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domingo, 3 de noviembre de 2013

Oneshot YooSu LIKE A DREAM (Parte 1)



Hace tiempo que no encontraba ningún hueco para sentarme a escribir, y en los pocos espacios que encontraba nunca faltaba qué me distraía. Pero bueno, luego de una semana de locos finalmente estoy instalada en mi casa, comenzando una nueva etapa de mi vida y esperando seguir cosechando logros. Estoy a nada de cumplir 30 años y aún tengo muchísimas metas que cumplir~ 

Como siempre, agradecida por su continuo apoyo al blog. Incluso si me desaparezco y tardo en traer algo nuevo, saben que siempre estoy pensando en qué de nuevo puedo ofrecerles ;D acá ps un shot más de la serie INCREDIBLE, que he tenido que partir en dos porque sino quedaría muy largo y a mí en lo particular los shots largos no me gustan ni se me dan muy bien xD 

Sin más, les dejo esto~ 


Título: LIKE A DREAM
Autora: Felina
Pareja: YooSu
Género: Romance
Clasificación: NC-18
Advertencia: Lemon
Serie: INCREDIBLE
Song: Incredible


Eres tan hermosa que deslumbras
Mi cuerpo tiembla, se siente como un sueño
No puedo apartar mis ojos de ti por un segundo,
Así que vine a verte esta noche
Pon tu cuerpo en el viento y baila
Una magia loca comenzará
Y no puede ser controlada, te veo brillar en la luz

~*~

Conocerle había sido casi un milagro para él. Sí, Park Yoochun juraría que su karma era sagrado y por ese un ente Superior decidió que merecía la fortuna de conocer a la criatura más hermosa que sus ojos ónix jamás hubiesen contemplado antes. Por eso está ahí, anonadado con aquella sutil perfección que danza sobre el pasto con los pies descalzos y el viento meciendo sus castaños mechones chispeados de dorado por el atardecer otoñal que rompe desde el horizonte. Contiene la respiración y fija la mirada con la esperanza de grabarse en la memoria hasta el ínfimo detalle de sus sincronizados movimientos. Admira la delgada silueta y los hipnóticos destellos de luz que se cuelan en sus prendas al compás de su baile.

El tiempo se detiene en algún momento cuando su mirada se cruza con la otra, misterioso color avellana deslumbra en las pupilas ajenas y él siente un chispazo encenderse en su pecho. Atestigua una sonrisa brillante y la tierra bajo sus pies se sacude. Piensa que ha contemplado la gracia de una criatura mágica.

Entonces aquel ser detiene su danza y posa su mirada en él, le sonríe cual si estuviera consciente de su presencia y dando algunos pasos se acerca. Yoochun traga hondo, nota su pulso acelerarse y las piernas pesar como plomo cual si estuviesen advirtiéndole que de ninguna manera emprenderán la huida.

– Buenas tardes, hyung… – Le saluda con una respetuosa inclinación de cabeza.

Pero Yoochun registra más que eso. Se percata del timbre de su voz, melodioso como un canto de primavera, inocente como juguetonas nubes moteando un cielo azul de verano, tranquilo como un amanecer otoñal y dulce como el primer beso bajo el muérdago travieso colocado durante el invierno en un cálido hogar. Le observa ladear el rostro y posar sus curiosos ojos en forma de gota sobre su figura. Advierte que espera una correspondencia de su saludo y se obliga a salir de su estupor. Carraspea e inclina suavemente el rostro murmurando su saludo.

– ¿Está vacacionando también, hyung?

– Sí. Me llamo Park Yoochun… – Responde y extiende el brazo. Se pregunta si es que el chico ante él se decidirá en salvar la distancia para aceptar su mano y le permitirá la dicha de conocer también el tacto de su suave piel.

– Kim Junsu, mucho gusto hyung… – El castaño sonríe algo más y dando otro par de pasos se acerca estrechando con delicadeza la mano del muchacho de cabellos azabaches… – Acaba de llegar, verdad.

Park asiente, incapaz de decir palabra alguna. Su corazón se desboca contra su pecho y nota sus mejillas calentarse. No se ha equivocado, este chico es perfecto, el tacto de su piel le resultó suave a pesar de haber notado algunas asperezas producto tal vez del trabajo en quehaceres del hogar; le imagina como un hijo bueno y amable que ayuda a su madre en todo cuanto puede. Supone entonces que el chico ha notado la mochila en su espalda y por eso piensa que ha venido aquí a vacacionar. No le desengaña, aunque tampoco es precisamente que esté de vacaciones, es más como un capricho suyo venir a este pacífico lugar en las montañas de Busán.

– Bailas muy bien, hermoso si me permites el cumplido. ¿Estudias danza contemporánea?

– Sí. Gracias por el halago, hyung… – Responde con las mejillas moteadas de carmín. El peliazabache nota entonces su timidez y se pregunta cómo es que esta actitud luce tan adorable en él.

– No creo ser tan mayor a ti, tengo 28 años, ¿y tú?

– ¡Oh! Es verdad, no hay gran diferencia, cumpliré 28 en diciembre.

– ¿Lo ves? Yo cumplí en Junio, así que digamos que básicamente somos de la edad… – Yoochun ofrece una sonrisa, las mejillas coloradas de Junsu le dan confianza y espabila un poco el aturdimiento de su belleza.

No significa que haya muerto su seductor encanto, por el contrario, lo reafirma pero al mismo tiempo se da cuenta de que esta hermosa criatura es tan mortal como él, y como tal, puede ser presa de su conquista si es que sabe cortejarle. Aunque para cortejar a un hombre como él, primero debe saber si tiene aquellas posibilidades.

– ¿Por qué estabas bailando aquí fuera?

– Salí a contemplar el atardecer, descalcé mis pies y decidí sentir el pasto en mis plantas. Es refrescante y ayuda a despejar los sentidos. Luego simplemente tuve ganas de bailar para el sol que se ocultaba en las montañas… – Relata y el peliazabache nota nuevamente cierta timidez en su tono de voz. Hay inocencia y ternura en Junsu, y eso le fascina otro poco.

Si Yoochun hubiera sabido que iba a conocer a este chico en aquel viaje, se hubiera esforzado un poco más en lucir atractivo y echar en su bolso algo más que un par de jeans desgastados y playeras que para nada resaltaban su guapura –vamos a admitir que el muchacho de cabellos azabaches tenía el ego un poco inflado y cierto porte orgulloso, aunque no llegaba a ser ególatra ni narcisista; digamos que alcanzaba a tener los pies plantados en tierra firme, aunque fueran solo las puntas–. Pese a que estaba oyendo las palabras del chico, el peliazabache estaba más concentrado en deleitarse la pupila admirando el rostro del castaño. Junsu pareció notarlo y repentinamente se quedó callado, sonriendo suavemente sus mejillas se ruborizaron con un dulce tono rosado.

– No estás escuchándome, hyung.

– ¿Qué? – El peliazabache salió de su trance apenas para contemplar la sonrisa tímida del otro… – ¡Lo siento! Es que, permíteme el halago, eres increíblemente apuesto, Junsu ah.

El rostro del menor se encendió al rojo vivo. Park se preguntó si es que no estaría acostumbrado a que le reconocieran su atractivo, o si definitivamente así de dulce era el muchacho. Fuese lo que fuese, el pecho del peliazabache se sintió cálido y los latidos de su corazón tomaron otro ritmo. No es la primera vez que halaga, pero sí que él se siente ligeramente avergonzado de hacerlo. No es la primera vez que alguien le gusta a la primera impresión, pero sí la que siente que –bobamente– se ha enamorado a primera vista.

– Tú también eres increíblemente guapo, hyung… – Admite con voz suave, no baja ni demasiado chillona. Su sonrisa no ha desparecido y el sonrojo de sus mejillas ha disminuido de intensidad pero sigue bañando su rostro de un adorable rubor.

– Créeme, no tanto como tú. Y llámame por mi nombre, quedamos que somos de la misma edad… – Le sonríe ampliamente y casi al instante se riñe mentalmente. No quiere coquetear con el castaño como flirtea con cualquier otra conquista que haya tenido. De pronto solo quiere que esto sea especial, porque Junsu es esa clase de persona que merece el mejor trato del mundo.

