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jueves, 11 de julio de 2013

ISTAR Parte 28



ISTAR
~*~
Vigésima-Octava Parte

~//~

Ossiriand


Llamada la Tierra de los Siete Ríos, Ossiriand no es un pueblo perteneciente a ningún reino de Anarion, oculta en el extremo norte de los desiertos rojos de Formen, Ossiriand se enclava en el cruce de siete ríos que vienen de todas direcciones en Anarion, cuya principal vertiente nace del centro y se extiende hasta los océanos del polo Sur. Así de largo es el brazo del Río Eärrámë, atraviesa el planeta de norte a sur, en algunos tramos ostentando anchura, mientras que en otros puede ser tan angosto como una hebra de polvo estelar; pero siempre imponiéndose, yendo hacia el océano sin frenar, formando curvas y saludando en su camino a otras ramificaciones de agua dulce que se distribuyen por Anarion.

Ossiriand es sin embargo importante por una sola y gran razón. Fue hogar de Dragones, cuna de la raza en sus florecientes inicios. Ossiriand nunca fue habitado por personas, en los principios de los tiempos cuando solo las criaturas mágicas moraban en Anarion, los dragones se autonombraron señores de los cielos y más tarde se imponían en tierra. Con el pasar de los años fueron aliándose y cohabitando armónicamente con las otras criaturas. Luego vinieron los otros animales, los Elfos, las Ninfas y otros seres con habilidades mágicas que pronto abandonaron Anarion tras sucumbir ante la presión que impuso una nueva raza: los humanos.

Los humanos habían llegado a Anarion como una enfermedad lenta pero mortal, se hacían de espacios en tierras que no les pertenecían y se las adjudicaban como propias sin reparo alguno. Elfos, Ninfas, y aún otros seres mágicos menores, estaban más acostumbrados a la vida en armonía con todo lo que les rodeaba, por lo que antes que iniciar una guerra contra los humanos por el dominio de tierras y asumir el poder absoluto, lentamente fueron abandonando Anarion. Nadie sabe a ciencia cierta a dónde han ido, los mitos dicen que se extinguieron, casi como se habían extinto los dragones; pero había rumores también que hablan de otras tierras más allá de los océanos donde Elfos, Ninfas y otros seres mágicos han levantado su propio mundo.

Mito o realidad, aquello no atañía más a los habitantes del actual Anarion. Cuando el Reino de la Llama Roja dejó flotar más allá de sus fronteras el rumor de la existencia de dragones, las bestias de Rúnya se convirtieron pronto en el máximo deseo de reyes y otros señores menores de otras tierras en el planeta. Fue entonces, cuando los Príncipes Kim eran unos infantes que crecían básicamente a la par que sus dragones, que los Reyes de Rúnya cercaron su reino bajo una barrera de protección mágica que impedía la entrada de cualquier persona que tuviera en su corazón la intención de encontrar a los dragones.

Durante largo tiempo Nënar y Narvinyë se limitaron al territorio de Rúnya, surcaban los cielos sin ir más allá para evitar ser vistos por otros magos o humanos; pero luego la curiosidad los movió por instinto, invitándoles a lanzarse fuera de sus lindes en busca de aventuras. Viajaban de noche, protegidos por las sombras y camuflándose entre nubes cuando las esponjosas agrupaciones se desplegaban en sus trayectorias. El dragón azul cromado y el dragón rojo sentían la urgencia de ir siempre más lejos, como atraídos por una necesidad errante dominada por su sangre. Les hervía el fuego en las entrañas y escupían a menudo sinuosas serpientes expulsadas en los cráteres de volcanes inactivos o las profundidades del océano ahí por donde iban.

Inminentemente Nënar y Narvinyë fueron abandonándose a los criterios de las mentes de sus receptores, los Príncipes Kim alcanzaron una vinculación con los dragones francamente envidiable, superior a lo que se tenía por conocido. De aquel modo fue que las bestias nunca alcanzaron el territorio de Ossiriand, ni llegaron nunca a la morada de aquel dragón envejecido por los siglos que dormitaba en las entrañas de una cadena de cuevas subterráneas incrustadas en el centro de la unión de los siete ríos.

