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miércoles, 8 de mayo de 2013

Parte 8 ISTAR



ISTAR
~*~
Octava Parte

~//~
Reino de Rúnya
Valle de Sauces


- Recuerda que ahora tú destino y el mío están estrechamente vinculados. No voy a permitir que cualquier escuálido muchachito te corteje, ni a ti entregarle tu corazón sin que demuestre que lo merece…

- Sé perfectamente cuán unidos estamos ahora, y para siempre, Narvinyë. Pero no puedo aceptar que lo sometas a prueba, tu magia y la suya son completamente diferentes.

- Te prometo no herirle mortalmente… - El dragón sonrió socarronamente en la mente del menor de los Kim antes de lanzar al peliazabache varios metros atrás tras golpearle el costado con una de sus garras.

- ¡Narvinyë!

- ¡Maldición! – El Príncipe Park se quejó por el golpe y la estrepitosa caída. Rodó sobre su espalda y rápidamente se irguió tratando de encontrar en los intrincados pensamientos de su propia mente, la magia que le permitiese protegerse con un escudo ante un nuevo ataque… - ¡Nenya!... – llamó a su lobo.

- ¡Yoochun! – El menor de los Kim intentó acercarse, pero fue su propio dragón quien se lo impidió tras levantar una franja de fuego alrededor de él y el peliazabache… - ¡Narvinyë, estás excediéndote! – Gritó sin reparo, tratando de abrirse paso entre las llamaradas que crepitantes se erguían varios metros hacia el cielo.

Sin embargo, la magia del menor de los Kim no consiguió traspasar el fuego de su dragón. La preocupación por el peliazabache alteraba las ondas de sus dones mágicos y aquello en consecuencia debilitaba también el alcance de sus hechizos. Su hermano llegó apenas el alboroto que Narvinyë comenzara atrajo la atención de los otros príncipes.

- ¿Qué está pasando?

- ¡Hermano! ¡Narvinyë no quiere escucharme! ¡Él podría lastimar a Yoochun!

- Junsu, no podemos intervenir en las pruebas de nuestros dragones…

- Pero, Jaejoong… - El menor de los Kim gimoteó.

- ¡Junsu-Lissë! ¡No te preocupes por mí! ¡Le mostraré a tu dragón lo que quiere! – la voz segura y fuerte del Príncipe Park viajó en el viento nocturno

En lo alto, Nënar también surcaba los cielos, trazando círculos por encima del aro de fuego que Narvinyë formó. Desde allí arriba la panorámica era completamente diferente. El Príncipe Park se mantenía en pie con sus ojos brunos clavados en la imponente figura del dragón rojo. La cola de Narvinyë se agitaba de un lado a otro con amenazante sigilo. Para el peliazabache era complicado mantener la atención sobre cada músculo del dragón, pues cada parte de su cuerpo podía convertirse en un arma letal.

- ¿Es esta su prueba de fuego?

- De hecho que lo es.

- ¡Nenya!

- ¿Ahora te alegras de verme? Hace cinco minutos me querías bien lejos de ti y de Junsu-Lissë.

- Estabas avergonzándome. Y no es momento para reclamos. ¿Puedes ayudarme?

Narvinyë clavó uno de sus ojos en el lobo, la pupila afilada pareció dilatarse y el párpado semitransparente de la primer capa pestañeó captando una imagen inmediata del calor de Nenya, cada signo vital y el flujo de su torrente sanguíneo ofreció una especie de escaneo interno del lobo.

- ¿Vas a ayudar a este humano, Nenya?

- El humano, escuálido como sueles llamarle, es mi amigo. Es mi receptor, Narvinyë, y has notado como yo que sus intenciones son honestas. Junsu-Lissë no sufrirá por su causa.

- Por la suya tal vez no… - El dragón miró entonces nuevamente al peliazabache, que instintivamente adoptó una postura de defensa, listo para desplegar cualquier cantidad de magia que su cuerpo sea capaz de usar para levantar un escudo que lo resguarde… - Pero su sangre sigue siendo desagradable para mí. Junsu no lo sabe, y probablemente tu receptor tampoco. Si supera esta pequeña prueba, tal vez le deje seguir acercándose a Junsu.

