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sábado, 31 de agosto de 2013

ROYAL SERVICE (Parte final)




Parte final del 3shot HM que inició en el cumple del baka más sexy y paciente del mundo~


Tuve que editar y se borró lo que puse primero ewé pero bueh, lo dejo porque celebro con Maki besha cinco años de hermosa amistad *u*



~~//~~ * ~~\\~~
ROYAL SERVICE
Parte 3


– ChangMin-kun…

– Ponte lo que quieras, si te sientes cómodo es seguro que lucirás perfecto, atractivo ya eres Hayami-san.

El japonés le dirigió una mirada sorprendida y curiosa. La voz serena, la expresión pasiva, el entretenerse con el cachorro como si lo que estuviera diciendo fuera vergonzoso. El halago implícito libre de insultos o gruñidos. Casi se sentía como si este no fuera ChangMin. Y a la vez, como si le estuviera mostrando una faceta nueva, diferente, reservada. Un privilegio para sus ojos y oídos.

– Gracias. Tomaré tus palabras como un sabio consejo. Sentirme cómodo debe ser suficiente… – Mokomichi sonrió sin atisbo de burla, se sentó en su cama y vio al morocho seguir jugueteando con el cachorro, tan abstraído que el menor no se dio cuenta del momento en que el piso se convirtió en la zona de juego.

Hayami no interrumpió la atmosfera creada. Sonreía enamorado del momento, de la visión tierna de ChangMin cual si estuviese inmerso en su propio mundo. Realmente no había pensado en enamorarse así, tan rápido y de alguien como el morocho, un chico de personalidad compleja, pero hermosa a la vez; un chico tan único que le dan ganas de encerrarlo en una jaula de cristal.

Ese es un pensamiento tonto hasta para mí… – Piensa con una sonrisita, los ladridos de su cachorro le divierten, sobre todo cuando ve al menor actuar con el animalito como si fuese un niño… – ¿Me ayudas a ponerle nombre, ChangMin-kun?

– ¿Eh? – La mirada del morocho se ha levantado finalmente. Le mira unos instantes y por el titubeo en su mirar, el japonés intuye que el morocho está cayendo en cuenta de dónde está, con quién y haciendo qué. Sabe que se siente tonto comportándose así. Quizá incluso algo sobre orgullo se haya visto herido ahí. Hayami no tenía en absoluto esta intención… – Es tu mascota, llámale como quieras. Me voy…

Y así, sin decir ninguna otra cosa ni esperar palabra alguna de parte del japonés, ChangMin salió prácticamente corriendo de allí. Hayami suspiró, vio al cachorro acercarse a la puerta y chillar como si ya echara en falta la presencia del morocho.

– También le echaría de menos si se fuera, pequeño… – El japonés cargó al cachorro en sus manos, mimándole las orejas y sonriendo cariñoso… – ¿Qué deberíamos hacer? Necesitas una mami que cuide de ti, ¿no crees? Supongo que cambiar de ambiente no nos vendría tan mal, después de todo… Estoy enamorado.

--//--

ChangMin entró a su habitación y se recargó en la puerta con una mano en el pecho y las mejillas coloradas.

– Deja de latir así, maldición… – Recriminó a su alocado corazón.

No niegues que te gusta cómo te trata… – Le dijo una vocecilla en su interior. El pequeño diablillo de su ego inflado.

– ¡Qué va a gustarme!

Las orquídeas te han hecho sentir importante. Qué me vas a renegar a mí que soy parte de ti… – La vocecilla burlona rió con prepotencia; y por acto reflejo el morocho comenzó a blasfemar al por mayor mientras se interna en la habitación y (en un mero impulso caprichoso) tomando su equipaje pretende empacar sus pertenencias.

– ¡ChangMin ah~ levántate y vamos! ¡Se hace tarde! – El llamado autoritario de Jaejoong le crispa más los nervios pero casi parece que le hace entrar en sus cabales.

Él definitivamente no es un hombre que huye de sus problemas –que otro hombre, precisamente tan asquerosamente perfecto como Hayami, le tire los tejos es un problema mayúsculo para él–, ni tampoco que tome decisiones precipitadas –casi nunca, pero todavía casi–.

– ¡ChangMin!

– ¡Ya voy! ¡Dios mío, deja de comportarte como una madre gruñona y controladora, Jaejoong! – Gritó.

Y al segundo la figura del pelioscuro apareció detrás de la puerta. El morocho respingó pillado por sorpresa. La expresión del mayor era auténticamente como la de una madre enfadada por la insolencia de su hijo.

– ¡Jaejoong suéltame!

Cuando Yoochun, Junsu y Yunho vieron pasar por el pasillo a Jaejoong con ChangMin arrastrando de la oreja, la escena cómica de cualquier manera les hizo palidecer y dar un paso atrás –por si las dudas–, cuando quería Jaejoong daba miedo. Y justo ahora estaba en modo umma enojada que mejor ni interponerse en su camino o intentar abogar por el menor.

Al final del pasillo, ChangMin seguía rezongando pese a que Jaejoong seguía de ceño fruncido y amenazaba con la sola mirada llegar a castigarle con azotes en los tobillos. O lo que es peor para el morocho, dejarle sin comida. Fuera de su habitación, Hayami estaba recargado en el muro, sonriendo divertido por la escena que se montaban sus invitados.

– ¡Yah! ¡No me trates como si fuera un niño!

– ¡No te comportes como uno! ¡Y menos cuando voy tarde en mi itinerario!

– ¡Acaso tengo culpa de que no cumplas tus horarios!

– ¡Pues sí!

– ¡Jaejoong!

– ¡ChangMin!

– ¡Argh! ¡Me enervas los sentidos!

– ¡Y tú eres un malcriado ególatra que nunca aprecia los esfuerzos de los demás por verte feliz!

– ¡Eso qué mierda tiene que ver ahora!

– ¡Todo! ¡Te enteras! ¡T O D O! ¡Hayami es perfecto para ti y tú te andas por las ramas haciéndote de rogar! – Jaejoong espetó con las orejas rojas de repentino enfado. Frustración quizá.

Vamos, que su reacción no ha sido meritoria del pequeño arrebato del menor antes de ser arrastrado fuera de su habitación. Hemos de confesar aquí un detallito que puede ser relevante, cuando Jaejoong no duerme bien –culpa de su moreno novio por ser tan bueno en las artes de la sexualidad; sí, algo de tantra seguro se cuela por ahí– y mueve sus planes por mínimo que sea, se pone algo histérico. Y preparar todo un banquete para una familia respetada y fina como los Mokomichi, pues le tenía alguito alterado desde temprana hora del día.

– ¿Q-qué? – ChangMin balbuceó, parpadeando como aturdido y con las prietas mejillas tiñéndose de rubor.

– ¡Ustedes qué están esperando! ¡Tenemos un itinerario que cumplir! –Jaejoong palmeó sus manos cual si estuviera dando una orden. Lo cual de hecho, claro que estaba haciendo.

Así es él, lanza la bomba y luego se hace el desentendido enfocándose en su trabajo. Junsu, Yoochun y Yunho le siguieron a prisa sin rechistar, no hay manera de que quieran fastidiar más los humos del mayor. En tanto, ChangMin siguió clavado a medio corredor en estado de shock.

¿Por qué todos estaban al tanto de las intenciones de Hayami? Y sobre todo, ¿Por qué a él le pincha un sentimiento de culpa al no dar señales de aceptar las claras insinuaciones del japonés? Ah sí, ya había concluido, miedo a enamorarse.

– ChangMin-kun… – Escuchar precisamente la voz del sujeto en cuestión no le ayudaba. Aún así giró el cuerpo para encararle… – No te hace débil ni vulnerable el que alguien sienta algo por ti. No tienes que renegar si me siento atraído hacia ti, no pretendo jugar ni burlarme.

