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martes, 5 de noviembre de 2013

Capítulo 2. NINE TAILED FOX



Mi autoregalo ._. ok no xD he tenido tiempo, ¡al fin! de sentarme a escribir durante la tarde. 

Gracias a todas esas personas que me han dejado sus felicitaciones~ infinitamente agradecida con sus buenos deseos y bendiciones.  


*****
CAPÍTULO 2. SECRETOS NECESARIOS
*****


Tras terminar el desayuno con sus hermanos y los humanos idiotas, el de ojos oscuros siguió a su voluntario anfitrión hasta su departamento. Durante el camino no habían intercambiado ni una sola palabra. El de piel tostada le indicó que pasarían por su departamento para que conociera el lugar, luego podrían ver qué harían en su nueva vida de convivencia temporal. Y fue todo, el de piel tostada le llevó al parking del restaurante, le abrió la puerta del auto –gesto ante el cual el zorro había enarcado la ceja con aire orgulloso y refutado con un “no soy una chica, idiota” que hizo sonreír nuevamente divertido al otro– y tomaron la calle de la derecha al salir de ahí.

Los minutos le parecieron de lo más lentos y tortuosos al de ojos oscuros ya que no está para nada acostumbrado al contacto humano, echando de menos la compañía de sus hermanos, incluso al zorro de ojos avellanas aunque a veces le sacara de sus casillas.

 No estoy seguro de que estar aquí sea menos aburrido que encerrado en el mundo de los espíritus. Allá por lo menos tenía libertad para vagar por todas partes, aunque esas partes fueran enteramente las mismas de siempre… – Sin darse cuenta, el de ojos oscuros bufó y cruzándose de brazos volcó toda su atención al mundo que corría por un lado a través de la ventana.

Como la velocidad a que Hayami conducía no era elevada, el zorro tenía oportunidad de mirarlo todo, incluso algunos detalles como los colores mezclados en los vitrales de una tienda de antigüedades, o los coloridos diseños de los edificios que resguardan la historia de su cultura. Después de un momento el zorro tuvo la impresión de que llevaban demasiado tiempo entre avenidas y edificios altos como para no llegar aún a su destino.

– ¿Vives tan lejos?

– Estamos por llegar. Por la expresión de tu cara y lo concentrado que estabas en todo cuanto veías, pensé que te gustaría dar una vuelta rápida por algunos sitios de la capital. Tengo la impresión de que hace tiempo no visitabas Seúl.

El de ojos oscuros estuvo por lanzarle un improperio, pero la sonrisa nítida en labios del humano le hizo tragarse su comentario.

– Algo así… – Le gruñó finalmente. Ignorando esa sensación de… vacío, sí tal vez sería correcto nombrarla de aquella manera, que le producía la idea de no ser parte de esto.

Habitando en el mundo de los espíritus y antes de hacer enfadar a la Abuela de los Tres Dioses, el zorro de ojos oscuros había andado entre los mundos con absoluta libertad, prácticamente había visto evolucionar el mundo de los humanos desde mucho tiempo atrás. Pero aquellos viajes comparado con esta sensación de realmente estar en el mundo humano le ponía más arisco y de mal humor.

Hayami le miró de soslayo, sonrió y pensó en hacer la estancia de este chico en la Capital algo inolvidable. Tenía por supuesto muchas dudas, sobre todo el motivo por el cual estos tres chicos –supuestamente hermanos aunque a su juicio no tienen gran parecido entre ellos– terminaron con Yoochun y la razón por la que él tiene asuntos que resolver con el chico pelirrojo.

Sin embargo optó por guardarse todas esas inquietudes para resolverlas en adelante conforme el tiempo fuera pasando, la personalidad del joven morocho no parecía precisamente sencilla, así que pensó que sería mejor no meterse demasiado con él, sobre todo en cosas que, obviamente, son demasiado personales como para indagarlas siendo básicamente un extraño.

Tras varios minutos de camino, finalmente Hayami llegó a una zona residencial bastante sencilla como elegante, al zorro le pareció entonces que este chico era de buena posición económica.

Mejor para mí, le exigiré carne todos los días sin remordimiento alguno… – Y no era precisamente que él tuviera muy desarrollados los escrúpulos. Pero eso es algo que el japonés irá descubriendo de cualquier manera.

Hayami bajó del auto y esa vez ni siquiera intentó abrir la puerta de lado del joven morocho. De quien por cierto sigue sin conocer su nombre, tanto misterio podría levantarle dolor de cabeza si él no fuese demasiado paciente y tuviera también un toque de masoquismo que le generaba tanta diversión por esa forma tan sarcástica y hosca de ser que estaba mostrándole el morocho. El zorro bajó del auto por cuenta propia, mirando alrededor con aire curioso pero sin llegar a ese carácter infantil tan propio del zorro de ojos avellana. El de ojos negros era cuestión aparte, encontraba imposible dilucidar su personalidad, a veces podía parecer tan frío, otras tenía complejo de madre -ni siquiera de hermano mayor- y en la mayoría de las veces trataba de ser el maduro y mediador entre él y el de ojos avellana. ¡Y no es que él no sea madura también! Lo que pasa es que el de ojos avellana tiene una facilidad increíble para hacerle perder los estribos cuando se lo propone.

El zorro siguió al japonés pasando de la cochera al Jardín, típico del país nipón en realidad, por lo que el zorro tomó nota mental de la importancia que el humano daba a sus raíces.

– Pues bienvenido a mi casa. ¿Cómo dijiste que te llamas?

– No te he dicho mi nombre, y eso es porque no tengo uno.

– ¿Cómo es posible que no tengas nombre?

– Hay algunas cosas que no puedo decirte aún.

– ¿Ni siquiera tu nombre? ¿Cómo se supone que me dirija a ti? No quiero ser grosero contigo. – Mokomichi dijo con sinceridad, gesto que hizo gruñir al zorro por inercia. Era tan amable y honesto que le daban ganas de golpearlo en su apuesto rostro varonil.

– ¡No pensé que es apuesto! – Renegó de su propio pensamiento y frunció pronunciadamente el ceño.

Hayami abrió la puerta de entrada y haciéndose a un lado le permitió el acceso primero a su invitado. El zorro seguía agregando puntos en la lista de cosas asquerosamente amables del idiota que a él le producían sensaciones contradictorias. Por un lado le molestaban, pero por otro le hacían notar características en el humano que podrían gustarle. Aunque claro no es que él tenga intenciones de encontrar atractivo alguno en ningún rasgo ni físico ni de personalidad del japonés, por supuesto que no.

– ¿Sin nombre entonces?

– Eres insistente.

– Solo intento ser amable.

– Llámame como quieras, realmente me da igual y no voy a quedarme demasiado tiempo… – El zorro se internó directamente a la cocina, guiándose por su olfato pues naturalmente no conoce aquel lugar.

– Eres bastante extraño, interesante y atractivo, pero tu carácter es un dolor en el trasero… – El japonés dijo con tono divertido, aunque el zorro notó en los ojos del humano un matiz pícaro que le hizo desdeñar sus palabras… – ¿Gustas que te prepare algo?

– Carne, mucha carne. O te juro que te comeré a ti… – El zorro advirtió con desdén, con esa altivez tan suya que podría enervar a cualquiera pero que en el japonés no causaba mayor efecto que esa sonrisa altanera y divertida que hacía palpitar la venita en su sien.  

