ISTAR
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Vigésima-Primera Parte
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Reino de Númen
El Príncipe Mokomichi ensució la nariz de
su prometido con un poco de la mezcla, el morocho frunció el ceño y trató de
limpiarse con el antebrazo pero fue imposible y terminó por ensuciarse un poco
más. Resopló frustrado y antes de poder limpiar sus manos con el trozo de tela
dispuesta a un lado en la mesa de madera, el de tez tostada volvió a
ensuciarle, esa vez en una mejilla.
- ¡Hayami-Indil! – Gruñó con indignación,
mientras su prometido solo reía divertido… - No me causa gracia…
- Pues debería. Y en lugar de refunfuñar y
querer limpiarte, podrías intentar ensuciarme también.
- Pero la Reina Nanami…
- A mi madre no le molestará en absoluto si
jugamos un poco. Además yo quiero, y siempre podemos hacer la mezcla otra vez
para preparar pan para el banquete… - El de tez tostada sonrió juguetón (aunque
el morocho tenía la impresión de que había algo más en su brillante mirada) y
en segundos consiguió la participación de su prometido en aquel divertido juego
de ensuciarse.
Las otras personas en las cocinas les
vieron hacer aquel desorden pero nadie dijo nada, algunos reían por las
ocurrencias de su Príncipe, y otros simplemente procuraban mantener la
concentración en sus propias tareas pues tienen que preparar los alimentos para
el banquete de esa noche.
Después de algunos minutos ambos príncipes
quedaron completamente sucios, llenos de mezcla, harina y cereales pegados en
sus cabellos. Reían contentos y mucho más relajados, el paso por Rómen había
acumulado tensiones en todos –si bien el Príncipe Yoochun había sido el más
afectado–. El Príncipe Shim miró alrededor, el resto de las personas en las
cocinas seguía a lo suyo, sin preocuparse por el desorden que el Príncipe
primogénito y él habían ocasionado.
- Tu pueblo me agrada, Hayami-Indil.
- Tú le agradas a mi pueblo,
ChangMin-Írima. Incluso si no se ha hecho público nuestro compromiso, el pueblo
sabe que eres mi prometido y han recibido con buenaventura la futura unión de
nuestros reinos. Esta noche habrá fiesta, por la presencia de los Príncipes de
Anarion y por nuestro compromiso.
- ¿Esta noche? Pensé que el banquete sería
solo por nuestra llegada a Númen.
- Mi padre ha insistido en que no debemos
retrasar el anuncio, ¿tú no quieres?
El Príncipe Shim pensó que era ilógico
preguntar ahora cuando claramente ya el Rey lo había decidido y su prometido
acordado. Pensó que debería preocuparse más por vigilar las cosas que se hacen
en Númen sin consultarle, no quería ni imaginar que su derecho a tener voz y
voto se viera perjudicado. Él sigue siendo el Príncipe de Hyarmen, Trono que
heredará en el futuro y que aún quiere regir con independencia. Su matrimonio
es una alianza, no una imposición.
- ChangMin-Írima… - El de tez tostada le
llama con cautela, la expresión de su prometido lucía más bien seria.
- Cuando hagamos la ceremonia de matrimonio
y me convierta en tu esposo, cuando quiera que eso suceda, ¿vendrás a
preguntarme sobre todo aquello que me involucre antes que decidir sin mí?
La connotación de sus palabras hizo
comprender rápidamente al Príncipe Mokomichi la falta que había cometido.
- Por supuesto que sí. Discúlpame por
haberte quitado la oportunidad de opinar antes acerca del anuncio de ésta
noche, no ha sido mi intención ofenderte ni faltarte al respeto como Príncipe
de Hyarmen. Tus pensamientos, sentires y opiniones son importantes para mí, y
sé que también para mis padres. Hemos querido compartir con el pueblo la
algarabía de nuestros corazones. Comprometerme contigo me hace muy feliz, y a
mis padres mi felicidad les contagia de contentura.
El Príncipe Shim sintió cualquier rasgo de
molestia desvanecerse por las palabras expresadas por su prometido. Sus
mejillas volvieron a tomar un tono rosado y su corazón palpitó emocionado.
Entre el azoramiento y las implicaciones del lugar que tomará apenas sea
oficial en Númen su compromiso con el primogénito, el Príncipe de Hyarmen solo
encontró fuerza para asentir en consentimiento y retribución a sus disculpas.
El de tez tostada sonrió agradecido y sacudiendo un poco sus ropas murmuró algo
acerca de asearse y prepararse para el banquete.