– Yoochun ah, hoy hay luna llena… – Comenta casi con aire distraído, pero por el brillo en sus castañas pupilas, el peliazabache adivinó que tenía una intención al decirlo… – ¿Te gustaría mirar las estrellas conmigo?

– Estaré encantado… – Murmuró sintiéndose así de fácil afortunado de estar aquí. Kim le sonrió ampliamente, con aquel sonrojo tímido adornándole las claras mejillas.

– Entonces nos veremos más tarde, ¿un par de horas está bien?

– Perfecto.

Park tuvo el impulso de acariciarle el rostro, de besar sus gruesos labios, de saborear el elixir de su boca. Tuvo el impulso, de chocar su aliento con el ajeno y mezclarlo en una danza sin igual, de atrapar su delgada cintura y enredar su mano en ella, de recorrer con sus manos impúdicas la perfecta silueta que traza su anatomía seductora. Lo tuvo, pero no lo dejó dominar sus acciones. Aunque le costase respirar y el ritmo de su corazón se haya disparado al punto de la taquicardia. Kim parecía ajeno a aquellas reacciones que podía provocarle, pues feliz de haber concertado aquel encuentro, se despidió agitando la mano y andando colina arriba hasta la cabaña en que al parecer se estaba quedando. Yoochun se quedó de pie ahí, mirándole alejarse. Con las piernas hormigueándole de deseo por seguirle el camino y abordarle.

– ¡Contrólate Park Yoochun! – Se palmeó las mejillas tratando de espabilar el deseo de su cuerpo y se obligó a tomar el camino por el que había llegado minutos atrás.

Cuando Junsu entró a la cabaña sonreía esplendoroso y su cuerpo ya se movía nuevamente con algarabía. Estaba feliz de haber conocido a Park Yoochun, un chico apuesto de noble corazón que agitó el suyo como el viento veraniego que acaricia la rosa en botón que se levanta al alba. Los gráciles pies descalzos danzaron por toda la estancia, el suave crujir del piso de madera y la melodía que brotó de la garganta del castaño inundaron la casa. Luego se internó en el pequeño pasillo y deslizándose con súbita agilidad en el dormitorio de la izquierda, la dulce voz que nacía de sus labios se convirtió en un canto angelical.

– Lo he encontrado. La otra mitad de mi alma… – Interrumpiendo su canto, el castaño dijo aquellas palabras mientras miraba su reflejo en el espejo de la cómoda.

Su rostro rebosaba de alegría, las mejillas no han abandonado el carmín que las motea ni sus pupilas avellanas han perdido el intenso brillo que las corona. La sonrisa en los carnosos labios rosados proyecta la felicidad de su alma. Luce como una criatura más allá de la beldad mortal, como una de aquellas bellezas que el hombre atribuye a la fantasía. Un hada si fuera mujer, un Elfo si se toma en cuenta la postura de algunos pensadores e historiadores. Un Ángel, un Dios.

Un resplandor cae de pronto a su lado y en cuestión de segundos una silueta cobra forma. El castaño no parece sorprendido en absoluto, le sonríe de hecho al hombre que se ha aparecido mágicamente en su dormitorio.

– Tiempo sin verte, Jaejoong hyung… – Le saluda con una reverencia.

– Lo sé, Junsu ah… – El hombre corresponde su saludo con una ligera inclinación de cabeza y una sonrisa suave.

Él es Kim Jaejoong, hermano mayor de Junsu según sus conocidos y vecinos en Seúl. De hermosas facciones y grandes ojos negros, con una sedosa cortina de cabellos brunos cayendo sobre su espalda y hombros, dos mechones sujetos atrás despejando su frente y sensual boca roja cual fruto prohibido en el Tártaro.

Para entender mejor la relación entre ambos jóvenes habrá entonces que hacer mención a sus orígenes. Pertenecientes a una Comunidad Fantástica casi extinta, ellos son denominados de distintas formas en variadas culturas. Jaejoong y Junsu optan por dejar de lado los tecnicismos y centrar sus existencias en lo que les corresponde. El equilibrio entre algunas fuerzas de la Naturaleza. No, no se trata de una guerra próxima ni un duelo a muerte por el futuro de la humanidad; esas batallas se desataron hace tiempo y aún no se avecinan nuevas. Para simplificar los dilemas etimológicos ellos asumen algunas identidades de vez en cuando. Suelen ser considerados Elfos o Hadas, de cualquier manera a ellos les gusta adoptar ciertos títulos en ocasiones. En su Comunidad bien podrían considerarse pertenecientes a dos de las tres razas más prolijas en su pueblo: Sílfide, Veela y Dríada. Aunque entre los humanos estas tres especies suelen estar definidas como criaturas femeninas, existen seres como ellos plenamente masculinos.


– Luces feliz, ¿ha sido ese chico el motivo de tu alegría?

– ¡Sí! Mi corazón no ha frenado de latir emocionado desde que mis ojos se encontraron con los suyos. Hyung, estoy enamorado.

Junsu dijo con tono soñador, con las mejillas arreboladas de carmín y tremenda sonrisa en los labios. El de cabellos brunos se permitió una sonora carcajada que resonó como melodía en aquellas paredes, rebotando como el canto de aves jugueteando en las frondosas copas de los árboles. El castaño rió avergonzado de su propio estado de ánimo, de la reacción de su hermano ante la claridad de sus sentimientos. La risa de Jaejoong cesó lentamente, una fina cortina de lágrimas colgaba de sus pestañas, producto de la sincera contentura que a él mismo ocasionaba la espontaneidad sentimental de su hermano menor.

– ¿Es esta la razón por la que tu danza ha hecho florecer la primavera en las montañas?

– ¡Hyung, deja de avergonzarme!

– Los cielos también están contentos, y los mares y hasta los desiertos. Esta noche habrá canto al salir la Luna y se extenderá hasta el caer del rocío matinal.

El de cabellos brunos prometió. Incluso sus ojos negros sonreían entonces, cálidos y cariñosos, probablemente orgullosos también. El castaño alzó la mano y acomodó uno de sus mechones tras la oreja con aire tímido, su rostro completamente ruborizado. El canto de los suyos era el mejor de los obsequios que su Comunidad podía entregarle. Era así, entre su gente el amor era festejado con la algarabía de todo su pueblo. El canto, la danza, la risa; la chispeante magia reinando en todas partes adornando una noche hermosa de luna brillante y estrellas bailarinas, de clima cálido y romántica brisa, de mares tranquilos y arroyos cristalinos que reflejan el firmamento. De sonidos naturales que susurran en el viento el canto de todo el mundo. Un canto de amor, de ilusiones y esperanzas.

Por todo eso, Junsu ya deseaba compartir aquella noche con Yoochun. Y mostrarle su propia magia, el canto de su corazón, la alegría de su alma.

– ¿Toda esta felicidad te embargó cuando conociste a Yunho hyung? – Kim preguntó y las mejillas del mayor cobraron un honroso tono rosado.

– Así es, Junsu ah. Y es solo el inicio de una vida de alegrías. Pero recuerda, incluso nosotros llegaremos a derramar lágrimas por otros sentimientos. No te centres en ello, pero mantenlo en mente, hermano.

La advertencia de Jaejoong fue tomada con su debida seriedad por Junsu, le ofreció una reverencia y un agradecimiento silencioso por su apoyo y compañía. Podrán no ser hermanos de sangre, pero el mismo tipo de magia les circula por las venas. En su pueblo aquellos lazos son equivalente al parentesco y tan valiosos como ellos.

– ¡ChangMin! – El castaño se lanzó a brazos del recién llegado.

Un apuesto jovencito de morocha melena recogida en una coleta acababa de aparecer en un halo de luz ambarina, es alto y de tez morena con cierto matiz que daba la impresión de que estuviese moteado en dorado, un tono de piel exquisito y muy poco común entre los mortales; de labios morenos y ojos almendrados, el recién llegado revoleó los ojos cuando fue recibido por Junsu, gruñendo falto de oxígeno ante el descomunal abrazo del castaño.

– Un día vas a matarme de asfixia, hyung…– Renegó palmeando bruscamente la espalda de Kim a modo de reciprocidad por su saludo.

– ¡No seas quejoso! Me da gusto verte~

– A mí no tanto…

– ¡ChangMin~!

