PROHIBIDO SACAR LOS FANFIC DE ESTE BLOG Image and video hosting by TinyPic
Mostrando entradas con la etiqueta parte 6. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta parte 6. Mostrar todas las entradas

sábado, 4 de mayo de 2013

Parte 6. ISTAR


ISTAR
~*~
Sexta Parte

~//~
Reino de Rúnya


El Primogénito de Rúnya desvió la mirada, luego caminó fuera del salón. El Príncipe Jung le siguió, decidido a no permitir que guardara silencio otra vez con aquel cuestionamiento que le inquieta desde hace algún tiempo. Cuando los sueños comenzaron repentinamente, hará un año o más quizá. Sin embargo, cuando el de tez morena vio al joven pelioscuro dirigir sus pasos por una serie de pasillos hasta un patio cercado por corredores, comprendió que la respuesta esperada llegaría.

La bóveda nocturna bellamente ataviada por brillantes estrellas se sentía fresca, el viento que ha comenzado a soplar desde el horizonte agita los cabellos de ambos príncipes. La larga cabellera del Príncipe Jaejoong bailó con cada oleada de viento formando siluetas encantadoras, resaltando por los reflejos que los rayos de luna dejaban caer sobre su negra cortina de sedosas hebras. El de tez morena se encontró entonces anonadado con aquella visión. Belleza, hermosura, perfección. Eso era todo cuanto podía pensar cada vez que lo veía, en sus sueños o fuera de ellos.

- Mi hermano siempre ha sido más intrépido que yo. Mamá y papá dicen que es porque tiene espíritu aventurero. Sea cual sea la razón, el hecho es que Junsu ha viajado en Narvinyë desde que se animó en montarlo por primera vez. Recuerdo tan claramente la algarabía con que regresó de su primer viaje… - El Príncipe Kim sonrió al memorar aquel episodio de sus vidas como hermanos, hace más de dos años… - Esa vez, no sé cómo pero, él te conoció. Lo supe porque te vi en sus pensamientos.

- ¿En los pensamientos del Príncipe Junsu?

- Sí. Mi hermano estaba tan contento que vacío los recuerdos de su experiencia en mi mente, urgido por compartir lo que había visto, las grandes extensiones de tierras desconocidas para nosotros que exploró montado en su dragón, lo que vio a través de los ojos de Narvinyë, detalles que escapan al ojo de cualquier humano, detalles que incluso escaparían a los ojos de mi padre.

- Si el Rey es un elfo, y la reina una Ninfa; tu hermano y tú, qué son.

- No es esa la pregunta que me hiciste antes Yunho-Melko… - El Primogénito sonrió con suspicacia, arrancando un ligero bufido de frustración de parte de su congénere… - La noche avanza y se extingue, he de responder solo una pregunta para ti, mi querido Yunho; así que decide qué respuesta quieres para tus oídos.

- Cómo llegaste a mis sueños… - El Príncipe Jung eligió, expresando su anhelo con solemnidad. El joven pelioscuro sonrió complacido.

Se sujetó los cabellos en una coleta que ató con un listón blanco que liberó de su cintura, por lo que los extremos se mezclaron con sus largas hebras agitándose aún con las ráfagas que no cesaron de soplar. Se acercó a la fuente al centro del patio y tocó con las yemas de sus dedos las cristalinas aguas contenidas en ella, un destello azul verdoso brilló en el fondo de la fuente cuando el Príncipe Jaejoong murmuró unas palabras en el antiguo idioma. Ahí se reflejó una imagen borrosa que poco a poco fue adquiriendo nitidez. El Príncipe Yunho distinguió el espejismo de su propia figura, por las vestiduras que reconoció de sí mismo, y la compañía de entonces, supo que aquella imagen era de hace más de un año. Antes de que sus sueños con el Príncipe pelioscuro comenzaran.

