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sábado, 25 de mayo de 2013

ISTAR Parte 17



ISTAR
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Décimo-Séptima Parte

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Reino de Rómen


Los ojos del Príncipe de Rúnya se iluminaron con brillantez. La idea de comprometerse con el peliazabache era para él como un sueño de aquellos que suelen ser llamados como imposibles. Cuando decidió realizar la Danza del Fuego para el Príncipe Park ya se había resignado a perderle porque no se planteó la posibilidad de exigirle que renunciara a sus responsabilidades como heredero al Trono.

Él no había tenido que preocuparse como el peliazabache porque sus padres –Nai Anarion varyuva le– les aceptaron como son sin condición alguna. A su regreso del primer viaje que realizó hacia tierras en lomos de Narvinyë, la Reina Nísinen de inmediato supo que él había sido cautivado por alguien. Y apenas unos días después, tras su segundo viaje, el Rey Telemnar le sorprendió hablando de viva voz con su dragón rojo. Hablándole del amor que sentía por un apuesto joven a quien apenas conocía de vista, pero de quien cuyo lobo había establecido ya un vínculo mental. Suceso extraordinario por sí mismo.

El menor de los Kim sonrió ante las memorias. Sus padres probablemente estaría contentos de saber que el Príncipe Park está tan dispuesto a enfrentarlo todo por él a su propio reino.

- Junsu-Lissë, ¿irás? – Cuestiona buscando la castaña mirada que por instantes se desconectó de la suya. Entrelazó sus dedos y besó los nudillos recordando cuán jubiloso se sintió al recorrer con sus labios cada palmo de piel virgen antes de sus besos y caricias.

- No podría negarme, Yoochun-Inya. Porque tú me has pedido por voluntad que así se haga.

Un dulce beso selló aquellas palabras. Nenya aulló con emoción, mientras que Narvinyë gruñía receloso y sacudía su cola golpeando el suelo con impaciencia.

……………………………

El día se consumió en Rómen por los preparativos del Baile del Principado, al peliazabache no le permitieron salir del Palacio Principal. Entre pruebas de varios atuendos y el recordatorio de toda la etiqueta para la ceremonia, el Rey Tirion y sus consejeros no le dejaban prácticamente ni ir al baño. Era tal la represión que ni a Nenya le dejaron abandonar los límites del Palacio, custodiado por el lobo del Rey ahí a donde iba.

- No es como si se trate del día en que un nuevo Rey toma el Trono… - Nenya protestó con indignación, olfateando en el aire el aroma de los platillos que se preparan para el banquete, así como las flores que serían dispuestas por todo el Salón y los vinos a degustar. Sin embargo, Nenya no se sentía particularmente interesado en nada de aquello.

- Acostúmbrate, Nenya. Cuando Yoochun sea rey tendrás que acompañarle y obedecerle en todo lo que mande… - El lobo del Rey, un canino de mayor tamaño que Nenya y un pelaje blando por todo su cuerpo, le dijo en pensamientos, echándose sobre el pasto de los jardines con mirada perezosa.

- ¡A Yoochun y a mí no nos gusta permanecer quietos! Y menos encerrados en el Palacio.

- Cuando Yoochun ascienda al Trono la libertad que tanto te gusta terminará, Nenya. Sería bueno para ti que te fueras haciendo a la idea.

- ¿Resignarme? ¡Nunca! ¡Y Yoochun tampoco lo haría!

- Entonces Yoochun debería buscar el destierro. De otra manera el Rey nunca les permitirá abandonar Rómen otra vez. La elección de su prometida en ésta noche es solo el comienzo de su verdadera preparación para el Trono.

Nenya estuvo tentado de decirle que su receptor ya ha elegido con quién comprometerse y que ése alguien no es una chica, ni mucho menos de Rómen. Pero guardó aquellos pensamientos para sí y optó por seguir la conversación en el rumbo en que parecía más importante.

- ¿Qué te ha dicho el Rey, Eressëa?

- ¿Decirme? – El lobo blanco rió con ironía… - Hace tiempo que el Rey no habla conmigo. Me he convertido en una simple mascota, un recuerdo de sus días de gloria cuando luchó en nombre de su padre y ganó el derecho al Trono aunque no era el primogénito. Desde que mi magia no le es indispensable, el Rey Tirion tampoco usa la suya.