– Lo que sea, me enviaron a entregarte esto… – El morocho tomó la mano del castaño y dejó sobre su palma un prisma que resplandeció con tonos dorados y morados.

Los ojos avellana de Kim brillaron con asombro y devoción. Su boca formó un círculo perfecto luego de aquel “¡oh!” exclamado con júbilo. Incluso Jaejoong pensó que aquel era un hermoso obsequio de parte de Los Señores de su pueblo.

– Una estrella naciente forjada a la luz de la luna, en el momento exacto en que su figura despide los rayos crepusculares del sol. Los Señores dijeron que nació para tu alma ahora que ha de completarse con el humano de quien te has enamorado.

– Un obsequio que aprecio con infinita gratitud… – El castaño acercó el prisma a su pecho y al instante éste brilló intensamente casi cegándoles la privilegiada visión.

La camiseta blanca ondeó sacudida por las vibras sónicas de la magia del prisma, el níveo pecho del castaño quedó al descubierto, el trazo de la clavícula inmaculada y más abajo el espacio sobre su piel donde alcanzaba a percibirse el latir de su corazón. El prisma flotó estática a esa altura y lentamente comenzó a absorberse en la piel hasta que quedó ahí tatuada la imagen de un prisma con un par de alas extendiéndose a los lados.

– Ahora estás marcado como Hijo de la Luna, Junsu ah… – Jaejoong dijo.

– Me siento tan honrado por tal regalo que la felicidad parece desbordar mi corazón… – Junsu admiró su nueva marca sobre la piel mirándose al espejo.

ChangMin le observó de reojo y luego volvió su mirada a Jaejoong. El de cabellos brunos tenía su tatuaje en la espalda, a la altura de los omóplatos. Él ha sido marcado como Hijo del Sol años atrás cuando encontró en Yunho su alma gemela. El joven morocho bajó la mirada y suspiró quedito. Él aún no tiene su marca, ningún astro le ha elegido como su hijo; por supuesto, es que no ha conocido a la otra mitad de su alma. No se ha enamorado.

– No te preocupes, ChangMin. El indicado llegará… – El susurro de Jaejoong obtuvo su atención, sus ojos marrones se encontraron entonces con las miradas de sus hyungs. Vio en los ojos de ellos una cálida comprensión que le hizo sentir más ligero.

– Es hora de que me vaya. Los Señores aún tienen tareas que encomendarme.

– Shim ChangMin, más vale que la próxima vez que nos veamos quites esa cara de estreñido que te cargas.

– Junsu hyung, la próxima vez que te vea te aseguro que te dolerá tanto el cuerpo que me burlaré de ti a mis anchas.

– ¿Eh? – El castaño parpadeó y ladeó el rostro con aire confundido.

El morocho revoleó los ojos y murmuró cosas inentendibles por lo bajo. Jaejoong sonrió ligeramente divertido pues la insinuación de ChangMin había sido más que clara, pero había ocasiones en que Junsu era en exceso inocente.

– Debo regresar también. Bienaventurado tu corazón enamorado, hermano.

Jaejoong y ChangMin inclinaron ligeramente la cabeza y desaparecieron de ahí en medio de polvos de brillantes colores. Junsu entonces se precipitó a su closet. Tenía la necesidad de esmerarse en su apariencia.


Park Yoochun estaba sentado en la cama de la habitación en la Posada en que se ha hospedado. La imagen de Junsu danzando en la colina no abandonaba su mente. Su corazón ha sido totalmente cautivado por ese chico y hay en su pecho una sensación de ansiedad y premura que le ha mantenido atontado las últimas horas.

Afuera, el firmamento se ha oscurecido, la negra noche ha caído de lleno en el campo. El susurro del viento soplando en el exterior parece filtrar sus seductores secretos incluso a través de ventanas y muros. Yoochun siente un calor en el vientre que le tiene inquieto, expectante ante lo desconocido. Un ligero tironeo le saca de sus ensoñaciones de tanto en tanto, y de pronto el insistente sonido tic tac del reloj le taladra los oídos como si se tratara de una alarma ruidosa que le advierte es tarde para partir.

Se levanta como resorte y se interna en la ducha apresurando su baño. El agua tibia que corre por su cuerpo traza caminos por toda la piel, demasiado pálida para un chico saludable. Recordó imprudentemente su condición asmática y su infancia enfermiza, las dificultades que aún se le presentan cuando esfuerza de más su físico, cuando quiso formar parte de un club deportivo y tuvo que renunciar porque entonces su cuerpo se debilitaba mucho más rápido que lo normal. Cuando se interesó por el baile moderno y descubrió que era propenso también a las lesiones. Todas esas limitaciones que han dejado una huella en su pensamiento; mismas que le han orillado a refugiarse en otras actividades menos “riesgosas” pero igual de placenteras para él.


Fue justamente a temprana edad que tuvo su primer contacto con un piano. Sus padres le llevaron a un Festival Cultural típico de la región, las calles y parques estaban llenos de luces de colores y sonidos alegres. La gente iba y venía aquí y allá; entraban en los locales a observar las vendimias o hacían paradas en los puestos de comida; las risas y los murmullos de tantas conversaciones mezclándose le parecía entretenido al pequeño Park, y luego aquel lugar en el Parque del que provenía una melodía suave de tonos agitados.

– ¿Quieres acercarte, Yoochunnie? – La Sra. Park le preguntó tras inclinarse un poco para que el niño le escuchara.

El pequeño Park asintió, asido a la mano de su progenitora avanzó junto a sus padres y a su hermanito YooHwan al teatro improvisado. Había personas en los alrededores observando y escuchando también. Parejas, grupos de amigos y familias se dispersaban por todos lados, algunos de pie, otros sentados en las bancas y algunos más sobre chaquetas o mantas colocabas encima del pasto de los jardines.

Yoochun aguardó con su familia de pie, a unos cuantos metros de aquel bello espectáculo. El pequeño Park observó entonces con sumo detenimiento al joven que tocaba el piano, sus hábiles manos se desplazaban por el teclado con maestría, parecían tan livianos que casi no tocaban las teclas, pero el sonido que producía era simplemente maravilloso.

– ¿Te gustaría aprender, Yoochunnie? – Fue entonces el Sr. Park quien cuestionó tras inclinarse a su altura. La voz ronca de su progenitor siempre le ha parecido al pequeño Park un timbre que provoca algo extraño en las personas.

Por ejemplo, su mamá se ruboriza y sonríe avergonzada. A él le inspira más que respeto, admiración (sueña desde siempre llegar a ser como su padre); y muchas personas, sobre todo mujeres, parecen caer en letargo al escucharle, o eso interpreta él cuando observa sus expresiones. Dejó de lado aquel pensamiento y murmuró una respuesta positiva al cuestionamiento de su padre. El Sr. Park prometió encontrarle una escuela de piano.

Al año siguiente su presente para las fiestas navideñas fue un Piano. Uno de verdad, solo para él. Y entonces pasaba las tardes y los fines de semana encerrado en la habitación destinada al instrumento musical practicando y deleitando su interés con cada cosa nueva que aprendía al tocar, casi como si las notas que emanaban de las teclas le estuviesen contando secretos. Un año más tarde Yoochun comenzó a escribir sus propias composiciones, las notas llegaban solas, como chispeante brisa que susurraba a su oído, y después aparecían las letras. Canciones que conservar con recelo. Tenía la impresión de que llegaría un día en que habría alguien con quien querría compartir especialmente cada una de ellas.


 Yoochun terminó de arreglarse y salió apresurado de la Posada. No está seguro del por qué tuvo que recordar particularmente aquello justo entonces, pero no le era de ninguna manera desagradable, melancólico quizá pero al mismo tiempo sublime. Había en su cabeza notas bailoteando por todo su pensamiento, como si intentasen salir al mundo; le hormigueaban los dedos y tenía la necesidad de encontrar un piano.

Tocar para Junsu. Y solo para él.


~*~

Algo increíble, algo tan mágico
Milagro del destino que los cielos han hecho
Algo increíble, una melodía de un milagro
Siempre eres hermosa, increíble
Me tienes gritando, me tienes cantando
Eres algo, algo Increíble

~*~


Junsu se ruborizó bajo la penetrante mirada de Yoochun. Ni bien había abierto la puerta de su casa el peliazabache se había quedado anonadado solo observándole. El castaño pensó que tal vez estaba siendo demasiado obvio en su deseo de seducir a su alma gemela al vestirse de aquella manera tan encantadora. El blusón holgado que caía como velo más allá de su cintura, los pantalones ajustados a su cadera y piernas marcando con sinuoso atrevimiento su silueta, su calzado ligero; todo en un blanco tan puro que –honestamente– con un par de alas en su espalda él definitivamente parecería un ángel.