- Fue así como te conocí. La evocación exacta que está en mi mente, un pensamiento de los recuerdos de mi hermano. De entre todo lo que Junsu pudo ver, conocer y saber durante aquel viaje, fuiste tú lo que tomó poderosamente mi atención. Así que te invoqué a través de los sueños, llegué a ti. Y el resto lo sabes… - concluyó con una sonrisa ladina y aquel brillo en sus ojos que provocaba estremecimientos en el de tez morena. Una clase de estremecimientos que agitaban su corazón.

La imagen reflejada en las aguas de la fuente se desvaneció rápidamente cuando el Príncipe Jaejoong agitó su tranquila superficie con sus dedos.

- Viniste a mis sueños como una ilusión engañosa que bailaba seduciendo a mis sentidos. Durante las primeras noches todo lo que podía pensar era que estaba enloqueciendo, que alguna enfermedad aquejaba mi mente y traicionaba mis pensamientos nocturnos cuando cerraba los ojos. Hubo un tiempo durante aquellos días en que temía dormir porque no sabía si vendría a mí nuevamente la silueta de la hermosura, no comprendía que querías de mí si todo lo que hacías en mis sueños era correr por los bosques que ahora sé pertenecen a tu reino, internarte en ellos con sonrisas cantarinas, entrar en las aguas de los arroyos y seducirme con tu desnudez. Jaejoong-Vanima, por qué confundiste tanto mis pensamientos, qué era lo que querías de mí. Por qué estamos realmente todos aquí.

- La estancia de los Príncipes de los cuatro principales reinos de Anarion están aquí por la razón que mi hermano y yo les expusimos a su llegada. Que fuera el hado que ató nuestros destinos el causante de que nos encontráramos en estas circunstancias, un designio que no había considerado. Me disculpo por los malos momentos que mi presencia en tus sueños te hizo pasar. No pretendía la locura para ti, Yunho-Melko.

- Sigues siendo una especie de ilusión que me enloquece, me haces perder de vista mis prioridades y replantearme incluso mis responsabilidades como Príncipe de Formen.

El primogénito Kim clavó sus grandes ojos negros en el de tez morena. Exhaló un suspiro y luego se acercó a él.

- ¿Me deseas?

- Con toda mi alma. Con tan ímpetu que sería capaz de cualquier locura con tal de tenerte.

- Un deseo egoísta, Yunho-Melko.

- Siéntete responsable de eso, Jaejoong-Vanima.

--//--

Mientras los Príncipes de Anarion tomaban unas horas para el descanso preciado de los humanos, el sueño. Los Príncipes Kim se encontraron en uno de los andurriales en las profundidades del bosque alrededor del palacio. Con ellos se reunió su madre, la Reina llevaba un vestido ligero que cubría por completo solamente su pecho y la cadera, el resto de su cuerpo velado por tela semitransparente, retazos serpenteados que ondulaban con la gracia del viento.

- Hijos míos… - Nínisen saludó a los príncipes inclinando ligeramente el rostro. Reverencia que sus hijos pronunciaron con solemnidad… - Ataviados con galas inmaculadas, debe ser que están listos para bailar.

Antes de que los príncipes respondieran, la Reina observó a sus hijos. Las prendas que cubren sus cuerpos fueran tejidas personalmente por el Rey en el inicio del sol hace años, cuando el Rey Telemnar tuvo una visión del futuro de sus hijos. Cada hilo entretejido, cada color en las galas, llevan el pensamiento, el amor y la magia del elfo.

Las galas de Jaejoong constan de unos pantalones oscuros ceñidos a sus piernas. Un abrigo sin mangas y una serie de vuelos de tela de seda que caen de la terminación a la altura de los hombros. El abrigo, largo por delante y con terminación en pico, es de un azul zafiro intenso, con aspecto aterciopelado y unas líneas horizontales que se entretejen con hilos de plata. El cinto en la cintura es de oro y plata, delicado y ligero. Bajo el abrigo, una prenda interna con aspecto de red con pequeños diamantes de perla negra incrustados entre los paneles que la conforman. Botas negras con cintillas que las atan en las pantorrillas.

