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jueves, 26 de septiembre de 2013

ISTAR Epílogo



Ahora sí, final de finales~ me he trabado un poco por exceso de tensiones laborales, pero ya está. Espero sea de su agrado ;3 gracias por sus comentarios, espero no decepcionarles; aunque probablemente haya quienes esperen más de esta historia, este es el curso que tenía pensado desde hace tiempo. 


ISTAR
~*~
Epílogo

~//~

Anarion


Tras la derrota de Morion de Ossiriand y la purificación de su casa, Anarion finalmente recobró su estado natural de paz entre los reinos, la guerra ha culminado y las tropas han regresado a sus respectivas tierras. La ola de muerte no desaparecería por supuesto, está ahí como un pasaje de la historia que se recordará largo tiempo, quizá para la eternidad pues ha marcado un episodio significativo. La reaparición de los Dragones como criaturas poderosas, y la reintegración de las criaturas mágicas como seres libres de andar allí donde su deseo les llevara ha marcado otro evento que memorar con sumo respeto en Anarion. Sin embargo seguía marcada cierta preferencia, Hyarmen se conservó como hogar de los Grifos, Númen de los Unicornios, Rómen de los lobos, Formen de los Fénix y Rúnya de los Dragones; aunque eso no excluía de ninguna manera la presencia de manadas menores de otras criaturas en los diversos reinos.

--//--
Reino de Formen

Un mes ha transcurrido desde la desolada guerra, Rúnya ha florecido como el reino próspero y jovial que era antes de la partida del Rey Telemnar y su Reina Nísinen. Regido ahora por el Rey Junsu y el Rey Yoochun, ambos proclamados por derecho de magia como reyes de Anarion pues la esencia de sus dones residen en el sol y la luna respectivamente.

En formen rige el Rey Jung Yunho, quien ha ascendido al trono al ser elegido por su mismo pueblo al admitir la locura del regente Kang Dae al ambicionar más de lo que su propio pueblo deseaba. Además, los Fénix del reino manifestaron su pensamiento al mantenerse en Rúnya hasta que el –entonces– Príncipe fue convocado por los Sabios del Consejo Real para ofrecerle la corona de Formen. Kang Dae es enjuiciado por los Sabios del Consejo Real en una Corte pública en la que su gente también participa.

La Reina Yun Hee ha mediado entre la Corona y los Sabios del Consejo Real, pues como consorte de Kang Dae podría haber reclamado su derecho a gobernar en nombre de su esposo. Sin embargo, la mujer ha renunciado a su título y cedido todos sus derechos a su hijo, acción que ha facilitado la ascensión al trono del, ahora, Rey Yunho, y a su lado rige su esposo Kim Jaejoong, soberano de Rúnya con quien ha contraído nupcias apenas unos días atrás en una de las ceremonias más hermosas que Anarion ha podido presenciar. La gala, la belleza, la magia. Dragones, Fénix, Unicornios, Grifos, Lobos; tantas criaturas bajo el mismo firmamento en una noche esplendorosa.

Para el Primogénito Kim casarse con su amado ha sido una decisión muy importante que tomar. No porque le faltara convicción por amor, sino por el suceso que se presentaba en Formen por el cambio de reinado. Sin embargo, el pueblo le ha recibido con los brazos abiertos. Parecía como si al terminar la guerra, un velo hubiese sido retirado del reino cambiando considerablemente su forma de vida. Morion había extendido su manto perverso hasta Formen a través de Kang Dae, pero tras su muerte el reino también había sido purificado.

Nënar ahora surca los cielos de Formen como lo hacía en Rúnya, reconociéndole como su nuevo hogar. Aunque echa de menos a Narvinyë, ha establecido un vínculo especial con los cinco Fénix del Rey Yunho. Además hasta aquí han venido los dragones que eclosionaron para el Rey Jaejoong, aunque se les suele ver en diferentes partes de Anarion explorando su mundo y pasan largas jornadas fuera de su radar de aire paternalista. Aguamarina, Siena, Nasar y Laurë se pasean con absoluta libertad por toda Anarion, aunque los rumores dicen que se les suele ver cruzar los cielos de Númen hacia Helcaraxë.

– Les gusta ir allí porque fue ese el lugar que les dio la seguridad para ser libres. Seregon fue una dragona inteligente, les dotó de una habilidad única, eclosionar para almas puras. Para Junsu y para mí que nos hayan elegido ha sido el más grande de los elogios posibles de la naturaleza. Helcaraxë era el último lugar al que la magia oscura de Morion los llamaba, pero cuando fueron a eclosionar allí, fue como un reto para Morion, le mandaron el único mensaje que siendo unas crías podían evocar. Nacer en el lugar que Morion creía más seguro para su maldad, incluso por encima de su casa.

