ISTAR
~*~
Onceava Parte
~//~
Reino
de Hyarmen
- Jaejoong-Vanima…
- Shh, esta noche, Yunho-Melko, hagamos el amor…
Cuando aquellas palabras emergieron de
labios del Príncipe Jaejoong, el de tez morena tuvo la impresión de que esto era
un sueño, después de todo no sería la primera vez que el de ojos negros se le
presenta entre oníricas ilusiones que se sienten tan reales que durante algún
tiempo le fue imposible comprender que no eran más que espejismos asaltándole
con la más hermosa de las ilusiones. Sin embargo, “hagamos el amor” es algo que nunca antes se había mencionado ni en
el más encantador de sus sueños.
- ¿Eres una ilusión?
- No más, Yunho-Melko.
El intercambio pareció suficiente, al menos
de momento, porque el calor compartido y el revoloteo en el estómago eran por
primera vez reales para los dos. Incluso el primogénito Kim experimentaba de
verdad todas aquellas sensaciones que le llegaban antes a través del vínculo
establecido en los sueños. Sueños que él mismo había invocado en numerables
ocasiones el último año desde que conoció al Príncipe Jung a través de las
memorias de su hermano.
Pero estos besos, éstas caricias, éste
tacto, cada jadeo y temblor, eran únicos y reales. Expresiones de un amor sin
precedentes. Un amor que nació entre ilusiones anheladas por el corazón de un
humano en cuyas venas corre la sangre mezclada de una Ninfa y un Elfo. El alcance
de sus dones sin embargo, aún sería sometido a prueba. Una prueba que desde
luego, no se le presentará en el camino por ahora. No mientras besa los labios
del moreno, o cuando las manos de él aprietan su cintura y se entierra de nuevo
en su cuerpo haciéndole sentir el más exquisito de los placeres terrenales.
………………………………
Más allá, entre montañas y bosques, Nënar
agitó las alas con ansiedad y lanzó un rugido que hizo eco en las cercanías. La
emoción y sentimientos de su receptor
azotaron su mente con tal fuerza e ímpetu que fue imposible para la bestia de
gran tamaño sentir una especie de coletazo que aturdió sus sentidos.
- ¿Jaejoong
ha entregado su cuerpo a ese príncipe?
- Sí,
Narvinyë.
- No
entiendo por qué nuestros humanos tienen que ser tan instintivos. Aparearse con
otros sin efecto natural no tiene sentido para mí.
-
Jaejoong no ha querido aparearse con el Príncipe Jung. Le demuestra que todo lo
que le dio de sí en sueños, se lo entrega también en la realidad.
-
Sigue siendo absurdo… - El dragón rojo renegó, lanzando una flama que se
elevó por los cielos nocturnos unos cuantos metros antes de difuminarse en
simple humo y calor.
- A
diferencia de mí, tú no has madurado, Narvinyë… - El dragón azul cromado se
burló, echándose en la tierra de aquella superficie plana a la salida de una
cueva de gran tamaño en una de las tantas montañas que se dispersan alrededor
de Hyarmen, el refugio temporal de ambos dragones cuando no se encuentran con
sus receptores.
- Narvinyë
madurará cuando Junsu-Lissë se aparee con Yoochun-Enta… - El lobo apareció
de pronto, saltando sobre una piedra de coloración rojiza que estaba cerca del
hocico del dragón azul cromado.
- Por
qué siempre apareces cuando no eres bienvenido, Nenya. ¡Eres igual de
inoportuno que tu principito!
-
Yoochun-Enta es un príncipe digno de respeto, Narvinyë; y tú deberías comenzar
a tenérselo porque pronto se convertirá en tu… ¿Hermano? ¿Padre? ¿Qué tipo de
relación debería considerar que tienes con Junsu-Lissë? Él definitivamente no
es tu hermano, pero a veces le veo aura de “madre”.
- ¡Deja
de hablar tonterías!
Nenya y Nënar rieron en pensamientos,
divertidos por la facilidad con que Narvinyë perdía los estribos.
………………………………
A la mañana
siguiente, cuando el pelioscuro y el de tez morena despertaron abrazados el uno
al otro, la sensación de regocijo se materializó en el rubor que se pintó en
las mejillas de ambos príncipes.
