CAPÍTULO 9. BESO
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Isla Jeju
Jeju Toscana Family Hotel
Dong Joon y
Young Min caminaban por la playa, con los pies descalzos y en silencio, ropa
holgada en color blanco y la brisa del mar agitándoles suavemente el cabello.
El valor que el gemelo Park había reunido seguía ahí, pero parte de su
intención era primero hacer que fuera el otro quien hablara. En cierta forma
pensaba que los consejos de su appa le estaban viniendo bien ahora. Seducir no
es para nada atacar a la persona en
cuestión, a veces basta con esperar, enviar silenciosos mensajes de coquetería
y algo más. Esa parte a Dong Joon no le había quedado muy clara, pero
evidentemente no había preguntado, ya
era suficiente vergonzoso el solo hecho de escuchar a su padre hablándole de
esas cosas como para lanzarse a las preguntas. Si es que los genes de su umma
también le circulaban por las venas.
Young Min
comenzaba a desesperarse. ¿Qué clase de cita
era esta? Si no han cruzado más palabras desde que se encontraron en el living
del hotel, y llevan minutos caminando por la orilla de la playa, si ya hasta
sospecha que se han alejado hasta probablemente un kilómetro del hotel. ¡Y
sigue callado! ¿Qué Dong Joon no piensa decirle algo? Soltar sus cursilerías
raras que le hacen perder los estribos y le dan ganas de golpearlo. El gemelo
Mokomichi bufó haciendo ruido escandalosamente por la nariz, se detuvo y cruzó
los brazos plantándose en la arena con aire altanero.
- ¿Qué mierda de
cita es esta? ¡Me tienes harto con tu silencio, Dong Joon! – Espetó fuera de
sus casillas, se desordenó el cabello y fulminó al otro con la mirada cuando
todo lo que consiguió con su reclamo
fue arrancarle una sonrisa… - ¿Qué es lo que ahora te parece tan divertido,
maldito imbécil?
- Lo único que
me parece gracioso es que me reclames estar callado cuando desde un principio
tú también podrías haber comenzado una charla. A mí me gusta ir a tu lado en
silencio, así puedo escuchar tu ritmo de respiración y el rumor de tus pasos
sobre la arena.
- Romántico
idiota… - le gruñó con las mejillas arreboladas en carmín, desvió la mirada y
relajó la tensión de sus músculos… - No me gusta el silencio.
- ¿De qué
quieres hablar entonces? – Dong Joon reemprendió el camino, notando con agrado
cómo el gemelo Mokomichi le imitaba.
- No sé.
Cualquier cosa que mate el silencio… - Young Min admitió, no sin dar una de sus
significativas miradas al gemelo Park, como exigiéndole que sea él quien inicie
algo… - Fue tu idea lo de tener una cita si ganábamos.
- Fuiste tú quien
me gritó como desquiciado cada vez que fallaba en algo, alegando que teníamos
que ganar ese maldito partido o me
patearías el trasero de aquí a la luna… - Dong Joon alegó con una sonrisita, y
por un momento Young Min creyó ver bastante claro ahí el gesto de Junsu, una
sonrisa entre tierna y pícara.
Young Min se
sonrojó un poco más cuando recordó aquel detalle. ¡Si es que su boca lo
traicionaba en los peores momentos! Y Dong Joon de pronto tenía la memoria muy
agudizada. Lo maldijo mentalmente y apresuró sus pasos como si alejándose fuera
a borrarle el sonrojo de las mejillas o calmar su corazón. Dos razones hay que
mencionar: el hecho de que haya sobreactuado en el partido destrozando su
capacidad deportiva -¡el cuerpo le duele como si hubiera corrido una maratón
completa a mitad de tiempo!-; y, que cuando mencionó lo de la retaguardia de
Dong Joon fue porque él se le había quedado mirando un buen rato, demasiado
embelesado con la prominente curva de los glúteos que sin duda alguna, había
heredado de su umma.
- Fue un buen partido, pero creo que si tuviéramos
entrenamiento ahora mismo, no podría correr ni los 100 metros en menos de 15
segundos.
- ¿A qué hora
vas a besarme?