– No pensé que tuvieras esa clase de preferencias.

– ¡No estoy hablando de sexo, idiota! – El zorro exclamó con las morenas mejillas espolvoreadas de rubor. Hayami enarcó una ceja, y el zorro pensó que ese gesto en el maldito humano lucía bastante sexy como para considerar comérselo de esa manera en que el japonés había sugerido.

– Bueno, bueno; pero tranquilo que de todas maneras no haría nada que no quisieras.

– ¿A ti te gusta el sexo con hombres?

– Soy gay, pero no significa que me guste el sexo con hombres, eso suena a como si solo me interesara satisfacer el placer carnal. Más bien hago el amor con el hombre que me gusta y de quien me siento enamorado. De lo cual hace tiempo no sé, por cierto.

– ¿Te refieres a que no has tenido sexo con un hombre hace tiempo?

– Así es.

– ¿No te da vergüenza hablar de esto conmigo aunque soy un extraño?

– Justamente porque eres un extraño da igual si te lo digo o no. Además fuiste tú quien dijo que se iría pronto, qué más da si te hablo de cosas tan íntimas como esa.

– Pero estabas tonteando conmigo.

– Que perceptivo... - El japonés admitió con un tenue sonrojo en sus mejillas, como si recién ahí se percatara de que realmente le había coqueteado… – Debe ser porque sabía que te negarías en absoluto.

– ¿Y qué pasaba si no me negaba? – El zorro preguntó acercándose al japonés tanto que invadió su espacio personal, más que eso, dejó sus rostros milimétricamente cerca.

– No creo precisamente que quieras que te bese, chico sin nombre… – El japonés sonrió de medio lado sin hacer movimiento alguno que diera a entender que sería él quien reculara en el acto iniciado por el de ojos oscuros.

– No puedes estar seguro, tal vez llevo demasiado tiempo sin actividad alguna y ahora que he descubierto que no te sería indiferente quiera probar si podemos tener algo.

– Eres directo, pero sigo creyendo que no quieres realmente que te bese… – El japonés alargó una mano posándola sobre el costado del de ojos oscuros, notando cómo se estremecía bajo su tacto de la misma manera en que lo hace una presa que no quiere ser cazada… – ¿O por qué tiemblas así?

El zorro frunció el ceño y quiso mantenerse estoico en su sitio, provocarle más hasta que fuera el humano quien retrocediera, pero apenas advirtió el sutil movimiento de Mokomichi inclinándose para reducir la distancia, fue él quien dio un paso atrás. El japonés sonrió con cierto aire de decepción, pero ninguno dijo nada. Entonces Mokomichi simplemente se movió por su cocina en busca de los ingredientes necesarios para prepararle platillos con abundante carne a su invitado. El zorro no dijo nada, ni intentó retomar el tema de conversación. Por alguna razón su corazón tamborileaba demasiado rápido y su mismo Aliento estaba inquieto dentro de su pecho.

¡Maldición! ¡Quiero aparearme con el idiota!

………………………………
Departamento de Jung Yunho

La noche había llegado mucho más rápido de lo que el moreno habría esperado. Pero tenía la impresión de que era porque lo había estado pasando muy bien en compañía de su invitado. Desde que se despidieron de Yoochun y los demás terminado el desayuno, él había estado mostrándole algunos sitios de la ciudad al chico de ojos negros, maravillado por su elegancia y esa facilidad que posee para atraer la atención de propios y extraños. Le había visto interactuar con algunas señoritas en las tiendas departamentales que visitaron y hasta sujetar ágilmente el globo de una pequeña que se escapara de sus infantiles manos. De hecho esa velocidad y el salto que dio el de ojos negros le había desconcertado bastante, pero abstraído en el resto de las actividades ya no volvió sobre su desconcierto para preguntarle cómo había conseguido, para empezar, darse cuenta de que la pequeña perdía su globo cuando ya le habían dado la espalda. De cualquier forma, tenía ahora algunas otras inquietudes.

– Hemos pasado el día juntos haciendo un montón de cosas y es momento que no consigo saber tu nombre, hyung… – El moreno sonrió visiblemente curioso. Aunque el zorro de ojos negros notó también en su mirada un brillo titubeante de incomodidad, quizá por el hecho de tenerle ahí, a solas. El zorro intuía que al joven Jung le gustaban los hombres, y no le extrañaría en absoluto ser causante ahora de algunas alteraciones en el pensamiento del moreno.

– No tengo nombre… – El zorro respondió con sencillez, mirando aquí y allá en la estancia del departamento del moreno. Era un poco más amplio que el de Yoochun, y de cierta manera le resultaba también más acogedor. De los tres amigos probablemente Yunho era el de menor posición económica.

– ¿No tienes? ¿Qué, perdiste la memoria o algo así? ¿A tus hermanos y a ti les pasó algún accidente que les dejó con amnesia?

El zorro entonces clavó su mirada en el moreno. Una parte de él estaba tentado de confiarle la verdad al muchacho frente a él; pero otra, todavía recordaba el pasado y le mandaba mantenerse al margen.

Los humanos no son dignos de confianza, traicionan fácilmente… – Pensó, e inconscientemente su mirada se volvió dura y fría.

– Disculpa, creo que hice una pregunta inapropiada… – Yunho dijo sinceramente. El zorro podía notar esa chispa de honestidad en los ojos cafés del otro, pero todavía se mostraba reacio a confiar en él… – Te mostraré la habitación, podrás dormir ahí, yo estaré en la estancia…

– ¿Por qué me ofreces tu cama?

– Eres mi invitado… – Yunho sonrió gentil.

– No me conoces, tú mismo acabas de decir que ni siquiera sabes cómo me llamo. Por qué estás siendo tan amable, Yunho.

– Porque no tengo motivos para no serlo, aunque no sepa tu nombre, cuando quieras decírmelo, sé que lo harás… – El moreno volvió a sonreírle de la misma manera. Y el corazón gélido del zorro se tambaleó movido por su gentil sencillez. Le chispeó una burbujeante sensación cálida en el pecho e incluso su Aliento pareció sacudirse con renovada comodidad.

– Está bien si te quedas también. La cama es lo suficientemente amplia y tú no tienes porqué martirizar tu espalda durmiendo en el sofá.

– ¿Eh? – El moreno sonrió nervioso.

– ¿Qué sucede? ¿Te pone nervioso dormir en la misma cama que otro chico?

– Esto…

– ¿Acaso es eso?

– Yoochun no nos ha hablado mucho acerca de nada, y tampoco te he visto con equipaje, ¿gustas que te preste algún pijama?

– Estás cambiando deliberadamente de tema, Yunho.

– Y tú no estás dejándome sentir menos abochornado… – el moreno sonrió acalorado… – No es que me incomode dormir con otro chico, sobre todo si es tan atractivo como tú; solo creo que es inapropiado dado que nos conocemos hace menos de 24 horas.

– No vamos a tener sexo, solo vamos a compartir la cama para que tu espalda no pague las consecuencias de tu terca amabilidad.

– Tienes una facilidad increíble para ser honesto… – El moreno sonrió con las tostadas mejillas bañadas de carmín. El zorro de ojos negros pensó que efectivamente se había pasado un poco con sus palabras, pero solo estaba tratando de poner los puntos claros.

– No te pareces a Yoochun, cómo es que eres amigo de él que tiene cierta aura de superficialidad.  

