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viernes, 10 de mayo de 2013

Parte 9 ISTAR



Acá con otro capi de este serial ;D ps sí caray, que ya vamos bastante avanzadito como para llamarle mini xDD pero bueno, qué le hacemos, la señora inspiración hace lo que quiere~ 

Disfruten~ 



ISTAR
~*~
Novena Parte

~//~
Reino de Hyarmen


Los príncipes no se hubieran imaginado lo cariñoso que el soberano de Hyarmen podía ser. Su personalidad más bien seria y aristocrática se contraponía con aquella escena. El de tez morocha desmontó de su cabello y corrió unos pocos metros en la empinada colina que da al camino principal de entrada a los dominios de su reino hasta encontrarse con su Grifo. La bestia con cuerpo de león y cabeza de águila sobrepasaba la altura del príncipe Shim por suficiente como para que el muchacho se viera como un niño asido a una de sus extremidades inferiores.

- Te eché de menos, Linta… - El príncipe morocho sonrió a ojos cerrados mientras acaricia el pelaje del pecho de su Grifo.

- También te extrañé, ChangMin… - El Grifo bajó el rostro y apoyó la punta de su pico aguileño sobre la espalda del joven príncipe… - Estuviste lejos demasiado tiempo, y la mayor parte me costaba mucho encontrar tu mente para comunicarnos.

- ¿Es que acaso un par de semanas fue tanto, Linta?...

- No fueron dos semanas, ChangMin. Estuviste fuera de Hyarmen por más de dos meses.

- ¡Qué! No, imposible, fueron solo dos semanas, Linta… - El joven príncipe levantó la mirada, buscando los ojos de su Grifo. Había sinceridad en aquellas pupilas ambarinas.

El Grifo se sentó entonces sobre sus extremidades inferiores y sacudió un par de veces su rabo, la mata de hebras cetrinas al final de la larga cola brillaba con tonos verdosos, igual que sus amplias alas de plumas doradas. La melena alrededor de los hombros y el cuello es de un tono marrón, mientras que la cabeza es plateada, el pico dorado, y el pelaje del resto de su cuerpo nacarado.

A la distancia, los príncipes observaron esta majestuosa apariencia del Grifo con sumo respeto; sobre todo el Príncipe Mokomichi.

- Por qué no le preguntas a tus invitados de Rúnya el motivo por el que el tiempo transcurrió diferente para ti.

El Príncipe Shim dio media vuelta, metros más allá en el claro de la colina sus invitados esperaban pacientemente cualquier indicación de su parte. El morocho caminó directamente al primogénito Kim, quien solo al verle advirtió las inquietudes que acaecían ahora sobre su congénere.

- Linta dice que hace más de dos meses salí de aquí, pero el viaje a Rúnya me tomó 10 días, permanecí una semana en su reino, e hicimos otra de camino hasta aquí. ¿Qué es lo que sucede, Príncipe Jaejoong?

El pelioscuro aflojó las riendas de su corcel y desmontó con elegante agilidad. Su hermano menor le imitó, ambos príncipes seguidos por las miradas de los otros tres príncipes. En lo alto, sus dragones sobrevolaban en círculos, observando cada movimiento sin perder detalle.

- Su Grifo tiene razón, Príncipe ChangMin. Lo más probable es que hayan transcurrido tres meses desde su partida de aquí. De hecho sabemos que no lo notaron, pero apenas salimos de las fronteras de Rúnya, el tiempo transcurrió con normalidad para todos. En nuestro reino, el tiempo va más lento.

- ¿Es eso posible? – El Príncipe Park preguntó, buscando al mismo tiempo en los pensamientos de su lobo algún indicio de esto.

- Lo es. Por causa de nuestros padres… - El menor de los Príncipes Kim respondió.

- ¿Tanto poder mágico tienen sus padres?

- La respuesta a su pregunta, Príncipe Mokomichi, debería ser afirmativa. Y en cierto sentido lo es. Lo que deben saber es que cuando todos regresen a sus reinos, el tiempo que esperaban haber pasado fuera, es más. No estuvieron en territorio de Rúnya dos semanas, sino dos meses… - el menor de los Kim señaló. El Príncipe Park notó las pupilas alegres del castaño oscurecerse por un sentimiento que desconocía.

- Por qué sus padres han hecho un hechizo tan… antinatural. Alterar el curso del tiempo no es algo que incluso elfos, o ninfas deban hacer.

