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miércoles, 13 de marzo de 2013

Epílogo JEONSA



 *w* salió más rápido de lo que esperaba~ espero les guste y pues nada más que agradecer su compañía en este miniserial que por ahí sufrió -como casi todos mis proyectos- un penoso standby muy largo. Pero este año nos está yendo bien, he avanzado bastante y escrito constantemente *-* me siento bien, casi como si estuviera retomando el camino perdido durante el año pasado, tan lleno de cosas raras que... bueno, no al caso ;D 

Disfruten~


JEONSA
*****
Epílogo

/**//*//**/


Hayami pensaba mucho últimamente –costumbre samurái a la meditación– y cuando lo hacía se convencía de que su padre –sabio líder de su clan– le había mandado en aquélla Compañía, seguro de que solo así encontraría su verdadero camino. La senda correcta que le lleve a la plenitud de su condición. Ha ido comprendiendo que muchas de sus enseñanzas las interpretó con un pensamiento equivocado, el afán de satisfacer a otros pero nunca pensando en sí mismo.

Si bien es cierto que un buen samurái trabajo en equipo y conoce las debilidades y fortalezas de sus compañeros en combate. Un buen samurái también debe ser capaz de crear sus propias opiniones y tomar sus propias decisiones. Estar listo para la muerte día con día pero tratar de evitarla no lo convierte en un cobarde.

Y sentir que está en casa cuando ve a ChangMin, no le vuelve un desertor de su Clan. Su padre sabía –de alguna forma lo hacía– que su primogénito no sería feliz en sus tierras nunca. Porque Hayami aunque buen samurái con extraordinarias habilidades, no había encontrado el motivo que lo impulsara a la gloria estando allí, constantemente movido por la curiosidad hacia dominios extranjeros que le llamaban a traspasar sus fronteras y encontrar aquello que llenara el vacío de sus días en Japón.

Mokomichi hoy puede nombrar esta motivación sin titubeo alguno: sentimientos. Todos y cada uno de ellos dirigidos a la misma persona, ChangMin.

- Pensando otra vez… - el morocho gruñó cuando entró en la pequeña habitación que ahora le pertenecía al japonés. Dejó una bandeja con leche y pan sobre la madera que cubre el piso (algunos cambios han sucedido en su casa desde su permanencia ahí, éste uno de ellos) y se arrodilló frente a él en la típica postura oriental… - Incluso yo me canso de hacerlo, pero tú cuando no trabajas o estás molestándome, piensas.

- Hay muchas cosas en la vida que merecen ser pensadas.

- Pero tú exageras, baka… - masculló con gesto casi infantil. Como el niño educado que pierde la compostura por un berrinche que amenaza con dibujarse en su rostro… - Hasta mis padres se preocupan a veces, me mandan a verificar que aún respiras…

- O tu madre viene y asoma su cabeza comprobando con sus propios ojos que lo hago, suspira, da media vuelta y se va con paso ligero.

- ¿Tú de todo te enteras?

- Si está al alcance de mis sentidos.

- Ni que fueras perfecto… - susurró por lo bajo, muy bajito para que el japonés no le escuchara. Pero aún así Mokomichi le escuchó. Una sonrisa se curvó en los delgados labios del samurái y su mano fue a parar al pan casero que la Sra. Shim había preparado antes. El olor del horno a leña había inundado toda la casa… -Mamá pensó que te gustaría, y creo que no se equivocó.

- Tu mamá estuvo platicando conmigo hace algunos días. Fueron horas muy agradables. Y no tuve que pensar mucho… - sonrió divertido tras recordar que aquella mañana ChangMin se había ido con su padre a un llamado del Rey para búsqueda de un texto en particular. Y el morocho no tenía ganas de salir aquel día. Porque habían acordado salir al bosque a practicar. A ChangMin le gustaba aprender de Hayami algunos movimientos marciales que con los guerreros de su villa no podría. Para hacerse más fuerte, decía él.

- También puedes platicar conmigo, y no pensar mucho… - murmuró con las mejillas repentinamente tibias. Se ha sonrojado y lo sabe.

- Está bien, cuando no esté trabajando y tú no vayas con tu padre… - acordaron y luego compartieron el pan y la leche.

A Hayami le hacía gracia ver los bigotes blancos que quedaban sobre el labio superior cada que ChangMin tomaba leche. Y luego se sentía acalorado –y tentado– cuando le veía relamerse al segundo para limpiarse el rastro húmedo que quedaba ahí.

- ChangMin ah…

- ¿Mh?

- ¿Me permites besarte?

El morocho abrió los ojos tan ampliamente que hasta le escoció el lagrimal. Hayami se mantuvo sin embargo sereno, –por fuera porque por dentro temblaba de nervios– mirándole intensamente para que viera que lo decía en serio.

- Me gustaría. Pero temo que el día de mañana conozcas a alguna chica que te agrade para ser tu esposa. No quiero ser tu amante.

- No pienso que llegue a gustarme ninguna chica, si ya estoy enamorado de ti.

La confesión le llegó a ChangMin como una ola de calor que se expandió rápidamente por todo su cuerpo. Sus mejillas arrebolaron de carmín y su corazón latió como potro desbocado en una pendiente resbaladiza. La garganta se le secó pero casi luego sus labios se humedecieron por la lengua inquieta que resbaló sobre ellos en un pronunciado gesto de nerviosismo. Nunca nadie le había declarado un sentimiento así. Y que Hayami fuera el primero, ponía su mundo de cabeza.

- ¿Necesito responder algo?... – cuestionó abochornado, jugando curiosamente con el borde de su prenda superior. Al japonés se le hizo un gesto muy tierno en el muchacho.

