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sábado, 17 de agosto de 2013

ROYAL SERVICE (Parte 2)



Me he tardado más de lo que esperaba en terminar esta parte, pero cm he vuelto al trabajo y que tuve por ahí un declive inspiracional, pues no ha podido ser antes ;D pero acá está, y además les aviso que habrá tercera parte~ see hay necesidad visto que la idea se ha alargado más de lo que quería xD así que no desesperen. 


~~//~~ * ~~\\~~
ROYAL SERVICE
Parte 2


En cuanto los chicos estuvieron de vuelta –lo cual por cierto fue muy tarde–, ChangMin encaró a Jaejoong anunciándole que se marcharía de regreso a Seúl en el primer vuelo que pudiera reservar.

– Si de verdad tenías pensado irte, para qué tenías que esperar a que regresáramos. Conociéndote esa habilidad tan infructuosa de cero tacto, eras perfectamente capaz de llamarme desde el aeropuerto a punto de abordar el avión; o peor aún, mandarme un texto con un simple, “me largo, les veo en Seúl”… – El pelioscuro trató de imitar la voz del morocho en la frase final, ignorando deliberadamente todos esos gestos inconformes y las venitas en la sien a punto de estallar en su amigo menor… – Por casualidad, ¿Hayami te gusta?

– ¡Por qué tenías que llegar a esa conclusión! – Espetó con la cara roja. Altamente probable por molestia, pero con la nada imperceptible posibilidad de que estuviese avergonzado también.

– Porque en dado caso no es el primer hombre que te aborda, y que yo recuerde en las otras ocasiones mandabas al diablo a cada uno si solo se atrevía en mirarte de alguna manera que te incomodara.

– ¡Pues no me gusta! ¡Hayami no baka es solo un tipo adinerado que tiene el ego por los cielos!

– Y tanto aspaviento y drama es porque en realidad sí te gusta, ¿no es así? – Jaejoong sonrió con picardía. Y ChangMin casi juraría que le salía humo por las orejas de tanto y tanto que le aumentaba el enojo –la vergüenza también, pero decididamente no iba a aceptar eso delante de nadie–.

– ¡Deja de decir que ese idiota me gusta!

– ¿Te gusta Hayami-kun? – Junsu preguntó tras asomar su castaña cabellera por la puerta.

– ¡Por qué entras sin llamar! ¡Metiche!

– Tus gritos han puesto de mal humor a mi Chunnie y todo el ánimo se le ha enfriado… – El castaño pucheó lindamente, mientas que el pelioscuro reía por el obvio sentido con que el chico hablaba.

– ¡Oh claro, y vienes a fastidiar mis intentos de charla privada con Jaejoong porque le corté la inspiración a tu pervertido novio para que conejearan! ¡verdad!

– Pues sí, puesto en los términos en los que tú te entiendes mejor, ChangMin ah… – Admitió pestañeando inocentemente, gesto que hizo al morocho simular una arcada de tanta dulzura que Junsu iba derramando por ahí.  

– ¡Dios mío! ¡Estoy rodeado de puro descarado! ¡Por qué somos amigos! – Estalló. Acción que no hizo al castaño cambiar su actitud aniñada, y que por ende sacaba más de sus casillas al morocho.

– Jaejoong hyung, después de todo este tiempo, yo tampoco entiendo cómo es que ChangMin es capaz de renegar con tanta euforia siempre. ¿Eres frívolo o algo así?

– ¡Largo! ¡Fuera de aquí los dos! ¡Fuera! – El morocho increpó fuera de sus cabales.

Pero Junsu insistía en que le diera una respuesta, quizá que así lo entendía. Jaejoong afirmaba alguna que otra palabra del castaño y agregaba sus propias interpretaciones acerca de la actitud arisca del morocho; impaciente como nadie y con ese instinto asesino subiéndole por la boca del estómago, ChangMin terminó empujándoles para que abandonaran su habitación. Estaba que tronaba de coraje, impotencia… y tal vez, de vergüenza.

Una vez fuera, Jaejoong y Junsu se miraron entre sí, suspiraron, encogieron los hombros y fueron a sus respectivas habitaciones donde su respectiva pareja esperaban ya con serias inquietudes acerca de todo el jaleo que han escuchado a ChangMin montarse.

– JaeBoo, perdóname.

– ¿Por qué?

– Fui yo quien te estuvo insistiendo en que le pidieras a ChangMin que te ayudara. Por eso es que ese ingrato está aquí dándote jaquecas.

– Pero Yunho ah… – Sonriendo, el pelioscuro se acercó a su novio, que recién duchado se secaba el cabello ante el espejo con una secadora. Le rodeó la cintura y besó su hombro con cariño… – No seas babo, ChangMin está así porque realmente creo que Hayami-kun le mueve el piso.

– Pues supongo que a Hayami-kun no le es indiferente, por la forma en que lo mira… – Observó el moreno, peinando algunos mechones lacios con sus dedos mientras el aire caliente de la secadora hacía lo propio y le adormecía ligeramente.  

– También parece que le gusta sacarlo de sus casillas. Aunque por lo que nos dijo Hiroyuki-san antes, parece que es probable que sí le guste.

– Lo único que espero es que después de este trabajo tuyo todos salgamos cuerdos, y vivos… – El moreno sonrió honestamente divertido ante la idea de que esta situación con el cliente de su novio y su amigo morocho llegue a tales niveles.

– Deja que te ayude con eso, Yunnie~ – Tomó la secadora y continuó encargándose del cabello de su novio, peinándolo y robando alguno que otro beso de labios del moreno, que medio adormecido por el sopor del aire caliente y las caricias de su novio, está seguro de que si Jaejoong no le activa en unos minutos, caerá rendido sobre la cama. Venga, que le ha acompañado todo el día haciendo compras de cosas que ni siquiera tenía idea fueran necesarias en una cocina.

Por otro lado, Yoochun no andaba por los términos de dar cabida al letargo, quería hacer el amor con Junsu, tenerle entre sus brazos, retenido en la cama y jadeoso bajo su cuerpo, con esa cara sonrojada mordiéndose los labios para que sus gemidos no salgan altos. Claro, eso quería, pero cuando su castaño novio regresó de la habitación de ChangMin le había marcado el alto que tanto detestaba.

– No podemos hacer esas cosas cuando estamos en la casa de un cliente de Jaejoong hyung, Chunnie.