Dong Joon sintió
sus mejillas calentarse tras aquella directa pregunta. ¿Qué demonios tenía que
ver una cosa con la otra? ¿Por qué se lo recordaba así de pronto? ¿Acaso Young
Min cree realmente que besarlo es solo hacerlo y ya?
- No sé. En algún
momento de nuestra cita… - el gemelo Park sonrió tratando de hacerse el galán.
- La otra vez no
resultó como… como esperaba… - Young Min dijo con cierto titubeo de
nerviosismo.
- ¿Cómo
esperabas que fuera? Porque lo que soy yo, ni siquiera sabía que serías tú
quien me besara, así que me tomaste por sorpresa y luego todo fue… raro.
- ¿Raro como
bueno, o raro como malo? – El gemelo Mokomichi quiso saber, interesado en lo
que sintió el otro durante aquel beso del que ya no volvieron a hablar.
- Solo… raro… -
el gemelo Park encogió los hombros y sintió que en aquel preciso instante el ambiente
se sentía justamente del modo en que acaba de expresarse. Raro.
Luego el
silencio volvió a hacerse del espacio entre los dos. Dong Joon seguía esperando
la respuesta de Young Min, pero parecía que no iba a llegar. Si alguien le
pregunta, Young Min es realmente difícil de comprender. ¡Y joder, eso le
fascina de él! Así que esperó pacientemente a que Young Min dijera algo;
mientras él se sentía más y más animado en besarle. No sentía que tuviese que
esperar por el llamado momento, él
sentía que debía crearse y actuar. O el tiempo de su cita se extinguiría
demasiado pronto.
Ahí, le surgió
una llamarada de emoción que movió su cuerpo casi sin que él pensara en lo que
estaba haciendo. Pero estaba ahí, con una mano rodeando la cintura de Young Min
y la otra sujetando su mentón. Sus rostros muy cerca, sus alientos mezclándose.
El gemelo
Mokomichi inhaló profundamente en acto reflejo por el repentino acercamiento,
sonrojándose al instante mientras piensa que está aquí; con el corazón atorado
en la garganta y la expectante sensación de un beso. El gemelo Park le atrajo
un poco más, pegando sus cuerpos, pero todavía con unos centímetros separando
sus rostros.
Young Min
respiraba alterado, en tanto Dong Joon luchaba por controlarse y no salvar del
todo la distancia restante. Le gustaba esta sensación de emoción y adrenalina,
como una especie de miedo mezclado con insolencia, la entrecruzada línea del
gusto o el desprecio. Young Min tragó hondo, pestañeó lentamente y terminó
apoyando sus manos en el pecho de Dong Joon, anhelando un beso.
……………………………
Antes de la
cena, Yoochun, Junsu, YooHwan y JunHo se encontraron en el bar. Claro que ahí,
solo Yoochun estaba realmente bebiendo.
- ¿Y cómo fue
que terminaron liándose? – Yoochun preguntó, no sin cierto tono receloso;
jugando con su copa de escorpión
antes de darle un trago.
JunHo y YooHwan
voltearon a mirarse, se sonrieron enamorados y el pelinegro hizo un mohín de
disgusto sin acostumbrarse todavía a esos melosos intercambios de cariño. Junsu
rió por lo bajo, si su esposo es así o más meloso. Bien, le gana su lado
pervertido, pero todavía es romántico y cariñoso, sobre todo cuando es el
castaño quien le pide mimos.
- En realidad,
cuñado… - JunHo notó con cierta diversión cómo el pelinegro se tensaba bajo
aquel apelativo… - fue una cosa extraña. Como si simplemente de pronto nos
hubiéramos dado cuenta de que estábamos hechos el uno para el otro.
- Cursi… -
Yoochun gruñó, frunciendo el ceño y haciendo una mueca de disgusto ante las
palabras del gemelo Kim.
- ¿Cuánto hace
que están juntos?
- ¿Cómo novios?
Unos meses. Pero antes nos habíamos estado viendo… ocasionalmente… - YooHwan
respondió, esperando ver a su hermano hacer otro escándalo por eso.
Y entonces
inevitablemente, hemos de reseñar brevemente la curiosa historia de ellos dos.