– Yoochun no es superficial como parece.

– Debes conocerlo muy bien para pensar así…

– Desde que estábamos en pañales… – El moreno percibió en la mirada del mayor que quería saber más. Y bueno, él no tenía razones para no contarle un poco al respecto, después de todo fue el mismo Yoochun quien le pidió ayuda en cuidar del atractivo chico… – Yoochun ha tenido una vida complicada. Perdió a sus papás cuando era un niño, luego su abuelo se hizo cargo de su educación, al principio le daba todo lo que quería así que lo convirtió en un mimado incapaz de aceptar un “no” por respuesta cuando deseaba algo. Cuando entramos al instituto su abuelo intentó corregirlo, pero es un poco difícil cuando estás tan acostumbrado a ciertas cosas, sin embargo, Yoochun ha ido cambiando, y madurando; a pasos pequeños pero seguros.

– Más bien pareciera que está gateando… – El zorro dijo casi por inercia, y el moreno estalló en risas. Esa melodía estridente de carcajadas produjo una oleada de calidez en el zorro que le hizo reír bajito junto a su anfitrión.

– Bien, tal vez gatea aún… – Señaló con una sonrisa. Y cuando los ojos negros del zorro volvieron a conectarse con su mirada, él tuvo que carraspear y evadirle. Había algo en esas pupilas que simplemente le ponían nervioso y azorado…. – Entonces, por favor, quédate en mi habitación…

– Solo si duermes conmigo… – El zorro dijo con suficiente seriedad como para que el moreno se planteara la insistencia de su invitado por compartir cama… – No me malentiendas, de verdad no intento seducirte, pero he podido notar que tu espalda no está precisamente sana.

El zorro advirtió aquello al notar cada movimiento del chico de tez morena durante el día que terminaron pasando juntos. Le prestaría su Aliento para sanarle, pero eso significaría decirle la verdad acerca de quién es, y él no está dispuesto a confiar tanto en otro ser humano de nuevo.

– Eres misterioso… – Yunho murmuró casi inconscientemente.

– Vamos, estoy cansado… – El zorro se dirigió entonces finalmente a la habitación. Aunque realmente él no tenía ni pizca de cansancio, era mejor tratar de zanjar el tema de conversación. Yunho le siguió todavía dubitativo, temía quedar en mal y terminar cometiendo algún acto inapropiado permaneciendo en el mismo espacio que el de ojos negros.

– Si no tienes un nombre, ¿está bien si sigo llamándote “hyung”?

– Como gustes, Yunho-ssi… – El de ojos negros le sonrió cálido, ambos se habían colocado de manera automática a cada lado de la cama del moreno. Cuando sus miradas se encontraron de nuevo un sonrojo apareció en las mejillas de ambos.

No, tal vez no resultaría tan fácil compartir cama.

………………………………
Departamento de Park Yoochun

– ¡Yah! ¡Vete a la otra habitación!... – El pelinegro intentó una vez más sacar al pelirrojo de su cama. Sin embargo, sus intentos frustrados terminaban con un pelirrojo más pegado a él haciéndole pucheros y mirándole con ojos de cachorro abandonado. Un cachorro zorro muy empalagoso que estaba crispándole los nervios.  

– ¡No quiero! Quiero dormir con Yoochun ah~… – La mirada brillante del pelirrojo volvió a darle un vuelco en el estómago al pelinegro, y esos vuelcos se estaban volviendo constantes. Y molestos, terriblemente molestos porque en consecuencia su corazón latía más rápido. ¡Y el bendito Aliento en su pecho ni se quejaba!

– Eres imposible, zorro terco… – Park intentó alejarle otra vez, pero los brazos del pelirrojo se enroscaron con suma facilidad en su cintura y su rostro descansaba ya en su pecho.

– Necesito estar cerca de mi Aliento, ¿no sientes que me extraña? Creo que siente que su contenedor actual no le merece… – Un lindo puchero adornó los rosados labios del zorro, y Park pensó que lo mejor era rendirse.

– Mañana tengo que ir a la Universidad, por esta noche dejaremos la discusión aquí, tengo que descansar.

– ¡Iré contigo Yoochun ah!… – Expresó repentinamente emocionado. Levantando el rostro para mirarle con esos preciosos ojos avellana que estaban haciendo pasar muy malos momentos al estómago del pelinegro que se empecinaba en dar vuelcos y hasta llenarse de aleteos.

– No, no, no. De ninguna manera, la Universidad es para los humanos, tú eres un zorro.

– Pero tengo apariencia humana… – El zorro volvió a formar pucheros, esperanzado en que sus gestos le hicieran ceder como en algunas ocasiones consiguió hacer con sus hermanos y hasta con la Abuela de los Tres Dioses.

– Pero sigues siendo un zorro, ahora déjame dormir… – Se dio media vuelta y casi esperó haberse librado del abrazo asfixiante del pelirrojo, cuando volvió a sentir cómo se pegaba a su cuerpo y le abrazaba… – ¿Quieres alejarte un poco?  

– Tampoco me has dado un nombre, Yoochun ah es un humano muy malo, tan guapo que te ves… – Ignorando deliberadamente la petición del pelinegro, el pelirrojo continuó haciendo esos morritos que lucían adorables en su carita. Sin embargo en esos momentos lo que dejó contrariado al pelinegro fue la aseveración de su atractivo, ¿el zorrito le había dicho “guapo”? De todas formas, por qué a él aquello le hace sonreír como idiota.

– No necesitas un nombre, ahora duérmete ya…

– Quiero un nombre, Yoochun ah; no me gusta cuando me llamas con gritos o me dices “zorrito”… – El pelirrojo hizo entonces un mohín de disgusto, aunque el pelinegro no pudiese verle.

– Está bien… – Suspiró… – voy a meditarlo con la almohada, y entonces cuando tenga un nombre te lo diré, ¿de acuerdo?

– ¿De verdad?... – El pelirrojo cuestionó emocionado…

– Sí, ahora duerme y deja dormir…

– ¡Gracias, Yoochun ah! – Y entonces la efusión se reflejó en sus nueve colas desplegadas iluminando la habitación.

– ¡Yah! Guarda eso, es escalofriante verte así, y hace demasiada luz… – Le riñó, pero nada borró la renovada alegría del pelirrojo. Escondió sus colas y con aquella ilusión de un nombre que le hiciera más humano, el zorro volvió a abrazarse a un tenso Yoochun que tardó mucho rato en conciliar el sueño.

………………………………
Departamento de Mokomichi Hayami

Luego de que el japonés pasara la noche metido en la cocina, el zorro de ojos oscuros se dignó en agradecer su atención ayudándole a recoger la mesa y limpiar los platos que su anfitrión lavaba.

– ¿Sabes que se me ocurren un montón de razones por las que hay tanto misterio alrededor de tus hermanos y tú?

– Lo imagino, ya que has estado mirándome analíticamente las últimas horas. No te esfuerces en entender, humano idiota.

– Mi nombre es Hayami, no humano idiota, esfuérzate un poco en recordarlo, chico sin nombre.

– Voy a dormir… – El zorro gruñó e ignoró al otro. Caminó entonces en busca de una habitación. El olor del japonés le llegó con fuerza desde una de las tres alcobas en el departamento (aunque solo dos de ellas estaban habilitadas como recámaras y la tercera parecía una oficina o al menos cuarto de lectura), movido por alguna fuerza que en ese momento ni siquiera quiso saber de dónde venía, se dirigió específicamente a esa que olía a Hayami.

