ISTAR
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Séptima Parte
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Reino
de Rúnya
Valle
de Sauces
Kilómetros al Sur de Rúnya se extiende el
llamado Valle de Sauces, la depresión entre dos vertientes que se alarga otros
cuantos kilómetros más allá, desemboca en una de los brazos del río más
importante del reino. El río Mindolluin que se reúne con el océano tras varias
ramificaciones siguiendo camino hacia el sur.
Los sauces de este valle eran conocidos en
todo Rúnya por su antigüedad, los hay de diversas especies, por lo tanto se
distribuyen en diferentes tamaños y edades. Los más viejos son probablemente
los Sauces de Babilonia, cuyas ramas finas y elásticas se esparcen a raudales
por cada ramificación; predomina el tono dorado de sus numerosísimas y pequeñas
hojas, su altura va de los ocho a los doce metros y se les ve comúnmente a los
lados del camino principal que atraviesa el valle. Tras de ellos y a lo largo y
ancho del Valle, los sauces negros se extienden con magnífica elegancia, por su
tamaño superior a los treinta metros suelen ser llamados los guardianes del valle. Y entre ellos,
también se abren paso algunos arbustos de la misma familia. Así pues, el verde
y el dorado se convierten en el color del Valle, y dentro de él, la humedad y
el aroma constante a tierra mojada, su principal característica.
- No había visto este camino antes…
- Eso es, Príncipe Jung, porque
generalmente se llega a Rúnya por otros caminos; pero por aquí, aunque
atravesaremos montañas y planicies escarpadas, llegaremos en la mitad del
tiempo a Hyarmen.
El primogénito de los Kim le respondió,
siguiendo al galope en su corcel palomino, de cuerpo marrón claro, crines y
cola blanca. Desde que el Valle de Sauces comenzó a vislumbrarse minutos antes,
el de tez morena no había hecho otra cosa que aprovechar la distancia que los
otros príncipes habían puesto entre ellos, para observar al pelioscuro montar. Cada
cosa, cada gesto, cada acción, su simple respirar o el elegante pestañeo,
atrapaba poderosamente la atención del Príncipe Jung; llevándole a cuestionarse
si es que en sus sueños, el Príncipe Jaejoong no le habrá encantado de alguna
manera.
- ¿No tienes curiosidad por saber qué fue
lo que tu padre habló conmigo antes de salir del palacio?
- Lo que mi padre, o mi madre al Príncipe
de Númen, hayan dicho; ha sido solo para ustedes, Yunho-Melko.
- Si cualquiera de mis padres hablase
contigo en privado, yo tendría curiosidad por saber lo que tus oídos han
escuchado…
El de tez morena dijo con tal seriedad, que
los ojos negros del Príncipe Kim destellaron con algo parecido a la molestia. Volvió
el rostro hacia el lado para poder mirar a su interlocutor, el Príncipe Jung apretó
las riendas de su caballo zaino, haciéndole incluso relinchar en protesta.
- Cuando nuestro camino nos lleve a Formen,
espero que la confianza entre nosotros sea más fuerte que tus miedos,
Yunho-Melko; no he depositado mi interés en ti solo porque me haya cautivado tu
atractivo; he visto el verdadero don de tu alma, y he de vivir para verlo.
- Desde que te vi en tu palacio hace días,
sentí por primera vez en toda mi vida que me vibraba el alma. Te había visto
antes en mis sueños; habías enloquecido mis sentidos a tal punto, que mis
padres recurrieron a las hechiceras de Formen en busca de una cura para el mal
que me atormentaba todas las noches. Era yo quien parecía un fantasma,
deambulaba taciturno por los pasillos y salones de mi palacio, temiendo verte
en el reflejo de los espejos, incluso de los utensilios de plata o las tinajas
de mármol. Ahí donde iba, me perseguías, Jaejoong-Vanima; así que por favor,
entiende un poco todo lo que me sucede, porque cuando mis padres comprendieron
que más que una maldición, había sido hechizado por un mago de Rúnya, grandes
responsabilidades cayeron sobre mí.
- Qué exactamente es lo que quieres
decirme, Yunho-Melko.
El de tez morena clavó sus ojos marrón en
los oscuros del primogénito Kim, guardó silencio por unos instantes y luego aceleró
la cabalgata. El pelioscuro no insistió entonces, pero la inquietud de sus
pensamientos llegaron a la mente de Nënar, que junto con Narvinyë descansaban
ya entre sauces hacia el centro del valle.
- No
sucumbas ante las inquietudes de tu corazón, Jaejoong. Este viaje apenas ha
comenzado… - El dragón habló en su mente, con su voz ronca pero serena. El pelioscuro
incluso recibió una imagen del Río Mindulluin que Nënar había captado antes
durante su vuelo.