…Flashback…
Cuando JunHo
escuchó hablar por primera vez del hermano menor de Yoochun fue cuando ya Junsu
tenía algún tiempo con TVXQ, luego del debut y antes de que el éxito del grupo
se fuera por las nubes emprendiendo su largo camino en los escenarios. De
hecho, esa primera vez su gemelo ni siquiera lo había nombrado, solo mencionado
como el hermanito de su amigo. Desde entonces, Junsu parloteaba tanto como
podía acerca de lo que estaban haciendo, de los sueños compartidos y lo
magnífico que era todo cuando estaba con ellos –aunque siempre extrañaba a su
familia, por supuesto–. Después de un tiempo, las pláticas de Junsu se
centraban en Yoochun. Absolutamente todo giraba en torno a él, y a JunHo eso le
parecía entre divertido y algo exagerado. No es que fueran celos de hermano
mayor –aunque fuesen gemelos y la diferencia de edad se viese reducida a
minutos–, pero a veces le ponía de nervios que le despertara de madrugada solo
para contarle algo emocionante, algo que tenía que ver con que Yoochun dormía
demasiado o que a veces se levantaba para escribir. ¡Él quería cantar sus
canciones! Y a JunHo, francamente y en aquellas horas de la noche, no le
interesaba demasiado. Pero claro, como buen hermano mayor, le escuchaba y
seguía la conversación hasta que Junsu la daba por terminada.
Más tarde, quizá
meses o hasta un año, Junsu comenzó a quejarse de que Yoochun era un celoso que
no quería compartir a su hermanito.
- ¿Por qué dices
eso?
- A Yoochun no
le gusta que le diga YooHwannie~ a su hermano… - el menor de los dos había
respondido con uno de sus típicos pucheros de niño mimado.
- ¿Y por qué no
le gusta?
- No lo sé. Solo
dice que no debo llamarle así, que solo a él puedo decirle Yoochunnie~ a que
suena lindo para mi amigo… - terminó de explicar con ojos brillantes.
- Sí, Junsu ah.
Suena bien para tu amigo. Quizá esté celoso de que le comiences a prestar
atención a su hermano menor y no a él, ¿no crees?
- ¿Mh? – el
menor de los gemelos ladeó el rostro con gesto pensativo. Ensanchando luego una
sonrisa y comenzando a parlotear sobre las posibilidades de que en verdad su
amigo estuviera celoso y las razones que podría tener para aquello.
JunHo desde
entonces vio en los ojos de su hermano que sucedería tarde o temprano algo que
para él resultaba más que obvio. Junsu y Yoochun llegarían a ser más que
amigos. Y eso, francamente a él le daban un tanto de celos, no tenía otro
hermano con el que compartir todas sus aventuras y desventuras de la vida. Sin
embargo, pensó también que en algún momento, él encontraría a alguien que le
hiciera sentir así.
Fue varios meses
después –tiempo en el cual Junsu no había cambiado su actitud y durante el cual
había aprendido a molestar a Yoochun valiéndose de YooHwan– cuando finalmente
JunHo y YooHwan coincidieron en una reunión de hermanos. La primera impresión
había sido. Normal. No había existido nada parecido a amor a primera vista, ni siquiera habían conseguido hablar
demasiado porque con la presencia de sus amigos – Yunho, Jaejoong y ChangMin– la
conversación había fluido entre todos como bólido de bromas y cotilleos; desde
entonces los atacados centrales
fueron Yunho y Jaejoong, con esa actitud de padres
del grupo que había hecho rondar rumores por ahí y formado la llamada Couple N° 1 de la agrupación. Luego todo
simplemente pareció ir viento en popa por el sendero que ya se habían trazado
los mayores.
En adelante,
JunHo y YooHwan coincidieron ocasionalmente en conciertos, o reuniones
familiares, charlaban un poco y luego cada uno atendía a sus propios amigos o
familiares. Más tarde, cuando sus respectivos hermanos formalizaron su
relación, encontrarse fue más común. Y entonces las charlas duraban más tiempo
y encontraban ameno compartir el tiempo con el otro. La primera vez que YooHwan
dijo que tenía una novia, JunHo conoció los celos y sintió un sabor amargo que
le subía desde la boca del estómago. La primera vez que el gemelo Kim quiso
averiguar si podría ocasionar algo similar en su amigo, comentó que estaba
enamorado de una muchacha hermosa. YooHwan le había felicitado e incluso
bromeado con querer ser el padrino en la boda.
