ISTAR
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Doceava Parte
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Reino
de Hyarmen
Russandol es una
explanada circular en cuyo suelo adoquinado se pintaron los emblemas de la Familia Real alrededor de toda la
superficie; y en cada emblema -doce en total–, un mago con su respectivo grifo,
todas y cada una de aquellas criaturas de diferente edad y tamaño, pero de
igual manera tan poderosos que eran respetados por el pueblo. Al fondo de
Russandol el fin de la montaña y un abismo considerable al que cualquiera le
tiene respeto. Así pues, al borde del despeñadero se levanta una estructura de
granito en la que se enclava una daga sencilla con una empuñadora libre de
piedras preciosas pero un grabado que es parte de la historia de Hyarmen.
Anarion nu luini tellumar, Elen síla lúmenn' omentielvo.
El Príncipe de Númen sintió gran curiosidad por
conocer el verdadero significado de aquellas palabras en idioma antiguo, pero
no era el momento para aquellos cuestionamientos, antes tenía que enfrentarse a
duelo. Así no quisiera.
- ¿Por qué tu madre lanzaría un reto para mí,
Príncipe ChangMin?
- No lo sé… - La sinceridad en palabras del Príncipe
Shim resultaron suficientes para el de tez tostada.
La Reina SooMin luce como toda una guerrera amazona.
Lleva brazaletes de bronce y plata en ambas muñecas hasta la mitad del
antebrazo. Un peto de piel que cubre su pecho pero deja al descubierto su plano
y marcado vientre, nada exagerado pues permanece la delicadeza de la figura
femenina. En la cadera hay una prenda color vino tinto, una especie de faldilla
que cubre lo suficiente pero todavía deja ver el poder de las largas y níveas
piernas. Y al final, calzado ligero conformado básicamente por tiras de piel
entrecruzadas a lo largo de ellas hasta la rodilla. La reina era claramente una
mujer hermosa pero peligrosa también. Una guerrera amazona de verdad.
- Su debilidad está a la derecha, el movimiento de
su muñeca es unos instantes menos rápido y preciso que en su izquierda.
El Príncipe ChangMin dijo a su congénere antes de
apartarse y dejar espacio para la pelea. El Príncipe Mokomichi buscó la mirada
del otro pero sus ojos no volvieron a encontrarse, Linta estaba ahí también;
del mismo modo que el Rey y las dos princesas con sus respectivos grifos. La
espada curveada de la Reina SooMin resplandeció bajo los rayos crepusculares,
el de tez tostada sujetó la empuñadora de su sable sin demasiado ánimo para
confrontar este duelo.
- ¡Habitantes de Rúnya, bienvenidos al cuarto día de
nuestra ceremonia de Umbardacil! ¡Russandol se complace en recibir a su
guerrera más poderosa, a su reina más sabia! ¡La hermosa Reina SooMin!
Una especie de presentador
gritó con entusiasmo provocando exclamaciones de júbilo por parte de todos los
presentes en la explanada. La Reina inclinó ligeramente la cabeza a modo de
saludo y agradecimiento por el apoyo de su pueblo. Levantó su espada y la gente
enardeció. El de tez tostada se preguntó cuántas veces habrá estado la Reina en
Russandol, a cuántos hombres y mujeres habrá ganado.
- ¡Russandol da también la bienvenido a un invitado
especial! ¡El Príncipe Mokomichi Hayami del glorioso reino de Númen!
La algarabía varió considerablemente, pero aún así
Russandol se había llenado de exclamaciones y rostros animados por el duelo.
- No contemplé
tener que batirme a duelo con la Reina. ¿Qué fue lo que motivó que lanzara este
reto contra mí?
Los pensamientos del de tez tostada no encontraron
un destinatario, pese a que su poder mágico era alto, él no ha establecido
contacto con la mente de su unicornio. En la escuadra restante en torno a
Russandol, la gente se agitaba ansiosa por ver el inicio del duelo, mientras
que los otros príncipes de Anarion observaban con recato.