– Voy a estar aquí solo unos días, te agradeceré si me deja en paz, Hayami-sama… – El morocho murmuró con sumo respeto, inclinando el cuerpo en una venia demasiado pasiva para tratarse de él y esa personalidad retadora que cautivó por principio de cuentas al japonés.

Quizá por eso Hayami le retuvo cuando ChangMin intentó marcharse, sujetando su brazo y tirando de él al tiempo que su otra mano asió la nuca del morocho y estampó sus labios contra los ajenos en un gesto de brusquedad que sin embargo el menor acogió apasionadamente. En otras palabras, desconectó el cerebro y puso como dispositivo principal de sus acciones a su instinto, y en cierta forma, a su corazón.

No fue para nada un beso romántico, estaba más bien dominado por la desesperación de ambos protagonistas. El duelo de lenguas ávidas por explorar un terreno desconocido intensificó el húmedo contacto, hasta que la falta de aliento les obligó a separarse.

Hayami esperó que por mínimo el morocho le empujara y se fuera de ahí con indignación por su atrevimiento. Pero ChangMin permaneció allí, lo suficientemente cerca para sentir sus respiraciones mezclándose.

– ¿Te digo que me dejes en paz y vienes y me besas? ¿Eres tan baka? – Refunfuñó con el ceño fruncido, molesto consigo mismo por haber caído en el amor, la atracción o lo que sea que hay entre ambos.

¡Que besa exquisito el desgraciado! Y había sido más que suficiente para poner su mundo de cabeza, que de por si no es que no se hubiese estado poniendo todo en desorden desde que llegó. ¡Y todo en cuestión de días!

– El amor así de rápido no existe… – Pensó… en voz alta.

– ¿Por qué no? – Hayami cuestionó levantándole el mentón para enfrentar sus ojos… – Puede que no sea profundo, pero no por eso es inexistente, ChangMin-kun.

– Es tan ridículamente cursi, inverosímil e ilógico… – Rezongó empecinadamente.

– De eso se trata justamente… – Mokomichi sonrió, animado puesto que ChangMin continúa ahí, tan cerca. Tan atractivamente guapo.

– No, Hayami-san. Esto no puede ser amor, más bien solo una aventura. Me iré después de tu cumpleaños, seguirás tu vida y yo la mía…. – Entonces el morocho se apartó y emprendió (ciertamente) la huida, corriendo sin mirar atrás, maldiciéndose mentalmente por ese beso que ha encarnado un recuerdo dolorosamente hermoso en su corazón. ¿Cómo se le ocurría enamorarse de un hombre que vive en otro país? ¡Él está trabajando!

Cuando llegó a las cocinas un grupo de cocineros ya hacía lo propio según indicaciones de Jaejoong. Junsu y Yoochun tonteaban preparando masa para panecillos, y Yunho ayudaba a cargar bultos de aquí para allá, mientras el mayor tomaba lugar en una de las planchas.

– Pensé que no vendrías… – Dijo al ver al morocho.

– Por qué no iba a venir… – Preguntó con su típico tono hosco… – Olvídalo, no quiero la respuesta. Qué tengo que hacer.

– Hayami-sama pide su desayuno, Jaejoong-san… - Watanabe interrumpió a ambos muchachos, siendo tan cortés como siempre.

– ChangMin, encárgate de eso…

– ¿Por qué yo? – Reprochó el morocho.

– Porque eres mi empleado y te lo estoy ordenando… – Jaejoong frunció el ceño. Watanabe hizo una venia y se retiró sin necesidad de quedarse a escuchar la discusión entre los extranjeros.

– Podría renunciar… – Aventuró el morocho.

– Si vas a hacerlo solo hazlo. No me vengas con caprichitos que tengo suficientes cosas de las que ocuparme, ChangMin… – El tono del mayor fue como una patada en el trasero para el morocho. Le frunció el ceño y recibió a cambio una mirada fulminante. Jaejoong realmente no estaba de humor.

ChangMin entonces se dispuso a cumplir su trabajo. Preparó el desayuno y volvió al interior de la casa con paso lento. La charola entre sus manos se le antojaba como un burdo pretexto de parte de Hayami para tenerle nuevamente a su entera disposición. Si a este paso la pasaría siendo el mayordomo del japonés, y no un empleado en los términos acordados con Jaejoong. El morocho suspiró, de verdad que no quería volver a enfrentarse con el anfitrión. No ahora, no sintiéndose tan reactivo a sus insinuaciones.

– ¿En qué vas pensando? Estoy aquí, ChangMin-kun… – La voz segura, ronca y profunda del japonés le produjo un escalofrío al morocho, quien detuvo sus pasos y regresó un par de ellos para dejar la charola sobre la mesa baja al centro de la sala de entretenimiento en donde el japonés mira el noticiero en la televisión.

– Watanabe-san no dijo que no tomaría el desayuno en el comedor, Hayami-sama… – Se excusó ofuscado.

Una reacción refleja en él, cual mecanismo de defensa que se activa inconscientemente cuando se siente amenazado de cualquier manera. Pero tan ajeno a sus propias palabras que realmente no se percató del uso del sama para continuar llamándole. Y aunque aquello a Mokomichi le agradaba, se sentía mejor cuando la molestia que veía en los ojos del morocho eran superficiales, y no un reflejo atado a cosas que no sabía y que por tanto, no podía comprender.

– No te dijo porque tampoco él lo sabía. He venido a mirar televisión simplemente porque estoy aburrido y el comedor se siente muy frío.

– Ah.

– Aunque ahora que lo pienso podría ser que estoy serenándome porque el chico que me gusta me dio calabazas hace cinco minutos.

– ¡No te di calabazas, baka!

– Al menos reconoces que eres quien me gusta… – Sonrió, y las mejillas del morocho se tinturaron de rubor… – Aún así, ¿Qué fue eso de salir corriendo como si huyeras de un ataque mortal?

– No quiero que me sigas buscando con esas intenciones, entiende que vamos a separar nuestros caminos en unos días.

– Soy millonario, ¿sabes? Me mudaría sin dudarlo.

– ¿Eh?

– Eres intelectualmente muy racional, pero emocionalmente estás por debajo siquiera de la media.

– ¿Me estás diciendo imbécil? – Al morocho le comenzó a latir la venita de la sien.

– Emocionalmente incapaz de expresarte con asertividad, que es bastante diferente… – Mokomichi sonrió nuevamente con esa altanería que le crispa los nervios al morocho.

– ¿Qué clase de hombre corteja al que le gusta siendo tan pedante como tú, eh?

– La clase de hombre que sabe que el chico que pone su mundo de cabeza no espera ser tratado con la delicadeza que exige una dama.

ChangMin sintió su rostro encenderse. ¡Es que este hombre sabe cómo hablarle y dejarle callado! Porque él es de este tipo de pensamiento. Es su personalidad así de opuesta a la de, por ejemplo, Jaejoong y Junsu, que tienen sus dosis diarias de mimosidad extrema comportándose demasiado delicados para ser solo hombres. ¡Algo de eso!

– Que disfrute su desayuno, Hayami-sama… – Murmuró para inmediatamente salir corriendo nuevamente de ahí.

Esa vez sin embargo Hayami decidió dejarle tranquilo. No molestarle más durante todo el día y hasta que llegó la esperada fecha de su cumpleaños.

--//--


Desde temprana hora la gente comenzó a moverse por aquí y por allá preparando todo para el banquete. Los Sres. Mokomichi estarían arribando alrededor de mediodía y el cumpleañero había decidido salir a correr para no estar cerca ni enterarse demasiado de su propia fiesta. Claro que, no había salido solo.

– ¿Cuándo supiste que eres gay?