- Nuestros padres están muriendo, y aunque usted tiene razón, Príncipe Jung; el hechizo no fue hecho directamente por nuestros padres. Anarion les dio este regalo por lo que hicieron por el planeta antes de que los otros reinos se instauraran. Cuando la magia de ellos se haya extinto, Rúnya volverá a la normalidad… - El primogénito Kim aclaró. Sus grandes ojos negros se clavaron con pesadumbres en las marrones del moreno.

- ¿No son inmortales? – El Príncipe Shim murmuró para sí. Más como una reflexión inconsciente, pero aún así su voz llegó a oídos de los Príncipes de Rúnya.

- Lo fueron. Antes de que nosotros naciéramos… - El castaño respondió, aunque la pregunta no les hubiera sido directamente hecha. El de tez morocha le miró sintiéndose un poco incómodo. La idea de saber que sus padres le anunciaran su muerte futura le haría sentir triste y desolado.

- Por qué no seguimos adelante, Príncipe Shim. ¿Cree que sus padres puedan recibirnos?

- Por supuesto, Príncipe Jaejoong… - El morocho asintió y luego se volvió hacia su grifo… - ¿Mis padres están en el Palacio Principal?

- Sí. Pero ChangMin, Hyarmen celebra Umbardacil desde hace dos días.

- Es cierto, estuve fuera demasiado tiempo. ¿Cómo es que no recuerdo que hayas mencionado nada de esto cuando hablamos?

- Eso fue porque no lo hicimos, ChangMin. Bloqueaste tu mente cada que intentaba mencionarlo. O tal vez la magia de Rúnya me bloqueaba a mí. Tus padres estuvieron a punto de enviar una cuadrilla de 100 hombres a buscarte.

- Gracias a los dioses no lo hicieron.

- Fue difícil. Los otros de mi clan estaban listos para sumarse a la encomienda. ChangMin, algo está sucediendo en Anarion desde que te fuiste, y no es algo bueno. Tengo esta sensación todo el tiempo, puedo ver el sol irradiando una luz diferente, y la luna parece brillar demasiado desde entonces.

- Tranquilízate Linta. Confío en los Príncipes de Rúnya…

- No es de ellos de quienes desconfío. Ni siquiera de ninguno de los príncipes que hoy te han acompañado. Solo sé que sucede algo. Vamos a tener cuidado, ¿sí? Es mi deber protegerte, ChangMin.

El Príncipe Shim sonrió alcanzando el pico de su Grifo, los ojos ambarinos se escondieron unos segundos bajo los párpados. El joven morocho podía sentir toda la intranquilidad de su grifo ahora que estaban juntos de nuevo.

- Avancemos. Y mientras entramos a Hyarmen permítanme explicarles brevemente la celebración que se lleva a cabo ahora en mi reino. La llamamos Umbardacil, es así desde hace mucho tiempo, probablemente a un siglo del nacimiento de Hyarmen como uno de los cinco principales reinos de Anarion. Durante 12 días todo habitante de Hyarmen tiene derecho a retar a cualquier persona con la que tenga alguna diferencia, sin importar el grado de tal. El retador y el que es retado no tienen más opción que enfrentarse a duelo durante la hora del crepúsculo.

- ¿Qué clase de enfrentamiento?

- Espadas y magia. Es todo lo que se permite en el duelo. Los duelos se llevan a cabo en Russandol, es un recinto abierto en el patio central del pueblo bajo el Palacio. A la gente le gusta estar presente, y muchas diferencias son salvadas allí.

- ¿Qué sucede si no es así? ¿Si lo que llevó al retador a lanzar el duelo no se resuelve?

- Siempre puede esperar al siguiente año. La celebración de Umbardacil se realiza anualmente, sin falta. Las rencillas entonces deben esperar.

- ¿Y si no quieren esperar?

- Príncipe Jung… - El joven morocho clavó sus ojos en los de su congénere… - En Hyarmen la muerte sin razón no está permitida, y si llega a suceder el castigo para quien comete tal crimen son los calabozos. A nadie en mi reino le gustan los calabozos.  Sin embargo, durante los duelos de Umbardacil es difícil que terminen en muerte, tenemos magos poderosos conectados a Russandol, si tal pensamiento atraviesa la mente de uno de los contrincantes, los grifos que custodian la celebración se harían cargo.

El Príncipe Mokomichi observó la mirada compartida entre el Príncipe ChangMin y Linta. Tenía la sensación de que aquello que mencionara acerca de cómo el Grifo le aceptó como receptor tendría relación con esta celebración.

