Acá con otro capi de este serial ;D ps sí caray, que ya vamos bastante avanzadito como para llamarle mini xDD pero bueno, qué le hacemos, la señora inspiración hace lo que quiere~
Disfruten~
ISTAR
~*~
Novena Parte
~//~
Reino
de Hyarmen
Los príncipes no
se hubieran imaginado lo cariñoso que el soberano de Hyarmen podía ser. Su
personalidad más bien seria y aristocrática se contraponía con aquella escena.
El de tez morocha desmontó de su cabello y corrió unos pocos metros en la
empinada colina que da al camino principal de entrada a los dominios de su
reino hasta encontrarse con su Grifo. La bestia con cuerpo de león y cabeza de
águila sobrepasaba la altura del príncipe Shim por suficiente como para que el
muchacho se viera como un niño asido a una de sus extremidades inferiores.
- Te eché de menos, Linta… - El príncipe
morocho sonrió a ojos cerrados mientras acaricia el pelaje del pecho de su
Grifo.
- También te extrañé, ChangMin… - El Grifo
bajó el rostro y apoyó la punta de su pico aguileño sobre la espalda del joven
príncipe… - Estuviste lejos demasiado
tiempo, y la mayor parte me costaba mucho encontrar tu mente para comunicarnos.
- ¿Es que acaso un par de semanas fue tanto,
Linta?...
- No fueron dos semanas, ChangMin. Estuviste fuera de
Hyarmen por más de dos meses.
- ¡Qué! No, imposible, fueron solo dos semanas, Linta…
- El joven príncipe levantó la mirada, buscando los ojos de su Grifo. Había
sinceridad en aquellas pupilas ambarinas.
El Grifo se sentó
entonces sobre sus extremidades inferiores y sacudió un par de veces su rabo,
la mata de hebras cetrinas al final de la larga cola brillaba con tonos
verdosos, igual que sus amplias alas de plumas doradas. La melena alrededor de
los hombros y el cuello es de un tono marrón, mientras que la cabeza es
plateada, el pico dorado, y el pelaje del resto de su cuerpo nacarado.
A la distancia,
los príncipes observaron esta majestuosa apariencia del Grifo con sumo respeto;
sobre todo el Príncipe Mokomichi.
- Por qué no le preguntas a tus invitados de
Rúnya el motivo por el que el tiempo transcurrió diferente para ti.
El Príncipe Shim dio media vuelta, metros más allá en el
claro de la colina sus invitados esperaban pacientemente cualquier indicación
de su parte. El morocho caminó directamente al primogénito Kim, quien solo al
verle advirtió las inquietudes que acaecían ahora sobre su congénere.
- Linta dice que hace más de dos meses salí de aquí, pero
el viaje a Rúnya me tomó 10 días, permanecí una semana en su reino, e hicimos
otra de camino hasta aquí. ¿Qué es lo que sucede, Príncipe Jaejoong?
El pelioscuro aflojó las riendas de su corcel y desmontó
con elegante agilidad. Su hermano menor le imitó, ambos príncipes seguidos por
las miradas de los otros tres príncipes. En lo alto, sus dragones sobrevolaban
en círculos, observando cada movimiento sin perder detalle.
- Su Grifo tiene razón, Príncipe ChangMin. Lo más
probable es que hayan transcurrido tres meses desde su partida de aquí. De hecho
sabemos que no lo notaron, pero apenas salimos de las fronteras de Rúnya, el
tiempo transcurrió con normalidad para todos. En nuestro reino, el tiempo va
más lento.
- ¿Es eso posible? – El Príncipe Park preguntó, buscando
al mismo tiempo en los pensamientos de su lobo algún indicio de esto.
- Lo es. Por causa de nuestros padres… - El menor de los
Príncipes Kim respondió.
- ¿Tanto poder mágico tienen sus padres?
- La respuesta a su pregunta, Príncipe Mokomichi, debería
ser afirmativa. Y en cierto sentido lo es. Lo que deben saber es que cuando
todos regresen a sus reinos, el tiempo que esperaban haber pasado fuera, es
más. No estuvieron en territorio de Rúnya dos semanas, sino dos meses… - el
menor de los Kim señaló. El Príncipe Park notó las pupilas alegres del castaño
oscurecerse por un sentimiento que desconocía.
- Por qué sus padres han hecho un hechizo tan…
antinatural. Alterar el curso del tiempo no es algo que incluso elfos, o ninfas
deban hacer.
- Nuestros padres están muriendo, y aunque usted tiene
razón, Príncipe Jung; el hechizo no fue hecho directamente por nuestros padres.
