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miércoles, 29 de mayo de 2013

ABC del Amor Íntimo (Parte 4)



>///< siento mucho no haber terminado este ABC el día de hoy como había pensado. Pero bueno, entre Istar y mi trabajo los tiempos se redujeron considerablemente, pero igual hoy les traigo otros drabbles~ 



Título: ABC DEL AMOR ÍNTIMO (Lemon)
Autora: Felina
Colaboración: Makino Mizuki
Parejas: YooSu, YunJae & HayaMin 
Clasificación: NC-18
Advertencia: Lemon

N/Felina: Se supone que son drabbles, así que no les extrañe que algunas letras sean más cortas que otras, o que haya algunas que merecen ser llamadas lemon ;D




ORGASMO
(YunJae)


Éxtasis. Plenitud. Gloria.
Esos y muchos otros conceptos pueden asociarse a ese punto final de una entrega extasiada de pasión, lujuria, cariño. Pueden llegar al orgasmo en unos minutos, o tomarse algún tiempo para tener juegos previos, y ambos les gusta cuando es así. sobre todo a ti, porque es cuanto tu moreno novio te deja participar más activamente al hacer el amor.

- Recuéstate… - Ordenas con ese tono seductor que sabes de antemano a él le encanta. Sabes también que disfruta cuando te conviertes en su uke dominante y repartes tus lentos y húmedos besos por todo su cuerpo… - Vamos a estrenar mis nuevos accesorios, Yunho ah… - susurras sensual, te inclinas sobre su cuerpo y le besas fogoso, mezclas tu saliva y la suya y guardas un poco de aquello para luego dejara car sobre sus pezones, lamiendo y succionando parsimoniosamente.

- Mhhh JaeBoo… - Tu novio gime ronco y se retuerce bajo tu cuerpo, descubriendo entonces que sumido en el placer de tus húmedas caricias, no se percató del momento en que esposaste sus manos a los barrotes de la cabecera de la cama con unas curiosas esposas afelpadas de Hello Kitty… - ¿En serio? – Enarca una ceja y se da tiempo de mirar divertido y contrariado la silueta de la minina adornando sus cadenas opresoras.

- Hoy te toca complacerme en todo… - Sonríes cantarín y deslizas lentamente tu mano por su torso en tanto tú vas hasta su cuello y dejas sugerentes lamidas sobre su piel, subes hasta sus orejas y mordisqueas el lóbulo jadeando deliberadamente en su oído; sientes sus estremecimientos y amplías la sonrisa cuando eleva la pelvis anhelando el contacto de tu mano en su miembro, el que ya ha abultado debajo de sus pantalones de cuero que dejan ver sus marcados músculos de las piernas.

Y decides que hoy quieres saborear su orgasmo primero.

- Jaejoong… - Te llama entre jadeos.

- ¿Sí?... – Sonríes divertido, tu lengua se ha ensañado con su ombligo y pectorales haciéndole desesperar porque avances hacia el sur.

- Tócame… - Ordena.

- Te estoy tocando~

- Quiero esa lengua tuya en mi pene, y que tu boca me chupe hasta el fondo… - Gimotea desesperado, ansioso por la caliente humedad de tu boca.

- Que sucio, Yunho… - Ríes aún más divertido, aunque avergonzado también.

Que te hable de aquella manera con ese tono ronco hace que te den latigazos de excitación en tu propia erección. Gruñe inconscientemente y tira de las esposas sabiendo que de todas maneras no podrá liberarse. Busca tu mirada y cuando se encuentra con tus grandes ojos negros, sabes que el brillo en sus pupilas más que de enojo es de desesperada excitación. Sonríes de medio lado, te relames los labios y te acomodas mejor sobre su cuerpo. Colocas tus piernas a cada lado de las suyas sentándote en su regazo. Tú, igual que él, llevas el torso desnudo pero los pantalones puestos. Deshaces el cinto y los desabrochas con movimientos sexys, deslizas el zipper y bajas la prenda hasta media cintura.

Tu moreno novio traga hondo y notas a su falo temblar debajo de sus pantalones. No llevas ropa interior, los vellos en la base de tu erección están erizados, tu extensión erguida, palpitante y deseosa –tanto como la de tu novio–, y ha comenzado a sudar el líquido preseminal. Echas el cuerpo ligeramente hacia atrás y apoyándote en una de tus manos, usas la otra para estimularte.

- Jaejoong ah… - Te llama de nuevo, esta vez con tono de advertencia. Busca mover sus caderas pero tu peso le retiene, sus manos siguen inmovilizadas y su desesperación por ser tocado y tocarte se disparan haciéndole enrojecer de excitación y molestia. El brillo de sus ojos refleja aquellas sensaciones y a ti por alguna razón aquello te prende todavía más… - ¡Maldición! – Gimotea cuando te ve acelerar el movimiento de tu mano.