– Esa es mi habitación, usa la otra. Acercare mantas limpias y si quieres te prestaré un pijama.

– Me gusta esta, me quedaré aquí.

– ¿Seguro? Porque no pienso moverme a la otra habitación solo porque a ti se te ocurre querer tomar la mía.

Mokomichi advirtió la intención del morocho y quiso mostrarle que no se haría lo que quisiera solo porque sí, al menos le daría un poco de batalla. Oh bien, en realidad también le gusta molestarle un poco. El zorro le ignoró otra vez, se adentró y comenzó a buscar un pijama en los cajones de su anfitrión visto que él mismo le había ofrecido prestarle uno; y no es que no estuviese tentado de dormir desnudo, después de todo a él le gusta así, considerando el hecho de que en su mundo solía tomar su forma zorruna para los placeres del sueño. Pero incluso aparte de eso, de que esta habitación oliera a Hayami y pusiera su sentido del olfato sensible; aquí le agradaba más por la amplitud, hacía rato que tenía deseos de liberar sus colas, ocultarlas durante tanto tiempo era agotador para él, todo y que ha comido considerablemente.

– ¿En serio tienes por costumbre hacer lo que te viene en gana?

– Tú cama es grandísima, si tanto quieres dormir aquí adelante, no me opongo.

– Que digas eso y el que prácticamente te me hayas lanzado encima hace unas horas me hace sospechar que realmente necesitas algo de acción.

– No te hagas ilusiones, humano idiota… – El zorro le gruñó, comenzando a cambiarse por el pijama ahí mismo.

– Desnudándote delante de mí cuando sabes que me va el lío con los hombres debe ser alguna señal de que quieres algo, chico sin nombre.

El zorro se sonrojó tenuemente, y notó la comezón en su espalda baja pues sus colas exigían liberarse. De alguna manera la propuesta no sonaba tan mal.

………………………………
Universidad de Seúl

– ¿Por qué has venido? Te dije que la Universidad es para humanos… – Park renegó por enésima vez en la mañana, el pelirrojo camina detrás de él con una enorme sonrisa pintada en sus labios, casi como si estuviera ignorando cada uno de sus reclamos y fuera más interesante mirar todo alrededor, incluso saludar con un gesto de manos a todas las personas que les pasan por el lado.  

– No quiero estar solo en tu departamento, además, necesito mantenerme cerca de ti… – el pelinegro volvió la mirada con el ceño fruncido… – Por mi Aliento.  

– Cuánto tiempo más tardará en sanar mi cuerpo para que puedas recuperar tu bendito Aliento… – Park refunfuñó.  

– No lo sé… – El pelirrojo mintió. Si le decía ahora que tal vez en una semana él esté completamente sano, entonces Yoochun comenzaría a planear su despedida. Y el zorro por alguna razón no quería irse.

– Bueno, mira… – El pelinegro frenó y tomó al pelirrojo por los hombros, estaban a unos cuantos metros de la entrada principal a la Universidad… – La cosa es que de verdad no puedes entrar, necesitas una credencial que acredite que eres alumno o profesor de la Universidad para entrar, y tú no tienes una porque ni siquiera eres humano.

– Es cruel que digas eso a cada minuto, Yoochun ah… – El de ojos avellana formó un puchero, pero esa vez el pelinegro notó algo más en la mirada del zorro. ¿Era tristeza? – ¿Tardarás demasiado?

– Tal vez…

– Andaré por aquí hasta que regreses entonces, ya que no hay otra opción…

– Deberías haber ido con tus hermanos…

– No sé dónde viven tus amigos, así que no sé dónde están ellos…

– Cierto… pero ellos no deben tardar en llegar, así que cuando les veas les preguntas…

– ¿Te vas ya?

– Por supuesto, tengo que llegar a tiempo a clases…

Park dio media vuelta y sin más continúo su camino. El zorro le vio incluso correr, subir de dos en dos los escalones hacia la entrada principal de la Universidad, realmente parecía que había sido una tortura para él esperar a poder separarse de su lado; el pecho del zorro dolió, se sentía oprimido y no era solo por la falta de su Aliento. Así que se quedó ahí, parado en medio de la calle que lleva a la entrada principal del edificio, con la gente pasando a su lado metida en sus propios asuntos, algunos conversando entre sí, otros corriendo en silencio; sin embargo, todos ellos tenían algo en común: son humanos.

– ¡Hyung!... – La voz del zorro de ojos oscuros le sacó de sus pensamientos, cuando dio media vuelta le vio venir, junto al zorro de ojos negros. Solos ellos dos…

– ¿Sus humanos también les abandonaron así nada más por el simple hecho de no ser humanos?... – El pelirrojo cuestionó con voz entre molesta y decepcionada. Sus hermanos se miraron entre sí y comprendieron.

– El humano idiota que tengo por anfitrión salió desde muy temprano, dijo que tenía que pasar a otro sitio antes de venir hacia acá, así que me dejó algo de dinero e indicaciones claras para llegar aquí. Como si yo necesitara dinero o un mapa, soy lo suficientemente inteligente para valerme por mí mismo, además soy un zorro, habría corrido hasta aquí en cuestión de minutos y nadie se habría percatado siquiera.

– ¿Eso significa que de todas maneras tomaste el dinero e hiciste caso de las indicaciones de Hayami-kun?

– ¿Hayami-kun?

– Yoochun ah dijo algo sobre costumbres japonesas, y que debía llamarle así en lugar de decirle Hyung.

– ¿Yoochun ya se fue? – El de ojos negros interrumpió el diálogo de sus hermanos.

– Corrió hace unos instantes ahí dentro, dijo que no podía entrar porque no soy humano así que le dije que esperaría aquí hasta su regreso. ¿Y Yunho hyung?

– Nos separamos en la entrada lateral, dijo que tenía que ir a la Biblioteca y por aquel rumbo estaba más cerca. Entonces los presentí a ustedes y así es como nos reunimos los tres… – El de ojos negros no vio sin embargo cambio alguno en la actitud del de ojos avellana, era claro que el comportamiento del pelinegro tenía influencia en su estado de ánimo… – Hermano, no estés triste, solo tenemos que soportar unos cuantos días, ¿sí? Luego simplemente recuperas tu Aliento y nos vamos.

– No. Hyung, no quiero irme, ahora más que nunca deseo ser humano.

– Hemos hablado cientos de veces acerca de esto… – El de ojos negros suspiró cansinamente. Quiere respetar la decisión de su hermano, pero no puede evitar recordar su pasado. Él solo quiere evitarles daños innecesarios. Incluso siendo Gumiho, aquellas heridas no sanan.

– Pero hyung, esta vez tengo un motivo… – Sus hermanos se miraron entre sí advirtiendo ese motivo… – Creo que me he enamorado de Yoochun.

– Somos zorros, no nos enamoramos… – El de ojos negros soltó con seriedad.

– Tú lo hiciste una vez…
– ¡No se habla más del tema!... – El mayor cortó de tajo, y el menor percibió esa molestia instalarse en sus pupilas como cada vez que el pasado era mencionado de una u otra forma… – Sé que en unos días tu Aliento habrá sanado a ese humano, lo recuperaras y nos iremos. Y no te lo estoy sugiriendo, hermano.

