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lunes, 22 de julio de 2013

ISTAR Parte 29



En agradecimiento a sus palabras y como deseo personal de seguir adelante. No me gusta permanecer quieta, si he de "obligar" a mi ratón -cerebro xD- a trabajar, ps lo hago~ 

Esperemos que de aquí comience libremente el desbloqueo *u* 

ISTAR
~*~
Vigésima-Novena Parte

~//~

Hyarrostar


Con todos habiendo emprendido senderos diferentes, el Príncipe Park y su criatura Nenya llegaron rápidamente por las fronteras del Norte hacia Hyarrostar. Habían atravesado bosques y montañas durante casi una semana, el trayecto fue más pesado y lento que cuando iba con los demás. Y por supuesto, echaba demasiado en falta a su amado, aunque el Príncipe Junsu procurara mantener el vínculo y se comunicaran por ratos durante el día.

Sin embargo, hoy, a un par de kilómetros de la entrada principal al poblado militar de Hyarrostar, el Príncipe Park le pidió a su amado que rompiera el vínculo hasta que él intentase establecerlo de nuevo. La resistencia del menor Kim fue evidente, pero no insistió en contradecir la decisión de su amado por respeto a su templanza.

Ahí estaba, Hyarrostar. Pese a ser la ciudad militar por excelencia de Rómen, era bella como misteriosa. Se alzan campamentos a la redonda por kilómetros, asentados en una hondonada enclavada por una semiluna de colinas escabrosas que serpenteaban uno de los brazos del Río Eärrámë, el valle provisto de toda clase de árboles se convertía a su vez en una fortaleza impenetrable con miles de soldados dispuestos a la guerra y sin temor a la muerte. La grandeza de estas legiones venía justamente de su temperamento y su valor unitario; trabajan siempre en conjunto y no dudaban en dar la vida por el hombre a su lado, son fuertes, hábiles y resistentes; y el Príncipe Yoochun ha sido parte del entrenamiento de los nuevos soldados que se han integrado a sus legiones durante los últimos seis años, ha estado cerca de todo el trabajo militar desde sus catorce de edad.

Por eso llega y decide presentarse ante los capitanes de las subdivisiones de las legiones; sabe de antemano que se reúnen todos a media tarde para dialogar acerca de los avances o retrocesos, para organizar los posibles suministros faltantes para la siguiente jornada; para detallar un plan de ataque, el peliazabache sabe –muy a su pesar– que el movimiento de sus tropas vislumbrado desde las altas llanuras kilómetros atrás, se debe justamente  a su pronta partida hacia el centro.

Cabalgó con decisión entre los campamentos de la más centrada línea en la ciudad militar, los cascos de su caballo dejaban huella sobre fango, pasto y piedrecillas; siguió el sendero principal sin inmutarse por las expresiones de sorpresa –algunas de indignación o temor– de los hombres que a su paso le iban observando con obvia incredulidad. Un Príncipe desterrado volviendo a entrar en tierras que ahora deberían ser prohibidas para él. Pero al peliazabache esto no le importaba, él supo en su corazón que el alma de su padre estaba demasiado corrompida, ser parte de esta guerra era inevitable; comandar por el bando que considera correcto, su destino.

Finalmente llegó a plantarse frente a la veintena de capitanes de sus legiones, hay ahí jóvenes no demasiado mayores a él, y los hay también hombres que alcanzan la mediana edad y ostentan con creces una gran experiencia en batalla. Tres de esos hombres mayores fueron sus mentores, le enseñaron mucho de lo que sabe, el resto se lo ha mostrado la experiencia misma. Porque a pesar de que Anarion no es planeta de guerras, las batallas menores entre reinos e incluso poblaciones menores que quieren revelarse a los regímenes de tal o cual reino, se suceden, y él ha participado de ellas.

- Alassë' undómë, amigos míos.

- Su presencia no es oportuna, joven Park… - Aseguró uno de ellos (sin títulos ni mayor respeto que mantener la espada enfundada), uno de sus mentores. Un hombre que no esperaba negara su presencia, y sin embargo estaba listo para toda negativa.  

- Sigo siendo Comandante de las Legiones de Hyarrostar, y he venido a exigir ese derecho.

Así justamente fue como el peliazabache se presentó ante los capitanes de las subdivisiones de sus legiones. Montando en su caballo negro cuyas crines ondearon brillantes bajo la luz del atardecer, relinchando y mostrando sus penetrantes ojos chocolate con el fulgor de las estrellas por revelarse en el firmamento. Nenya, a su lado, se sentó sobre sus patas traseras entre pasto y fango olfateando el aire, mostrándose pasivo pero alerta, hay otros lobos negros en aquellas tierras, canis lupus pambasileus que seguramente habrán sabido ya que él se opuso a las voluntades de Eressëa, el lobo del Rey semanas atrás.

