido arcángel. Cuando decidas escuchar verdaderamente a tu corazón, toda esa congoja desaparecerá. Mis maravillosos ángeles, ¿No les he dado suficiente amor? ¿Por qué es que aún dudas si bendeciré tu felicidad?

- Mi Señor, ¿Cómo debo afrontar la culpa que corroe mis entrañas cuando el amor que siento ya no parece ser solo para mi Dios?

- La respuesta está ante tus ojos, querido arcángel. Solo tienes que abrir los ojos de tu alma al resplandor de mi corazón.

ChangMin meditó aquellas palabras pronunciadas por Dios en exclusiva para él. Pero aún dubitativo, el arcángel morocho descendió a la Tierra, ahí en el Templo de los Coros, Hayami llegó a petición suya.

- ¿Por qué has venido a mi llamado?... – cuando el arcángel morocho cuestionó aquello, el demonio supo que la respuesta que esperaba no era el obvio “porque tú me llamaste”

- Porque no importa dónde estés, mi corazón late por ti. Pídeme lo que quieras, ChangMin, lo haré por ti… - el demonio aseguró con seriedad, dando esos pasos que aún les separan, notando cómo el morocho traga hondo pero se mantiene quieto en su sitio, con las alas replegadas en su espalda, y la mirada brillante inquieta titilando… - ¿Por qué me has llamado, ChangMin?

- Porque… - el arcángel se permitió pensar su respuesta… - he escuchado a mi corazón. Pero tú eres un demonio y yo un arcángel, no comprendo el motivo por el que te has convertido en el impulso de los latidos de mi corazón.

- Me quieres… - aseveró el demonio sonriendo por primera vez en mucho tiempo.

- Por qué he de quererte, no solo no te conozco más que en batalla, sino que pertenecemos a los lados contrarios de la balanza.

- Junsu y Yoochun también, y aún así se enamoraron.

- No puedo comprenderlo. Por qué debería amar a un demonio que quiso matar a mi Dios.

- Porque fuiste tú quien impidió ese día que mi alma se condenara para la eternidad al infierno. Porque fueron tus ojos y los sentimientos que desde antes ya habías despertado en mí, lo que frenó el golpe mortal que mi espada llevaba. Porque en esos segundos, tú purificaste mi alma.

- Pero sigues siendo un demonio…

- Ya te lo dije, ChangMin. Pídeme lo que quieras, que yo te lo concederé.

El arcángel titubeó. Y sus ojos miraron detenidamente la silueta ante él. Las alas grisáceas se mantenían abiertas, a la expectativa de su última palabra. Para emprender el vuelo, para morir si su portador les renunciaba.

……………………………

Jaejoong estaba ahí. Sin legiones que comandar, sin el deseo de matar. Las alas negras se sacudieron varias veces en señal de advertencia de su presencia. Se extrañó sin embargo de haber llegado hasta ahí sin haber tenido que enfrentar a un solo arcángel, sin haber visto a Yunho, sin que un solo Serafín estuviera alrededor del Trono de Dios.

- He ocultado tu presencia maligna a la sensibilidad de mis arcángeles, y la mirada de los ángeles en cada cielo cruzado para que pudieras llegar ante mí sin provocar disturbio alguno.

- Por qué…

- Porque no has venido con malas intenciones, sino en busca de respuestas…

- Es tan benevolente como se dice incluso en el infierno…

- Tu regente fue uno de mis ángeles, jamás le he guardado rencor alguno por las acciones tan perversas que ha emprendido ni los demonios malvados que están a sus servicios. Muchos como tú se han enfilado en mis cielos, como muchos de mis ángeles han caído al infierno. La razón por la que estás aquí es porque no sabes si pedirme que corte las alas de uno de mis arcángeles, o suplante las tuyas por unas bendecidas por mí…

Jaejoong bajó la mirada y sus alas negras se replegaron en sumisión y respeto. Dios había mirado en su alma mucho antes de que él pensara que contaba con una.

Pero ahora, la última decisión era realmente suya.
Suya y de nadie más.

--//--//--//--//--//--

Junsu estaba feliz, irradiaba contentura y no paraba de cantar y volar sobre el Templo de los Coros. Yoochun le miraba desde abajo, sentado en el tronco de un árbol cubierto de verdes ramajes que florecían con el canto de su amado ángel.

Allá dentro, Jaejoong admiraba sus nuevas alas, blancas como la porcelana, grandes y delicadas. Y la sonrisa de sus labios rojos aunque seductora como siempre, lucía ahora más recatada y adorable. Yunho le contemplaba con renovados votos de amor.

Y en el último recinto del Templo de los Coros, ChangMin se dejaba besar por Hayami mientras las alas del japonés se agitan y rodean ambos cuerpos envolviéndoles en una especie de capullo. Seguían siendo grisáceas, pero ahora brillaban como si estuvieran bañadas por polvo de estrellas.

Estaba feliz.
Todos lo estaban.
Y Dios.
Tenía entre sus Coros, a dos arcángeles más.




**FIN**