El Rey Jaejoong relató a su amado con paciencia, mientras ambos caminan por los Jardines del Palacio de Formen. El aire que respira se siente húmedo pero relajante en sus pulmones, como si hubiera comenzado una nueva etapa en su vida. No, corrige sus pensamientos y comprende, vive su vida, tal cual como esperaba que fuera. Feliz.

– Me gusta que todas las criaturas mágicas sean libres de ir donde quieran. Antes pensaba que los Fénix solo podían atravesar los cielos de Formen si mi padre o yo se los permitíamos. Rámainen siempre fue el más hábil en los cielos, pero Vilya era temeraria, solía atravesar las fronteras a su antojo. Hasta que le sometí hace algunos años. No lo supe hasta que batallaba contra mi propia mente, con la esencia de Morion dentro de mí, no hice otra cosa más que encadenar las alas de los Fénix. Ni siquiera era mi voluntad la que los regía, sino la de Morion. Por eso, ahora que les veo con sus alas de fuego vagando por todas partes, perdiéndoles de vista durante semanas enteras, me siento feliz por todos ellos. Jaejoong-Vanima, soy feliz por cada detalle de mi vida ahora. Por tenerte a mi lado, porque seas mi Rey, mi esposo, mi amante, mi Todo.

Las mejillas del pelioscuro se tiñeron de rubor. No es invierno, pero tampoco puede culpar al otoño inclemente que ha desplegado sus frescos aires por todo el reino. Por supuesto que no, es la emoción que siente tamborilear en su pecho al verle así, tranquilo, sereno, enamorado. Abrazarse para fusionar sus labios en un beso dulce no cae de más, ni es extraño. Es el toque perfecto para el cuadro aquel. Con los árboles de follaje amarillento cuyas hojas comienzan a caer y los gruesos troncos reflejando grietas que un año atrás no estaban ahí, con el cielo azul a medio oscurecer, limpio de nubes y moteado por las estrellas que comienzan a titilar. Ellos dos, amándose por fin en libertad.


--//--
Reino de Rómen

Cuando Tirion vio perdida la guerra por la que su corazón tanto anheló con ambición, la locura se cernió sobre él como una pesadilla interminable. Aquel mal aunado al conocimiento del fallecimiento de su esposo lo arrastró a una total demencia. Yoo-Hwermë entonces tuvo que enfrentar su partida, una trágica muerte acompañó al regente de su reino. Pero él había esperado este final para su padre, su madre lo había dejado entrever en sus últimos días. Asumió entonces el trono de Rómen aún vestido de luto, la pérdida de sus padres pesaba en su corazón, ambos por igual pues a fin de cuentas era la sangre de ellos la que circulaba por sus venas.

– Necesitas una reina. O un Rey, tú decides.

– Hermano, tu visita alegra mi corazón… – El rey Yoo-Hwermë estrechó al peliazabache en un cálido abrazo.

Cada recinto del Palacio le resultaba entonces enorme, frío y asfixiante. Miles de recuerdos surcan su hogar. Pero la presencia de su hermano alegra su cada día más ocupada vida como regente de su pueblo.

– Y el mío danzaría si tuviera el don… – El peliazabache bromea, sonríe y da unas palmadas suaves en la espalda de su hermano. El Rey. Las cosas han cambiado tanto en tan poco tiempo, que casi parece irreal.

– ¿Tu Rey ha venido contigo?

- No hay lugar al que iría sin Junsu-Lissë a mi lado.

– Debiera compadecerlo…

Comienzan a bromear y de pronto se dan cuenta de que nunca antes habían hecho esto. Siempre tan ocupados en complacer a su padre, que la camaradería fue dejada en un incipiente segundo plano. El castaño les mira a la distancia, Nenya revolotea a sus pies buscando sus mimos, parece un cachorro al que no ha mimado en más tiempo del que puede tolerar. El Rey Junsu sonríe, no le culpa y hasta comprende el pensamiento del lobo, ha volcado toda su atención en Rúnya, en su gente, en las criaturas mágicas que habitan allí. En sus dragones. Narvinyë no es demasiado paciente, y Amatista, Coral, Ámbar y Jade actúan como auténticos adolescentes haciéndole rabiar por todo.

Incluso tú has llegado a tener pensamientos de molestia, Junsu-Enta.

– Es que Coral quiere demasiado a mi Yoochun-Inya. Se lo lleva por largas horas y mi corazón le extraña cuando no está a mi lado.