– ¿Vamos? – El peliazabache se obligó a salir de sus cavilaciones, carraspeó y evadió ligeramente la mirada pretendiendo no haber quedado como un auténtico pervertido por la manera en que sabe se quedó observando al castaño. Si tan solo no fuera tan hermoso.

– Yoochun ah, ¿puedo tomar tu mano? – La petición del castaño toma por sorpresa al peliazabache, sus ojos ónix reflejan su desconcierto y en consecuencia el rubor en las mejillas del castaño aumenta en un tono brillante.

–Cl-claro… Está bien… – Titubea pero acepta. Pronto la sonrisa de Junsu se amplía y su mano estrecha la suya con súbita emoción.

Entrelazan los dedos y se siente como si simplemente estuviesen diseñadas para encajar. El agarre es cálido, y aunque Yoochun jura que tiembla y suda, sentir aquel anclaje le da voluntad y seguridad.

Sumidos en ese cómodo silencio avanzan colina abajo y tuercen a la derecha por un sendero que se abre paso entre pastizales del campo. Hace un viento suave que agita los prados formando una melodía tenue de rumor nocturno. Yoochun contempla la Luna y se asombra de lo limpio que está el cielo, tan brillante con sus estrellas titilantes cual guiños coquetos del universo. Hace tanta luz que pareciera que la Luna está muy cerca iluminando sus pasos. Minutos más tarde llegan a un claro en el bosque al que han ingresado, Junsu señala un sitio y Yoochun le sigue sentándose a su lado en las reminiscencias de un tronco que casi parece haber sido cortado para formar un asiento para dos; y sin embargo los restos de ramas y hojas secas desperdigadas alrededor o las hierbecillas naciendo en la corteza como las líneas en el tronco le dicen que aquel árbol era antiguo y había cedido al final de su existencia de manera natural.

– ¿En qué piensas, Yoochun ah?

– En que me gustaría tener un piano cerca y tocar para ti, Junsu ah.

El castaño gira el rostro y le mira con sus mejillas rosadas, sonríe y perezosamente pestañea mientras sonríe y se anima en besar una de las blancas mejillas del peliazabache.

– Cierra los ojos, Yoochun ah.

– Creí que veníamos a admirar la noche.

– Y lo haremos, ahora cierra los ojos un momento por mí.

La cándida sonrisa del castaño le convence en un santiamén. El peliazabache suspira lentamente en tanto sus párpados caen. Una brisa cálida acaricia su rostro y un rico aroma almendrado se le cuela en las fosas nasales. Aún sin ver, está seguro de que aquellas sensaciones vienen del movimiento del castaño, sabe que se ha parado y alejado un par de pasos, que se para de frente y eleva la mirada al cielo, quizá contemplando el precioso firmamento.

– Imagina un piano ante ti y toca para mí, Yoochun ah.

El peliazabache sonríe. Le parece algo loco pero al mismo tiempo romántico. Obedece y después de algunas respiraciones profundas eleva los brazos e irgue la espalda. En su mente hay un piano delante de él, y las ganas de complacer a Junsu también. Ojalá en verdad pudiese escuchar aquella melodía que tocará en su pensamiento.

– No importa cuán sorprendente sea, yo podré escuchar la música que hay en tu corazón, Yoochun ah.

El castaño dice con su voz dulce y suave, y aquella seguridad con que tal confianza le es entregada sacude el corazón del peliazabache, llega tan profundo que parece liberar los sentimientos dormidos en su interior.

Cuando finalmente sus dedos se mueven cual si se deslizaran sobre el teclado de un piano, Yoochun escuchaba las notas que él imaginaba tocar; además tenía la sensación en las yemas de sus dígitos de algo suave bajo ellos. Como si en verdad estuviese tocando un piano. Sin dejar de tocar, Park abrió sus ojos. Lo primero que vio fue un piano transparente plantado delante suyo, los bordes de la estructura poseían un brillo plateado que le daba ese aire mágico que podría ser solo producto de su imaginación. Sin embargo, cuando levantó la mirada un poco más, se quedó prendado de la silueta de Junsu al danzar.

Hermoso.
Simple y llanamente perfecto.
Un ángel caído del cielo.

El castaño se movía con la misma gracia que le admirara cuando le conoció unas horas atrás. Pero había algo aún más fantástico en él que le atraía poderosamente, como un hechizo sobrenatural que le atrapaba en un pedazo de paraíso. Los movimientos de Junsu eran coordinados y perfectos, una danza suave y rítmica que se acoplaba con envidiable perfección a la música que producían sus notas. Desde la punta de sus dedos hasta las plantas de sus pies, todo estaba sincronizado con devota belleza.

Luego de pronto un canto. Junsu giró y sus ojos avellana se encontraron con las orbes ónix de Yoochun, sus labios se movían y de su garganta manaba una melodía hermosa. Si Yoochun pensaba que no podía perfeccionarse más la imagen que tenía delante de sí, creyó que definitivamente estaría soñando –un sueño del que no quisiera despertar, si alguien se lo pregunta– cuando la figura del castaño se vio envuelta en un halo de luz plateada, como si estuviera siendo bañado directamente por los rayos lunares del astro que cuelga del firmamento, y apenas unos instantes después, un par de alas brotaron en su espalda a la altura de los omóplatos, no eran plumíferas como las de un ave, eran semitransparentes con destelles de luces multicolores reflejándose sobre ellas dependiendo de los movimientos del castaño y la luz que irradiara a través de ellas. Iridiscentes, peculiarmente bellas. Y tan perfectas para describir el toque fantástico de una criatura mágica como Junsu.

Unos minutos más tarde Yoochun cesó de tocar, y Junsu de danzar y cantar para él. Volvieron a anclar sus miradas y el castaño pudo ver en aquellos profundos ojos negros la duda bien marcada. El piano que hubiese estado tocando se desintegró en finas partículas plateadas, y aunque el castaño había dejado de cantar, una melodía hermosa seguía escuchándose como susurros en el viento.

– Es el canto de mi pueblo, un regalo para nosotros.

– ¿Tu pueblo?

– Una Comunidad casi extinta, pero aunque sobrevivimos pocos, no tenemos intenciones de abandonar a la humanidad aún, no mientras la Naturaleza siga invocándonos con su gracia divina.

– No entiendo, Junsu ah.

– Lo sé. Y me disculpo honestamente por ello… – El castaño inclinó la cabeza haciendo una reverencia, con su mano apoyada en su pecho a la altura de su corazón… – Pero déjame explicarte quién soy y por qué estoy tan enamorado de ti.

– ¿En-enamorado?

Kim asintió con sus mejillas vueltas carmín. Sus ojos tan brillantes como el momento en que Park le conoció, y su sonrisa tan sincera que le contagia un algo que agita su corazón.

– ¿Extraño, verdad?

Fue Park quien asistió entonces, totalmente sorprendido por aquel tipo de confesión. Ni siquiera conocía a este chico hasta hacía un par de horas. Y sin embargo sentía como si así tuviera que ser. Como si en realidad conociera a Junsu de toda una vida.

– Pero no desagradable. Sorprendente, pero hace unos minutos no dejo de pensar que estoy soñando. Y ahora que te escucho decir eso, me pregunto qué vería un chico tan hermoso como tú en un tipo tan común y corriente como yo.

Kim soltó una risita que amortiguó con el dorso de su mano. Luego redujo de nuevo la distancia que había puesto antes entre ellos al danzar. Unos cuantos centímetros separaban sus cuerpos, pero la respiración de los dos se mezclaba muy bien. El castaño apoyó una mano sobre el pecho del peliazabache, sintiendo en ella los latidos acelerados de su corazón.

– ¿Alguna vez había latido así por alguien, Yoochun ah?

– Eres el primero, Junsu.

El castaño sonrió tímido. Tomó una mano del peliazabache y la colocó justo sobre su propio corazón. Cuando Park puso un poco de atención, se percató de que latían al unísono.