Por su parte, Junsu está vestido con aquel conjunto en rojo fuego que combina con sus ojos castaños y la claridad de su piel. Los pantalones negros de una tela suave y brillante que simula al cuero. Una prenda interna de seda oscura, y sobre esta, un abrigo rojo aterciopelado sin mangas, con líneas verticales de los hombros a la cintura, hasta el cintillo de cuero plateado; y hacia abajo en la continuación de la chaqueta, las líneas cambian el sentido hacia el horizontal, con una caída amplia y más larga de atrás, más allá de los muslos. Encima del abrigo, una chaquetilla semitransparente que básicamente conforma las largas mangas. Botas negras con listones cruzados en las pantorrillas.

- Queremos mostrarle la Danza del Fuego y el Agua, madre… - El primogénito señaló, elevando la mirada al cielo cuando se escucharon los susurros del aleteo de sus dragones.

- ¿Están seguros de que están listos para hacerlo?

- Sí, madre… - El menor de los Kim asintió.

- Luego de que lo hagan, su destino estará atado al de sus dragones. Un vínculo tan estrecho, que nada ni nadie, podrá romperlo; excepto la muerte.

- Lo sabemos, madre… - Dijeron los príncipes a la vez.

Nënar y Narvinyë aterrizaron a lado de los príncipes. Una fumarola de humo brotó de las fosas nasales de cada dragón. Inclinaron el rostro a modo de saludo hacia la reina y tras enterrar las garras atravesando hierba, piedra y tierra, replegaron por completo las alas membranosas al cuerpo. Listos para el ritual de aquella danza.

- Man cenuva lumbur ahosta, menel ckúna, ruxal' ambonnar. Linduvan líre hantaleva. – La Reina Nínisen proclamó en el idioma antiguo. Una forma de despedirse, de brindarles el don de su raza. De entregarles parte de su magia en aquel ritual que sus hijos comenzarían en aquel momento junto a sus dragones.

--//--

Al alba, cuando los primeros rayos del solo se levantaron más allá de las montañas en el Este, el Rey Telemnar se reunió tal como había pedido, con el Príncipe Jung. Las palabras que intercambiaron permanecen por ahora en el misterio. Oídos ajenos al de tez morena, no debían enterarse aún. Para asegurarse de cualquier intento por ver en los pensamientos del Príncipe Yunho por cualquier otro brujo capaz de leer la mente, el Rey elfo hizo un conjuro en el idioma antiguo para proteger aquel recuerdo en los intrincados pasajes de la mente del joven príncipe.

Del mismo modo, la Reina Nínisen tuvo su encuentro con el Príncipe Mokomichi. Y de la misma forma, custodió los pensamientos que conforman este recuerdo, bajo un hechizo invocado por las reminiscencias de su magia, la que esa noche casi se extinguió mientras bailó y cantó a lado de sus hijos en el ritual de la Danza del Fuego y el Agua.

Después de ello, y tras un banquete matutino digno de Rúnya, los seis príncipes emprendieron el camino. Su primer destino, Hyarmen.

Se había decidido así porque en términos de distancia, el Reino de Hyarmen es el más cercano.

- ¿Quieres venir con Narvinyë y conmigo? Volaremos un poco mientras los demás avanzan por el camino hacia el Valle de Sauces… - El menor de los Kim invitó al Príncipe Park, con esa sonrisa cristalina que adorna sus labios cada que habla con el de cabellos azabaches.

El Príncipe Park observó al dragón rojo volando por encima de ellos, junto a Nënar. Tragó hondo y volvió su mirada hacia el castaño.

- No estoy seguro de que a tu dragón le guste la idea de llevarme a cuestas sobre su lomo, Junsu-Lissë…

- Él querrá, si se lo pido amablemente… - Sonrió y antes de escuchar cualquier otra palabra venir de los labios gruesos del Príncipe de Rómen, envió sus pensamientos hasta la mente del dragón… - Lleva a Yoochun-Inya junto conmigo hasta el Valle de los Sauces, Narvinyë. Te lo pido como un favor especial.