Por aquellos tiempos
dejaron de hablarse con frecuencia, JunHo rara vez le llamaba y evitaba tanto
como podía las reuniones en las que pudieran coincidir. Se enteraba a través de
Junsu –y este a través de Yoochun– sobre cómo le iba en la vida a YooHwan. Así supo
que aquella novia de la que le habló fue pasado tras casi un año de relación,
pero al tiempo, una segunda novia aguijoneaba el corazón del gemelo, obligándose
entonces a hacer lo único honesto que podía. Olvidarlo.
Y claro, caer en
la misma disyuntiva ilógica de un enamorado. Querer enterrar un sentimiento
que, por principio de cuentas, nunca pide permiso para florecer en el corazón.
Pero JunHo no
había querido deprimirse por descubrir que, tras enamorarse de verdad por
primera vez en su vida, no iba a ser correspondido. El gemelo no intentó por
años ser más que un amigo ocasional para YooHwan. Hasta que, en el cumpleaños
30 del menor Park, se encontraron tomando un tarro de cerveza solos en un bar,
con un YooHwan lacrimoso que embriagado parloteaba algo sobre mala suerte en el
amor y las novias que le han dejado siempre con el mismo pretexto.
- Demasiado
lindo para sostener una relación duradera.
- Esas mujeres
no han sabido apreciarte. No hagas caso, ni te pongas deprimido, encontrarás a
la adecuada… - intentó consolarle, palmeándole la espalda con algo de torpeza.
Salvo Junsu,
JunHo nunca había tenido la necesidad de consolar a ningún otro hombre. Y Junsu
era, relativamente, fácil de consolar. Porque lo conoce y sabe de antemano que
le gustan los abrazos, los mimos y una taza humeante de chocolate con
malvaviscos de sabores flotando en la superficie caliente de la bebida lechosa;
y, dependiendo el motivo de sus tristezas, despotricar contra Yoochun
haciéndole quedar como el insensible ratón tonto que no sabe apreciar los
sentimientos de su hermanito. Todo y que a veces, Junsu exageraba y se hacía
ideas en su cabecita sin consultar realmente lo que había pasado. Yoochun la
más de las veces era inocente. Las más de las veces, no siempre.
- ¿Por qué
sigues soltero? – la pregunta de YooHwan tomó a JunHo desprevenido.
Así que antes de
responderle se tomó casi todo su tarro de amarillenta y amarga cerveza hasta
que sintió unas gotas resbalarle por la comisuras de los labios, perdiéndose
por su cuello hasta manchar las solapas del cuello de su camiseta. Dejó caer el
tarro sobre la superficie de madera de la mesa y se limpió con el dorso de la
mano la humedad que había quedado en su barbilla. JunHo entonces sintió un
calorcillo subirle por la boca del estómago hasta concentrarse en sus mejillas.
Nunca había sentido esto. Y definitivamente nunca, se había quedado tan prendado
de la silueta de un hombre, o considerar sexy el simple acto –otrora grotesco– de
un hombre derramando su cerveza por beber demasiado rápido. YooHwan pestañeó
varias veces para salir de aquella repentina e ilógica ensoñación. Sin embargo,
tal vez por causa del licor que ya le circulaba por las venas, no consiguió
sacarse de la cabeza la palabra sexy
para describir al gemelo Kim.
- Había alguien con quien me hubiera gustado estar. Pero no coincidimos
en sentimientos. Así que prefiero seguir soltero antes que engañar a alguien
con romances que serán siempre pasajeros.
- Eso es… maduro, pero al mismo tiempo suena muy solitario. ¿Qué harás
de tu vida si esa persona no te corresponde alguna vez?
- Continuar solo, supongo… - JunHo torció una sonrisa amarga.
Se sintió vulnerable con el tema de conversación e intentó drenarse los
sesos en busca de cualquier otro que desviara la atención de esto. Sin embargo,
encontraba de alguna forma deferente hacerlo, después de todo es el cumpleaños
30 de YooHwan, la medianoche había quedado atrás hace cerca de una hora, y él
se sentía entre afortunado y maldecido por haber sido el primero en
felicitarle, y el primero en consolarle porque su última novia (casi prometida)
acababa de romper con él.