– Lo que pasó contigo no tiene por qué repetirse conmigo, hyung… – El pelirrojo murmuró con voz seria, sosteniéndole la mirada y esperando que se diera cuenta de que no le dejaría decidir por él.  

El zorro de ojos oscuros se mantuvo al margen. A él tampoco le agradaba la idea de quedarse más tiempo, y mucho menos de que su hermano pelirrojo cambiara su condición mítica de Gumiho por la absurda facultad humana. Sin embargo, un calorcito en la boca de su estómago le hacía dudar de aquella idea férrea que supuestamente ostentaba con orgullo. Ha compartido cama con Mokomichi la noche anterior. Y ha tenido que ser por segunda vez él quien recule para no caer en la tentación que de pronto los labios y el cuerpo del japonés le produce. Se había deslizado a la segunda habitación en medio de la noche, sabiendo de antemano que el japonés era consciente de su partida, y que en sus labios se dibujaba una sonrisa en las penumbras de la habitación. Aún así, no estaba molesto con el humano, sino consigo mismo.  


Más allá, en el mundo al que pertenecen, la Abuela de los Tres Dioses (Viento, Lluvia y Nube) observaba todo con detenimiento. La astuta mujer de cabello cano y bonachona apariencia, abandonó su plano dimensional para viajar a un lugar en especial en la Tierra.

– Abuela, hace mucho tiempo no le veía… – Un apuesto hombre le saludó con una respetable venia.

– No lo olvido Min Woo, desde que traicionaste a uno de mis zorros.

– Solo tomé mi decisión, Abuela; y según recuerdo era algo que usted misma esperaba.

– Así es. Y hoy he venido a pedirte un favor, necesito a mis zorros de vuelta, sabes bien cómo hacerlo cuando no está en su voluntad regresar… – La mujer extendió una caja de madera fina con un peculiar grabado en la tapa.

El hombre le miró antes de tomarla y admirar el grabado. No habían cambiado nada en decenios, el tallado seguía tan exacto como otrora, y el contenido de ella probablemente también continuaría intacto.

– No lo olvides, quiero las colas de cada uno incólumes, y sus Alientos deben estar sanos cuando los captures. Un error de tu parte y cobraré la cuota que te perdoné hace 200 años, Min Woo.

El apuesto hombre miró a los ojos de la mujer, plata y rojo se mezclaban en aquellas cuencas. No le mentía. Y sus opciones ahora se reducían a una sola.

Ahora tendría que salir…
A la caza de los zorros.



Continuará…

lunes, 25 de marzo de 2013

Capítulo 2 UNEXPECTED DESTINY



Como mil años después, pero acá estamos con continuación de uno de los proyectos pendientes. Procuraré actualizarlo tan a menudo como cuando tomamos cierta racha con Break Up the Dark -para quienes tuvieron la oportunidad de leerlo, sabrán de qué ritmo hablo ;D- 


CAPÍTULO 2. CUESTIÓN DE GENÉTICA

*****//*****//*****

16 años atrás
Seúl, Corea
Residencia TVXQ

Yoochun deambulaba por la casa con semblante taciturno. A un mes después de que Junsu supo que estaba embarazado –por segunda vez– era día en que el castaño realmente no le permitía tocarle. ¡Que otro poco y no le deja besarle!

- ¿Estás engañándome?...

- ¿Qué? – el parpadeo confundido del castaño hizo suspirar pesadamente al pelinegro, quien agitó la cabeza en negación murmurando cosas ininteligibles por lo bajo.

Junsu le siguió con la mirada, dejando de lado ese libro que recientemente ha comenzado a leer, un poco más de conocimiento sobre el desarrollo de un embarazo saludable según las más recientes noticias no le vendría mal. Yoochun por su parte se tiró a su cama entre bufidos y más murmullos sin sentido que colocaron cierta preocupación en el semblante del menor de los dos. Con sus pequeños gemelitos durmiendo plácidamente en la habitación contigua, Junsu se pregunta si es que a Yoochun le estará afectando trabajar demasiado tiempo que ni dormir le ofrece un descanso real.

- Yoochun ah… - el castaño intentó llamarle pero su esposo solo se enredó en las mantas sin prestarle atención… - Yoochun ah… - llamó una segunda vez, levantándose de su cómoda mecedora para sentarse en la cama a lado de su esposo y lentamente llevar su mano a la mata de cabellos azabaches acariciándole suavemente, provocándole un respingo pues al parecer le ha pillado por sorpresa… - ¿Qué te sucede, eh?

- No me amas… - suspiró cansado, emocionalmente agotado. Girándose hasta que su rostro quedó cerca del regazo de su esposo.

- ¿Y qué razones te he dado para que me digas tal cosa, mh?

- No me dejas acercarme…

- Nunca te he dicho que no te acerques…

- Me apartas cuando intento tocarte…

- Es tu pequeño castigo por no haberme escuchado antes…

- Pero estás contento con nuestro bebé… - suspira y su mano va a parar a la tripa de su esposo, sonriendo de pronto algo más iluminado del rostro…

- Claro que lo estoy. Pero tú no me hiciste caso cuando te pedía algo tan sencillo como usar condón. Estoy un poco resentido contigo por eso, porque cuando se trata de sexo…

- Hacer el amor… - corrigió de inmediato…

- Vale… - el castaño sonrió tiernamente. Le gusta que Yoochun siempre le recuerde que a pesar del tiempo, ellos nunca han tenido solo sexo… - cuando hacemos el amor, a ti se te olvida todo lo demás.

- Es obvio. Si tu eres mi esposo cómo rayos esperas que tenga cabeza para otra cosa que no sea tu cuerpo, tu calor, tu tacto… - enumeró casi sintiendo que se hipnotizaba por el mero recuerdo de su cuerpo pegado al suyo cuando lo hacen.

- Pero te pedí muchas veces que usáramos protección, nuestros gemelos apenas si han pasado el año y yo ya estoy esperando uno más… - sonrió con un dejo de ternura, acariciándose la tripa con cariño… - Solo pienso que me hubiera gustado disfrutar un poco más la niñez de nuestros gemelos, dividirme ahora entre ellos y nuestro pequeño será difícil para mí, no habrá modo de evitar que me pierda de algunas de sus experiencias.

- Su ah… - el pelinegro levantó la mirada para verle directamente, compungido de pronto por aquella verdad que él ni siquiera había considerado. Él y su simple egoísmo por sentirle siempre sin atadura alguna… - Lo siento, yo…

- No es que te esté culpando de esto, Chunnie. Pero igual creo que necesitabas saberlo, quiero que me toques, me gusta hacer el amor contigo. Quiero decir, eres mi esposo y obviamente te amo; pero también tenerte en abstinencia era como un pequeño castigo para que meditaras la próxima vez, si te pido algo tan serio como cuidarnos no es solo por ser bobo contigo.

- Entiendo. Ahora lo entiendo… - el pelinegro suspiró tomando conciencia de aquello y también nota mental permanente para no olvidarlo nunca en adelante… - No tenía idea. Y en serio me hacía ideas locas en la cabeza.

- La abstinencia hace estragos en tu cerebro, Chun… - ríe bajito acariciándole las mejillas y el contorno de su mandíbula… - Si prometes hacerme caso la próxima vez que te pida comprar condones, te levantaré el castigo… - sonríe y admira la alegría que rápidamente cruza el rostro de su esposo.