La pregunta de Hayami cayó como balde de agua fría sobre los hombros de ChangMin, pero eso no justifica su torpeza para trastabillar en el sendero y dar de bruces contra el suelo. Maldijo sin miramientos y sacudió sus ropas tras levantarse –negando de paso la ayuda del morocho–, fulminando con la mirada al japonés al encararle.

– ¿Quién dice que soy gay?

– Nos besamos hace un par de días, y hasta esta mañana cuando me vestí para salir, había algo entre mis piernas que me hace expresamente varón.

– ¡Me robaste el beso, baka! – Exclamó haciendo caso omiso a las palabras que refieren la condición anatómica del japonés.

Que como comenzara a imaginarlo vestido con traje de Adán su propio cuerpo le jugaría una mala pasada al sur del ombligo. ¡Es que Hayami le despierta también el instinto sexual! Lo comprobó el día del beso, cuando, tratando de tranquilizarse y descansar acostado en su cómoda cama, su amiguito entre sus piernas decidió cobrar vida y levantar asta con bríos, todo y que solo había recordado el beso. Sí, el beso; la lengua abrumadoramente sexual con que el japonés prácticamente le había hecho convulsionar por la mañana. ChangMin frunció el ceño y se pateó mentalmente tratando de espabilar esos pensamientos de su cabeza justo ahora.

– Ciertamente sí te besé sin pedir permiso, pero recuerdo bien que me lo devolviste con pasión. Y hablaste también sobre no querer ser cortejado porque esto más que amor parecía solo una aventura. Te dije además que soy perfectamente capaz de mudarme.

ChangMin le sostuvo esa vez la mirada, pronunciando más el ceño al notar su corazón bombear con prisas. Hayami lucía tan seguro de sus palabras, probablemente hasta de sus sentimientos. ¿Entonces él por qué titubeaba? ¿Por qué se negaba simplemente en admitir que este hombre movía el suelo bajo sus pies con toda su arrogante personalidad altanera?

– Hablé con mis padres cuando cumplí la mayoría de edad, me sentí lo suficientemente maduro para asumir lo que soy. Las chicas nunca me fueron particularmente interesantes o atractivas, pero los chicos solían tener mi atención con facilidad.

– No necesito que me cuentes… – Murmuró negando en su pensamiento ese resquicio de celos que le daba escucharle hablar de pasadas atracciones.

– Pero quiero hacerlo. De todas maneras nunca he tenido pareja. Serías el primero si me dices que sí.

– Que sí qué.

– Que sí vas a darme la oportunidad de demostrarte que puedo seguirte al fin del mundo si es necesario para entrar en tu corazón, ChangMin-kun.

El morocho maldijo a diestra y siniestra –mentalmente al menos–, balbuceó incoherencias y deseó con fuerza que la tierra se abriera y le tragara. Estaba avergonzado.

– Deja de hablar cursilerías… – Gruñó, finalmente hilando una frase coherente, pero al ser él quien se empinara al frente alcanzando los labios del japonés, éste no necesitó más respuesta que ese roce espontáneo… – Soma. Sé que no has nombrado a tu cachorro aún, me gusta ese nombre.

– Soma se llama entonces… – Hayami sonrió ampliamente. Pero la razón por la que al morocho le dio un vuelco el estómago no tuvo nada qué ver con sus burlas sobradas, sino con aquella transparencia con que las pupilas del japonés le mostraron la felicidad que sentía.

– Bueno vámonos ya, eres el cumpleañero y debes estar presentable para tus padres, supongo… – Dijo por decir, demasiado nervioso de las sensaciones que iban corriendo por su cuerpo.

– Espera, vamos allí y luego volvemos a la casa… – Mokomichi corrió hacia la dirección señalada.

Cuando llegaron y un jardín se reveló tras murallas naturales de arbustos, enredaderas y árboles de gruesos troncos y espesos ramajes, ChangMin se sintió mareado por la imagen tan hermosa que se abrió paso ante sus ojos. La distribución de algunos elementos típicos de los jardines japoneses estaban ahí, las piedras de diversos tamaños y texturas, el sendero de piedrecillas, el estanque con peces de colores en un costado, el resto del jardín adornado por orquídeas, todas las plantas desprendían sus vivos colores y el aroma característico; el firmamento lucía entonces como el cielorraso ideal para aquel paisaje, azul claro moteado de algunas nubecillas blancas, tan esponjosas que se antojaban al tacto.

Hayami caminó dentro del jardín y acercándose a una de las plantas, cortó con cautela –y una disculpa muda– una orquídea amarilla. La más hermosa de entre todas. Luego volvió sobre sus pasos para extenderla hacia ChangMin.

– Acepta esta orquídea como manifiesto de lo que siento por ti, ChangMin-kun.

– No uses esa voz tan profunda y suave… – Rezongó. Pero por mera vergüenza. Tomó la orquídea entre sus dedos y admiró su belleza. Amarilla, con el significado del calor del amor con la picaresca del erotismo. Hayami le decía tanto con gestos tan sencillos.

– No uso ningún tono en particular… – El japonés sonrió con aire sexy, siendo descaradamente coqueto. Sabiendo que vendrá ese ceño fruncido, ese insulto que se le ha vuelto cariñoso y ha despertado en él ese rasgo masoquista que no se conocía de sí mismo… – La próxima orquídea será de mi color favorito… – Sus palabras sonaron a promesa, y por alguna razón ChangMin deseó que pudiera cumplir todo lo que estuviese implícito en este cortejo que todavía le dejaba esa sensación inquieta en la boca del estómago.

Ya no es solamente el hecho de temer enamorarse, porque reconoce que enamorado está ya –incluso si ha resultado ser en contra de su voluntad, pero tan nítido justamente por esa razón, porque hasta él que reniega de todo lo que tiene que ver con lo romántico, reconoce que el amor verdadero es el que no se planea, el que aparece espontáneamente en el camino, el que pone todas las trabas posibles y el que compensa, por sobre todas las cosas, con la dulzura del mínimo gesto de apreciación cariñosa–, ciertamente que no, lo que le asusta ahora es tener que marcharse al día siguiente.

¿Debería tener relaciones con él antes de irme? ¿Incluso así, sería el amor?

Los debrayes mentales del morocho parecen reflejarse en su expresión. O es quizá que Hayami tiene ese don para ver más allá en los ojos de las personas, de ChangMin en particular. Porque cuando ve aquella seriedad en sus pupilas, pero el sonrojo en los pómulos; él comprende que tendrá que demostrarle con hechos más contundentes que realmente espera conquistarle y pasar toda una vida a su lado. Así sea que la vida que comenzó en su adorado país nipón tenga que continuar y culminarse en otras tierras.


--//--


El banquete por el cumpleaños número 29 de Mokomichi Hayami fue todo un éxito. Los Sres. Mokomichi quedaron más que encantados con los preparativos, fascinados con la exquisitez de cada platillo y con la voz de Jaejoong y Junsu; que por culpa del bocafloja de Yoochun habían terminado cantando en el escenario a la luz de la luna y las estrellas acompañados con la orquesta que amenizaba la cálida noche.

– ¡No lo había imaginado! ¡Jaejoong-kun y Junsu-kun, cantan como ángeles! – Exclamó la Sra. Mokomichi más que admirada con los muchachos.

– Es un halago que lo haya disfrutado, Yukiko-sama… – El pelioscuro sonrió con agradecimiento, siendo emulado por el castaño cuando inclinaron el rostro en muestra de respeto hacia la madre de Hayami.

– El halago ha sido nuestro, si hubiera sabido que cantan tan hermoso los habría contratado para un concierto en este día tan especial para la familia.

– Deja de avergonzarlos madre…

– No los estoy avergonzando, querido.