– Pero si hace cinco minutos casi nos desnudábamos~ – El pelinegro intentó de todo, hablarle bonito, besarle el rostro, mimarle el cuello con besos y lametones distraídos, abracitos sumisos. Pero nada, el castaño estaba decidido a no dejarle pasar más allá de sus prendas.

– Hace cinco minutos casi se me había olvidado que no estamos en un Hotel de lujo en alguna ciudad paradisíaca y exótica; así que no insistas o le pediré a Hayami-kun que me permita usar el sofá de su estancia.

– Baby, eso es ridículo… – Claro, el pelinegro pensó que sería más lógico esperar otra habitación, además aquel palacio era bastante oriental como para conformarse con un sofá.

– Solo mantén tus manos… mejor cada parte de tu anatomía en una distancia prudente y no intentes correrme mano, Chun. O en serio no vas a ponerme un dedo encima ni aún cuando regresemos a Seúl… – Junsu advirtió. Y acá entre nos, pese a que Yoochun sabe que su novio es igual que él de apasionado, le conoce la suficiente voluntad para cumplirle el castigo.

– De acuerdo… – Bufó, optando por hacer caso de las severas advertencias de su novio.

Irse a la cama a dormir junto a Junsu nunca le había parecido tan sufrible. Tremendo hombre –ángel cándido que pide a gritos ser mancillado, según pensamientos obscenos del pelinegro– acostado a su lado, con ese cuerpazo que le hace alucinar las más lujuriosas fantasías, y no poder siquiera abrazarle. Era como para pensarse la posibilidad de un futón.

--//--

A primera hora del día ChangMin salió a correr por los jardines del palacio. Honestamente el paisaje era precioso, y el aire que se respiraba se sentía diferente llenándole los pulmones por cada aspiración; aparte de eso se sentía magnífico sentir el suave soplar acariciándole el rostro, jugando con sus mechones y dejando una sensación sumamente agradable instalada en su vientre. Era simplemente perfecto. Porque no había nadie por ahí alrededor que le fastidiara el momento de ninguna manera. No le apetecían los besos empalagosos entre Yoochun y Junsu, ni sus risitas cuando según ellos se ponían a ejercitar también, porque siempre terminaban interrumpiendo la carrera para esconderse por ahí en cualquier sitio medianamente privado para comerse a besos. ¡Si es que el ejercicio no estaba hecho para parejas melosas como ellos dos! Y luego estaban Jaejoong y Yunho, que aunque podían tener más control sobre sus sentimientos –que por algo son maduros, no como el par de hormonales del YooSu que más solo parecen tener lujuria en el pensamiento–, también terminaban tonteando cuando salían juntos a correr, porque el moreno es un exagerado de primera y teme que el pelioscuro tropiece hasta con su propia sombra. Sí, es sobreprotector el hombre, pero el morocho sabe que al mayor de todos aquello le fascina.

– Acabo de fastidiarme yo solo el momento.

ChangMin se quejó lanzando un bufido y desacelerando la carrera, tratando de encauzar de nuevo sus pensamientos y sacar de su cabeza cualquier cosa que tuviera que ver con sus amigos. Debería aprovechar que está solo y contactar con su yo interno, tener una charla madura con alguien razonable –lo cual puesto en otras palabras es una muestra pura de egocentrismo de parte del morocho– y luego regresar, tomar la ducha y un suculento desayuno, que el licuado de esa mañana no hace más que calmar lo suficiente su apetito.

– Creía que eras más veloz.

La voz le llegó de improviso, pero ya tenía aquel timbre socarrón y sobrado bien retenido en la memoria como para saber al instante de quién se trata.

– No me digas que también corres por las mañanas… – El morocho gruñó al mirar de soslayo al japonés corriendo a su ritmo. Aceleró y por supuesto, el japonés también lo hizo… – No irás a joderme el día de hoy también, ¿verdad?

– Tienes un humor tan amargo, ChangMin-kun. Pero pienso que en ti eso es un toque encantador de personalidad… – El japonés sonrió, y ni siquiera se molestó en disimular la mirada cuando volteó el rostro para observar directamente la expresión avergonzada del morocho al recibir aquel tipo de halago. Le extrañó sí, sin embargo, que no estallara con alguno de esos comentarios sarcásticos que había soltado a diestra y siniestra el día anterior… – Propongo una carrera de vuelta a la mansión, el ganador puede pedirle lo que quiera al otro.

La propuesta le parecía al morocho peligrosa, pero se tenía la suficiente confianza para salir victorioso, así que aceptó. Minutos más tarde estaba más que arrepentido, enojado consigo mismo por haber perdido ante el exasperante japonés.

¿Cómo demonios fue que consiguió ganarme? Tengo los mejores tiempos de todos, superé al mismo Yoochun que en algún momento era el más rápido de todos. Aunque eso fue de recién que nos conocimos… – Admitió entrecerrando los ojos, curioso de pronto del motivo por el cual el pelinegro había dejado de ser tan deportista… – No estoy seguro de que sea solo por lo de su asma, siempre lo ha controlado muy bien.

– ¿Tienes por costumbre pensar mientras te duchas? ¿O es solo para no escuchar lo que te digo? – La voz del japonés, socarrona y pícara, le hizo volver de golpe a la realidad.

A saber, tras la derrota en la carrera, ChangMin recibió por castigo obedecer en todo lo que el japonés quisiera hasta el día de su cumpleaños. El morocho farfulló maldiciones al por mayor, pero como hombre de palabra que admite sus derrotas, no tuvo más remedio que cumplir. Así inició su forzada rutina como mayordomo de Hayami. Igual que el día anterior, tuvo que preparar el desayuno para Hayami –baka–, luego le preparó el cuarto de baño, pero no conforme con eso, el japonés le ha arrastrado a quedarse ahí para tallarle la espalda.

De todas maneras cómo sabía que estaba pensando en lugar de prestarle atención. Bueno, es lógico si permanezco aquí callado sin hacer nada.

Con las mejillas ruborizadas, el morocho se dispuso a hacer lo que se le había pedido por principio de cuentas, se sentó en el borde de la tina y tomando esponja vertió jabón líquido sobre ella para tallar la espalda del anfitrión. Pero camino hacia su objetivo la mano del morocho se paralizó, los ojos cafés de ChangMin admiraron la ancha espalda del japonés, tragando hondo al percatarse de lo masculina que luce aquella parte de la anatomía de Mokomichi, la tersa piel tostada moteada de espuma aquí o allá, húmeda con algunas gotas de agua jabonosa resbalando por todas partes, y del oscuro cabello castaño cayendo finas gotas que se unían al resto de ellas cuesta abajo en nuca y hombros.