- Mi nombre es Morion, señor de la casa de Ossiriand… - Una voz ronca y sombría se esparció por las paredes de aquella gruta.

Los ojos que veían aquella escena pasó entonces de ser un simple recuerdo vaciado en la mente del primogénito Kim, a una realidad cristalizada en tiempo y espacio, una vivencia directa del Príncipe Jung cuando era un adolescente de 16 años.

El alto hombre de cabellos plateados caminó alrededor del muchacho, el Príncipe de Formen se mantuvo todo lo sereno que pudo, aunque de fondo le temblara el corazón presa de unos nervios que nunca antes había experimentado.

- ¿Sabes por qué estás aquí, Yunho?

- Mi padre ha dicho que enfrentaré una prueba de honor para enorgullecer a mi casa y a mi gente.

- Naturalmente. No me toma por sorpresa el actuar de Kang Dae. Es entre todos los reyes de Anarion el mejor estratega. Lo que harás hoy dará frutos en un mañana más lejano de lo que incluso tu padre querrá esperar. Pero, he de decirte antes algunas cosas. Comer el corazón de un dragón es mortal, solo magos con poder similar al que podría desarrollar un Istar puede sobrevivir.

- ¿Un Istar?

- No hagas preguntas por inercia, Yunho. Hay conocimientos para los que tu mente no está preparada, deja que el tiempo te revele lo pertinente. Por otro lado, antes que entregarte el corazón de Seregon, voy a asegurarme de que llegado el momento, no traiciones los fines con los que estás aquí.

- Mi lealtad a mi reino es inquebrantable, mi Lord.

- Tan predecible de los humanos, defender con orgullo aquello que no ha sucedido. Escucha Príncipe Jung Yunho, llegará un día cuando tu corazón esté tan dividido que no sepas qué decisión tomar, que todo lo que hagas hasta ese entonces perderá sentido y entonces… - El hombre de cabellos plateados acercó su rostro al del Príncipe Jung, entonces el muchacho notó el color grisáceo en sus pupilas, casi cual si estuviera ausente de mirada. Y era tan alto que incluso a él le sacaba al menos una cabeza de altura, delgado y de finas facciones, atractivo, demasiado para su edad incluso… - Entonces traicionarías a tu sangre, o a tu corazón.

- Mi corazón está con mi familia, mi Lord.

- Hoy tal vez. Pero habrá un mañana en que no sea así. Rúnya ha puesto sus ojos sobre ti, muchacho. Y tarde o temprano te reclamará lo que hay ahí.

- No lo entiendo.

- Sé que no. Pero lo entenderás un día. Ahora, escucha este canto, porque será la primera y última vez en tu vida que lo hagas.

Cuando el Príncipe Jung quiso preguntar más acerca de esto, su coba y sus oídos fueron poseídos por un encanto inmediato que vino probablemente de la mirada del alto hombre. O quizá del canto que pronto emergió del fondo de su garganta, la voz era sutil y hermosa, pero la forma en que se le erizaba el vello de la nuca o en que le temblaba el corazón, eran expresión de los verdaderos sentimientos que podía experimentar cualquier ser humano al escuchar este canto.

Los ojos cafés del Príncipe Jung alcanzaron a percibir un baile lento pero preciso que acompañaba el canto del hombre. Comprendió entonces que estaba presenciando el canto y el baile de un elfo. Un elfo antiguo, probablemente el primero que llegó a Anarion, corrompido por los numerables siglos que ha transcurrido encerrado por voluntad en aquellas grutas. Comprendió también, que Seregon era su dragón, y que estaba listo para sacrificarlo por unos ambiciosos planes que todavía le resultaban desconocidos e incomprensibles.

