ISTAR
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Décimo-Séptima Parte
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Reino de Rómen
Los ojos del Príncipe de Rúnya se
iluminaron con brillantez. La idea de comprometerse con el peliazabache era
para él como un sueño de aquellos que suelen ser llamados como imposibles. Cuando decidió realizar la Danza
del Fuego para el Príncipe Park ya se había resignado
a perderle porque no se planteó la posibilidad de exigirle que renunciara a sus
responsabilidades como heredero al Trono.
Él no había tenido que preocuparse como el
peliazabache porque sus padres –Nai Anarion
varyuva le– les aceptaron como son sin condición alguna. A su regreso del
primer viaje que realizó hacia tierras en lomos de Narvinyë, la Reina Nísinen
de inmediato supo que él había sido cautivado por alguien. Y apenas unos días
después, tras su segundo viaje, el Rey Telemnar le sorprendió hablando de viva
voz con su dragón rojo. Hablándole del amor que sentía por un apuesto joven a quien
apenas conocía de vista, pero de quien cuyo lobo había establecido ya un
vínculo mental. Suceso extraordinario por sí mismo.
El menor de los Kim sonrió ante las
memorias. Sus padres probablemente estaría contentos de saber que el Príncipe
Park está tan dispuesto a enfrentarlo todo por él a su propio reino.
- Junsu-Lissë, ¿irás? – Cuestiona buscando
la castaña mirada que por instantes se desconectó de la suya. Entrelazó sus
dedos y besó los nudillos recordando cuán jubiloso se sintió al recorrer con
sus labios cada palmo de piel virgen antes de sus besos y caricias.
- No podría negarme, Yoochun-Inya. Porque tú
me has pedido por voluntad que así se haga.
Un dulce beso selló aquellas palabras. Nenya
aulló con emoción, mientras que Narvinyë gruñía receloso y sacudía su cola
golpeando el suelo con impaciencia.
……………………………
El día se consumió en Rómen por los
preparativos del Baile del Principado, al peliazabache no le permitieron salir
del Palacio Principal. Entre pruebas de varios atuendos y el recordatorio de
toda la etiqueta para la ceremonia, el Rey Tirion y sus consejeros no le
dejaban prácticamente ni ir al baño. Era tal la represión que ni a Nenya le
dejaron abandonar los límites del Palacio, custodiado por el lobo del Rey ahí a
donde iba.
- No
es como si se trate del día en que un nuevo Rey toma el Trono… - Nenya protestó
con indignación, olfateando en el aire el aroma de los platillos que se
preparan para el banquete, así como las flores que serían dispuestas por todo
el Salón y los vinos a degustar. Sin embargo, Nenya no se sentía
particularmente interesado en nada de aquello.
- Acostúmbrate,
Nenya. Cuando Yoochun sea rey tendrás que acompañarle y obedecerle en todo lo
que mande… - El lobo del Rey, un canino de mayor tamaño que Nenya y un
pelaje blando por todo su cuerpo, le dijo en pensamientos, echándose sobre el
pasto de los jardines con mirada perezosa.
- ¡A
Yoochun y a mí no nos gusta permanecer quietos! Y menos encerrados en el
Palacio.
-
Cuando Yoochun ascienda al Trono la libertad que tanto te gusta terminará,
Nenya. Sería bueno para ti que te fueras haciendo a la idea.
- ¿Resignarme?
¡Nunca! ¡Y Yoochun tampoco lo haría!
-
Entonces Yoochun debería buscar el destierro. De otra manera el Rey nunca les
permitirá abandonar Rómen otra vez. La elección de su prometida en ésta noche
es solo el comienzo de su verdadera preparación para el Trono.
Nenya estuvo tentado de decirle que su receptor ya ha elegido con quién
comprometerse y que ése alguien no es una chica, ni mucho menos de Rómen. Pero guardó
aquellos pensamientos para sí y optó por seguir la conversación en el rumbo en
que parecía más importante.
- ¿Qué
te ha dicho el Rey, Eressëa?
- ¿Decirme? – El lobo blanco
rió con ironía… - Hace tiempo que el Rey
no habla conmigo. Me he convertido en una simple mascota, un recuerdo de sus
días de gloria cuando luchó en nombre de su padre y ganó el derecho al Trono
aunque no era el primogénito. Desde que mi magia no le es indispensable, el Rey
Tirion tampoco usa la suya.