Anarion les dio este regalo por lo que hicieron por el planeta antes de que los
otros reinos se instauraran. Cuando la magia de ellos se haya extinto, Rúnya
volverá a la normalidad… - El primogénito Kim aclaró. Sus grandes ojos negros
se clavaron con pesadumbres en las marrones del moreno.
- ¿No son inmortales? – El Príncipe Shim murmuró para sí.
Más como una reflexión inconsciente, pero aún así su voz llegó a oídos de los
Príncipes de Rúnya.
- Lo fueron. Antes de que nosotros naciéramos… - El
castaño respondió, aunque la pregunta no les hubiera sido directamente hecha. El
de tez morocha le miró sintiéndose un poco incómodo. La idea de saber que sus
padres le anunciaran su muerte futura le haría sentir triste y desolado.
- Por qué no seguimos adelante, Príncipe Shim. ¿Cree que
sus padres puedan recibirnos?
- Por supuesto, Príncipe Jaejoong… - El morocho asintió y
luego se volvió hacia su grifo… - ¿Mis
padres están en el Palacio Principal?
- Sí. Pero ChangMin, Hyarmen
celebra Umbardacil desde hace dos
días.
- Es cierto, estuve
fuera demasiado tiempo. ¿Cómo es que no recuerdo que hayas mencionado nada de
esto cuando hablamos?
- Eso fue porque no lo
hicimos, ChangMin. Bloqueaste tu mente cada que intentaba mencionarlo. O tal
vez la magia de Rúnya me bloqueaba a mí. Tus padres estuvieron a punto de
enviar una cuadrilla de 100 hombres a buscarte.
- Gracias a los dioses
no lo hicieron.
- Fue difícil. Los otros
de mi clan estaban listos para sumarse a la encomienda. ChangMin, algo está
sucediendo en Anarion desde que te fuiste, y no es algo bueno. Tengo esta
sensación todo el tiempo, puedo ver el sol irradiando una luz diferente, y la
luna parece brillar demasiado desde entonces.
- Tranquilízate Linta.
Confío en los Príncipes de Rúnya…
- No es de ellos de
quienes desconfío. Ni siquiera de ninguno de los príncipes que hoy te han
acompañado. Solo sé que sucede algo. Vamos a tener cuidado, ¿sí? Es mi deber
protegerte, ChangMin.
El Príncipe Shim sonrió alcanzando el pico de su Grifo,
los ojos ambarinos se escondieron unos segundos bajo los párpados. El joven
morocho podía sentir toda la intranquilidad de su grifo ahora que estaban
juntos de nuevo.
- Avancemos. Y mientras entramos a Hyarmen permítanme
explicarles brevemente la celebración que se lleva a cabo ahora en mi reino. La
llamamos Umbardacil, es así desde hace mucho tiempo, probablemente a un siglo
del nacimiento de Hyarmen como uno de los cinco principales reinos de Anarion. Durante
12 días todo habitante de Hyarmen tiene derecho a retar a cualquier persona con
la que tenga alguna diferencia, sin importar el grado de tal. El retador y el
que es retado no tienen más opción que enfrentarse a duelo durante la hora del
crepúsculo.
- ¿Qué clase de enfrentamiento?
- Espadas y magia. Es todo lo que se permite en el duelo.
Los duelos se llevan a cabo en Russandol, es un recinto abierto en el patio
central del pueblo bajo el Palacio. A la gente le gusta estar presente, y
muchas diferencias son salvadas allí.
- ¿Qué sucede si no es así? ¿Si lo que llevó al retador a
lanzar el duelo no se resuelve?
- Siempre puede esperar al siguiente año. La celebración
de Umbardacil se realiza anualmente, sin falta. Las rencillas entonces deben
esperar.
- ¿Y si no quieren esperar?
- Príncipe Jung… - El joven morocho clavó sus ojos en los
de su congénere… - En Hyarmen la muerte sin razón no está permitida, y si llega
a suceder el castigo para quien comete tal crimen son los calabozos. A nadie en
mi reino le gustan los calabozos. Sin embargo,
durante los duelos de Umbardacil es difícil que terminen en muerte, tenemos
magos poderosos conectados a Russandol, si tal pensamiento atraviesa la mente
de uno de los contrincantes, los grifos que custodian la celebración se harían
cargo.
El Príncipe Mokomichi observó la mirada compartida entre
el Príncipe ChangMin y Linta. Tenía la sensación de que aquello que mencionara
acerca de cómo el Grifo le aceptó como receptor tendría relación con esta
celebración.