– También para mí.

– ¿Quién eres?

– En algunos pasajes de las mitologías reseñadas por los humanos a los que son como yo les llaman Sílfides, a mi hermano Jaejoong lo llaman Veela, y a mi amigo ChangMin Dríada. Somos criaturas fantásticas con dones mágicos, somos elegidos por el Sol, la Luna o cualquier otro elemento del universo para ser sus hijos. Cuando te encontré y sentí la forma en que vibró mi alma, mi Comunidad supo que había complementado mi existencia, y Los Señores me obsequiaron un presente que quiero compartir contigo, y al mismo tiempo fui reconocido como hijo de la Luna. Por eso quería presenciar esta noche contigo, a tu lado Yoochun ah.

– Es… es demasiado… – Park se frotó las sienes y cerró los ojos. Había demasiada información ahora en su mente. Y para ser sincero consigo mismo, no entendía la mitad de todo eso.

– Yoochun ah… – Kim le nombró con tono ladino, encantador, hipnotizante. Cuando el peliazabache enfocó sus ojos en él, se dio cuenta de que estaban demasiado cerca… – ¿Quieres besarme?

Al peliazabache jamás le habían hecho tal cuestionamiento, y que lo hiciera Junsu con su perfección tan evidente y esas alas iridiscentes plegadas en su espalda, le hacían sentir aún perdido en un mundo onírico.

– No me conoces, no te conozco; y aún así mi cuerpo e incluso mi corazón no hacen otra cosa más que desear con fuerza unirme a ti en todo sentido posible, Junsu ah.

– Puedes hacerlo si quieres, Yoochun. Yo ya te pertenezco de cualquier manera.

Entonces fue que los labios del castaño fueron tomados por la boca del peliazabache. Calzaban mejor de lo que había estado divagando en los pensamientos más vergonzosos de su mente. Enredó sus manos en el cuello de Park y él le correspondió sujetándole por la cintura con especial respeto. El juego cariñoso de caricias entre sus labios pronto mutó a un roce más húmedo y confiado, sus lenguas se encontraron y danzaron juntas en un baile apasionado que les dejó sin aliento.

Tras separarse, Yoochun topó su frente con la de Junsu, respiraban laboriosamente y las alas del castaño se agitaban suavemente. Cuando el peliazabache miró hacia abajo se dio cuenta de que flotaban al menos medio metro por encima de suelo firme. Se sorprendió tanto que terminó aferrándose a la cintura del castaño temiendo caer. Junsu rió estridente y su risa fue como un canto flotando en las olas del océano, precioso.

– Esta noche, déjame mostrarte todo lo que soy, Yoochun ah.


Continuará……

jueves, 9 de mayo de 2013

ABC del Amor Íntimo (parte 1)



La verdad es que la idea era subir toooodo el abc de corrido el día del aniversario del blog, pero fui y le hice ojitos a Maki para que me dejara compartirles de a poco mejor ;D después de todo es Mayo el mes del blog besho que andará cumpliendo sus tres añitos *-* 

A leer~ ;D 


Título: ABC DEL AMOR ÍNTIMO (Lemon)
Autora: Felina
Colaboración: Makino Mizuki
Parejas: YooSu, YunJae & HayaMin 
Clasificación: NC-18
Advertencia: Lemon

N/Felina: Se supone que son drabbles, así que no les extrañe que algunas letras sean más cortas que otras, o que haya algunas que merecen ser llamadas lemon ;D


ABC DEL AMOR ÍNTIMO (Lemon) 
Parte 1


ACROBÁTICO
(HayaMin)

Había ocasiones en las que eras tú el que buscaba de su vida sexual un juego diferente, y por eso solías leer libros que generalmente no llamaban demasiado tu atención, o mirar videos XXX de esos que tu novio antes a menudo observaba. La más de las veces te parecía aburrido y no te excitaba para nada, en algunas ocasiones tenías ideas que luego practicabas con tu pareja. Pero de cualquier manera, pensabas que casi todas las posturas trillaban en lo rutinario o demasiado excéntrico para tu salud mental. No te va el rollo sadomasoquista, aunque a veces él te ha propuesto situaciones cercanas a eso y las has disfrutado. De cualquier forma evitas experiencias en las que seas tú quien tenga que llevar calurosas prendas de cuero.

Sin embargo, hoy parece ser un día para ser creativo. Mirabas inocentemente un video de acrobacia de una pareja griega –ni siquiera recuerdas cómo llegaste ahí, pero después de todo no ha sido una pérdida de tiempo– y una idea se disparó en tu cabeza. Apagaste la portátil y miraste el reloj en tu móvil, te daba tiempo de salir a prisa a hacer una compra de último minuto, y regresar a tiempo para recalentar algo de la cena del día anterior para satisfacer el hambriento estómago de tu novio.

- ¿Por qué estamos cenando sobras de ayer? – tu morocho novio te enarca una ceja con aire molesto y tú solo sonríes como sabes que le fastidia, con prepotencia… - ¡Yah, Hayami baka! Sabes que me gusta lo recién hecho.

- Yo me cociné por varios meses en el vientre de mi madre y te encanto, cariño… - sueltas con clara picardía, viendo con diversión cómo decide ignorar deliberadamente tu comentario y pinchar su trozo de carne.

- Te odio… - te gruñe entre dientes. Tú le lanzas un beso volado y notas con suficiencia ese tenue rubor pintar sus morenas mejillas.

Terminan la cena y se encargan juntos de dejar limpio el comedor y la cocina. Le notas refunfuñado por tu osadía de no prepararle una suculenta cena y eso te hace saber que la noche será aún más divertida y placentera. Debe ser alguna clase de fetiche que disfrutes tanto hacerle el amor entre reniegos y golpes que no escatima en darte cuando lo molestas con toda la intención del mundo.

- ¿Para qué quiero esto? – Te ha vuelto a elevar una ceja con aire indiferente y molesto. Una mezcla encantadora en él, si alguien te lo pregunta.

- Generalmente la gente piensa que la ropa es para usarse, cariño~ - Sonríes prepotente y él te lanza el leotardo a la cara.

- ¡Esa cosa es para mujeres! ¡O gimnastas en el mejor de los casos!

- Acróbatas en general lo utilizan…

- ¡No soy un acróbata, baka!

- No, pero podemos intentar alguna cosa por allí… - sonríes con lascivia y él capta que has soltado aquello con doble sentido.

- ¡Yah, pervertido! ¡Qué has estado mirando!

- Tú solo hazme caso, lo vamos a disfrutar.

- ¡No me da la gana!

- Tengo ganas de chupártela de un modo diferente a como solemos hacerlo, no hay de malo ni pervertido en eso.

- ¡Para empezar no digas chupar, eso es vulgar! ¡Y me gusta como nos hacemos felación!

- Y felación se oye más bonito, ¿no? – eres tú entonces quien enarca una ceja, entre divertido y enfadado. La mezcla que a ti te hace sentir excitado y con ganas de comértelo. Tan literal como se pueda imaginar tal afirmación. Unos mordiscos por allí, algunas lamidas por allá…

- ¡Deja de pensar en mierda, Hayami no baka!

- Ponte el maldito leotardo o te lo pongo yo mismo, ChangMin ah… - amenazas con la mandíbula apretada y ese brillo en tus ojos que hasta él ha aprendido a tomarse en serio.

Entonces tu novio comienza a desnudarse, delante de ti y con expresión de pocos amigos, se saca incluso la ropa interior para colocarse ese leotardo negro de peto completo que le cubre hasta los muslos. Si fueras algo más pervertido serías capaz de babear ahí mismo; muchas personas piensan que tu novio no tiene un cuerpo demasiado sexy o que es común, si esa gente le viera como tú lo haces, seguro se tiraban de un balcón por semejantes mentiras dichas.

- ¿Y tú qué? Más te vale no hacerme pasar estas ridiculeces solo, baka… - te gruñe de mala manera y tú captas entonces el sonrojo en sus mejillas. Se despeina el cabello y voltea a un lado evadiendo tu mirada. Está avergonzado y molesto, en proporciones iguales probablemente. ¿Ya dijiste que eso te parece encantador en él?  Da igual, te encanta y punto.