– Quizá un poco, mujer… ­– Renzo Mokomichi pasó la mano por encima de los hombros de su esposa, sonriendo gentilmente hacia los jóvenes.

– Por favor discúlpenos, aún tengo que dirigir algunas cosas respecto al banquete.

– No se preocupe Jaejoong-san, adelante.

Con el pelioscuro de vuelta a las cocinas para asegurarse de que no estuviera nada fuera de sitio o en mal estado, Junsu y Yoochun seguían por ahí actuando más como invitados que como meseros, las féminas no perdían oportunidad de buscar alguna conversación con los apuestos muchachos, tonteaban y pretendían no saber nada acerca del trabajo que debían estar realizando, así que los atosigaban con bebidas y bocadillos todo el tiempo. Yunho estaba con Jaejoong, dando algunas órdenes también y ejecutando otras. ChangMin. Bueno, él es mesero personal de Hayami, está todo el tiempo a su lado y se siente más como hombre de compañía que otra cosa. Y el japonés solía tirarle de la mano si tan solo le veía de reojo rezagarse o pretender colarse a las cocinas para ayudar en otras actividades que no implicaran su cercanía.

– Si sigues intentando marcharte de mi lado, me obligarás a amarrarte a mí… – Le dijo con una sonrisa burlona, pero bastante creíble como para que el morocho no quisiera tentar su suerte y provocarle.

– Solo intento hacer mi trabajo, y el contrato que tengo con Jaejoong era para servir de mesero, no de hombre de compañía… – Bufó por lo bajo, con los pómulos enrojecidos y un curioso mohín de disgusto que hizo sonreír al japonés con algo de estupidez.

– No eres un hombre de compañía, eres el chico que quiero tener a mi lado esta noche, ChangMin-kun. Además con Jaejoong ya he hablado antes, desde que llegaron. No vayas a ofenderte por lo que voy a decir, ¿sí? Le dije que le pagaría el doble por todos sus servicios si permitía que te acaparara todos los días solo para mí.

– En otras palabras, me contrataste como tu entretenimiento… – El morocho elevó una ceja con aire indignado. Puesto de esa manera se sentía usado

– Te dije que no te molestaras, ni que te fueras a tomar las cosas de forma equivocada.

– No hay manera de que tome erróneamente los hechos, no has estado haciendo más que molestarme y tratarme a tu antojo porque pagaste por eso. ¿Jaejoong y tú hicieron buen negocio? ¿Te ha gustado que te atienda en absolutamente todos tus caprichos, Hayami-sama? – Desdeñó el morocho sintiéndose sinceramente decepcionado.

No es que no hubiese sabido desde antes que solo estaba haciendo el vago todo el día con Hayami, que le pedía estupidez y media solo para fastidiarle. Y aunque él efectivamente tenía un contrato con su amigo Jaejoong, no pensó que le afectara tanto enterarse que a fin de cuentas había sido vendido por un tanto más de dinero. Luego se desquitaría con el pelioscuro por ser tan idiota. De momento lo único que ChangMin pensó en hacer fue en marcharse de allí, así que zafándose de Hayami comenzó a andar entre los invitados alejándose hasta los corredores interiores de la casa, donde no había nadie.

– Me gustaste desde que te vi en Seúl.

– ¿Qué? – El morocho frenó sus pasos, giró el rostro y sintió cómo le hormigueaba una extraña sensación por todo el cuerpo… – Nunca nos habíamos visto hasta que llegué aquí.

– Tú no me viste, pero yo a ti sí. En el mismo día en que conocí el restaurante de Jaejoong-kun; te vi a ti. Estabas refunfuñando con Junsu-kun y Yoochun-kun porque se tomaban de la mano y reían como idiotas enamorados… – Cuando las palabras brotaron de labios del japonés, el morocho recordó perfectamente aquel suceso. Aunque a menudo los molesta por eso en realidad. De cualquier manera, tenía algo de sentido lo que Hayami decía… – No entendí por qué mi corazón comenzó a latir tan rápido hasta que me di cuenta de que te observaba detenidamente. A ti y solamente a ti. ChangMin-kun, sé que no te gusta la idea del amor a primera vista, sinceramente tampoco creo que exista. Pero sí creo en la atracción, en las reacciones de mi cuerpo cuando se trata de ti, en que no pude sacarte de mi cabeza desde entonces, en que contacté con Jaejoong-kun para que realizara este banquete con la esperanza de que vinieras con él. Creo en que hay ocasiones en que el destino forja caminos predeterminados, como el hecho de que hayas venido, de que yo te saque tanto de tus casillas como para dejar alguna impresión en tu memoria, de que nos hayamos besado y haya conseguido sacudir algo en tu interior.

– ¿Armaste tanto lío solo… por mí? ¿Y qué si no venía?

– No pensé en eso. Estuve convencido de que te había conocido por una razón. Estoy enamorado de ti, ChangMin-kun.

El rostro del morocho volvió a encenderse en carmín. Él tanto que detesta este tipo de vulnerabilidades. ¡Ahora cómo va a burlarse de Jaejoong y Junsu cuando se comporten tan delicados!

– No olvides hacerte responsable de lo que has provocado en mí, baka… – Le gruñó de mala gana, pero tirando de la corbata en el traje blanco del japonés para estampar sus labios en un beso torpe y ansioso que, tras unos segundos, fue calmándose y mutando a un beso dulce y largo, húmedo y enamorado.

--//--


Pese a que había aclarado sentimientos con Hayami, ChangMin estaba ahí, de regreso en Seúl. Solo. Al final tampoco había tenido el coraje para liarse sexualmente con el japonés. Y la despedida se vio limitada a un beso en el aeropuerto. A estas alturas, después de casi un mes, el morocho hasta dudaba que Mokomichi hubiera hablado en serio. No le ha seguido, no se ha mudado ni ha usado un solo yen de sus millones para estar más cerca, llamarle o buscarle de manera alguna.

– Hayami no baka…

– ¿No he dejado de serlo?

ChangMin se volvió tan rápido que sintió un tirón en la base de la nuca, maldijo por lo bajo ante el dolor que le tensó el cuello, pero suavizó la expresión cuando sintió unas fuertes manos masajeando el tronco de su cuello aliviando la tensión.

– Hayami…

– Siento haber tardado tanto. Quería darte la sorpresa desde hace semanas, pero dejar en orden los negocios familiares, despedirme de algunos amigos y de mis padres, tomó más tiempo del que pensé.

– ¿Qué significa eso?

– Compré un departamento aquí… – El japonés le extendió una tarjeta de presentación, el nombre, dirección, número de teléfono y cargo como Director General de una importante cadena hotelera, brillaba con letras doradas estampadas en relieve en el papel… – Lo he visto hace una hora, pero se siente muy vacío y frío, así que me preguntaba si te gustaría venir a vivir conmigo.

Los ojos del morocho se abrieron de par en par. Y casi por acto reflejo, su rostro se encendió al rojo vivo.

– ¡Deja de avergonzarme de esta manera, maldición!

– ¿Me lo tomo como un “sí”?

– ¡Baka!

– También te quiero, cariño~

--//--


ChangMin cargó una última caja dentro del departamento –demasiado lujoso para su gusto– de su novio –autonombrado– Hayami. Suspiró pesado y se dejó caer en el sofá. Limpió el sudor de su frente con un pañuelo y luego gruñó casi por inercia. El japonés ha salido a trabajar, y él, aún desempleado, ha dedicado el día para mudar sus cosas aunque hace dos semanas que Mokomichi le había propuesto vivir con él. Se hubiera tardado más en mudarse por completo, pero el constante pedido del japonés había terminado por sacarle de sus casillas.

