ISTAR
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Sexta Parte
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Reino
de Rúnya
El Primogénito de Rúnya desvió la mirada,
luego caminó fuera del salón. El Príncipe Jung le siguió, decidido a no
permitir que guardara silencio otra vez con aquel cuestionamiento que le
inquieta desde hace algún tiempo. Cuando los sueños comenzaron repentinamente,
hará un año o más quizá. Sin embargo, cuando el de tez morena vio al joven
pelioscuro dirigir sus pasos por una serie de pasillos hasta un patio cercado
por corredores, comprendió que la respuesta esperada llegaría.
La bóveda nocturna bellamente ataviada por
brillantes estrellas se sentía fresca, el viento que ha comenzado a soplar
desde el horizonte agita los cabellos de ambos príncipes. La larga cabellera
del Príncipe Jaejoong bailó con cada oleada de viento formando siluetas encantadoras,
resaltando por los reflejos que los rayos de luna dejaban caer sobre su negra
cortina de sedosas hebras. El de tez morena se encontró entonces anonadado con
aquella visión. Belleza, hermosura, perfección. Eso era todo cuanto podía
pensar cada vez que lo veía, en sus sueños o fuera de ellos.
- Mi hermano siempre ha sido más intrépido
que yo. Mamá y papá dicen que es porque tiene espíritu aventurero. Sea cual sea
la razón, el hecho es que Junsu ha viajado en Narvinyë desde que se animó en
montarlo por primera vez. Recuerdo tan claramente la algarabía con que regresó
de su primer viaje… - El Príncipe Kim sonrió al memorar aquel episodio de sus
vidas como hermanos, hace más de dos años… - Esa vez, no sé cómo pero, él te
conoció. Lo supe porque te vi en sus pensamientos.
- ¿En los pensamientos del Príncipe Junsu?
- Sí. Mi hermano estaba tan contento que vacío los recuerdos de su experiencia en
mi mente, urgido por compartir lo que había visto, las grandes extensiones de
tierras desconocidas para nosotros que exploró montado en su dragón, lo que vio
a través de los ojos de Narvinyë, detalles que escapan al ojo de cualquier
humano, detalles que incluso escaparían a los ojos de mi padre.
- Si el Rey es un elfo, y la reina una
Ninfa; tu hermano y tú, qué son.
- No es esa la pregunta que me hiciste
antes Yunho-Melko… - El Primogénito sonrió con suspicacia, arrancando un ligero
bufido de frustración de parte de su congénere… - La noche avanza y se
extingue, he de responder solo una pregunta para ti, mi querido Yunho; así que
decide qué respuesta quieres para tus oídos.
- Cómo llegaste a mis sueños… - El Príncipe
Jung eligió, expresando su anhelo con solemnidad. El joven pelioscuro sonrió
complacido.
Se sujetó los cabellos en una coleta que
ató con un listón blanco que liberó de su cintura, por lo que los extremos se
mezclaron con sus largas hebras agitándose aún con las ráfagas que no cesaron
de soplar. Se acercó a la fuente al centro del patio y tocó con las yemas de
sus dedos las cristalinas aguas contenidas en ella, un destello azul verdoso
brilló en el fondo de la fuente cuando el Príncipe Jaejoong murmuró unas
palabras en el antiguo idioma. Ahí se reflejó una imagen borrosa que poco a
poco fue adquiriendo nitidez. El Príncipe Yunho distinguió el espejismo de su
propia figura, por las vestiduras que reconoció de sí mismo, y la compañía de
entonces, supo que aquella imagen era de hace más de un año. Antes de que sus
sueños con el Príncipe pelioscuro comenzaran.
- Fue así como te conocí. La evocación exacta que está en mi mente, un pensamiento de
los recuerdos de mi hermano. De entre todo lo que Junsu pudo ver, conocer y
saber durante aquel viaje, fuiste tú lo que tomó poderosamente mi atención. Así
que te invoqué a través de los sueños, llegué a ti. Y el resto lo sabes… -
concluyó con una sonrisa ladina y aquel brillo en sus ojos que provocaba
estremecimientos en el de tez morena. Una clase de estremecimientos que
agitaban su corazón.
La imagen reflejada en las aguas de la
fuente se desvaneció rápidamente cuando el Príncipe Jaejoong agitó su tranquila
superficie con sus dedos.
- Viniste a mis sueños como una ilusión
engañosa que bailaba seduciendo a mis sentidos. Durante las primeras noches
todo lo que podía pensar era que estaba enloqueciendo, que alguna enfermedad
aquejaba mi mente y traicionaba mis pensamientos nocturnos cuando cerraba los
ojos. Hubo un tiempo durante aquellos días en que temía dormir porque no sabía
si vendría a mí nuevamente la silueta de la hermosura, no comprendía que
querías de mí si todo lo que hacías en mis sueños era correr por los bosques
que ahora sé pertenecen a tu reino, internarte en ellos con sonrisas
cantarinas, entrar en las aguas de los arroyos y seducirme con tu desnudez. Jaejoong-Vanima,
por qué confundiste tanto mis pensamientos, qué era lo que querías de mí. Por qué
estamos realmente todos aquí.