Nenya ríe y su pensamiento golpea con gracia la mente del castaño. Curiosos pucheros adornan sus labios y el tenue rubor de sus mejillas atrapa pronto la atención de su amado. Los hermanos Park se acercan e interrumpen la peculiar charla entre hombre y criatura. Nenya no reclama, se siente feliz. Va y corre por todo el Palacio, se pierde en los bosques y saluda a la manada que alguna vez le relegó. Todo es diferente ahora, ni Erissëa, el lobo del fallecido Rey Tirion puede ahora mirarle hacia abajo, el respeto ha vuelto.

– Permítanme cuestionarles algo. ¿Cómo es que son reyes de Anarion y rigen desde Rúnya sin casarse aún?

Las palabras del Rey Yoo-Hwermë quedan suspendidas en el aire. El Rey Junsu y su amado el Rey Yoochun se miran unos segundos, las mejillas se les cubren de carmín y por alguna razón evaden el tema. Hay timidez y reserva en sus miradas, el Rey de Rómen encuentra aquella actitud algo infantil y divertida. Pero sabe que pronto se sucederá una nueva boda en Anarion, tan esplendorosa como lo fue la de los actuales reyes de Formen.

--//--
Reino de Hyarmen

La vergüenza cubre por completo su rostro. El Príncipe ChangMin encuentra esta reunión algo apresurada. El banquete ha estado a cargo de su madre, y sus manos han participado de algunos platillos pese a que sus habilidades en las cocinas siguen siendo pobres. Están aquí como invitados de honor los Reyes de Númen, convocados personalmente por su padre. Y a su lado, con sus dedos entrelazados a los propios, el Príncipe Hayami.

Tan vergonzoso.

Y tan feliz.

– ¡Linta! No aparezcas con esos pensamientos en mi mente.

– No es solo mi pensamiento, sino tus propias emociones vaciando en mi mente el reflejo de tus propias ideas, mi estimado ChangMin. Además, no debiera avergonzarte en absoluto, al contrario; que ambos reinos se lleven bien es una ventaja para tu próximo matrimonio a consumarse.

– No me hagas pensar en la boda.

– ChangMin-Írima… – El Príncipe Mokomichi le llama en voz baja, la mirada de su prometido le atiende de inmediato, sus ojos oscuros le devuelven intranquilidad y él a cambio le regala una sonrisa tranquilizadora… – ¿Por qué no nos excusamos y salimos a caminar? Estoy seguro de que no encontrarán nuestra ausencia como una ofensa.

El de cabellos morochos asiente incapaz de encontrar en ese momento el habla. La galantería de su amado le hace temblar el corazón, tan enamorado, que una vez más su rostro se sonroja. Salen juntos a los Jardines y caminan por los senderos de rosales y arbustos menores. Andan en silencio, las palabras no son necesarias aún. Más allá, donde una Fuente se dispersa al centro de un Jardín que el Príncipe Mokomichi no había visto antes, su prometido le jala mucho más cerca y sin previo aviso topa sus labios con brusquedad. Un beso ansioso, crispado de los nervios de la boda que sus padres planean con emotivo interés al interior del Palacio.

– Hayami-Índil, mi reino será tu reino cuando nos casemos. ¿Eso te hace feliz?

– Lo que me hace realmente feliz, es tenerte a ti por esposo. Lo demás, es una alegría que viene por añadidura, pero incluso si no le tuviera, con tu vida unida a la mía sería más que suficiente.

--//--
Anarion

La historia no ha terminado, ha tenido un nuevo comienzo. Las letras que describan sus días venideros algún día serán escritas en otras hojas con el color del pergamino y el aroma de la tinta a la luz de las velas. Anarion tiene mucho más para contar, sus cinco reinos se han unificado por una causa común: la paz. Florecieron a la luz de una brújula inquebrantable: la esperanza. Y todo lo mejor que tiene para dar, siempre vendrá del Amor.

Algunas vidas terminaron, otras perdieron su oportunidad para vanagloriarse en los frutos de su empeño. Las que siguen allí, verán al mundo cambiar, crecer y evolucionar. Dragones, Unicornios, Lobos, Grifos y Fénix, criaturas mágicas de todas partes del planeta seguirán habitando hasta el último rincón, se vincularán a quienes elijan por decreto, y procrearán su propia estirpe haciendo crecer sus linajes. Humanos con dotes mágicos, Istar revelados; ellos también harán lo propio por los suyos.

– Jaejoong-Vanima, ¿te encuentras bien?

– Sí, Yunho-Melko. Ha sido un mareo nada más.

– No te había visto tan decaído en largo tiempo. Quizá necesitas el aire de Rúnya.

– Lo que me pasa no tiene que ver con el aire que respiro, sino con la vida que crece en mi interior, mi amado Yunho-Melko.

La sonrisa que adorna los rojos labios del Rey Jaejoong hace parpadear confuso al Rey Yunho. Su mano es tomada por la de su esposo y llevada con parsimonia al vientre de su amado.