– Y yo que pretendía hacerme el difícil mucho tiempo más… – refunfuñó con las mejillas ruborizadas. Eso había sonado tan… delicado, como las palabras de una chica que no quiere pasar por débil ante el hombre que ama… – ¡No estoy pensando eso!

– ¿Siempre hablas en voz alta?

– ¡Qué te importa! ¿Cuándo llegaste?

– Primero a gritarme y luego a preguntarme, lindo… – El japonés dijo con burla, internándose a la estancia ocultando algo en su espalda.

– ¿Qué escondes?

– Un regalo para mi gruñón novio… – Sonrió altanero y obtuvo ese gruñido de parte del morocho que le parecía a él de los gestos más encantadores de su personalidad… – Y espero que esta noche pueda recibir mi respuesta.

Hayami extendió una orquídea. Roja esta vez. ChangMin se sonrojó como termostato al sostenerla entre sus dedos. Las orquídeas rojas demuestran las ganas de hacer el amor con la persona que las recibe, pues es símbolo de pasión. El japonés sonrió enternecido por el mutismo y el sonrojo de su novio, se acercó depositando un breve beso sobre sus labios y luego se internó en la cocina dispuesto a preparar una cena romántica para la ocasión.

ChangMin pensó que, pese a todo lo rápido de su incipiente romance con Hayami, está seguro de sus sentimientos. Y esa noche, definitivamente se liará sexualmente con él. Porque hacer el amor, es algo que su corazón anhela.

– Hayami-sama~ – Le llamó casi con tono sumiso, pero aquella sonrisa sórdida que encanta al japonés… – Esta noche habrá para usted un Servicio Real.



FIN




*Huye de todas las que esperaban el lemon* Lo haré!! si Maki me lo pide xD -runs-

sábado, 17 de agosto de 2013

ROYAL SERVICE (Parte 2)



Me he tardado más de lo que esperaba en terminar esta parte, pero cm he vuelto al trabajo y que tuve por ahí un declive inspiracional, pues no ha podido ser antes ;D pero acá está, y además les aviso que habrá tercera parte~ see hay necesidad visto que la idea se ha alargado más de lo que quería xD así que no desesperen. 


~~//~~ * ~~\\~~
ROYAL SERVICE
Parte 2


En cuanto los chicos estuvieron de vuelta –lo cual por cierto fue muy tarde–, ChangMin encaró a Jaejoong anunciándole que se marcharía de regreso a Seúl en el primer vuelo que pudiera reservar.

– Si de verdad tenías pensado irte, para qué tenías que esperar a que regresáramos. Conociéndote esa habilidad tan infructuosa de cero tacto, eras perfectamente capaz de llamarme desde el aeropuerto a punto de abordar el avión; o peor aún, mandarme un texto con un simple, “me largo, les veo en Seúl”… – El pelioscuro trató de imitar la voz del morocho en la frase final, ignorando deliberadamente todos esos gestos inconformes y las venitas en la sien a punto de estallar en su amigo menor… – Por casualidad, ¿Hayami te gusta?

– ¡Por qué tenías que llegar a esa conclusión! – Espetó con la cara roja. Altamente probable por molestia, pero con la nada imperceptible posibilidad de que estuviese avergonzado también.

– Porque en dado caso no es el primer hombre que te aborda, y que yo recuerde en las otras ocasiones mandabas al diablo a cada uno si solo se atrevía en mirarte de alguna manera que te incomodara.

– ¡Pues no me gusta! ¡Hayami no baka es solo un tipo adinerado que tiene el ego por los cielos!

– Y tanto aspaviento y drama es porque en realidad sí te gusta, ¿no es así? – Jaejoong sonrió con picardía. Y ChangMin casi juraría que le salía humo por las orejas de tanto y tanto que le aumentaba el enojo –la vergüenza también, pero decididamente no iba a aceptar eso delante de nadie–.

– ¡Deja de decir que ese idiota me gusta!

– ¿Te gusta Hayami-kun? – Junsu preguntó tras asomar su castaña cabellera por la puerta.

– ¡Por qué entras sin llamar! ¡Metiche!

– Tus gritos han puesto de mal humor a mi Chunnie y todo el ánimo se le ha enfriado… – El castaño pucheó lindamente, mientas que el pelioscuro reía por el obvio sentido con que el chico hablaba.

– ¡Oh claro, y vienes a fastidiar mis intentos de charla privada con Jaejoong porque le corté la inspiración a tu pervertido novio para que conejearan! ¡verdad!

– Pues sí, puesto en los términos en los que tú te entiendes mejor, ChangMin ah… – Admitió pestañeando inocentemente, gesto que hizo al morocho simular una arcada de tanta dulzura que Junsu iba derramando por ahí.  

– ¡Dios mío! ¡Estoy rodeado de puro descarado! ¡Por qué somos amigos! – Estalló. Acción que no hizo al castaño cambiar su actitud aniñada, y que por ende sacaba más de sus casillas al morocho.

– Jaejoong hyung, después de todo este tiempo, yo tampoco entiendo cómo es que ChangMin es capaz de renegar con tanta euforia siempre. ¿Eres frívolo o algo así?

– ¡Largo! ¡Fuera de aquí los dos! ¡Fuera! – El morocho increpó fuera de sus cabales.

Pero Junsu insistía en que le diera una respuesta, quizá que así lo entendía. Jaejoong afirmaba alguna que otra palabra del castaño y agregaba sus propias interpretaciones acerca de la actitud arisca del morocho; impaciente como nadie y con ese instinto asesino subiéndole por la boca del estómago, ChangMin terminó empujándoles para que abandonaran su habitación. Estaba que tronaba de coraje, impotencia… y tal vez, de vergüenza.

Una vez fuera, Jaejoong y Junsu se miraron entre sí, suspiraron, encogieron los hombros y fueron a sus respectivas habitaciones donde su respectiva pareja esperaban ya con serias inquietudes acerca de todo el jaleo que han escuchado a ChangMin montarse.

– JaeBoo, perdóname.

– ¿Por qué?

– Fui yo quien te estuvo insistiendo en que le pidieras a ChangMin que te ayudara. Por eso es que ese ingrato está aquí dándote jaquecas.

– Pero Yunho ah… – Sonriendo, el pelioscuro se acercó a su novio, que recién duchado se secaba el cabello ante el espejo con una secadora. Le rodeó la cintura y besó su hombro con cariño… – No seas babo, ChangMin está así porque realmente creo que Hayami-kun le mueve el piso.

– Pues supongo que a Hayami-kun no le es indiferente, por la forma en que lo mira… – Observó el moreno, peinando algunos mechones lacios con sus dedos mientras el aire caliente de la secadora hacía lo propio y le adormecía ligeramente.  

– También parece que le gusta sacarlo de sus casillas. Aunque por lo que nos dijo Hiroyuki-san antes, parece que es probable que sí le guste.

– Lo único que espero es que después de este trabajo tuyo todos salgamos cuerdos, y vivos… – El moreno sonrió honestamente divertido ante la idea de que esta situación con el cliente de su novio y su amigo morocho llegue a tales niveles.

– Deja que te ayude con eso, Yunnie~ – Tomó la secadora y continuó encargándose del cabello de su novio, peinándolo y robando alguno que otro beso de labios del moreno, que medio adormecido por el sopor del aire caliente y las caricias de su novio, está seguro de que si Jaejoong no le activa en unos minutos, caerá rendido sobre la cama. Venga, que le ha acompañado todo el día haciendo compras de cosas que ni siquiera tenía idea fueran necesarias en una cocina.

Por otro lado, Yoochun no andaba por los términos de dar cabida al letargo, quería hacer el amor con Junsu, tenerle entre sus brazos, retenido en la cama y jadeoso bajo su cuerpo, con esa cara sonrojada mordiéndose los labios para que sus gemidos no salgan altos. Claro, eso quería, pero cuando su castaño novio regresó de la habitación de ChangMin le había marcado el alto que tanto detestaba.