- La estancia de los Príncipes de los
cuatro principales reinos de Anarion están aquí por la razón que mi hermano y
yo les expusimos a su llegada. Que fuera el hado que ató nuestros destinos el
causante de que nos encontráramos en estas circunstancias, un designio que no
había considerado. Me disculpo por los malos momentos que mi presencia en tus
sueños te hizo pasar. No pretendía la locura para ti, Yunho-Melko.
- Sigues siendo una especie de ilusión que
me enloquece, me haces perder de vista mis prioridades y replantearme incluso
mis responsabilidades como Príncipe de Formen.
El primogénito
Kim clavó sus grandes ojos negros en el de tez morena. Exhaló un suspiro y
luego se acercó a él.
- ¿Me deseas?
- Con toda mi
alma. Con tan ímpetu que sería capaz de cualquier locura con tal de tenerte.
- Un deseo
egoísta, Yunho-Melko.
- Siéntete
responsable de eso, Jaejoong-Vanima.
--//--
Mientras los
Príncipes de Anarion tomaban unas horas para el descanso preciado de los
humanos, el sueño. Los Príncipes Kim se encontraron en uno de los andurriales
en las profundidades del bosque alrededor del palacio. Con ellos se reunió su
madre, la Reina llevaba un vestido ligero que cubría por completo solamente su
pecho y la cadera, el resto de su cuerpo velado por tela semitransparente,
retazos serpenteados que ondulaban con la gracia del viento.
- Hijos míos… -
Nínisen saludó a los príncipes inclinando ligeramente el rostro. Reverencia que
sus hijos pronunciaron con solemnidad… - Ataviados con galas inmaculadas, debe
ser que están listos para bailar.
Antes de que los
príncipes respondieran, la Reina observó a sus hijos. Las prendas que cubren
sus cuerpos fueran tejidas personalmente por el Rey en el inicio del sol hace
años, cuando el Rey Telemnar tuvo una visión del futuro de sus hijos. Cada hilo
entretejido, cada color en las galas, llevan el pensamiento, el amor y la magia
del elfo.
Las galas de Jaejoong
constan de unos pantalones oscuros ceñidos a sus piernas. Un abrigo sin mangas
y una serie de vuelos de tela de seda que caen de la terminación a la altura de
los hombros. El abrigo, largo por delante y con terminación en pico, es de un
azul zafiro intenso, con aspecto aterciopelado y unas líneas horizontales que
se entretejen con hilos de plata. El cinto en la cintura es de oro y plata,
delicado y ligero. Bajo el abrigo, una prenda interna con aspecto de red con
pequeños diamantes de perla negra incrustados entre los paneles que la
conforman. Botas negras con cintillas que las atan en las pantorrillas.
Por su parte,
Junsu está vestido con aquel conjunto en rojo fuego que combina con sus ojos
castaños y la claridad de su piel. Los pantalones negros de una tela suave y
brillante que simula al cuero. Una prenda interna de seda oscura, y sobre esta,
un abrigo rojo aterciopelado sin mangas, con líneas verticales de los hombros a
la cintura, hasta el cintillo de cuero plateado; y hacia abajo en la
continuación de la chaqueta, las líneas cambian el sentido hacia el horizontal,
con una caída amplia y más larga de atrás, más allá de los muslos. Encima del
abrigo, una chaquetilla semitransparente que básicamente conforma las largas
mangas. Botas negras con listones cruzados en las pantorrillas.
- Queremos
mostrarle la Danza del Fuego y el Agua,
madre… - El primogénito señaló, elevando la mirada al cielo cuando se escucharon
los susurros del aleteo de sus dragones.
- ¿Están seguros
de que están listos para hacerlo?
- Sí, madre… - El
menor de los Kim asintió.
- Luego de que lo
hagan, su destino estará atado al de sus dragones. Un vínculo tan estrecho, que
nada ni nadie, podrá romperlo; excepto la muerte.
- Lo sabemos,
madre… - Dijeron los príncipes a la vez.
Nënar y Narvinyë aterrizaron
a lado de los príncipes. Una fumarola de humo brotó de las fosas nasales de
cada dragón. Inclinaron el rostro a modo de saludo hacia la reina y tras
enterrar las garras atravesando hierba, piedra y tierra, replegaron por
completo las alas membranosas al cuerpo. Listos para el ritual de aquella
danza.
- Man cenuva lumbur ahosta, menel ckúna, ruxal' ambonnar. Linduvan
líre hantaleva. – La Reina
Nínisen proclamó en el idioma antiguo. Una forma de despedirse, de brindarles
el don de su raza. De entregarles parte de su magia en aquel ritual que sus
hijos comenzarían en aquel momento junto a sus dragones.