- Si no tienes una respuesta clara, no necesitas hacerlo… - accedió con tranquilidad. Aunque su corazón ansía de hecho una respuesta.

ChangMin lo miró durante unos segundos. Luego desvió la mirada y soltó el aire contenido en sus pulmones. Cuando regresó la vista hacia el japonés, el morocho apoyó sus manos sobre la madera e inclinó el cuerpo hacia el frente hasta que chocó sus labios con los del samurái. Hayami sintió un latigazo de electricidad corriendo por su espalda y al segundo un montón de aves se soltaron en su vientre llenándole de curiosas cosquillas. Antes de que el morocho se apartara, una mano del japonés se asió a su nuca moviendo sus labios con suavidad, probándole despacio, dándole tiempo a acostumbrarse a aquellas caricias y responderlas, compaginando así los pliegues carnosos que tibios, suaves y dulces se volvieron pronto en el manjar favorito del otro.

- Que te valga por respuesta… - ChangMin suspiró contra los labios del japonés.

- Gracias… - y en un parpadeo, el morocho descansaba en su regazo y sus labios eran nuevamente capturados por el japonés.

Mokomichi Hayami ha encontrado su motivo. Su senda samurái, en aquel jovencito de carácter rudo y arisco, en Shim ChangMin.

……………………………………

Después de un mes de relación, Jaejoong aún se pregunta cuánto tiempo más habrá de pasar para que Yunho se atreva a tocarle con la pasión con que lo hizo antes, cuando incluso insinuó si tenía intenciones de violarlo. Pero Jaejoong no se animaba a sugerirle tampoco que llegasen a más que besos.

- Por qué tienen que ser tan escandalosos… - el moreno respingó de pronto, sacando en el acto al pelioscuro de sus pensamientos… - Es como si quisieran que todos se enteraran de lo que están haciendo.

- Es más como que fue una coincidencia que termináramos donde mismo. Estamos lo suficientemente lejos de la villa como para que alguien más se entere… - Jaejoong sonrió divertido al ver a Yunho tan abochornado.

Y es que a no demasiados metros, por donde cruza un río de cristalinas aguas, se escuchan los gemidos agudos y roncos de sus dos amigos en plena faena. Junsu y Yoochun habían salido desde temprano aquel día de inicios de verano para pasarlo juntos lejos de la Villa y con el previo consentimiento de los Sres. Kim; Tae Yun no encontraba impúdico que los jóvenes amantes se demostraran su amor en aquel acto íntimo que libremente no podrían ejercer en la villa. Pero, tal como Jaejoong mencionó, ha sido casualidad que ellos dos fuesen al mismo sitio en el inmenso bosque. Y no porque fuesen a lo mismo. Vamos que Yunho no le da señales claras de llegara más que besos, besos y más besos. ¡Ni siquiera una caricia de verdad! Y no es que él lleve prisa… Bueno tal vez una poca, que lo único que quiere es sentir que Yunho le quiere de verdad, que le gusta lo suficiente como para desear aquello. ¡Que él no es de piedra!

Nuevamente sumido en sus pensamientos –algunos comenzando a tornarse verdaderas fantasías subidas de tono–, Jaejoong caminó sin prestar atención a absolutamente nada, ni a las palabras que salían de labios de Yunho, ni al hecho de que se han alejado lo necesario para no escuchar a Junsu y Yoochun en lo suyo. Lo suficiente para que el moreno se sintiera tranquilo, resguardados bajo la sombra de unos frondosos ramajes de dos árboles de grueso tronco y grandes raíces sobre la superficie que convergían sus brazos de hojas arriba.

- Jaejoong… Jaejoong, ¿me estás escuchando?... ¡Jaejoong!

- ¿Eh? ¿Qué? ¿Qué sucede, Yunho ah? – el pelioscuro parpadeó con sus grandes ojos negros y el moreno frunció el ceño indignado por haber estado hablando como loco durante minutos.

- Eso es lo que yo quisiera saber. Tiene rato que pareces perdido en tu mundo… - respondió dándole un ligero golpecito en la frente a su novio, pareja, amante. El título que fuera, su Jaejoong y punto. Que no está de ánimos para drenarse el cerebro.

- Lo siento… - sonrió con sinceridad, paseando sus ojos finalmente por el paisaje. Tan bello como cada vez que recorre el bosque… - Yunho ah…

- Qué.

- ¿Te es incómodo lo que Junsu y Yoochun hacían?

La pregunta fue demasiado directa para Yunho en aquel momento. Por lo que le fue inevitable controlar el sopor y el encendido sonrojo que se apoderó de su rostro. ¡Que no es una nena, joder!

- No. Pero tampoco significa que me guste escucharles como si nada. Es como sentir vergüenza ajena… - respondió apenas capaz de controlar los latidos desbocados de su corazón. Y además le sudaban las manos, está nervioso.

- Entiendo… - luego Jaejoong simplemente volvió a admirar la panorámica.

Esperando que en algún momento Yunho dijera algo que tuviese que ver con el hecho de que ellos no han hecho nada de aquello que sus amigos tan apasionadamente parecían estar haciendo hace unos minutos (y seguro seguían en ello). Pero Yunho no dijo nada, siguió callado sentado a su lado en una de las raíces sobresalientes, recogiendo piedrecillas que lanzaba por ahí al descuido.

- ¿Has pensado en que nosotros hagamos algo de eso? – Jaejoong cuestionó entonces. Y a Yunho le volvió a subir una sofocante sensación de calor que terminó dividida entre su rostro y su estómago. Quizá más debajo de su ombligo cuando cierta imagen de su novio desnudo bajo su cuerpo se formó en sus pensamientos.

