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sábado, 21 de septiembre de 2013

ISTAR Parte Final (2 de 2)



ISTAR
~*~
Parte Final
(2 de 2)

~//~

Ossiriand


La encrucijada finalmente se ha revelado. Morion sonríe autosuficiente, saborea premeditadamente la victoria. La silueta del Príncipe Jung se ha materializado delante suyo, interponiéndose así entre él y el Príncipe Jaejoong. Ambos jóvenes enfrentaron sus miradas. No son aquí más que un pensamiento cristalizado en la desestructurada mente del moreno, pero tan reales y significativas como si estuvieron uno ante el otro en carne y hueso, palpables, vulnerables.

– Fue este tu plan desde un inicio, ¿cierto?

– Te consideraba más astuto, hijo de Nísinen y Telemnar. Evidentemente no heredaste toda su sabiduría.

– No subestimes mi juventud, Morion de Ossiriand. La maldad que sembraste en Yunho-Melko caerá tarde o temprano y no has de cosechar la victoria.

El primogénito Kim clavó sus grandes ojos negros en aquellas pupilas de aire ausente que estaban frente a él. El Príncipe Jung le miraba sin realmente mirarle. Este hombre era poco menos que un cascarón hueco, un pensamiento que debiera ser fugaz, pero que el Príncipe Jaejoong asumía no se desvanecería así de fácil.

…”Si te vinculas a mí, mi Padre obtendrá lo que quiere”…

…”Anarion está en riesgo, mis padres quieren la guerra y no se detendrán, iremos hacia ella nos guste o no, y tarde o temprano tú y yo tendremos que enfrentarnos en el campo de batalla”…

El recuerdo de estas palabras hicieron eco en la mente del Primogénito Kim. Las cosas tomaban un sentido diferente ahora.

Padre. Jung Yunho no se refería realmente a Kang Dae, su padre biológico; sino a Morion, su padre en las artes oscuras de la magia. Aunque no haya sido su decisión, pese a que el Príncipe Jung acudió a Ossiriand por mandato del Rey y su honesto deseo de favorecer a Formen, se convirtió en discípulo y recipiente de la ínfima molécula más oscura de Morion. Su alma renegrida y corrupta habitó entonces durante años en la mente del moreno. Todo para éste momento, cuando según sus planes minuciosamente trazados, la mente del Príncipe Jung habría sido prácticamente suya sin titubeo alguno.

Cada laberinto, cada maraña de pensamientos, cada muro tan fuerte como plomo y concreto, cada pasadizo cubierto en tinieblas. Todo lo ha invadido Morion, pacientemente y a sabiendas de que la nueva habilidad del Príncipe Jung para vincularse a las mentes de más de un Fénix, denigrarían sus voluntades debilitando su mente. Morion ha sido tan inteligente que empujó la esencia del moreno hasta los linderos más superfluos de toda su mente en la que el soberano de Formen habitó luchando constantemente contra su propio yo.

La aparición del Primogénito Kim en sus sueños ni hizo más que tambalear el raquítico control que el muchacho tenía sobre su propia mente.

El Príncipe Jung ha hecho más que ser fuerte, ha pasado los límites de su esencia mortal y alcanzado los de un Istar. Así él no estuviera del todo consciente de lo sucedido en su mente, el moreno enfrentó todas esas invisibles vicisitudes con estoico temperamento.

Campo de batalla. ¡Por los cielos! Su mente, no Rúnya, ni ningún espacio de tierra, montañas, lagos o reinos en Anarion. Siempre se trató de esto. ¡Cómo no lo comprendió antes! El Príncipe Jaejoong frunció el ceño, respondiéndose en pensamientos por su ceguera a los hechos. ¡Si es que Yunho-Melko se lo decía en clave!

– Estás tomando conciencia, ¿no es así? – La voz de Morion le distrajo.

Los ojos negros del Príncipe Jaejoong buscaron la mirada del Elfo perverso. Ojos intensos de un color indefinido que provocaron en el Primogénito de Rúnya un estremecimiento que tambaleó su vínculo con su amado. ¿Estos eran los embates mágicos de Morion?