- Realmente no te
soñé, Jaejoong-Vanima…
- Te lo dije, que
no sería nunca más de esa manera, Yunho-Melko…
- Aún así, me
gustaría saber por qué de repente tomaste esta decisión. No es que esté dudando
de lo que pasó anoche entre nosotros.
- Sé que no dudas
de lo que pasó, y entiendo que tengas curiosidad por saber qué me motivó a
cambiar de idea. Yunho-Melko… - El pelioscuro posó una de sus manos sobre la
mejilla del moreno… - Siento mucho todo lo que te hice pasar al invadir la
privacidad de tus sueños durante tanto tiempo, pese a que al principio fue solo
que me gustabas por el claro atractivo que posees, lo que siento ahora por ti
es mucho más fuerte que eso.
- Jaejoong-Vanima…
- El Príncipe Jung sujetó la mano posada en su mejilla y llevándola a sus
labios dejó un casto beso sobre sus nudillos. Todo en él era tan perfecto, que
fue inevitable que una sonrisa curveara en sus labios al recordar que toda esa
perfección la había recorrido de principio a fin durante la noche… - Debo
confesarte que no tengo idea de lo que nos espera en mi propio reino, pero haré
todo lo posible por cuidar de esto que sentimos el uno por el otro.
El Primogénito
Kim sonrió en muestra de agradecimiento, porque su madre ya le había advertido
que enamorarse del heredero al Trono de Formen, podría ser la más grande de sus
pruebas en vida.
Y acercarle tal
vez demasiado pronto, a la muerte.
………………………………
Dos de los
príncipes que también sonrieron radiantes al despertar, fueron el menor de los
Kim y el peliazabache, que feliz por la compañía del castaño, incluso parecía
reacio a abandonar la calidez de su lecho.
- Yoochun-Inya,
dijiste que me acompañarías a caminar por las calles del reino… - Una
trompetilla caprichosa asomó en sus labios. Y el gesto nunca pareció tan
adorable a ojos del peliazabache.
- Pero me siento
tan contento aquí contigo, Junsu-Lissë… - Protestó aferrándose a la delgada
cintura de su amado, besando deliberadamente sus mejillas con la intención de
ir por su boca, pero manteniendo cierto recato y pudor para hacerlo.
Su relación,
cualesquiera que sea y como deba llamarse, era demasiado joven para apresurar
las cosas más allá de la noche compartida inocentemente abrazados el uno al
otro.
- Será una falta
de respeto no acudir al comedor para desayunar cuando los reyes tan amablemente
nos invitaron a hacerlo anoche, Yoochun-Inya. Y quiero tomar una ducha y
vestirme ligero pero noble para pasear por el reino.
- Tus palabras
han conseguido el efecto que buscaban, Junsu-Lissë. Aunque mi corazón se niegue
a separarse de ti, te dejaré ir… por ahora… - Una traviesa sonrisa vibró en los
gruesos labios del peliazabache, trayendo un intenso sonrojo a las mejillas y
hasta las orejas del menor de los Kim.
El Príncipe Junsu
probó un segundo los labios de su amado y de inmediato abandonó el lecho que
esa noche se convirtió en la mejor cama que pudo haber tenido nunca. Los gráciles
pasos del castaño tuvieron prendados los brunos ojos del peliazabache hasta que
su silueta desapareció tras el portón de sus aposentos.
- Completamente
enamorado… - El Príncipe Park suspiró.
………………………………
Antes incluso de
que sol terminara de levantarse en el horizonte, los reyes se reunieron con su
primogénito en el Salón del Rey. El recinto es amplio, de forma predominantemente
circular, con un recuadro en solitario del Rey Chang Suk en el muro tras el
escritorio de abedul. En uno de los muros laterales se encuentra otro con la
familia real, y en el contrario, uno donde solo se encuentran los reyes,
particularmente en este recuadro la belleza de la recién convertida en Reina
resaltaba con colores vivos y brillantes. El Salón del Rey es donde el soberano
realiza los trabajos burocráticos más finos de su regencia, donde su simple
firma puede cambiar el curso de la vida en Hyarmen. Y es hoy también, el lugar
donde el futuro del Príncipe Shim podría ser determinado.
- ¿Viajar a los
otros reinos de Anarion? No encuentro necesaria tal incursión, ChangMin.
- Pero padre…
- Lo que los
Príncipes de Rúnya hayan dicho no debes tomártelo a cabalidad, confiar en ellos
no es un riesgo que voy a tomar.
