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MEOW!
Parte 4
(Sobre el neko ChangMin y su japonesito baka)
Doce años
atrás
Mokomichi Hayami había quedado huérfano
hace cerca de un año, a sus 11 años el niño de origen japonés se convirtió en
un número más en las listas de niños abandonados en los archivos del Servicio
Social Infantil de la capital del país surcoreano. ¿Cómo había llegado a estas
tierras? Bueno, ciertamente que sus padres –y única familia– se mudaron
prácticamente desde que él era un crío recién nacido. Toda su vida la ha hecho
aquí, pero cuando un accidente le arrebató a sus progenitores, él había
terminado en un orfanato, casa hogar o cualesquiera nombre que le deseen dar.
Al principio le costó mucho hacerse a la
idea de estar sola. Tuvo la esperanza de que un día las puertas de la
habitación que compartía con otros chicos de su edad se abrieran para dar paso
a algún pariente suyo que hubiese venido desde Japón por él. Seis meses después
el niño comenzó a desechar de sus pensamientos aquella fé, y decidió entonces
simplemente seguir adelante. Él, como muchos otros niños de su edad, sabía que
era poco probable llegar a ser adoptado por alguna buena familia, solían
preferir bebés o niños en mucha más temprana edad. Así que a él solo le quedaba
esperar a tener la suficiente edad para ser lanzado al mundo y entonces ver por
sí mismo.
Cuando cumplió doce años llegó un nuevo
niño al orfanato, Shim ChangMin; un niño de nueve que no hablaba ni siquiera
para saludar, completamente retraído y hasta malhumorado. Era delgado y alto
para su edad, la piel la tenía tostada como si hubiese estado expuesto al sol
durante mucho tiempo, tenía el cabello enmarañado de un profundo color bruno y
sus ojos eran demasiado particulares, a veces lucían muy oscuros pero había
ocasiones en las que incluso de noche, se veían claros, como los de un felino
entre las sombras.
A Hayami este niño le gustaba, y todos los días se acercaba a él intentando sonsacarle
alguna palabra. Pero ChangMin gruñía y ceñudo lo miraba casi con desprecio. El niño
japonés solía pensar para sí que era más probable que ChangMin tuviera miedo de
él y no tanto que lo aborreciera. Así que siguió en sus intentos durante meses
enteros hasta que consiguió que el otro soltara su mutismo.
- ¡Eres tan exasperante, bakaaa! – El
morocho espetó sacado de sus cabales, extrañamente se puso a cuatro habiendo
trepado al cercado que dividía un área de otra, sus ojos brillaron y (lo más,
más misterioso de todo) una cola crispada salió de sus pantalones irguiéndose a
lo largo… - ¡Me tienes harto! ¡No quiero ser tu amigo! ¡No quiero que tú seas
mi amigo! ¡Humanos tontos que solo quieren usarme para su beneficio!
- ¿Humanos tontos? ¿Y por qué no quieres
que seamos amigos? Es lo normal, ¿sabes? Somos niños que por ahora estamos
solos en el mundo, pero si tuviéramos amistad entonces…
- ¡He dicho que no quiero tu amistad!
- ¿Por qué tienes esa cola de gato allí? ¿Cómo
te la pusiste?
- ¡No me la puse, es mía y es natural! ¡Soy
un neko, Hayami no baka!
- ¡Waoo! ¡Un neko! Creía que no existían, pero si tú
dices que eres uno entonces así es. ¿También tienes orejas?
El neko se tocó la cabeza, como buscando
sus propias orejas. Bufó por lo bajo y dijo algo ininteligible, luego dos
curiosas orejas brotaron rectas y erguidas, eran de un color profusamente
marrón, al japonés se le antojaron suaves y maleables, tanto que casi sin darse
cuenta alargó la mano con la intención de tocarlas; pero un zarpazo –literalmente–
de parte del morocho le impidió la acción.
- ¡No te atrevas a tocarme!
- ¿Por qué no? ¿Es malo para ti?
- ¡No quiero que me toques y ya! ¡Baaaka!
- Deja de insultarme, tengo nombre ¿sabes? –
El niño japonés vio al morocho voltearle la cara con altivez y bajar del
cercado con aire orgulloso… - Me llamo Mokomichi Hayami, pero puedes decirme
Hayami-kun, ChangMin-Kun.
- Serás Hayami baka… - ronroneó el neko,
con una sonrisilla traviesa adornándole los labios.