¡Maldición! ¡Por qué sigo pensando que es atractivo!

– ¿Sigues pensando en no sé qué cosas, ChangMin-kun?

Sacado abruptamente de sus pensamientos, el morocho gruñó en afán de hacer notar indiferencia y dejó caer su mano sobre los omóplatos del japonés comenzando a tallar, algo rudamente, pero sin recibir ninguna queja de parte del mayor de los dos. Cuando notó la piel tostada ligeramente irritada tuvo un chispazo de culpa, así que declinó ser malvado con el japonés y talló condescendientemente. Los movimientos circulares de la esponja sorprendieron a Hayami, siguió jabonando sus brazos y sus piernas, francamente curioso del motivo por el cual el morocho de pronto se portaba tan amable, él que ya se había hecho a la idea de soportarle estoicamente su mal humor. En cuestión de un minuto aquellos movimientos se convirtieron para el japonés en una cálida sensación que simulaba caricias, la esponja ya había tallado toda su espalda, pero no conforme con ello de repente se colaba al frente acariciándole más allá de los hombros hasta la altura de su pecho, y después, sin que lo hubiera previsto, la esponja desapareció dejando en su lugar solamente a un par de manos jabonosas que acariciaban su piel en sutiles caricias.

El letargo cautivó a ambos muchachos sin que se diesen cuenta. El vapor de la ducha, y el silencio probablemente eran los culpables. Tal vez también las sensaciones que se generaban cuando estaban juntos. No, claro que no se conocen, están en vías de hacerlo, a Hayami nada más de verlo hizo su corazón latir frenético porque le resultó atractivo y diferente a cualquier otro chico que hubiera conocido en su vida; y ChangMin pues, él no sabe qué sucede con su cuerpo que se pone tenso de nervios –que la molestia y las vergüenzas son solo consecuencias– ni por qué su corazón decide latir a tropel o por qué su mente concluye que este hombre es atractivo.

Y arrogante. Baka. – Se dijo, frunciendo el ceño y cayendo en cuenta de lo que sus manos hacen, masajeando la base de la nuca del japonés mientras el susodicho suspira relajado, disfrutando de sus serviciales atenciones… – ¡Mierda! – Maldijo por lo bajo, apartando sus manos de tajo como si de pronto el tacto con la piel del japonés le hubiese quemado.

– ¿Por qué paras? – La voz áspera del japonés le hizo sentir un pinchazo en el vientre. Hayami giró el rostro buscando la mirada del morocho, cuando se topó con aquellos ojos chispeando algo que no logró descifrar se percató también del sonrojo que cubría las morenas mejillas.

– He cumplido con tallar tu espalda, ahora te dejo para que termines… – Murmuró rápido, levantándose con la intención de marcharse. Pero la mano del japonés rodeó con firmeza su antebrazo antes de que pudiera dar más de un paso… – ¿Qué? Ni creas que voy a secarte también… – Le gruñó en automático, más como mecanismo de defensa ante sus bochornosos pensamientos.

– ¿Crees que el amor a primera vista sea posible?

– ¿Q-qué? ¡Qué mierda me preguntas eso a mí!

– ¿Alguna vez te has enamorado al menos?

– ¡No te incumbe! – Exclamó demasiado avergonzado, seguro de que el rostro se le ha puesto colorado y con ese pensamiento de trágame tierra rondándole la cabeza… – Voy a ducharme a mi habitación.

No tiene idea del motivo por el que tuvo que excusarse, pero cuando salió prácticamente corriendo de allí, Hayami sonrió satisfecho. Definitivamente no le era indiferente al morocho, pese a que no ha hecho más que molestarlo parecía ceder a cierta atracción, al menos física.

--//--

Tras su regreso de la ciudad, los chicos se extrañaron al no ver a ChangMin por allí refunfuñando por haberse quedado otra vez solo con Hayami. De hecho, se extrañaron de no verle a él tampoco por ninguna parte.

– Hiroyuki-san, dónde cree que esté Hayami-Kun.

– Me pidió que les avisara que estaría cabalgando en los bosques. Le gusta hacerlo por las noches de vez en cuando. Pero estará de vuelta antes de medianoche.

– Oh, ¿Y ChangMin estará con él?

– Sí, Jaejoong-san.

~*~

ChangMin se sentía agotado. Servir durante todo el tiempo por segundo día consecutivo a Mokomichi le tenía así. Cabalgaba por detrás del caballo del japonés sin querer establecer ninguna conversación con él, llevaba todo el día así desde el incidente matutino en la ducha, rehuyendo de los intentos del japonés por hablar; con suerte hace cerca de media hora solo le había dicho que cabalgarían, lo guió a las caballerizas y le presentó ante la yegua que monta.

Ella es Nishi. Es mi yegua favorita, me la regalaron mis padres cuando cumplí la mayoría de edad, ha crecido saludable y bondadosa desde entonces. Se portará bien contigo y ni siquiera tendrás que usar la fusta, con que tires de la rienda hacia donde quieres ir será suficiente.

Cuando ChangMin pensó al respecto, se dio cuenta de que Hayami trataba bien a sus animales, a sus empleados también. Y aunque con él era un fastidioso y tenía esa personalidad sobrada de prepotencia y egocentrismo, era agradable, paciente y maduro.

¡Maldición! Sigo pensando este tipo de cosas… – Pensó con frustración.

Miró al frente y contempló la espalda de Hayami, los movimientos al compás del trote de su caballo, un alazán hermoso a decir verdad. Y sin embargo él se dejaba arrastrar por la visión del japonés cabalgando, la forma en que su porte denotaba seguridad.

Se impone con facilidad. Nació para ser líder de todo en su vida. Lo envidio, tiene don para ganarse el afecto y respeto. Yo ni siquiera soy muy tolerante.

– ChangMin-kun, mira la luna. Es hermosa, ¿no crees?

El morocho subió la mirada al firmamento, admirando el astro plateado allí, rodeada de estrellas, reinando en el oscuro cielo.

– Lo es.

– Tú eres como la luna, inalcanzable, con una belleza peculiar; seduces con eso solamente.

ChangMin frenó el cabalgar de Nishi, demasiado conmocionado por aquellas palabras. Mokomichi siguió adelante, consciente de que el morocho no le seguía, palmeó el cuello de su caballo y aceleró la carrera hasta perderse por un estrecho camino entre los árboles.