- ¿Y por qué no haces algo? No somos mascotas de nadie. Somos nosotros quienes decidimos con qué humano nos vinculamos.

- El Rey ha ido olvidando todo eso, Nenya. Ni siquiera la Reina Nillë es capaz de llegar a Él cuando se encierra en el salón del Trono y ostentando las galas del Rey con el cetro dorado, su mente divaga tanto en el pasado y un futuro incierto, que incluso a mí me es casi imposible contactar con su mente. Camina hacia la locura. Y en aquella enajenación veo guerra y caos.

- ¿El Rey trama una guerra?

- Él la piensa. Pero no sé qué tantas piezas ha dispuesto en el tablero.

- ¿Dirías que Anarion está en riesgo de una guerra? ¿Rómen podría iniciarla?

- El Rey Tirion no tiene poder fuera de Rómen. No, El Rey esperará a que cualquier otro reino mueva la primera pieza. Mientras tanto seguirá aguardando.

- Pero el Rey insiste en que Yoochun ascienda al Trono. Y Yoochun no quiere una guerra. Rómen no se moverá si el Rey no lo ordena.

- El Rey Tirion quiere mantener las tradiciones. Pero sus ambiciones le persiguen día y noche, nublan su juicio y puedes esperar de él cualquier movimiento. Nenya, sin importar lo que suceda hoy, ustedes deben marcharse. Y esto es algo que la Reina misma me ha pedido que te diga. Cuando partan de Rómen no miren atrás, no retrocedan ni un solo paso, y no vuelvan nunca más a menos que la noticia de la muerte de los reyes llegue a sus oídos.

……………………………

El Príncipe Junsu está feliz. Narvinyë lo sabe porque puede sentir todas aquellas emociones en el cuerpo y mente del castaño. Incluso sus huevos de dragón lo saben. Vibran y producen sonidos melódicos suaves y roncos, componen canciones que hacen eco en la cueva donde se han resguardado junto con los otros huevos de dragón y Nënar.

- Estás tan contento, hermano, que incluso la primavera ha brotado en la montaña… - El pelioscuro señaló sonriendo hacia el menor.

- Es porque hay canto en mi corazón y alegría en mi alma, hermano… - El castaño comenzó entonces a bailar al ritmo de la melodía que las vibraciones de sus huevos de dragón emiten.

El primogénito no dejó de sonreír. La felicidad de su hermano contagiaba su cuerpo e inundaba sus pensamientos de tal manera que pronto se unió a la algarabía de su hermano. Si otros ojos pudiesen ver lo que estaba sucediendo al interior de aquella cueva, observarían el majestuoso danzar de dos humanos que en esos momentos más parecían dos hermosas criaturas con encanto sobrenatural. Tan bellos y sutiles como las ninfas, tan melodiosos y precisos como los Elfos.

Nënar y Narvinyë se echaron en el umbral de la entrada. Los enormes cuerpos de las bestias tapaban casi todo el espacio, pero algo de luz crepuscular alcanzaba a colarse por encima de ellos. Ambos dragones escupieron serpientes de fuego que los Príncipes Kim dominaron y moldearon a voluntad. Y hubo canto, rosas y baile, felicidad y alegría. Pronto los ocho huevos de dragón vibraron con melodías suaves y graves, como las voces primitivas de las criaturas que duermen en ellos a espera del momento indicado para nacer.

La fiesta del corazón culminó cuando la noche cubrió por completo el Reino. La Luna coronaba la bóveda celeste con sublime altivez, y sus amigas las estrellas titilaban luces que en la distancia reflejaban multicolores.

- Junsu…

 ¿Sí, hermano?

- El destino que has admitido ya en tu corazón. Y que tomarás delante de todo Rómen, podrá traer penurias a nuestras vidas, lo sabes ¿verdad?

El menor de los Kim asintió.

- Sé que nuestros destinos están atados a difíciles pruebas por causa de nuestros corazones. Estoy dispuesto a superarlas todas con Yoochun-Inya, del mismo modo en que tú esperas hacerlo con el Príncipe Jung.

- Has madurado suficiente, Junsu. Seguro que Narvinyë es rebelde por naturaleza.

- ¡He escuchado, Príncipe Jaejoong! – El dragón rojo bufó provocando una sonrisa en los Príncipes Kim.

- Creo que la sangre se te enfría y por eso no maduras, Narvinyë.

- ¡Cállate, Nënar!