- Lo prometo. ¿Quieres que vaya a comprarlos ahora?... – cuestiona mientras se inclina para besar los labios del castaño, dándole besos cortos antes de escuchar esa respuesta que de momento le alegra de sobremanera.

- Pueden esperar. Ahora hazme el amor, Yoochun ah. Hace demasiado tiempo que tu castigo también me afecta a mí… - el castaño le jaló despacio fusionando sus labios con ansiedad, con el hambre de todas esas semanas en que también ha extrañado el calor abrasador de su cuerpo pegado al suyo.


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Actualidad
Residencia Mokomichi-Shim

ChangMin seguía curioso respecto al chico en cuestión que ha osado intentar cortejar a uno de sus hijos. Pero no ha habido manera de sonsacarle la información a ninguno de los tres. Young Min frunce el ceño y sin despiste alguno zanja el tema sin explicación alguna de por medio. Kwang Min sonríe divertido y asegura contárselo apenas su hermano dé su brazo a torcer. Y Min Woo le recuerda con creces que no echará de cabeza a ninguno de sus hermanos.

- Sea quien sea tengo que averiguarlo pronto… - dijo para sí, mirando de soslayo a sus hijos haciendo tarea en silencio en la estancia.

Bueno, casi en silencio, porque Kwang Min continuaba molestando por lo bajo a Young Min, y el ceño fruncido del mayor de los gemelos hacía parecer bastante al adolescente a su umma. Min Woo se limitaba a seguir con lo suyo, tiene pensado salir a pasear en bicicleta antes de que se oculte el sol.

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Residencia Jung-Kim

Yunho ha dejado salir –a regañadientes– a Hyeran con sus amigas, le ha encasquetado llevar consigo a su hermana SeungMi. Así se asegura de que lo piense dos veces antes de querer llegar tarde. Aunque claro, ambas señoritas han rezongado ante su decisión.

- Es mi condición, princesas… - el moreno vio a sus hijas refunfuñar, pero Hyeran aceptó su trato. Ambas adolescentes subieron las escaleras y se perdieron en sus habitaciones.

- Ha sido muy duro de tu parte imponerte así, Yunho ah… - el pelioscuro comentó al acercarse por detrás del sofá, masajeando los tensos hombros de su esposo… - Hyeran no podría divertirse con sus amigas, y SeungMi terminará aburriéndose.

- Pero JaeBoo, lo hago con buena intención. Si Hyeran va sola seguramente querrá alargar el horario de su permiso.

- Y tú ahora acabas de ganarte cierto resentimiento de tus princesas. La próxima vez piensa en algo diferente. Yo siempre puedo pasar por ella donde quiera que ande… - sonríe y el moreno termina por fruncir más el ceño. Su esposo por ahí a la vista de lobos hambrientos. ¡Ni de loco!

- Vale, pensaré en algo diferente la próxima ocasión que se presente…

- Celoso… - el pelioscuro ríe divertido por la actitud de su esposo. Le da un beso y sube a ver cómo están sus nenas. Con suerte y consigue salir por ahí despistadamente, se hace de la compañía de SeungMi y dejan que Hyeran pase una buena tarde con sus amigas.

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Residencia Park-Kim

Yoochun entró en el patio trasero, donde su hijo Dong Joon hace ejercicio en el gimnasio al aire libre que pusieron para él desde que eligió el atletismo y la vida del deporte como parte de su rutina. El gemelo estaba en la corredora con un sorprendente ritmo que le tenía ya sudando, la camiseta de resaque pegada a su torso notoriamente mojada, las mismas gotas de sudor que corrían por su rostro empapado. Yoochun se sintió orgulloso de su hijo, de su firmeza para seguir luchando por este sueño que le apasionaba del mismo modo que a él y a su umma Junsu les apasionó el canto, la música y el baile.

- Tu umma me ha contado que hay alguien que te gusta… - señaló con tono casual. Aunque de casual aquello no tuviera nada. Y vio a su hijo trastabillar y parar la máquina casi por inercia antes de llegar a caer estrepitosa y ridículamente.

- Umma no tendría que haberlo mencionado… - el gemelo murmuró entre dientes, avergonzado de solo recordar la última conversación que mantuvo con su umma.

- ¿Por qué no? No hay nada de malo en que te guste alguien. A tu edad sobre todo. Lo que tu umma no me digo fue de quién se trata. ¿Es chica o chico?

- Chico… - el gemelo respondió advirtiendo que no tendría caso evadir esta charla con su padre.

- Oh. ¿Y éste chico sabe? – su hijo negó con la cabeza… - ¿Piensas decírselo? – el gemelo negó con mayor efusión y las mejillas ruborizadas. El pelinegro sonrió por ese aire todavía tan característico de su esposo que su hijo muestra más a menudo de lo que quisiera… - Si él te gusta, deberías arriesgarte y decírselo.

- No sé si yo le gusto a él. Aunque me inclino más por el no… - el adolescente se sentó en una silla por ahí, secándose el sudor de la cara con una toalla y tomando un trago de agua de su botella.

- Así que es un chico difícil eh… - Yoochun sonrió ligeramente divertido… - Sin embargo, que tú mismo dudes de sí le gustas o no, es porque de alguna manera te ha hecho pensar que no es del todo imposible.

- O tal vez me he hecho ideas yo solo…

- Dong Joon, hijo; si temes estar malinterpretando sus acciones motivado por tus sentimientos hacia él. Entonces solamente trata de prestar más atención, un tipo de atención diferente, obsérvalo y medita, trata de alojar tus sentimientos en un rincón de tu cabeza y de tu corazón, y luego sabrás si tienes o no alguna posibilidad con éste chico. Y cuando lo sepas, ¡asegúrate de ir arriba!

Dong Joon revoleó los ojos ante el último comentario de su appa. Le recorrió un escalofrío y se preguntó en qué momento él iba a mostrar las actitudes tan seme de su padre. Por un lado le daba curiosidad ya que generalmente se parece más a su umma, pero al mismo tiempo se preguntaba si no sería una faceta que le haga cometer algún error tan grave que en lugar de acercarse a Young Min, se aleje más.

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Residencia Jung-Kim

Aquella tarde de fin de semana se han reunido todos a pasarla en familia. La amplia familia que sabemos son cuando se reúnen las diversas familias en una sola. El gran patio de la residencia les permite realizar aquel tipo de reuniones y a Jaejoong le alegra de sobremanera que así sea, siempre le ha gustado tenerlos a todos en el mismo espacio y sufrió bastante cuando sus primogénitos adoptados decidieron abandonar el seno de su techo.

…Flashback…

Los primeros nacidos de las tres parejas rozan los 13 años de edad, y para ChangMin continuar viviendo en la casa se complica cada día más. Young Min quiere su propio cuarto y Min Woo no parece del todo satisfecho en compartir recámara con sus hermanos. Así que le ha planteado a Hayami la posibilidad de salir y tener su propia casa.

- Te lo dije hace mucho tiempo. Cuando quisieras que tuviéramos nuestra propia casa solo tenías que pedirlo… - el japonés y su característica altanería salieron a relucir, el morocho gruñó por lo bajo y se limitó a demandar que entonces lo hiciera de inmediato pues las necesidades de familia no podían posponerse más.