- No consigo hacerme a la idea de estar solo. Quiero encontrar el amor y
vivir todas esas tonterías de vida que platican mi hermano y el tuyo. Quiero formar
una familia, como ellos, quiero saber que envejeceré a lado del amor de mi
vida, que veré crecer a nuestros hijos, y más tarde a nuestros nietos… -
YooHwan sonrió con un dejo de melancolía, pidió otro tarro de cerveza y se la
empinó de una.
JunHo pensó en Yoochun, algunas cosas parecen rasgo de familia. Tendrían
que serlo, porque como Junsu, él prefiere los consuelos encerrado en el seno
familiar, encerrado en un abrazo de su hermano, y una humeante taza de
chocolate o café descansando en la mesita de noche.
- No desesperes, YooHwannie, la indicada llegará… - el gemelo le sonrió,
notando las mejillas rosadas del menor Park alumbrarse bajo la luz media de las
barras luminosas en el techo.
- Tarde o temprano, la persona que quieres llegará a ti también… - el
menor Park le devolvió la sonrisa, sintiéndose un poco mareado por la cantidad
de cerveza en su sistema.
Una hora más tarde, ambos salían del bar entre trompicones y cantos
trabados por la lengua entumecida y ligera por el alcohol ingerido. JunHo
llevaba un brazo por encima de los hombros de YooHwan, y éste, una mano
rodeando la cintura del gemelo. Reían por nada y se acusaban mutuamente de
ebriedad. Cayeron un par de veces y se levantaron entre risas y burlas, hasta
llegar a una esquina en la que finalmente pidieron un taxi –ninguna había
llevado su auto por suerte, y por supuesto, no tenían ganas de llamar a ninguno
de sus respectivos hermanos–, indicaron cada uno su dirección, pero de camino,
con la mente no menos clara y el vértigo amenazando con hacerles vomitar,
decidieron llegar a casa del mayor, que estaba más cerca.
Ingresaron al departamento de JunHo entre más risas escandalosas y
caminar zigzagueante, ambos dejaron el calzado en la entrada y se internaron
con los pies vestidos únicamente por sus calcetines, se sacaron las chaquetas
lanzándolas por ahí con descuido, y cuando se percataron de las cosas, ya se estaban
devorando los labios. Aquella noche se conocieron al desnudo por primera vez,
se escucharon jadear y gemir o pedir por más, fusionaron sus cuerpos
haciéndolos sudar, transpirando más que alcohol por los poros, un sentimiento
que de nuevo no tenía nada, pero que recién parecía que podría florecer. En las
peores condiciones posibles.
- ¡Mierda! – YooHwan maldijo apenas despertó y fue consciente de su desnudez,
del calor de otro cuerpo acostado a su lado… - ¿Jun…? ¿¡JunHo!?
El menor Park abrió los ojos de par en par, tiró de las sábanas y se
envolvió en ellas saliendo estrepitosamente de la cama, dando de bruces contra el
suelo, desconociendo aquella habitación, pero no al otro habitante del lecho
que acababa de abandonar. Vio al alto hombre estirarse perezosamente sobre el
colchón, despreocupado de su desnudez –ciertamente, inconsciente de ella pues
recién iba despertando–, largar un bostezo y frotarse los ojos, despeinarse
otro poco los lacios mechones castaño oscuro y finalmente enfocarle.
- No… puede… ser… cierto… - dijo lentamente, así, palabra a palabra. Deseando
de pronto que la tierra se abriera y se lo tragara.
- Nos…nosotros… nosotros lo hemos… hecho… - tartamudeó el menor Park,
consciente del dolor incómodo en su espalda baja y la cantidad de marcas
violáceas en la piel del gemelo. Seguro de que si se mira en un espejo, encontrará
las mismas evidencias de su apasionado encuentro.
- YooHwan…
- No creí que… fuera gay…
- YooHwan, no necesariamente…
- No tengo sexo con cualquiera a menos que me guste, incluso si estoy
ebrio, JunHo.
