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Parte 4. LA NOCHE DE BODAS
- ¡No tiene que ver una cosa con la otra! ¡Dime
cómo metiste tu inhalador en mi hanbok y cómo es que no tenía ni idea de que
padecías asma!
- ¿Te asustaste cuando me viste mal?
- ¡Claro que sí!
- ¿Porque me quieres?
- ¡Sí! ¡Quiero decir no!... – el rubio
intentó corregirse, maldiciendo mentalmente los latidos de su corazón y ese
calor en sus mejillas que sabe se deben al sonrojo que no ha parado de apoderarse
de ellas desde hace un tiempo.
- ¿Entonces no quieres casarte conmigo?... –
el pelinegro preguntó mirándole seriamente.
Había algo en aquellas orbes negras que
hacían que el rubio sintiera la necesidad inmediata de responder con la verdad
que palpita contra su pecho. Pero era demasiado orgulloso –y todavía se negaba
a aceptar ser gay– y le daba un poco de miedo sentir ese algo ocasionando estragos
en su interior. Su vida había sido sencilla hasta la aparición de Park Yoochun
en su vida.
- ¿Junsu…?
- Explícame lo del inhalador… - el rubio
exigió con voz calmada y mirada evasiva. El pelinegro se permitió sonreír
suavemente desde ahí abajo, sentado en el pasto mirando a su, todavía,
prometido con la vista a un lado, pero quietecito y con el rostro colorado.
- Es
que no puede ser más adorable porque sería como antinatural… - pensó
permitiéndose un silencio demasiado largo para gusto del rubio, quien comenzaba
a impacientarse y estaba por comenzar a gritar como solía hacer cuando lo
sacaba de sus casillas (lo cual era realmente sencillo y masoquistamente
hablando, le encantaba al pelinegro)… - No te había dicho sobre mi asma porque
nunca me preguntaste. Nunca me has preguntado nada acerca de mí, ni cuando
cumplo años o por qué en todos estos meses ni siquiera me he alejado para visitar
a mis padres. Tú no me preguntas nada, así que asumo que aún sigues sin interesarte
en mí de algún modo particularmente amistoso o romántico…
- Te he besado… - susurró entre dientes
despegando apenas los labios, sumamente avergonzado pero incapaz de refutar
nada. Yoochun tenía razón. Nunca se ha molestado en preguntarle nada, siquiera
su color favorito… - No beso a cualquiera. Solo a ti…
- Lo sé. Pero de todas maneras no quería
contarte nada acerca de mí porque pensé que tal vez así te sentirías más
presionado a casarte conmigo… - el pelinegro encogió los hombros y luego se
levantó quedando de pronto muy cerca del rostro de su prometido… - así que ésta
será la última vez que te lo pregunte Junsu ah. ¿Quieres casarte conmigo?
Junsu le miró con la respiración alterada
por la repentina cercanía y la profundidad de esos cristalinos y sinceros ojos
negros. Tragó hondo y tuvo la intención de alejarse, de huir y dejar que el
tiempo pasara así sin más y se resolviera este asunto por cuenta propia. Pero sentía
esa opresión en el pecho que le impedía mover un solo músculo, quedándose solo
ahí hipnotizado por la mirada de su prometido.
Yoochun sin embargo estaba temblando de
nervios. Necesitaba una respuesta y la necesitaba ya. Ha sido muy paciente en
esos meses, le ha dado su espacio, le ha dejado ser quien es sin pedir que
cambie ni un poco. Pero no iba a soportarlo más, cada día se enamoraba otro
poco de ese muchachito renegón y berrinchudo, cada vez que se quedaba absorto
en su silueta moría por besarle –y muchas veces simplemente lo hacía en
realidad, ya saben, con el pretexto de callarle– y no soltarle nunca de sus
brazos.
Sueña
con hacerle el amor.
- Iré contigo ante el altar si me respondes
cómo llegó el inhalador a mi hanbok… - Junsu dijo con un adorable puchero en su
boquita rosa cubierto de un tenue brillo labial que, a saber, Jaejoong le había
recomendado para resaltar su belleza natural.