Cuando le notificaron a Jaejoong y Yunho, fue el pelioscuro quien más padeció la decisión de su hijo. Más encima cuando Junsu y Yoochun estaban planeando mudarse también.

- ¡Pero mis bebés! – el mayor lloriqueó cuando las últimas cajas de la mudanza fueron sacadas de la casa. Jaejoong abrazó a Junsu y ChangMin con aprehensión, llorando inconsolable porque le costaba demasiado dejar ir a sus primeros hijos no concebidos directamente.

Los adolescentes y los más pequeños reían entre divertidos y contrariados por la actitud de Jaejoong. Yunho intentó consolarle recordándole que ellos no se estaban yendo al otro lado del mundo. ¡Ni siquiera de la ciudad!

- ¡Pero me abandonan! – siguió lloriqueando el mayor, negándose en soltar a sus críos. Junsu se dejaba hacer esperando pacientemente a que se le pasara. Mientras que ChangMin perdía rápidamente los estribos.

- ¡Jaejoong por favor, compórtate como el adulto que eres! – exasperado, el morocho intentó zafarse del abrazo del mayor, pero Jaejoong puso más fuerza y clavó sus grandes ojos negros en los oscuros de su hijo menor.

- ¿Estás revelándote? – el pelioscuro enarcó una ceja con un creciente enfado fulgurando en sus pupilas.

Y los niños comenzaron a divertirse genuinamente. De alguna manera ver a Jaejoong hyung reñir a ChangMin hyung –umma de tres de ellos– les daba cierto morbo infantil de diversión.

- Jaejoong me estás llegando al límite de mi casi nula e inexistente paciencia… - el morocho gruñó entre dientes. En tanto Junsu finalmente había sido liberado y felizmente había corrido a brazos de su esposo para mirar de cerca la escena.

- Y tú te crees que voy a tolerar que me trates así después de todos los años que vi por ti y fui el mejor ejemplo posible. Ser umma no es fácil, ¿sabes?

- Oh, créeme que tengo alguna idea de ello. ¡Porque lo soy desde hace 13 años!

- No me levantes la voz, jovencito… - Jaejoong le riñó como lo hace una auténtica madre a sus hijos.

- ¡Jaejoong! – el morocho se tiró de los cabellos con desesperación, pataleó y suplicó que le liberara de sus abrazos de oso y la cantidad de besos que le regaló en los próximos minutos antes de dignarse en soltarle y permitirle volar lejos del nido.

Sí, aquella había sido toda una experiencia. Y Jaejoong nunca consiguió acostumbrarse a la ausencia de sus bebés y los críos de ellos.

…Flashback…

- Por qué no bailamos un poco… - Hyeran y Sun Hi pusieron algo de música y sacaron a sus hermanos a bailar.

El ambiente estaba animado y las risas y cotilleos andaban por ahí con absoluta libertad. Hayami bailaba con ChangMin aunque a su esposo no le hacía demasiada gracia moverse después de tantos años lejos de los escenarios. Junsu tenía más que entretenido –y embobado y quizá algo más que mejor no averiguar– a Yoochun con sus sexys movimientos de cadera que tenían la misma cadencia de siempre. Y Jaejoong estaba la mar de contento con toda su familia ahí reunida.

- ¿Falta alguien? – Yunho cuestionó cuando escuchó el timbre sonar.

- Invité a alguien especial hoy… - Jaejoong respondió siendo él mismo quien fuera a abrir. Al volver al patio y presentar a sus invitados, Yunho tensó involuntariamente los puños.

- Chicos, queridos niños…

- ¡Umma! Ya no hay niños presentes~ - Hyeran protestó, siendo apoyada por su hermana y primos.

- Bueno está bien. ¿Recuerdan a Hyun Joong?

- Tu amigo que provoca los celos de appa… - SeungMi respondió sin titubeo. Y un carraspeo atacó a su moreno padre. Hyeran mandó callar a su hermana, riendo divertida por el despiste que los adultos forzaron a caer en el ambiente.

- Pasará la tarde con nosotros, y ha venido con su hijo Junjoong, que estuvo un largo tiempo en Japón, así que vamos a recordarle lo que es estar en casa.

El muchacho de 22 años tuvo de inmediato la atención de las adolescentes, y también de un adolescente en particular. Pronto Junjoong se integró a la fiesta y convivió animadamente con todos. Hyeran y Sun Hi suspiraron tras darse cuenta de que el atractivo chico no le despegaba los ojos a uno de sus primos.

- Ni hablar, toca seguir buscando fuera de casa… - ambas rieron divertidas luego de que vieran a Junjoong acercarse disimuladamente a su primo en lo que, para ellas, era un claro flirteo… - ¡Tan lindo!  - exclamaron al unísono, juntando sus manos y dando brinquitos de emoción. En otras palabras, llevaban sangre fujoshi en las venas.

Mientras tanto, Hyun Joong y Jaejoong platicaban entretenidos. Y Yunho hacía lo posible por contener sus celos –que nunca le ha gustado la amistad de Hyun con su Boo, porque pese a que todo se redujo a rumores, él está seguro de que alguna vez, Hyun Joong sintió algo por su esposo. Y eso simplemente no se puede olvidar, aunque el hombre se haya casado y tenga un hijo bastante mayor que los suyos–; tuvo que aguantar las bromas de Hayami y Yoochun, aunque el pelinegro dejó de fastidiarle pronto porque bastó con que Yunho le recordara a ciertos amigos norteamericanos del castaño que todavía le lanzan indirectas que pasan desapercibidas para el castaño; y entonces los celos le afloraron al pelinegro también, dejando entonces solo a Hayami con toda la libertad para bromearles, pero compadeciéndose de ellos cuando vio a uno de sus gemelos conversar animadamente con el chico Junjoong.

- Como ChangMin se entere comenzará con sus celos de umma sobreprotectora… - pensó el japonés, yendo entonces hasta su esposo para distraerle antes de que los viera.

Aquella tarde pasó así, amena entre conversaciones de viejas y nuevas amistades, entre romances frustrados y atracciones nacientes. 

……………………………
Instituto Superior
Una semana después

Dong Joon se preguntó si es que le ha faltado al respeto a algún ente divino que le hacía pasar por estas penurias. Young Min y él han pasado una clase de desventuras que no han llegado en el mejor momento para ninguno de ellos. Primero, cuando se cambiaban para la clase de atletismo, por azares del destino se vieron desnudos sonrojándose como termostato. Aunque el gemelo Mokomichi hizo caso omiso y salió de los vestidores con la cara en alto –y las orejas rojas de vergüenza–. Más tarde, mientras hacían calentamiento para iniciar el entrenamiento, una chica que se había acercado a declararse al gemelo Park hizo todo un drama luego de su rechazo.

- ¡Entonces es cierto lo que la gente dice! ¡Te gusta Young Min!

Está de más decir la vergüenza que ambos chicos habían sentido y el hecho de que los cotilleos se aplacaron solo cuando el entrenador mandó a todos callar y prohibió la entrada de otros estudiantes a las canchas mientras ellos estuvieran entrenando. Hacia el final del entrenamiento, Young Min y Dong Joon discutieron por cualquier tontería y terminaron castigados por el entrenador.

- ¡Darán cinco vueltas a la pista antes de poder marcharse!

- Pero…

- ¡Ningún pero! – el hombre les señaló con un dedo mandándolos a comenzar.