– No podemos hacer esas cosas cuando estamos en la casa de un cliente de Jaejoong hyung, Chunnie.

– Pero si hace cinco minutos casi nos desnudábamos~ – El pelinegro intentó de todo, hablarle bonito, besarle el rostro, mimarle el cuello con besos y lametones distraídos, abracitos sumisos. Pero nada, el castaño estaba decidido a no dejarle pasar más allá de sus prendas.

– Hace cinco minutos casi se me había olvidado que no estamos en un Hotel de lujo en alguna ciudad paradisíaca y exótica; así que no insistas o le pediré a Hayami-kun que me permita usar el sofá de su estancia.

– Baby, eso es ridículo… – Claro, el pelinegro pensó que sería más lógico esperar otra habitación, además aquel palacio era bastante oriental como para conformarse con un sofá.

– Solo mantén tus manos… mejor cada parte de tu anatomía en una distancia prudente y no intentes correrme mano, Chun. O en serio no vas a ponerme un dedo encima ni aún cuando regresemos a Seúl… – Junsu advirtió. Y acá entre nos, pese a que Yoochun sabe que su novio es igual que él de apasionado, le conoce la suficiente voluntad para cumplirle el castigo.

– De acuerdo… – Bufó, optando por hacer caso de las severas advertencias de su novio.

Irse a la cama a dormir junto a Junsu nunca le había parecido tan sufrible. Tremendo hombre –ángel cándido que pide a gritos ser mancillado, según pensamientos obscenos del pelinegro– acostado a su lado, con ese cuerpazo que le hace alucinar las más lujuriosas fantasías, y no poder siquiera abrazarle. Era como para pensarse la posibilidad de un futón.

--//--

A primera hora del día ChangMin salió a correr por los jardines del palacio. Honestamente el paisaje era precioso, y el aire que se respiraba se sentía diferente llenándole los pulmones por cada aspiración; aparte de eso se sentía magnífico sentir el suave soplar acariciándole el rostro, jugando con sus mechones y dejando una sensación sumamente agradable instalada en su vientre. Era simplemente perfecto. Porque no había nadie por ahí alrededor que le fastidiara el momento de ninguna manera. No le apetecían los besos empalagosos entre Yoochun y Junsu, ni sus risitas cuando según ellos se ponían a ejercitar también, porque siempre terminaban interrumpiendo la carrera para esconderse por ahí en cualquier sitio medianamente privado para comerse a besos. ¡Si es que el ejercicio no estaba hecho para parejas melosas como ellos dos! Y luego estaban Jaejoong y Yunho, que aunque podían tener más control sobre sus sentimientos –que por algo son maduros, no como el par de hormonales del YooSu que más solo parecen tener lujuria en el pensamiento–, también terminaban tonteando cuando salían juntos a correr, porque el moreno es un exagerado de primera y teme que el pelioscuro tropiece hasta con su propia sombra. Sí, es sobreprotector el hombre, pero el morocho sabe que al mayor de todos aquello le fascina.

– Acabo de fastidiarme yo solo el momento.

ChangMin se quejó lanzando un bufido y desacelerando la carrera, tratando de encauzar de nuevo sus pensamientos y sacar de su cabeza cualquier cosa que tuviera que ver con sus amigos. Debería aprovechar que está solo y contactar con su yo interno, tener una charla madura con alguien razonable –lo cual puesto en otras palabras es una muestra pura de egocentrismo de parte del morocho– y luego regresar, tomar la ducha y un suculento desayuno, que el licuado de esa mañana no hace más que calmar lo suficiente su apetito.

– Creía que eras más veloz.

La voz le llegó de improviso, pero ya tenía aquel timbre socarrón y sobrado bien retenido en la memoria como para saber al instante de quién se trata.

– No me digas que también corres por las mañanas… – El morocho gruñó al mirar de soslayo al japonés corriendo a su ritmo. Aceleró y por supuesto, el japonés también lo hizo… – No irás a joderme el día de hoy también, ¿verdad?

– Tienes un humor tan amargo, ChangMin-kun. Pero pienso que en ti eso es un toque encantador de personalidad… – El japonés sonrió, y ni siquiera se molestó en disimular la mirada cuando volteó el rostro para observar directamente la expresión avergonzada del morocho al recibir aquel tipo de halago. Le extrañó sí, sin embargo, que no estallara con alguno de esos comentarios sarcásticos que había soltado a diestra y siniestra el día anterior… – Propongo una carrera de vuelta a la mansión, el ganador puede pedirle lo que quiera al otro.

La propuesta le parecía al morocho peligrosa, pero se tenía la suficiente confianza para salir victorioso, así que aceptó. Minutos más tarde estaba más que arrepentido, enojado consigo mismo por haber perdido ante el exasperante japonés.

¿Cómo demonios fue que consiguió ganarme? Tengo los mejores tiempos de todos, superé al mismo Yoochun que en algún momento era el más rápido de todos. Aunque eso fue de recién que nos conocimos… – Admitió entrecerrando los ojos, curioso de pronto del motivo por el cual el pelinegro había dejado de ser tan deportista… – No estoy seguro de que sea solo por lo de su asma, siempre lo ha controlado muy bien.

– ¿Tienes por costumbre pensar mientras te duchas? ¿O es solo para no escuchar lo que te digo? – La voz del japonés, socarrona y pícara, le hizo volver de golpe a la realidad.

A saber, tras la derrota en la carrera, ChangMin recibió por castigo obedecer en todo lo que el japonés quisiera hasta el día de su cumpleaños. El morocho farfulló maldiciones al por mayor, pero como hombre de palabra que admite sus derrotas, no tuvo más remedio que cumplir. Así inició su forzada rutina como mayordomo de Hayami. Igual que el día anterior, tuvo que preparar el desayuno para Hayami –baka–, luego le preparó el cuarto de baño, pero no conforme con eso, el japonés le ha arrastrado a quedarse ahí para tallarle la espalda.

De todas maneras cómo sabía que estaba pensando en lugar de prestarle atención. Bueno, es lógico si permanezco aquí callado sin hacer nada.

Con las mejillas ruborizadas, el morocho se dispuso a hacer lo que se le había pedido por principio de cuentas, se sentó en el borde de la tina y tomando esponja vertió jabón líquido sobre ella para tallar la espalda del anfitrión. Pero camino hacia su objetivo la mano del morocho se paralizó, los ojos cafés de ChangMin admiraron la ancha espalda del japonés, tragando hondo al percatarse de lo masculina que luce aquella parte de la anatomía de Mokomichi, la tersa piel tostada moteada de espuma aquí o allá, húmeda con algunas gotas de agua jabonosa resbalando por todas partes, y del oscuro cabello castaño cayendo finas gotas que se unían al resto de ellas cuesta abajo en nuca y hombros.

¡Maldición! ¡Por qué sigo pensando que es atractivo!

– ¿Sigues pensando en no sé qué cosas, ChangMin-kun?

Sacado abruptamente de sus pensamientos, el morocho gruñó en afán de hacer notar indiferencia y dejó caer su mano sobre los omóplatos del japonés comenzando a tallar, algo rudamente, pero sin recibir ninguna queja de parte del mayor de los dos. Cuando notó la piel tostada ligeramente irritada tuvo un chispazo de culpa, así que declinó ser malvado con el japonés y talló condescendientemente. Los movimientos circulares de la esponja sorprendieron a Hayami, siguió jabonando sus brazos y sus piernas, francamente curioso del motivo por el cual el morocho de pronto se portaba tan amable, él que ya se había hecho a la idea de soportarle estoicamente su mal humor. En cuestión de un minuto aquellos movimientos se convirtieron para el japonés en una cálida sensación que simulaba caricias, la esponja ya había tallado toda su espalda, pero no conforme con ello de repente se colaba al frente acariciándole más allá de los hombros hasta la altura de su pecho, y después, sin que lo hubiera previsto, la esponja desapareció dejando en su lugar solamente a un par de manos jabonosas que acariciaban su piel en sutiles caricias.