- ¿Me crees capaz de dejarte solo en situaciones como ésta? – Cuestionas al tiempo que comienzas a desnudarte, él gruñe y se voltea a mirarte, le ves pasar saliva cuando quedas en las mismas condiciones que él.

El leotardo en ambos se ciñe al cuerpo, tú al ser más musculoso que él probablemente te veas algo más apetecible ante sus ojos. La entrepierna en ambos resalta inevitablemente. Sonríes y te acercas, te sostiene la mirada y se deja hacer cuando le sujetas la cintura con una de tus manos jalándole hasta que tu torso y el suyo chocan en un gesto nada romántico.

- Te odio, baka… - te gruñe de nuevo, sujeta tus cabellos con fuerza y estampa sus labios con los tuyos. Te besa rudo, salvaje, húmedo y profundo.

Se enciende de inmediato la llama del deseo, le sientes erguirse contra tu pelvis. Él lo sabe y no desaprovecha la oportunidad para refregarse contra ti consiguiendo jadeos entre besos y que la erección de ambos crezca cada segundo más hasta que el bulto es evidente bajo los leotardos.

- ¿Te conoces el significado de la acrobacia?  

- Actividad deportiva y un arte que implica equilibrio, agilidad y coordinación… - te responde casi en automático, concentrado en mordisquearte el mentón y deslizar sus labios por tu cuello.

- Exacto, vamos a ver qué tanto podemos hacer, cariño… - le sujetas la cintura con ambas manos levantándole en vilo y él en respuesta enreda sus largas piernas en tu cadera volviendo a besarte en la boca con pasión. Te gusta cuando se pone en plan fogoso… - Qué tanta fuerza tienes aquí, eh… - mordisqueas su labio inferior mientras acaricias sus piernas a lo largo, presionando particularmente los muslos y luego su trasero.

- ¡Ngh! – gime ahogado, entrecierra los ojos y tú aprovechas para morder su manzana de Adán. ¡Si es que todo en él te fascina!

- Suelta, cariño… - le dices y te gruñe pero hace caso, baja las piernas y tú aprovechas para colocarte de frente pero dándole la espalda a él, le instas a llevar sus manos a tus hombros… - Sé que has visto este movimiento en las competencias de gimnasia.

- Pervertido… - susurra de pronto entre avergonzado y molesto, pero asiente y espera tu siguiente movimiento para seguirte en él.

Se impulsa hacia arriba apoyándose en tus hombros, mantiene recta la espalda haciendo fuerza en todo el cuerpo para mantener el equilibrio da un salto cual si fuera una flecha, abandona el apoyo en tus hombros y en cambio extiende los brazos, permitiéndote tomarlo por las axilas, su torso cae ligeramente sobre tu hombro derecho y luego aprovecha el espacio para irse hacia el frente y abajo, de modo que su rostro queda a la altura de tu entrepierna, y la suya en la tuya. Te relames los labios y le escuchas soltar el aliento en un suspiro, todavía concentrado en no perder el equilibrio y terminar en una estrepitosa y vergonzosa caída.

Tus manos que le sostenían antes por las concavidades debajo de sus brazos rodean ahora su cintura, y las suyas se apoyan en tus muslos para soporte y equilibrio. La postura está ahí, y tú captas que has hecho todo un lío solo por esto pero sonríes complacido, la cosa es hacerlo diferente. Lames por encima del leotardo su virilidad, él gime y a cambio lame también tu erección. Así es como comienzan el cortejo sexual de la noche, con lamidas y mordiscos por encima de la estorbosa tela que se va llenando de su saliva ardiente. Intentas acceder a su carne caliente pero –como él– el obstáculo del leotardo de una sola pieza imposibilita los fines. Así que caminas hasta la cama y casi sin miramiento le tumbas en ella, te sacas el traje maldiciendo mentalmente porque se te ha pegado al cuerpo por causa del sudor, y a tu novio casi se lo arrancas a tirones, mientras se besan salvajemente y olvidan totalmente que en la acrobacia también hay sutileza.

Una vez desnudos, le indicas abrir las piernas tanto como pueda, él alcanza casi los 90º y te gruñe cuando –aún en aquél ángulo– sujetas sus tobillos y lo elevas hasta que sostiene su cuerpo con la espalda media y los hombros. Tú estás de rodillas sobre el colchón, y la altura te da perfecto para comenzar a devorar su hombría, lo lames, lo muerdes, lo tragas. Succionas con fuerza hasta que arrancas verdaderos gemidos de placer desde el fondo de su garganta, obligas a sus potentes pulmones a gritar de placer inundando la habitación con tu nombre. Se retuerce y no encuentra de dónde agarrarse, una de sus manos termina enredada en tu cabello, tironeando con fuerza y sudando a mares.

Le sueltas nuevamente y sin darle tiempo a nada –que hoy tienes ganas de mandar en el amplio sentido de la palabra– le giras sobre el colchón dejándole boca abajo. Levantas su pelvis y al mismo tiempo le obligas a abrir nuevamente del todo sus piernas. Tu lengua lame su anillo y él se estremece entre jadeos ruidosos, arruga las mantas entre sus manos y entierra el rostro en la almohada cuando separas sus glúteos con tus manos y consigues enterrar tu músculo rugoso en su comprimido anillo.

- ¡Mgh! ¡Hayami, no dijiste que solo ahhh era felación!

- ¿Me crees tan idiota para dejarte ir cuando te tengo a mi entera disposición?

- ¡Mghh, mierda! – gime y se retuerce cuando llevas tu lengua al fondo moviéndola de esa manera que sabes le gusta pues manda corrientes eléctricas por todo su cuerpo haciéndole temblar de placer.

Sujetas su pelvis con fuerza y sin previo aviso lo giras cual si le realizaras un torniquete, medio mareado y perdido en las oleadas de placer no tiene tiempo de maldecirte, aunque te gruñe y araña tu espalda cuando dejas tu pelvis a la altura de su rostro en un ardiente 69 que no tardan en efectuar como hace unos minutos con los estorbosos leotardos puestos. Su lengua te lame de arriba abajo, sus manos juegan con tus testículos y bombean de arriba abajo siguiendo el curso de su lengua. Te vuelve loco y atinas a devolverle el favor con las mismas atenciones. Continúan así hasta que sudan el presemen y vuelvas a apartarte, te acomodas entre sus piernas y le jalas de las suyas hasta que su trasero queda pegado a tu pelvis.

- ¿Crees que puedas soportarlo así?

- ¡Sólo métela!

- ¿Quién se quejaba de vulgaridades? – sonríes con altanería y aprovechas cuando comienza a despotricar contra ti para enterrarte en él de una.

- ¡Joder, baka! – te araña los brazos y sientes el ardor en la piel que ha marcado con sus uñas.

- Te amo, cariño~

- Te odio, baka

Una combinación envidiable de amor puro y sincero. Agitas tu pelvis adelante y atrás penetrando cada vez con mayor facilidad en su comprimido anillo. Aumentas las estocadas hasta alcanzar el frenesí en que te acompaña siguiendo el vaivén que has impuesto. Todo su cuerpo está sudado, el tuyo también; su sabor te encanta, le lames toda porción de piel a tu alcance, le besas y dejas que su lengua te domine cuando recorre el interior de tu boca. Saliva cae entre sus mentones, brilla en sus bocas y hasta en las mejillas y el cuello que incesantemente se lamen. El calor sofocante anuncia la llegada del orgasmo, y un pinchazo eléctrico en la espalda baja tensa cada músculo de sus cuerpos antes de que ambos derramen sus semillas acompañado de un ronco gemido que les hace temblar de pies a cabeza.

Caes sobre su cuerpo sin importarte que tu torso termine de ensuciarse con su semen, le escuchas quejarse quedito pero no hace nada por votarte a un lado, así que disfrutas su pegajoso calor otro momento antes de abandonar su interior y rodar a un lado.

- Tú y tus ideas raras, baka… - gruñe, quizá solo para no perder la costumbre. Está agitado aún, el pelo se le pega a la cara y las mejillas están completamente rojas por el orgasmo vivido.

- La próxima buscamos un deporte menos elaborado… - sonríes y le atraes a tu pecho, aunque le fastidie sentirse algo uke y cursi. Le besas y él te gruñe en medio del beso.

Acrobático o no, hacer el amor con tu renegón novio es lo más placentero de la vida.