- Su-supongo… - carraspeó maldiciéndose mentalmente por parecer un bendito crío que nunca ha tenido siquiera algún sueño de esos que le hacen despertar sudoroso, pegajoso y agitado… - Oh mierda, me estoy poniendo duro… - pensó avergonzado de sí mismo cuando sintió ese pinchazo en el bajo vientre que alentó a su entrepierna a despertar. ¡Él que estaba tan tranquilo!

- ¿Supones? ¿No te provoca tocarme? Lo parecía aquella noche cuando…

- ¡Lo recuerdo bien, Jaejoong! – exclamó a punto de desmayarse de calor. Y Jaejoong tan tranquilo ahí a su lado, haciéndole esas preguntas tan… tan… ¡personales! Bueno vale, que siendo su novio por añadidura le incumbe.

- Pareces un crío que está descubriendo su sexualidad… - el pelioscuro se burló de su novio, encontrando adorable que ahora pareciera tan abochornado cuando no demasiadas semanas atrás prácticamente le iba a arrancar la ropa a tirones.

- Puedes jurar que en cierta forma me siento así. Hace poco descubrí que estoy liado con quien consideré mi mejor amigo, y el único rival al que vencer y superar. Es… complicado ahora.

- ¿Lo es? Yunho ah, sigo siendo solo yo.

- No. No eres tan solo tú, Jaejoong. Eres tú siendo mi otra mitad, complementando lo que soy. Es… no sé cómo decirlo… - resopló frustrado. Y Jaejoong tuvo que admitir que este era el Yunho que imaginaba en sus más románticos sueños. Y le encanta. Tan inocente, tan vulnerable, temeroso, comprometido, honesto y sincero. Una armoniosa mezcla de virtudes y defectos… - Quiero hacer muchas cosas contigo, pero quiero hacerlas bien. Y bueno… - carraspeó sonrojándose de nuevo como crío… - No sé cómo se hace con un hombre. Y no es como si pueda ir y preguntarle a mi padre.

- ¿Crees que Junsu y Yoochun fueron y le preguntaron a alguien?

- Lo dudo.

- ¿Entonces cómo crees que ellos hacen lo que hacen?

- Pues… no sé. ¿Experiencia? – aventuró. Y se pateó mentalmente por seguir pareciendo el crío en esta relación. ¡Joder, que él debería ser el que dirija! ¡Lo que se tenga que dirigir!

- La experiencia no aparece de la nada. Así que ellos, tan inexpertos como tú y yo debieron hacer algo para que la cosa fuera por donde les vemos ahora.

- Yoochun es medio pervertido. Seguramente él arrastró a Junsu primero…

- Se me había olvidado que a veces te da por comportarte como su hermano mayor… - el pelioscuro se burló, encontrando cada cosa tan adorable en su moreno novio. Adorable, pero varonil al mismo tiempo. Tan perfecto. Tan él.

- Es que Junsu es muy inocente. Bueno, lo era. Después de cómo se escuchaban… - resopló y peinó sus castaños mechones en un vano intento por alejar el sonrojo que volvía a asentarse nítidamente en sus morenas mejillas… - ¡Joder! – bufó por lo bajo, escuchando la risita cantarina de Jaejoong. Esas que rara, rarísima vez le ha escuchado tan limpias rompiendo a través de sus labios.

Esos labios rojos que eran tan hipnotizantes, tan tentadores, tan adictivos. Así, atraído por aquella boca ladeada en una sonrisa, Yunho terminó yendo por ella, atrapándola entre sus labios con lentitud, disfrutando su textura de terciopelo y el dulzor edulcorado tan característico de la miel y el néctar de las flores. Jaejoong jadeó cuando la lengua de su novio se abrió paso entre sus labios, encontrando a su igual y empujándola con movimientos calientes que subieron del todo su temperatura y tiñeron sus pálidas mejillas de rubor.

Jaejoong respondió ese y cada uno de los profundos besos que le siguieron durante minutos. Yunho parecía concentradísimo en explorar una y otra vez el interior de su boca y el mínimo surco en sus carnosos labios. El pelioscuro jadeó ahogado cuando sintió el cuerpo del moreno pegarse al suyo. Tan cerca que era imposible saber dónde empezaba el de uno y terminaba el del otro. El calor ascendió estrepitosamente haciéndole sudar y jadear más necesitado de contacto piel a piel. Las manos del pelioscuro se movieron primero, lo suficientemente lentas como para que el moreno se diera cuenta y le parara si así lo quería; lo suficientemente decididas para dejar en claro que deseaba aquello como quien necesita respirar al romper en la superficie del mar.

- Ahh… - resonó el primer gemido en Jaejoong cuando Yunho, lejos de detenerle o apartarse, coló una de sus manos entre sus ropas acariciándole sinuosamente el marcado vientre, delineando cada músculo pero yendo más arriba; hasta esos montecitos de piel suave que bajo su tacto endureció irguiéndose del mismo modo en que aquella parte de su anatomía más al sur se erguía… - Yunho… - jadeó su nombre, jalando las prendas en un desesperado intento por tocarle al mismo tiempo que necesitaba anclarse a algo porque la cadera del moreno friccionaba con la suya en un cadencioso y lento vaivén.

Ante aquel incentivo tan provocativo las manos de ambos se movieron rápidas y decididas por el cuerpo del otro. Se sacaron las ropas a tirones, entre besos húmedos y rudos, entre mordiscos de piel desnuda y rojizas marcas plasmadas ahí donde la boca del otro encontraba un sitio en el que imprimir su estela de pasión y amor. Yunho se tomó tiempo para marcar cada recoveco de la nívea piel de Jaejoong, mientras éste buscaba algún espacio para hacer lo propio, para tocarle y besarle también; pero Yunho parecía entonces dispuesto a tomar toda la iniciativa.