--//--


A la mañana siguiente ChangMin no quería salir de su habitación, ni siquiera quería abandonar el refugio de su cama. Al menos ahí, oculto bajo las mantas, podía hacer de cuenta que lo que dijera Hayami la noche anterior no había causado un efecto importante en su persona. Pero solo recordarlo hacía que se sonrojara, y a él estos reflejos de vergüenza nunca le han agradado; le hacen sentir vulnerable a todos los fracasos y dolores posibles al corazón. Tiene miedo de enamorarse.

Toc, toc llamaron a su puerta, refunfuñó y fingió no escuchar el golpeteo. Dos veces se sucedieron, pero un minuto después los pasos se alejaron de ahí sin más insistencia. Abandonó su cama y fue a asearse, no podría hacer el tonto todo el día pues finalmente estaba aquí por trabajo. Y ha perdido una apuesta la mañana anterior, así que si Hayami viene a llamarle para que lo atienda, él no tendrá más opción que cumplir sus indicaciones. Tras arreglarse, ChangMin finalmente salió, encontrándose con una orquídea blanca a lado de su puerta.

– Es broma, ¿cierto? – Murmuró para sí, tomando la flor con sus dedos y admirando su belleza. Él sabe, como muchas otras cosas que ha leído solo por el hambre de conocimiento general, que las orquídeas simbolizan seducción, sensualidad y belleza suprema. Y que particularmente el color blanco expresa un amor puro e idealizado por la persona amada… – Para ciertas personas una orquídea tiene un valor incluso más romántico que un ramo de rosas rojas. ¿Hayami dejó esto para mí? – Agitó su cabeza de lado a lado tras darse cuenta de sus palabras.

De cualquier manera entró a su alcoba y colocó la orquídea en un vaso con agua que dejó sobre la mesa de noche junto a su cama. Suspiró y se dirigió a la estancia. Como los días anteriores, sus amigos no estaban allí, seguramente se han ido ya con Watanabe para comprar las últimas cosas necesarias para el gran banquete que sería en un par de días, pero Jaejoong tendría que comenzar a preparar algunos platillos desde entonces, lo que implicaría trabajo para todos, ChangMin incluido.

– Hiroyuki-san, creí que estaría con mis amigos en la ciudad.

– El joven Mokomichi ha ido particularmente con ellos, me ha pedido que lo espere.

– ¿Hace cuánto se fueron ellos?

– Temprano, cerca de las siete. Llamé a su puerta hace unos minutos pero usted no atendió, asumí que aún dormía.

– Fue usted quien llamó. La orquídea…

– La ha dejado Hayami-sama temprano antes de irse con sus amigos.

Saberlo casi hizo sentir aliviado al morocho. De solo imaginar que haya sido Watanabe quien la dejó le tensó. Pero saber que ha sido Hayami, le hace sentir de alguna manera contento.

– Vamos entonces a reunirnos con ellos. Seguramente aún no volverán.

--//--


ChangMin se arrepentía –otra vez– de haber decidido ir a la ciudad. Jaejoong y Junsu no paraban de decirle en susurros que Hayami era un hombre muy atractivo y que él debía aprovechar la oportunidad si es que el japonés le estaba insinuando algo.

– Ustedes dejen de decirme estupideces… – Espetó más que molesto, avergonzado. Y es que Hayami no paraba de hablarle de su país, de tomarle la mano y jalarle cerca, comprarle toda clase de comida y sonreír emocionado… – Está siendo buen anfitrión solamente, o quizá luego me pedirá que le de masajes o algo así.

– ¡ChangMin-kun, ven y mira! – El japonés le hizo señas para que se acercara, estaban en un centro comercial y él le indicaba que entraran a una tienda de mascotas.

El morocho gruñó pero avanzó sin mayor indisposición hacia el japonés.

– Hacen tan bonita pareja… – Jaejoong dijo con tono soñador. Yunho le dio la razón, aunque se preguntaba qué futuro tendría una relación en la que ambos viven en países diferentes, de todas maneras de momento no dijo nada para no romper la ilusión de su novio (casi prometido).

– Sería fenomenal que en el banquete de su cumpleaños Hayami-kun se le declarara a ChangMin… – Añadió Junsu con ojos brillantes y sonriendo con emoción.

– No te emociones tanto Junsu ah, no sabemos si los padres de Hayami-kun se tomarían algo así de buena manera.

– Eres matador de sueños, Chun… – Gimoteó el castaño. Yoochun revoleó los ojos pero le abrazó con cariño pidiéndole que no se enojara con él porque solo expresaba sus ideas.

Dentro de la tienda de mascotas, Hayami le hablaba de sus recuerdos de infancia cuando todo lo que le pedía a sus padres era un cachorro para jugar.

– Es verdad, ¿eres hijo único?

– Sí. Tú no, ¿verdad?

– Tengo una hermana. Y bueno, mis amigos son como hermanos.

– Pero no les conoces desde la infancia, ¿o sí?

– No.

– ¿Qué hacías para divertirte cuando eras niño?

– Jugaba en la escuela con los amigos de entonces. ¿Tú no tenías amigos en la escuela?

– Me eduqué con tutores privados. Mis padres estaban todo el tiempo en viajes de negocios y no querían dejarme solo, así que para no estar entrando y saliendo de las academias prestigiadas del país, les acompañaba siempre y contrataban tutores ahí donde nos encontráramos para que realizara mis estudios. La primera vez que fui a una escuela de verdad fue cuando ingresé a la Universidad.

ChangMin no lo dijo, pero lejos de parecerle impresionante se sintió triste por la infancia del japonés. A él le había encantado su infancia, jugar con otros niños, regresar a casa con la ropa sucia o los pantalones rasgados. Reír por las bromas que inventaban y hasta molestar a las niñas tirándoles de sus coletas. Pero Hayami parecía no haber tenido más contacto con otros de su edad durante aquellos años.

– ¿Por qué te quedaste callado?

– Pensaba.

– Se nota que te gusta hacerlo… – Señaló con una sonrisa tranquila… – ¿Te gusta este cachorro?

– Es lindo… – El morocho acarició las pequeñas orejillas peludas del can que el japonés había levantado en sus manos.

– Lo llevaré… – Dijo decidido, yendo hacia los encargados para comprar al cachorro y saber todo lo necesario para cuidar de él.

– Se compra todo lo que quiere, pero no sé por qué verlo comprar un cachorro me parece tierno de su parte. ¡Allí voy de nuevo pensando tonterías! – Se golpeó la frente con frustración, agradecido de que el japonés no se haya enterado pues estaba bastante lejos como para percatarse de sus sonrojos y reveses. Sin embargo, tuvo que admitir que este sujeto francamente le movía el suelo bajo sus pies.