– Hayami-Índil… – La mirada asustadiza de su esposo hizo al de piel tostada correr hasta su lado.

– ¿Qué sucede, ChangMin-Írima?

– ¿Alguna vez habías escuchado hablar de hombres procreando?

– ¿Eh?

– Creo que… Una vida crece dentro de mí.

El morocho llevó las manos de su esposo hasta su vientre. Luego resopló porque naturalmente no había manera de que su amado sintiera movimiento alguno allí. Al menos no todavía. Pero la sonrisa del Príncipe Hayami le dijo que entendía perfectamente.

– Incluso si había renunciado ya a esta hermosa posibilidad, una vez más has llegado para engrandecer mi felicidad, ChangMin-Írima.

– No hables de esa manera, Hayami-Índil. Consigues avergonzarme demasiado.

Una traviesa sonrisa y un beso. Un nuevo camino por recorrer. Ambos saben que este regalo es sagrado, y que harán todo cuanto esté en sus manos por preservar de Anarion un hogar digno para su linaje.

Isilmë y Linta se alegraron de sobremanera al saberlo, aunque ya lo habían presentido por instinto, corroborarlo por la voz propia del Príncipe ChangMin agitó sus corazones con renovados bríos.


– Yoochun-Inya, estoy cansado. Ve tú solo.

– Pero Junsu-Lissë, a ti te encanta danzar, y la Reina Aratarya está emocionada por recibir tus sabios consejos. Aunque pienso que a mi hermano comienza a preocuparle que su esposa desarrolle la misma fascinación que tú sobre aquellos que te observan. Yo difiero de él.

– Yoochun-Inya, para.

El peliazabache ladeó el rostro sin comprender el cambio de humor de su esposo. De hecho le extraña de sobremanera que esté ahí, acostado en su lecho aún con sus prendas de dormir y renuente a salir. No todos los días su hermano viene de visita, y a su amado esposo parece parecerle más interesante hacer de cuenta que duerme, cuando ambos saben perfectamente que un par de horas son más que suficientes para él.

– ¿Estarás enfermo?

– Mi hermano y yo rara vez enfermamos. Pero no, te aseguro que no es eso.

– Pues estoy preocupado, tú no eres así, Junsu-Lissë.

– Yoochun-Inya… – La castaña mirada del menor buscó los ojos ónix de su esposo, luego palmeó el lado en el lecho invitándole a acercarse… – Necesito reposo, durante al menos ocho meses más.

– ¿Eh? – El peliazabache no comprendió el mensaje de su esposo, ni siquiera cuando éste descubrió su vientre y acarició con una radiante sonrisa… – ¿Qué?

– ¡Yoochun-Enta eres lento para entender!

– ¡No entres en mi mente así nada más, Nenya!

– Pues entiende lo que Junsu-Enta quiere decirte!

– Dejó de ser un escuálido principito para convertirse en un Rey tonto.

– ¡Narvinyë!

El castaño rió con ganas por la discusión que se abrió paso en su mente cuando los cuatro confluyeron en un mismo pensamiento. Aún había espacio para más felicidad.



FIN

sábado, 21 de septiembre de 2013

ISTAR Parte Final (2 de 2)



ISTAR
~*~
Parte Final
(2 de 2)

~//~

Ossiriand


La encrucijada finalmente se ha revelado. Morion sonríe autosuficiente, saborea premeditadamente la victoria. La silueta del Príncipe Jung se ha materializado delante suyo, interponiéndose así entre él y el Príncipe Jaejoong. Ambos jóvenes enfrentaron sus miradas. No son aquí más que un pensamiento cristalizado en la desestructurada mente del moreno, pero tan reales y significativas como si estuvieron uno ante el otro en carne y hueso, palpables, vulnerables.

– Fue este tu plan desde un inicio, ¿cierto?

– Te consideraba más astuto, hijo de Nísinen y Telemnar. Evidentemente no heredaste toda su sabiduría.

– No subestimes mi juventud, Morion de Ossiriand. La maldad que sembraste en Yunho-Melko caerá tarde o temprano y no has de cosechar la victoria.

El primogénito Kim clavó sus grandes ojos negros en aquellas pupilas de aire ausente que estaban frente a él. El Príncipe Jung le miraba sin realmente mirarle. Este hombre era poco menos que un cascarón hueco, un pensamiento que debiera ser fugaz, pero que el Príncipe Jaejoong asumía no se desvanecería así de fácil.

…”Si te vinculas a mí, mi Padre obtendrá lo que quiere”…

…”Anarion está en riesgo, mis padres quieren la guerra y no se detendrán, iremos hacia ella nos guste o no, y tarde o temprano tú y yo tendremos que enfrentarnos en el campo de batalla”…

El recuerdo de estas palabras hicieron eco en la mente del Primogénito Kim. Las cosas tomaban un sentido diferente ahora.