BESAR
(YunJae)

Tus amigos lo saben, su familia lo sabe, el barrio lo sabe, ¡todo el jodido mundo lo sabe! ¿Entonces por qué mierda ustedes dos siguen fingiendo que no es así? jugando con esos mensajitos indirectos que francamente se alejan cada vez más de cualquier resquicio de discreción y los ponen más en evidencia. Lo amas, te ama, ¿cuál es el maldito problema en eso?

Oh sí, la sensación vertiginosa de la aventura viéndose clandestinamente aunque –como ya se dijo– todo mundo lo sepa. Aún así, eso te importa poco, es su manera de demostrarse el amor y ya. Te gusta que te llame para concertar una cita, que se haga el misterioso desapareciendo de tu radio durante días enteros, que aparezca de pronto con un ramo de rosas rojas en botón y una botella de vino tinto para celebrar simplemente que la noche está ahí y es joven como para dedicarse a recuperar el tiempo perdido entre besos, sonrisas y cariños.

Te gusta que sea así, tan imperfecto e irónicamente exacto para encajar con tu personalidad. Y es de ese modo como juntos llegan a la perfección.

- Aunque tú ya eres perfecto, Jaejoong ah… - te contradice sonriendo de lado, besándote castamente una mejilla pero acariciándote el vientre por debajo de la camiseta con intenciones de encender tu libido. Como si de hecho no la tuvieses activa apenas le viste llegar a tu departamento.

- Deja de decir esas cosas, Yunho… - suspiras porque sus labios han caído en tu cuello, lamiéndote despacio y dejando cortos besos.

- Nunca. Eres perfecto, la hermosura hecha hombre, un ángel caído del cielo, un Dios camuflado entre los mortales, un adonis inmaculado…

- Lo de inmaculado lo dejamos pendiente, porque contigo metiéndome mano… - ríes y te avergüenzas de tu propio comentario, de haber cortado su discurso romántico. Intentas esconderte cubriéndote el rostro con las manos, le escuchas reír con ganas y a los segundos, sus dedos ágiles ya se han deshecho de casi toda tu ropa… - ¡Te aprovechas porque no veo, Yunnie~!

- No, me vengo por no dejarme terminar mi cursi declaración…

- ¡Yunho! – ríes entre avergonzado, expectante y excitado. Tu moreno novio te ha levantado en vilo y cargándote camina rumbo a la habitación, pero llegan a medio pasillo cuando te empotra contra el muro besándote con renovada pasión.

Su beso sabe a fuego, al calor impregnado en su morena piel, le acaricias los brazos y rodeas su cuello, dejas que su lengua invada tu interior y regresas el favor con la misma intensidad. Sientes como si de pronto se desatara el infierno en tu boca, un duelo de demonios se sucede al interior. Saliva, calor, mordidas, succiones y lamidas, un beso ardiente.

Los besos que siempre caen previo, durante y después de la intimidad. Le gusta marcarte con besos como te marca con el tacto de sus manos y el abrasador calor de su cuerpo pegado al tuyo, embistiendo tu anillo y gimiendo de placer como de dolor, su espalda está marcada ya por los arañazos de tus dedos incrustándosele en la piel cuando las oleadas te marean y tienes que aferrarte a su cuerpo para no desfallecer.

- Voy a besarte completo, Jaejoong ah… - susurra ronco en tu oído, te mordisquea el lóbulo y su cuerpo te aprisiona con fuerza contra el muro para poder tener libertad de movimiento con sus manos.

Suspiras y jadeas conforme el tacto caliente de sus manos recorre tu desnudez, acaricia tu cuello, delinea el contorno de tu figura y tortura tu pecho con insensatas caricias que hacen mutar tus expresiones a puro placer. Cada una de aquellas caricias acompañada de un beso aquí, allá, en los recovecos más increíbles de tu cuerpo, aquellos que solo tu moreno novio se conoce de memoria porque hace años que los redescubre por cada entrega de amor.

Y de pronto quieres más besos, que susurre en tu oído todas esas palabras que sabes son exclusivas para ti, que sus labios tibios dejen la estela húmeda de sus sublimes muestras de amor, que su lengua bañe tu piel y se confunda con las pequeñas gotas de sudor que han comenzado a perlarse por todo tu cuerpo.

Te deja libre y cuando tus pies tocan apenas el suelo, ya te ha girado, tu frente descansa contra el muro y tus manos se apoyan en la superficie al presentir lo que vendrá. Su lengua desciende por un incandescente camino trazando el curso de tu columna vertebral hasta el cóccix. Besa uno a uno tus glúteos, los presiona entre sus manos y se vale de aquella prensión para separártelos. Su boca cae directamente en tu cavidad, besa alrededor y traza círculos con su caliente lengua, te llena de saliva y luego uno a uno tres de sus dedos se abren paso en tu estrechez.

- ¡Ahh~!  - cuando sus dedos son suplantados por su falo, sientes esa sensación de vértigo que tironea de tu vientre. Gimes y sudas, tiemblas y susurras su nombre en una súplica inconsciente por memorizar cada detalle de esta muestra de amor.

Te besa la espalda, la nuca y sujetándote el mentón te insta a girar el rostro lo suficiente para besarte en los labios. Besarle es cosa de dioses, un manjar exclusivo que solo tú posees en este mundo terrenal.

Que te bese, la muestra más significativa de su amor.
Porque Yunho viene y te besa de una y mil maneras, siempre haciéndote el amor.



CABALGA
(YooSu)


No es noticia saber que tu novio es pervertido, no te toma por sorpresa que llegue con alguna nueva idea para hacer el amor. Te avergüenzas por montones, a veces incluso te sorprendes a ti mismo por la cantidad de sonrojo que se puede acumular en tus mejillas. Sin embargo, el hecho de que te avergüence no significa en absoluto que a ti no te emocione su sentido lascivo para recorrer tu cuerpo encendiéndote en calor.

- Junsu ah… - susurra en tu oído con esa voz ronca y sexy que prende tu cuerpo y altera otro poco el latir de tu corazón… - ¿Vamos a hacerlo? – te pregunta con una sonrisita de esas que suenan a afirmación bañada de diversión. Juega contigo y lo sabes, juega a seducirte como si de hecho no fueras a entregarle todo lo que quiere.

- ¿Tú quieres hacerlo? – Devuelves el cuestionamiento con un rintintin cantarino, rodeas su cuello y le dejas que ataque tus labios con gula. Su lengua te invade de lleno profanando tu boca como si fuera el tesoro más buscado del planeta y él se supiera el explorador único que ha llegado allí… - ¡Mghh! – gimoteas ahogado, tratas de seguirle el ritmo pero todavía es él quien domina el ardiente beso.

Al mismo tiempo sientes sus manos correr por tu cuerpo, te acaricia por todas partes con tal sutileza que todo lo que puedes registrar es el calor de su tacto ardiéndote en la piel. De pronto deja tu boca y tú recién captas que tus pulmones clamaban por oxígeno, tomas una bocanada y luego gimes de nuevo, Yoochun ha ido por tu cuello mordisqueando toda porción de piel en su camino cuesta abajo hasta tu clavícula.

- ¡Chun~! – Gimes a medias su nombre, arqueas la espalda y notas contra tu pelvis clavarse su falo, te ruborizas inexplicablemente por ello, como si no supieras que estos besos y estas caricias preceden al sexo.

Lo has pensado muchas veces, se te da natural avergonzarte, es una reacción casi instintiva, un rasgo puro de tu personalidad. Pero ¡dios! Te encanta cuando te hace el amor con su intachable sello de picardía y pasión.

- Estás ardiendo, baby… - lanza la observación con una sonrisa perversa, en tanto sus dedos juguetean en tus pezones pellizcándolos, o sus dientes muerden cada montecito tironeando suavemente de ellos. Te lame, te chupa, te besa. Te vuelve loco de amor.

- Es por ti, Chun… - jadeas medio mareado, revolviendo inconscientemente las piernas dándole espacio para que se instale entre ellas… - Chun, házmelo… - suplicas entre respiraciones entrecortadas y temblorcitos de placer por cada nueva caricia que te regala.

- No sé, quiero tomarme más tiempo solo tocándote… - te dice sin reparo alguno. El sinvergüenza sabe bien que cuando tú estás encendido a él le prende retrasar el momento de su unión.