- Un favor que obedece a esos empalagosos pensamientos que te flotan en la mente. ¡Me niego! – Renegó el dragón, lanzando de esas fumarolas espesas que brotan de sus fosas nasales. Levantando más arriba el vuelo con aire digno.

- ¡Narvinyë! ¡Deja de comportarte como un crío y ayúdame!

- ¡Solo quieres sentir tu cuerpo pegado al suyo! ¡No me prestaré para tus extraños rituales de cortejo! – Bramó en pensamientos, agitando más aprisa las alas, alejándose más allá hasta que su enorme figura se perdió entre la espesura del bosque.

- Parece que seguiremos a caballo, Junsu-Lissë… - El Príncipe Park le sonrió con amabilidad, ligeramente divertido por ese puchero que floreció en los rosados labios del menor de los Kim.

- Está celoso. Hasta que ustedes llegaron, Narvinyë solo tenía que compartir mi atención con Nénar y mi hermano Jaejoong… - suspiró, acariciando las crines del corcel gris que monta.

- Que perdone mi egoísmo, pero me gusta saber que tu atención no es solo de tu hermano o los dragones. Me gusta conversar contigo, disfruto enormemente de tu compañía Junsu-Lissë. Desde que te conocí aquella vez, todo lo que podía hacer era pensar en ti a diario, anhelando el día en que volviéramos a encontrarnos.

- Nuestros caminos estaban destinados a cruzarse, Yoochun-Inya. Aunque no sé dónde han de terminar, he de disfrutar de cada segundo en que pueda compartir contigo la vida misma.

Ambos Príncipes se sonrieron, y con un rubor en las mejillas siguieron al galope en la caravana. Más adelante, los príncipes de Hyarmen y Númen conversaban del viaje y el recibimiento que el Reino del Príncipe Shim les daría.

- No sé si mis padres estarán contentos con la presencia de todos ustedes en nuestro reino, pero me encuentro halagado por su presencia, Príncipe Hayami.

- Agradezco sus palabras, Príncipe ChangMin… - El de tez tostada sonrió al inclinar la cabeza en gesto de agradecimiento.

Por otra parte, los otros dos príncipes iban en absoluto silencio. Algo había cambiado desde la charla de la noche anterior, quizá también desde la que el Príncipe Jung sostuviera con el Rey Telemnar.



Continuará……





GLOSARIO

Man cenuva lumbur ahosta, menel ckúna, ruxal' ambonnar. Quien verá las nubes reunirse, el cielo torcerse sobre las colinas que se desmoronan.

Linduvan líre hantaleva. Cantaré una canción de gratitud.

miércoles, 6 de marzo de 2013

Parte 6 JEONSA



JEONSA
*****
Parte 6

/**//*//**/

“Cuando uno aprende a valorar las fortalezas de los demás, cada persona se vuelve un maestro; todo el mundo está capacitado para convertirse en modelo para los demás”

(Yosho Yamamoto “Hagakure”)

***

Cuando Yoochun llegó a casa de los Kim, sintió una extraña punzada de culpa y tristeza. Su padre ha preferido “echarle” de su casa que comprender sus sentimientos y aceptarlo como es. Siguió a Junsu y al Sr. Kim hasta una habitación que le ofrecieron para que se quedara y descansara –o al menos intentara– unas horas antes de que amaneciera.

- Buenas noches, Yoochun… - el hombre se despidió dejándoles a solas.

Junsu le miró con ojos lacrimosos y el pelinegro supo que ha estado conteniendo el llanto. Que probablemente se siente culpable por lo sucedido con su padre. La culpa es de ambos. Yoochun no debió comenzar con los besos ni Junsu regresarle cada caricia. Se han descuidado como nunca antes lo hicieron; no debieron quedarse en su habitación cuando generalmente evitan los momentos a solas en casa de uno u otro.

- ¿Quieres que me quede?

- No creo que sea conveniente, Junsu.

- Mi padre podría comprender que necesites compañía.

- ¿Cómo supo tu padre lo que pasaba? ¿Cómo es que él acepta con tal tranquilidad lo nuestro?