Para cuando el Príncipe Shim volvió a tener
plena conciencia de todos sus sentidos –parecía como si cada día junto al
Príncipe Mokomichi aturdiera más fácilmente su capacidad para razonar y
conectar sus pensamientos con la realidad–, ya se encontraba con su prometido
en lo que supuso son las duchas de la realeza. La espaciosa sala contaba con
una bañera de piedra de aproximadamente cuatro por cuatro metros y una
profundidad no superior al metro. Dentro y alrededor hay una especie de
saliente donde poder sentarse, las tibias aguas están perfumadas con pétalos de
diversas rosas. Hay antorchas encendidas en las cuatro esquinas del salón, y
algunas velas distribuidas por el resto de la sala.
- ChangMin-Írima…
- ¿Quieres que nos duchemos juntos,
Hayami-Indil?
- No tenemos que estar cerca si no lo
quieres.
- Tengo la impresión de que es lo que has
estado buscando, Hayami-Indil. El trato que has tenido conmigo toda la mañana,
la forma en que me miras, los roces de nuestros cuerpos cuando desordenamos en
las cocinas.
- ¿Te es incómodo?
- No lo sé. Siento como si no supiera dónde
estoy, qué hay debajo de mis pies por cada paso que doy contigo.
- ChangMin-Írima, estás conmigo. Es mi mano
la que sujeta la tuya, y caminamos juntos aunque el sendero pueda ser incierto
o desconocido para ambos. Te había expresado antes mis deseos, no han cambiado,
pero lo que siento por ti sí, se hace cada día más fuerte.
- No
me gusta avergonzarme tanto delante de de ti, Hayami-Indil… - El morocho
pensó. Tan fuerte y sincero que su pensamiento se desplegó hasta tocar la
consciencia de su grifo.
- Avergonzarte
por sus sinceridades no debería inquietarte. Que te ame de la forma en la que
lo hace es un halago inigualable para ustedes los humanos, ChangMin… -
Linta vació sus pensamientos en su receptor,
haciéndole ver en sus propias memorias el trato único que ha recibido del
Príncipe de Númen, lo que pudo ser si hubiese aceptado conformarse con un
compromiso arreglado con cualquier princesa.
El morocho clavó su mirada en su prometido,
sus mejillas seguían ruborizadas y su corazón tomaba un ritmo cada segundo más
apresurado. Inquieto por los pensamientos que comenzaron a llenar su mente,
desconectó su conciencia de Linta avergonzado por el contenido de éstos. El
rostro de su prometido también tenía rastros de rubor por las mejillas e
incluso las orejas, el Príncipe de Hyarmen pensó que su prometido lucía tierno
de aquella manera, pero al mismo tiempo había sensualidad en su forma de
mirarle, de acercarse lentamente como si con cada paso le pidiera permiso para
continuar. No mucho después estaban uno frente al otro con sus miradas
prendadas, una mano del de tez tostada subió al mentón del morocho
sujetándoselo con suavidad, alternando su mirada entre los ojos y los labios de
su prometido.
- ¿Aún quieres casarte conmigo,
ChangMin-Írima?
- No he dudado de ello, solo he temido que
no tomaras en cuenta mi opinión, Hayami-Indil, pero el sentimiento que siento
por ti es cada vez más fuerte. Hace temblar mi corazón y me siento tan
avergonzado que ahora mismo solo quisiera que me besaras haciéndome callar.
El Príncipe de Númen sonrió antes de
inclinarse reduciendo la distancia entre sus rostros. El beso comenzó suave y
lento, lleno de emociones que aún no expresan con palabras pero que están allí
en el fondo de sus almas. Quizá fue al tercer o cuarto de aquellos besos, o tal
vez alguno más; cuando el Príncipe Shim susurró aquellas palabras en oído de su
prometido.
- Soy yo quien desea ahora hacer el amor
contigo, Hayami-Indil.
Y desatar esa pasión reprimida por largos
días desde que se conocieron en Rúnya, cuando el Príncipe de Hyarmen se duchaba
en un río y los ojos del Príncipe de Númen fueron cautivados por la desnudez de
su cuerpo aunque no le hubiese visto más allá de su torso. Compartieron sí la
ducha tibia, enredaron sus cuerpos entre caricias hasta entonces desconocidas
sobre sus pieles minuto a minuto más febriles, dejaron libres suspiros y jadeos
que expresaban la placentera sensación de sentirse íntimamente.
Cuando el morocho gimió por primera vez, su
rostro se encendió de rubor. Le había tomado por sorpresa la escurridiza mano
de su prometido alcanzando su hombría por debajo del agua, estimulándole de
modo tal que cada pinchazo en el bajo vientre le hacía sentir más acalorado. Intentó
imitar los movimientos del de tez tostada, pero pronto se sintió dominado por
el placer que él le provocaba y se dejó hacer. El dolor de la unión pronto
quedó en el olvido y sus gemidos acompañando a los del Príncipe de Númen
inundaron el eco de las duchas.