El menor de los Kim sonrió y se acercó a su dragón. Le acarició el cuello y descansó su rostro contra la gruesa piel vaciando sus pensamientos en él.

- Gracias Narvinyë, por ser mi compañero y parte de mi alma.

……………………………

El Príncipe Park estaba nervioso. No se trata solamente del Baile del Principado, ni mucho menos de la cantidad de doncellas y princesas que han comenzado a llegar al Salón central del Palacio. No, el peliazabache está nervioso y ansioso por la llegada de su amado. Busca con la mirada al menor de los Kim y reniega cada que alguien más cruza el salón y él descubre que no se trata del castaño.

- Deja de comportarte como un adolescente, Yoochun-Enta, Junsu-Enta llegará en cualquier momento.

- ¡No puedo evitarlo, Nenya! Le extraño, no he podido verle ni un minuto en todo el día, y todo lo que me ha mantenido cuerdo es el recuerdo de su sonrisa, de sus labios pegados a los míos, de su cuerpo fundido al mío.

Un suspiro emergió de labios del peliazabache, y el lobo sonrió en pensamientos. Ver a su receptor tan enamorado le hacía gracia y al mismo tiempo le hacía sentir más poderoso. Unos minutos después sintió la mente de Narvinyë rondar por allí pero no acercarse. Sinceramente le rugió y aturdió la mente de Nenya como la del Príncipe Park –aunque él no tuvo idea de lo que sucedió pues aún no se acostumbraba a las ondas mentales del dragón rojo–.

- Yoochun… - El llamado del Rey Tirion hizo eco en sus pensamientos, por lo que el peliazabache no pudo negarse y dirigió su atención hacia el Rey… - No falta demasiado para que sea Tindómë, será mejor que vayas pensando seriamente en cuál será la jovencita que elegirás para unirse en matrimonio a ti.

Las palabras del Rey no hicieron gran efecto en el peliazabache pues él ya estaba decidido a comprometerse. Con el Príncipe Kim Junsu. Varios minutos después él apareció junto a su hermano, ambos Príncipes robaron más de algún suspiro y mirada soñadora de entre todo presente en el Baile del Principado. El peliazabache sonrió ampliamente al verle, tan hermoso que podría sofocar su corazón y anonadar su alma. El Príncipe Park caminó a su encuentro, sin sorprenderse por ver al Príncipe Jung haciéndole compañía al primogénito Kim; y por supuesto, lo normal fue ver a los Príncipes de Hyarmen y Númen acudiendo como la pareja que son.

- Yoochun-Enta, recuerda. La decisión que tomaste cambiará todo para ti, para Junsu-Enta, para Rómen y tal vez toda Anarion.

- Lo sé, Nenya. Asumiré la responsabilidad de mis acciones, pero nada ni nadie me hará renunciar a Junsu-Lissë.

El momento en que el primogénito de Rómen eligiera su prometida ha llegado. Tindómë, la hora del crepúsculo estrellado, cuando la luna llena cuelga del firmamento y las estrellas le hacen tributo en el cielo nacarado bañado por los últimos rayos de sol que están por ocultarse en el horizonte.

- ¡Pueblo de Rómen! ¡Bienvenidos sean al Baile del Principado! ¡Hoy mi hijo Yoochun cumple veintiún años, alcanza la madurez que en Rómen se considera suficiente para que todo hombre comience a cimentar su propia familia! ¡Es por eso que vuestro querido Príncipe Park Yoochun anunciará en este instante a la elegida, su futura esposa!

El Rey Tirion exclamó con voz potente, una voz que resonó en el salón e hizo eco. La gente aplaudió y los murmullos comenzaron a hacer ruido en el recinto. Princesas y doncellas aseguraban ser la elegida conforme los pasos del peliazabache se internaban en el salón. Pero el Príncipe Park solo tenía ojos para el castaño, que de pie casi al fondo del salón aguardaba su encuentro.

- Maara Tulda, Junsu-Lissë… - Susurra con nobleza, sujetando la mano del castaño y besando sus nudillos.

- Hantale, Yoochun-Inya… - Corresponde el gesto y permite que sus mejillas se tinturen de rosado.

- Junsu-Lissë, ¿Méralyë vesta ni?

- ¡Tancave!