La mata de cabellos cafés del moreno se enterró en la pelvis del pelioscuro, su boca lamió y succionó su falo caliente inyectándole de toda la sangre posible, endureciéndole y humedeciéndole con su saliva. Jaejoong abrió más sus piernas e instintivamente alzó la cadera sosteniendo su cuerpo con sus propias manos. La lengua de Yunho resbaló entonces del falo a los testículos y más allá hasta su cavidad anal. Jaejoong sintió sus mejillas ardiendo, mientras su cuerpo sudaba y temblaba excitado por aquellas atenciones que soñó durante tantos años.

Luego de pronto Jaejoong fue levantado y girado, sus manos se apoyaron en la corteza rugosa del ancho tronco, inclinó la espalda y abrió las piernas guiado por las manos de Yunho. El moreno llevó una estela de besos ardientes por su columna vertebral descendiendo desde su nuca hasta el cóccix, mordisqueó los lechosos glúteos separándolos con sus manos para admirar el rosado anillo contraído.

- ¡Nhh! – gimió mordiéndose los labios cuando la lengua del moreno volvió a lamer concienzuda y confianzudamente ahí, humedeciéndole con su caliente saliva… - ¡Mghh! – gimiendo más ronco y ligeramente incómodo cuando la yema de un dígito presionó adentrándose despacio en aquel estrecho pasaje.

Yunho usó el dedo índice de su mano derecha en aquella tarea inicial, mientras el resto de sus dedos presionaba la nívea piel de los redondos glúteos. Jaejoong se sentía mareado sofocado en aquel placer mezclado con dolor cuando sintió el intruso totalmente dentro masajeando su interior. El moreno no tardó demasiado en agregar un segundo y un tercer dígito, que su novio no dejara de gemir y hasta nombrarle le ponía las cosas más difíciles, la cordura se podría desvanecer del todo y él actuaría impulsivamente. Su propia entrepierna llevaba rato alzada, demasiado excitado como para pensar con claridad. Deseando simplemente fundirse en el cuerpo ajeno y ser uno en cuerpo como siente lo han sido de alma desde el mismo instante en que se conocieron.

- ¡Mgh! – gimieron ambos minutos después, cuando Yunho suplantó sus dedos por su falo hinchado. Se ancló a las caderas de Jaejoong enterrándose lentamente hasta el fondo.

- Ahh Yunho, espera un poco… - casi suplicó cuando le sintió totalmente dentro, ocupando su estrecha cavidad. Yunho era grande. Sus mejillas seguían teñidas, en mayor parte por excitación, pero también por vergüenza y timidez.  

- ¿Te lastimé? – el moreno le cuestionó al oído, besándole los hombros con cariño, quedándose estático ahí, parado detrás de su novio, unido a él.

Jaejoong negó con la cabeza y suspiró luchando por controlar su respiración y los latidos de su corazón. Yunho es enorme, definitivamente lo es. Si hubiese sabido habría pedido un poco más de tiempo. La mano del moreno rodeó entonces su virilidad estimulándole despacio hasta que su falo volvió a ganar tamaño y grosor, hinchándose hasta la rojiza punta; comenzando a sudar de pies a cabeza, incluyendo su miembro, que goteaba en respuesta al bombeo frenético del moreno.

- Mgh mué-muévete Yunho… - gimoteó excitado.

Y el moreno no dudó en complacerle. Saliendo despacio para luego volver a entrar, aumentando poco a poco el ritmo, la velocidad, la profundidad y la fuerza con que penetraba el delgado y delicado cuerpo de su pelioscuro novio. La excitación subió por los cielos, y el calor sofocante del vaivén de caderas les nublaba los sentidos arrastrándoles a una sensación indescriptible de placer. Ninguno pudo siquiera advertir el momento exacto en que el orgasmo les envolvió y sacudió sus cuerpos con deliciosos espasmos de liberación. Pero el semen de Jaejoong se esparció por el tronco y el de Yunho llenó su interior haciéndole sentir su caliente y espesa esencia.

Yunho se venció y cayó sobre la espalda sudorosa de Jaejoong, rodeando su cintura y permaneciendo dentro de él. Ambas respiraciones estaban agitadas. De alguna manera esto parecía haberle unido mucho más a Jaejoong, fortaleciendo el lazo rojo que engarzó sus destinos. Un chasquido húmedo advirtió el movimiento de Yunho cuando abandonó el cálido y apretado interior de Jaejoong. Su semen resbaló entre las blancas piernas y por un segundo el moreno se quedó maravillado con aquella imagen tan… seductora y caliente. Espabiló golpeándose mentalmente por pensar en tomar de nuevo el aparentemente frágil cuerpo de su novio. Pero él sabe cuán fuerte es. Y hermoso. Ambas cosas por igual. Tanto, que incluso aquellas cicatrices que atraviesan la piel tersa en algunos lugares de su cuerpo, producidas por los extenuantes entrenamientos y algunas batallas, lucían viriles y sugestionaban su cuerpo de otro nivel de belleza.

- Si sigues mirándome así querremos hacerlo de nuevo, y no creo que mi cuerpo esté preparado para recibirte dos veces seguidas, Yunho ah… - el pelioscuro sonrió con las mejillas bañadas de carmín.