Lo cual por cierto era contra la salud
mental del pelinegro que se ha aguantado las ganas de besarle solo porque no le
habían dejado a solas con su prometido ni un segundo. Aunque bueno, ahora no
hay nadie, ¿cierto? Yoochun solo se dejó llevar, rodeó la cintura de Junsu y
redujo la distancia entre sus bocas apoderándose de esos labios humectados que
sabían simplemente deliciosos. El rubio primero se resistió –como siempre
cuando se besan– pero pronto se rindió y enredó sus manos en el cuello del
pelinegro disfrutando de ese embriagador mareo que le atontaba cada que los
labios de Yoochun hacían todas esas maravillas que desconectaban su cerebro y
dejaban a su corazón al mando de todas sus sensaciones.
- ¿Recuerdas que lo tuve yo todo el tiempo
desde que lo recogimos de la tienda?
- ¿Qué?... – el rubio preguntó todavía
medio perdido en el beso.
- El hanbok… - el pelinegro sonrió
tiernamente. No, definitivamente su prometido no podía ser más adorable.
- Ah sí… - carraspeó y trató de
recomponerse cuanto antes cuando se dio cuenta de la situación… - ¿Y entonces
desde entonces tú pusiste tu inhalador ahí?... – el pelinegro asintió sonriendo
de medio lado, sus manos todavía aferradas a la cintura del rubio, pensando que
era demasiada tela que quitarle en la noche de bodas… - ¿Pero y si lo
necesitabas? ¿Si tenías un ataque de asma?
- Tenía otro. Éste lo dejé ahí por casos
emergentes. E hice bien… - sonrió más ampliamente con ese gesto galante que
hacía refunfuñar a su prometido solo porque sí…
- ¡Ególatra! ¡Ahora ya no iré contigo!... –
cruzó los brazos y se dio la vuelta caminando con pasos pesados.
- Baby, dijiste que vendrías, ¿no tienes
palabra?... – el pelinegro comenzó a seguirle de nuevo, sonriendo mucho más
aliviado que como se sintió antes cuando salió tras él luego de que se marchara
sin más de la Iglesia.
- ¡Sí tengo! ¡Pero me usaste!
- ¿Cuándo?
- Cuando pusiste tu inhalador en mi traje
sin decirme >3<
- Te contaré entonces la otra parte de mi
gran idea tras ponerlo ahí.
Junsu frenó y dio media vuelta mirándole
atentamente. Yoochun supo que estaba esperando que lo hiciera. Tomó un respiro
y se animó en alargar la mano para sujetar la de su prometido, pasando con
suavidad su dedo por la argolla de compromiso que habían comprado juntos y
lucía tan delicado en esa mano suave.
- Padezco asma desde niño. Al principio
cuando mis padres me dijeron que tendría que casarme con alguien perfectamente
desconocido para mí estuve en desacuerdo pero no dije nada, no quería echar
abajo el honor de mi familia y si ellos ya me habían comprometido con alguien
mi deber con mis padres era cumplir por ellos su palabra. Cuando me dijeron que
mi “prometida” era en realidad un chico… - suspiró y por un segundo vio las
castañas pupilas titubear… - la verdad es que casi me daba un infarto o algo
así. No soy gay, y todavía creo que no lo soy…
- Tampoco yo… - el rubio dijo
interrumpiendo a su prometido más por inercia y por ese ligero espasmo en el pecho
parecido a la decepción o algo así. Es que él apenas comenzaba a convencerse de
que sí era… gay. Porque Yoochun realmente le gusta, solo que le cuesta mucho
decirlo con palabras.
