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miércoles, 5 de junio de 2013

ISTAR Parte 23



ISTAR
~*~
Vigésima-Tercera Parte

~//~

Reino de Númen


El Príncipe Shim evadió de nuevo el ataque de la espada larga del menor Mokomichi, hacía minutos que evitaba cada estocada simplemente defendiéndose pues no encontraba motivación real para atacar al hermano de su prometido, su cuñado, parte de su futura familia.

- ¡Por qué no me atacas! – exclamó frunciendo el ceño, haciendo un movimiento aún más preciso que los anteriores obligando al morocho a retroceder dos pasos para evitar el impacto de la cuchilla con uno de sus costados… - ¡Deja de defenderte y  muéstrame lo que vales!

- A diferencia suya, Príncipe Kaminari, no tengo intenciones de probar su valía a través de un duelo que cualquiera puede ganar.

- ¿Acaso será esa la actitud que muestre ante el enemigo si quieren saber si es capaz de hacerlo todo por mi hermano?

- No eres mi enemigo, y esto no se trata sobre hacerlo todo por su hermano. Me parece que está enojado, Príncipe Kaminari, porque siente que he venido a usurpar la atención y el cariño de su hermano.

- Me molesta que un perfecto desconocido venga a meterse en Númen con la frente en alto como si fuera un héroe o alguien importante. Es usted Príncipe de Hyarmen, pero no vale más que cualquiera de mi pueblo, y sin embargo cree que puede ordenar y exigir como si fuera parte de la Familia Real.

- Voy a casarme con tu hermano, Kaminari… - Acotó el Príncipe morocho olvidándose un momento de las formalidades, lanzando en su voz un tono más duro y firme. Que le quede claro a su cuñado que desde el momento en que el de tez tostada pidió su mano en matrimonio, se convirtió en parte de la Familia Real.

- ¡Y no debería! – El adolescente arremetió otra vez contra el morocho. Lanzó ataques más rápidos y certeros, con la intención de herir pero no matar… - ¡Me molesta que solo te defiendas! ¡No mereces casarte con mi hermano!

El Príncipe de Hyarmen frunció el ceño ante aquella afirmación que clavó una estaca en su pecho –era como una gravante contra su orgullo–. Se movió entonces con sorprendente agilidad y bastaron un par de movimientos para desarmar al menor Mokomichi y dejar la punta de su espada rozando la piel de su cuello. La respiración agitada del adolescente era el único sonido que se escuchaba en aquel recinto. Los guardias que habían estado practicando allí habían pausado su entrenamiento y mantenido atención en el duelo de los príncipes. Su deber había sido ver por la seguridad del menor Mokomichi, pero los movimientos del Príncipe Shim les habían sorprendido, ninguno habría podido detenerlo si tuviera la intención de herir o matar al menor.

- No te permito dudar de mi valor para convertirme en esposo de tu hermano. Los sentimientos que tengo hacia él son lo más valioso que poseo, y ni a ti te permito dudar de ellos.

- No es el único que ama a mi hermano. No es el único que tiene profundos sentimientos por él, y sin embargo exige ser el único con derecho a desposarle… - Siseó el menor, retándole a atreverse en herirle, pero el morocho apartó su espada guardándola en la funda colgada en su cintura.

- Jamás he dicho algo así. Fue tu hermano quien me eligió… - Buscando la calma en su interior, el morocho intentó razonar con su cuñado. Pero él parecía reacio a escucharle más allá de sus molestias.

- El peor error de toda su vida debería sumar. Usted no merece amarle, ni mucho menos que él sienta algo por usted. El amor de mi hermano lo merece alguien que haya estado con él desde siempre.

El Príncipe de Hyarmen titubeó y sintió un mareo. Esta forma de defender lo que se quiere y las palabras para hablar del amor le hacen dudar acerca de la naturaleza de los sentimientos del menor Mokomichi por el primogénito. ¿Sería posible que el menor estuviera enamorado de su hermano?

- Noerya lo ama. Y lo merece mucho más que tú… - Fue sin embargo esta declaración la que dio luz suficiente a los pensamientos y conjeturas que el morocho elaboraba en su cabeza… - Pero tu llegada a Númen ha destruido todas sus ilusiones y desvanecido sus esperanzas.