- Lo siento… - el moreno se disculpó desviando la mirada hacia su propio cuerpo, hacia el montón de prendas tiradas por ahí entre hojas secas y ramas quebradas. Carraspeó y torpemente le dio un corto y suave beso a su novio antes de tomar sus ropas y separarlas para poder vestirse de nuevo.

Pero Jaejoong no quería vestirse aún. Le atrajo jalándole del brazo y fusionó sus labios con intensidad, más largo y húmedo; romántico. Yunho rodeó su cintura y le empujó hasta que la espalda del mayor chocó con el tronco detrás. Jadeó incómodo cuando se le enterraron en la piel los pliegues rugosos que surcan la corteza, las manos del moreno pasaron por detrás empujándole de nuevo contra él, separándole del tronco pero sin romper la unión de sus labios hasta que el aire les escaseó.

- ¿Lo ves? Todo era cuestión de dejarse llevar… - Jaejoong comentó con tono divertido y cariñoso, dejándose abrazar cuando las manos de Yunho rodearon su cintura y le atrajeron de nuevo a su sudoroso pecho.

- Jaejoong ah. Te Amo… - y ahí por fin las palabras que hicieron que el corazón del pelioscuro galopara emocionado.

La sonrisa que adornó los labios rojos del mayor fueron motivo suficiente para que el moreno comprendiera la magnitud de sus sentimientos. Para que corroborara el motivo por el cual Junsu y Yoochun hacían esto a menudo. Para que pudiera darle el nombre verdadero a la gama de sentimientos y emociones que Jaejoong despierta en todo su ser.

Y aceptar con el corazón en la mano que enamorarse de este chico, ha sido lo mejor y lo más maravilloso que pudo pasarle en su vida. Yunho comprendió que la felicidad la había tenido siempre ante sus ojos, y que sacarse la venda que los cubría pudo costarle un precio que nadie está dispuesto a pagar, pero que el destino le había puesto en el camino la oportunidad de reivindicar sus propios actuares. Sabe que no será perfecto, pero sabe también, que hará día con día lo mejor para hacerle feliz a él. A su Jaejoong. Su guerrero del alma.



**~FIN~**

martes, 12 de marzo de 2013

Parte Final JEONSA



 Pues nada, que me aparezco para dejar el capítulo final de este fic que bueno, surgió como muchas otras cosas, de la nada, luego de ver un drama que al final en realidad no terminó como hubiera querido xD pero bueno la cosa acá es que, finalmente lo termino. Es un final diferente a los que suelo escribir, no es que la inspiración haya ido en picada, por el contrario la intención era tal cual está plasmada y espero que comprendan los motivos. Hay que tener en cuenta la época en que están situados y algunas cosas encajarán por cuenta propia ;D 

Claro está, falta el epílogo lemonoso~ la próxima nos encontraremos con eso~


JEONSA
*****
Parte Final

/**//*//**/

Los débiles rayos de sol que se colaron entre las copas de los árboles opacaron la escena hasta una pintura de tonos secos que necesitaba ser tinturado con colores vivos lejos de remordimientos y falsos temores a lo desconocido.

Yunho se detuvo en seco a un par de pasos cuando fue Jaejoong quien se cruzó en su camino desmontando el caballo y lanzándose de inmediato al ataque contra el espadachín. Sung Hae ni siquiera desenvainó su espada. Contuvo los ataques de Jaejoong con la funda solamente, moviéndola de un lado a otro siguiendo el curso que el menor dirigía. Yunho se mantenía al margen y en guardia, con el pecho agitado en expectativa. ChangMin por su parte se había apresurado por el costado para llegar donde Hayami.

- ¡Vaya que eres idiota! – espetó entre dientes, ayudándole a sostenerse cuando le vio doblegar las rodillas… - ¿Estás bien?

- Ni siquiera vi venir su ataque. Se movió con la velocidad del rayo… - Mokomichi respondió y apartó la mano de su vientre. La sangre que le manchaba era oscura y abundante. Su anterior herida fue reabierta con una nueva, profunda pero no mortal.

Se cuestionó quién podría ser este hombre que superior en habilidad ni siquiera parecía inquieto por el duelo al que ha sido retado por los amigos del morocho. Aunque hubiese querido mantener la compostura y no ceder la fuerza de sus rodillas, Hayami no pudo mantenerse más en pie. No era simplemente la herida de su cuerpo la que menguó sus energías, sino su orgullo samurái lastimado desde raíz. Todas sus enseñanzas se habían estado viniendo abajo desde que conoció a ChangMin. Y no es que le acuse de culpa por derribar en esencia todo lo que creyó podría ser. Siempre bajo el ojo crítico de todo su clan y su afán por cumplir las expectativas de su padre. Toda una leyenda viviente. Y ahora él quedaba reducido a esto.

Un débil samurái incapaz de valerse por sí mismo. Dependiente del enemigo en tierras enemigas, con el orgullo pisoteado y sin razones para volver a su clan.

Mokomichi se sintió así de pronto solo. Abandonado a su suerte por sus faltas, como un samurái errante que no tiene un hogar al que regresar. Cualquiera podría encontrar sus pensamientos y emociones como extremos. No cualquiera es un samurái ni ha vivido una pesada y dolorosa transición de pruebas para convertirse en uno.

- Deja de pensar, no puedo sacarte yo solo de aquí, coopera conmigo Hayami baka… - el japonés le escucha decir y entonces se da cuenta de que el morocho le sostiene por la cintura y uno de sus propios brazos le rodea los hombros; caminan a tropezones entre la hierba y raíces sobresalientes en el de por sí escarpado camino.

Se alejan del campo de batalla dejando atrás a sus amigos, como un acto de cobardía que podría ser pensado incluso con muerte en su clan.

- Tus amigos.

- Ellos estarán bien.