- Padre, ellos
quieren un tratado de paz.
- ¿Y has pensado
ya que puede ser una treta solamente? La grandeza de Rúnya ha sido un misterio
para todos los demás reinos de Anarion durante décadas, te permití viajar allá
antes porque tu madre intercedió en tu nombre, pero jamás pensé que olvidarás
todo lo que se te ha enseñado a lo largo de tu vida. 19 años he dedicado a ti
para formarte como un digno heredero al trono, ChangMin.
- Y no he de
decepcionarte. He puesto en práctica todo lo que he aprendido de ti, directa o
indirectamente, padre. Soy un digno sucesor al Trono de Hyarmen, pero creo que
pensar desde ahora en cómo evitar una guerra en el futuro me convierte en un
heredero prudente.
- Dragones,
ChangMin. Rúnya tiene dragones. Y les tengo en mis tierras, vagando por allí
con absoluta libertad, de la misma manera en que antes lo hacían. Si nos
distraemos tan solo un poco…
- Esos dragones
podrían hacer lo que quisieran en Anarion. Lo sé, padre. Sé que son las
criaturas mágicas más poderosas que pueden haber sobre Anarion, pero son solo
dos dragones, jóvenes e inmaduros.
- Y sus receptores dos príncipes que tú mismo
comprobaste no son humanos. Hijos de un Elfo y una Ninfa, ambas razas mágicas
extintas en Anarion, si han permanecido en nuestro mundo durante tanto tiempo
es por algo.
- Aún así… - La
voz de la Reina SooMin interrumpió la acalorada discusión de su esposo e hijo…
- Pienso que es buena idea que ChangMin siga viajando con los Príncipes, no hay
mejor manera de conocer las verdaderas intenciones de nuestros posibles
enemigos, que enemistándote con ellos. No tendremos mejor opción que esta, para
ver el interior de los otros reinos. ChangMin ya estuvo en Rúnya, posee valiosa
información que de ningún otro modo podríamos haber conocido. Pienso entonces
que él debe ir, Mi Rey.
- Como siempre,
las prudentes palabras de mi Reina… - El rey sonrió a su esposa, alargando la
mano para sujetar la de su bella mujer… - Has de ir, pero Linta irá contigo.
- Se hará como
ordenes, padre… - El Príncipe inclinó la cabeza con respeto.
- Nos veremos más
tarde en Russandol. Querida… - El Rey salió del recinto seguido por su esposa,
pero antes de que ella abandonara el salón se giró hacia el Príncipe…
- Una cosa más,
hijo mío. No comprometas tu corazón en estos viajes, tu destino ya fue
decidido, y como primogénito es tu deber aceptarlo, te debes al reino por el
simple hecho de llevar sangre real en tus venas. No olvides eso.
El Príncipe Shim
comprendió que la advertencia de su madre debía ser tomada con la debida
seriedad.
………………………………
Mientras caminaban
por las calles del reino, el menor de los Kim vio a su hermano pasear también por
ahí junto al Príncipe Jung.
- Oh, algo ha
cambiado también entre ellos… - El castaño señaló con una cristalina sonrisa.
- ¿Te alegra
verles juntos? – El peliazabache miró a los otros dos con curiosidad, parecía
que el de tez morena estaba comprando algún prendedor para el cabello para el
primogénito Kim. Aquel atavío de piedras esmeraldas lucía bien en el largo
cabello negro del Príncipe Jaejoong.
- Sí. A mi
hermano el Príncipe Yunho le ha gustado desde hace mucho. Me alegro realmente
de que al menos se estén llevando bien. Y si además ellos están juntos, como
nosotros dos, me sentiré mucho más feliz… - Explicó con un tenue sonrojo en sus
mejillas.
El Príncipe Park
se sintió tentado de besarle ahí mismo. Pero no era adecuado ni prudente, la
gente miraba ya de por sí con interés al de tez morena y al pelioscuro.
- Deja de sonrojarte a cada minuto por ese escuálido
principito.
- ¡Narvinyë! ¡Deja de llamarlo escuálido principito!…
- El castaño protestó mentalmente, proyectando una imagen de sí mismo en la
mente de su dragón. Pero a su dragón ni sus más lindos pucheros conseguían
ablandarle.
- No lo haré. No me tiene contento el hecho de
que hayas sido tú quien se coló en su lecho anoche. ¿Acaso tú también quieres
aparearte con él? – El dragón rojo rebufó en las montañas, alardeando el
despliegue de sus alas y las flameantes llamas que emergían de su garganta y se
elevaban en el cielo.