La repentina seriedad del asunto se perfilaba demasiado complicada para
ambos. Esa mañana no se dijeron más nada. Ni se miraron otra vez. YooHwan se
vistió en silencio y con prisas, salió de aquel departamento y no volvió a
intentar siquiera encontrarse con JunHo en adelante hasta varios meses después.
Aquella segunda noche, ambos estaban sobrios… y necesitados del calor y los
besos que se hubieran compartido aunque recordaran todo a medias.
Luego simplemente no había más obstáculo para lo que habían iniciado y
se habían formalizado. En secreto de momento. Hasta que claro, el telón se
abrió en el Toscana.
…Flashback…
……………………………
- Cuando estén
de regreso en casa, mejor que se lo hagan saber a nuestras familias o yo mismo
me encargaré de hacerlo. Y saben bien que soy capaz de ello… - Yoochun sentenció,
sujetó la mano de Junsu y tirando de él le llevo a un lado, comenzando a bailar
una canción que amenizaba un grupo en vivo aquella noche.
JunHo y YooHwan
volvieron a mirarse con confidencia, se sonrieron y acercaron sus rostros
fusionando sus labios en un cálido beso antes de unirse a sus hermanos en el
baile.
……………………………
- ¿Qué haces? –
Young Min cuestionó con un hilo de voz, carraspeando de inmediato en busca de
ella.
Dong Joon sonrió
terminando de apartarse. Sin haberle besado aún.
- Todavía no
quiero besarte.
- ¡Qué! ¡Quién
demonios te crees que eres para venirme con estos tontos jueguitos de seducción!
¡Si vas a besarme hazlo de una buena vez que me tienes hasta los cojones de
nervios!
- Aigoo~ ¿y con
esa boquita comes? – Dong Joon sonrió todavía más divertido con el arranque del
otro.
- ¡Vete a la…!
Y ahí, a medio
camino de un insulto espetado por la frustración de un beso anhelado que no le
era entregado, Young Min encontró resistencia en esos labios suaves y tibios
que presionaron contra los suyos. Una bomba de calor explotó en su vientre, y
una parvada de aves aleteó con bríos ahí dentro, se le calentaron las mejillas
y sus manos se aferraron con fuerza a los hombros de Dong Joon profundizando
lentamente el beso. Había un poco de nervios, una dosis de ansiedad y varios
gramos de romanticismo en aquel beso. Sus bocas se acoplaban maravillosamente y
sus labios sabían tan dulces y adictivos que no querían renunciar a ellos, ni
aún dejar de explorarse mutuamente cuando sus lenguas participaron de aquel
primer beso húmedo.
- Me gustas,
Young Min ah. Demasiado para ser sano…
- Esa no es una
declaración para nada romántica, Dong Joon…
- De todo te
quejas. Además quién dijo que estaba pretendiendo ser romántico.
- Te odio.
- Lo sé.
- Imbécil.
- Hasta la
médula.
Y sí, ellos
habían entendido el verdadero mensaje detrás de aquel intercambio de insultos.
……………………………
Aquel último día
de estancia en el Toscana, adultos y jóvenes se reunieron en la alberca para
realizar una serie de divertidos juegos en el agua. También de algún modo,
SeungMi anduvo constantemente tras de Dong Joon queriendo hacer pareja con él
para cualquier juego en el que tuvieran que participar.
- SeungMi-ssi,
tal vez sea mejor si haces pareja con mi hermanita… - el gemelo Park intentaba
convencerla de dejarle en paz, notando con cierto nerviosismo que Young Min no lucía
nada contento con el hecho de que su prima
se la pase colgándosele del brazo.
- Pero oppa,
quiero emparejarme contigo. Además ya somos pareja de todos modos…
- ¿Eh?
- ¡Recuerda que
cuando crezca más me convertiré en tu esposa, Dong Joon oppa!