- Es
solo que no puedo evitar percibir cierto tono de reclamo cada que menciona que
verme en sus sueños le hizo padecer al borde de la locura. Nënar, qué poder me
hizo sentir tan libre de intervenir en sus sueños.
-
Creo que los humanos, e incluso las razas mágicas como las de tus padres,
llaman a eso amor. Pero el amor, mi estimado Jaejoong; es un hechizo tan poderoso,
que ninguna magia puede destruirlo, pero así como la magia no puede hacerle
daño, por sí solo puede ser destructivo.
El primogénito
Kim suspiró y entonces aceleró también el paso de su corcel, galopando a la
carrera esquivó el sendero principal por la derecha. El Príncipe Jung le vio
tomar aquella ruta, pero no dijo nada ni hizo movimiento alguno por seguirle. Parecía
que de momento, tomar un poco de distancia era necesario para ambos príncipes.
…………………………
Más tarde, cuando
la noche cayó sobre el Valle de Sauces, la caravana tomó un descanso. Los caballos
no necesitaban ser atados, seguían a sus jinetes por voluntad, aunque aquello
no significara en absoluto que sus mentes pudieran conectarse a la de los
príncipes de Anarion. El Príncipe Yunho y el Príncipe Jaejoong no han vuelto a
cruzar palabra, y para entonces, el pelioscuro ya había salido a dar un paseo
montado a lomos de Nënar, con la incipiente necesidad de despejar la mente con
los fríos vientos del alto cielo, donde podía tocar con sus dedos las nubes y
surcar entre ellas con libertad.
- ¿Me permites ver con tus ojos, Nënar?
- Con gusto, mi estimado Jaejoong…
El dragón sonrió
en pensamientos, y atado a ellos la disposición para prestar el alcance de su visión a ojos del pelioscuro. El primogénito
Kim gritó de pura emoción cuando pudo ver con aquel alcance tan propio de los
dragones. Los colores y las formas variaban considerablemente, podía ver si así
lo deseaba incluso los pequeños detalles de una roca en el suelo, a kilómetros
de distancia; y por otro lado, al mismo tiempo podía tener una visión lejana de
las cosas que tiene cerca, como un ir y venir en la lente de un telescopio que
ajusta a voluntad.
- ¡Me encanta!
- ¿Qué tal unas piruetas?
- ¡Sí!
- ¡Entonces sujétate con fuerza, mi estimado Jaejoong!
El Príncipe Kim
se aferró al cuello del dragón y mantuvo también sus pensamientos unidos a la
mente de Nënar. Las volteretas, la velocidad y los cambios repentinos pero exactos
de cada movimiento de Nënar dispararon la adrenalina del pelioscuro. Podía sentir
en su propio cuerpo la forma en que su dragón tensaba la musculatura para
realizar tal o cual movimiento, subir o bajar, alargar las alas, plegarlas o
desplegarlas, ajustarlas a las ráfagas naturales del viento a aquella altura. Incluso
el primogénito Kim se dio cuenta de que Nënar se aseguraba de mantener el
ángulo de sus alas de tal modo que le protegería de cualquier ataque si éste
llegase a efectuarse. Después de todo y aunque ni él ni su hermano lo
quisieran, una guerra podría desatarse, y ellos se han entrenado con sus
dragones para tal.
…………………………
Mientras el
Príncipe Jaejoong vuela con Nënar, el Príncipe Jung practica con su espada. Más
allá del campamento que el grupo levantó para pasar la noche, el de tez morena
hace serpentear su espada por los aires, golpeando sin golpear. Tal fluidez
solo era reconocida entre contados guerreros de todo Anarion.
Sin embargo, no
es esta escena la que más podría llamar la atención, sino la conversación cada
vez más confiada entre los Príncipes de Númen y Hyarmen.
- Antes dijo que
no estaba seguro de cómo se tomarían sus padres nuestro arribo, Príncipe
ChangMin ¿No les ofenderá que tome la decisión de presentarse con nosotros?
- Mis padres son
duros, estrictos y apegados totalmente a los protocolos del reino. Pero creo
contar con los argumentos suficientes para honrar el nombre de nuestra familia
con su presencia, Príncipe Hayami.
Ambos príncipes
se sonrieron entonces con alivio, como si aquellas palabras fueran suficientes
para diluir cualquier inquietud. La serenidad del Príncipe de Númen parecía
contagiársele al soberano de Hyarmen; el morocho podía sentirlo así; porque a
pesar de que es poco el conocimiento que tienen el uno del otro, la compañía
del de tez tostada le inspiraba aquella sensación.
- ¿Qué hay de tu
familia? Quiero decir, además de tus padres…
- Tengo dos
hermanas, ambas menores.
- Yo tengo una
hermana y un hermano. Ella tiene 17, y él 13; ambos suelen estar conmigo todo
el tiempo, les gusta estar con Isilmë, y a Isilmë le gusta la presencia de mis
hermanos.
- ¿Tus hermanos
no tienen sus propios unicornios?