Cuando Hayami volvió a su lado, el cachorro dormitaba entre sus manos, ChangMin pensó que este hombre tenía alguna especie de aura mágica con los animales para caerles bien y domarlos.

– Vamos, tus amigos deben estar esperándonos.

– Oye, por qué me dejaste una orquídea en la mañana.

– ¿No es obvio? – El japonés le sonrió, otra vez como antes, con esa arrogancia suya que hacía al morocho fruncir el ceño… – Apuesto a que te ha gustado.

– Para nada… – Gruñó por inercia, tratando de ignorar en sus pensamientos el hecho de que la había dejado en su mesita de noche.

– La próxima será de otro color, estoy seguro de que conoces sus significados.

– No quiero que me regales orquídeas. Es… vergonzoso y demasiado insolente de tu parte.

– Insolente por qué.

– No es agradable y ya… – Espetó acelerando el paso y negándose en escuchar algo más de su parte.

--//--


Tras haber ignorado el resto del día a Hayami al volver a la mansión, ChangMin esperó que a la mañana siguiente continuara dejándole en paz. Pero una orquídea apareció temprano en su habitación. No, no en su puerta como el día anterior, sino en la mesa de noche a lado de su cama. ¿Cuándo entró Hayami? ChangMin no lo sabe, no sintió a nadie entrar y se ha despertado sobre las seis de la mañana porque Jaejoong le ha dicho a todos que comenzarían temprano a hacer algunos preparativos para los platillos del banquete.

La orquídea era color rosa, expresando su intención de seducirle. Tener este conocimiento puso en alerta todas las alarmas del morocho. Toc, toc, llamaron a su puerta, y él por acto reflejo soltó la orquídea que había estado admirando de cerca, una flor realmente hermosa. Cuando la vio en el suelo se sintió culpable, y con cuidado –escuchando a su vez un segundo llamado a su puerta– la colocó junto a la blanca del día anterior. Luego fue a abrir.

– Hayami-sama le solicita en su habitación.

– ¿Para qué?

– No es algo que me haya sido informado, ChangMin-san.

Watanabe se marchó sin más, y el morocho escuchó en las habitaciones de a lado a sus amigos comenzar el día. Jaejoong le reprochaba a Yunho algo sobre haber olvidado encender la alarma del despertador –al moreno solían pasarle ese tipo de cosas por despistado–; mientras que del otro lado Junsu le recriminaba a Yoochun que le dolía horrores el trasero.

– No quiero saber detalles de eso… – Se dijo para sí y mejor apuró sus pasos hacia la habitación del japonés. Llamó y al instante Mokomichi abrió la puerta… – Hiroyuki-san dijo que me llamaste.

– Quiero tu opinión acerca de qué ropa debería usar para el día del banquete.

– ¿Por qué yo?

– Porque quiero gustarte a ti.

ChangMin se sonrojó. Y pensó que mientras Hayami siguiera actuando así, sería difícil para su corazón no enamorarse. Iba a protestar y largarse de allí cuando el cachorro se acercó jugueteando con los lazos de los pants holgados que se ha puesto. Entonces recordó que aunque le sacaba de sus casillas, también le confundía como nunca ningún chico consiguió. Gustarle. Tal vez ya lo hacía. No, se corrigió mentalmente a sí mismo. Ya le gusta. Tan solo teme enamorarse.


Continuará……

miércoles, 15 de mayo de 2013

ACD del Amor Íntimo (Parte 2)




Título: ABC DEL AMOR ÍNTIMO (Parte 2)
Autora: Felina
Colaboración: Makino Mizuki
Parejas: YooSu, YunJae & HayaMin 
Clasificación: NC-18
Advertencia: Lemon

N/Felina: Se supone que son drabbles, así que no les extrañe que algunas letras sean más cortas que otras, o que haya algunas que merecen ser llamadas lemon ;D





EMBESTIR
(YunJae)


Llegas al departamento con el cansancio agolpado en todo tu cuerpo, tanto que incluso te sientes agarrotado. El ensayo del día te había extenuado –en buena medida porque tú solo te exiges más de la cuenta–, las correcciones en los mínimos detalles de la coreografía por individual y en conjunto había absorbido de ti toda la energía, claro que también es debido a que llevas más de una semana en el mismo ritmo, así que puede decirse que hoy simplemente habías llegado al límite. Apenas dejas tu bolso en la entrada, tu novio ha salido a tu encuentro, sonríes al verle con el delantal floreado puesto y el cucharón de madera en una mano; pero de inmediato ves venir un regaño cuando su ceño se frunce y un ruidoso resoplido sale de sus labios. Si el flequillo de su frente no estuviese sostenido por un broche por encima de su cabeza, los mechones rojizos se habrían agitado.

- Jung Yunho, cuándo vas a aprender a no sobre-exigirte en los ensayos.

- Estoy bien, JaeBoo; una buena ducha tibia y una consistente siesta me pondrán como nuevo… - refutas intentando calmarle, no te apetece un regaño de su parte ahora, aunque a menudo te sean útiles y te planten de nueva cuenta los pies en la tierra.

- Sé que sí, pero no quieras evitar que me preocupe por tu salud cuando vas y te comportas como un adolescente que se quiere comer al mundo como si fuese inmune a las enfermedades… - la reprimenda llegó, mucho menos molesto de lo que hubieses esperado, pero mejor desde donde se viera en ese preciso momento.

Le ves dar media vuelta e internarse de nuevo en la cocina. Recién entonces te percatas del delicioso aroma a pollo y los calambres que te corren de pies a cabeza. Le avisas que tomarás la ducha antes de la cena, él lanza un monosílabo y continúa a lo suyo. Sentir el agua tibia corriendo por tu cuerpo definitivamente te relaja, te quedas incluso un poco más bajo el chorro de agua, con las miles de gotas tibias formando caminos cuesta abajo por tu piel.

- La cena está lista… - la voz de tu novio se cuela entre la cortina de agua y el ruido de la ducha. Giras el rostro y le ves recargado en la puerta, sonriendo cándido y sin reparo alguno en tu desnudez.

- Terminaré en un momento, JaeBoo… - le avisas, luego cierras los ojos y te relajas unos segundos más bajo la ducha. Escuchas la puerta cerrarse, pero poco después, las manos de tu novio frotan tu espalda, suben hasta tus hombros y te dan ligeros apretones circulares a modo de masaje. Su tacto te hace vibrar y hasta suspirar.