- Ahhh, Yunho~ Mghh… - Gimes con toda la intención de provocarle. Juegas con la punta de tu falo y muerdes tu labio inferior, agitas tu pelvis suavemente arriba y abajo simulando el vaivén y notas su entrepierna crecer todavía más.

- Jae… - Te gruñe de nuevo, entrecierra los ojos y tira con fuerza de las esposas lastimándose las muñecas.

Sonríes y decides no ser tan malo con él. Dejas de tocarte pero con tu erección altiva y al desnudo, llevas tus manos a sus pantalones, lo instas a levantar la cadera y los deslizas hasta sacarlos por completo, haciendo lo mismo con los tuyos, no quieres estorbos para continuar. Una vez desnudos, llevas tus manos a su miembro.

- ¡Ahhh! – Exhala con placer, arquea la espalda y tironea de sus manos inconscientemente… - ¡Mghh sí, Jaejoong! ¡Mhhh ahh!

Gime sin reparo alguno, el pudor se ha ido de vacaciones desde hace un buen rato. Bombeas aumentando suavemente el ritmo, manipulas sus testículos, te inclinas y los mordisqueas, los lames y succionas, saboreas el olor de su sexo caliente, duro e hinchado. Presionas la base con una de tus manos y metes su falo en tu boca, tragas hasta que te llenas de su extensión e ignoras las arcadas pues te ha tocado la garganta, succionas con ansia y disfrutas de esos chasquidos que produce tu saliva en contacto con su erección. Le mojas y luego liberas su pene para lamerlo a tu antojo, como si se tratara de cualquier dulce que saborear con lentitud para que no se acabe. Llegas a su cabeza, rojiza e inflamada como tu su pene. La hendidura te produce la misma tentación de siempre y no dudas en succionar solamente en aquella zona.

Los gemidos de Yunho no se detienen, aumentan en respuesta a tus atenciones. Cada que lames sientes las venitas que inyectan su erección, lo caliente y húmedo también. Gime con fuerza, alto y ronco, escuchas cómo sigue tironeando de las esposas y el vaivén de su pelvis te indica que le gusta sentirte, que disfruta embestir tu boca. Y le dejas hacerlo hasta que el líquido presemen se te queda en las paredes bucales; le dejas de nuevo y succionas con tus manos, juegas de nuevo con sus testículos mientras tu lengua lame la línea de vello que sube del vientre a su ombligo, succionas porciones de piel al azar, marcas visibles quedarán grabadas allí y no te interesa si comprometes sus futuras presentaciones, tan solo quieres marcarle y que le queda grabada para siempre la estela húmeda de tu pasión.

Le sientes estremecerse y decides que quieres tu recompensa. Le tragas de nuevo y succionas con rapidez y fuerza hasta que se le atragantan los gemidos en la garganta previo a liberar aquel más ronco y largo que todos los demás. Su semilla te llena la boca y explota en tu garganta. Ha alcanzado su orgasmo. Te apartas y tragas, lames las comisuras para limpiar esos rastros que sabes han manchado los lados de tu boca, sonríes y le observas agitado y sudoroso tumbado sobre la cama, levantas la pelvis y solo entonces él se da cuenta de que llevabas unas bolas chinas en tu cavidad, las sacas y las llevas a tu boca chupándolas con lujuria, te perfilas sobre su liberada erección y te autopenetras.

- Jaejoong ah, acabas de hacer que me corra…

- Y sé que U-Know es perfectamente de levantarse otra vez con un poco de estímulo… - sonríes y comienzas a botar arriba y abajo. Estiras el cuerpo y le liberas de tus esposas afelpadas sabiendo que en cualquier momento tomará el control de la situación y se arrastrarán a un segundo orgasmo. Tienen tiempo. Ganas, y todo el amor.


PASIÓN
(YooSu)

Usas aquel traje con cintillas con toda la intención del mundo de provocar a Yoochun. Aunque te hayas muerto de vergüenza al colocártelo y encontrar al principio ligeramente molestas las cintillas de piel alrededor de tus piernas por encima del entallado pantalón. Una camiseta de algodón pegada a tu torso y una torerita color crema. Te miras al espejo de cuerpo entero y tus mejillas se ruborizan al instante.

- Me veo demasiado uke~ - Pucheas adorable y ríes al darte cuenta de que lo has hecho… - No tengo remedio, por eso Yoochun siempre me dice que soy demasiado lindo.

- Y lo eres…

- ¡Yoochun! – Gritas tomado por sorpresa al verle parado en el umbral de la puerta de tu habitación… - ¿Por qué has llegado tan temprano? – Pucheas… - Todavía no estaba todo listo.