- Lo sé… - el pelinegro sonrió divertido… -
no soy gay pero definitivamente tú me gustas mucho. Me gustaste desde el
momento en que te vi el día que nuestras familias decidieron presentarnos. Pero,
el otro día mientras pensaba que el día de hoy estaba demasiado cerca, me di
cuenta de que casarme contigo era mucho más que solo cumplir la palabra de mis
padres. Y de pronto estaba asustado, porque somos demasiado jóvenes y es
probable que más adelante te guste alguna chica; eso en verdad me aterra Junsu
ah… y se siente como cuando no puedo respirar, dejé el inhalador en tu hanbok
porque quiero que sepas que eres como mi medicina, cuando no estás cerca se me
oprime el pecho y quiero desesperadamente tenerte a mi lado y respirar del
aliento de tu boca, besarte y pensar que a pesar de todo, yo te gusto y… bueno,
pensé muchas cosas y hasta pensé un discurso más bonito que las estupideces que
estoy diciendo per…
Yoochun no terminó de hablar. Porque fue
Junsu quien esa vez le mandó callar besándole con apremio.
- Está bien, puede que me esté volviendo
gay por tu culpa… - el rubio le sonrió con las mejillas rosadas de vergüenza cuando
rompió el beso y vio que era el pelinegro quien parecía medio atontado en aquel
momento. Y él esperaba que fuera por lo bien que besa. No lo sabe, después de
todo Yoochun es siempre quien le besa… - seré tu inhalador de ahora en adelante. Vamos, es raro que Jaejoong y los
demás no estén aquí buscándonos y eso creo que me preocupa…
- ¿Puedes ser justo así de ahora en
adelante? Es pesado cuando la pasas haciendo berrinches…
- ¡No soy berrinchudo! ¡Ah! ¡Ni te creas
que voy a besarte más tampoco! ¡Esta vez fue algo espec…!
Yoochun pensó que Junsu quería que le
callara de nuevo. Con otro beso.
………………………………
Jaejoong se limpiaba las rebeldes
lagrimillas de felicidad mientras Junsu decía “Sí” en el altar y eran declarados
esposos oficiales.
- Yunnie *^* más te vale que pronto esté yo
así contigo…
El moreno carraspeó nervioso y asintió sin
hablar porque el nudo en la garganta y el vacío en el estómago se lo impedían.
ChangMin y Hayami estaban agarraditos de la mano y se burlaban por lo bajo de
la escena que cómicamente se había iniciado ahí al frente…
- ¡Pero qué intentas, ratón pervertido!
- Besarte…
- ¡Por qué!
- Porque es la hora en la que se me permite
besar al novio…
- ¡No, no, no, no! ¡Aléjate de mí ratón
pervertido! ¡Waaa, alguien sálveme!
Pero por supuesto, nadie fue en auxilio del rubio, ni siquiera los
padres de cada uno de ellos que sonreían contentos al ver a sus hijos
formalizando el matrimonio que ellos acordaran desde sus nacimientos. Y Yoochun
se salió con la suya cuando finalmente pudo detenerle las manos para que dejara
de empujarle y topó sus labios en un dulce beso que hizo arder el rostro de ése
Junsu que se rinde correspondiendo tímidamente el contacto.
- T^T quiero mi boda así~ - y sí, ése era Jaejoong
poniéndole el arsenal de caras tristes que sabe desarman a su novio… - Yunho
ah, ¡exijo que nos casemos o no te dejaré más meterme man…!
Yunho tapó la boca de su novio antes de que
todo el mundo ahí se enterara de las cosas
que hacen cuando están solos por ahí.
- ¡Está bien, está bien! ¡Vamos a casarnos,
Jaejoong ah!
- *0* ¡lo sabía, mi amor!... – el pelicobrizo
se lanzó a los brazos del moreno llenándole de besos sumamente emocionado… - ¡Quiero
mi anillo!... – dijo y le mostró la mano agitando el dedo anular donde debería
ir la argolla.
- Bueno, no lo tengo ahora… - el moreno
sudó frío…
- ¡Comprémoslos pronto, sí!
- Claro… en cuanto tenga dinero para
comprarlos y…
- ¡Nos vamos a casar! Hay que decírselo a
todos…
- ¡No!... – carraspeó… - quiero decir, es
el día de Junsu y Yoochun, no hay que quitarles su espacio y eso…
- Es verdad… les diremos mañana… - Jaejoong
arrastró a Yunho entonces a felicitar a sus amigos.
Mientras que ChangMin sonreía triunfante. Ahora
tenía más de lo que valerse para molestar a sus hyungs.