Padre. Jung Yunho no se refería realmente a Kang Dae, su padre biológico; sino a Morion, su padre en las artes oscuras de la magia. Aunque no haya sido su decisión, pese a que el Príncipe Jung acudió a Ossiriand por mandato del Rey y su honesto deseo de favorecer a Formen, se convirtió en discípulo y recipiente de la ínfima molécula más oscura de Morion. Su alma renegrida y corrupta habitó entonces durante años en la mente del moreno. Todo para éste momento, cuando según sus planes minuciosamente trazados, la mente del Príncipe Jung habría sido prácticamente suya sin titubeo alguno.

Cada laberinto, cada maraña de pensamientos, cada muro tan fuerte como plomo y concreto, cada pasadizo cubierto en tinieblas. Todo lo ha invadido Morion, pacientemente y a sabiendas de que la nueva habilidad del Príncipe Jung para vincularse a las mentes de más de un Fénix, denigrarían sus voluntades debilitando su mente. Morion ha sido tan inteligente que empujó la esencia del moreno hasta los linderos más superfluos de toda su mente en la que el soberano de Formen habitó luchando constantemente contra su propio yo.

La aparición del Primogénito Kim en sus sueños ni hizo más que tambalear el raquítico control que el muchacho tenía sobre su propia mente.

El Príncipe Jung ha hecho más que ser fuerte, ha pasado los límites de su esencia mortal y alcanzado los de un Istar. Así él no estuviera del todo consciente de lo sucedido en su mente, el moreno enfrentó todas esas invisibles vicisitudes con estoico temperamento.

Campo de batalla. ¡Por los cielos! Su mente, no Rúnya, ni ningún espacio de tierra, montañas, lagos o reinos en Anarion. Siempre se trató de esto. ¡Cómo no lo comprendió antes! El Príncipe Jaejoong frunció el ceño, respondiéndose en pensamientos por su ceguera a los hechos. ¡Si es que Yunho-Melko se lo decía en clave!

– Estás tomando conciencia, ¿no es así? – La voz de Morion le distrajo.

Los ojos negros del Príncipe Jaejoong buscaron la mirada del Elfo perverso. Ojos intensos de un color indefinido que provocaron en el Primogénito de Rúnya un estremecimiento que tambaleó su vínculo con su amado. ¿Estos eran los embates mágicos de Morion?

– No te confundas, Jaejoong de Rúnya. He habitado por años aquí, he anidado toda mi oscuridad hasta la última célula y cada pensamiento de Yunho está atado a mí. Pero no soy yo quien te hace sentir así. Es su verdadera esencia, el fruto de mis acciones pisoteando su estructura mental, empujando cada uno de sus pensamientos con mi voluntad.

– Una copia de ti en él.

– Correcto, Jaejoong… – Morion torció una sonrisa siniestra antes de esfumarse como humo en el viento.

– No eres una copia de Morion, Yunho-Melko… – El Príncipe Jaejoong enfocó entonces su mirada en el hombre delante de él… – Sé que no te ha sometido enteramente a su voluntad. Tu mente sigue perteneciéndote, solo tienes que librarte de todas las ataduras y luchar contra la opresión de su cínica intrusión.

…”Mi hijo Jaejoong jamás mirará atrás, seguirá su camino. Sin importar cuánto te opongas a él”…

El resquicio de conciencia en el Príncipe Jung trajo a colación de entre sus recuerdos, aquellas palabras del Rey Telemnar. El cofre de secretos que con tanto empeño construyó en un rincón de su mente resguardada por muros que Morion no consiguió derribar a templanza, seguía revelándole aquellas palabras que necesitaba para luchar.

– No voy a dejarte, no voy a darte la espalda, Yunho-Melko.

--//--

Montado a lomos de Narvinyë, el Príncipe Yoochun llegó hasta una coyuntura de colinas entroncadas en un conjunto de arroyuelos finos como hebras de plata resplandeciendo a la luz de la luna y las estrellas. El dragón rojo planeó hasta casi tocar tierra, eligiendo su pista de aterrizaje más allá entre piedras cubiertas de moho y musgo que rodeaban una pequeña laguna de aguas pantanosas, sus garras se aferraron a los pedruscos y de su garganta nació un feroz resoplido, el tibio contacto de la mano del Príncipe Yoochun le relajó a medida que la caricia pasaba por la gruesa piel de su cuello. Nenya bajó de lomos del dragón de un salto, feliz de poder tocar tierra pues le gustaba mucho más la libertad de saber que sus patas podrían llevarle a donde quisiera, y no la incertidumbre de no saber siquiera a dónde le dirigirían unas alas que no eran suyas.