- No soy partidario de la lucha, sobre todo si no
tienen una razón de ser.
- Sin embargo hermano, desconocemos los motivos por
los que la Reina SooMin retó al Príncipe Hayami.
Los Príncipes Kim intercambiaron una mirada, luego
volvieron su atención a la explanada. Los Príncipes de Formen y Rómen mantenían
la prudencia del silencio; Nenya permanecía sentado sobre sus patas traseras a
lado de su receptor, fiel al
peliazabache como cada vez, atento también a los movimientos de los duelistas. En
tanto que Nënar y Narvinyë se habían quedado más allá de Russandol con sus
mentes conectadas a sus respectivos receptores,
viendo a través de ellos, atentos por si algo extraño sucedía.
- Muéstreme su valía, Príncipe de Númen… - La reina
SooMin sonrió apenas perceptiblemente y luego se lanzó al ataque. El de tez
tostada no tuvo más remedio que defenderse.
--//--
Reino de Rúnya
Caminando con los pies descalzos, la Reina cantaba a
la humedad bajo sus plantas, el verde pasto y las flores pequeñas ataviando los
jardines le ofrecía sensaciones de la naturaleza que menguaban la nostalgia por
la ausencia de sus hijos. Cada minuto sin embargo se sentía más corto que el
anterior. Se acercaban a su muerte.
- Mi amada esposa… - La voz del Rey le llama incluso
si él se encuentra más allá sentado bajo la sombra de uno de los floreados
cerezos.
- Mi amado esposo… - Ella corresponde en un gesto
dulce, deslizando sus gráciles pasos hasta llegar a su lado. El vestido de seda
ondea movido por el suave viento, los largos cabellos le acompañan en una
singular danza que resalta la belleza de la reina.
- Lo sientes, ¿verdad?
- Sí. Tan cerca que podría tocarlo.
- Mi amada Nísinen, no podemos irnos sin dejarle a nuestros hijos su verdadero legado.
- Creí que podríamos esperar a su regreso, mi amado
Telemnar… - La reina susurra con aflicción, negando la voluntad de sus grandes
ojos al esconderlos bajo sus párpados.
- Aunque Anarion nos ha concedido los favores de su
propia magia, no habrá tiempo suficiente para esperar a su regreso. Es nuestro
deber y mi voluntad, prepararles su legado. Para cuando nosotros hayamos podido
entregar hasta el último respiro de nuestra magia, ellos habrán seguido su
camino hacia el segundo reino, abandonarán las tierras de Hyarmen para
internarse en las confusas fronteras de Rómen.
- Entonces he de bailar una última vez para ti, mi
amado Telemnar.
- Será el último placer que viva en Anarion, mi
amada Nísinen.
--//--
Reino
de Hyarmen
Luego de haber
perdido contra la Reina SooMin, el Príncipe Mokomichi estaba en sus aposentos
siendo atendido de las heridas por el Príncipe Shim.
- ¿No escuchaste
mis palabras?
- No iba a tomar
ventaja de ellas contra su madre, Príncipe ChangMin. Eso hubiera sido
deshonroso.
El Príncipe morocho
evadió la mirada de su congénere, terminando entonces de atar la tela de gasa
en el brazo del de tez tostada. Linta permanecía afuera sobre el techado, con
su mente conectada a la de su receptor
sin permitirle romper el vínculo. La Reina SooMin había parecido
particularmente molesta con el final de su duelo contra el Príncipe Mokomichi,
gesto que tenía al Grifo inquieto y preocupado. La Reina había abandonado
Russandol con heridas mínimas pero el ceño fruncido, como si algo en el de tez
morena hubiera agitado sus pensamientos.
- Quítatela, sé
que tienes heridas en el vientre y la espalda, déjame curarlas también.
- Por qué estás
aquí, Príncipe ChangMin.