- La cena puede esperar un poco. Estás tan tenso, Yunho ah… - susurra en tu oído, notas al sentirle pegarse a tu espalda, que la ropa se le empapa rápidamente. Y tú solo puedes imaginarte de pronto arrancándosela a tirones… - Oh, hay un cambio importante por aquí… - su sonrisa te hace sentir calor subir por todo tu cuerpo, y la entrepierna te despierta con bríos cuando sus dedos serpentean por tu bajo vientre rozando los vellos del pubis.

- Jaejoong ah… - suspiras tembloroso, febril bajo el chorro de agua tibia que de pronto no tiene comparación con la temperatura de tu piel.

- Sé cómo relajarte, en cuerpo y mente… - mordisquea tu lóbulo y su mano rodea tu virilidad comenzando a bombear muy lentamente.

Luego comienzas a perder de foco todo lo que no sea su cuerpo pegado al tuyo. Maldices la ropa mojada que trae puesta y te impide sentir su piel. Quisiste dar media vuelta y encararle para así tener el pretexto ideal para desnudarle, pero él te mordió el hombro y presionó sobre la base con su mano, para –rodeándote el vientre con la otra– comenzar a jugar en la punta de tu pene haciéndote jadear laboriosamente.

- ¿Qué es lo quieres ahora, Yunho? ¿Mi boca, o mi anillo? – Vuelve a susurrarte, con ese tono de voz sensual que tu cuerpo manifiesta su gusto por aquella voz mandando corrientes eléctricas que se sienten como coletazos chispeantes concentrándose en tu miembro.

El dilema es injusto por naturaleza. Desearías su boca caliente succionando tu erección, pero también quieres su apretado orificio comprimiéndote hasta obtener de ti hasta la última gota de tu semilla. Gimes y agitas inconscientemente tu cadera cuando las manos del pelioscuro simulan un apretado aro en el que embestir. Y tienes tu respuesta.

- Tu interior, apretado y caliente para mí, Jaejoong ah… - gimes ronco, gruñendo ruidosamente cuando el calor de sus manos abandonó tu hombría. Sientes que te gira y aunque tu espalda aún recibe el chorro de agua, tus ojos y todo tu ser solo tiene ojos y sensaciones para registrar el digno espectáculo delante de ti.

Se desnuda parsimoniosamente, dejando caer las pesadas prendas empapadas de agua a un lado. Su propia erección está erguida, aunque calibras que no tanto como la tuya, que incluso ha comenzado a doler incómoda por el nivel de excitación. Te sonríe y se relame los labios, se gira apoyando las manos sobre la baldosa del muro y abriendo las piernas ofrece su trasero hacia ti. Tragas hondo y casi hipnotizado por su seductora belleza, te acercas, te inclinas a la altura de su trasero y separas los glúteos con tus manos para comenzar a lamer –casi con prisas– llenándole de saliva.

- Usa el jabón… - le escuchas jadear. Su cuerpo mojado por la humedad de la ropa que se sacó parece incluso brillar bajo la luz de la ducha.

Tomas el jabón líquido y viertes un poco sobre tu mano, la acercas al chorro de agua que sigue corriendo y luego comienzas a jabonar alrededor de su anillo, presionando más tarde la yema de uno de tus dedos hasta conseguir entrar. Tu novio suspira y jadea, se relaja para ti y no mucho después has conseguido dilatarle. Sustituyes tus dedos por tu hombría, te clavas despacio y cuando tocas profundo cierras los ojos y botas un largo suspiro de satisfacción.

- Apretado… y caliente… - jadeas con voz áspera, moviéndote hacia afuera para disfrutar del roce de su carne caliente y el apretado espacio que te sofoca.

Así es como comienzas a embestir. Dentro. Fuera. Una y otra vez hasta que el ritmo va tomando su propia intensidad. Frenético vaivén. Embistes su frágil cuerpo y acaricias su delicada figura, le besas por aquí y por allá, gimes en su oído y olfateas ruidosamente el aroma de su cuello. Sujetas su falo y le estimulas casi al ritmo de tus embestidas.

Embestir. Chocar tu pelvis contra su trasero. Entrar. Salir. Coger impulso y aumentar la velocidad. Asegurarte de tocar profundo. Calor. Fuego y pasión. Todo el amor.


FLEXIBILIDAD
(YooSu)


Siempre has disfrutado de hacer el amor con tu novio de las maneras que te vienen a la mente, incluso si aquellas formas exigen de él un poco más de esfuerzo físico que para ti. Al principio la limitante para atreverte a esas extrañas formas de amarle en la intimidad venían no solo de su vergüenza, sino también de las desventajas de su cuerpo. Aunque él es flexible, para Junsu practicar la elasticidad de su cuerpo se había visto delimitada al baile, la fluidez de su S Line oscilando en la dirección que quisiese una habilidad natural.

Con el tiempo, y gracias a tus propuestas indecorosas, Junsu se había visto en la necesidad de conseguir que su cuerpo alcanzar posturas complicadas que pedían de él resistencia y elasticidad.

- Junsu ah~ baby~ - le llamas con dulzura, pero la sonrisa pícara de tus labios le advierte que has llegado con alguna de tus ideas… - Estuve leyendo por ahí…

- Consultando el kamasutra para variar… - te respinga con un lindo pucherito y las mejillas coloreándose inmediatamente…

- Estaba de ocioso, y tú te habías ido dejándome solito… - le pucheas también, aunque en ti aquellos gestos no se ven tan adorables como en él… - Te aseguro que esta postura te hará sentir muy bien…

- Siempre me siento muy bien cuando hacemos el amor, Yoochunnie~

- Pero con esta postura, tendrás un orgasmo explosivo… - sonríes con mayor picardía, mostrándole entonces la imagen de lo que quieres hacer con él…

- Mis brazos se entumirán seguro… - susurra pucheroso viendo la imagen de la postura que mencionas… - “El par de pinzas”, hasta el nombre suena pervertido… - puchea todavía más, leyendo bajo la imagen las indicaciones para efectuar la postura… - Será agotador.

- ¿Quieres intentarlo, baby?

- ¿Tú quieres? – Asientes sin apartarle la mirada… - De acuerdo. Pero luego tendrás que mimarme~

- Siempre te mimo~

- Me llevarás a cenar… - sonríe tiernamente. Y tú te lanzas a devorarle los labios en ése preciso instante.