– Llegamos a tiempo, Narvinyë. No te pongas nervioso en anticipación, por favor.

– ¡Quién está nervioso, Yoochun-Enta! – El dragón rojo rugió casi ofendido, el lobo sonrió en pensamientos y comenzó a alejarse dando saltos de piedra en piedra. La sonrisa del peliazabache también resonó en su mente y aquello lo tranquilizó. Pese a todo, este hombre aún mantenía la templanza de su humanidad, realmente merecía sus respetos.

Al sur se desparramaba una arboleda de aspecto más bien tenebroso y la niebla espesa flotaba por sus faldas acentuando su aire lúgubre. Allí, al centro de tan oscuro lugar, se levantaba una estructura de piedra cuya forma resultaba bastante familiar para los ojos del dragón que la observaba.

Esto alguna vez fue el sitio preferido de mis antepasados para aparearse, al menos en algún punto de nuestra historia. Creo que Nënar lo descubrió antes que yo, mientras ayudaba al Príncipe Jaejoong a transitar por la mente del Príncipe Yunho, por eso vino hasta aquí.

– ¿Pero dónde está él? Todo lo que veo son árboles muertos y niebla. Y esa estructura que asemeja a dos dragones peleando entre sí.

– Es un ritual entre dragones en cortejo, Yoochun-Enta. – Narvinyë recibió en sus pensamientos la confusión del peliazabache… – Tomaría tiempo explicarte, y no es relevante ahora. Nënar está en aquella dirección. Sumido en un sueño tan profundo que a vista de cualquiera bien podría pasar por un dragón muerto. Nënar ha tenido que usar tanta magia como le es posible para mantener su vínculo con el Príncipe Jaejoong estable, además de la consecuente vinculación de él con el Príncipe Yunho.

El dragón rojo saltó fácilmente la pequeña laguna, un olor nauseabundo se elevó de las aguas pantanosas y un vapor verdusco flotó por encima de ellas. El Príncipe Yoochun sintió una punzada en sus sienes.

No respires, es veneno.

– Podrías haberlo dicho antes.

– Es que acabo de percatarme, Yoochun-Enta… – El dragón rojo le gruñó, aguzando la mirada mientras se adentraba en la arboleda, ahí donde Nenya ya se había aventurado con el sigilo propia de su raza.

Silencio. Tan espeso y frío que un escalofrío recorrió el cuerpo del Príncipe. Narvinyë por su parte no mostró reacción alguna. Temerario como solo un dragón puede ser, siguió pasos adentro hasta rodear la estructura de piedra que hubiese visto a la distancia antes. Muchos de sus antepasados fueron concebidos aquí, y muchos de los huevos que nacieron en milenios debieron eclosionar rudimentariamente en este sitio. Todo era pasado sin embargo.

– ¡Narvinyë! ¡Yoochun-Inya!

– ¿Junsu-Lissë?

– ¿Dónde están? Los dragones se han inquietado tanto que sus rugidos me han aturdido la mente. Me ha tomado demasiado tiempo conseguir que se calmaran, y ahora sobrevolamos tierras al noroeste de Ossiriand. Pero estoy preocupado de que nos estamos alejando de mi hermano y el Príncipe Yunho con sus Fénix.

– Sigue adelante, los dragones saben exactamente a dónde ir. Es cosa de instinto, ellos vienen hacia nosotros, Junsu. Vuelven al lugar donde nacieron.

– ¿Narvinyë, los ocho dragones nacieron aquí?

– Según lo que he podido comprender, así es, Yoochun-Enta. Pero ninguno de ellos eclosionó en este lugar. No sé bien el motivo, pero parece estar estrechamente relacionado con todo lo que ha sucedido en Anarion desde que Junsu y el Príncipe Jaejoong decidieron convocarles a ustedes al Concilio Real de Anarion en Rúnya.

Un zumbido cruzó los cielos, cuando el Príncipe Yoochun levantó la mirada y Narvinyë detuvo su pausado andar, ocho puntos brillaron en lo alto formando una curiosa figura en el viento. Los dragones han arribado a una impresionante velocidad. Las estrellas y la luna visten de gala el negro firmamento, y el fuego que escupen estos dragones trazan símbolos que el peliazabache desconoce por completo, sin embargo el dragón rojo estira el cuello hacia el cielo y ruge con tal potencia que el peliazabache se ve obligado a cubrirse los oídos o le reventaría los tímpanos; sin embargo, su mente se mantiene serena, ha encontrado la de su amado y se regocija en tranquilidad.