El letargo cautivó a ambos muchachos sin que se diesen cuenta. El vapor de la ducha, y el silencio probablemente eran los culpables. Tal vez también las sensaciones que se generaban cuando estaban juntos. No, claro que no se conocen, están en vías de hacerlo, a Hayami nada más de verlo hizo su corazón latir frenético porque le resultó atractivo y diferente a cualquier otro chico que hubiera conocido en su vida; y ChangMin pues, él no sabe qué sucede con su cuerpo que se pone tenso de nervios –que la molestia y las vergüenzas son solo consecuencias– ni por qué su corazón decide latir a tropel o por qué su mente concluye que este hombre es atractivo.

Y arrogante. Baka. – Se dijo, frunciendo el ceño y cayendo en cuenta de lo que sus manos hacen, masajeando la base de la nuca del japonés mientras el susodicho suspira relajado, disfrutando de sus serviciales atenciones… – ¡Mierda! – Maldijo por lo bajo, apartando sus manos de tajo como si de pronto el tacto con la piel del japonés le hubiese quemado.

– ¿Por qué paras? – La voz áspera del japonés le hizo sentir un pinchazo en el vientre. Hayami giró el rostro buscando la mirada del morocho, cuando se topó con aquellos ojos chispeando algo que no logró descifrar se percató también del sonrojo que cubría las morenas mejillas.

– He cumplido con tallar tu espalda, ahora te dejo para que termines… – Murmuró rápido, levantándose con la intención de marcharse. Pero la mano del japonés rodeó con firmeza su antebrazo antes de que pudiera dar más de un paso… – ¿Qué? Ni creas que voy a secarte también… – Le gruñó en automático, más como mecanismo de defensa ante sus bochornosos pensamientos.

– ¿Crees que el amor a primera vista sea posible?

– ¿Q-qué? ¡Qué mierda me preguntas eso a mí!

– ¿Alguna vez te has enamorado al menos?

– ¡No te incumbe! – Exclamó demasiado avergonzado, seguro de que el rostro se le ha puesto colorado y con ese pensamiento de trágame tierra rondándole la cabeza… – Voy a ducharme a mi habitación.

No tiene idea del motivo por el que tuvo que excusarse, pero cuando salió prácticamente corriendo de allí, Hayami sonrió satisfecho. Definitivamente no le era indiferente al morocho, pese a que no ha hecho más que molestarlo parecía ceder a cierta atracción, al menos física.

--//--

Tras su regreso de la ciudad, los chicos se extrañaron al no ver a ChangMin por allí refunfuñando por haberse quedado otra vez solo con Hayami. De hecho, se extrañaron de no verle a él tampoco por ninguna parte.

– Hiroyuki-san, dónde cree que esté Hayami-Kun.

– Me pidió que les avisara que estaría cabalgando en los bosques. Le gusta hacerlo por las noches de vez en cuando. Pero estará de vuelta antes de medianoche.

– Oh, ¿Y ChangMin estará con él?

– Sí, Jaejoong-san.

~*~

ChangMin se sentía agotado. Servir durante todo el tiempo por segundo día consecutivo a Mokomichi le tenía así. Cabalgaba por detrás del caballo del japonés sin querer establecer ninguna conversación con él, llevaba todo el día así desde el incidente matutino en la ducha, rehuyendo de los intentos del japonés por hablar; con suerte hace cerca de media hora solo le había dicho que cabalgarían, lo guió a las caballerizas y le presentó ante la yegua que monta.

Ella es Nishi. Es mi yegua favorita, me la regalaron mis padres cuando cumplí la mayoría de edad, ha crecido saludable y bondadosa desde entonces. Se portará bien contigo y ni siquiera tendrás que usar la fusta, con que tires de la rienda hacia donde quieres ir será suficiente.

Cuando ChangMin pensó al respecto, se dio cuenta de que Hayami trataba bien a sus animales, a sus empleados también. Y aunque con él era un fastidioso y tenía esa personalidad sobrada de prepotencia y egocentrismo, era agradable, paciente y maduro.

¡Maldición! Sigo pensando este tipo de cosas… – Pensó con frustración.

Miró al frente y contempló la espalda de Hayami, los movimientos al compás del trote de su caballo, un alazán hermoso a decir verdad. Y sin embargo él se dejaba arrastrar por la visión del japonés cabalgando, la forma en que su porte denotaba seguridad.

Se impone con facilidad. Nació para ser líder de todo en su vida. Lo envidio, tiene don para ganarse el afecto y respeto. Yo ni siquiera soy muy tolerante.

– ChangMin-kun, mira la luna. Es hermosa, ¿no crees?

El morocho subió la mirada al firmamento, admirando el astro plateado allí, rodeada de estrellas, reinando en el oscuro cielo.

– Lo es.

– Tú eres como la luna, inalcanzable, con una belleza peculiar; seduces con eso solamente.

ChangMin frenó el cabalgar de Nishi, demasiado conmocionado por aquellas palabras. Mokomichi siguió adelante, consciente de que el morocho no le seguía, palmeó el cuello de su caballo y aceleró la carrera hasta perderse por un estrecho camino entre los árboles.

--//--


A la mañana siguiente ChangMin no quería salir de su habitación, ni siquiera quería abandonar el refugio de su cama. Al menos ahí, oculto bajo las mantas, podía hacer de cuenta que lo que dijera Hayami la noche anterior no había causado un efecto importante en su persona. Pero solo recordarlo hacía que se sonrojara, y a él estos reflejos de vergüenza nunca le han agradado; le hacen sentir vulnerable a todos los fracasos y dolores posibles al corazón. Tiene miedo de enamorarse.

Toc, toc llamaron a su puerta, refunfuñó y fingió no escuchar el golpeteo. Dos veces se sucedieron, pero un minuto después los pasos se alejaron de ahí sin más insistencia. Abandonó su cama y fue a asearse, no podría hacer el tonto todo el día pues finalmente estaba aquí por trabajo. Y ha perdido una apuesta la mañana anterior, así que si Hayami viene a llamarle para que lo atienda, él no tendrá más opción que cumplir sus indicaciones. Tras arreglarse, ChangMin finalmente salió, encontrándose con una orquídea blanca a lado de su puerta.

– Es broma, ¿cierto? – Murmuró para sí, tomando la flor con sus dedos y admirando su belleza. Él sabe, como muchas otras cosas que ha leído solo por el hambre de conocimiento general, que las orquídeas simbolizan seducción, sensualidad y belleza suprema. Y que particularmente el color blanco expresa un amor puro e idealizado por la persona amada… – Para ciertas personas una orquídea tiene un valor incluso más romántico que un ramo de rosas rojas. ¿Hayami dejó esto para mí? – Agitó su cabeza de lado a lado tras darse cuenta de sus palabras.

De cualquier manera entró a su alcoba y colocó la orquídea en un vaso con agua que dejó sobre la mesa de noche junto a su cama. Suspiró y se dirigió a la estancia. Como los días anteriores, sus amigos no estaban allí, seguramente se han ido ya con Watanabe para comprar las últimas cosas necesarias para el gran banquete que sería en un par de días, pero Jaejoong tendría que comenzar a preparar algunos platillos desde entonces, lo que implicaría trabajo para todos, ChangMin incluido.

– Hiroyuki-san, creí que estaría con mis amigos en la ciudad.

– El joven Mokomichi ha ido particularmente con ellos, me ha pedido que lo espere.