Apenas en la primer vuelta alguien mandó llamar de urgencia al entrenador y éste les advirtió que no se detuvieran, o si al regresar los encontraba haciendo el vago o no sudados como amerita, les doblaría el castigo. Young Min estaba enfadado y culpaba a Dong Joon de su pésimo día de entrenamiento. Y para cuando terminaron de correr, el entrenador les dijo que podrían retirarse en cuanto guardaran el equipo de la clase en el gimnasio.

- ¡Tiene que ser mentira! – el gemelo Mokomichi exclamó frustrado cuando se dio cuenta de que se habían quedado encerrados… - ¡Esto es trillado y estúpido! – blasfemó irritado, tirando de la puerta con desesperación y sin obtener ningún resultado.

La puerta no se abrió. Estaba atascada. Y ciertamente aquella escena era de lo más trillada. Pero al fin y al cabo, su escena. Y él era uno de los únicos dos protagonistas de la misma. A saber, estaban en el reducido armario de triques donde se guardan los bolsos de las diversas herramientas para los deportes del instituto. Y ellos en su afán por terminar rápido se habían metido juntos para dejar los últimos bolsos. ¿Cómo se había atascado la puerta? Ni idea. Dong Joon se convenció de que eran tretas del destino castigándole. Y Young Min optó por dejar de buscar una explicación lógica porque ya le había levantado dolor de cabeza toda esta ridícula situación.

- Podrías marcarle a alguien para que nos saque de aquí… - el gemelo Mokomichi bufó cruzándose de brazos.

- Lo haría con mucho gusto, pero… - el gemelo Park miró su móvil… - Se me ha descargado la batería.

- ¿Es broma cierto? – a Young Min casi le dio un tic nervioso.

- No… - Dong Joon suspiró derrotado.

- ¡Joder! – el gemelo Mokomichi gruñó por lo bajo.

Y Dong Joon se convenció de que este podría ser el peor día de su vida. En cualquier otra ocasión hubiera tenido tiempo para pensar que esta sería una oportunidad irrepetible para averiguar si podría gustarle a Young Min, pero tal como marchaban las cosas desde hace unas horas, probablemente lo golpearía y se enojaría mucho si solo insinuase algo de aquello.

- ¿Por qué no intentas llamar tú a alguien?

- Me dejé el móvil en mi casillero. No suelo cargarlo para evitar distracciones.

- Ah.

Luego un incómodo silencio. Dong Joon suspiró y terminó sentado en el suelo. Seguro de que alguien vendría después, tarde o temprano al menos sus respectivos hermanos tendrían que darse cuenta de su ausencia e irían a buscarles.

- ¿Por qué rechazaste a esa chica antes? Era muy bonita.

- No me interesaba.

Luego otro espeso silencio. Dong Joon obligó a su corazón a dejar de latir como potro desbocado. No podía significar nada especial que Young Min le preguntara al respecto. Por otro lado, el gemelo Mokomichi se reñía mentalmente por ceder a su curiosidad. ¡A él no le interesa la vida sentimental de su primo! ¡Y menos sentir celos! Porque él no había tenido celos al ver a la chica esa acercarse con su ruidoso “oppa” y un escandaloso perfume que picó en su nariz con incomodidad.

- ¡Deja de pensar en eso, Young Min! – se riñó mentalmente, tratando de no mirar siquiera al gemelo Park en el suelo.

Contaron los segundos sin romper el silencio durante largo rato. Minutos que parecieron eternos para los dos. Y nadie llegaba a sacarles de ahí. El silencio y la compañía de quien menos querían consentir en aquellos momentos convirtió el espacio en una tortura para los jóvenes. Young Min casi odió –no en sentido literal, claro está– la herencia de su umma y el cerebro tan intelectual que presto estuvo para analizar la situación y las experiencias anteriores aunadas a esta. Recordó la ocasión aquella en que Dong Joon le pidió una cita. ¡Cita!

- ¿Por qué me pediste una cita la otra vez? – el gemelo Mokomichi se mordió el labio al escucharse a sí mismo. ¡Qué demonios hace su boca soltando así como así sus pensamientos!

- Pues… - el gemelo Park se puso nervioso, carraspeó buscando las palabras adecuadas para responderle pero ninguna palabra brotaba de sus labios. Su cerebro se había hecho un lío.

- Olvídalo. Espero que no tarde alguien en venir, estoy harto de estar aquí encerrado contigo… - bufó con el ceño fruncido, cruzó los brazos e hizo lo posible por ignorar la presencia de su primo, pero hasta la respiración inquieta le llegaba claramente a los oídos.

- ¿Por qué te molesta tanto? ¿Qué tiene de malo estar aquí conmigo?

- Me molestas.

- Dame una razón para molestarte. No es la primera vez que estamos solos.

- Antes era diferente.

- ¿Cómo era diferente?

- ¡Tú no me pedías citas!

- Solo lo hice una vez. Y me quedó claro que no querías una. Así que deja de hacer escándalo cuando ni siquiera he insinuado que tenga intenciones de pedírtelo otra vez.

- ¿Estás tratando de decir que no soy lo suficientemente atractivo como para intentar cortejarme? – a Young Min le latió la venita en la sien de indignación.

Y Dong Joon frunció el ceño por primera vez en largo tiempo por causa de las tonterías que brotan de los labios de Young Min. En un arranque de… no lo sabe, pero por impulso se puso de pie y acorraló al gemelo Mokomichi contra el muro y su cuerpo…

- ¿En serio quieres que te responda? – cuestionó mientras sus alientos se mezclan debido a la cercanía de sus rostros.

Young Min titubeó en responder. Dong Joon se veía muy guapo desde esa corta distancia. La misma que amenazaba peligrosamente con reducirse a nada.



Continuará……



Suspiró y acomodo mis anteojos, estiro los brazos y me cuestiono por un segundo si de verdad está terminado. Asiento en mis adentros y decido que sí, después de todo pensé este capítulo muchas veces antes de decidirme en escribirlo. Me tomó meses enteros retomar el deseo verdadero de continuar este fic, semanas luego de dejar atrás otro proyecto que encontró su final durante los primeros meses de este año.

La sonrisa se ensancha en mis labios y me felicito mentalmente por el avance que he conseguido. Sigo pensando que este año me ha sonreído desde que inició, mis neuronas han estado más que activas, con altibajos naturales que sin embargo no han menguado mis ganas de escribir. Tal vez esto no sea importante para ustedes pero, he decidido terminar todos los proyectos pendientes este año, para poder dedicarme a una gran empresa el entrante, la idea de ver un libro escrito por mí en los estantes de las librerías ha venido cobrando fuerza con bríos en los últimos meses, y mi familia y mejores amigas me apoyan. Tengo tantos motivos por los cuales no dejarme abandonar por la inspiración.

Pero en fin –suspiro y decidido cortar de momento este tema, tomo el último sorbo de café, que ya va más frío que nada, y culmino este breve relato que parece convertirse en un intercambio de sentires entre nosotros a través de la distancia. ¡Bendita tecnología!–, sigue pareciendo una réplica de Kasa Llena, pero al mismo tiempo tiene su propia esencia, y eso me conforta. ¿Les parece igual que a mí?

Vamos a continuar junt@s en el camino, ¿va? Las aventuras aún están por contarse. Esta vez, esto no se quedará por ahí botado por meses. Vamos a confiar en la señora inspiración para no abandonarme~

Ya Ne!! ;D