– No te confundas, Jaejoong de Rúnya. He habitado por años aquí, he anidado toda mi oscuridad hasta la última célula y cada pensamiento de Yunho está atado a mí. Pero no soy yo quien te hace sentir así. Es su verdadera esencia, el fruto de mis acciones pisoteando su estructura mental, empujando cada uno de sus pensamientos con mi voluntad.

– Una copia de ti en él.

– Correcto, Jaejoong… – Morion torció una sonrisa siniestra antes de esfumarse como humo en el viento.

– No eres una copia de Morion, Yunho-Melko… – El Príncipe Jaejoong enfocó entonces su mirada en el hombre delante de él… – Sé que no te ha sometido enteramente a su voluntad. Tu mente sigue perteneciéndote, solo tienes que librarte de todas las ataduras y luchar contra la opresión de su cínica intrusión.

…”Mi hijo Jaejoong jamás mirará atrás, seguirá su camino. Sin importar cuánto te opongas a él”…

El resquicio de conciencia en el Príncipe Jung trajo a colación de entre sus recuerdos, aquellas palabras del Rey Telemnar. El cofre de secretos que con tanto empeño construyó en un rincón de su mente resguardada por muros que Morion no consiguió derribar a templanza, seguía revelándole aquellas palabras que necesitaba para luchar.

– No voy a dejarte, no voy a darte la espalda, Yunho-Melko.

--//--

Montado a lomos de Narvinyë, el Príncipe Yoochun llegó hasta una coyuntura de colinas entroncadas en un conjunto de arroyuelos finos como hebras de plata resplandeciendo a la luz de la luna y las estrellas. El dragón rojo planeó hasta casi tocar tierra, eligiendo su pista de aterrizaje más allá entre piedras cubiertas de moho y musgo que rodeaban una pequeña laguna de aguas pantanosas, sus garras se aferraron a los pedruscos y de su garganta nació un feroz resoplido, el tibio contacto de la mano del Príncipe Yoochun le relajó a medida que la caricia pasaba por la gruesa piel de su cuello. Nenya bajó de lomos del dragón de un salto, feliz de poder tocar tierra pues le gustaba mucho más la libertad de saber que sus patas podrían llevarle a donde quisiera, y no la incertidumbre de no saber siquiera a dónde le dirigirían unas alas que no eran suyas.

– Llegamos a tiempo, Narvinyë. No te pongas nervioso en anticipación, por favor.

– ¡Quién está nervioso, Yoochun-Enta! – El dragón rojo rugió casi ofendido, el lobo sonrió en pensamientos y comenzó a alejarse dando saltos de piedra en piedra. La sonrisa del peliazabache también resonó en su mente y aquello lo tranquilizó. Pese a todo, este hombre aún mantenía la templanza de su humanidad, realmente merecía sus respetos.

Al sur se desparramaba una arboleda de aspecto más bien tenebroso y la niebla espesa flotaba por sus faldas acentuando su aire lúgubre. Allí, al centro de tan oscuro lugar, se levantaba una estructura de piedra cuya forma resultaba bastante familiar para los ojos del dragón que la observaba.

Esto alguna vez fue el sitio preferido de mis antepasados para aparearse, al menos en algún punto de nuestra historia. Creo que Nënar lo descubrió antes que yo, mientras ayudaba al Príncipe Jaejoong a transitar por la mente del Príncipe Yunho, por eso vino hasta aquí.

– ¿Pero dónde está él? Todo lo que veo son árboles muertos y niebla. Y esa estructura que asemeja a dos dragones peleando entre sí.

– Es un ritual entre dragones en cortejo, Yoochun-Enta. – Narvinyë recibió en sus pensamientos la confusión del peliazabache… – Tomaría tiempo explicarte, y no es relevante ahora. Nënar está en aquella dirección. Sumido en un sueño tan profundo que a vista de cualquiera bien podría pasar por un dragón muerto. Nënar ha tenido que usar tanta magia como le es posible para mantener su vínculo con el Príncipe Jaejoong estable, además de la consecuente vinculación de él con el Príncipe Yunho.