- Yo veo todo perfectamente listo para mí… - Te sonríe con esa picardía grabada a fuego en la curvatura de sus gruesos labios, te recorre con la mirada arriba y abajo relamiéndose los labios y pasando al interior escuchas que cierra con seguro.

- ¡Chun, qué pretendes pervertido ratón corrompedor de delfines inocentes! – Le chillas queriendo huir pero sabiendo que no tienes oportunidad.

- Me parece que acabas de responderte a ti mismo, baby~ - Canturrea y se acerca lentamente, con los brazos en los bolsillos de su pantalón como si no supieras que terminará por desnudarte en menos tiempo del que tardaste en vestirte. Te parece que es un cazador que tiene más que estudiada a su presa, y por un instante te sientes realmente desnudo bajo su penetrante mirada ónix… - Y cuéntame, Junsu ah. ¿Qué cosa tan buena hice últimamente que preparabas esta sorpresa para mí?

- Solo quise darte la sorpresa, Chunnie~ - Respondes con morritos de vergüenza. Él termina de eliminar la distancia que les separaba y sus manos, cual serpientes audaces, se enredan en tu cintura pegándote a su cuerpo… - Chun… - Suspiras inconscientemente, tus mejillas se calientan un poco más y tú sabes que te has sonrojado como auténtico tomate.

- No sé cómo demonios logro controlarme cuando vistes así de sexy en los escenarios, Junsu ah. Si nada más te veo y siento todo el calor subir por mi cuerpo y unas ganas locas de desnudarte y tomarte ahí donde quiera que estés.

- Dices cosas vergonzosas, Chunnie~

- Y tú sabes que no diría cosas vergonzosas si no estuvieras tan deliciosamente sexy como para querer devorarte… - Te asegura con tono ronco y muerde tu mentón resbalando de inmediato hasta tu cuello.

- Ahh Chun, al menos espera un poco… - Jadeas cuando ya los dedos de tu novio se han colado bajo tu camiseta, sabes que te la sacará en cualquier momento.

- ¿Para qué? Si lo que más me interesa es lo que hay dentro del envoltorio… - Acaricia tu vientre y tú inevitablemente jadeas rendido a su tacto.

- Pero me vestí especialmente para ti… - Tratas de insistir, de ganar algo de tiempo antes de que te arranque la ropa y marque tu cuerpo con su insaciable pasión.

- Cuando haya terminado contigo, yo mismo te vestiré de nuevo para admirar lo realmente sexy y adorable que luces vestido con cada prenda tan entallada a tu deliciosa figura… - Su voz seductora te atrapa, te seduce y gana derribando las pobres defensas que consigues levantar contra su lascivia.

Y no es que te quejes en realidad. Sabes que Yoochun aprecia tus esfuerzos para vestirte para él, pero que sin duda siempre prefiere tu desnudez cuando el tiempo les es suficiente para algo más que abrazos íntimos y besos profundos. Así es como se deshace en cosa de un par de minutos de toda tu ropa, te llena de besos y caricias, enciende tu piel a punto febril, desconoces la cantidad de gemidos que pueden salir de tus labios incluso si intentas controlar todo ese calor abrasante que te corre por el cuerpo.

- Ahh~ Chun… Chun… Yoochun ah~ ¡Mgh! – Te sube al tocador haciendo a un lado todo aquello que pueda estorbarle y se perfila entre tus piernas rozando tu anillo con su erecto miembro.

Sus manos toman tus piernas y te insta a subirlas hasta tus hombros, la forma de una V se simula en aquella postura en la que te ha colocado. Su erección está llena de lubricante, ha derramado en ella bastante de aquella sustancia viscosa y resbaladiza con que ha preparado también tu intimidad. Presiona la punta y penetra empujando suavemente su pelvis. Cuando todo su pene ocupa tu interior él se inclina para besarte, su lengua entra en tu boca y se aparea en una incesante danza de empujes y escurridizas lamidas, te roba el aliento y comienza a embestir.

- ¡Mghh! ¡Fuck, baby! – Gime sumido en placer.

Admiras su rostro sudoroso mientras recibes con gozo cada estocada, gimes para él y le besas, te aferras a su cuello sabiendo que esta postura te dejará un cansancio considerable en la espalda baja por el ángulo al que has exigido tu cuerpo; pero aquello no te importa. Tan solo su desbordada pasión golpeteando contra tus glúteos, la forma en que sujeta tus caderas cogiendo impulso para penetrar. Su caliente erección roza tu carne, te moja y sientes la forma en que tu propio miembro se frota comprimido entre sus cuerpos.

De pronto te dice cosas sucias al oído y sientes al instante tus mejillas calentarse, pero al segundo toda la sangre viaja al sur inyectando tu falo con excitación. Te prende que te hable así, aunque te da vergüenza también. Te gusta que te diga cosas como que te partirá en dos o que le gusta tu cavidad mojada con su saliva, penetrarte con su lengua y saborear todo de ti.