Ambos Príncipes desearon con todas sus fuerzas besarse allí mismo, pero mantuvieron un poco de recato. Y caminan juntos entre la gente sin prestar atención a los murmullos ni a las miradas. El peliazabache sabe sin embargo que su padre no está satisfecho, que la pesada mirada que siente viene de él y que en cuanto anuncie al dueño de su corazón, será la decepción de su familia.

- Aran Tirion, presento ante usted y todo Rómen al elegido por mi corazón, el Príncipe Kim Junsu del Reino de Rúnya. Prometo en Tindómë que es el adecuado para comprometerme y juro solemnemente no haber sido influenciado por ninguna fuerza externa para elegirle.

- ¡Blasfemia, Yoochun! ¡Es que has perdido el juicio! ¡Yo, Rey de Rómen, llamado Tirion desde mi ascensión al Trono, rechazo el compromiso que anuncias!

- Entonces destiérrame, padre; porque no he de cambiar mi elección. – El peliazabache le enfrentó con determinación.

En tanto que los murmullos corrieron rápidamente entre el pueblo de Rómen sacudiendo la indignación, la vergüenza, la deshonra. El Príncipe Yoo-Hwermë dio media vuelta dispuesto a abandonar el Salón antes de que iniciara algún enfrentamiento entre su hermano mayor y su padre, pero la Reina Nillë le detuvo sujetando su antebrazo.

- Presta atención, hijo mío; porque el resultado de lo que suceda hoy será tu futuro…

……………………………

- ¡Junsu!

- ¡Yoochun!

Las exclamaciones de Narvinyë y Nenya hicieron eco en los pensamientos de castaño y peliazabache. Ambos Príncipes estaban enfrentándose con el Rey Tirion luego de que el monarca desenvainara su espada atacando al Príncipe de Rúnya; el peliazabache por supuesto que había intervenido de inmediato, pero su padre estaba empeñado en atacar mortalmente a su amado y él indispuesto a permitirle hacerle el mínimo rasguño.

El Príncipe Jaejoong y el Príncipe Yunho habían salido del Salón para ir por los caballos que ya habían preparado para salir de Rómen. Nënar custodiaba los huevos de dragón de su receptor y Narvinyë hacía lo propio con los del castaño, pero al dragón rojo lo movía también su preocupación por el Príncipe Junsu.

- ¡Márchate Narvinyë!

- ¡No voy a dejarte, Junsu!

- ¡Esta es una batalla entre el Rey y nosotros dos, Narvinyë! ¡Debes proteger los huevos de dragón!

- ¡Pero también a ti!

- ¡Por favor, Narvinyë, confía en mí! ¡Cuidaré de Junsu-Lissë! ¡Pero escúchale!


El dragón rojo rugió y antes de echar abajo la cúpula central del Salón del Palacio, dio media vuelta alejándose de allí en la dirección de Nënar hasta las fronteras del reino.

- No permitiré que se marchen. No dejaré que te unas a un hombre en cuya sangre circula la marca de un linaje incomprendido… - El Rey Tirion exclamó dispuesto a luchar a muerte.


Continuará……



GLOSARIO

Nai Anarion varyuva le: Que Anarion los guarde.

Eressëa: “Solitario”

Méralyë vesta ni. ¿Quieres casarte conmigo?

Tancave: Sí.

jueves, 23 de mayo de 2013

ISTAR Parte 16



ISTAR
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Décimo-Sexta Parte

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Reino de Rómen


Las mejillas del Príncipe Shim no podían enrojecer más de vergüenza. El de tez tostada incluso sintió un pinchazo de arrepentimiento cuando escuchó el resoplido abandonar los labios de su prometido. Reconoce que ha sido demasiado directo con su declaración, y sin embargo no podía evitarlo. Está en su naturaleza como residente de Númen, la honestidad es algo que ha aprendido de su convivencia con su unicornio.

- Pienso que sería deshonroso cuando tus padres ni siquiera me conocen, mucho menos han consentido nuestro compromiso, Hayami-Indil. Por lo tanto, ambos debemos mantener ciertos deseos reprimidos hasta que visitemos Númen.

- ¿Besarte está bien, ChangMin-Írima?

Las mejillas del Príncipe morocho conservaron un tenue rubor rosado cuando asintió y fue él mismo quien se acercó a su prometido, quien sentado en una silla acojinada en el interior de sus aposentos, decidió pertinente y necesario enroscar sus manos en la cintura estrecha del Príncipe Shim en tanto sus labios se funden en un delicado beso que poco a poco adquirió una húmeda confianza que amenazaba con instarles a la exploración de nuevos besos.