Los ocho dragones descienden a gran velocidad, aterrizan en distintos puntos de la arboleda, en huecos fríos y oscuros, derribando sin miramientos los árboles secos que crujen bajo sus pesos. El Príncipe Junsu monta al dragón color Jade, los otros siete avanzan con soltura hasta Narvinyë mientras que Jade cruza la arboleda con sus ojos cromados fijos en una trampilla natural incrustada en el subsuelo justo al lado de una incipiente colina de tierra rojiza.

El Príncipe Yoochun no entiende nada, quiere saber por qué él junto a Narvinyë y los otros dragones se mantienen a la distancia, no son más de cincuenta metros lo que le separa de su amado y Jade, pero le inquieta.

Serénate. Jade y Junsu van por Nënar.

– ¿Nënar está allí?

– Sí. Te lo dije, estaba en una especie de sueño profundo. El cuerpo de Nënar está debajo de esa trampilla. Ha tenido que guardar distancia prudente del Príncipe Jaejoong por la seguridad de todos. Además, pese a que Morion habita en cada célula de todo Ossiriand, este lugar sagrado no fue del todo maldecido por su esencia.

– ¿Morion?

– El verdadero mal detrás de todo lo que pasa ahora en Anarion, Yoochun-Enta.

Jade y el Príncipe Junsu concentraron su magia hacia la trampilla, piedra y tierra se sacudieron violentamente y luego un considerable tramo de suelo se derrumbó cual si hubiese sido causado por un terremoto. Luego los dragones que eclosionaron para el Príncipe Jaejoong se acercaron y escupieron serpientes de fuego en aquel hueco. Nënar se levantó un par de minutos más tarde, casi parecía más maduro y fuerte de la última vez que los Príncipes le vieron.

– Bienvenido, Nënar… – El Príncipe Junsu le sonrió, ligeramente agotado por la cantidad de magia empleada con anterioridad.

El Príncipe Jaejoong está a salvo. Morion no conseguirá lo que quería. Pero ahora ya no depende de mí, sino de él y el Príncipe Yunho, cómo ha de culminar esta historia. Sin embargo, nuestra tarea ahora es purificar Ossiriand. Requerirá tanta magia como podamos utilizar.

El pensamiento del dragón azul cromado fue depositado en las mentes de los Príncipes a través de Narvinyë, por ende Nenya también estaba al tanto de lo que debía hacerse.

No parece que lo sepa aún… – El dragón azul cromado fijó su mirada en la silueta del peliazabache, el dragón rojo bufó por lo bajo… – No se lo has dicho, Narvinyë.

– Esperaba que lo descubriera por sí solo. Su madre fue un Hada de la Luna, él utilizó magia de la Luna cuando le enfrenté a mi prueba de fuego, supuse que en cualquier momento la luz llegaría a sus ojos y le iluminaría el pensamiento.

– No me subestimes, Narvinyë… – El pensamiento del peliazabache cruzó la mente del dragón rojo con serenidad.

El Príncipe Yoochun había desmontado al dragón rojo y caminado hasta su amado en busca de aquel cálido abrazo que tanto necesitaba. El Príncipe Junsu no ha necesitado preguntar nada, está al tanto de la pérdida de su amado y la congoja de su corazón le entristece tanto como su propia pérdida. Se han consolado fundidos en un tierno abrazo, sin palabras ni pensamientos. Los dragones les observan con paciencia, deciden que merecen este minuto para ellos, Anarion está en guerra, y Morion a un paso de obtener su ambiciosa victoria. Pero incluso ellos saben, que nunca habrá arma más poderosa que el amor mismo.

– Sé quién soy. Hijo de la Luna, si quieren ponerlo de alguna manera. Y mi Junsu-Lissë es como hijo del Sol, nacimos para estar juntos, para complementarnos. Para proteger a Anarion. Sus padres como mi madre, así sabían que debía hacerse.

El Príncipe Junsu acunó la mejilla de su amado con una de sus manos, mientras le sonreía con suavidad y los diez dragones formaban un círculo alrededor de ellos, extendiendo las membranosas alas y disponiéndose a levantar el vuelo.

– Estamos aquí para enfrentar nuestro destino, Yoochun-Inya. E incluso si no hubiese un mañana para nosotros, estoy agradecido de haberte conocido, de amarte como lo hago, y saber que me amas también.

El peliazabache rodeó la cintura de su prometido con una mano, mientras topaba su frente con la del menor Kim y robaba un casto roce de labios con la esperanza de que sí hubiera un mañana para ellos pues aún son muchos los secretos que quiere descubrir de su cuerpo y de su mente. Y muchos los recuerdos que construir y los sueños que tejer en su lecho.

– Silpion.

– Naira.