El intercambio de palabras termina y Mokomichi se pregunta si es que conocerle fue una clase de jugada del destino. Se sobrepone al remolino de pensamientos en su cabeza y vacía su mente. Concentra su chi en la herida y detiene el sangrado. Sabe sin embargo que no podrá cerrar la herida a menos que cese el movimiento y pueda meditar. Sabe, que la compañía de ChangMin le será necesaria.

……………………………………

Sung Hae sonríe complacido cuando se ve obligado a desenvainar su espada. Jaejoong es habilidoso, preciso y rudo en el ataque; y cuenta con el apoyo de Yunho, cuyos movimientos aunque más impulsivos ha tenido un solo objetivo cada vez, proteger al pelioscuro.

El patético sentimiento de camaradería que ve flotar entre los dos le provoca sorna. Los lazos entre guerreros debieran estar limitados a la batalla sin preocupaciones por el fin último del compañero en combate a tu lado; aquellos titubeos pueden significar por lo mínimo la muerte, o una deshonrosa derrota.

Las espadas volvieron a encontrarse. Un mortífero cruce de tres hojas metálicas chispeando en el punto de unión. Sung Hae había conseguido doblegar a Jaejoong y ahí, cuando le tuvo de rodillas y sin suficiente espacio para la defensa, le atacó. La cuchilla del pelioscuro apenas se había interpuesto en el curso; pero fue la espada del moreno la que contuvo y recibió todo el impacto de su embate.

El lazo de amistad entre ambos chicos parecía fuerte. Y fue quizá ese momento el que le recordó a los dos justamente cuán unidos han estado dese que se conocen. Cuánto han dado y hecho el uno por el otro, entre molestias, risas y retos. Entre un cariño mutuo que se fortaleció más allá del entendimiento de Yunho, pero que sin duda está ahí, llevándole a esto, a estar dispuesto a proteger a Jaejoong sin importar de qué o contra quién.

- Tan presto a luchar por alguien a quien realmente no conoces.

- Conozco a Jaejoong desde hace mucho.

- No sabes realmente quién es. De dónde viene o la clase de sangre que circula por sus venas.

Atento al intercambio entre Sung Hae y Yunho, Jaejoong se adelantó empeñándose en callar cualquier otra confesión que el espadachín pretenda hacer. No le tiene ni un poco de cariño o respeto, pero sí un gran resentimiento. Maldice llevar su sangre en las venas y no quiere ni pensar en el lazo que los une. Tampoco quiere que Yunho lo sepa.

- ¡Maldición! – bufó cuando su espada solo rasgó la corteza de un árbol que el espadachín evadió, riendo divertido por su frustración.

- ¿Tanto me odias?

- Como no tienes idea… - siseó el menor entre dientes, yéndose nuevamente contra él.

Sung Hae pensó que no tenía tiempo que seguir perdiendo con estos chicos. Aunque le gustaría de sobremanera que ambos se le unieran, está seguro de que rechazarían su oferta. Mokomichi aún es su principal objetivo. Blandió su espada con rigor y minutos más tarde consiguió herir a los jóvenes lo suficiente para doblegarles.

Con su espada cubierta de sangre, Sung Hae aceleró el paso por la senda que antes ChangMin tomó arrastrando al japonés hacia el norte.

- ¡Mierda! – Yunho se quejó incapaz de levantarse, Sung Hae había realizado cortes en sus piernas que las debilitaban.

- No te muevas… - Jaejoong rasgó sus ropas y se acercó al moreno. Usó sus conocimientos sobre los puntos de presión ahí donde le posibilitaban detener la hemorragia. Luego ató los trozos de tela alrededor de ellas.

- Dime cómo… - el moreno le miró seriamente mientras sentía un entumecimiento apoderarse de sus piernas, pero rasgando también la prenda que el pelioscuro comenzó antes.

Jaejoong comprendió que quería auxiliarle como él lo hizo antes. Y de pronto solo quiso preguntarle si toda esta preocupación venía solo de la amistad o si de alguna forma su amor podría ser correspondido. Yunho ató trozos de tela en sus piernas e hizo un torniquete alrededor del vientre, donde una cortada era más profunda.

- ¿Quién es él?

- No es momento para hablar, Yunho; hay que apresurarnos.

- Lo menciono para que sepas que quiero saberlo, Jaejoong.

Moreno y pelioscuro se sobrepusieron (no sin algunas dificultades) a sus heridas y emprendieron la carrera.

……………………………………

El sable de Hayami se interpuso en el curso de la espada de Sung Hae cuando éste la dirigió directo al vientre de ChangMin con la clara intención de matarle. El samurái se tambaleó pero mantuvo la postura de ataque, mientras el morocho dejaba caer una rodilla al suelo y respiraba pesadamente con varios cortes por todo el cuerpo. Sung Hae no era un espadachín común y corriente.

- Así que se defienden mutuamente… - el hombre torció un gesto de molestia… - Tu vida me importa de momento, pero la de él no. Así que apártate.

- No… - el samurái dijo con seguridad. Y algo en el pecho del morocho se agitó emocionado.

- Él no es más amigo que tu enemigo. Es coreano igual que yo. Y nosotros peleamos contra los japoneses.

- No él… - Mokomichi insistió, adquiriendo entonces otra postura de ataque. Una técnica superior que no dominó antes durante sus entrenamientos contra su padre, pero que hoy sabe que necesita ejecutar a la perfección.

- Te amistaste con un desconocido y ahora lo defiendes como si fueran camaradas.

- Él salvó mi vida primero. Varias veces.