Cumplieron el deseo mutuo de pertenecerse.
……………………………
- Pareces
inquieta, Isilmë.
- Es
porque mi amado Hayami ha entregado más que su corazón al joven ChangMin, y no
he tenido tiempo de romper momentáneamente el vínculo hasta que ha sido muy
tarde, Nenya.
El lobo se permitió reír en pensamientos. La
hermosa unicornio estaba avergonzada, y si tuviese la capacidad de ruborizarse
del mismo modo que lo hacen los humanos, el rubor resaltaría considerablemente
en su blanco pelaje.
Isilmë relinchó en un gesto que el lobo
podría interpretar como un puchero, ese tipo de mohines que el Príncipe Junsu
ha dejado salir cada que quiere algo que no le es concedido, o como cuando
Narvinyë se negaba en dejar al Príncipe Yoochun montar en sus lomos.
- ¡No
es gracioso, Nenya! – Espetó avergonzada la criatura, golpeteando con sus
cascos el suelo.
- Lo
siento, Isilmë. Es que con Yoochun-Enta como mi receptor te sorprenderías de
las cosas que he visto que hace con Junsu-Enta.
- ¡No
quiero saber!
……………………………
La hora del banquete llegó. Los Reyes de
Númen estaban visiblemente satisfechos con la participación de su pueblo en
esta celebración especial. Los Príncipes de Anarion fueron recibidos con baile
y canto, y los numerosos platillos fueron dispuestos en largos y espaciosos
tablones acomodados alrededor de la explanada que se encuentra en los Jardines
junto al Laberinto de Númen. Luces de colores eran disparadas al cielo
iluminando el firmamento con un encantador juego de estrellas finitas. Nënar,
Narvinyë y Linta observaban desde unas colinas detrás de los límites de estos
Jardines.
- El
fuego que emana de mi garganta es más impresionante.
- No
seas presuntuoso, Narvinyë.
- No
es simple presunción, Nënar. Realmente el fuego de nuestro interior es más
impresionante.
- A
los humanos el fuego que escupimos les da más miedo que fascinación.
- El
escuálido principito demostró bastante valentía cuando lo sometí a mi prueba de
fuego… -
El dragón rojo inflamó el pecho con aire orgulloso, no solo porque su prueba
era difícil de superar para cualquier otro humano, sino porque de pronto tenía
una simpatía por el peliazabache que no admitiría más allá de sus pensamientos
reservados en sus más profundas capas de consciencia.
- Ese
escuálido principito es especial y lo sabes. Así que solo deja de criticar las
festividades y vamos a disfrutar como nuestros amigos… - El dragón azul
cromado se acomodó mejor en su sitio, echado pero con el cuello erguido y la
vista agudizada para no perder detalle de los acontecimientos metros más allá
en los jardines del Palacio.
Narvinyë rugió con vanidad pero Nënar le
ignoró. Linta simplemente observaba, complacido con la felicidad que le invade
los pensamientos, su receptor ha
encontrado su verdadera alma complementaria, aunque él siempre seguirá siendo
también parte de su vida, de sus pensamientos.
……………………………
La fiesta estaba llena de alegrías, risas,
cantos y bailes. Los Príncipes de Rúnya se sentían particularmente contentos
por ello. Pronto ambos se unieron a las danzas tomando la atención del pueblo
de Númen. El canto de ambos príncipes era más sublime que ninguno que hubiesen
escuchado antes, la dulzura de sus voces con la alegría de la danza que fluía a
través de sus cuerpos no tenía comparación alguna con todo lo que Númen hubiese
presenciado en toda su existencia como reino. De pronto eran los Príncipes Kim
los que se encontraban al centro, ejecutando movimientos gráciles y alegres,
los instrumentos musicales les acompañaban en el canto y la danza tanto como
podían, pero los músicos sabían que el verdadero espectáculo venía solamente de
ellos dos.
- Qué
haré contigo, Yoochun-Enta. Nada más de ver a Junsu-Enta ya hay pensamientos acalorados
en tu mente.
- ¡Nenya
sal de mi cabeza cuando piense de esa manera!
……………………………
- Suficiente
tiempo has conseguido eludir mi telepatía, Yunho-Encantador de fénix.
- Rámainen… -
Los pensamientos del Príncipe Jung se agitaron dubitativos y ansiosos.
Su mirada café buscó casi instintivamente
los profundos ojos negros del Primogénito de Rúnya.
-
Recuerda esto, Yunho-Encantador de Fénix. A tu regreso a Formen, deberás
entregarle a tu Rey el presente por el que te dejó partir en ese viaje que ha
consumido más tiempo del que nadie hubiese esperado. El corazón del hombre al
que amas, a cambio de la integridad de todos los que quieres.
Continuará……