- ¡No quiero aparearme con Yoochun-Inya!...
Aún…
- ¡Si ese escuálido principito se atreve a tocarte lo
someteré a otra de mis pruebas!
- ¡Narvinyë, deja de ser un celoso! Deberías
emocionarte por mi felicidad.
- Me emocionaría. Si ese escuálido principito
no me hiciera dudar de sus intenciones. Además, cómo sabes que él no está
comprometido en su reino.
- Yoochun-Inya…
- ¿Sí?
- ¿Estás
comprometido en Rómen? Tengo curiosidad porque no hemos hablado mucho de tu
familia, y bueno… como nosotros… yo quiero saber…
- Hasta el día en
que salí de mi reino, no. No estoy comprometido, Junsu-Lissë…
………………………………
Cerca de la hora
del crepúsculo, El Príncipe ChangMin y el Príncipe Hayami caminaban hacia
Russandol para presenciar el cuarto día de Umbardacil.
- ¿Alguna vez has
retado a alguien?
- Una vez. A mi
maestro de armas.
- ¿Cuál fue el
resultado?
- Gané.
- Debiste
sentirte orgulloso de ti mismo, y él de ti también… - El de tez tostada miró a
su congénere de soslayo, el morocho lanzó una sonrisita.
- No. Aunque ese
día aprendí mucho. Yo tenía 15 años, y estaba furioso porque durante la
práctica mi maestro una vez más me había dado una paliza. Así que le reté,
quería sacar toda la frustración que sentía, y al mismo tiempo demostrarle a
mis padres que su hijo no era ningún débil incapaz de vender a un hombre de 50
años. Mi maestro me dejó ganar, y él dijo algo muy importante. “Si no aprendes
ahora de tus mayores, cuándo piensas que la sabiduría llegará a tu mente antes
de que tus músculos envejezcan”.
- Sabias
palabras.
- Lo sé… - El
morocho sonrió. Inquietándose por el insistente tamborileo de su corazón.
- ¿Alguna vez te
retaron?
- Tres veces. La última
fue el año pasado, y el anterior a ese dos veces, al inicio y al final de la
ceremonia de Umbardacil.
- ¿Te importó el
resultado de los duelos?
- No realmente. Aunque
muchos duelos durante Umbardacil se toman con intensidad, la mayoría de la
gente viene a Russandol a divertirse. Encontrarás que muchos niños se retan, y
entonces aprendes cosas valiosas de ellos.
- Como qué.
- Tu peor enemigo
siempre puede convertirse en tu amigo, y tu mejor amigo podrá darte la espalda,
pero nunca traicionarte.
El Príncipe de
Númen sonrió ante la madurez del Príncipe Shim. Y temió que cada día que pasaba
a su lado, conociendo los pequeños detalles que lo han transformado el hombre
que es, le hagan sentir por él ese tipo de cariño que sea capaz de nublar sus
sentidos y perturbar la entereza con que fue criado en Númen.
Luego de pronto
una luz blancuzca en forma de espada cayó justo frente al Príncipe Mokomichi. El
morocho abrió los ojos con sorpresa pues no habría imaginado que alguien en
Hyarmen fuera capaz de esto.
- Esto es…
- Alguien te ha
retado en Russandol.
………………………………
Cuando la gente comenzó a reunirse en Russandol, se
anunció que la hora del crepúsculo sería abierta por el primer duelo de la
noche. El Príncipe Shim se reunió con el soberano de Númen antes de que él
saliera a la explanada. Pero antes de decirle nada se quedó sin aliento, el
Príncipe Mokomichi se veía realmente atractivo ostentando aquel traje de guerra
que al morocho le hizo sentir demasiado calor. Agitó ligeramente la cabeza
tratando de ahuyentar de su mente aquellos pensamientos insanos.
- Sería prudente
que no te distrajeras en este momento con eso, ChangMin.
- Lo sé, Linta.
- Sé quien retó al
Príncipe Hayami.
- ¿Por qué estás
tan nervioso? ¿Acaso sabe quién me retó, Príncipe ChangMin?
Apenas el de tez
tostada cuestionó, la silueta de una mujer vestida como una amazona apareció
del otro lado de la explanada.
- Mi madre…