El gemelo Park sonrió
nervioso, sin saber cómo sacarle aquella idea a la menor Jung. Quiso decirle
algo, pero nunca encontró las palabras, y pronto terminaron todos arrastrados
en un primer juego. Seis parejas se iban a disputar el título al más fuerte. Yunho
y Yoochun se apuntaron de inmediato –todo por el orgullo seme–, Jaejoong
revoleó los ojos pero siguió a su esposo alberca adentro, y Junsu le recordó a
Yoochun que él no era tan ligero a su edad y con dos embarazos que le dejaron
sí o sí, algunos kilos de más. A la contienda se unieron Kwang Min con Sun Hi,
Hyeran con Masaki –porque Min Woo no debía jugar esta clase de juegos por su
embarazo–, y aunque Dong Joon había querido intentarlo con Young Min, SeungMi
consiguió colarse a su lado, por lo que Young Min participó con Yoon Hyun. ChangMin
tenía la cámara más que lista para grabar las ridiculeces de sus amigos, Hayami
se iba a enfocar en sus hijos, Min Woo sería observador como YooHwan y JunHo; y
finalmente uno de los empleados del hotel la haría de una especie referí
tomando los tiempos y asegurándose de que nadie haga trampa.
El juego era
sencillo, pero de resistencia y fuerza al mismo tiempo. En el centro de la
alberca se dispusieron seis barras individuales de las que cada pareja tenía
que colgarse y aguantar el máximo tiempo posible aferrados a ella. Naturalmente,
el hombre –o seme– era quien se colgaba directamente de la barra, mientras que
su pareja se abrazaba a ellos cual koala a su árbol de eucalipto, con brazos y
piernas bien trenzadas en el vientre y hombros de su pareja.
- Me estoy
arrepintiendo… - Yoochun murmuró al sopesar su peso primero, miró a su esposo y
luego suspiró… - El trasero te pesa demasiado…
- ¡Chun! – Junsu
respingó dándole un golpe en el brazo.
- Me dolió… - murmuró
sobándose en la zona donde fue golpeado… - Igual si perdemos será culpa de tu
trasero… - su esposo le pucheó.
Yunho se frotó
los brazos mientras Jaejoong le masajeaba los hombros y le daba su apoyo entre
promesas más que interesantes. Los gemelos Mokomichi pensaban que no la
pasarían tan mal, SunHi y Yoon Hyun eran esbeltas y delicadas. Masaki pidió amablemente
a Hyeran permiso para cargarle, y ella incluso se sonrojó por su amabilidad. Dong
Joon por otro lado tuvo que lidiar con una inquieta SeungMi que aprovechaba la
situación para tratar de ser buena futura
esposa animándole con exagerado entusiasmo.
Al final padre e
hijo Park fueron los primeros en caer, Yoochun por culpa del trasero de Junsu; y su hijo por que la menor Jung era
simplemente… imposible. Yunho fue el siguiente en caer, aunque duró colgado más
de un minuto, lo que llenó de orgullo a Jaejoong. Masaki se veía bastante
relajado, y de los gemelos Mokomichi, Young Min no conseguía concentrarse
porque sin querer viraba el rostro en busca del imbécil de Dong Joon para ver qué hacía con SeungMi colgada de su
brazo. Así que la batalla final fue entre Kwang Min y Masaki, tras más de tres
minutos colgados de la barra, ambos cedieron casi al mismo tiempo su peso.
- ¡Eres
realmente fuerte, Masaki-kun! – Hyeran halagó emocionada.
- Gracias,
Hyeran-ssi… - el japonés hizo una venia a modo de reciprocidad, y luego volvió
junto a Min Woo, preguntándole si se encontraba bien o si tendría algún antojo.
- Tu fuerza es
impresionante. ¿Haces gimnasio? – el menor Mokomichi le preguntó curioso, con
las mejillas ligeramente ruborizadas y una expresión de admiración en el
rostro.
- Sí. Cuatro veces
a la semana, antes de volver a casa de la Universidad… - Siguieron conversando.
- SeungMi-ssi,
escucha… - el gemelo Park sujetó a su prima
por los hombros y le miró directo a los ojos… - es un poco… ehm… incómodo
que vayas diciendo eso a cada momento.
- Pero es
verdad, seré tu esposa cuando sea más grande…
- Pero yo no
quiero casarme contigo…
- ¿Por qué no?
No tendré 13 años siempre, oppa…
- Sé que no. Y sé
que vas a ser una señorita muy guapa cuando tengas la edad de mis hermanas,
digo eres hija de Jaejoong hyung, obvio que seas bella como Hyeran lo es. Pero,
la cosa es… es que a mí no me gustan las chicas. Me gusta alguien ya, y aunque
no es mi novio todavía, espero lo seamos pronto. Así que, ¿podrías dejar de
insistir en eso de casarnos, SeungMi-ssi?