- Pienso que la idea es buena, pero la forma no… - El menor de los Kim dijo con seriedad. Su hermano le miró y compartió en sus pensamientos que no consideraba adecuada una nueva discusión acerca de la paz.

- El chico tiene buen corazón…

- Lo sé, Linta. Curiosamente su dragón no se le parece tanto en eso…

- ¿Cuál de los dos es su dragón?

- El rojo.

- Oh. Definitivamente no lo parece. Aunque la apariencia de ese dragón pegaría más con el Príncipe de Formen. Jung Yunho, ¿cierto?

- Sigues haciendo un excelente trabajo al viajar por mi mente, Linta… - El Príncipe Shim se permitió una sonrisa.

En lo alto, Narvinyë y Nënar mantenían el vuelo por encima de sus receptores. No querían perder de vista ni un momento a los Príncipes Kim.

- Creo que tendremos algunos problemas por aquí, Nënar.

- Donde quiera que vas hay problemas, Narvinyë… - El dragón azul cromado sonrió mentalmente al escuchar el bufido del dragón rojo.

………………………………

El Palacio de Hyarmen se levanta en lo alto de una montaña, la única en aquel espacio, dando la impresión de un asentamiento excéntrico al sobresalir en todo el territorio, el pueblo se distribuye a los cuatro lados, rodeando así su residencia real. Las callezuelas están adoquinadas, y las casas varían en tamaño y materiales. Las hay incluso de alegres colores en sus muros, todas cuentan con chimeneas pues sus inviernos son crudos; la vegetación se encuentra por todas partes, árboles frondosos en las calles, flores de varios tipos en los balcones y marquesinas.

El menor de los Kim estaba fascinado con cada detalle. No se veía de este modo en Rúnya. Su hermano –que le observaba de tanto en tanto– sonrió contento al verle distraído en cada cosa de aquel lugar.

- ¿Estás contento, Junsu?

- ¡Sí, Jaejoong! En los viajes que hice con Narvinyë no me acerqué a Hyarmen.

- Sé que no… - El pelioscuro sonrió cubriéndose la boca con el dorso de la mano. Un sonrojo intenso se apoderó de las mejillas de su hermano.

No, el castaño se había limitado a conocer las fronteras de Rómen y Formen. Por eso había conocido a Nenya, y por el lobo al Príncipe Park; y curiosamente al Príncipe Jung.

El andar al galope de los seis príncipes montados en sus respectivos caballos fue motivo suficiente para que la gente les observara al pasar por las calles. Se notaba que el Príncipe Shim era conocido por su pueblo, la mayoría le saludaban con algarabía, le daban la bienvenida y había quienes incluso lanzaban rosas blancas a su paso bendiciendo su regreso. Los otros soberanos no dijeron nada, se limitaron a saludar con amabilidad a todo quien les dirigía la palabra. Las curiosas miradas no les abandonaron hasta que cruzaron los amplios y pesados portones de la puerta principal del Palacio. Alrededor de cien metros de patio adoquinado separaban de la estructura, los adoquines eran de color rojizo y gris metálico, formaban figuras que parecían ser los emblemas de la familia real y tal vez pasajes de su historia. La arquitectura era delicada pero tosca al mismo tiempo, las ostentosas esculturas en los tejados y a cada lado de la puerta principal de la residencia real le daban aquel aire agreste, pero los finos labrados sobre las puertas de madera y los atavíos de metal, eran exquisitos a la vista.

Cuando estuvieron ante la puerta principal de la residencia real, el Príncipe Shim desmontó y de inmediato alguno de los sirvientes tomó las riendas de su caballo. Los otros soberanos le imitaron y pronto los seis muchachos ingresaron al interior del Palacio. Por dentro no era menos delicado como agreste que por fuera.

- Bienvenidos a mi hogar, Príncipes de Anarion… - El morocho les dijo al tiempo que, ante ellos, realizaba la misma venia que hicieran en Rúnya. Con la mano a la altura del pecho y solemne pulcritud.

- Hantale… - Dijeron los Príncipes Kim en el idioma antiguo, aunque no fueran así recibidos en el Palacio.

- Gracias… - Habían respondido los otros tres príncipes.

- Mis padres nos recibirán por la noche, mientras tanto ellas… - El morocho viajó su mirada por unas doncellas que parecían ser también parte de la servidumbre de la familia real… - les mostrarán sus aposentos. Me disculpo por dejarles ahora a solas, tengo asuntos que atender con mis padres dado que permanecí lejos mucho más tiempo del esperado.