Te permite entrar en su boca, su lengua te recibe con pasión, la misma que a ti te corre por todo el cuerpo. Rápidamente comienzas a sacarle la ropa, no quieres perder tiempo para sentir su piel, besarla, lamerla, marcarla con la estela de tu pasión. Tu novio jadea entre besos, gime tu nombre cada vez que tus labios alcanzan alguna zona sensible de su cuerpo, su cuello y los costados principalmente, ahí donde la pelvis se transforma en la parte de su anatomía que más oleadas de placer le hace tener.

Así es como terminan al pie de la cama, a un par de pasos de ella pero sin llegar a acostarse, tan solo le indicas que se tumbe en el borde, luego él deja todo su peso descansar en sus brazos –que ya están en el suelo– mientras que sobre el colchón quedan sus piernas a partir de las pantorrillas, prácticamente el tronco de su cuerpo queda flotando cuando es únicamente el brazo izquierdo el que le sostiene, al tiempo que abre su pierna derecha y la eleva para darte espacio entre ellas donde perfilarte. No hubo necesidad de estimular tu miembro, la sola idea de hacerlo con Junsu te pone al límite. La punta de tu falo está rojiza, y toda tu extensión hinchada y pulsante de deseo.

- Chun~ - gimotea cuando colocas la punta de tu pene en su entrada, no le has dilatado pero la experiencia te ha enseñado a prepararle más rápido en situaciones ardientes como esta.

Humectas dos de tus dedos con tu propia saliva, la mano libre le sostiene por el costado y su mano derecha se sujeta de ti aferrándose a tu brazo. Presionas ambos dígitos en su interior abriéndote paso lentamente hacia dentro. No es tan difícil que resbalen pues la excitación y la cantidad de veces que han intimado ha entrenado a su cavidad a recibirte. Sin embargo, la postura y tus dedos moviéndose en su interior casi le hacen perder el equilibrio, les toma un poco de tiempo hallarle el modo adecuado pero cuando finalmente lo consiguen…

- ¡Chun! – Junsu gime tu nombre con voz aguda en el momento en que tocas su próstata incluso si apenas le has penetrado y alcanzado el tope.

Una sonrisa lasciva se curva en tus labios. Ahora entiendes por qué esta postura garantizaba un orgasmo explosivo. Con cada estocada corroboras que tocas aquel sensible punto en el interior de tu novio. Le sientes temblar y pronto él flexiona la pierna anclándose a tu cintura mientras que tú sujetas su cadera por ambos lados aumentando el ritmo de las embestidas.

Los gemidos de ambos resuenan en la habitación, él ha dejado de apoyar su cuerpo con el brazo pues la postura en sí obliga a modificarla, sin embargo todavía es su torso el que se encuentra sin apoyo alguno, así que puedes percibir la tensión en sus abdominales, la respiración pesada, el sudor perlando su cuerpo, su rebosante virilidad agitándose en la inercia de cada estocada golpeando arriba y abajo en su propio vientre y pelvis.

- ¡Mghh baby! – gimes ahogado, tus pantorrillas tensas por el esfuerzo, sus muslos del mismo modo, ha terminado flexionando ambas rodillas, aunque solo una siga anclada a tu cadera mientras que la otra simplemente permanece al aire.

- ¡Chun ah! – grita casi pillado por sorpresa, encorva la espalda y a ti te ofrece la vista exquisita de su perfecta silueta. Le ves agitar los brazos en busca de algún apoyo, así que terminas tirándole de espaldas al colchón sin querer deshacer del todo la postura.

En un extraño movimiento terminas recostado, con él de medio lado sentado en tu pelvis, autopenetrándose agitadamente, sujetándose de una de tus piernas –la que has flexionado para aquel fin–. Esto es una montura diferente si hay que ponerlo en algún término. Francamente a ti lo único que te importa es que la tarde es joven, y las ideas variadas. Junsu es tan creativo como tú, y le fascina esta faceta dominante donde puede montarte. Y a ti lo único que te importa es amarle.


GRILLETE
(HayaMin)


Hace tiempo que vienes pensando que estar con tu novio ha alimentado la vena masoquista en ti. Incluso le toleras el empleo de algunos accesorios a la hora del sexo. Vale, hacer el amor, pero es que cuando se te pone en plan salvajote tú piensas que Hayami es alguna especie de bestia en celo, así que es sexo. Caliente y excitante sexo.

- ¡Mierda! ¡Qué estás haciendo! – jadeas medio perdido, no tenías idea de que aquellos grilletes terminarían en tus muñecas, y mucho menos que te encadenara al muro. ¿Cuándo había puesto de todas maneras esa alcayata allí?

- Te someto… - sonríe con su típica altanería y a ti te dan repentinas ganas de golpear su atractiva cara.

- ¡Ni se te ocurra querer hacer esas cosas sádicas en mí, baka! – espetas con toda la intención del mundo de sonar severo, levantas el rostro y analizas los grilletas. No hay manera de sacar tus muñecas de ahí, necesitas que el muy idiota se deje de sus bromas sexuales y te deje en libertad.

- No pienso latiguearte ni nada parecido, cariño~ solo vamos a hacer el amor de un modo diferente… - se acerca a ti y cuando intentas patearle para mantenerle lejos de ti (que no te fías del todo de él si se ha atrevido a llegar a esto sin consultarte), él te sujeta la pierna por la pantorrilla y sube delicadamente a lo largo de tu pierna hasta tu muslo interno. Sientes un pinchazo en el bajo vientre y tu pene se sacude excitadamente… - ¿Ves como no es tan malo? A tu cuerpo le gusta esta sensación adrenalínica de incertidumbre, ChangMin ah.

- ¡Vete a la…! – se acerca demasiado rápido a tu rostro y la voz se ahoga en tu garganta… sus ojos brillan con lujuria, una pasión casi desconocida para ti.

- Tranquilízate, no voy a hacerte daño alguno… - susurra y te lame los labios descaradamente. Tú maldices el jadeo que escapa de tus labios.