- No puedes venir a reclamar nada, el Rey Tirion dijo expresamente que te había desterrado de Rómen… - Dijo uno de los capitanes, el más joven de todos.

El peliazabache frunció el ceño y clavó su fiera mirada negruzca sobre el muchacho. No tendría más de treinta, pero por el solo hecho de ser mayor que él se sentía con el derecho a refutar cualquier palabra que viniese de él. Además seguía las órdenes del Rey Tirion.

- Mi padre ha sido cegado por deseos ambiciosos de un poder que no le será entregado. Formen ha manipulado las entrañas de Rómen y todos han caído en sus redes. Apoyaremos a Rúnya…

- ¡No puedes pedirnos eso! ¡Las legiones de Hyarrostar no van a seguirte, Yoochun! – Otro de los capitanes, el más presto a la feroz batalla increpó con aires de grandeza.

- Cuida la forma en que te diriges al Príncipe Park, Dak-Ho… - El más experimentado de los capitanes resolvió con seriedad, imponiendo su autoridad ante los demás. El peliazabache le miró con respeto, este hombre de mediana edad y cabello cano seguiría siendo de los mejores militares de su reino…

- Él ya no es…

- Su sangre sigue siendo de la realeza. El Rey Tirion le desconoce como su hijo primogénito, pero la Reina Nillë y el Príncipe Yoo-Hwermé siguen reconociendo al Príncipe Yoochun como soberano de Rómen… - El capitán Shin puntualizó, inclinándose y ofreciendo su espada al servicio del peliazabache… - Bienvenido a Hyarrostar, Príncipe Yoochun.

- Gracias, Capitán Shin. Su lealtad será recompensada por los dioses… - El peliazabache deslizó su mirada por los otros capitanes. Veía resistencia, y salvo el Capitán Shin, ninguno otro parecía decidido a inclinarse… - ¡Dirigiré estas legiones como las comandé antes, he participado de los entrenamientos de muchos de estos hombres, y les he dirigido a la victoria en muchas ocasiones! ¡Si he de pelear contra ustedes y vencerles para demostrar que todavía soy el mejor, así ha de hacerse! ¡Pero no me iré de estas tierras sino es al frente de las legiones!

Firmeza y seguridad, coraje y valor; esas cualidades y actitud mostró el peliazabache. Su caballo relinchó y se levantó sobre sus patas traseras imponiendo respeto; los cascos bajo sus patas lucían poderosos y cada músculo tenso revelaba su fuerza; no por nada había cabalgado casi sin parar días con sus noches por entero. Este caballo había llegado para él desde las tierras de Rúnya y pertenece a su amado, había sido invocado por el Príncipe Junsu para que le llevara lejos, y le había dado alcance un día después de que partiera de Dorthonion. Al paliazabache saberse a lomos de un corcel de su amado le daba aún mayor fuerza.

Los capitanes se apartaron a un lado y formaron un círculo dejando al medio al peliazabache montado en su caballo. El Príncipe Yoochun comprendió que estaban aceptando su reto. Desmontó y palmeó el costado del cuello del animal…

- Cabalga hasta el río y descansa, has hecho ya bastante por mí… - Le sonrió a la bestia y vio cómo caminaba por un lado abriéndose paso entre los capitanes.

Luego el peliazabache miró alrededor, se posicionó en postura de defensa y llevó una mano a la empuñadura de su espada. Nenya se mantuvo al margen, este es un enfrentamiento en que su receptor no necesita de su ayuda mágica ni los beneficios de su vinculación.

--//--
Reino de Rúnya

Desde que los reyes partieran de este mundo, el reino de la Llama Roja se había sumido en un inalterable estado de parálisis temporaria, contenido en un campo mágico que mantenía resguardados todos sus secretos. Dicho campo es un mecanismo natural que se levantó en todas direcciones a lo largo y ancho del reino, iniciando en las fronteras más próximas a todos los puntos que convergen con los otros cuatro reinos. Todo –y eso incluye humanos y animales– al interior de Rúnya parecía congelado, nada se agitaba ni movía de ninguna manera. La primaveral estación eterna estaba más resplandeciente y hermosa que nunca, pero al mismo tiempo dejaba una sensación entrañable de sopor.