- ¡Chun! – gimoteas casi desesperado, y en uno de esos arranques de dominio consigues tumbarle sobre el colchón y colocarte a horcajadas sobre su cadera. Él te mira desde abajo, sonríe y presiona los costados de tu cintura, corre sus manos hasta tu trasero y presiona tus glúteos saboreando el momento en que se haga de ese lugar apretado en la terminación de aquella pronunciada parte de tu anatomía.

- ¿Lo quieres? Tómalo, baby… - te reta. Sonríe pícaro y desvergonzadamente toma su erección bombeando arriba y abajo sin despegarte la mirada de encima.

Y es en ése preciso instante que un puchero aflora en tus labios, te giras sobre su cuerpo y dejas tu trasero a la altura de su rostro, al tiempo que el tuyo queda encima de su pelvis.

- Si no me preparas, me dolerá después Chunnie… - susurras en tono de advertencia, y apenas tu lengua ha lamido el tronco caliente, sientes la suya humedeciendo en torno a tu anillo.

Y lo hacen así, se procuran placer mutuo hasta que sientes tu cavidad lo suficientemente dilatada y ansiosa por sentirle a él. Te giras de nuevo sin darle tiempo a incorporarse, inclinas el torso hasta que tu boca alcanza la suya, y mientras le besas apasionadamente autopenetras en su virilidad. El gemido ronco que nace en su garganta muere en medio del húmedo beso.

Tensas cada músculo de tu pelvis y comprimes tu anillo cuando le sientes tocar fondo en tu interior. La sensación es sofocante, un enloquecedor sentido de necesidad te hace botar arriba y abajo con ritmo rápido. El roce de su pene contra la carne de tu cavidad te hace gemir más alto cada vez, y en compensación sus propios gemidos resuenan en tus oídos.

- ¡Ahh baby! ¡Así~ móntame! ¡Cabalga a tu semental! – Gime sin reparos, ayudándote incluso en cada movimiento de caderas… - ¡Mghh fuck! – se muerde los labios y lanza más maldiciones sumido en placer.

Y tú descubres que ese movimiento circular de tu pelvis le gusta, sonríes y le torturas haciéndolos entonces con suma lentitud. Permaneces inclusive quieto, sentado en su regazo con su falo enterrado en ti, le sientes palpitar en el fondo de tu anillo y henchirse mucho más de sangre en consecuencia de los niveles de excitación.

Le gusta que lo montes, y a ti cabalgar. La sensación de control sobre las embestidas, el ritmo, el nivel de penetración, todo, te brinda una seguridad y un placer que no encuentras de ninguna otra manera. Clavas tus ojos chocolate en sus brunas pupilas, sonríes e inclinas nuevamente el torso dejándole sentir el roce caliente con el suyo, lames sus pezones y succionas entretenido cada uno de ellos, subes hasta la clavícula y dejas tu marca violácea en ella; continúas el camino hasta su cuello, donde su marcada manzana de Adán te tienta a morderla.

- ¡Nghh, Su! – claramente no te has negado a la tentación. Sonríes divertido y antes de que él advierta nada tú ya cabalgas nuevamente con frenesí… - ¡Mgh mierda!

Sonríes y reclamas de nuevo su boca, lamiendo sus gruesos labios, tironeando del inferior repetidas ocasiones sin querer separarte demasiado de su boca sexy, haciendo todo lo posible por mantener el ritmo de la cabalgata. Su virilidad roza tu carne y toca profundamente en ti, alcanza ese punto sensible que te hace sentir mucho más placer y tiemblas presa de las oleadas que recorren tu cuerpo. Sudas y jadeas sumido en todo ese gozo. Apoyas tus manos en el pecho de tu novio y agitas las caderas notando cómo el cansancio amenaza con apoderarse de tu cuerpo.

- ¡Chun~! ¡Chun ah~! – gimes su nombre casi sin ser consciente de que lo haces. Es que todo lo que inunda tu cabeza es ese hombre bajo tu cuerpo que te deja dominarle de esta manera, montándolo como lo que es, tu semental.

De pronto la presión en los costados de tu cintura es más firme, y en pocos segundos quedas tumbado en el piso. Sus profundos ojos negros te absorben y el brillo ardiente de sus pupilas te consume. Te sonríe y besa tus labios con pasión, susurra en tu oído palabras que no alcanzas a entender claramente porque ya estás a un paso del cielo, el calor en el bajo vientre te anuncia que el final está cerca. No es que te importe demasiado, su esencia en tu interior y la tuya desparramada entre sus cuerpos es lo que realmente te vale. Amarle, que te ame.

Después de todo, son solo formas de amor.


DÍGITO
(HayaMin)


1, 2, 3. El conteo natural para aquella acción íntima en específico. Pero 4. Sale de límites, y se siente endemoniadamente delirante. Comenzabas a sospechar que la perversión era algo así como contagiosa, ¡Y tú rodeado de pervertidos! Tus padres postizos -Jaejoong y Yunho–, tus amigos –YooSu– y encima tu novio –alias Hayami no baka, baka (a secas), idiota, imbécil y otra serie de insultos que te vienen espontáneos siempre que estás con él y casi sin importar la circunstancia o el lugar–.

Encima.

¿Encima?
¡Encima!

- ¡Fuck! – Gimoteaste tembloroso cuando tu novio presionó sus dígitos dentro de ti. Y sí, el muy idiota estaba echado sobre tu cuerpo dejando que ambas anatomías se perciban en su totalidad, que registres cada grado de calor subiéndote de pies a cabeza por la cercanía y la obvia intención de la misma… - ¡Oh god!

- Te he dicho muchas veces que Hayami es suficiente, cariño~ - Se burla de ti y tú encuentras irónicamente excitante que te hable así de altanero al oído. Si es que se te deben haber aflojado varias tuercas en la cabeza para sentirte así con su trato.

- Me has vuelto masoquista… - siseas temblando otro poco, el maldito ha untado más lubricante en sus dedos para facilitar su labor.

- Te he vuelto sensible a mis encantos, solamente… - ríe ladino y cuela una de sus piernas entre las tuyas, su rodilla alcanza a rozar tu virilidad y te arranca nuevos gemidos.

- Cállate y termina de una vez, Hayami baka… - gimoteas desesperado, revuelves los brazos buscando algún soporte y todo lo que encuentras es su ropa desperdigada por la alfombra. Venga que no tiempo se han dado de ir a la habitación.

- ¡Tsk! ¿Qué maneras, cariño? ¿Es que acaso no hay tacto en tu boquita? – te lanza las preguntas con aire seductor y arrogante. Te jode que sean características que te gusten, y más porque sabes que él lo sabe.

- ¿Quieres ver el tacto que mi boquita puede darte, Hayami? – preguntas con cierto aire sexy, él fricciona su rodilla un poco más contra tu erección y te arranca nuevos gemidos.

- Oh, vaya que quiero verlo, ¿vas a mostrarme, ChangMinnie~?

- Jódete… - le gruñes por inercia.

- Pero disfruto más jodiéndote… - y ahí de nuevo sus dobles intenciones, sobre todo porque al decir aquella palabra sus dígitos han penetrado hasta el fondo; solo dos de ellos están ya dentro de ti, pero te tocan la carne caliente de tu cavidad de modo tal que sientes que podrías enloquecer.

- De verdad, cierra esa maldita boca tuya y deja de jugar. ¡Hazme el amor, baka! – refunfuñas, característico en ti (y no por ello aburrido como cualquier rutina) y terminas golpeándole el pecho en un gesto bastante… bueno, digno de ti no fue.

- ¿El amor? ChangMin ah, desde la primera vez, incluso si solo era en mis sueños, solo te hago el amor… - su sonrisa altanera, su mirada pícara… su maldita sinceridad. Gruñes y te sonrojas, recibes su boca devolviéndole el beso con incipiente dulzura.

Sus dígitos te abandonan –y por un segundo (solo uno) les extrañas–, se perfila entre tus piernas y coloca la punta de su erección dura y caliente en tu anillo. Viene lo mejor, lo anterior fue solo el principio de una larga y merecida noche de entregarse en cuerpo como lo están en alma y corazón. Hoy, luego de semanas sin verle, por fin le tenías nuevamente completito para ti.