Le ves dar media vuelta y sacar unos juguetes de un bolso que ni maldita idea tuviste de cuándo apareció. ¡Si es que estaba mal que perdieras de foco todo alrededor cuando te besa y acaricia indecentemente! Se trata de dos vibradores, uno de menor tamaño que el otro –que por cierto es de doble terminación–. El primero de ellos termina en tu cavidad, donde untó suficiente lubricante para que resbale sin hacerte daño, aunque es inevitable que la invasión sea incómoda. Agitas las manos inconscientemente y el sonido metálico de los grilletes te recuerda tu aprisionamiento. Maldices otra vez, pero pronto los jadeos siguen escapando de tu boca cuando tu japonesito se decide en comenzar a torturar tu intimidad con las vibraciones al más alto nivel del aparato. Al mismo tiempo, usa el otro juguete para estimular tus pezones, él –tan desnudo como tú– se pega a tu pelvis dejándote sentir su erección unida a la tuya…

- ¡Ahh… Hayami! – gimoteas sudoroso, temblando de placer, tironeando inevitablemente de los grilletes, contorsionando tu cuerpo con la necesidad de participar activamente de este intercambio de placeres.

Revuelves las piernas y él aprovecha para impactar su pelvis con la tuya golpeteando de aquel modo ambas erecciones. Las vibraciones del aparato han endurecido tus pezones, y su lengua se ha decidido en lamerlos llenándolos de saliva. De pronto aquella humedad en tu pecho te abandona, pero la recibes en cambio más hacia el sur.

- ¡Oh sí! – gimes alto y ronco. Su boca te ha tragado y comenzado a succionar.

El sonido húmedo del bombeo te llega con tal claridad a los oídos que casi parece que hace eco en las cuatro paredes de la estancia. Que sí, el maldito es tan desvergonzado que te hace el amor en cualquier lugar de la casa donde se le ocurra. Con suerte y nadie les visita sin avisarles.

Cuando sientes tu pene hinchado en su boca, te resignas en llegar allí. Estás cerca del final –demasiado pronto por culpa de toda esa estimulación previa–, entonces tu japonés novio succiona más rápido hasta que tu falo toca el fondo de su garganta, le escuchas tener arcadas pero no detenerse. Así es como terminas derramando tu esencia en su boca, sus labios se manchan de su semen y él se relame gustoso, sonriéndote con lascivo interés. Tus obnubilados ojos te ofrecen apenas una borrosa imagen de su cuerpo, pero cuando te levanta una pierna hasta que la descansas en su hombro, adviertes que él no ha terminado.

- ¡Mghhh ChangMin ah! – gime ronco en tu oído cuando te penetra. El ruido metálico de los grilletes te recuerda otra vez la limitante de tus movimientos.

Pero eso no importa cuando comienza a moverse embistiéndote salvajemente, empujando su pelvis con fuerza, gimiendo en tu oído, mordisqueándote el cuello y comportándose como auténtica bestia.

- ¡Maldición! – espetas cuando te das cuenta de que este placer se siente endemoniadamente bien.

Sí. Este es un tipo de masoquismo en ti. Y es culpa de tu novio. Hayami no baka te ha cambiado demasiado. Pero así le amas. Y él te ama de vuelta. ¿Qué importa todo lo demás? Las formas del amor no obedecen más que a la creatividad de quien lo experimenta.


HENDIDURA
(YunJae)


Te fascina y no lo niegas, encuentras sumamente placentero excitarle de aquella manera, lamiendo o tocando aquella parte en particular de su anatomía. Pero que sea él quien te proporciona aquellas mismas atenciones, no tiene comparación.

- ¡Yunho ah~! – gimoteas excitado, su lengua se empeña en lamer la fisura de tu falo mientras que su mano se cierra en la base impidiéndote llegar a correrte, acumulando toda tu excitación de un modo placenteramente doloroso.

La visión de su rostro enterrado en tu pelvis de por sí ya es suficiente para mantenerte encendido, que haga aquellas cosas con su boca garantiza un orgasmo de aquellos que te dejan con la mirada perdida y el calor sofocándote impacientemente. Pero claro, tu moreno novio se toma su tiempo para llevarte al clímax.

Succiona un par de veces tu falo, dejándote sentir su rugoso músculo recorrer tu extensión; luego se detiene en la punta, la chupa y finalmente lame varias veces la hendidura. Yunho sí que sabe como enloquecerte la cabeza. Literalmente. Y en ambos sentidos.

Una de tus manos termina en su cabeza, enredas tus dedos en su cabello; mientras que con tu otra mano te acaricias el pecho acompañando los movimientos de la suya, gimes y jadeas tembloroso, sudando cada minuto un poco más, sientes tus cabellos comenzar a pegarse en tu rostro, y tu respiración ha alcanzado ya el ritmo errático de la excitación.

- Yunho… - jadeas cuando sientes que tu falo explotará si no libera la presión de la base… - Necesito correrme… por favor~ - apenas a su amor por ti, pero él solo levanta el rostro para mirarte, sonreír y continuar lamiendo tu hendidura.

La lujuria se le plasma en el rostro y a ti te sacuden corrientes eléctricas de placer. Todo tu miembro está duro, hinchado, rojizo y caliente. Necesitas desesperadamente correrte.

- Gime más mi nombre, JaeBoo… - te pide, y tú te muerdes los labios casi negándote en obedecer su petición. Todo lo que quieres es correrte pero él no para de lamer tu falo, de torcer entre sus dedos tus pezones… - Hazlo, Jaejoong. Si quieres correrte, gime más mi nombre.

- ¡Mghh! ¡Ahh~! – gimes pero no pronuncias su nombre. Sonríes y de pronto te divierte no hacerle caso. Estar ahí, sentado en el sofá con tu novio haciéndote este tipo de felación es excitante de muchas maneras.

Entonces te traga por completo. Tu pene invade su garganta, succiona y acelera el ritmo hasta que los pinchazos en tu bajo vientre torturan tus sentidos. Te muerdes los labios negándote en complacerle gimiendo su nombre, te hieres incluso y el sabor cromado de tu sangre parece alcanzar su olfato pues en un segundo su boca ha abandonado tu erección para besarte fogosamente. Un beso a sangre, un beso a placer, un beso a sexo. Un beso a amor y pasión.

Su mano libera la presión en tu base, bombea un par de veces y todo tu semen se dispara copiosamente salpicando ambos cuerpos. Tiemblas presa del orgasmo con tal fuerza que no puedes controlar ni un poco a tu cuerpo. Cierras los ojos y dejas que abrace tu cuerpo mientras te susurra al oído cuánto te ama.

- Voy a castigarte ahora por dañar tus sensuales labios… - te dice mientras los lame… - Y por no gemir mi nombre, JaeBoo… - advierte, y antes de que tu orgasmo haya abandonado tu cuerpo, él ya ha penetrado de una en ti.

La sesión apenas ha comenzado. Su hendidura quiere la revancha, derramar toda su esencia dentro de ti.