Fue entonces que el Príncipe Jung vio por primera vez a un dragón. Seregon apareció de entre los brazos subacuáticos emergiendo de las aguas como un reptil de un tamaño que no sobrepasaba los 10 metros de largo y tal vez unos 4 de alto, no poseía alas pero sus escamas lucían de un color dorado oscurecido que imponía cierto respeto. La bestia rugió con potencia, el eco de su bufido sacudió el interior de las grutas, y el fuego que escupió sobre las aguas que abandonaba se evaporizaron rápidamente. El dragón movió la cola con fuerza, golpeando las paredes rocosas y el suelo, rugiendo y penetrando con su mirada no la figura del Príncipe Jung, sino la silueta del elfo.

El Príncipe Jung trató de centrar su mirada y vislumbrar lo que siguió en su totalidad, pero apenas si fragmentos fueron los que se colaron en su conciencia, aunque probablemente su vista humana haya captado muchos más elementos de aquella escena. Sin embargo, el brillo de una espada fina y larga y luego el rugir agónico de la bestia resumiría todo. Morion le ha dado muerte a Seregon. Y su espada traspasado la dura coraza del vientre hasta llegar a su corazón. El músculo rojo fuego fue extirpado del cuerpo sin vida del dragón, pero todavía tibio y perdiendo lentamente el funcionamiento de cada órgano.

Morion tomó el corazón en la palma de su mano derecha y dando media vuelta caminó esos pocos metros que lo separaban del Príncipe Jung. Extendió la mano ofreciéndole el corazón del que fue su dragón por muchas, muchas vidas. El Príncipe Jung sintió náuseas incluso antes siquiera de probar la carne del músculo que perteneció a Seregon.

- Cómelo antes de que pierda la tibieza, sus dones mágicos te serán traspasados; y si eres lo suficientemente fuerte, sobrevivirás, Príncipe Yunho.

El muchacho tragó hondo, levantó la mirada del corazón a los ojos del Elfo buscando más palabras que estas, más motivos que la casi ceguera en que se sentía. Morion le sostuvo fijamente la mirada, esos ojos grisáceos cual si estuvieran vacíos de vida le dio otro escalofrío al Príncipe Jung. Sin embargo, aún con el corazón titubeante, extendió sus manos tomando el corazón de Seregon. Juraría que el músculo aún latía, y cuando lo consumió, cada trozo de carne que pasaba por su garganta le hacía sentir más vivo, más fuerte, más poderoso.

- Hoy saldrás de estas tierras y nunca más volverás aquí, Príncipe de Formen. Ossiriand deberá quedar en tus memorias como un recuerdo tan frágil y desestructurado, que pasarán años antes de que puedas acceder a él. Y cuando lo hagas, cuando otra vez estas memorias acudan a tu conciencia, no serán solo tus ojos los que la vean. Te habrás vinculado a un Príncipe de Rúnya, a un hombre que no es humano ni elfo ni ninfa. Un ser que probablemente sea más poderoso que cualquiera en Anarion, pero tan vulnerable de corazón que si eres tú más inteligente y todavía leal a tu reino, podrás vencerle sin grandes dificultades… - Los ojos de Morion traspasaron con tal nitidez las pupilas del Príncipe Jung que casi sintió que cruzaba su mente y dejaba algo entre los intrincados laberintos de ella.

De un momento a otro el recuerdo se tornó borroso, y como una confusa neblina en los picachos de las montañas, ocultó todo bajo su manto.

--//--
Dorthonion


El Primogénito Kim desconectó su mente de la del Príncipe Jung, se sentía cansado y apesadumbrado. Parecía poco pero al mismo tiempo había visto demasiado. Un elfo capaz de asesinar a su propio dragón para ofrecer su corazón a un mortal humano. Morion estaba vinculado a Seregon, por tanto sabe que cuando el dragón fue muerto por su propia espada, el dolor en su alma le quemó tan profunda e íntimamente que seguramente fue como morir también. El Príncipe Jaejoong por un segundo se formuló la posibilidad de que Morion haya muerto cuando el moreno abandonó Ossiriand.