Los Príncipes Kim desplegaron sus pensamientos hacia sus dragones adultos, Nënar y Narvinyë siguieron el camino surcando los cielos hasta pasar más allá de las fronteras. Vislumbraron un movimiento sutil de destello rojizo abriéndose a lo largo y ancho de los cuerpos de sus dragones, los más pequeños que han aprendido ya a volar con suficiente destreza como para no mantener un ojo sobre ellos, lanzaron inquietos gruñidos, como si estuvieran sintiendo en sus cuerpos una magia completamente diferente a la que se esparce por el resto de Anarion. El tintineo delicado de las gotas de rocío cayendo sobre la Llama Roja hizo eco en las tierras del reino y atrapó poderosamente la atención de los dragones como los Príncipes Kim.

- El último canto de lamento que aún cae cada noche sobre Rúnya… - Nënar observó derramando sus pensamientos en la mente de su receptor.

- Se oye igual que el canto de nuestra madre cuando la primavera no podía extenderse más allá hasta los confines de Anarion… - El menor de los Kim pensó con melancolía, añorando las noches estrelladas en que se sentaban su hermano y él a las faldas de su madre a escucharle cantar estos lamentos que aunque mustios, cargaban también una gran esperanza.

- Hermano.

- ¿Sí?

- ¿Podrías adelantarte? Quiero hablar con el Príncipe Jung antes de ingresar al reino.

Las palabras del primogénito Kim no le sorprendieron en absoluto al menor. El castaño asintió y susurró a su caballo avanzar. Cabalgó a prisa tomando el estrecho sendero franqueado por arbustos y flores exóticas que al paso del joven Príncipe parecieron cobrar vida otra vez, extendiendo sus pétalos y mostrando sus colores con renovada intensidad.

- Pareciera que el Príncipe Junsu deja la primavera a su paso… - El moreno comentó con tono casual, asombrado por la forma en que una ola de magia parecía extenderse a los lados por cada metro que el menor Kim avanzaba camino dentro de su reino.

- En el momento en que cualquiera de nosotros traspasara las fronteras de Rúnya esto iba a suceder. Nuestro hogar vuelve a vivir, tal como lo pensaron nuestros padres incluso antes de que naciéramos. Ellos siempre supieron que esto tarde o temprano sucedería y se prepararon lo mejor posible.

- ¿Tus padres veían el futuro?

- Mis padres podían ver muchas cosas. Otras las deducían por experiencia. Las guerras siempre llegan, pueden destruir poblaciones enteras y enriquecer a los que resultan más fuertes. Pero Yunho-Melko, la razón por la que le pedí a mi hermano que partiera antes es porque quiero hablar contigo acerca de lo que pienso que ha de suceder. Sé que no me has mostrado los diversos caminos de tu mente por una justificable razón.

- ¡Jaejoong! ¡Cuánto más piensas exponerte!

- Todo cuanto sea necesario para que confíe en mí, Nënar.

El dragón azul cromado se agitó rabioso en las montañas del reino. El pelioscuro pudo sentir la presión que ejerció la poderosa mente del dragón contra sus voluntades queriendo doblegarle. Pero el primogénito se mantuvo estoico soportando todos aquellos embistes mentales. Nënar rugió alto y desplegó sus poderosas alas con bríos.

- ¡No vengas! ¡Nënar te lo pido por favor, déjame enfrentar mi destino!

- ¡Sabes por qué él no te ha permitido ver más allá! ¡El Príncipe Yunho sigue siendo más enemigo nuestro que de su reino, Jaejoong! – Bramó el dragón, levantando el vuelo y dejando a los pequeños dragones inquietos pues perciben todo ese conflicto entre su receptor humano y el dragón que les ha enseñado lo que son.

Narvinyë trató de mantenerse pasible, pero la inquietud también zozobraba sus pensamientos y alcanzaba la mente del Príncipe Junsu. El menor Kim sin embargo continuó la cabalgata, estando a unas cuantas yardas de la entrada principal al Palacio, cuyos altos pilares se encuentran atrapados por hileras de guías de un verde oscuro que han ganado terreno en todo el reino; pero estas se deslizaron abajo y atrás conforme el castaño fue ingresando. Todo estaba volviendo a su cauce natural, la vida estaba de nuevo ahí. Pero las personas y animales no despertarían del largo letargo hasta que no fuese el primogénito quien traspasara las fronteras.

- ¡Déjame tomar mis propias decisiones, Nënar! ¡Este es el momento!

- ¡Te permití vincularte y traerle aquí! ¡Pides demasiado Jaejoong!