Así fue como la historia entre los dos
comenzó. Luego ChangMin se hizo menos huraño y… ¡Stop! No, la verdad es que el
niño morocho siguió siendo huraño y retraído; de hecho con los años su
personalidad se fue acentuando hacia el malhumor y el sarcasmo, era difícil de
tratar y a menudo rezongaba con tal fuerza que sus palabras llegaban a ser
hirientes. Al neko no le gustaban para nada los humanos, excepto Hayami, su
único amigo y con la única persona
que dialogaba o se permitía algún contacto.
A los 18 Mokomichi abandonó esa casa hogar,
por cumplimiento de edad aunque antes él había intentado marcharse ya unas
veces, pero por alguna razón siempre había terminado volviendo. Y es que
ChangMin seguía allí, nunca nadie se había interesado en adoptarlo, como no lo
adoptaron a él. Entonces sin embargo, Hayami podía conseguir un trabajo y
hacerse cargo de su amigo y de sí mismo, había ingresado a la Universidad pero
se sentía capaz de hacer un montón de cosas si ChangMin le prometía quedarse
con él.
- ¿Por qué quieres que me vaya contigo? –
El neko le preguntó con seriedad.
Sentados ambos en el tejado de la azotea en
esa última noche para el japonés en el orfanato. Encima era luna llena, y al
neko siempre le han gustado las noches de luna llena, le recuerdan que una vez
tuvo familia. Y al mismo tiempo le hace pensar en el japonés. Sí, las noches
así son sus favoritas.
- Porque eres mi única familia, ChangMin ah…
- El japonés le miró de soslayo.
Su amigo no había cambiado tanto en físico,
seguía siendo delgado y le gustaba su cabello enmarañado, la piel seguía más
bien morena como bronceada bajo el sol, y sus ojos también eran tan oscuros
como siempre. Aunque sus rasgos faciales y la postura de su tronco cada año se
acercaban bastante a la adultez, pese a que el neko tenía apenas 15; Mokomichi
una vez le preguntó y su amigo respondió que tenía que ver con ser neko. La maduración
entre nekos y humanos variaba considerablemente. O al menos eso sabía él, ¡y él
sabía mucho! ¡Es un neko genio!
- No somos familia, somos… – El neko lo
meditó un minuto… – Coincidimos viviendo durante los últimos seis años aquí.
- Somos familia, ChangMin ah. Amigos y
familia, aunque no te guste admitirlo… – El japonés sonrió sin ofenderse en
absoluto. Estaba más que acostumbrado a esta forma de ser y hasta de expresarse
del neko. ChangMin gruñó, le incomodaba saberse unido de alguna manera a este
chico. Sobre todo porque presentía que su empatía con el japonés era mucho más
fuerte que simple amistad… - Y además es por tu seguridad, ya sabes; con esto
de que eres un neko adolescente.
Mokomichi intentó persuadir entonces de
otra manera, aludiendo su condición actual desde que entró en la adolescencia y
sus ciclos de celo se presentan
puntualmente cada tres semanas y dura alrededor de una. Tiempo durante el cual
en el orfanato sus compañeros –hombres y mujeres– tonteaban con él pese a que
solía mandarlos al demonio y los trataba mal. Pero claro, era culpa de su aroma
que les alteraba los sentidos. Al japonés incluido, pero Hayami había
encontrado una forma de controlarse y no intentar saltarle encima con
intenciones de aparearse. Oh bueno,
el mismo neko le había dicho cómo podía hacerlo, que el inteligente es él. Todo
era cosa de usar una tira nasal que desprendía ciertos aromas que se le
impregnaban en la nariz de forma cutánea; aromas que inhibían los del neko.
- Pienso que quieres quedarte conmigo para
que luego te haga favores o algo así. Los nekos podemos tener dones mágicos.
- No tenía idea de eso. Y no es la razón
por la que quiero que vengas conmigo, ChangMin ah. Te estoy hablando en serio
cuando te digo que te considero mi familia, todos estos años contigo me han
hecho quererte de forma especial.
- ¿Especial? – El neko enarcó finamente una
ceja.
- Sí. Especial, y no hagas preguntas al
respecto… - El japonés carraspeó y el neko tuvo la impresión de que parecía
avergonzado.
- Hayami baka, ¿yo te gusto?