- ¿Y por eso ahora estás dispuesto a sacrificarte? ¿No te has dado cuenta de que soy mejor que ustedes? No voy a matarte, pero le verás morir ante tus ojos en un momento más.

- No voy a permitírtelo… - Hayami se concentró en lo que le queda de energía.

Y vinieron a su mente de nuevo algunas de las palabras que su maestro solía decirle durante las horas de entrenamiento samurái dedicados a convertirle en el mejor, incluso por encima de su padre.

La muerte siempre parece lejana. ¿Acaso no es esto una visión engañosa y fútil? ¿No es una ilusión, un sueño? Jamás deberían verse las cosas de esta manera que nos induce a ser negligentes. Se debe ser valiente y actuar rápidamente, ya que la muerte vendrá, tarde o temprano, a golpear a nuestra puerta

--Extractos del libro “Hagakure. El libro del samurái” de Yosho Yamamoto--

ChangMin se irguió, aunque con dificultades pues el costado le sangraba demasiado. A diferencia de Jaejoong y Yunho, las habilidades del morocho eran menores, y tras preferir que el espadachín le atacase a él y no al japonés, había permitido que algunos ataques le impactaran con toda su fuerza. Permaneció tras de Mokomichi aguardando el momento en que Sung Hae decidiera moverse.

Pero Sung Hae no pensaba hacerlo aún. Todavía tenía que pasar por Hayami sin matarle y encargarse del mocoso que por principio de cuentas parecía su primer obstáculo.

- ¡ChangMin! – el grito no era de Yunho ni de Jaejoong. Sino de Yoochun, quien venía junto con Junsu a caballa, jalando a otros dos que pensaban usar para trasladarse más rápidamente hacia el Campo del Norte.

Casi al mismo tiempo Jaejoong y Yunho se unieron a la comitiva. ChangMin sonrió ligeramente más aliviado. Entre todos seguramente conseguían vencer. Sin embargo, Hayami parecía no estar pensando lo mismo que él, pues al mínimo movimiento de Sung Hae se lanzó al ataque. El movimiento fue rápido, al morocho le costó observarlo –se atrevería a decir que ambos se movieron a la velocidad del rayo–. Entonces el sable de Hayami fue detenido por la espada de Sung Hae, pero su sable corto encontró el vientre del espadachín enterrándose en él casi por completo.

Sung Hae gimió adolorido, retrocedió más por acto reflejo y cayó de rodillas al suelo de tierra y hierba. El sable corto había cumplido su objetivo. Pero el movimiento también había consumido casi del todo las energías del samurái, quien cayó jadeante al borde de la muerte. Jaejoong alzó su espada acercándose al espadachín con la intención de terminar lo que el japonés inició tan acertadamente. No había titubeo alguno en la decisión del pelioscuro, pese a que el hombre era su padre, lo único que los unía era la sangre, pero no toda la crianza que Chan Yeong realmente empeñó en su vida.

- Jaejoong… - la voz del moreno apenas traspasó los oídos del pelioscuro. La punta de su espada brilló bajo la luz del sol en lo alto, colándose vertiginoso entre aquel claro de las copas de los erguidos árboles de pino y cedro.

- No tan pronto, hijo mío… - Sung Hae tuvo tiempo de decir, de sonreír burlón y, en medio de una repentina fumarola de humo negro, desaparecer.

El pelioscuro gimió por lo bajo en muestra de frustración. Comprendió sin embargo, que aún tenía mucho que aprender para superar al espadachín, y un día, tomar su vida a cambio de la de su madre. Yunho le miró de soslayo, y junto con los demás emprendieron el camino hacia el Campo del Norte.

Hayami se recuperó casi milagrosamente. ChangMin dice que fue en parte por los conocimientos de Jaejoong, y también porque el alma de Hayami es realmente fuerte, y bondadosa. Tal vez no era un samurái como muchos, pero era un guerrero como pocos. Aquella explicación le había agradado en mucho al japonés.

- ChangMin ah…

- ¿Mh?

- Han hecho mucho por mí, y estoy agradecido por ello. Pero. No puedo volver ante mi clan sin haber cumplido mi misión.

- ¿Y cuál es?

……………………………………

Junsu y Yoochun viven ahora en casa de los Kim. Ante la villa la decisión ha sido simple, los Park han tomado un viaje que tomará meses pero no han encontrado razón aparente para obligar a su hijo a realizarlo también. Yoochun ni siquiera se despidió de sus padres, Yu Dong había dejado en claro que no quería seguir siendo su padre si es que él mantenía su decisión de vivir en pecado y deshonra con Junsu. Y ambos jóvenes estaban seguros de su amor, indispuestos a renunciarse.

- Entonces solo déjale, Yu Dong. Me haré cargo de tu hijo con mucho gusto.

- No sé por quién sentir más pena, Tae Yun. Si por mi hijo, el tuyo… o por ti mismo.

Las palabras intercambiadas entre ambos hombres fueron duras. Tae Yun suspiró y se preguntó cómo es que alguna vez se enamoró del que ahora tiene ante sus ojos. Sonrió afable y despidiéndose con una respetuosa venia dio media vuelta. Recordó que el Yu Dong del que se enamoró nada tenía que ver con este hombre. El que prefería desprenderse de su hijo como si le hubiese perdido ante la muerte, a aceptar sus sentimientos por otro chico.

- Yoochun ah… - el castaño pestañeó adormilado y bostezó lindamente esa mañana de primavera. Cálido y fresco amanecer despuntó en el horizonte, y su pelinegro novio le ofrecía una flor silvestre de bonito color amarillo… - ¿Para mí?... – cuestiona con una cándida sonrisa, vistiendo sus mejillas de tenue carmín.