- Pienso que la idea es buena, pero la forma no… - El
menor de los Kim dijo con seriedad. Su hermano le miró y compartió en sus
pensamientos que no consideraba adecuada una nueva discusión acerca de la paz.
- El chico tiene
buen corazón…
- Lo sé, Linta. Curiosamente
su dragón no se le parece tanto en eso…
- ¿Cuál de los dos es
su dragón?
- El rojo.
- Oh. Definitivamente no
lo parece. Aunque la apariencia de ese dragón pegaría más con el Príncipe de
Formen. Jung Yunho, ¿cierto?
- Sigues haciendo un
excelente trabajo al viajar por mi mente, Linta… - El Príncipe Shim se permitió una sonrisa.
En lo alto, Narvinyë y Nënar mantenían el vuelo por
encima de sus receptores. No querían perder de vista ni un momento a los
Príncipes Kim.
- Creo que
tendremos algunos problemas por aquí, Nënar.
- Donde quiera que vas
hay problemas, Narvinyë… - El dragón azul cromado sonrió mentalmente al escuchar el bufido del
dragón rojo.
………………………………
El Palacio de Hyarmen se levanta en lo alto de una
montaña, la única en aquel espacio, dando la impresión de un asentamiento
excéntrico al sobresalir en todo el territorio, el pueblo se distribuye a los
cuatro lados, rodeando así su residencia real. Las callezuelas están
adoquinadas, y las casas varían en tamaño y materiales. Las hay incluso de
alegres colores en sus muros, todas cuentan con chimeneas pues sus inviernos
son crudos; la vegetación se encuentra por todas partes, árboles frondosos en
las calles, flores de varios tipos en los balcones y marquesinas.
El menor de los Kim estaba fascinado con cada detalle. No
se veía de este modo en Rúnya. Su hermano –que le observaba de tanto en tanto–
sonrió contento al verle distraído en cada cosa de aquel lugar.
- ¿Estás contento,
Junsu?
- ¡Sí, Jaejoong! En los
viajes que hice con Narvinyë no me acerqué a Hyarmen.
- Sé que no… - El pelioscuro sonrió cubriéndose la boca con el dorso
de la mano. Un sonrojo intenso se apoderó de las mejillas de su hermano.
No, el castaño se había limitado a conocer las fronteras
de Rómen y Formen. Por eso había conocido a Nenya, y por el lobo al Príncipe
Park; y curiosamente al Príncipe Jung.
El andar al galope de los seis príncipes montados en sus
respectivos caballos fue motivo suficiente para que la gente les observara al pasar
por las calles. Se notaba que el Príncipe Shim era conocido por su pueblo, la
mayoría le saludaban con algarabía, le daban la bienvenida y había quienes
incluso lanzaban rosas blancas a su paso bendiciendo su regreso. Los otros
soberanos no dijeron nada, se limitaron a saludar con amabilidad a todo quien
les dirigía la palabra. Las curiosas miradas no les abandonaron hasta que
cruzaron los amplios y pesados portones de la puerta principal del Palacio. Alrededor
de cien metros de patio adoquinado separaban de la estructura, los adoquines
eran de color rojizo y gris metálico, formaban figuras que parecían ser los
emblemas de la familia real y tal vez pasajes de su historia. La arquitectura
era delicada pero tosca al mismo tiempo, las ostentosas esculturas en los
tejados y a cada lado de la puerta principal de la residencia real le daban
aquel aire agreste, pero los finos labrados sobre las puertas de madera y los
atavíos de metal, eran exquisitos a la vista.
Cuando estuvieron ante la puerta principal de la
residencia real, el Príncipe Shim desmontó y de inmediato alguno de los sirvientes tomó las riendas de su
caballo. Los otros soberanos le imitaron y pronto los seis muchachos ingresaron
al interior del Palacio. Por dentro no era menos delicado como agreste que por
fuera.
- Bienvenidos a mi hogar, Príncipes de Anarion… - El
morocho les dijo al tiempo que, ante ellos, realizaba la misma venia que
hicieran en Rúnya. Con la mano a la altura del pecho y solemne pulcritud.
- Hantale… - Dijeron los Príncipes Kim en el idioma
antiguo, aunque no fueran así recibidos en el Palacio.
- Gracias… - Habían respondido los otros tres príncipes.
- Mis padres nos recibirán por la noche, mientras tanto
ellas… - El morocho viajó su mirada por unas doncellas que parecían ser también
parte de la servidumbre de la familia
real… - les mostrarán sus aposentos. Me disculpo por dejarles ahora a solas,
tengo asuntos que atender con mis padres dado que permanecí lejos mucho más
tiempo del esperado.