- Porque tus
heridas podrían infectarse si no las atiendo.
- Sé curarme
solo, incluso si son heridas en la espalda. O podrías haber enviado a alguien
para hacerlo. Pero en cambio estás tú aquí. No puedo entender el por qué,
Príncipe ChangMin.
Los ojos del
príncipe morocho se clavaron en los de su interlocutor, un sonrojo brillante se
apoderó de sus mejillas imposibilitándole el habla. Estaba nervioso. Por
primera vez en su vida realmente nervioso.
- Cuida las palabras que puedan salir de tu
boca, mi estimado ChangMin.
- Linta. Siento que mi corazón se divide cuanto más
convivo con él. Me siento diferente a su lado, pero sé que una razón por la que
mi madre pudo retarle en Russandol es justamente esta. Lo que siento por él es
tan fuerte que agita mi pecho. Pero no puedo fallarle a mis padres, no puedo
fallarle a mi pueblo.
- Paciencia, mi estimado ChangMin. Paciencia.
- No obtendré una
respuesta, ¿verdad?
- Sus heridas
sanarán pronto, le he untado un ungüento especial con hierbas medicinales de
las montañas al sur. Linta suele traerlas para mí, antes, cuando era más joven
y aún tenía que practicar con mi maestro de armas, solía terminar con heridas. Linta
no ha perdido la costumbre de traerlas, además tienen un aroma agradable.
El Príncipe de
Númen no objetó la evasión de su congénere. Permaneció quieto dejándole untar
aquel ungüento en las heridas de su espalda y vientre. Ambos suspiraron
inquietos cuando las manos del Príncipe Shim rodearon su cintura al colocarle
el vendaje con las tiras de gasa. Pero ninguno dijo nada. Las palabras
parecieron atorarse en sus gargantas, perder el sentido en sus mentes.
………………………………
- ¿Por qué estás
tan enfada, mi reina?
- He visto tal
sinceridad en sus ojos que no puedo evitarlo. Mi Rey, cuánto vale la felicidad
de tu hijo. Cuán dispuesto estarías a renunciarle si su corazón elige un camino
para el que no le hemos preparado.
- ChangMin es
nuestro primogénito. Heredero al trono. Él no puede darnos la espalda, SooMin. Si
debo impedir que se vaya con esos príncipes…
- ¡No!... –
Objetó la reina… - Si le retienes ahora, más lejos estará su corazón de
Hyarmen.
- ¿Qué debiera
hacer entonces? Si lo que has dicho se cumple, de qué otra manera podré evitar
que mi hijo abandone su deber con el reino.
El guardia llamó
a la puerta, y cuando el Rey permitió que accediera al recinto, les notificó
que el Príncipe de Númen había solicitado una audiencia con ellos.
- Le veremos en
el Salón de la Reina, en treinta minutos.
………………………………
- Narvinyë~ no seas quejumbroso. Deja a
Yoochun-Inya montar en tu lomo. Quiero conocer Hyarmen desde el cielo… - El
menor de los Kim insistía, con esos gestos tiernos que adornaban su rostro y
dejaban al peliazabache con un suspiro constante en los labios.
- Pues entonces ven y sube. ¡Pero no cargaré el peso de
tu principito! – El dragón rojo bramó en pensamientos,
rugiendo perceptiblemente.
El peliazabache,
que estaba a unos metros del claro en el bosque, permanecía en silencio sin
estar seguro de lo que su amado y el dragón rojo conversaban en pensamientos.
- No es que no le agrades, es más como si
tuviera miedo de que debilites las voluntades de Junsu-Enta.
- ¿Por qué dices eso, Nenya?
- Porque es algo que incluso yo llegué a sentir cuando
conociste a Junsu-Enta. Pero para Narvinyë es más complicado que para mí. Aparte
de que él no ha madurado como Nënar, el vínculo que comparte con Junsu-Enta es
diferente al que compartimos tú y yo.