- ¡No quiero! –
la menor Jung frunció los labios en señal de disgusto y luego le dejó solo,
dando pasos grandes hasta donde estaban los demás.
Jaejoong y Junsu
alcanzaron a enterarse de lo sucedido, intercambiaron una mirada y aquel gesto
fue suficiente para saber lo que cada uno tendría que hacer, sobre todo
Jaejoong con su princesa.
Los juegos
continuaron luego en otra ronda divertida de luchas en el agua, waterpolo y
saltos desde el trampolín. El viaje en Jeju estaba por terminar, y lo hacía muy
bien.
- ¿Cómo que se
quedan? – Yoochun achicó la mirada con recelo, mientras todos los demás avanzaban
por el lobby rumbo a sus respectivos transportes.
- Tenemos reservada
toda la semana, hyung. Pero cuando volvamos hablaremos con nuestras familias, ¿bien?...
– YooHwan le sonrió a su hermano con nobleza, esperando decirle de aquella
manera que le estaba agradecido por cuidar tanto de él; pero que era ya lo
bastante adulto para saber que esta relación era la que realmente le hacía feliz.
- Ok. ¡Cuídale
bien, cuñado! – bufó todavía celoso, pero consciente de que sus dramas no
harían cambiar de opinión a ninguno de los dos hombres.
- Por supuesto,
así de bien como tú has cuidado de mi hermano, cuñado… - JunHo sonrió al
pelinegro, viendo la forma en que el ceño de su cuñado se fruncía un poco más.
- ¡Fuck! – Yoochun
maldijo por lo bajo. Porque si ha entendido bien, su hermanito será pervertido
toda una semana en garras del embustero buen mozo de JunHo.
- ¡Chunnie! Déjales
ya en paz y vamos, no es que tengan 20 años para que intentes evitar que hagan
ciertas cosas que tú me has estado haciendo durante años… - el delfín rió escandalosamente,
arrastrando a su esposo cuando éste comenzó a lanzar advertencias a diestra y
siniestra acerca de lo que le pasará a JunHo por muy su cuñado que sea si se
atreve a mancillar demasiado la honra
de su hermanito.
JunHo y YooHwan
agitaron sus manos hasta que vieron a Yoochun sentado de lado del copiloto con
el cinturón de seguridad bien puesto y todavía lanzando su repertorio de
advertencias en tanto Junsu arrancaba y sus hijos se hacían chicos en los
asientos traseros para no enterarse más de la actitud de su padre.
*****
Días después,
todos recibieron una invitación de parte de la Directora de la revista SCANDAL
para su próximo evento con razón de su décimo noveno aniversario en el mercado
como una de las revistas más importantes a nivel internacional. Los chicos
pensaron en la cantidad de noticias de las que seguramente se enterarían pues
como se les hizo saber, también habría una impresionante cantidad más de
invitados contemporáneos.
- ¿Segura que
podrás lidiar con esto? Ambas sabemos cómo se ponen las cosas cuando Qi,
Heechul y Jo Kwon coinciden, sobre todo si los chicos están ahí… - la co-presidenta de la revista hablaba con su
amiga, la famosa reportera estrella
que estaba organizando todo para que resultara perfecto.
- No es como si
todavía tuviéramos que preocuparnos porque Heechul moleste a Jaejoong, ambos
están casados y más que felices con sus respectivos.
- Bueno, pero
luego no digas que no te advertí que la fiesta se convertiría en un zoológico… - ambas rieron divertidas. Imaginan
lo divertido que resultará todo.
Continuará……
Con un ligero
retraso después de un bache inspiracional el fin de semana, acá con un capítulo
más de esta historia que todavía no sé qué tanto habrá de alargarse.
¿Seguimos en
el mismo barco? ¿Alguien subió recientemente? ¿Otras prefirieron bajarse en algún
puerto detrás?
Agradeciendo de
antemano sus comentarios y palabras de comprensión y/o aliento, me despido con
un gran abrazo para tod@s ustedes ;D
Ya Ne!!