- ¿Y
por qué no haces algo? No somos mascotas de nadie. Somos nosotros quienes
decidimos con qué humano nos vinculamos.
- El
Rey ha ido olvidando todo eso, Nenya. Ni siquiera la Reina Nillë es capaz de
llegar a Él cuando se encierra en el salón del Trono y ostentando las galas del
Rey con el cetro dorado, su mente divaga tanto en el pasado y un futuro
incierto, que incluso a mí me es casi imposible contactar con su mente. Camina hacia
la locura. Y en aquella enajenación veo guerra y caos.
- ¿El
Rey trama una guerra?
- Él
la piensa. Pero no sé qué tantas piezas ha dispuesto en el tablero.
- ¿Dirías
que Anarion está en riesgo de una guerra? ¿Rómen podría iniciarla?
- El
Rey Tirion no tiene poder fuera de Rómen. No, El Rey esperará a que cualquier
otro reino mueva la primera pieza. Mientras tanto seguirá aguardando.
-
Pero el Rey insiste en que Yoochun ascienda al Trono. Y Yoochun no quiere una
guerra. Rómen no se moverá si el Rey no lo ordena.
- El
Rey Tirion quiere mantener las tradiciones. Pero sus ambiciones le persiguen
día y noche, nublan su juicio y puedes esperar de él cualquier movimiento. Nenya,
sin importar lo que suceda hoy, ustedes deben marcharse. Y esto es algo que la
Reina misma me ha pedido que te diga. Cuando partan de Rómen no miren atrás, no
retrocedan ni un solo paso, y no vuelvan nunca más a menos que la noticia de la
muerte de los reyes llegue a sus oídos.
……………………………
El Príncipe Junsu está feliz. Narvinyë lo
sabe porque puede sentir todas aquellas emociones en el cuerpo y mente del
castaño. Incluso sus huevos de dragón
lo saben. Vibran y producen sonidos melódicos suaves y roncos, componen
canciones que hacen eco en la cueva donde se han resguardado junto con los
otros huevos de dragón y Nënar.
- Estás tan contento, hermano, que incluso
la primavera ha brotado en la montaña… - El pelioscuro señaló sonriendo hacia
el menor.
- Es porque hay canto en mi corazón y
alegría en mi alma, hermano… - El castaño comenzó entonces a bailar al ritmo de
la melodía que las vibraciones de sus huevos
de dragón emiten.
El primogénito no dejó de sonreír. La felicidad
de su hermano contagiaba su cuerpo e inundaba sus pensamientos de tal manera
que pronto se unió a la algarabía de su hermano. Si otros ojos pudiesen ver lo
que estaba sucediendo al interior de aquella cueva, observarían el majestuoso
danzar de dos humanos que en esos momentos más parecían dos hermosas criaturas
con encanto sobrenatural. Tan bellos y sutiles como las ninfas, tan melodiosos y
precisos como los Elfos.
Nënar y Narvinyë se echaron en el umbral de
la entrada. Los enormes cuerpos de las bestias tapaban casi todo el espacio,
pero algo de luz crepuscular alcanzaba a colarse por encima de ellos. Ambos dragones
escupieron serpientes de fuego que
los Príncipes Kim dominaron y moldearon a voluntad. Y hubo canto, rosas y
baile, felicidad y alegría. Pronto los ocho huevos
de dragón vibraron con melodías suaves y graves, como las voces primitivas
de las criaturas que duermen en ellos a espera del momento indicado para nacer.
La fiesta
del corazón culminó cuando la noche cubrió por completo el Reino. La Luna
coronaba la bóveda celeste con sublime altivez, y sus amigas las estrellas
titilaban luces que en la distancia reflejaban multicolores.
- Junsu…
¿Sí,
hermano?
- El destino que has admitido ya en tu
corazón. Y que tomarás delante de todo Rómen, podrá traer penurias a nuestras
vidas, lo sabes ¿verdad?
El menor de los Kim asintió.