– ¿Hace cuánto se fueron ellos?

– Temprano, cerca de las siete. Llamé a su puerta hace unos minutos pero usted no atendió, asumí que aún dormía.

– Fue usted quien llamó. La orquídea…

– La ha dejado Hayami-sama temprano antes de irse con sus amigos.

Saberlo casi hizo sentir aliviado al morocho. De solo imaginar que haya sido Watanabe quien la dejó le tensó. Pero saber que ha sido Hayami, le hace sentir de alguna manera contento.

– Vamos entonces a reunirnos con ellos. Seguramente aún no volverán.

--//--


ChangMin se arrepentía –otra vez– de haber decidido ir a la ciudad. Jaejoong y Junsu no paraban de decirle en susurros que Hayami era un hombre muy atractivo y que él debía aprovechar la oportunidad si es que el japonés le estaba insinuando algo.

– Ustedes dejen de decirme estupideces… – Espetó más que molesto, avergonzado. Y es que Hayami no paraba de hablarle de su país, de tomarle la mano y jalarle cerca, comprarle toda clase de comida y sonreír emocionado… – Está siendo buen anfitrión solamente, o quizá luego me pedirá que le de masajes o algo así.

– ¡ChangMin-kun, ven y mira! – El japonés le hizo señas para que se acercara, estaban en un centro comercial y él le indicaba que entraran a una tienda de mascotas.

El morocho gruñó pero avanzó sin mayor indisposición hacia el japonés.

– Hacen tan bonita pareja… – Jaejoong dijo con tono soñador. Yunho le dio la razón, aunque se preguntaba qué futuro tendría una relación en la que ambos viven en países diferentes, de todas maneras de momento no dijo nada para no romper la ilusión de su novio (casi prometido).

– Sería fenomenal que en el banquete de su cumpleaños Hayami-kun se le declarara a ChangMin… – Añadió Junsu con ojos brillantes y sonriendo con emoción.

– No te emociones tanto Junsu ah, no sabemos si los padres de Hayami-kun se tomarían algo así de buena manera.

– Eres matador de sueños, Chun… – Gimoteó el castaño. Yoochun revoleó los ojos pero le abrazó con cariño pidiéndole que no se enojara con él porque solo expresaba sus ideas.

Dentro de la tienda de mascotas, Hayami le hablaba de sus recuerdos de infancia cuando todo lo que le pedía a sus padres era un cachorro para jugar.

– Es verdad, ¿eres hijo único?

– Sí. Tú no, ¿verdad?

– Tengo una hermana. Y bueno, mis amigos son como hermanos.

– Pero no les conoces desde la infancia, ¿o sí?

– No.

– ¿Qué hacías para divertirte cuando eras niño?

– Jugaba en la escuela con los amigos de entonces. ¿Tú no tenías amigos en la escuela?

– Me eduqué con tutores privados. Mis padres estaban todo el tiempo en viajes de negocios y no querían dejarme solo, así que para no estar entrando y saliendo de las academias prestigiadas del país, les acompañaba siempre y contrataban tutores ahí donde nos encontráramos para que realizara mis estudios. La primera vez que fui a una escuela de verdad fue cuando ingresé a la Universidad.

ChangMin no lo dijo, pero lejos de parecerle impresionante se sintió triste por la infancia del japonés. A él le había encantado su infancia, jugar con otros niños, regresar a casa con la ropa sucia o los pantalones rasgados. Reír por las bromas que inventaban y hasta molestar a las niñas tirándoles de sus coletas. Pero Hayami parecía no haber tenido más contacto con otros de su edad durante aquellos años.

– ¿Por qué te quedaste callado?

– Pensaba.

– Se nota que te gusta hacerlo… – Señaló con una sonrisa tranquila… – ¿Te gusta este cachorro?

– Es lindo… – El morocho acarició las pequeñas orejillas peludas del can que el japonés había levantado en sus manos.

– Lo llevaré… – Dijo decidido, yendo hacia los encargados para comprar al cachorro y saber todo lo necesario para cuidar de él.

– Se compra todo lo que quiere, pero no sé por qué verlo comprar un cachorro me parece tierno de su parte. ¡Allí voy de nuevo pensando tonterías! – Se golpeó la frente con frustración, agradecido de que el japonés no se haya enterado pues estaba bastante lejos como para percatarse de sus sonrojos y reveses. Sin embargo, tuvo que admitir que este sujeto francamente le movía el suelo bajo sus pies.

Cuando Hayami volvió a su lado, el cachorro dormitaba entre sus manos, ChangMin pensó que este hombre tenía alguna especie de aura mágica con los animales para caerles bien y domarlos.

– Vamos, tus amigos deben estar esperándonos.

– Oye, por qué me dejaste una orquídea en la mañana.

– ¿No es obvio? – El japonés le sonrió, otra vez como antes, con esa arrogancia suya que hacía al morocho fruncir el ceño… – Apuesto a que te ha gustado.

– Para nada… – Gruñó por inercia, tratando de ignorar en sus pensamientos el hecho de que la había dejado en su mesita de noche.

– La próxima será de otro color, estoy seguro de que conoces sus significados.

– No quiero que me regales orquídeas. Es… vergonzoso y demasiado insolente de tu parte.

– Insolente por qué.

– No es agradable y ya… – Espetó acelerando el paso y negándose en escuchar algo más de su parte.

--//--


Tras haber ignorado el resto del día a Hayami al volver a la mansión, ChangMin esperó que a la mañana siguiente continuara dejándole en paz. Pero una orquídea apareció temprano en su habitación. No, no en su puerta como el día anterior, sino en la mesa de noche a lado de su cama. ¿Cuándo entró Hayami? ChangMin no lo sabe, no sintió a nadie entrar y se ha despertado sobre las seis de la mañana porque Jaejoong le ha dicho a todos que comenzarían temprano a hacer algunos preparativos para los platillos del banquete.

La orquídea era color rosa, expresando su intención de seducirle. Tener este conocimiento puso en alerta todas las alarmas del morocho. Toc, toc, llamaron a su puerta, y él por acto reflejo soltó la orquídea que había estado admirando de cerca, una flor realmente hermosa. Cuando la vio en el suelo se sintió culpable, y con cuidado –escuchando a su vez un segundo llamado a su puerta– la colocó junto a la blanca del día anterior. Luego fue a abrir.

– Hayami-sama le solicita en su habitación.

– ¿Para qué?

– No es algo que me haya sido informado, ChangMin-san.

Watanabe se marchó sin más, y el morocho escuchó en las habitaciones de a lado a sus amigos comenzar el día. Jaejoong le reprochaba a Yunho algo sobre haber olvidado encender la alarma del despertador –al moreno solían pasarle ese tipo de cosas por despistado–; mientras que del otro lado Junsu le recriminaba a Yoochun que le dolía horrores el trasero.

– No quiero saber detalles de eso… – Se dijo para sí y mejor apuró sus pasos hacia la habitación del japonés. Llamó y al instante Mokomichi abrió la puerta… – Hiroyuki-san dijo que me llamaste.

– Quiero tu opinión acerca de qué ropa debería usar para el día del banquete.

– ¿Por qué yo?

– Porque quiero gustarte a ti.

ChangMin se sonrojó. Y pensó que mientras Hayami siguiera actuando así, sería difícil para su corazón no enamorarse. Iba a protestar y largarse de allí cuando el cachorro se acercó jugueteando con los lazos de los pants holgados que se ha puesto. Entonces recordó que aunque le sacaba de sus casillas, también le confundía como nunca ningún chico consiguió. Gustarle. Tal vez ya lo hacía. No, se corrigió mentalmente a sí mismo. Ya le gusta. Tan solo teme enamorarse.


Continuará……