Junsu encogió los hombros al no tener respuesta. Sus miradas se encontraron y ambos titubearon entre despedirse con un simple ademán, o abrazarse y besarse como realmente desean. La sensatez de ambos jóvenes los lleva a suspirar y mirarse avergonzados antes de que el castaño diera media vuelta y se alejara por el pasillo hasta doblar a la izquierda y tomar otro pasillo hacia sus habitaciones. Yoochun se internó en la que le ofrecieron y pesadamente se sentó en el piso de madera (la casa de los Kim es la más amplia de la villa pues la familia es de las mejor acomodadas de la zona).

Los cobertores apilados en el rincón se veían acogedores pero él no sentía ganas de descansar. Todo lo que quería era que su padre lo entendiera y no sintiera vergüenza de él ni considerara deshonrosos sus sentimientos. Yoochun no ve lo malo en amar a Junsu. El pelinegro recargó la cabeza en el muro y suspiró tratando de aligerar la opresión en el pecho.

……………………………………

Cuando Tae Yun entró en sus habitaciones y su esposa le recibió con un té, el hombre agradeció el gesto de su mujer con una venia de sumo respeto.

- Yu Dong nunca debió poner su honra por encima de la vida de su propio hijo.

- Lo ha hecho así porque no puede comprender aquello que nuestra sociedad castiga como impropio… - la Sra. Kim enciende otra vela en la habitación y diligente su mirada cae sobre su esposo… - Es diferente a ti, Tae Yun. Él no puede comprender los sentimientos de un varón por otro de su misma condición. Es por eso que estás casado conmigo.

Tae Yun se tensó involuntariamente ante la mención de aquellas palabras. Sin embargo no había reclamo alguno en la voz de su mujer. Porque pese a que se casaron sin amarse, han aprendido a quererse tanto como para hacer vida de pareja. Así el corazón del hombre nunca pueda pertenecerle a su esposa. Y le agradece cada día en silencio por su infinito amor, por haber aceptado quedarse con él pese a que su corazón estaba ocupado ya.

Por aquél hombre que desprecia a su propio hijo.

- Gracias. Por todo… - Tae Yun toma un poco de té pero luego vuelve a recostarse. Necesita pensar cómo ayudar a los chicos a vivir su relación sin el desprecio de las personas más importantes para ellos. Él ha aceptado a su hijo como es desde hace tiempo. Acepta por tanto a Yoochun como su pareja. Los Park, Yu Dong en específico, tendrá que hacerlo terminantemente también.

……………………………………

Jaejoong le empujó tras varios segundos de aquel intenso beso que Yunho le robaba esa vez. Respiró laboriosamente con el corazón atorado en la garganta y unas ganas terribles de golpearle hasta cansarse. ¡Ahora es él quien le besa por las puras!

- ¿Qué demonios significa esto? – sisea molesto, limpiándose los labios con el dorso de la mano como si la sensación tibia de los del moreno le quemaran a punto de dolor.

- Te pago con la misma moneda. Me robaste un beso, te robo uno también… - el moreno responde con la poca claridad que puede darle luz a su cerebro.

Metido en aquella premisa de vencerle no mide el alcance de sus acciones. Tampoco adivina sin embargo que está atrapado entre las telarañas de sus propias emociones e incertidumbres, de sus miedos y los sentimientos que Jaejoong despierta en cada fibra de su ser.

El pelioscuro tragó hondo queriendo ignorar la punzada de dolor en el pecho. Es que Yunho era una oda a la estupidez y lo era con creces. Relajó el cuerpo tanto como le fue posible y blandió su espada en un rápido movimiento que ni el moreno vio venir hasta que la punta de la filosa hoja quedó a milímetros de su cuello.

- No vuelvas a hacerlo o te mataré…

- ¿Te atreverías a matarme?

- No quieras averiguar la respuesta.