- ¿Y tú quieres ser una especie de héroe que le devuelva a Ella todo eso?

- Noerya lo vale. Es una doncella hermosa y virtuosa. La esposa perfecta para mi hermano.

- Y eres tú quien está enamorado de ella.

Las mejillas del menor Mokomichi enrojecieron furiosamente, sus puños se tensaron y evadió la mirada. El Príncipe Shim había acertado.

- Rompe tu compromiso con mi hermano. Deja que Noerya lo haga feliz.

- Yo también le hago feliz, y él a mí. Hayami-Indil me gusta, lo quiero y no voy a renunciar a él por una chica a la que amas. Es un sacrificio que no te haría bien, Kaminari.

- ¡No te atrevas a decime lo que sería bueno! – Espetó el adolescente… - No creas conocer tanto a mi hermano tampoco, ha sido Noerya quien ha estado con él desde que eran niños.

- Defiendes el amor de la chica a la que amas pero que ama a tu hermano, y me pones como tu enemigo porque no puedes odiarle a él por tener los sentimientos que anhela tu corazón.

El menor Mokomichi se tensó un poco más tras escuchar la claridad con que sus frustraciones eran plasmadas en las palabras que pronunciara el Príncipe Shim. Le detestó por comprender tan rápido y acertadamente sus sentimientos, por ordenar sus pensamientos incluso cuando él los conocía y había estado rehuyendo de ellos porque no puede, simplemente no puede vaciar su enojo contra su hermano por el rechazo de la mujer amada. El morocho estuvo tentado de hablarle acerca de la edad y los amores que aún podrá conocer. Pero encontró aquel pensamiento atorado en su garganta como si se reusara a emerger a través de su conciencia.

- ¿Qué están haciendo? – La llegada del Príncipe Hayami hizo un doble efecto en la escena.

Por un lado rompió el penetrante contacto visual que habían estado compartiendo su prometido y hermano; pero por otro, lejos de diluir la tensión entre los dos príncipes, se enfatizó y al mismo tiempo habían de contenerla.

- Teníamos un duelo e intercambiábamos opiniones… - El menor Mokomichi habló primero, con respeto hacia su hermano.

Los guardias retomaron su entrenamiento manteniéndose del todo al margen ahora que el primogénito del reino había llegado.

- Parece que estaban teniendo diferencias… - Aventuró el de tez tostada con cautela.

Conoce a su hermano y por la tensión de su cuerpo y la molestia en sus ojos, suponía que no estaban teniendo un encuentro propiamente amistoso. Pese a que su hermano cuenta con tan solo 13 años y es un adolescente al que le queda largo camino por recorrer, le reconoce el carácter y el valor para enfrentar las cosas que sacan lo peor de su personalidad reservada y a veces hasta tímida.

- La verdad es que no conseguimos conciliar nuestras opiniones, Hayami-Indil… - El morocho clavó sus ojos en su prometido.

La firmeza reflejada en sus pupilas fue suficiente para que el de tez tostada comprendiera que esto significaba que cualquiera que fuese el tema que trataban, ninguno estaba dispuesto a ceder en su postura.

- Espero entonces que al menos haya tregua.

- Te aseguro no matarle mientras duerme… - Siseó el Príncipe Kaminari.

- Incluso si tales palabras han brotado de tus labios motivadas por un rencor que no comprendo, espero que la próxima vez que hables acerca del fin de tus enojos medites lo que vas a decir. Eres mi hermano menor y te amo por ello, pero si solo intentas herir a ChangMin no olvides quién te enseñó todo lo que sabes en las artes de la batalla, Kaminari.

- ¿Pondrías a este hombre por encima de nuestro lazo de sangre?

- Lo pondría por encima de todo Númen.

El menor Mokomichi frunció el ceño pronunciadamente en una clara expresión de furia. Su hermano le sostuvo la mirada sin perder la serenidad de sus facciones. El Príncipe Kaminari bufó evidentemente furioso y dando una última mirada llena de rencor hacia el Príncipe Shim, abandonó el recinto con pasos pesados.