--//--
Al alba, cuando
los primeros rayos del solo se levantaron más allá de las montañas en el Este,
el Rey Telemnar se reunió tal como había pedido, con el Príncipe Jung. Las palabras
que intercambiaron permanecen por ahora en el misterio. Oídos ajenos al de tez
morena, no debían enterarse aún. Para asegurarse de cualquier intento por ver en los pensamientos del Príncipe
Yunho por cualquier otro brujo capaz de leer
la mente, el Rey elfo hizo un conjuro en el idioma antiguo para proteger aquel
recuerdo en los intrincados pasajes de la mente del joven príncipe.
Del mismo modo,
la Reina Nínisen tuvo su encuentro con el Príncipe Mokomichi. Y de la misma
forma, custodió los pensamientos que conforman este recuerdo, bajo un hechizo
invocado por las reminiscencias de su magia, la que esa noche casi se extinguió
mientras bailó y cantó a lado de sus hijos en el ritual de la Danza del Fuego y el Agua.
Después de ello,
y tras un banquete matutino digno de Rúnya, los seis príncipes emprendieron el
camino. Su primer destino, Hyarmen.
Se había decidido
así porque en términos de distancia, el Reino de Hyarmen es el más cercano.
- ¿Quieres venir
con Narvinyë y conmigo? Volaremos un poco mientras los demás avanzan por el
camino hacia el Valle de Sauces… - El menor de los Kim invitó al Príncipe Park,
con esa sonrisa cristalina que adorna sus labios cada que habla con el de
cabellos azabaches.
El Príncipe Park
observó al dragón rojo volando por encima de ellos, junto a Nënar. Tragó hondo
y volvió su mirada hacia el castaño.
- No estoy seguro
de que a tu dragón le guste la idea de llevarme a cuestas sobre su lomo,
Junsu-Lissë…
- Él querrá, si
se lo pido amablemente… - Sonrió y antes de escuchar cualquier otra palabra
venir de los labios gruesos del Príncipe de Rómen, envió sus pensamientos hasta
la mente del dragón… - Lleva a
Yoochun-Inya junto conmigo hasta el Valle de los Sauces, Narvinyë. Te lo pido
como un favor especial.
- Un favor que obedece a esos empalagosos
pensamientos que te flotan en la mente. ¡Me niego! – Renegó el dragón,
lanzando de esas fumarolas espesas que brotan de sus fosas nasales. Levantando más
arriba el vuelo con aire digno.
- ¡Narvinyë! ¡Deja de comportarte como un crío
y ayúdame!
- ¡Solo quieres sentir tu cuerpo pegado al suyo! ¡No me
prestaré para tus extraños rituales de cortejo! – Bramó en pensamientos,
agitando más aprisa las alas, alejándose más allá hasta que su enorme figura se
perdió entre la espesura del bosque.
- Parece que
seguiremos a caballo, Junsu-Lissë… - El Príncipe Park le sonrió con amabilidad,
ligeramente divertido por ese puchero que floreció en los rosados labios del
menor de los Kim.
- Está celoso. Hasta
que ustedes llegaron, Narvinyë solo tenía que compartir mi atención con Nénar y
mi hermano Jaejoong… - suspiró, acariciando las crines del corcel gris que
monta.
- Que perdone mi
egoísmo, pero me gusta saber que tu atención no es solo de tu hermano o los
dragones. Me gusta conversar contigo, disfruto enormemente de tu compañía Junsu-Lissë.
Desde que te conocí aquella vez, todo lo que podía hacer era pensar en ti a
diario, anhelando el día en que volviéramos a encontrarnos.
- Nuestros
caminos estaban destinados a cruzarse, Yoochun-Inya. Aunque no sé dónde han de
terminar, he de disfrutar de cada segundo en que pueda compartir contigo la
vida misma.
Ambos Príncipes
se sonrieron, y con un rubor en las mejillas siguieron al galope en la
caravana. Más adelante, los príncipes de Hyarmen y Númen conversaban del viaje
y el recibimiento que el Reino del Príncipe Shim les daría.
- No sé si mis
padres estarán contentos con la presencia de todos ustedes en nuestro reino,
pero me encuentro halagado por su presencia, Príncipe Hayami.
- Agradezco sus
palabras, Príncipe ChangMin… - El de tez tostada sonrió al inclinar la cabeza
en gesto de agradecimiento.
Por otra parte,
los otros dos príncipes iban en absoluto silencio. Algo había cambiado desde la
charla de la noche anterior, quizá también desde la que el Príncipe Jung sostuviera
con el Rey Telemnar.
Continuará……
GLOSARIO
Man cenuva lumbur ahosta, menel ckúna, ruxal'
ambonnar. Quien verá las nubes reunirse, el cielo torcerse
sobre las colinas que se desmoronan.
Linduvan líre hantaleva. Cantaré una
canción de gratitud.