- Solo quiero evitar una guerra, sé que puedo Nënar. Puedo pasar más allá de las barreras que siguen levantadas entre su corazón y yo. Yunho-Melko es bueno, tiene buenas intenciones.

- No sé si puedo opinar lo mismo de sus fénix. Siempre escondiéndose por ahí, manteniéndose al acecho… - El dragón azul cromado se mantuvo flotando en el aire, con la vista agudizada hacia el norte, donde la presencia de los fénix del Príncipe Jung se mantiene estática.

- Conoces mi mente y mi corazón, Nënar. Sabes como yo que esto es inevitable.

Fue solamente así que el dragón azul cromado desistió de todos sus intentos por convencer a su receptor de detenerse. Nënar torció el vuelo hacia el este, dirigiéndose hacia allá simplemente siguiendo la incipiente necesidad de la soledad de sus propios pensamientos.

El Príncipe Jung, que no había permanecido ajeno al mutismo de su amante, aguzó la mirada y flexionó su mente buscando enlazarse a la de Nënar, desesperándose mentalmente por no alcanzar siquiera un resquicio de la compleja mente.

- Estamos vinculados, Yunho-Melko; pero hasta que no decidas dejar libre tanto tu corazón como tu mente y me permitas viajar en ellos como si fueran míos también, nuestra vinculación no será efectiva como la de mi hermano con el Príncipe Yoochun.

- Nënar desconfía de mí con cada fibra de su mente, por qué tú insistes en no hacerlo igual, Jaejoong-Vanima.

- Porque en el momento en que me llamaste justamente así, mi destino ya había sido atado al tuyo.



--//--
Reino de Hyarmen

Cuando el Príncipe ChangMin se presentó ante sus padres, los reyes ya le esperaban para que dirigiera algunas tropas que comenzarían a desplegarse desde el noreste hacia el reino de la Llama Roja.

- Hemos movilizado tantos guerreros como hay en Hyarmen, pero todavía el éxito dependerá de la unión que mantengamos con Númen y si los Príncipes Kim en Rúnya consiguen despertar a sus hombres del letargo en que se dice está sumido el reino.

- Lo sé, padre… - El joven morocho no tuvo necesidad alguna de ofrecer más palabras.

Se le reveló el plan estratégico que sus padres ya han formado ante sus ojos. En una plancha de roca y madera estaban distribuidos mapas y pequeñas figuras que podrían simular un ajedrez. El Príncipe ChangMin observó detenidamente, ubicando de inmediato los movimientos que debía llevar a cabo.

- Linta y yo vamos a alistarnos para partir al amanecer.

- Descansa un poco, hijo mío. Has viajado largo trecho y tu corazón sigue inquieto por la separación necesaria de tu prometido. Ten en cuenta que es solo temporal, querido.

- Madre, ¿qué asegura que regresemos vivos de la guerra?

Los pensamientos del joven morocho se desplegaron insolubles hasta la mente de su Grifo. Linta chirrió inquieto y azotado por la pena disimulada de su receptor. El Príncipe ChangMin temía demasiado a la muerte por una sola razón: Amor.


--//--
Reino de Númen

Isilmë cabalgó hasta el interior del palacio, en el recinto principal los reyes presidían una reunión con los cabecillas de las tropas de su reino que ya se han movilizado a las poblaciones más fronterizas en dirección a Rúnya. Las crines de la unicornia brillaron particularmente aquella noche, y su cuerno refulgió a la luz de la luna cuando se inclinó en muestra de saludo hacia los soberanos. El Príncipe Mokomichi desmontó de un salto y sus cabellos sujetos en una coleta llevaban retazos de hojas secas y otras ramas que se le quedaron en los mechones al cabalgar por caminos improvisados atravesando los bosques tropicales.

- Bienvenido, Hayami.

- Padre, madre… - El joven de tez tostada hizo una venia respetuosa, luego una ligera inclinación que fue emulada con mayor pronunciación por los cabecillas de las tropas.

- Has llegado en el momento justo, nos han informado que hay tropas de Formen y de Rómen demasiado cerca de los límites con Rúnya, pasando a través de senderos que no sabíamos que estaban ahí.

- La Reina Nísinen me advirtió antes sobre esto. Me confió también que hubo una época antes de ustedes y aún de los que estuvieron anteriormente, en que Númen y Rúnya estrecharon relaciones debido a la característica de nuestros unicornios. Me habló de pasajes ocultos bajo la tierra que pueden llevarnos más rápido y en silencio hasta Rúnya…

Continuará……




GLOSARIO

Alassë' undómë. “Buenas noches”.