- Chun… ya no aguanto… voy a correrme… - Gimoteas avisándole tu final y tu pelinegro novio comienza a embestir más fuerte, toma tus tobillos y une tus piernas al centro, tu intimidad se cierra con mayor estrechez contra su pene y aquello le da un placer mayor a los dos.

El orgasmo se acerca y todo lo que puedes pensar con tus nublados sentidos es que es así como le amas, apasionado hasta la médula, enamorado de ti hasta los huesos. Y sabes por supuesto, que toda esa lujuria apasionada no terminará con esta ronda, seguramente le vendrán al menos dos antes de que permita que los dos tomen un descanso, y luego te saldrá con el más común de sus pretextos para hacerte el amor y mantenerte desnudo, sudado y pegado a su cuerpo.

- La noche es joven, baby…


QUINTO
(HayaMin)


No, no se trata de un quinto aniversario, en realidad apenas se aproximan al tercer año de noviazgo pero para ello faltan algunos meses. Tampoco es que sea el quinto round de sexo desenfrenado durante la noche –de hecho ni siquiera le has podido desnudar porque tu gruñón novio sigue pegado al móvil hablando con algún amigo suyo de los que últimamente te despiertan ciertos celos posesivos que te dan las más salvajes ideas para marcar su cuerpo como tuyo–; de hecho es acerca de esto de lo que llevas la cuenta y vas en el “quinto”. Es el quinto amigo al que atiende durante la última hora mandándote callar o yéndose a otro sitio del departamento para hablar tranquilamente. Te está enervando los nervios y tu límite de paciencia se reduce considerablemente. Oh sí, por si hay que darle puntuación, estás también sobre el -5. Por debajo de la media y con unas ganas cada segundo más grandes de arrebatarle el móvil y tirarlo a la basura.

- ¿Este fin de semana? No sé si pueda, tenía algunos planes ya… - Le escuchas decir mientras se mete a la cocina y abre la nevera.

Tú frunces el ceño y piensas decididamente en que hablarás seriamente con los compañeros de trabajo de tu morocho novio para ponerles los puntos sobre las íes. ¡Tienen prohibido querer arrebatarte tus fines de semana con él! ¡Si ni que fueran tantos!

- Bueno, veré qué puedo hacer pero no te aseguro nada. Este compromiso que tengo puede que me tome todo el día para atenderlo… - Apenas dice y parece que el comentario al otro lado es gracioso porque suelta una risotada. Tú miras de soslayo haciendo de cuenta que sigues concentrado en un libro (aunque dicho sea de paso no has avanzado ni de la quinta página. Si es que pareciera que hoy tienes algo con el cinco) y te percatas de la tarta de durazno que ha tomado de la nevera. Habías preparado ese pastelillo esta tarde para la comida, y ahora el ingrato de tu novio pensaba terminarla sin invitarte por estar pegado al teléfono… - No tengo novia, pero mi amigo se ha tomado en serio esto de “pasar tiempo juntos ahora que podemos”, entre sus constantes viajes a Japón y mi itinerario con el tour casi no nos queda espacio en las agendas para hacerlas coincidir.

Le das un voto solo por decir aquello, aunque te haya dejado una incómoda sensación en la boca del estómago que emplease la palabra “amigo” para referirse a ti. Sí, casi tres años de relación clandestina, un secreto sospechado por algunos pero no confirmado por ustedes. A veces quisieras poder gritarle al mundo que es tu novio, que se aman y que no piensas dejarle ni en un millón de años.

- ¡El baka de mi amigo podría enojarse si le cancelo! ¡No estoy tan loco como para arriesgarme! Creo que mejor te olvidas de que pueda aparecerme… ¿Llevar a mi amigo? Bueno, se lo comentaré, quizá se anime a ir. ¿Eh?... Pues sí, sí estoy hablando de Hayami… - Le sigues escuchando y hacia el final de su conversación notas el tono arisco de la vergüenza al admitir que eres tú ese “amigo” de quien habla. Sonríes y das vuelta a la página solo para aparentar que no estás atento a su llamada, no has leído ni una sola línea de la página que has dejado atrás… - Sí hyung, hasta luego.

Cuelga y escuchas el sonido de su móvil ser dejado sobre la mesa de centro, se deja caer a tu lado y come de la tarta de durazno. Una, dos, tres, cuatro… cinco cucharadas. Luego le besas, así de pronto y con ganas, degustas el sabor a durazno y profanas su boca como si no tuvieras un mañana hasta que le dejas sin aliento y a ti los pulmones te reclaman un poco de oxígeno.

- Podrías al menos dejarme comer a gusto… - Te gruñe de mala gana, con las mejillas coloradas y el ceño fruncido, va a llevarse otra cucharada a la boca pero tú le detienes la mano y terminas comiendo en su lugar. Sonríes altanero y él intenta alejarse pero tú se lo impides aprisionándolo en un dos por tres contra el sofá… - ¿Qué tienes?