El Príncipe de Hyarmen no pudo controlar el rubor que se instaló en sus mejillas tras escuchar la declaración tan firme de su prometido. Se sintió halagado e importante, un cosquilleo le subió por el vientre quedándose en su pecho y encontró aquello por demás agradable. Aunque claramente no esperaría tener que ver aquel suceso. Ha visto el dolor en las cuencas ónix del Príncipe Park, la consecuencia de su elección, el hombre por un reino. No imagina aquel peso sobre sus hombros, ni mucho menos sobre los de su amado.

- ¿En qué no coincidieron, ChangMin-Írima?

- ¿Tiene algún caso que te responda ahora, Hayami-Indil? Partiremos pronto a Formen, no creo que sea adecuado que otras preocupaciones ocupen tu mente.

Ambos príncipes conectaron sus miradas. Había algo en las pupilas del otro que les hacía sentir que aquello era lo oportuno. Aunque para el de tez tostada posponer esta conversación con su hermano no le motivaba particularmente.

……………………………

Hacía una tarde preciosa. Para el menor Kim estar en Númen era como estar en Rúnya. Había similitudes en sus paisajes y la calidez de su gente, aunque todavía las diferencias eran considerables, la tranquilidad que éste reino le brindaba a su corazón era el mejor placebo para su alma. A veces se sorprende a sí mismo deseando con todas sus fuerzas que la muerte de sus padres no haya sido más que una oscura pesadilla colada en sus contadas horas de sueño. Sin embargo, esa era su realidad.

Suspiró y levantó la mirada al cielo, despejado y de un nítido azul claro parecía una pincelada perfecta de color. El sonido de las aves cantando en las copas de los árboles, el fluir de un arroyo no muy lejos de ahí y el pastar de los ganados en los campos más allá de las murallas del reino, junto al golpeteo de cascos de una manada de unicornios corriendo por los claros del bosque, captaron en esencia la atención del castaño. Escuchar la naturaleza le ayudaba también a mantener alejados pensamientos que no quería en su conciencia.

Un minuto después el peliazabache se sentó a su lado sobre aquella piedra cubierta de musgo en medio del escarpado terreno del bosque húmedo y soleado. Compartieron el silencio y entrelazaron sus dedos mientras el castaño recostaba su rostro sobre el hombro izquierdo de su prometido.

- Haz estado pensativo, Junsu-Lissë.

- No más que tú, Yoochun-Inya… - Susurra con un dejo de tristeza… - Lo siento porque tuviste que elegir entre tu reino y yo.

- No hay razón para que sientas culpa por ello. Fue mi padre quien prefirió renunciar a su hijo antes que verme feliz bajo la protección de Rómen… - Acotó el peliazabache, ladeando el rostro para besar los cabellos de su prometido… - ¿Volverás a ver a tus padres? Se dice seres mágicos como ellos no, morían, del mismo modo que nosotros los humanos mortales.

- Mis padres renunciaron a la gracia de su inmortalidad antes de que mi hermano y yo naciéramos. Conforme los años pasaron la magia que poseían fue extinguiéndose hasta el día que murieron. Ya no eran inmortales aunque conservaron reminiscencias de todo aquel poder. Así que pienso que no, no volveré a verlos, Yoochun-Inya. Y sin embargo su pérdida no duele tanto como la tuya, tu familia vive pero no puedes acudir a ellos en busca de consejo o cariño.

- No dejes que mi pesar te contagie, Junsu-Lissë. Por favor, que nuestro vínculo no entristezca tu alma.

El Príncipe Park le sujetó por los hombros encarándole, besó suavemente sus labios y le abrazó con fuerza contra su pecho. Las manos del menor Kim rodearon su cintura y su rostro encontró refugio en la curvatura de su cuello.

- Vi en los ojos de tu madre un enorme pesar cuando abandonamos Rómen. En tu padre odio contenido. Pero en tu hermano, Yoochun-Inya, no sé lo que vi.

- Yoo-Hwermë ha tenido una vida dura, Junsu-Lissë. Desde su nacimiento mi padre nunca tuvo la decencia de quererlo. Y mi madre le dio responsabilidades que ahora comprendo no eran suyas.

……………………………

Los dragones comenzaron a inquietarse repentinamente. Había demasiada tranquilidad en toda Anarion para gusto de sus instintos.