- Para quién más si no… - el pelinegro le sonríe de vuelta y se inclina capturando los labios ajenos en un dulce beso matutino.

Para bien o para mal. Su vida es esta ahora. Y cada mañana desde hace un par de meses todo lo que alegra sus días es esto. Venir y ser el primero en colarse en la habitación de su novio, saludarle con algún detalle y besar castamente su boca rosada. Y Yoochun sabe, que Junsu también es feliz. Y está agradecido, porque a su manera los Sres. Kim también celebran su felicidad.

……………………………………

- Jaejoong ah…

- ¿Sí?

- No has respondido. Y ya va a terminar el tercer mes desde entonces.

- Mi padre. Ese hombre es mi padre biológico. Pero nada más… - el pelioscuro miró al moreno de soslayo.

Ambos se encuentran sentados bajo un árbol cerca a uno de los templos del complejo del Emperador. No han vuelto a saber de Sung Hae, pero saben por terceros, que el espadachín aún mantiene viva su causa, y ellos tarde o temprano se unirán a la guerra.

A esa distancia ambos muchachos vieron acercarse a Jung Mi, con sus ostentosos vestidos y su estilizado peinado, con la mirada brillante y una sonrisa cristalina. Jaejoong sintió una punzada en el pecho. A la chica le gusta Yunho. ¿Y a quién no? Bueno, que él sigue enamorado.

- Yunho-ssi, Jaejoong-ssi… - saludó cortésmente tras llegar hasta el lugar en que se encuentran. Y ellos ya estaban de pie, inclinando el cuerpo en un saludo cordial y respetuoso… - Me alegra de verlos por aquí. Dentro de unos días se hará una celebración en el Palacio con motivo de mi cumpleaños, y me gustaría que estuvieran presentes… - la chica invitó con un ligero sonrojo moteando sus mejillas.

- Será un placer, Jung Mi-ssi… - Jaejoong aceptó cordialmente. Mientras que Yunho parecía incómodo con la situación. Tras la despedida de la chica, el pelioscuro decidió hacer lo que durante tanto tiempo se le dio también antes de su primer desliz al besar al moreno en una noche fría justo en una misión con Jung Mi. Fingir que era solo su amigo, y que amistad era justamente el único lazo que le unía a él… - creo que es una ocasión ideal para que intentes acercarte…

- ¿De qué estás hablando? – el moreno le miró con matiz confuso.

- Compra un atuendo nuevo. Seguro que Suk Ho hyung te ayuda con eso, a tu padre le gustará que comiences a ser menos idiota y busques una bonita novia. Y le gustas a Jung Mi.

- No voy a comprarme nada. Y tampoco voy a intentar acercarme.

- Testarudo… - Jaejoong suspiró cansino. No tenía nada de ganas de comenzar una discusión con el moreno.

- No es testarudez. Para qué voy a querer acercarme a ella cuando estoy tan cerca de ti… - el moreno susurró, de pronto sumamente avergonzado pero seguro de sus palabras.

- ¿Qué?... – el pelioscuro abrió sus grandes ojos negros de par en par sin dar crédito a lo que aquello significaba.

- Vamos que soy bastante bruto y lento para estas cosas, pero… - carraspeó y miró intensamente al pelioscuro… - Jaejoong ah, desde todas las burradas que hice antes y el enfrentamiento con ese bandido yo… yo me di cuenta de que todo era más que claro pero fui bastante cabeza dura y me costó un tanto asimilarlo pero… - resopló frustrado y maldiciéndose mentalmente se reprendió no tener tacto para el romanticismo. ¡Sería más fácil si Jaejoong no le estuviera mirando! Que le pone nervioso caray… - ¡Al punto! ¡Que me gustas, joder!

Jaejoong sonrió de medio lado con tono ladino. Sí, este era el Yunho de quien se enamoró. Al que aún ama por sobre todas las cosas pese a su testarudez, impulsividad y ceguera emocional.

- Pero tú a mí no me gustas, Yunho.

- ¡Qué!

- No. Yo te amo, cabeza dura… - el pelioscuro rió con ganas, aunque no menos avergonzado tras confesar tan abiertamente sus sentimientos.

Yunho gruñó por lo bajo y se rascó torpemente la nuca. Tal vez él debiera corresponder de alguna manera, pero le daba muchísima vergüenza soltar aquellas palabras así de pronto. De algún modo sentía que necesitaba un poco más de tiempo. No porque no le quisiera con tan asfixiante intensidad, sino porque se sentía en la sensata diligencia de demostrarlo antes que decirlo.

Así que hizo lo que realmente le nacía en aquel momento. Estrechó al chico entre sus brazos y le besó suavemente. Ahí, bajo aquel árbol que no les ocultaba de nada ni de nadie. Y a Yunho le importó realmente poco que pudiesen ser descubiertos. Protegería este lazo con Jaejoong por sobre todas las cosas, superaría todos los obstáculos por él.

Supo, que sin Jaejoong él no tendría vida. Y aunque su camino como guerrero apenas ha comenzado, él se siente orgulloso de sí mismo. Porque tuvo que ser todo lo idiota posible para comprender, que un amor verdadero no tiene que ver con géneros ni posiciones sociales, sino justamente con sentimientos. De esos que crecen y se alimentan día con día. De esos que surgen entre amigos leales que se conocen casi hasta el último recoveco. Pero todavía con aquellos secretos ocultos en esas facetas que deben permanecer en el misterio.

Porque todavía se tendrá toda una vida para conocerse a fondo.
Y amarse.
Como dos valientes guerreros que luchan con el alma perfilada en la espada que se entierra en un corazón enamorado.


FIN