………………………………
Los Príncipes Kim agradecieron a las doncellas que les
mostraron sus aposentos, pero apenas fueron dejados a solas, ambos se
encontraron en los claros y largos pasillos del Palacio. Les preocupaban sus
dragones y solo tenían la necesidad de reunirse con ellos.
- Es por el lazo que compartimos ahora con ellos. Desde La danza del Fuego y el Agua nuestras
mentes actúan más como una misma, por eso no podemos permanecer demasiado
tiempo sin verles.
- Pero hermano, tengo un presentimiento extraño de
Hyarmen.
- Junsu, va a estar todo bien. Conseguiremos que un
tratado de paz sea pactado después de que recorramos todos los reinos, esto es
solo el principio, mantente firme, ¿sí?... – el castaño asintió… - ¿Te gusta
mucho?
- ¿Mh?
- El Príncipe Park. Él te gusta mucho, le dejaste
enfrentar la prueba de fuego de Narvinyë porque querías saber qué tanto le
gustas tú a él también… - las mejillas del menor se sonrojaron nuevamente… -
Cuida de ese sentimiento, no apresures nada. Incluso si deseas con todas tus
fuerzas ir más allá con él, piensa que cada paso que das hacia su corazón,
podría ser el mismo que des lejos si las cosas no salen como esperas.
………………………………
Cuando la noche cayó sobre Hyarmen, y antes de que el
banquete diera inicio para conocer a los Reyes; el Príncipe de Rúmen salió a
caminar por los jardines reales. En uno de ellos se encontró con el Príncipe
Shim, se le notaba muy pensativo e inquieto.
- ¿Te molesta si te acompaño?
- Para nada, Príncipe Hayami… - El morocho sonrió suavemente,
dejándole sentarse a su lado en aquella banca de granito resguardada bajo un pabellón
con cortinas de seda y velas alrededor alumbrando el crepúsculo.
- ¿Está todo bien con sus padres?
- Sí…
Luego el silencio se hizo espacio entre ambos soberanos. El
Príncipe Mokomichi presentía que su congénere le ocultaba algo, pero tenía que
respetar sus secretos. Un minuto después Linta aterrizó sobre sus cuatro patas
a un metro de ellos, las ráfagas de su aleteo sacudieron los cabellos de ambos
príncipes.
- Tu grifo es extraordinario…
- Linta quiere saber si gustas ver Hyarmen montado en su
lomo…
- ¿En serio? – Su congénere asintió… - Será un placer, Herunhyarmen…
- El de tez tostada hizo una venia al Grifo, sumamente halagado porque la
criatura le invite a volar… - ¿Va a acompañarme, Príncipe ChangMin?
- ¿Eh?
- Nunca he volado…
La confesión por alguna razón hizo sonrojar a ambos
príncipes. Linta comprobaba con aquellos gestos lo que presintió durante tantos
días separado de su receptor.
………………………………
- Jaejoong-Vanima…
- Yunho-Melko…
Ambos príncipes se saludaron por uno de los corredores
externos del Palacio.
- ¿Me permite unas palabras?
- Por supuesto…
- Pase conmigo esta noche. Usted, Jaejoong-Vanima. En cuerpo,
y no solo una ilusión onírica…
………………………………
- Junsu-Lissë es ahora
todo lo que veo en tus pensamientos, Yoochun-Enta.
- Nenya, ¿por qué
siempre consigues hacerme sentir avergonzado cuando mencionas a Junsu-Lissë?
- Tal vez porque sabes
que sé lo que hay en tus pensamientos. Quieres aparearte con él… - El lobo incluso rió en pensamientos, irguiendo sus
peludas orejas en un gesto que el peliazabache sabe significa que está concentrado
en algo más aparte de esta conversación…
- No quiero…
aparearme, con él…
- ¡Claro que sí! Cada que
lo besas te emocionas tanto que un calor tan abrasador como el aliento de
dragón te sube por el cuerpo.
- ¡Nenya!
- Así que entonces sé,
porque tu instinto me lo dice, que quieres aparearte con él.
- ¡No digas “aparearse”!
- Oh, es verdad. Ustedes
los humanos lo llaman reproducción sexual.
- ¡Nenya!
………………………………
La hora del banquete estaba ahí. Era el momento de
conocer a los reyes de Hyarmen.
Continuará……
GLOSARIO
Umbardacil. "Victorioso del Destino".
Russandol. "Coronilla cobriza".
Herunhyarmen. Una forma de decir “Señor del Sur”.
Entecuvalve-ime ;D (Nos leemos)