……………………………

El Príncipe Park recordó entonces que meses atrás, cuando estaban en Rúnya y el tiempo pasó como si fueran tan solo algunos días, el menor de los Kim le había dicho que le mostraría la Danza del Fuego en todo su esplendor. El peliazabache sintió la boca reseca y el corazón comenzó a palpitarle más aprisa. Expectación. Era eso lo que sentía en cada fibra de su ser.

Narvinyë por su parte había aterrizado junto al lago, rozando incluso sus aguas cuando agitaba su poderosa cola de un lado a otro con lentitud. Los ojos rojos como las entrañas de Anarion miraban penetrantemente al peliazabache, en tanto que Nenya se mantenía sentado sobre sus patas traseras y las puntiagudas orejas peludas erguidas en señal de total atención. El dragón rojo por un momento se preguntó si es que el lobo terminaría echado sobre alguna de sus patas o alguna parte de su cuerpo como hasta antes de llegar a Rómen había tenido por costumbre. Entonces Narvinyë se dio cuenta de que algunas cosas habían cambiado para el escuálido principito y Nenya desde que entraron al reino.

- Junsu-Lissë…

- Este es mi regalo para ti, Yoochun-Inya. Mis sinceras felicitaciones por su cumpleaños veintiuno, Príncipe Park… - El menor de los Kim hizo una fina reverencia hacia el peliazabache.

- Gracias, Príncipe Kim… - Correspondió su gesto con una venia.

Ambos sonrieron ante la solemnidad con que han intercambiado aquellas palabras de felicitación. Pero la sonrisa del peliazabache fue pronto reemplazada por una expresión en su rostro de absoluta admiración. El castaño ha comenzado a danzar.

Habiéndose alejado apenas unos metros del peliazabache, el menor de los Kim comenzó a tararear una suave melodía que sonaba a dulce frescura, como si estuviera rindiéndole tributo a la Luna; al mismo tiempo inició el pausado fluir de movimientos corporales. El castaño movía los pies de un lado a otro trazando figuras en el suelo que dejaban una casi imperceptible estela de luz plateada, a la vez, la altura y el ángulo de sus manos dibujaba otros trazos. Las prendas de seda se agitaban apenas perceptiblemente siguiendo el curso de sus movimientos.

Y entonces, igual que en aquella ocasión; de la garganta de Narvinyë emergió una llamarada que rodeó al castaño, una serpiente de fuego que no parecía tener efecto alguno sobre las prendas de seda o la piel del menor de los Kim. Un fuego que no quema, un fuego que se deja dominar a voluntad por los pensamientos y la magia del Príncipe de Rúnya. La serpiente de fuego pronto fue moldeada como una simple elipse que corrió arriba y abajo por todo el cuerpo del castaño, el color de la elipse cambiaba a lo largo de la circunferencia, iba de los tonos claros a los más intensos, todos en el espectro del rojo carmín. Lucían como olas de luz en el fuego, y todas respondían al canto del castaño, como juguetones resplandores de su pensamiento y de su magia.

El peliazabache observaba sin perder detalle, sentía que contemplaba una de las cosas más hermosas de toda Anarion. La sutileza, la exactitud, la belleza, sensualidad e inocencia mezcladas en perfecta sincronía.

Luego de pronto Narvinyë lanzó otro par de serpientes de fuego; y nuevamente el Príncipe Junsu las dominó a su antojo dándoles nuevas formas con sus pensamientos. La melodía no dejaba tampoco de fluir de su garganta, suave y dulce se deslizaba con el viento y se entretejía la voz con la visión de cada movimiento entre figuras de fuego y la belleza sobrenatural del castaño. De un momento a otro el dragón rojo sopló fuego alrededor de ambos príncipes, Nenya y Narvinyë quedaron dentro del aro de fuego también. El peliazabache instintivamente llevó una de sus manos a su cintura, donde su fiel espada colgaba. Buscó con su mirada los grandes e intimidantes ojos rojos de Narvinyë –incluso si eso le significaba el gran sacrificio de dejar de admirar a su amado danzando–, pero a diferencia de aquel enfrentamiento en Rúnya, ésta no parecía ser la advertencia de una Prueba de fuego.