- Sé que nuestros destinos están atados a
difíciles pruebas por causa de nuestros corazones. Estoy dispuesto a superarlas
todas con Yoochun-Inya, del mismo modo en que tú esperas hacerlo con el
Príncipe Jung.
- Has madurado suficiente, Junsu. Seguro que
Narvinyë es rebelde por naturaleza.
- ¡He
escuchado, Príncipe Jaejoong! – El dragón rojo bufó provocando una sonrisa
en los Príncipes Kim.
- Creo
que la sangre se te enfría y por eso no maduras, Narvinyë.
- ¡Cállate,
Nënar!
El menor de los Kim sonrió y se acercó a su
dragón. Le acarició el cuello y descansó su rostro contra la gruesa piel
vaciando sus pensamientos en él.
-
Gracias Narvinyë, por ser mi compañero y parte de mi alma.
……………………………
El Príncipe Park estaba nervioso. No se
trata solamente del Baile del Principado, ni mucho menos de la cantidad de
doncellas y princesas que han comenzado a llegar al Salón central del Palacio. No,
el peliazabache está nervioso y ansioso por la llegada de su amado. Busca con
la mirada al menor de los Kim y reniega cada que alguien más cruza el salón y
él descubre que no se trata del castaño.
- Deja
de comportarte como un adolescente, Yoochun-Enta, Junsu-Enta llegará en
cualquier momento.
- ¡No
puedo evitarlo, Nenya! Le extraño, no he podido verle ni un minuto en todo el
día, y todo lo que me ha mantenido cuerdo es el recuerdo de su sonrisa, de sus
labios pegados a los míos, de su cuerpo fundido al mío.
Un suspiro emergió de labios del
peliazabache, y el lobo sonrió en pensamientos. Ver a su receptor tan enamorado le hacía gracia y al mismo tiempo le hacía
sentir más poderoso. Unos minutos después sintió la mente de Narvinyë rondar
por allí pero no acercarse. Sinceramente le rugió y aturdió la mente de Nenya
como la del Príncipe Park –aunque él no tuvo idea de lo que sucedió pues aún no
se acostumbraba a las ondas mentales del dragón rojo–.
- Yoochun… - El llamado del Rey Tirion hizo
eco en sus pensamientos, por lo que el peliazabache no pudo negarse y dirigió
su atención hacia el Rey… - No falta demasiado para que sea Tindómë, será mejor
que vayas pensando seriamente en cuál será la jovencita que elegirás para
unirse en matrimonio a ti.
Las palabras del Rey no hicieron gran
efecto en el peliazabache pues él ya estaba decidido a comprometerse. Con el
Príncipe Kim Junsu. Varios minutos después él apareció junto a su hermano,
ambos Príncipes robaron más de algún suspiro y mirada soñadora de entre todo
presente en el Baile del Principado. El peliazabache sonrió ampliamente al
verle, tan hermoso que podría sofocar su corazón y anonadar su alma. El Príncipe
Park caminó a su encuentro, sin sorprenderse por ver al Príncipe Jung
haciéndole compañía al primogénito Kim; y por supuesto, lo normal fue ver a los
Príncipes de Hyarmen y Númen acudiendo como la pareja que son.
- Yoochun-Enta,
recuerda. La decisión que tomaste cambiará todo para ti, para Junsu-Enta, para
Rómen y tal vez toda Anarion.
- Lo
sé, Nenya. Asumiré la responsabilidad de mis acciones, pero nada ni nadie me
hará renunciar a Junsu-Lissë.
El momento en que el primogénito de Rómen
eligiera su prometida ha llegado.
Tindómë, la hora del crepúsculo estrellado, cuando la luna llena cuelga del
firmamento y las estrellas le hacen tributo en el cielo nacarado bañado por los
últimos rayos de sol que están por ocultarse en el horizonte.
- ¡Pueblo de Rómen! ¡Bienvenidos sean al
Baile del Principado! ¡Hoy mi hijo Yoochun cumple veintiún años, alcanza la
madurez que en Rómen se considera suficiente para que todo hombre comience a
cimentar su propia familia! ¡Es por eso que vuestro querido Príncipe Park
Yoochun anunciará en este instante a la elegida, su futura esposa!