El dragón rojo saltó fácilmente la pequeña laguna, un olor nauseabundo se elevó de las aguas pantanosas y un vapor verdusco flotó por encima de ellas. El Príncipe Yoochun sintió una punzada en sus sienes.

No respires, es veneno.

– Podrías haberlo dicho antes.

– Es que acabo de percatarme, Yoochun-Enta… – El dragón rojo le gruñó, aguzando la mirada mientras se adentraba en la arboleda, ahí donde Nenya ya se había aventurado con el sigilo propia de su raza.

Silencio. Tan espeso y frío que un escalofrío recorrió el cuerpo del Príncipe. Narvinyë por su parte no mostró reacción alguna. Temerario como solo un dragón puede ser, siguió pasos adentro hasta rodear la estructura de piedra que hubiese visto a la distancia antes. Muchos de sus antepasados fueron concebidos aquí, y muchos de los huevos que nacieron en milenios debieron eclosionar rudimentariamente en este sitio. Todo era pasado sin embargo.

– ¡Narvinyë! ¡Yoochun-Inya!

– ¿Junsu-Lissë?

– ¿Dónde están? Los dragones se han inquietado tanto que sus rugidos me han aturdido la mente. Me ha tomado demasiado tiempo conseguir que se calmaran, y ahora sobrevolamos tierras al noroeste de Ossiriand. Pero estoy preocupado de que nos estamos alejando de mi hermano y el Príncipe Yunho con sus Fénix.

– Sigue adelante, los dragones saben exactamente a dónde ir. Es cosa de instinto, ellos vienen hacia nosotros, Junsu. Vuelven al lugar donde nacieron.

– ¿Narvinyë, los ocho dragones nacieron aquí?

– Según lo que he podido comprender, así es, Yoochun-Enta. Pero ninguno de ellos eclosionó en este lugar. No sé bien el motivo, pero parece estar estrechamente relacionado con todo lo que ha sucedido en Anarion desde que Junsu y el Príncipe Jaejoong decidieron convocarles a ustedes al Concilio Real de Anarion en Rúnya.

Un zumbido cruzó los cielos, cuando el Príncipe Yoochun levantó la mirada y Narvinyë detuvo su pausado andar, ocho puntos brillaron en lo alto formando una curiosa figura en el viento. Los dragones han arribado a una impresionante velocidad. Las estrellas y la luna visten de gala el negro firmamento, y el fuego que escupen estos dragones trazan símbolos que el peliazabache desconoce por completo, sin embargo el dragón rojo estira el cuello hacia el cielo y ruge con tal potencia que el peliazabache se ve obligado a cubrirse los oídos o le reventaría los tímpanos; sin embargo, su mente se mantiene serena, ha encontrado la de su amado y se regocija en tranquilidad.

Los ocho dragones descienden a gran velocidad, aterrizan en distintos puntos de la arboleda, en huecos fríos y oscuros, derribando sin miramientos los árboles secos que crujen bajo sus pesos. El Príncipe Junsu monta al dragón color Jade, los otros siete avanzan con soltura hasta Narvinyë mientras que Jade cruza la arboleda con sus ojos cromados fijos en una trampilla natural incrustada en el subsuelo justo al lado de una incipiente colina de tierra rojiza.

El Príncipe Yoochun no entiende nada, quiere saber por qué él junto a Narvinyë y los otros dragones se mantienen a la distancia, no son más de cincuenta metros lo que le separa de su amado y Jade, pero le inquieta.

Serénate. Jade y Junsu van por Nënar.

– ¿Nënar está allí?

– Sí. Te lo dije, estaba en una especie de sueño profundo. El cuerpo de Nënar está debajo de esa trampilla. Ha tenido que guardar distancia prudente del Príncipe Jaejoong por la seguridad de todos. Además, pese a que Morion habita en cada célula de todo Ossiriand, este lugar sagrado no fue del todo maldecido por su esencia.

– ¿Morion?

– El verdadero mal detrás de todo lo que pasa ahora en Anarion, Yoochun-Enta.