- Ninguno ha
permitido que se conviertan en sus receptores. Isilmë me ha dicho que se debe a
que ellos no comprenden todavía la importancia de los vínculos entre el hombre
y las criaturas mágicas. Así que esperamos que con el tiempo ellos maduren este
pensamiento.
- Es diferente en
Hyarmen. Todos en la Familia Real tienen su Grifo, lo heredas cuando naces, aunque es el Grifo quien decide en qué
momento de sus vidas juntos permiten la conexión como receptores.
- Eso es
interesante. ¿Cuándo permitió Linta que te vincularas a él?
- Cuando yo tenía
tres años. Salvó mi vida, y el vínculo se estrechó desde entonces… - el
Príncipe morocho evadió la mirada, el gesto fue suficiente para que el de tez
tostada asumiera que aquel era un tema que no podía abordar tan pronto.
…………………………
Narvinyë estaba
echado cuan largo era, con los ojos cerrados y el hocico reposando sobre una de
sus extremidades superiores, la respiración del dragón hacía parecer que
dormía; pero el mínimo movimiento alrededor era percibido por la bestia. Por eso
al menor de los Kim no le importaba caminar por allí aunque se alejara del
campamento y la noche estuviera bien entrada en madrugada.
- ¿Acaso no
duerme, Junsu-Lissë?
- ¡Yoochun-Inya! –
El castaño se giró con clara emoción en su expresión. Las mejillas se
ruborizaron tenuemente al instante, y sus ojos brillaron cual si fuesen las
estrellas del firmamento las que se escondieran allí.
- Parece que
acostumbramos encontrarnos de madrugada… - El peliazabache sonrió con picardía,
lo que a la distancia hizo rebufar a Narvinyë.
- ¿Es que los
dioses no le permiten dormir, Yoochun-Inya?
- Más bien me
atrevo a decir que es su presencia lejos de mí la que mueve mi cuerpo en
búsqueda del suyo, Junsu-Lissë.
Para entonces,
ambos príncipes estaban muy cerca el uno del otro. La distancia era tan escasa
que el aliento se mezclaba apenas exhalaba de sus labios. Sus miradas se habían
conectado con tal confianza que si pusieran un poco de esfuerzo y voluntad,
podrían acceder a la mente del otro.
- Dime de verdad,
¿no duermes?
- Bastan unos
minutos para descansar, mi hermano y yo no necesitamos largas horas de sueño
como la mayoría de las personas. Herencia de nuestros padres… - Hablando en
susurros, sus rostros no dejaban de permanecer cerca, ni de buscar
insinuantemente un contacto diferente.
- ¡Bésalo! ¡Si sigues esperando el momento
terminará, Yoochun-Enta!
- ¡Nenya! ¡Sal de mi cabeza ahora mismo!
- ¡Já! ¡No harías nada sin mi ayuda, Yoochun-Enta!
El lobo renegó, y
ofendido por el desprecio de su
receptor, rompió el lazo psíquico con él alejándose un poco de ahí, lo
suficiente para no sentir las emociones a flor de piel que corrían por el
cuerpo del peliazabache.
- Junsu-Lissë…
- Yoochun-Inya…
Ambos Príncipes
suspiraron, sintiendo estremecimientos por todo su cuerpo cuando sus labios se
rozaron. Luego un bufido sordo les hizo separarse repentinamente. Narvinyë
estaba ahí, con expresión recelosa en sus ojos rojizos y las fumarolas
emergiendo constantemente de sus fosas nasales…
- ¡Me niego a permitir que te seduzca este
escuálido principito!
- ¡Narvinyë!
- Antes que permitirle cortejarte, le someteré a MI
prueba de fuego… - bramó el dragón, golpeando la
superficie de fango, hojas secas y piedrecillas bajo una de sus patas
superiores.
- ¡Pero, Narvinyë! ¡Es mi decisión permitir
que un hombre me corteje! – El menor de los Kim renegó con serios
aspavientos que incluso hizo tragar hondo al peliazabache.
Sobre todo cuando
vio al dragón rojo dar un paso al frente e inclinar la cabeza, el hocico quedó
ante su rostro, el aliento a fuego y la penetrante mirada rojiza le hicieron
titubear, pero no retroceder.
Él estaba
dispuesto a lo que el dragón decidiera. Porque antes que príncipe, el hombre ya
había tomado su propia decisión. Amarle.
Aunque no supiera
aún que tal vez sus destinos tuvieran algunos obstáculos esperándole en su
propio reino.
Continuará……
GLOSARIO
Mindulluin: Torre
Azul.
*-* me vino la idea a la cabeza y no pude evitar escribirla, todo y que debería estar haciendo otras cosas ;D pero bueno, ¿Qué les pareció? ¿Más dudas? Paciencia, se irán resolviendo en el transcurso de los minicapis~
Ya Ne!