- Hasta el quinto…

- ¿Eh?

- No te dejaré ir de aquí hasta el quinto orgasmo, cariño~ - Ladeas una sonrisa lasciva y notas la expresión de su rostro mutar de la molestia a la vergüenza y finalmente a la indignación.

- ¡Yah! ¡Acaso crees que soy una máquina sexual! ¡Hayami no baka quítate de encima! – Te gritonea e intenta empujarte, pero le demuestras que no eres su seme solo porque sí, o que pueda dominarte a voluntad si tú no quieres cooperar, así que le dejas allí, presionas tu cuerpo empujándole de nuevo hacia abajo.

Y antes de que te vuelva a protestar le besas. Profundo, feroz, apasionado. ChangMin se te niega al principio, luego parece querer devolverte el trato y te besa rudo, muerde tus labios y frota una de sus rodillas contra tu entrepierna torturándote, haciendo una presión casi dolorosa. Pero ambos lo saben, cuando hacen el amor en modo salvaje les brota ese lado sadomasoquista que les hace disfrutar de estas entregas.

Se deshacen de las ropas arrancándola casi a tirones, en un momento intenta invertir posiciones y sentarse a horcajadas sobre tu regazo, pero no le dejas, le recuerdas que esa noche se hará como mandes. Te gruñe y hasta te muerde algunas zonas de tu cuerpo en venganza por no dejarle tomar el control.

- Ya te lo dije, ChangMin ah. Hasta el quinto… - Sujetas sus muñecas y las inmovilizas sobre su cabeza, le abres las piernas con las tuyas y te acomodas entre ellas… - Quédate quieto o haré esto sin prepararte… - Le adviertes y él sonríe con aire perverso. Te reta con la simple mirada a atreverte a hacerlo así. Tú no estás por los términos de ser amable con él esta noche, así que retienes sus muñecas con una sola de tus manos y con la otra perfilas tu falo contra su intimidad.

- ¡Baka! ¡Itai, Hayami! – Gimotea con algunas lágrimas resbalando por sus mejillas, sientes una punzada de arrepentimiento y te inclinas para lamer esos caminos salados… - ¿Por qué estás tan salvaje ahora, idiota?

- Lo sabes, ChangMin ah…

- Pero no tenías que ponerte tan así, ni que no pudiera tener amigos.

- Puedes tenerlos, pero no ignorarme cuando estoy aquí.

- Eres un baka. Mi baka… - Sonríe y mueve suavemente sus caderas, un gesto de incomodidad le cruza el rostro… - Sal y déjame lubricarte al menos con mi boca.

Compartes su sonrisa y besas sus coloradas mejillas. Le sueltas y cambias la posición, te sientas en el sofá y le dejas practicarte sexo oral, es experto en hacerte sentir en las nubes por la forma en que usa su lengua y sus manos. Y cuando estás suficientemente mojado con su saliva, te deja y sube su mirada como esperando a que le domines de nuevo a tu antojo. Acaricias sus mejillas y besándole le instas a subir, sentarse en tu regazo y controlar la situación desde ahí.

- Solo el primero, después hasta el quinto serás totalmente mío, ChangMin.

- Baka. Yo ya soy tuyo, solamente tuyo… - Acomoda sus piernas a cada lado de tu cintura y luego baja su cadera tragando con su cavidad tu erección… - ¡Mghh! ¡Por qué mierda lo tienes tan grande!

- Porque eres afortunado, cariño… - Sonríes antes de lanzar ese gemido ronco que se mezcla con los suyos. Cuando toca fondo se queda quieto unos instantes acostumbrándose a tu invasión. Una ligera capa de sudor le cubre la frente, y tú encuentras que tu novio es el hombre más sexy del mundo. Le besas y él te responde con renovada pasión.

- Hayami baka… Te Amo… - Susurra contra tus labios y antes de que puedas responder tu correspondencia, te besa de nuevo comenzando a moverse. Cabalga sobre ti como si te tratases de una máquina que responderá a su ritmo.

Sonríes contra sus labios y le tumbas de nuevo contra el sofá. Pensándolo bien, todavía quieres mandar. Planeas hacérselo una segunda vez sobre la alfombra, luego en la mesa del comedor, más tarde en la cama, y el quinto en la ducha. Oh sí, cinco veces esta noche, el doble el fin de semana.

Hasta que te reclame que le duele el trasero y sus amigos intuyan que eres tú quien lo ha dejado K.O. con tanto amor.

miércoles, 1 de mayo de 2013

Istar Cuarta Parte



ISTAR
~*~
Cuarta Parte

~//~
Reino de Rúnya


¿Qué me hiciste, Jaejoong-Vanima? Que no puedo sacarte de mi mente.