Jade y el Príncipe Junsu concentraron su magia hacia la trampilla, piedra y tierra se sacudieron violentamente y luego un considerable tramo de suelo se derrumbó cual si hubiese sido causado por un terremoto. Luego los dragones que eclosionaron para el Príncipe Jaejoong se acercaron y escupieron serpientes de fuego en aquel hueco. Nënar se levantó un par de minutos más tarde, casi parecía más maduro y fuerte de la última vez que los Príncipes le vieron.

– Bienvenido, Nënar… – El Príncipe Junsu le sonrió, ligeramente agotado por la cantidad de magia empleada con anterioridad.

El Príncipe Jaejoong está a salvo. Morion no conseguirá lo que quería. Pero ahora ya no depende de mí, sino de él y el Príncipe Yunho, cómo ha de culminar esta historia. Sin embargo, nuestra tarea ahora es purificar Ossiriand. Requerirá tanta magia como podamos utilizar.

El pensamiento del dragón azul cromado fue depositado en las mentes de los Príncipes a través de Narvinyë, por ende Nenya también estaba al tanto de lo que debía hacerse.

No parece que lo sepa aún… – El dragón azul cromado fijó su mirada en la silueta del peliazabache, el dragón rojo bufó por lo bajo… – No se lo has dicho, Narvinyë.

– Esperaba que lo descubriera por sí solo. Su madre fue un Hada de la Luna, él utilizó magia de la Luna cuando le enfrenté a mi prueba de fuego, supuse que en cualquier momento la luz llegaría a sus ojos y le iluminaría el pensamiento.

– No me subestimes, Narvinyë… – El pensamiento del peliazabache cruzó la mente del dragón rojo con serenidad.

El Príncipe Yoochun había desmontado al dragón rojo y caminado hasta su amado en busca de aquel cálido abrazo que tanto necesitaba. El Príncipe Junsu no ha necesitado preguntar nada, está al tanto de la pérdida de su amado y la congoja de su corazón le entristece tanto como su propia pérdida. Se han consolado fundidos en un tierno abrazo, sin palabras ni pensamientos. Los dragones les observan con paciencia, deciden que merecen este minuto para ellos, Anarion está en guerra, y Morion a un paso de obtener su ambiciosa victoria. Pero incluso ellos saben, que nunca habrá arma más poderosa que el amor mismo.

– Sé quién soy. Hijo de la Luna, si quieren ponerlo de alguna manera. Y mi Junsu-Lissë es como hijo del Sol, nacimos para estar juntos, para complementarnos. Para proteger a Anarion. Sus padres como mi madre, así sabían que debía hacerse.

El Príncipe Junsu acunó la mejilla de su amado con una de sus manos, mientras le sonreía con suavidad y los diez dragones formaban un círculo alrededor de ellos, extendiendo las membranosas alas y disponiéndose a levantar el vuelo.

– Estamos aquí para enfrentar nuestro destino, Yoochun-Inya. E incluso si no hubiese un mañana para nosotros, estoy agradecido de haberte conocido, de amarte como lo hago, y saber que me amas también.

El peliazabache rodeó la cintura de su prometido con una mano, mientras topaba su frente con la del menor Kim y robaba un casto roce de labios con la esperanza de que sí hubiera un mañana para ellos pues aún son muchos los secretos que quiere descubrir de su cuerpo y de su mente. Y muchos los recuerdos que construir y los sueños que tejer en su lecho.

– Silpion.

– Naira.

Dos haces de magia resplandecieron al emerger de ambos Príncipes, cuyos ojos nunca soltaron la mirada del otro, ahí abrazados con sus mentes conectadas entre sí. Nenya aulló alto, ladino, un canto de esperanza como tributo a la Luna. Los dragones se precipitaron entonces hacia el firmamento, serpientes de fuego danzaron surcando los cielos antes de derramarse sobre Ossiriand. Quemando sin quemar, destruyendo cada mínimo rastro de la magia de Morion.

--//--

La silueta del Príncipe Jung que permanecía ante el primogénito Kim lentamente fue desintegrándose, las sensaciones que cubrían el pensamiento del pelioscuro eran cada segundo más cálidas. Y cada muro, cada laberinto, cada pasaje de oscuridad fue derribándose en la mente del moreno.