- Adelante, Narvinyë. Él está dispuesto y yo también.

El dragón rojo abrió las fauces con un rugido potente que hizo incluso eco en el Valle de Sauces, algunos animales que dormitaban en sus moradas despertaron sobresaltados por el ensordecedor ruido. La llama de fuego que Narvinyë exhaló dio de lleno contra el peliazabache, una delgada barrera de magia separaba el ardiente elemento del cuerpo del Príncipe Park.

- ¡Qué están haciendo! – Los otros tres Príncipes se aproximaron al campo de prueba, sorprendidos por la cantidad de fuego que crepitaba a lo ancho y alto.

El Príncipe Jung intentó acercarse más allá de donde estaban de pie los Príncipes Kim, pero una barrera le impidió avanzar otro paso. El de tez morena buscó de inmediato los ojos del primogénito Kim, pero una vez más –igual que cuando llegó al Palacio de Rúnya y peleó con el Príncipe Park–, el pelioscuro negó agitando la cabeza y señalando a su hermano menor.

- Es su prueba, y él la ha aceptado con el corazón… - Entonces fue el menor de los Kim quien habló. Sus castañas pupilas reflejaban el crepitante fuego ante él, y la firmeza de sus facciones su propia determinación.

Allí, en el medio del aro de fuego, el peliazabache comenzó a sentir que la magia menguaba, cedió parte de su escudo ante el inmenso poder con que el fuego lo aplastaba, brotando incesantemente de la garganta del dragón. Nenya, altivo y retador se mantenía firme a su lado, compartiendo a través de su lazo psíquico la esencia de su magia, sin embargo, todavía no era suficiente para hacer otra cosa que mantenerse a salvo.

- Qué es lo que quieres de Junsu-Lissë, Yoochun-Enta.

- ¿Qué?

- Tus verdaderas intenciones con él.

- Nenya este no es mom…

- ¡Lo es! ¿En qué crees que consiste esta prueba de fuego? No está probando tu poder mágico, sino la valía de tu corazón. ¡Quieres cortejar a su receptor!

El Príncipe Park levantó la mirada enfrentando el ardiente calor de las llamas que Narvinyë lanzaba sobre él sin reparo. ¿Cuánto tiempo podía mantener viva la bocanada de fuego? La inquietud se suspendió en los pensamientos del peliazabache relegándose a un rincón de su mente donde no pudiera distraerle en aquellos instantes. Plantó con firmeza sus pies en el suelo y luego empujó su cuerpo hacia arriba levantándose, el fuego seguía rodeándole, su sofocante calor se sentía en la piel aunque aún no alcanzaba a tocarle –por los Dioses que no era así, o definitivamente estaría reducido a cenizas–.

- No tengo miedo de ti, Narvinyë… - El peliazabache dijo con seguridad, viendo a través de la cortina de fuego los ojos del dragón. Tan crepitantes como las mismas entrañas de Anarion…

- Deberías, principito… - el pensamiento del dragón no llegó a la mente del peliazabache, pero sí a la de Nenya, y en consecuencia rebotó a la del humano.

- No soy un principito. Soy Park Yoochun, Príncipe de Rómen, comandante de las legiones de Hyarrostar, receptor del lobo más poderoso de mi reino. Y te juro por la sangre que corre por mis venas, que no permitiré que me alejes de Junsu.

- Equivocada elección de palabras, Park Yoochun… - Narvinyë rugió aún más e incrementó el poder de su aliento de fuego.

Sin embargo, pese a que el dragón realmente esperó que aquel ataque doblegara la voluntad del peliazabache, éste se mantuvo en pie, rodeado entonces por un campo mágico más poderoso que el que había mantenido. El escudo era semitransparante con coloraciones azules y un destello plateado que emergía de la frente y el pecho de Nenya. Un vínculo mágico perfecto entre receptor y criatura mágica. Un vínculo que solo poderosos magos podían alcanzar.

- Silpion… - El Príncipe Park murmuró y un haz de luz plateada brotó de las palmas de sus manos tras colocarlas a la altura de su vientre.

El haz atravesó la barrera del fuego hasta casi llegar al hocico de Narvinyë, reduciendo a su paso la intensidad de su aliento de fuego.  