Aquel cuestionamiento sincero que el Príncipe Jung formulara quedó en el aire. El primogénito Kim le había sonreído con sutileza, y tras murmurar alguna palabra que nunca llegó a oídos del de tez morena, dio media vuelta hasta una de las siete estatuas de piedra caliza distribuidas alrededor del salón. Cada una de aquellas estatuas había sido tallada con impresionante exactitud, cada rasgo en ellas les hacía lucir como auténticas personas inmortalizadas en la piedra.

- Guerreros de nuestro reino… - comenzó a relatar el Príncipe Kim, observando con gratitud la atención inmediata del de tez morena, quien siguiendo sus pasos miraba también a cada estatua por la que él iba pasando… - considerados por su valía como representantes dignos de inmortalizar en una de las formas más humanas posibles, un arte tan valioso como la escultura. Fueron tallados por nuestros mejores escultores, dispuestos en las posturas de batalla que más les fueron conocidas. O al menos eso dice la historia de Rúnya y sus contadas participaciones en confrontaciones bélicas en Anarion.

- ¿Alguno de ellos pertenece directamente a tu línea de sangre?

- Curiosa pregunta, Yunho-Melko… - el primogénito sonrió aún más, deteniéndose en la sexta escultura, acariciando lentamente la textura de la piedra, delineando los pliegues perfectamente tallados para simular las prendas de este guerrero en particular… - El primer descendiente de mi madre, antes de que los rayos del sol tocasen Rúnya en el largo invierno que alguna vez cubrió nuestras tierras.

El Príncipe Jung comprendió que había algo de metáfora poética en aquellas palabras. La expresión de concentración en el delicado rostro del Príncipe Kim consiguió hacerse nuevamente de sus sentidos. La finura de cada rasgo, desde el contorno de su rostro, hasta la forma y la textura sobresaliente de sus frescos labios tinturados de un hipnótico carmín como el fuego y la sangre. El titilar de las estrellas en sus grandes ojos negros, el translúcido tono azul zafiro en el fondo de las pupilas. La barbilla fina, la tersa piel, la respingada nariz y el cuerpo atlético de dios. El de tez morena supo que suspiró cuando sintió el peso irreverente del oxígeno hinchando sus pulmones.

- Melkor.

- ¿Qué?

- No “Qué”, sino “Quién”. El guerrero cuya línea de sangre perteneció a mi familia. Era llamado Melkor, El que se alza en poder, según lo describen algunos cantos y epopeyas en Rúnya, anécdotas narradas por generaciones, de mi abuelo a mi madre, y de mi madre a mi hermano y a mí.

- Melkor… - El de tez morena susurró para sí, analizando inconscientemente si tiene este nombre razón de ser para la forma en que el primogénito Kim se dirige a él.

Algunas palabras del idioma antiguo, antes de que los humanos con poca o casi nula capacidad de control sobre la magia en Anarion la poblaran, continúan en querencia en todos los reinos; sin embargo, la mayoría de ellas no son usadas más que para rituales que evoquen respeto y buenaventura. Tales palabras son conocidas por inercia, inmersas en las diversas culturas de los cinco reinos principales son transmitidas de generación en generación con la misma prontitud que el lenguaje materno, algunas interpretaciones erróneas del idioma antiguo han modificado significativamente el uso de las palabras que le sobreviven al uso común; empero la supuesta ausencia de seres míticos que proclamen su correcta pronunciación ha vuelto de aquel conocimiento un fallo invisible.

Ante tal panorámica vertida de repente en la mente del Príncipe Jung, le acusó la disyuntiva de la verdadera razón por la que el Príncipe Kim le llama Melko.

- Uno de los rasgos que más me impresionan de tu personalidad, es la claridad con que se manifiestan tus inquietudes en el rostro. El ligero fruncimiento del ceño, la aparente mirada fría, los labios sellados en una seca línea de razonamiento. Un aire bastante varonil para un hombre digno de convocar a un Fénix, Yunho-Melko.

- Melko, Melkor, ¿Son alguna especie de sinónimos? – Aunque halagado e incluso sorprendido por las palabras del de cabellos oscuros, el de tez morena externó aquella duda que se sumergiera en sus pensamientos con rápidez.

- En cierta forma, pero si quieres escuchar la verdad del por qué yo te llamo así, has de saber que se debe a mi profusa admiración por tus habilidades, en combate y fuera de él. Por tu liderazgo nato, por tu lealtad a los tuyos. Melko, El Poderoso. Un único hombre capaz de alzarse con el poder, Yunho-Melko. En Formen te llaman Encantador de Fénix, ¿verdad?

El Príncipe Kim sonrió ladino, llevando uno de sus dedos por la superficie de la espada incrustada en la mano de la escultura. La textura de la hoja era suave y delicada como el agua de un calmado río en un amanecer otoñal, el filo se conservaba intacto a pesar de los años que han transcurrido desde su creación.