Tras la pregunta del neko, el joven japonés
se tensó visiblemente. Él no estaba listo para declarársele de verdad. Seguro que
el neko lo pateaba y lo mandaba al demonio.
- Si no quieres venir está bien, tal vez
cuando salgas de aquí podamos encontrarnos de nuevo.
- No me evadas, baka… - El neko le gruñó
indignado por no recibir su respuesta… - No estoy en mi época de celo así que te exijo que me digas por
qué demonios te sonrojas y evitas mirarme ahora.
- ¿Me vas a rechazar?
- No lo sé. Te he dicho que no me gustan
los humanos.
- Ya lo sé.
Ambos miraron entonces la luna llena. Tan redonda
y brillante colgando en el firmamento. ChangMin pensó que era un neko afortunado
por tener un amigo como Hayami, porque él de verdad sabe que lo aprecia y lo
quiere no por ser un neko, sino un chico solo y abandonado como él. Reveló sus
orejas y su cola casi por instinto, y maulló largo y ladino, un sonido que
provocó otros maullidos cuadras alrededor del orfanato, y también los ladridos
de algunos inquietos canes. Pero para Hayami este sonido significaba libertad y
tranquilidad. Él sabe que ChangMin se siente así cuando maúlla a la luz de la
luna llena.
- No puedo irme por voluntad contigo, sería
más como escaparme. No podríamos quedarnos aquí.
- Podemos ir a otra ciudad.
- ¿Con qué dinero? ¿Acaso tienes?
- Me las ingeniaré… - El japonés encogió
los hombros con simpleza.
- No lo digas como si se tratara de una
cosa sencilla, baka… - El neko espetó con seriedad. Pero el japonés le sonrió a
cambio… - Está bien, me iré contigo.
Si bien no hubo algarabía por parte del
neko, la media sonrisa curvada en sus labios fue gesto más que suficiente para
saber que estaban emprendiendo el camino adecuado.
--//--
Actualidad.
- ¿No tienes frío? – El japonés se sentó a
sus espaldas, rodeándole con los brazos y besándole la frente aunque su neko le
gruñera porque detesta que se ponga
en plan cursi.
- Cállate, baka…
--//--
Desde que Jaejoong usara esas orejas y cola
de gato, a Yunho a diario le apetecía tener sexo
con aquellos accesorios.
- Te ves irresistiblemente sexy, JaeBoo… -
Argumentaba el moreno con mirada lasciva y prácticamente babeando a su sensual
novio.
- Pervertido~ - El pelioscuro sonrió
coqueteo sentándose en el regazo de su novio, imitando ronroneos juguetones
mientras le lame el cuello… - ¿Este minino quiere su leche, Yunho~?
--//--
- ¡Meow~! – El lindo neko no paraba de
ronronear y restregarse contra las sábanas de la cama del pelinegro, necesitado
de su novio que en esos momentos estaba en clase extracurricular… - ¡Meoww~! –
Gimoteó sintiéndose demasiado caliente, el bajo vientre le daba pinchazos y su
entrepierna estaba más que alzada.
Tenía un gran problema, y por experiencia
de los últimos días, sabía que aquello no iba a ceder ni a bajar por si solo ni
con unas cuantas caricias con su propia mano. No, necesitaba urgentemente las atenciones de su novio.
Así que, sin más opciones, marcó al móvil de su novio.
- ¡Meoowww~ Chunnie!
- Qué
demonios. ¿Junsu ah, estás ronroneando?
- Sí, Yoochunnie~ mi cuerpo está ardiendo. Y
por más que muevo mi mano en…
- ¡No
lo digas!... – En su clase, el pelinegro gritó sin pensar en sus acciones. Se
levantó de golpe y todos sus compañeros voltearon a mirarle, el profesor le
miró con cara de pocos amigos. Oh bien, él tenía esa expresión siempre, Yoochun
asegura que lo que pasa es que no tiene vida
sexual activa… - Voy para allá.
Sin importarle el regaño ni la falta de
responsabilidad en que estaba cayendo, el pelinegro salió corriendo del salón y
como bólido atravesó los pasillos. Junsu le esperaba.
Continuará……
¡Está bien! Puede que llegue a siete u ocho partes, es que esto de los nekos les ha gustado a ustedes, y pienso que nos viene bien meter algunas cosillas en el blog que sean más bien divertidas y románticas *-*
¿Les parece bien? ;D