- Voluntarioso pero valiente… - El dragón reflectó ese pensamiento en la mente de Nenya para que llegara a la del peliazabache. Luego simplemente interrumpió el curso de su aliento y dio por terminada la prueba.

Así como el fuego se había iniciado se consumió. Unos segundos bastaron para que las llamas se extinguieran sin haber llegado a ocasionar más que algunos arbustos chamuscados que pronto recuperaron su vitalidad cuando el pensamiento del primogénito Kim se vació alrededor curando lo que Narvinyë provocó. El menor de los Kim por su parte había corrido a brazos del peliazabache.

- Estuviste formidable… - El castaño sonrió con las pupilas brillantes.

- ¿Lo crees?

- Por supuesto.

- Gracias a ti. Eras tú quien estaba en mi mente y en mi corazón… - el peliazabache acarició una ruborizada mejilla del menor de los Kim, sintiendo como de pronto aquella tierna acción aceleraba los latidos de su corazón.

- ¡Oh bien! El escuálido principito pasó mi prueba, puede cortejarte… - Narvinyë rebufó lanzando algunas fumarolas inocentes de sus fosas nasales. En lo alto, Nënar reía mentalmente.

- El escuálido principito casi apaga tu aliento.

- ¡Le dejé ganar porque vi en su corazón la honestidad de sus sentimientos!

El primogénito Kim sonrió al enterarse de la discusión de los dragones. Luego vio a su hermano feliz en brazos del Príncipe Park y sintió una punzada de culpa. Él podría haber estado así con el Príncipe Jung si hubiera esperado un poco y no hubiese irrumpido en sus sueños.

- Hay que descansar un par de horas antes de que amanezca, luego seguiremos el camino… - El de tez morena señaló al tiempo que dio media vuelta, consciente de que en aquella escena ellos no debían más ser parte.

Los Príncipes de Hyarmen y Númen se alejaron sin comentario alguno. Mientras que el primogénito Kim se mordía los labios tentado de hablar con el de tez morena. En tanto…

- ¿Tuviste miedo?

- Narvinyë es digno dragón. Sería desleal no temerle.

- Pasaste su prueba.

- Me alegra su decisión.

- Yoochun-Inya, si pasaste su prueba significa que podríamos continuar por donde nos quedamos antes de que Narvinyë llegara con sus ostentosas muestras de superioridad… - El castaño sonrió con las mejillas coloreándosele un poco más por la insinuación de sus palabras.

- ¿Te refieres a esto, Junsu-Lissë? – El peliazabache rozó sus labios con los del castaño, ambos suspirando al contacto.

- Sí. A eso me refiero.

Una sonrisa compartida y la unión de sus bocas en el dulce contacto de un beso. Nenya aulló expresando las emociones que recorrían el cuerpo de su receptor, mientras que Narvinyë rebufaba y se echaba cuan largo es desconectando su mente del suyo.

- Si ese escuálido principito se atreve a aparearse con Junsu, lo haré rodajas con mis garras… - El dragón mostró las filosas pezuñas.

- Deja de ser tan hostigoso…

- ¡No!

- ¿Cuándo será que madurez? Creí por un momento mientras ponías a prueba al soberano de Rómen que algo de madurez había caído en tu mente, Narvinyë.

- ¡No molestes, Nënar!

………………………………

Una semana después, las montañas que rodean los inicios del Reino de Hyarmen se vislumbraron al despuntar el alba. El Príncipe Shim aceleró el galope de su caballo, seguido por los otros príncipes a prudente distancia.

- ¡Linta! – El morocho desplegó su pensamiento con peculiar alegría.

Y el grifo de pelaje nacarado, amplias alas marrón y afilada mirada emergió de entre los riscos de las montañas deslizándose en los cielos con elegante y preciso vuelo.

El Príncipe Hayami sonrió ante el encuentro del Príncipe Shim y Linta. Por alguna razón tenía peculiar interés en agradarle al grifo.


Continuará……



GLOSARIO

Hyarrostar las "Tierras del Sureste"

Silpion. “Plata resplandeciente”.


¿Qué tal? ¿Me echaron de menos aunque estuve poquitos días sin subir nadita al blog besho? *-* pues bueno, acá seguimos con los minicaps del serial improvisado ;D

Ya Ne!