– Yunho-Melko… – El Príncipe Jaejoong sonrío feliz.

– Estoy de vuelta, Jaejoong-Vanima… – El pensamiento vino del hombre de carne y hueso que despertaba con pesadez de su letargo mágico. Libre de toda atadura que Morion había hecho en su mente.

Sus Fénix agitaron las alas y vitorearon en pensamientos, felices también de su libertad, aunque vinculados para siempre –por voluntad– al pensamiento del Príncipe Jung.

– La guerra aún no termina. Hemos de ir a Rúnya de inmediato, Jaejoong-Vanima.

– Lo haremos. Pero eso no quita lo feliz que me siento, Yunho-Melko… – El pelioscuro se lanzó a brazos de su amado atrapándole con renovadas energías. Derramando algunas lágrimas. Lágrimas de alegría.

--//--

Reino de Rúnya

Cuando las tropas que aún conservaban los reinos de Formen y Rómen vieron a los dragones surcar los cielos y cernirse sobre el Palacio rodeándole con su imponente poder, cada combatiente tembló presa del miedo que las bestias transmitían con su sola presencia.

– Dudo mucho que haya otra batalla ahora, ChangMin-Írima… – El Príncipe de Númen sonrió complacido con la llegada de los dragones, esperando encontrarse con los Príncipes también.

– Y dudo que haya otra guerra pronto. Al menos mientras Rúnya tenga dragones en sus territorios, Hayami-Índil… – El soberano de Hyarmen suspiró con alivio.

De Nënar desmontó el Príncipe Jaejoong, y el Príncipe Junsu de Narvinyë. El Príncipe Yoochun bajó de lomos de la dragona Ámbar, que parecía particularmente cariñosa con el muchacho provocando las rabietas infantiles del dragón rojo, mientras Nenya aprovechaba nuevamente tocar tierra firme para soltarle sus burlescos comentarios. Apenas los Príncipes se adentraron en Rúnya todo su pueblo comenzó a despertar de su letargo. Y un poco después, el Príncipe Yunho y sus Fénix atravesaron los cielos también. Pero las tropas de Formen perdieron toda esperanza de que estuviera de su lado cuando las aves de fuego se atrincheraron en las entradas de Rúnya cual guardianes orgullosos de su puesto.

– Bienvenidos de regreso.

– Gracias, Príncipe ChangMin, Príncipe Hayami. Han custodiado nuestro reino como si fuera su propio hogar… – El Primogénito inclinó el cuerpo en una reverencia pronunciada. Su hermano le imitó, pero los Príncipes de Hyarmen y Númen de inmediato aseguraron que habían hecho esto pues les consideraban verdaderos amigos.

– Creo que, a partir de ahora, pueden dar por hecho el Tratado de Paz por el que inicialmente fuimos convocados al Concilio Real de Anarion.

Las palabras del Príncipe Jung alentaron a los demás. Y esa misma noche el Tratado de Paz fue firmado con sangre por los cinco Príncipes herederos al Trono de sus respectivos reinos. El Príncipe Park Yoo-Hwermë de Rómen. El Príncipe Shim ChangMin de Hyarmen. El Príncipe Mokomichi Hayami de Númen. El Príncipe Jung Yunho de Formen. Y el Príncipe Kim Jaejoong de Rúnya.

Esa misma noche fueron proclamados dos nuevos Reyes. Los Reyes de Anarion. Park Yoochun y Kim Junsu. Luna y Sol. Los astros de Anarion.



FIN


GLOSARIO

Silpion. Plata resplandeciente.
Naira. Corazón de llama.



Pues bueno acá termina ISTAR. Algunas cosillas quedan por ahí pendientes, cosas menores que retomaré en el Epílogo. Pero desde ya aprovecho para agradecer el entusiasmo hacia este proyecto que bueno, por allá de meses atrás inició como un supuesto miniserial en el que solo quería desahogar mi curiosidad con palacios y príncipes, dragones y otras criaturas mágicas; curiosidad que hoy culmina con un fic en forma que cierra su ciclo con un agradable sabor de boca para su servidora. 

Gracias por leer y comentar~