El Rey Tirion exclamó con voz potente, una
voz que resonó en el salón e hizo eco. La gente aplaudió y los murmullos
comenzaron a hacer ruido en el recinto. Princesas y doncellas aseguraban ser la
elegida conforme los pasos del peliazabache se internaban en el salón. Pero el
Príncipe Park solo tenía ojos para el castaño, que de pie casi al fondo del salón
aguardaba su encuentro.
- Maara Tulda, Junsu-Lissë… - Susurra con
nobleza, sujetando la mano del castaño y besando sus nudillos.
- Hantale, Yoochun-Inya… - Corresponde el
gesto y permite que sus mejillas se tinturen de rosado.
- Junsu-Lissë, ¿Méralyë vesta ni?
- ¡Tancave!
Ambos Príncipes desearon con todas sus
fuerzas besarse allí mismo, pero mantuvieron un poco de recato. Y caminan
juntos entre la gente sin prestar atención a los murmullos ni a las miradas. El
peliazabache sabe sin embargo que su padre no está satisfecho, que la pesada
mirada que siente viene de él y que en cuanto anuncie al dueño de su corazón, será
la decepción de su familia.
- Aran Tirion, presento ante usted y todo
Rómen al elegido por mi corazón, el Príncipe Kim Junsu del Reino de Rúnya. Prometo
en Tindómë que es el adecuado para comprometerme y juro solemnemente no haber
sido influenciado por ninguna fuerza externa para elegirle.
- ¡Blasfemia, Yoochun! ¡Es que has perdido
el juicio! ¡Yo, Rey de Rómen, llamado Tirion desde mi ascensión al Trono,
rechazo el compromiso que anuncias!
- Entonces destiérrame, padre; porque no he
de cambiar mi elección. – El peliazabache le enfrentó con determinación.
En tanto que los murmullos corrieron rápidamente
entre el pueblo de Rómen sacudiendo la indignación, la vergüenza, la deshonra. El
Príncipe Yoo-Hwermë dio media vuelta dispuesto a abandonar el Salón antes de
que iniciara algún enfrentamiento entre su hermano mayor y su padre, pero la
Reina Nillë le detuvo sujetando su antebrazo.
- Presta atención, hijo mío; porque el
resultado de lo que suceda hoy será tu futuro…
……………………………
- ¡Junsu!
- ¡Yoochun!
Las exclamaciones de Narvinyë y Nenya
hicieron eco en los pensamientos de castaño y peliazabache. Ambos Príncipes
estaban enfrentándose con el Rey Tirion luego de que el monarca desenvainara su
espada atacando al Príncipe de Rúnya; el peliazabache por supuesto que había
intervenido de inmediato, pero su padre estaba empeñado en atacar mortalmente a
su amado y él indispuesto a permitirle hacerle el mínimo rasguño.
El Príncipe Jaejoong y el Príncipe Yunho
habían salido del Salón para ir por los caballos que ya habían preparado para
salir de Rómen. Nënar custodiaba los huevos
de dragón de su receptor y
Narvinyë hacía lo propio con los del castaño, pero al dragón rojo lo movía
también su preocupación por el Príncipe Junsu.
- ¡Márchate
Narvinyë!
- ¡No
voy a dejarte, Junsu!
- ¡Esta
es una batalla entre el Rey y nosotros dos, Narvinyë! ¡Debes proteger los
huevos de dragón!
- ¡Pero
también a ti!
- ¡Por
favor, Narvinyë, confía en mí! ¡Cuidaré de Junsu-Lissë! ¡Pero escúchale!
El dragón rojo rugió y antes de echar abajo
la cúpula central del Salón del Palacio, dio media vuelta alejándose de allí en
la dirección de Nënar hasta las fronteras del reino.
- No permitiré que se marchen. No dejaré
que te unas a un hombre en cuya sangre circula la marca de un linaje
incomprendido… - El Rey Tirion exclamó dispuesto a luchar a muerte.
Continuará……
GLOSARIO
Nai Anarion varyuva le: Que Anarion los guarde.
Nai Anarion varyuva le: Que Anarion los guarde.
Eressëa: “Solitario”
Méralyë
vesta ni.
¿Quieres casarte conmigo?
Tancave:
Sí.