- Fëanáro… - El Príncipe de Rúnya pronunció en su canto y las llamas de fuego alrededor crepitaron elevándose como murallas de piedra ardiente hasta converger en lo alto formando una coraza impenetrable.

El peliazabache admiró tal poder con sumo respeto. La magia de su amado era definitivamente mayor que la suya, y había razón en ello. Hijo de una Ninfa y un Elfo, receptor de un Dragón de Fuego.

- Órenyallo, Ilya Melmenyanen len Isilion… - Las palabras emergieron una vez más como canto de labios del castaño.

Y las serpientes de fuego que habían retomado su forma original cuando fueran exhaladas por Narvinyë, se convirtieron entonces en consumidoras de seda. Las prendas que cubrían el cuerpo del castaño desaparecieron consumidas por el fuego, las llamas resplandecientes se volvieron finas tiras que se enredaron en la desnudez del Príncipe de Rúnya cobijando su piel. La respiración pareció incluso fallarle al peliazabache, tal belleza en todo su esplendor debía estar prohibida para los ojos humanos.

- Yoochun-Inya… - El menor de los Kim detuvo sus movimientos. La danza había culminado.

El sentido de su ritual, no. Caminó despacio hasta volver a quedar frente a su amado, las llamas que rodean su cuerpo siguen ahí, como enredaderas jugando a deslizarse por todo su cuerpo, a lo largo de sus piernas, en su delgada cintura, en la pronunciada curva en su espalda, en sus finos brazos y los delicados dedos.

- Eres hermoso, Junsu-Lissë… - El Príncipe Park murmura casi sin darse cuenta. Está hipnotizado por su belleza.

- Tus palabras siempre son un halago que me produce vergüenza y agita mi corazón, Yoochun-Inya… - El castaño sonrió de medio lado, con las mejillas abruptamente bañadas de carmín. Está ahí, protegido de su total desnudez por aquellas espirales de fuego que rodean su cuerpo.

- ¿Puedo…?

- ¿No temes quemarte?

- No.

Entonces el Príncipe Yoochun apoyó una mano en la cintura del Príncipe Junsu, la palma de su mano alcanzó la tibieza natural de su desnuda piel pasando por encima y entre el espiral de fuego. Ahí donde su mano tocó piel el fuego se abrió dejándole espacio libre. Y cuando el castaño subió sus manos apoyándolas en los hombros del peliazabache, el fuego que tuvo contacto con el cuerpo del mayor de los dos se extinguió.

Fue el momento exacto en que sus bocas se unieron en un ansioso beso y que las manos del peliazabache sujetaron totalmente la cintura del castaño, que más fuego se desvaneció. Centímetro a centímetro, espiral a espiral, cada llama, cada rastro de fuego fue desapareciendo conforme las manos del Príncipe Park exploraron el cuerpo de su amado. Pronto las manos del Príncipe Kim cooperaron de las caricias y se deshicieron de los ropajes del peliazabache. Ambos cuerpos danzaron entonces bajo la luz de la luna, con la muralla de fuego alrededor consumiéndose por cada beso y caricia que se entregaron, por cada sensación placentera de la unión exquisita de sus cuerpos agitándose al compás. Un vaivén de caderas que sacudió sus sentidos y abrumó sus cuerpos.

Se entregaron el amor a través del cuerpo, conectando sus corazones y hasta sus almas. Un vínculo irrepetible.

……………………………

Al amanecer, el primogénito Kim volvió a cantar para sus huevos de dragón, Nënar se mantenía de pie sobre sus cuatro patas a la salida de aquella cueva en las montañas que tomaron como hogar temporal, con el hocico elevado al cielo y las membranosas alas extendidas a lo largo. Algo en el viento le molestaba, pero no podía llegar a descubrir qué era. Rómen no le gusta, ni a él ni a Narvinyë. Pero sigue siendo el hogar de Nenya, un lobo extraordinario entre los suyos; y hogar también del Príncipe Yoochun, cuya sangre no gusta a Narvinyë, sangre de secretos que no quiere revelar por cuenta propia. El dragón azul cromado escuchaba el canto de su receptor y sentía a través de las escamas las vibraciones que cimbraban en la lisa superficie de los huevos de dragón.

- ¿Cuándo piensan eclosionar?  Es claro que han elegido quedarse con Jaejoong porque desean nacer para él. ¿Pero qué están esperando? ¿Cómo es que incluso fueron ocultos de Narvinyë y de mí durante tantos años en Rúnya?