- ¿Has visto todo eso, Jaejoong-Vanima?

- Lo he visto, tan claro y real como tú, Yunho-Melko.

- Lo que ha dicho al final, acerca de nuestro vínculo y tu poder. ¿Cómo pudo alguien a quien conocí mucho antes de verte siquiera por primera vez en mis sueños, saber que te conocería, que me enamoraría de ti o que tendría que elegir entre seguirte o abandonar a mi pueblo?

- Mi padre llegó a decir que había elfos tan poderosos que podían tener visiones del futuro. Pero el futuro siempre es incierto así que en realidad hay varios futuros. Los elfos con este poder podían ver con sus ojos esa variedad e influir de alguna manera en lo que sucedería si así lo deseaban. Pero nunca escuché hablar de un Elfo como el que conociste en Ossiriand.

- Entonces no lo entendí, pero luego algunas cosas cobraron sentido… - El moreno caminó entre la yerba húmeda y vislumbró con anticipado interés sus manos… - Sostuve con éstas manos el corazón de un dragón. Consumí parte de su magia, y tuve el don de manipular las mentes de los Fénix de Formen. ¿Pero por qué solo Fénix, Jaejoong-Vanima? ¿Por qué no otras criaturas mágicas?

El Primogénito de Rúnya observó detenidamente a su amante. Quiso responderle con sinceridad pero mantuvo en secreto sus pensamientos. Morion lo había dicho, el día en que tuviera que elegir entre su corazón y la lealtad a su sangre todavía no llegaba. Pese a que habían salido de Formen, a que le ha acompañado y se ha vinculado a él, no es aún capaz de inundarse de todos los pensamientos de su amado, los laberintos entretejidos en su compleja mente se le negaban aquí o allá a menos que el moreno estuviese convencido de permitirle entrar en aquellos pasadizos secretos. El Príncipe Jaejoong no pretendía dudar de los sentimientos del Príncipe Yunho, sin embargo, algo en lo que ha visto en aquellas memorias le hace titubear. Presiente que si tan solo el moreno lo decidiese, probablemente sí que tendría habilidad para dominar la mente de otras criaturas mágicas.

- Volvamos con los demás, Yunho-Melko. Hay que partir cuanto antes a nuestro destino. Rúnya nos espera.

- ¿Estás convencido de llevarme contigo, Jaejoong-Vanima?

- ¿Tengo un motivo para no estarlo?

Ambos príncipes se miraron con decisión. Pese a todo, esa calidez irreverente se imponía sobre todo lo demás. El moreno fue el primero en dar un paso más cerca, y al segundo siguiente ambos príncipes redujeron la distancia a nada y fusionaron sus labios en un desesperado beso lleno de miedos e incertidumbre, pero todavía con resquicios de un verdadero amor.

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Fue así como los Príncipes de Anarion tomaron senderos diferentes. El Príncipe ChangMin regresó a Hyarmen, en su camino a lomos de Linta descubrió que de Norte a Sur, tropas de Formen y Rómen se desplazaban a gran velocidad hacia el centro. Lo mismo observó el Príncipe Hayami camino a Númen, pero la velocidad con que Isilmë cabalgaba día y noche hacía prácticamente imposible que nadie los notara. Por otro lado, cuanto más se acercaba el Príncipe Yoochun a las tierras de Hyarrostar, Nenya percibía más aromas en el ambiente que le ponían inquieto y a la defensiva.

Los Príncipes Kim junto al Príncipe Jung viajaban rumbo a Rúnya, con Nënar y Narvinyë enfocados en la velocidad surcando los cielos, pero descubriendo también tropas agilizándose desde el Norte y el Sur. La guerra probablemente había iniciado incluso antes de que ellos llegaran a Formen, salir solo había sido parte de la estratagema del Rey Kang Dae en alianza con el Rey Tirion.


Continuará……



GLOSARIO

Eärrámë. "Ala del Mar"
Morion. “El oscuro”.