- La gente necesita nombrar a sus gobernantes con ostentosos títulos, Formen se sacude cada tanto presa de sus propias injurias. El legado de mi padre estaba en el filo del destierro antes siquiera de que tomara el trono. La línea de sangre es querida por muchos, pero basta un puñado bien liderado para provocar rencillas y amedrentar al pueblo, así nacen los héroes. El Príncipe Jung Yunho, Encantador de Fénix, el que deberá regresarle a Formen la gloria de sus ayeres, del mismo modo en que el ave de fuego renace de sus cenizas.

- No estás conforme con tu destino… - El Príncipe Kim murmuró mirándole con suspicaz seriedad.

- ¿Lo estás con el tuyo?

- Soy quien soy por voluntad de mis padres; hago lo que hago, por la mía. Ése es mi destino, es lo que he forjado en el nudoso telar que me trajo a éste mundo.

- Annali len umbar, Jaejoong-Vanima… - El de tez morena inclinó la cabeza con respeto.

- La suerte que espero del destino, es no tener que enfrentarme a ti nunca, Yunho-Melko… - El primogénito volteó la cabeza cerrando un segundo los ojos, inmediatamente después salió con sutil velocidad del salón.

El Príncipe Jung tragó hondo sintiendo repentinamente la garganta dolorosamente cerrada. Su familia necesitaba permanecer en el trono, y hay solo una forma de conseguirlo.

- Los favores místicos de sangre pura deben ser traídos a Formen, hijo mío… - Aquellas palabras resonaron en los pensamientos del Príncipe Jung incluso si él intentó mantenerlos bajo llave en el fondo de su mente.

--//--

Al siguiente día el ritual esperado. Un sustancioso desayuno, una caminata acompañada del canto de aves de varios colores y tamaños que se esconden entre las copas de los árboles, también de aquellos que levantan el vuelo a temprana hora, los que salen a saludar al sol y coquetean con las flores primaverales de los campos del reino.

- Príncipe Jaejoong, disculpe el atrevimiento de mis palabras pero, ¿dónde están los reyes?

- No encuentro ofensiva su pregunta, Príncipe ChangMin; por lo que no necesito disculparle. Nuestros padres están en otro de los castillos de Rúnya, regresarán a tiempo para despedirnos antes de partir hacia uno de los otros cuatro reinos en Anarion, y espero que sea suficiente para calmar sus dudas.

El soberano de Hyarmen inclinó la cabeza en gesto de agradecimiento. Luego siguieron conversando, sobre todo acerca de las bondades naturales de Rúnya. Después del mediodía y la suculenta comida, cada príncipe tomó caminos diferentes. Los anfitriones anunciaron su retirada para atender asuntos del reino cuando uno de los sirvientes los abordó al salir del comedor. Los Príncipes Jung y Park parecieron particularmente afectados por la ausencia de los Príncipes Kim, sin embargo el Príncipe Shim como el Príncipe Mokomichi optaron por el prudente silencio.

De aquel modo, al anochecer cada Príncipe se dirigió a sus aposentos, con las disculpas comunicadas a través de otros sirvientes, de la ausencia de los príncipes Kim. Cansado de esperar y sintiéndose inquieto, el Príncipe Park no encontró sopor alguno encerrado en los aposentos designados para él. Salió de las habitaciones con un suave crujir de puertas, con los pies descalzos y su cuerpo cubierto solamente por unos pantaloncillos de seda y lino, una camiseta sin mangas que holgada dejaba al descubierto parte de su torso, los huesos de la clavícula totalmente expuestos, así como sus hombros.

- Sé dónde está… - Escuchó la voz de Nenya en su mente. Una voz juguetona, casi burlesca. El lobo alzó el hocico olfateando con sencillez el viento.

- No sé de qué…

- ¡Junsu-Lissë! ¡Junsu-Lissë! Se repite constantemente en tus pensamientos, Yoochun-Enta.

- ¿Qué clase de lobo eres que disfrutas mofarte de mis inquietantes sentimientos? – El de cabellos azabaches bufó inconforme con la actitud de su lobo, cuya risa viajó a través de sus pensamientos como ráfaga de cálido verano.

- ¿Qué clase de Príncipe titubea tanto de sus propios pensamientos?... – Nenya trotó más aprisa, el rabo en alto y las orejas levantadas… - Date prisa, o correré veloz y entonces no sabrás dónde está.