- ¡Nënar!

- ¡Narvinyë!... – El dragón rojo se acercó llegando desde el sur, replegó las alas y alargó el cuerpo antes de aterrizar junto a su congénere.

- ¿Qué haces aquí? ¿Y Junsu?

- ¡Apareándose con ese principito escuálido! – Rugió el dragón rojo.

Los huevos de dragón que pertenecen al castaño se tambalearon en el fondo de la cueva donde el pelioscuro seguía cantando a sus propios huevos de dragón. No parecía que fuesen a salir levitando en busca de su madre, pero Narvinyë por un momento lo deseó.

- Sigues celoso porque Junsu se enamoró del Príncipe Yoochun…  - Nënar se permitió una sonrisa divertida. Y a los pocos instantes Nenya llegó, como siempre, listo para molestar al dragón rojo.

- ¡Estoy celoso de que no paran de hacerlo desde que comenzaron! ¡Y Junsu realizó la Danza del Fuego para ese principito! ¿¡Entiendes!? ¡Se vinculó a él! – Narvinyë lanzó varias fumarolas de sus fosas nasales, e incluso regurgitó un par de bolas de fuego.

- Tanto escándalo por qué, Nënar… - El primogénito Kim cuestionó al salir de la cueva. Sus vestiduras azules y blancas le hacían lucir impecablemente hermoso.

- Narvinyë dice que tu hermano finalmente se ha entregado al Príncipe Park

- ¡Y se veían lindos apareándose!

- ¡Nenya!

El Príncipe Jaejoong sonrió incluso si no escuchaba los pensamientos de Nenya y Narvinyë, pero la risa socarrona que resonaba en la mente de Nënar era suficiente para saber que nuevamente se comportaban como unos niños molestándose entre sí. Suspiró y se acomodó uno de sus largos mechones tras la oreja, cepilló el resto de su pelo y esperó la llegada del Príncipe Jung. Habían acordado reunirse a temprana hora para hablar acerca de cómo salir de Rómen antes de lo planeado. No querían presenciar el Baile del Principado, pero tampoco querían que fuera una falta de respeto para el peliazabache cuando se realiza con motivo de su cumpleaños veintiuno.

……………………………

El Príncipe Jung se ha reunido con los Príncipes de Hyarmen y Númen. Todavía resulta extraño saberlos comprometidos, y en cierta forma le alegra al de Formen, pero al mismo tiempo le parece algo irreal y lejano para él. El de tez morena no permitiría de ninguna manera que le comprometieran al pelioscuro. Está seguro de que si solo lo insinuara, sus padres no se opondrían en absoluto a unir Rúnya con Formen a través del matrimonio de sus primogénitos. Pero sabe también, que sus padres solo querrían sacar provecho de tal unión.

- ¿Irnos antes? El pueblo de Rómen no parece muy amable pero, irnos antes siquiera de conocer un poco más de su gente parece que responde a algo importante, Príncipe Jung.

- Los dragones de los hermanos Kim no se sienten cómodos aquí. Tienen la sensación de que debemos irnos.

- Linta no me ha dicho nada, y Nenya es un lobo muy amigable. ¿Qué podría haber de extraño o peligroso en Rómen para que tengamos que irnos?

- Créame, Príncipe Shim; si tuviera una respuesta se la daría. Pero creo que no debemos tomarnos a la ligera el presentimiento de un dragón.

……………………………

Cerca de las diez de la mañana, Narvinyë regresó al lago donde había dejado a su receptor y al escuálido principito. Bufó cuando les vio tumbados en el pasto durmiendo plácidamente, desnudos y sudados como si recién el sueño les hubiese vencido. Aterrizó a un lado y cautelosamente se acercó a ellos, olfateó el aroma a intimidad de ambos y lanzó unas fumarolas de inconformidad por las fosas nasales sin hacer demasiado ruido. Todavía quería procurar el descanso de su receptor. Vio al castaño removerse inquietado por la luz del sol que caía sobre ellos, e irremediablemente terminó echándose al lado, extendió una de sus alas y la posó por encima de ambos príncipes resguardándoles dentro.

- Escuálido principito, ha tenido una gran suerte de que yo decidiera no rostizarle anoche mientras Junsu danzaba para él.