- Cuando sonríes así, casi me das miedo… -
Hayami murmuró a su lado.
- Cállate… - y su adolescente novio jaló de
la solapa de su camiseta para estamparle así sin más un beso bastante, bastante
apasionado para la salud mental de cualquier persona que les viera.
………………………………
- ¡Waaa Yoochun pervertido! ¡Quítate! ¡Qué
demonios intentas!... – chilló más que avergonzado, empujando y huyendo de su
esposo por toda la habitación de aquel bonito hotel en las paradisiacas playas
de Bora Bora…
- Intento que tengamos nuestra noche de
bodas, baby… - sonriendo pícaramente, el pelinegro por nada dejaba de ir tras
su esposo, cerrándole el paso una y otra vez cada que se acercaba a la puerta
antes de volver a correr por la gran habitación.
- ¡Eres un ratón pervertido! ¡Quieres
violarme! ¡Ah, por eso querías que me pusiera el hanbok otra vez! ¡Pervertidooo!...
– el rubio se supo de pronto entre los brazos de su esposo sin poder escapar de
ellos (en el fondo no quería)
- No puedo violarte cuando ambos sabemos
que queremos esto, baby… - le guiñó el ojo y comenzó a mover las manos
intentando sacarle el hanbok…
- ¡No! ¡Quiero seguir virgen! ¡Waaaaa
esperaaaaa!
Por supuesto. Yoochun no esperó. Y fue así
como finalmente consiguió, después de haberse casado con Junsu en el más
extraño de los matrimonios arreglados, unirse a él en cuerpo y alma. Aunque al
día siguiente el rubio no parara de quejarse porque le dolía horrores todo el
cuerpo –sobre todo el trasero– y él mismo tenía algún que otro golpe por aquí o
por allá.
- No sé de qué te quejas tanto, como si
fueras el único al que le duele algo… - el pelinegro refutó mandándole callar
de su manera favorita.
Besándolo.
Y a Junsu le encantaba que lo besara,
aunque claro está.
- me gustas mucho, Junsu ah…
- ¡Pues tú a mí no! ¡Yoochun pervertido
deja de tocarme el trasero!
Jamás iba a admitir nada de aquello. No señor.
- ¡No soy gay!... – refunfuñó cuando el
pelinegro descendió por su cuello dejando besitos por la suave piel…
- Yo tampoco… - respondió por inercia,
concentradísimo en colar sus manos entre sábanas y ropas hasta alcanzar aquella
parte de la anatomía de su esposo que simplemente le volvía loco.
- ¡Entonces deja de manosearme! ¡nhh,
Chunnie~!... – el rubio se sonrojó como termostato cuando su cuerpo tembló con
gusto por aquellas caricias que le sofocaron en calor.
El maldito sabía lo que hacía.
- ¡Espera! Es verdad ¡Dónde aprendiste a
hacer el amor con un chico, ratón pervertido!... – el rubio comenzó a patalear sumamente
celoso de pensar que su esposo haya tenido algún tipo de experiencia de aquel
tipo con alguien que no fuera él.
- ¡Deja de pegarme!... – el pelinegro le sujetó
las manos inmovilizándolas con las propias a cada lado de la cabeza de su novio…
- Hay algo que se llama manga yaoi, ahí aprendí, cuando volvamos a casa te
mostraré. Ahora deja de golpearme y quejarte…
- ¡Esp…!
Y una vez más, su actividad favorita. O al
menos una de ellas, que ahora hacer el amor con su novio estaba en primer
lugar; solo que, a diferencia de los besos, no podía meterle mano así como así
en cualquier parte o delante de la gente.
Por ahora, solo besarle para que se calle.
FIN
Y entonces todo mundo se pregunta ¿¡Dónde está el lemon!? xDD bueno, bueno, si se portan bien y dejan muchos, muchos comentarios ;D les traigo luego epílogo lemonoso con detalles de la noche de bodas *-* y quizá sepamos si Yunho finalmente le dio anillo a Jaejoong, y qué tan pervertidos puede ser realmente el HayaMin xD
*huye lejos*