- Los huevos de dragón también parecen inquietos, no dejan de vibrar ni un segundo, pero ni Jaejoong ni Junsu han venido a ellos para tranquilizarlos… - Nënar olfateó los huevos de dragón con curiosidad, notando destellos de luz dibujar grietas que inmediatamente desaparecían de la superficie de cada cascarón.

- ¿Piensas que van a eclosionar?

- No lo sé, Narvinyë. Soy tan dragón como tú, y en momentos como estos ambos carecemos de conocimiento de nuestra propia especie, me es casi imposible acceder a las memorias milenarias contenidas en nuestras mentes y averiguar algo más sobre todo lo que está pasando.

- Pero parece como si no pudiésemos entender más nada hasta que no esté la última ficha puesta sobre el tablero.

- A veces dices cosas inteligentes, Narvinyë.

- Nenya, no me extraña tu comentario mordaz… - El dragón rojo bufó con altivez, mientras que el lobo se acercaba cautelosamente hasta los huevos de dragón, olfateó del mismo modo en que lo haría para reconocer territorio de otras manadas pero no consiguió percibir nada nuevo o diferente en ellos… - Junsu-Enta y Yoochun-Enta se preparan junto a los otros príncipes para partir. ¿Por qué no vamos a reunirnos con ellos?

- Les estaremos esperando cerca de los Desiertos Polares, el Príncipe Jung se lo ha pedido así a mi estimado Jaejoong.

- ¿No tienes la impresión de que es extraño? Pasar por los Desiertos Polares cuando el Príncipe Hayami dijo claramente que eran peligrosos. He rondado por ahí cerca y definitivamente no me aventuraría en su interior.

- Sabemos que es extraño, probablemente el Príncipe Jung nos oculta algo, pero mi estimado Jaejoong confía en él y nosotros en el juicio de los Príncipes Kim ya que Junsu también presiente que el paso por los Desiertos Polares es parte de algo más allá de lo que podemos comprender ahora.

- Y por alguna razón los huevos de dragón parecen ansiosos por estar ahí… - El dragón rojo señaló sin despegar sus ardientes ojos de los ocho huevos de dragón.

……………………………

Isilmë y Linta estaban tan inquietos como los dragones y Nenya, pero como ellos, siguieron a sus receptores sin emitir disconformidad alguna. Era sin embargo curioso ver cómo la unicornio insistía en que el Príncipe ChangMin cabalgara montado en sus lomos. El Grifo –en lo que podría considerarse una muestra de celos, o bien de correspondencia al gesto de la unicornio– se ofreció para llevar al Príncipe Hayami en su lomo. La bestia caminaba sin embargo junto con los demás, su gran tamaño llamaba la atención pero nadie decía nada, iba lento porque unos cuantos pasos suyos abarcaban mucha más distancia que el galope natural de los caballos.

Los Príncipes iban en silencio, viajar de noche no siempre era lo mejor pero el Príncipe Jung había insistido. Los Príncipes Kim mantuvieron el lazo con sus dragones y también con sus huevos de dragón, los que aunque continuaban vibrando inquietos, no requerían la presencia de los príncipes de Rúnya para calmarse.

……………………………

En el Palacio de Númen, los reyes observaban desde una de las torres principales hacia los Desiertos Polares.

- ¿Recibiste alguna noticia de Rúnya, querido?

- El Reino está sumido en un inquebrantable estado de parálisis temporaria. Nadie ha podido atravesar sus fronteras, como si alguna especie de campo mágica la mantuviera resguardada. Me he comunicado con los reyes de Hyarmen y hemos concluido que lo más probable es que se deba a la muerte de los Reyes de Rúnya. Si eso ha sucedido, Rúnya no abrirá sus puertas hasta que los Príncipes regresen a él.

- Eso también significaría que todos los rumores alimentados durante años eran verdad, un Rey Elfo y una Reina Ninfa gobernaban el reino de la Llama Roja.

- Así es, querida. Sin embargo, lo que debe ocuparnos ahora es averiguar lo que Formen planea. El Rey Kang Dae desatará la guerra, Artamir me dijo que el Príncipe Jung se acercó a él antes de marcharse esta noche. Artamir vio en el alma del joven secretos que pesan demasiado sobre su corazón.

- Así que todo comenzará en el último reino que visiten los Príncipes de Anarion…


Continuará……