Más tarde, Narvinyë decidió dejar vagar su mente por las montañas de los alrededores, desconectó su mente de la del castaño y fue libre de pensamiento mientras tanto. Unas horas después Nenya llegó a toda velocidad y dejó su pensamiento atravesar la barrera del ala membranosa del dragón rojo hasta alcanzar la mente de su receptor.

- ¡Yoochun-Enta! ¡Despierta ya!

El grito del lobo hizo eco en los adormilados pensamientos del peliazabache. Cuando él abrió sus ojos se encontró con la rojiza sombra del ala del dragón, tragó hondo y titubeó entre tocarla o simplemente despertar a su amado para que le pidiera a su dragón que les dejara salir. Optó por lo segundo cuando un nuevo llamado de su lobo sacudió violentamente sus pensamientos. Aunque, ¿desde cuándo Nenya se llamaba a sí mismo?

- ¡Maldición Nenya, bájate de mi cola!

- Pero es cómoda. Y Yoochun-Enta no despierta aún.

- ¿Nenya?

- ¡Sí! Yoochun-Enta date prisa y vayamos al Palacio, tus padres te buscan para que comiences a prepararte para tu fiesta de cumpleaños y no se les ve muy pacientes para algún desplante de tu parte. Bueno, tu padre es quien sigue molesto caminando por los pasillos del Palacio.

- ¿Por qué estoy escuchando a tu escuálido principito en mi cabeza?

- ¡Narvinyë! ¡No le digas “escuálido principito” a Yoochun-Inya!

- ¡Pero lo es! ¡Y que haya permitido que te aparearas con él no significa que esté totalmente de acuerdo en que lo hayas hecho! ¡Y menos toda la noche!

- ¿Narvinyë? ¿Junsu-Lissë? ¿Los estoy escuchando del mismo modo en que hablo con Nenya?

Entonces el peliazabache miró a los ojos a su amado, y el ala membranosa del dragón rojo se levantó dejándoles de nuevo al descubierto. El castaño se ruborizó ligeramente al saberse desnudo abrazado al cuerpo de su amado, la tibia piel blanca se sentía bien pegada a la suya.

- ¿Junsu-Lissë…?

- Es debido a lo que pasó entre nosotros, Yoochun-Inya. La Danza del Fuego se usa para vincular en todos los sentidos posibles a un mago con su criatura mágica, pero también parece funcionar para magos entre sí, y sus criaturas mágicas en consecuencia.

- ¿Quieres decir que ahora nosotros cuatro estamos vinculados?

- Sí. Aunque con Nenya yo siempre he podido hablar… - El castaño sonrió radiante cuando el lobo se acercó restregando su rostro contra su brazo pidiéndole mimos. Suaves caricias que el castaño depositó bajo las peludas orejas.

- Lo sé, aunque nunca pregunté el por qué, supuse que era porque a Nenya tú siempre le has agradado mucho.

- Nenya y yo podemos hablar porque él es un lobo especial…

- ¡Es un lobo molesto igual que su receptor! – Rugió el dragón rojo.

- ¡No soy molesto! – Nenya refutó. Y por un instante el peliazabache creyó escuchar su propia voz en la de su lobo… - ¡Yoochun-Enta, tus padres!

- Sí, sí. Ya voy… - El peliazabache se vistió con suma lentitud pues no quería separarse de su amado.

Entre besos y sonrisas alargaron el momento cerca de una hora, tiempo durante el cual el dragón rojo y el lobo siguieron intercambiando sus peculiares jugueteos. Como el castaño había quemado sus prendas por la noche, el peliazabache le dejó su larga capa para que se cubriera al menos mientras vuelve a sus aposentos montado en Narvinyë y se viste con nuevas ropas.

- Junsu-Lissë, esta noche en el Baile del Principado, anunciaré mi compromiso.

- Lo sé, Yoochun-Inya. Es tu deber como primogénito de Rómen.

- Junsu-Lissë, no me importa lo que mi padre diga, pero esta noche cuando anuncie mi compromiso, serás tú a quien elija delante de mi pueblo…



Continuará……




GLOSARIO

Fëanáro: “Espíritu de Fuego”.

Órenyallo, Ilya Melmenyanen len Isilion. “Desde mi corazón, con todo mi amor para ti hijo de la luna”. (N:Felina. Dicha traducción puede contener variables gramáticas, se trata de una aproximación)