- ¿Diferente? Pensé que el vínculo entre una criatura
mágica y su receptor era el mismo en todos los que llegaban a compartirlo.
- Excepto cuando se habla de dragones.
- Cuéntamelo…
- No estás listo para saberlo. Y no es mi deber
contártelo, Yoochun-Enta.
………………………………
El primogénito
Kim sintió una punzada en el bajo vientre cuando el Príncipe Jung golpeó su
interior con precisión. Los desnudos cuerpos de ambos príncipes se agitaba en
una danza candente sobre las sábanas del lecho en habitaciones del Príncipe
Jaejoong. Era imposible negarse a aquel contacto, a aquellas caricias, a los
besos y el calor. Como el presentimiento de que deben aprovechar ahora cada
minuto juntos, porque cuando lleguen a Formen, las cosas serán completamente
diferentes.
Un gemido
abandonó los labios de ambos príncipes en el momento en que sus cuerpos
alcanzaron el éxtasis y se sacudieron en temblores placenteros de pasión y
amor.
- En éste preciso
momento no quisiera seguir nuestro camino, Jaejoong-Vanima.
- Pero debemos
hacerlo, Yunho-Melko.
- Temo lo que nos
espera en Formen, no puedo sacarme esa idea de la cabeza por más que intento
disfrutar de estos instantes contigo. Sé que Hyarmen no es un reino de guerra
pese a que su gente disfruta de la batalla. Sé que en Númen la gente debe ser
como el Príncipe Hayami, y tampoco me preocupan sus deseos de guerra. Rómen por
su parte…
- No podemos
interrumpir este viaje, Yunho-Melko. No deben ser nuestros deseos personales
los que nos guíen en este camino.
-
Jaejoong-Vanima, ya es un deseo personal desde que pisé Rúnya hace meses. Fui allí
por una necesidad que me arrastraba a tu reino. Sabía que iba a encontrarte ahí
aunque no te conocía más que en mis sueños. Pero en Formen…
- Shh… No pienses
en eso ahora, Yunho-Melko… - El primogénito Kim le besó. Calmado, húmedo,
delicado.
En esos instantes
en que los labios del pelioscuro permanecieron unidos a los del moreno, él
realmente pudo vaciar su mente de pensamientos oscuros, de temores y cualquier
indicio de mala fortuna.
………………………………
Reunidos en el
Salón de la Reina, el Príncipe de Númen fue recibido por los reyes.
- ¿Quieres saber
por qué te reté? ¿Solo eso?
- Pienso, mi Lady,
que si responde a mi inquietud, podría comprender muchas otras cosas.
- Puse a prueba
su voluntad. Y vi en usted lo que noté desde que lo conocí, Príncipe Hayami. Admito
que no me gusta la confianza que veo establece con mi hijo.
- ¿En qué le
ofende nuestra amistad, mi Lady?
- No es solo
amistad. Y no es propiamente una ofensa. Pero lo que usted siente por nuestro
hijo puede cambiar muchas cosas en nuestro reino.
- Sepa, Príncipe
Hayami, que ChangMin ya fue comprometido a una honorable princesa… - Intervino
el Rey… - No vamos a impedir que nuestro hijo continúe en este viaje, pero le
pedimos ahora que aleje los pensamientos románticos de nuestro hijo. Hyarmen no
puede perder a su heredero, el Trono del Reino aguarda por él.
- Comprométalo conmigo
entonces, Mi Lord.
Continuará……
GLOSARIO
Anarion nu luini tellumar. Bajo la Cúpula azul de
Anarion.
Elen síla lúmenn' omentielvo. Una estrella
brilla en la hora de nuestro
encuentro.
Aquí cumpliendo mi parte ;D con suerte tuve tiempo de escribir el día de hoy, así que les dejo lo siguiente. 20 comentarios no son tan difíciles, ¿no? Espero que lo tengan en mente ;D
Ya Ne!!