Dos haces de magia resplandecieron al emerger de ambos Príncipes, cuyos ojos nunca soltaron la mirada del otro, ahí abrazados con sus mentes conectadas entre sí. Nenya aulló alto, ladino, un canto de esperanza como tributo a la Luna. Los dragones se precipitaron entonces hacia el firmamento, serpientes de fuego danzaron surcando los cielos antes de derramarse sobre Ossiriand. Quemando sin quemar, destruyendo cada mínimo rastro de la magia de Morion.

--//--

La silueta del Príncipe Jung que permanecía ante el primogénito Kim lentamente fue desintegrándose, las sensaciones que cubrían el pensamiento del pelioscuro eran cada segundo más cálidas. Y cada muro, cada laberinto, cada pasaje de oscuridad fue derribándose en la mente del moreno.

– Yunho-Melko… – El Príncipe Jaejoong sonrío feliz.

– Estoy de vuelta, Jaejoong-Vanima… – El pensamiento vino del hombre de carne y hueso que despertaba con pesadez de su letargo mágico. Libre de toda atadura que Morion había hecho en su mente.

Sus Fénix agitaron las alas y vitorearon en pensamientos, felices también de su libertad, aunque vinculados para siempre –por voluntad– al pensamiento del Príncipe Jung.

– La guerra aún no termina. Hemos de ir a Rúnya de inmediato, Jaejoong-Vanima.

– Lo haremos. Pero eso no quita lo feliz que me siento, Yunho-Melko… – El pelioscuro se lanzó a brazos de su amado atrapándole con renovadas energías. Derramando algunas lágrimas. Lágrimas de alegría.

--//--

Reino de Rúnya

Cuando las tropas que aún conservaban los reinos de Formen y Rómen vieron a los dragones surcar los cielos y cernirse sobre el Palacio rodeándole con su imponente poder, cada combatiente tembló presa del miedo que las bestias transmitían con su sola presencia.

– Dudo mucho que haya otra batalla ahora, ChangMin-Írima… – El Príncipe de Númen sonrió complacido con la llegada de los dragones, esperando encontrarse con los Príncipes también.

– Y dudo que haya otra guerra pronto. Al menos mientras Rúnya tenga dragones en sus territorios, Hayami-Índil… – El soberano de Hyarmen suspiró con alivio.

De Nënar desmontó el Príncipe Jaejoong, y el Príncipe Junsu de Narvinyë. El Príncipe Yoochun bajó de lomos de la dragona Ámbar, que parecía particularmente cariñosa con el muchacho provocando las rabietas infantiles del dragón rojo, mientras Nenya aprovechaba nuevamente tocar tierra firme para soltarle sus burlescos comentarios. Apenas los Príncipes se adentraron en Rúnya todo su pueblo comenzó a despertar de su letargo. Y un poco después, el Príncipe Yunho y sus Fénix atravesaron los cielos también. Pero las tropas de Formen perdieron toda esperanza de que estuviera de su lado cuando las aves de fuego se atrincheraron en las entradas de Rúnya cual guardianes orgullosos de su puesto.

– Bienvenidos de regreso.

– Gracias, Príncipe ChangMin, Príncipe Hayami. Han custodiado nuestro reino como si fuera su propio hogar… – El Primogénito inclinó el cuerpo en una reverencia pronunciada. Su hermano le imitó, pero los Príncipes de Hyarmen y Númen de inmediato aseguraron que habían hecho esto pues les consideraban verdaderos amigos.

– Creo que, a partir de ahora, pueden dar por hecho el Tratado de Paz por el que inicialmente fuimos convocados al Concilio Real de Anarion.

Las palabras del Príncipe Jung alentaron a los demás. Y esa misma noche el Tratado de Paz fue firmado con sangre por los cinco Príncipes herederos al Trono de sus respectivos reinos. El Príncipe Park Yoo-Hwermë de Rómen. El Príncipe Shim ChangMin de Hyarmen. El Príncipe Mokomichi Hayami de Númen. El Príncipe Jung Yunho de Formen. Y el Príncipe Kim Jaejoong de Rúnya.

Esa misma noche fueron proclamados dos nuevos Reyes. Los Reyes de Anarion. Park Yoochun y Kim Junsu. Luna y Sol. Los astros de Anarion.



FIN


GLOSARIO

Silpion. Plata resplandeciente.
Naira. Corazón de llama.



Pues bueno acá termina ISTAR. Algunas cosillas quedan por ahí pendientes, cosas menores que retomaré en el Epílogo. Pero desde ya aprovecho para agradecer el entusiasmo hacia este proyecto que bueno, por allá de meses atrás inició como un supuesto miniserial en el que solo quería desahogar mi curiosidad con palacios y príncipes, dragones y otras criaturas mágicas; curiosidad que hoy culmina con un fic en forma que cierra su ciclo con un agradable sabor de boca para su servidora. 

Gracias por leer y comentar~