El Príncipe de Rómen abrió la boca con intención de contradecir las palabras del lobo, pero la unificación de mentes le hizo saber que aquello solo caería en una innecesaria pérdida de tiempo. Además, no podía negarle al canino, cuya sonrisa seguía revoloteando en su cabeza. Entonces, cuando Nenya decididamente comenzó a correr, el de cabellos azabache no tuvo más opción que seguirle el paso, procurando no perderle de vista en los oscuros pasillos antes de salir del palacio y atravesar jardines y murallas de arbustos que seguramente miden más de tres metros. Si no fuera por el olfato de Nenya, él probablemente se habría perdido sin un rumbo fijo y una luz que alumbrara el camino. Seguir al lobo escuchando el rumor de sus pisadas y cada exhalación de respiraciones en su veloz marcha, era una tarea que no podría haber realizado algunos años atrás, cuando la mente de Nenya y la suya aún no encontraban un punto de encuentro mutuo que les permitiera mantener el lazo todo el día si así lo deseaban.

- Isilmë Ilcalassë… - El Príncipe Park murmuró deteniendo de golpe su carrera, anonadado por la vista ante él.

- Te lo dije. Sabía dónde estaba el Príncipe Junsu, en la luz resplandeciente de la luna… - Nenya se sentó sobre sus patas traseras con orgullo y un dejo de vanidad, confiaba cada vez más en sus sentidos. Y el aroma del menor de los Kim lo tenía tan conocido, que podría jurar que lo reconocería incluso si él estuviese más allá de los límites de Rúnya.

Ahí estaba él, danzando bajo la luz de la luna llena, cantando con angelical voz. La gracia de sus movimientos era tal que incluso el viento parecía rendirse a sus encantos y pedir permiso para acariciar su piel. Junto al menor de los Príncipes Kim, Narvinyë, echado sobre el pasto del amplio claro en la colina, con susurros graves en su garganta como si emulara el tarareo del canto que el Príncipe Kim ofrece a la noche.

Y sin embargo, todo lo que el Príncipe Park podía ver era su inocente sensualidad. De pronto, ante sus ojos sumidos en el placer de la vista, la llamarada que emergió de la garganta de Narvinyë sorprendió al de cabellos azabaches. La cola de fuego no tocó nunca el suelo, rodeó al de cabellos castaños como un aro que dominó a voluntad, moldeándolo con su pensamiento y bajo la belleza de su canto.

- Nunca había presenciado algo así…

- ¡Yoochun-Inya! – El Príncipe Kim exclamó emocionado cuando le escuchó, pese a que el Príncipe Park había murmurado aquello desde la considerable distancia a que se encontraba… - ¿Los dioses te mantienen despierto? – Preguntó una vez llegó a estar frente a su congénere.

A la distancia, sin haberse molestado apenas en lanzar unas fumarolas por las fosas nasales, Narvinyë se quedó echado en el pasto, agitando la cola con suavidad de un lado a otro, con sus ojos rojos clavados en la silueta del de cabellos azabaches.

- Debería lanzarle una llamita, a ver si puede ejecutar la danza del fuego… - pensó el dragón, sintiendo cómo el menor de los Kim refunfuña curiosamente en sus pensamientos pero sin dejar de prestarle toda su atención a su invitado… - Sigo pensando que es un principito escuálido, sin gracia y además demasiado instintivo.

- Sus instintos son de todas maneras honestos.

- ¡Nenya! ¿Tomas por costumbre echarte sobre el cuerpo de otros? – El dragón rebufó sacudiendo su cola con enérgicos bríos, el lobo por su parte de un salto cayó sobre sus patas delanteras amortiguando la caída antes de equilibrarse con las traseras, relamerse el hocico humectándose en el acto la nariz y guardar silencio… - ¡Impertinente como tu receptor!

- Lo que hacías, Junsu-Lissë…

- Algo que mi madre nos enseñó a Jaejoong y a mí. ¿Te gustó? – el de cabellos castaños sonrió con renovado interés. El Príncipe Park asintió incapaz de encontrar las palabras que describieran lo que había sentido… - Llegará el día en que puedas presenciar la Danza del fuego en todo su esplendor.

--//--

- Mi nombre es Nísinen… - la Reina se presentó aquella noche…

- Soy Telemnar, Maare Tulde, Príncipes de los reinos de Anarion… - El Rey extendió los brazos dándoles formalmente la bienvenida a su reino.

Los Príncipes quedaron impactados por la apariencia de los reyes de Rúnya. Los rumores no tenían comparación con la realidad.

- Un elfo, y una ninfa… - el Príncipe de Hyarmen dijo para sí…




Continuará……


Capi especial para mi Maki :3

He estado algo ocupada éstos días, así que no he tenido mucho tiempo para sentarme a escribir; aparte he andado con algunos problemillas de inspiración :/ pero bueno, hace un momento obligué (?) al ratón a trabajar ewe lo puse a correr mientras su baby le echaba porras *-* xDDD 

Y ya, ando trabajando tbn en el cap de Unexpected, espero tenerlo para mañana ;D 


Ya Ne!!