………………………………

Los Príncipes Kim agradecieron a las doncellas que les mostraron sus aposentos, pero apenas fueron dejados a solas, ambos se encontraron en los claros y largos pasillos del Palacio. Les preocupaban sus dragones y solo tenían la necesidad de reunirse con ellos.

- Es por el lazo que compartimos ahora con ellos. Desde La danza del Fuego y el Agua nuestras mentes actúan más como una misma, por eso no podemos permanecer demasiado tiempo sin verles.

- Pero hermano, tengo un presentimiento extraño de Hyarmen.

- Junsu, va a estar todo bien. Conseguiremos que un tratado de paz sea pactado después de que recorramos todos los reinos, esto es solo el principio, mantente firme, ¿sí?... – el castaño asintió… - ¿Te gusta mucho?

- ¿Mh?

- El Príncipe Park. Él te gusta mucho, le dejaste enfrentar la prueba de fuego de Narvinyë porque querías saber qué tanto le gustas tú a él también… - las mejillas del menor se sonrojaron nuevamente… - Cuida de ese sentimiento, no apresures nada. Incluso si deseas con todas tus fuerzas ir más allá con él, piensa que cada paso que das hacia su corazón, podría ser el mismo que des lejos si las cosas no salen como esperas.

………………………………

Cuando la noche cayó sobre Hyarmen, y antes de que el banquete diera inicio para conocer a los Reyes; el Príncipe de Rúmen salió a caminar por los jardines reales. En uno de ellos se encontró con el Príncipe Shim, se le notaba muy pensativo e inquieto.

- ¿Te molesta si te acompaño?

- Para nada, Príncipe Hayami… - El morocho sonrió suavemente, dejándole sentarse a su lado en aquella banca de granito resguardada bajo un pabellón con cortinas de seda y velas alrededor alumbrando el crepúsculo.

- ¿Está todo bien con sus padres?

- Sí…

Luego el silencio se hizo espacio entre ambos soberanos. El Príncipe Mokomichi presentía que su congénere le ocultaba algo, pero tenía que respetar sus secretos. Un minuto después Linta aterrizó sobre sus cuatro patas a un metro de ellos, las ráfagas de su aleteo sacudieron los cabellos de ambos príncipes.

- Tu grifo es extraordinario…

- Linta quiere saber si gustas ver Hyarmen montado en su lomo…

- ¿En serio? – Su congénere asintió… - Será un placer, Herunhyarmen… - El de tez tostada hizo una venia al Grifo, sumamente halagado porque la criatura le invite a volar… - ¿Va a acompañarme, Príncipe ChangMin?

- ¿Eh?

- Nunca he volado…

La confesión por alguna razón hizo sonrojar a ambos príncipes. Linta comprobaba con aquellos gestos lo que presintió durante tantos días separado de su receptor.

………………………………

- Jaejoong-Vanima…

- Yunho-Melko…

Ambos príncipes se saludaron por uno de los corredores externos del Palacio.

- ¿Me permite unas palabras?

- Por supuesto…

- Pase conmigo esta noche. Usted, Jaejoong-Vanima. En cuerpo, y no solo una ilusión onírica…

………………………………

- Junsu-Lissë es ahora todo lo que veo en tus pensamientos, Yoochun-Enta.

- Nenya, ¿por qué siempre consigues hacerme sentir avergonzado cuando mencionas a Junsu-Lissë?

- Tal vez porque sabes que sé lo que hay en tus pensamientos. Quieres aparearte con él… - El lobo incluso rió en pensamientos, irguiendo sus peludas orejas en un gesto que el peliazabache sabe significa que está concentrado en algo más aparte de esta conversación…

- No quiero… aparearme, con él…

- ¡Claro que sí! Cada que lo besas te emocionas tanto que un calor tan abrasador como el aliento de dragón te sube por el cuerpo.

- ¡Nenya!

- Así que entonces sé, porque tu instinto me lo dice, que quieres aparearte con él.

- ¡No digas “aparearse”!

- Oh, es verdad. Ustedes los humanos lo llaman reproducción sexual.

- ¡Nenya!

………………………………

La hora del banquete estaba ahí. Era el momento de conocer a los reyes de Hyarmen.



Continuará……






GLOSARIO

Umbardacil. "Victorioso del Destino".

Russandol. "Coronilla cobriza".

Herunhyarmen. Una forma de decir “Señor del Sur”. 



Entecuvalve-ime ;D (Nos leemos)