Jaejoong no titubeó, Yunho pudo ver a través de sus grandes ojos negros que no mentía, que estaba tan enojado y herido que su mano seguramente sería certera para enterrarle la espada en el corazón si solo le provocaba un poco más. Enfrentaron sus miradas y a la luz de la luna el silencio cortado solo por los sonidos particulares del bosque nocturno reinó durante instantes. Cuando el pelioscuro volvió a enfundar su espada, el moreno volvió a sujetar su brazo impidiéndole la retirada.

Otra pelea se sucedió entonces, el mayor de los dos no tenía idea del por qué, mientras que el menor simplemente estaba dejándose llevar por las sensaciones que le fluyen a flor de piel. Yunho se las ingenió para desarmarle, aprovechando los ligeros titubeos que la mente turbada y el corazón cansado de Jaejoong le permitían. Él por el contrario estaba hambriento de respuestas para preguntas que ni siquiera podía elaborar. Tan solo tenía claro que no podía –ni quería– dejarle ir. Se aferraba a Jaejoong como el guerrero a sus principios.

Cuando Yunho consiguió vencerle y tumbarle al suelo apresándole bajo su cuerpo como antes, el moreno esa vez atacó los labios rojos con ansiedad, insistiendo hasta que Jaejoong respondió con furia. Estos besos sabían muy diferente, y las manos de ambos se movían rudas en una pelea sin sentido en la que sus ropas a medio quitar terminaron desgarradas entre tironeos.

La cordura regresó a la mente del moreno cuando la realidad le golpeó sin miramientos. Comprendió bajo el claro de luna que estaba buscando mayor contacto con el cuerpo del pelioscuro porque de hecho se sentía atraído hacia su belleza sobrenatural y la fortaleza de su esencia masculina. La laboriosa respiración de ambos cruzó el silencio. Jaejoong no luchaba más, y Yunho solo estaba estático ahí, sentado en sus caderas mirándole desde arriba mientras sus manos sopesan su cuerpo apoyadas sobre el suelo a lado de la cabeza del mayor.

Mirar en aquellos ojos negros es la perdición.

- ¿Vas a violarme, Yunho? – su pregunta le toma desprevenido y de golpe el moreno se aleja apartándose temeroso de que el mayor realmente hubiera pensado aquello. Claro que él no tenía esa intención. ¡De ninguna manera!

- Yo…

- Tú no tienes ni una jodida idea de lo que haces. Imbécil… - sisea con la voz amortiguada por un llanto que nunca se dará lujo de derramar frente a esos ojos cafés que le miran asustados de sus propias acciones… - Sigue mofándote de mí, Yunho.

- ¡N-No! ¡No estoy burlándome, Jaejoong! ¡Joder pones mi mundo de cabeza y me trabas el cerebro pero alocas mi cuerpo! ¡No sé qué mierda me pasaba por la cabeza! ¡No sé qué demonios se supone que haga ahora! ¡Pero no quiero que te alejes, me entra enojo y rabia ver que intentas largarte!

- ¡Pero tú en serio no usas el cerebro! ¡Para qué he quedarme a seguir peleando por estupideces, Yunho!

- ¡No son estupideces!

- ¡Tu orgullo lo es justo ahora!

- ¿Qué?

- ¡Eso es todo lo que te importa! ¿No? ¡Vencerme, derrotarme, humillarme! ¡Quieres sentirte superior y vanagloriarte en tu estúpido orgullo!

- ¡No! ¡Jaejoong déjame pensar un momento, sí!

- ¿¡Pensar!? – sonríe con burla y la risa cantarina que vibra desde su garganta hace sentir al menor de cierta forma ridículo… - ¿Qué tienes que pensar, Jung Yunho? ¿Cuánta estupidez eres capaz de almacenar en tu atrofiado cerebro?

- Jaejoong… - sisea molestándose por la clara intención de ser humillado por aquellas palabras hirientes. Lo que no alcanza a comprender su aturdida mente es que lo que hiere es que sea justamente el mayor quien las diga.

- ¿Qué? ¿Me atacarás de nuevo? ¿Vendrás a mí buscando vencerme o desnudarme? Porque creo que hace unos minutos todo lo que tus manos querían era arrancarme la ropa. Sabes, Yunho; que cuanto más fuerzas tu deseo por ser mejor que yo solo consigues ir más abajo.

- Jaejoong…

- ¿Quieres ser un guerrero digno del Palacio Real? Comienza por ser menos cobarde y aclara tu corazón. Pero procura dejarme fuera en el camino. No tientes demasiado tu suerte o atravesaré tu corazón cuando menos lo esperes.

Cuando el pelioscuro dio media vuelta –una vez más– y avanzó emprendiendo la retirada, cerró los ojos agradeciendo mentalmente que Yunho no le detuviera. Que se quedara atrás. Que le dejara en paz.

El moreno sin embargo se quedó por una razón. “Comienza por ser menos cobarde y aclara tu corazón” le hacía eco en la mente. Golpeó al viento y gritó frustrado a la nada.

……………………………………

Tras varios días transcurridos y pocas mejoras en las relaciones de las diferentes familias, ChangMin finalmente había conseguido sonsacarle algo a su visitante incógnito.

- ¿Así que, solo escribiste mi nombre porque sí? ¿No hubo ningún motivo en especial?

- No… - la escueta respuesta del japonés casi hizo que al morocho le diera un tic nervioso.

Tantos días quebrándose la cabeza pensando en la cantidad de motivos por los cuales podría haber escrito su nombre en el suelo aquella noche, para esto. ChangMin gruñó ofuscado. ¡Hasta había dejado de dormir por pensar en eso! Hayami le miró detenidamente largo rato. No, intentó hacerlo pero no pudo. El corazón continuaba palpitando demasiado rápido cuando lo veía. No podía controlarlo pese a todo el entrenamiento como samurái que recibió. Algo tan sencillo como controlar el ritmo de su corazón se le ha ido de las manos.

- Sanas rápido… - el morocho comentó repentinamente tras recordar que ese día Jaejoong fue a cambiar los vendajes del samurái.

- Lo haría más rápido sí…

- Si estuvieras lejos en un lugar donde yo no te molestara… - interrumpió recordando claramente sus anteriores intentos de conversación, que solían terminar cuando el japonés le recordaba que era una molestia pues no le dejaba concentrarse. ¡Y eso que no hace nada!

- Sí. ChangMin-kun, ¿alguna vez has besado? – la pregunta del japonés le hace atorarse con su propia saliva y enrojecer furiosamente. Hayami mantiene un semblante tranquilo sin embargo. Y él de pronto solo quisiera golpearle su atractivo rostro varonil.

- Mierda… - piensa abochornado cuando cae en cuenta de que le ha considerado atractivo… - ¿Es eso algo importante que debas saber?

- Un buen samurái hace vida de pareja con una mujer digna de sus habilidades. Pero… un buen samurái también puede experimentar el placer banal con otro hombre si encuentra a uno que tenga el valor para liarse sabiendo de antemano que la homosexualidad no es una opción de vida en su sendero.

- ¿Cuántos años tienes?

- 22.

- Para ser un hombre samurái con suficiente inteligencia y experiencia hablas como un mediocre adolescente. Tengo 16 años pero creo que tengo más sensatez para admitir que si alguna vez me lio con alguien, sea hombre o mujer, no es para utilizarle como recipiente de mis deseos banales, sino como un compañero que merece respeto y valía.

ChangMin se levanta y le deja a solas en su propia habitación. Hayami se queda ahí pensativo. Las palabras del morocho le resultan sabias. Y más sensatas que muchas de sus enseñanzas samurái. Sin embargo, él todavía es uno.

……………………………………

- Jaejoong…

El pelioscuro se gira para atender el llamado de una voz que le resulta familiar. Un hombre de mediana edad le sonríe y su espada colgando en su cintura lleva en la montura tallado un símbolo que incluso le hace retroceder un paso sujetando con fuerza su propia espada.

- Tú…

- Vine a pedirte un favor, hijo mío…


Continuará……